jueves, 3 de octubre de 2019

El cardenal “Chivurría”

Al final el Vaticano, como Calanda, es un pañuelo; y los chismes (que como todo el mundo sabe, ponen de los nervios al Santo Padre) y los motes y los chascarrillos, corren a placer. A nuestro sonriente cardenal, al que por aquí llaman el sonrisitas y el cuentacuentos, allí, más cultos y refinados, le llaman “el cardenal ci-vurría”. Haría falta, convendría, se necesitaría… todo impersonal: más o menos, “alguien tendría que hacer”. Por supuesto, alguien que no sea yo, es decir nuestro cardenal.

Y justamente don Juan José nos daba hace poco una muestra más de su gran talla de hombre de gobierno, de gran timonel de la porción de rebaño que le ha encomendado la Iglesia. Es el caso que en pleno ferragosto, en medio de la canícula, al excelentísimo señor Presidente de la Fundación Escola Cristiana de Cataluña, que representa a todas las escuelas cristianas (mejor dicho, católicas) de Cataluña, unos cuantos centenares, se le derritieron los sesos y en esa penosa situación se le ocurrió escribir en la publicación diocesana “Cataluña Cristiana”, una conciliadora reflexión sobre el ponderadísimo documento con el que la Congregación (vaticana, ¡claro!) para la Educación Católica (“Varón y mujer los creó”) ha lanzado su tenue, moderado y fraternal grito de guerra (es un decir porque se trata de atusamientos recíprocos). El objeto de esta carta apostólica de nuestro cardenal es hacer frente aquí en Cataluña a la declaración de guerra de la ideología de género que especialmente en este curso ha puesto en marcha la conquista de los colegios. Incluidos los religiosos, los de la Fundación presidida por Don Juan José, en los que el mayor peligro está representado por los numerosísimos caballos de Troya que trabajan en favor de esa ideología. Algunos de ellos, miembros poderosos del Estado Mayor de la Iglesia, que dan el título de teología a sus veleidades en favor de la ideología de género, sin que nadie se lo estorbe. Si no lo hace Su Santidad el Papa, menos lo hará su dócil cardenal, eminentísimo Señor Presidente de la Fundación. Él, el que menos.

Es que tampoco se le ha ocurrido escribirles una cartica a sus curas subordinados para que en las homilías prediquen la doctrina de la Iglesia al respecto, al menos para que sepan los fieles que la Iglesia no ha renunciado a su doctrina. Ni ha escrito esa carta, ni se le ocurre al señor cardenal predicar sobre unos temas tan controvertidos, porque hay sobre ellos posiciones políticas y ya se sabe, la Iglesia no se ha de meter en política. Lo suyo es la gran aportación a la teología medioambientalista de la Laudato sí, del ayuno de agua. 

Pero bueno, nos cuenta en la carta lo que convendría hacer ante el desafío de la campaña de corrupción de la niñez y la juventud en los mismos colegios, que han emprendido las autoridades políticas de Cataluña. Lo que convendría hacer; no lo que va a hacer él, que es el presidente de la institución que dice defender la orientación cristiana de los colegios de titularidad de la Iglesia. Porque obviamente no tiene ni voluntad ni carácter ni capacidad para hacer nada que vaya más allá de sus sonrisitas conciliadoras y de sus cuenticos agradaores. 

El “ci vurria” es la expresión propia del espectador, del que no tiene responsabilidades, del que pasaba por aquí, del que no tiene poder. Estaría bien, sería estupendo, estaría genial… Todo el escrito se desliza entre el “creo que”, “necesitamos, “debemos” y otros paños calientes. Pero ni una infección se resuelve con paños calientes, ni el que tiene la máxima responsabilidad, el jefe del Estado Mayor que está en campaña, puede andar diciendo “estaría bien, “convendría” y cosas así. Ése no es el lenguaje propio de su escalafón. Quizá pueda hablar así el soldado raso; pero no el general. Lo que pasa es que nuestro cardenal tiene alma de soldado raso, de cura de pueblo: y no se recata en recordárnoslo de vez en cuando.

Resulta que la Iglesia está o tendría que estar en campaña por la reconquista del territorio de la moral sexual y de relación que le ha arrebatado el enemigo. ¿Y qué hace para organizar esa reconquista el jefe máximo de las fuerzas de la Iglesia? ¿Que qué hace? Entre refresco y refresco (ducha no, porque hay que ayunar de agua) un “ci vurría”. ¡Oh, qué bien nos iría si hiciésemos (más concretamente si otros hiciesen) esto, lo otro, o lo de más allá! Sí, sí, ci vurria, nos convendría. ¡Qué cosa más fantástica!, ¡qué impetuosa entrada en campaña! Sí, señor cardenal, ci vurria, ci vurria, ci vurria

¿Pero no es Omella el Presidente, la máxima autoridad por tanto, de la fundación Escola Cristiana? ¿Qué hace pues expresando deseos, indicando cuál habría de ser el camino a seguir por las escuelas que están bajo su presidencia, componiendo un discurso beatífico y bobalicón en vez de mandar? ¿Qué hace con tanto “ci vurria, ci vurria” (nos convendría, nos convendría) en vez de mandar, que para eso le han investido de la máxima autoridad? Evidentemente, su obligación ministerial es organizar y poner en marcha la resistencia: o tener la humildad y la honestidad de retirarse si no se siente con capacidad ni con ánimos. Pero dejarse de cantilenas adormecedoras de conciencias.

Y es cuando ves estas actuaciones, cuando te chirría tanta púrpura y tanto oropel, y lo percibes más como un disfraz, como una carnavalada, que como los signos externos de la dignidad y de la responsabilidad que ostenta. Con el gravísimo inconveniente de que esa percepción no se reduce sólo a él, sino que te hace caer en la cuenta de los imponentes cuadros de mando con que cuenta la Iglesia, muchísimos de cuyos miembros, aunque tienen tristemente olvidadas sus funciones, no se olvidan de lucir sus oropeles en las ceremonias de lucimiento. ¡Menuda paradoja!, cuanto más disminuyen los soldados, más aumentan los mandos y sus prebendas. ¿Por qué será?

Ante esta exhibición de inutilidad (o quizás de futilidad) de nuestro cardenal, creo procedente recomendarle que al menos nos ahorre esa ostentación tan burda, tan basta y tan vasta de su eminentísima y reverendísima vacuidad y de su irresponsabilidad desbordante de bonhomía. Y como no se le ve la menor capacidad de sonrojo, espero que nos permita sonrojarnos por él. Pero algo bueno (acorde con su responsabilidad) tendrá, pienso siempre. Por eso estoy alerta por si alguien cuenta algo bueno (¡no buenista!) de él. Y la cosa estuvo muy a punto.

El otro Don Juan José... Asenjo
He de decir que cuando leí recientemente en Religion en Libertad el título “Don Juan José” fui rápido a su lectura, porque esta publicación se dedica a recoger todo lo bueno que se puede decir de la Iglesia y sus mandos. Entré precipitado en el texto para ver de qué se trataba. Leí: “pero todas las esencias tienen sus custodios, y aquí se trata de una verdadera guardia de hierro cuya principal misión, y conste que no me parece del todo mal, es mostrar al recién llegado que pisa un terreno frágil donde no se regala nada a nadie por ser vos quien sois. Bajo esos condicionamientos, abrirse camino como arzobispo de una sede compleja, en tiempos nada fáciles para la Iglesia universal y local, poder mostrar al cabo de diez años de ejercicio un conjunto muy notable de resultados espirituales, pastorales y organizativos -cuando además no siempre acompaña la salud-, y ganarse el respeto de todos y el afecto o la admiración de la mayoría, no es sencillo. Don Juan José lo ha conseguido porque renunció desde el primer día a ser el agradador buenista que muchos creen debe ser un obispo hoy con tanto daño para sus diócesis, porque ha sabido ejercer una medida autoridad cada vez que ha sido preciso, pero sobre todo porque ha sido y es, puedo dar fe, un pastor cercano y paternal que sabe escuchar y tocar en cada momento el corazón o la conciencia de quien se le acerca. Ah, y porque, algo fundamental e impagable en estos tiempos, de su boca, de sus escritos y de sus actitudes nunca ha salido nada que no sea sana doctrina, ortodoxia católica, evangelio y fidelidad a Cristo. A sus cartas semanales me remito.” Magnífico elogio. Pero eso de los 10 años y de la salud frágil, no me cuadraba. Así que leí con más cuidado. Efectivamente, se refería a Monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, arzobispo de Sevilla. Y citaba como fuente, el Diario de Sevilla. Mi gozo en un pozo. Será que soy… demasiado rígido por causa de la cojera. En fin, otra vez será.

El Cojo de Calanda

9 comentarios:

  1. El otro Don Juan José... Asenjo no es tampoco ese gran pastor que retratan esas líneas.

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    1. No conozco al detalle el itinerario episcopal de mons. Asenjo en Sevilla.
      Pero creo que entre sus méritos uno innegable es haberse sabido ganar a su rebaño toda vez que en su entrada y primeros tiempos en la archidiócesis una parte de la feligresía le mostró hostilidad; así lo explicó muy bien en un artículo en ABC el periodista Antonio Burgos al día siguiente de la celebración del 50° aniversario de su ordenación sacerdotal el pasado día 22.

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  2. Cuando al cardenal que ha presentado, en el Vaticano, a la opinión pública el Sínodo de la Amazonía se le ha preguntado por la conocida demostración de la contradicción del Instrumentum Laboris con las verdades del depositum fidei, el purpurado tragó saliva y salió por peteneras: No es un documento pontificio, dijo.

    Esa es la atmósfera de confusión en que los representantes de Francisco en Barcelona y en Madrid se desenvuelven, a imagen del propio Francisco. Omella con la ducha y Osoro con la red y la caña de pescar. Sin pudor alguno.
    Si el Pontífice envía a los sinodales un documento que, pillado en error, dice que no es suyo, si Omella apela a los futuribles para no hacer nada, lo que en derecho laboral se llama desistimiento se torna lisa y llanamente en omisión del trabajo encomendado. Nadie está libre de pecado. Pero eso no nos faculta para silenciar el mal que se está produciendo.

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    1. Hace tiempo que se está llamando futurible a lo qué no lo es.El futurible es algo que pudo acontecer pero no sucederá jamás por haber eludido los medios conducentes a su realización:Ay de tí, Corozaín, ay de tí, Betsaida.Si en Tiro y Sidón se hubiesen realizado los prodigios que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido revedtidas de ceniza y cilicio.

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  3. Goyo
    ¿Los colegios "cristianos" se reconocen como confesionales?. Lo primero que habrían de hacer es cambiar el adjetivo por "católicos". Hoy día, desgraciadamente se mantienen gracias a las subvenciones legítimas, pero que les obliga a no ser demasiado contrarios a las ideologías que quieren imponer en la enseñanza los actuales partidos políticos. Hay que ser valientes y defender los ideales católicos, que supuestamente, deben transmitir a sus alumnos. Los que hemos trabajado o tenido relación con estos centros, vemos como se han ido perdiendo los valores católicos que querían transmitir los fundadores y sus primeros seguidores. Han de volver a sus orígenes, si no están faltando a su promesa de servidores de la Iglesia católica en el camino de la educación integral. María Auxiliadora protege los colegios que realmente son confesionales.

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  4. Totalmente de acuerdo con el Sr Valderas Gallardo.
    Osoro solo puede ir a pescar al Manzanares, si le dejan los del Alto Estado Mayor, claro.

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  5. Lo que tiene que hacer Osoro es DEFENDER al Prior del Valle para que no profanen ninguna tumba y se deje de tonterías ECOLOGISTAS. Si tiene cuatro licenciaturas es gracias al Caudillo. Si hubiese ganado el frente popular ahora mismito no sería Cardenal ni nada, no hubiera pasado de Monaguillo RASO !!

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  6. Agradecería opinión del Sr. Valderas y de la Sra. Laura S sobre los discursos políticos perpretados en un Convento " Católico" por personas de dudosa honrarez Política y Crematistica. Gracias.

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