domingo, 8 de abril de 2018

Un cura que desaparece

Era el tipo de sacerdote que desde el Concilio de Trento (Sesión XXIII de julio de 1563), quiso consolidar la doctrina del sacerdocio católico y extirpar todos los desarreglos, excesos y desviaciones arraigadas a lo largo del Medioevo, queriéndolo extender por toda la Iglesia. El Concilio Vaticano II reiteró la teología del sacerdocio del tridentino, como no podía ser de otra manera, y presentó ante el mundo y la Iglesia contemporánea la grandeza y sublimidad del sacerdocio católico.
En el orden práctico y desde una mirada simple, a ras de suelo, la primera característica de ese modelo de sacerdocio es la presencia habitual, cotidiana y disponible en su parroquia. Presencia que desde el celo por las almas comienza por su intima unión con el templo parroquial. El sacerdote es el responsable último del decoro, belleza y accesibilidad a su iglesia parroquial. Con especial centralidad, comprende que el Tabernáculo con la reserva eucarística sea el centro devocional de la vida de oración de sus feligreses. Importancia que comparte con el confesionario, estando siempre disponible para ese ministerio, por encima de otra ocupación. Esa importancia sacramental nace de su conciencia de ser el ministro por excelencia del culto. Culto que debe cuidar y engrandecer en la preparación litúrgica de las celebraciones. Es posible que, habiéndose sobredimensionado la colaboración de monitores, lectores, cantores, acólitos, ministros de la comunión, en faltando estos (cosa que ocurre cada vez con más frecuencia), tenga la impresión de que las celebraciones no sean hermosas y cuidadas.
El sacerdote debe ejercitarse por tanto en el ejercicio subsidiario de estos servicios. Sin cantores, no debe sentirse fuera de lugar: debe ser capaz de entonar y cantar algunos cantos básicos en las celebraciones, al menos en las dominicales (para ello hace falta interés y delicadeza). Tampoco ha de considerar un menoscabo de la solemnidad si él mismo debe hacer las lecturas. Ni debe agobiarse si por ausencia de ministros de la eucaristía, la comunión distribuida por él solo dura más tiempo de lo habitual; o si a falta de monaguillos, debe acomodar a su alcance los objetos litúrgicos que normalmente le acercarían los acólitos bajo otra responsabilidad. 
C:\Users\Francesc\Desktop\image02.jpgSi la reforma litúrgica conciliar expresó la necesidad del cuidado de la homilía, ésta debería ser habitual de manera cotidiana (aunque sea una brevísima reflexión) y muy preparada para los días festivos. Es desalentador constatar como muchos sacerdotes sustituyen el esfuerzo de preparación homilética, por la lectura monótona y estereotipada de homilías prefabricadas que aburren hasta a las ovejas y no conectan con la peculiaridad e idiosincrasia de su feligresía.
En diverso orden debe preocuparse por el acompañamiento y fruto espiritual de los demás sacramentos: velar por la pronta recepción del bautismo de los recién nacidos, por la preparación catequética de los padres y por el celo en animar a los jóvenes a contraer el santo matrimonio, a los niños a hacer la primera Comunión, y a los adolescentes a recibir el sacramento de la Confirmación, previas las respectivas y específicas preparaciones catequéticas.
Ha de tener un celo especial en la visita a los enfermos, que de ningún modo ha de admitir que quede reducida a la que ofrecen las instituciones  a regañadientes en los hospitales, servidos habitualmente por capellanes ad hoc; sino que ha de asumir la responsabilidad de visitar en sus domicilios a los enfermos de su parroquia. Se trata de procurar a los impedidos, que ya no pueden acudir a la misa parroquial, la asistencia espiritual y sacramental necesaria. Y animarles, a una recepción consciente y serena de la Unción de Enfermos, especialmente a los más graves.
Y si todo esto es trascendental, cómo no lo será la preparación catequética de los niños y niñas para la primera comunión. Catequistas y formadores (habitualmente, formadoras) de buena doctrina y ejemplaridad cristiana, textos de doctrina recta y correctos para cada edad y tipología infantil. Cuidado personal en iniciarlos en la oración y el trato íntimo con el Señor, en la adoración y la acción de gracias especialmente. Y predicar e insistir sobre la sublimidad del sacramento de la Confirmación, para que cada año sean muchos jóvenes los que lo reciban y les sea de provecho.
Para todo ello, no debe cesar el sacerdote de poner todos los medios sustanciales y accidentales. Desde ilusionar a los niños y jóvenes con la hermosa tradición de los belenes y las representaciones navideñas, hasta las sesiones de villancicos, pasando por la participación en las celebraciones tanto litúrgicas como populares de Semana Santa y Pascua. En todo ello, el sacerdote a la cabeza.
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Misa en el Camarín de Montserrat
Cuán edificante es ver al párroco presidiendo los Vía Crucis los viernes de Cuaresma por el interior del templo. Y atraer a sus feligreses hacia esa práctica devocional que tanto fruto reporta a las almas. Qué hermoso verle coordinando todos los actos populares de la Semana Santa con entusiasmo y esmero: la procesión de Ramos, el Monumento de Jueves Santo y su Vigilia de Adoración, el Vía Crucis por las calles de su pueblo o barrio. Los actos pascuales… Toda la liturgia del Triduo Pascual, centro y culmen de todas las celebraciones litúrgicas de la Iglesia.
¡Qué importante un sacerdote mariano! Presente (aunque sea salteado: porque ése es un momento excelente para estar en el confesionario) en el rezo comunitario del Rosario, en el mes de María, en las procesiones de la Virgen, en la novena de la Inmaculada de tanta tradición en toda España…
Qué bello ver a un párroco formar espiritualmente y ocuparse de sus monaguillos: si puede ser, con la colaboración de algún catequista o ex-monaguillo. Salir con ellos de tanto en tanto sea de romería o a ver una peli buena en el cine. Organizar juegos con ellos, atraer a otros chicos hacia el amor al altar y al celo por el culto. Crear una auténtica escuela de monaguillos para darle esplendor al culto.
Y se me quedan en el tintero decenas de actividades y detalles, de misiones y empeños en los que un sacerdote debe singularizarse. El despacho parroquial, por ejemplo, que muchos convierten en una burocrática oficina administrativa. ¡Cómo agradecen los fieles poder encontrar al párroco allí para intercambiar cuatro palabras con un sacerdote que les conoce y se interesa por sus cosas, alegrías y penas! Un párroco no encerrado en su iglesia y sacristía, en su despacho o en su casa. Un sacerdote que se patee el barrio, que esté dispuesto a recibir a todos, a hablar con todos, a escuchar a todos, sin excepción: son vecinos de su barrio o pueblo. Se debe a ellos: son ovejas aunque no vengan a misa o ni siquiera sean católicos.
Qué tristeza me producen las Cáritas parroquiales, tan vivas y auténticas antaño, que van apagándose y desapareciendo en virtud de convenios con Cruz Roja o Ayuntamientos, sin la presencia de las voluntarias parroquiales (¡cuánto valen las mujeres para esto, y qué dispuestas siempre!) y también del párroco que cela, repito cela, por el bienestar de sus hijos e hijas. Porque sí, sus feligreses y todos los vecinos de la jurisdicción parroquial son sus hijos e hijas. Con amor de padre debe quererlos, rezar y sacrificarse por ellos. Y acompañarlos en el tránsito y traspaso a la casa del Padre. Y acompañar a la familia en ese momento, y en las exequias y funerales. Nunca pude imaginar que mis años de capellanía en el Tanatorio de Santa Coloma llegaran a ser tan provechosos para mi experiencia sacerdotal y para las familias. ¡Y ya van veintidós años!
C:\Users\Francesc\Desktop\_20171129_094203 (1).jpgPero este modelo de cura está en vías de extinción: parece que ha entrado en vía muerta, porque son más las defunciones que los nacimientos. Y los curas que se están gestando en nuestros seminarios no están siendo preparados para ser el tipo de cura que he descrito, el que ha formado parte de nuestras vidas. Son muy pocos y están siendo preparados para un futuro cuyo parecido con nuestro presente y con nuestra feliz memoria del sacerdote, será puramente accidental.
Estos son los pensamientos que me ha inspirado la llegada del Jueves Santo y con él, la renovación íntima y sincera de mis promesas sacerdotales. No quería dejar de compartirlas con todos vosotros, lectores habituales de mis glosas dominicales, de mis artículos litúrgicos y de mis relatos históricos (centrados este año en la egregia figura de Pablo VI, cuya canonización viviremos, Dios mediante, este próximo otoño). Gracias a todos los que de una u otra manera hacéis real y concreto mi ministerio.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

19 comentarios:

  1. Efectivamente, mosén Francesc, ese cuadro que ha perfilado del sacerdote de Cristo es su propio autobiografía, una historia propia que va labrando día a día, con una entrega ejemplar. Su ejemplo nos arrastra. Muchas gracias.

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    1. Totalmente de acuerdo con el Sr Valderas Gallardo.

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  2. salvador (nombre de pila)8 de abril de 2018, 18:04

    Mn. Francesc, que feliz al leer este articulo, naturalmente con mucha AÑORANZA, tengo 67 años, que pena hoy en dia las PARROQUIAS, CARITAS, despachos Parroquiales como menciona Ud. yotras actividades innumerables, pero la mas importante a mi humilde critica es la FALTA DE CONFESIONARIO, por cierto hoy El Santo Padre Francisco lo menciona como primera necesidad de buen Cristiano (pero que les importa a los Obispos lo que deben aconsejar a sus Sacerdotes), acepte una critica, hoy los Sacerdotes son la gran mayoria SACERDOTES DE PROFESIÓN NO DE VOCACIÓN.

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    1. Totalmente de acuerdo con el sr Salvador Nombre de pila

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    2. Lamentablemente se han convertido en funcionarios de la parroquia y del Altar, con mínimo celo pastoral

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  3. Cuando es tan tan tan frecuente ver que los sacerdotes ocultan su condición de tales (es cierto que el hábito no hace al monje; pero si uno lo es, me alegra y me edifica saberlo y reconocerlo), es un bálsamo para el alma encontrarse con un sacerdote profundamente contento de serlo, y que ejerce de tal en todas las circunstancias, que es reconocido como el párroco del Fondo por todo el barrio; no sólo por sus feligreses, sino por toda la gente. Da gusto tropezarse tan a menudo en ese barrio con el sacerdote.

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  4. Mn. Francesc. No tengo el gusto de conocerlo, pero por lo que he leído
    de Vd. en GG, me parece un sacerdote como los que yo he tenido la fortuna de convivir en mi parroquia en mis años jóvenes y no tan jóvenes. Tristemente no puedo decir lo mismo en la actualidad. Como dice un comentarista, la gran mayoría son sacerdotes de profesión pero no de vocación. ¡Cuánto bien hacían a las almas que teníamos la suerte de acercarnos a ellos!. Toda mi vida me he sentido feliz viviendo mi fe juntamente con los componentes de la feligresía de mi parroquia. No puedo decir lo mismo desde hace ya algunos años. Ha cambiado tanto, para mal, que actualmente no sé si conseguiré superar esta situación que tanto
    me hace sufrir y me tiene desalentado. María Auxiliadora ruega por todos los que nos encontramos en esta situación y extendemos nuestra mano para sentirnos cerca de ti. Sagrado Corazón de Jesús en ti confío.

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  5. La razón de fondo es que NO TENEMOS OBISPOS SANTOS, ademas con el mantra budista de "volem bismes catalans" la desaparición del Confesionario de las parroquia y el sacerdote superocupado en sus asuntos que no tiene "tiempo" NUNCA para atender a sus fieles da como resultado efectos tan evangelizadores como el panfleto que el Arzobispo nos obliga a mantener:
    https://www.dolcacatalunya.com/2018/04/catalunya-cristiana-compara-a-los-martires-cristianos-del-coliseo-con-los-separatistas/
    ¿Quien puede poner la X en la Iglesia Católica para mantener a estos cismáticos ?
    Recemos para que vuelvan los sacerdotes de JESUCRISTO y que buenos y santos como Mn, Espinar, Mn Custodio y otros parecidos sean nuestros OBISPOS, para renovar la faz de la Tierra.

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    1. Totalmente de acuerdo con el sr. Quim Marcos

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  6. ¿Para qué clase de sacerdocio están siendo preparados los futuros sacerdotes?

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  7. Santos adúlteros9 de abril de 2018, 1:28

    Ha salido por un sitio católico la exhortacion Gaudete et exultate.

    Da la impresion de que comienza la gestación y la consolidación, de la proposición teológica proxima a la herejía contenida en el numeral 305 y nota 351 y 336 de la exhortacion Amoris laetitia, Capítulo VIII, por la que se establecía la hipótesis posibilista de la comunión y absolución de los adúlteros, contraviniendo el numeral 1650 del Catecismo y las Sagradas Escrituras y Tradición.

    Asi, es dable a observar el íter heterodoxo:

    1. Acción: n. 305, nota 351/336, Amoris laetitia: comunión y absolucionde los adúlteros

    2. Reafirmación: las Directrices de los Obispos de Buenos Aires de 5 de septiembre del 2016, y la Carta de Francisco, de la misma data, donde en la primera los obispos desarrollaban la comunion y absolución de los adúlteros, y en la segunda, Francisco decía que dichas Directrices eran la única interpretación posible.

    3. Silencio y omision. Francisco lleva 16 meses sin contestar a las Dubia, y además, en las 4 referencias de Amoris laetitia halladas en Gaudete et exsultate, en consulta rápida, no da ninguna respuesta ortodoxa a las Dubia ni nada parecido.

    Así, parece confirmarse que los adúlteros, en la espiritualidad matrimonial fe Francisco, sí que reciben la gracia santificante, y por ello, pueden ser santos y canonizados como modelo ejemplar de santidad matrimonial, a favor de todos los adúlteros impenitentes y no arrepentidos, pero que tengan una atenuante que los justifique (Amoris laetitia en concurso con Gaudete et exsultate).

    Con lo cual, se agravan aún más si cabe, las tensiones y riesgos de ruptura y división en el bello rostro de unidad de la Esposa de Cristo, la Iglesia Católica.

    Se incumple así el carisma petrino, obligatorio, personal e indelegable, de decir extrínseca y explicitamente, con la claridad del sí sí no no, toda la plena Verdad de Fé Católica: el adulterio es un intrinsece malum per se semper et pro semper, y por ello, nunca jamás los adúlteros pueden recibir ni la absolución ni la comunión, y obviamente, ni la extremaunción.

    Este carisma petrino de juzgar ha sido omitido, pues ni se ha ejercido directamente al promulgar Amoris laetitia, ni se ha ejercido en los posteriores momentos oportunos: ni al recibir las Directrices, ni al recibir las Dubia, ni al promulgar Gaudete et exsultate, que está en explicita conexión con Amoris laetitia. Con lo cual, se cae en el peligro de la doble herejía: por acción y omisión.

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  8. Mosén Francesc, como bien dice JMVG, el cuadro que usted dibuja es el de un sacerdote de Cristo, es su propia biografía. Mucho mérito tiene su labor, algún día le ha de ser recompensada.
    El Señor quiera que haya muchos así, como usted.
    Gracias por todo.

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  9. Parece se haya descrito aquí,en el artículo,la trayectoria vida y milagros del santo cura de Ars; sacerdote ejemplar y santo.Pero sabemos que HOY al sacerdote santo de Ars no se le hubiera admitido en el seminario,no hubiera sido sacerdote porque seguramente no hubiera dado la talla en los estudios y se le hubiera despedido.Hoy se miran más los títulos académicos que la vocación a la santidad.Por eso te encuentras muchos títulos y poca espiritualidad y esto se ha extendido de tal manera que los pocos sacerdotes que quedan quizás tengan títulos universitarios pero no saben lo que es la caridad ni el amor cristianos, que es lo esencial. Porque si un sacerdote no tiene caridad y amor ¿qué és?....
    Sabemos que la realidad es la que es y nunca volverá a ser lo que fue.Pero bueno, recordarlo con nostalgia no está de más. Pero hay que atenerse a lo que hay.
    Hoy día los pocos sacerdotes que son, deben cubrir un servicio como funcionarios, hasta que que algún organismo religioso o laico ( no sacerdotal) cubra las necesidades de esta función:hacer acto de presencia, llevar los libros de datos que deben quedar reflejados: bautizos,comuniones, defunciones etc.etc..decir misa y no más, porque poco más creo que hacen.Creo que la formación que reciben hoy los sacerdotes en los seminarios se centra en este sentido.De hecho caminamos hacia el sacerdocio casado que tendrá que atender también a su familia.O sea que lo pasado pasado está y con estos bueyes tenemos que arar, no obstante recordar tiempos mejores pues no es pecado.

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    1. salvador (nombre de pila)9 de abril de 2018, 15:43

      Cuanta razón la de Ud. Anónimo de las 9:53, hoy para los Obispos es mas importante el cuadro academico que la VOCACIÓN NATURALMENTE DESPUES DE ANALIZARLA SI LA TIENEN LOS ASPIRANTES AL SACERDOCIO, naturalmente como la van a saber y analizar si no pisan LAS PARROQUIAS y sus Sacerdotes casi tampoco.

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    2. Su comentario me remite a los monjes de Montserrat: muchos títulos y apariencia pero qué poca espiritualidad y santidad se ve en ellos. "Por sus frutos los conoceréis"

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  10. Ciertamente, los que ya tenemos una edad, recordamos la figura estándar del sacerdote. Era respetable y venerable por ser ministro de Dios. No es que fuesen todos santísimos, que algunos defectillos tenían algunos, sobre todo en relación con la economía (eso en la postguerra lo entendíamos muy bien); pero el sacerdote era siempre una gran persona. Hoy en cambio, habiéndose ventilado las peores miserias de los sacerdotes, la imagen estándar del sacerdote es muy penosa. Y lo que es todavía peor: sospechosa. Por eso los fieles nos sentimos tan reconfortados cuando nos encontramos con un sacerdote normal. Es decir un sacerdote dedicado full time a su sacerdocio. Y simplemente que se le note que cree lo que predica y lo que hace.

    Lo lastimoso es que esto sea hoy la excepción, cuando en nuestro tiempo fue la norma. Y ya, por si faltaba algo, que los sacerdotes tengan que andar con cuidado con si una pareja de homosexuales o lesbianas les cuelan bautizos para promocionar su "matrimonio" en la iglesia; con gran esplendor de fotos, por supuesto. O que tengan que andar con pies de plomo respecto a lo que predican. Es ya el colmo de los colmos. La situación se les ha hecho asfixiante ahora que en vez de controlar el obispo la vida de las parroquias, se dedica a controlar lo que predican, para que los políticos no le compliquen la vida. Porque la principal pastoral del obispo es con los no creyentes. No para convertirlos, sino para evitar choques y confrontaciones con ellos y con su ideología.

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    1. Omella por su sobreactuación intentando agradar a los políticos que tanto se indignaron por el sermón de un sacerdote. En realidad es el único obispo de toda la cristiandad del que se sepa que ha actuado al respecto con semejante contundencia. Por eso cada vez suena más en los ámbitos político-eclesiásticos, lo del "Síndrome Omella". Es una definición muy clara de la más lastimosa realidad de la Iglesia.

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  11. Admiro la valentía de Mossèn Espinar y su ministerio.Un sacerdote en medio de tanto clero descreído y poco formado, ahora tendrá en la Parroquia vecina al ex salesiano, Gerardo Guerra, que tantas irregularidades litúrgicas y teológicas efectúa, todo por la pobre formación recibida . Sin embargo, hace tiempo que me han llegado rumores de que fue expulsado del Seminario de Tortosa, por lo que se fue a Italia, igual que M. Apeles, donde fueron ordenados. ¿Es cierto...?

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  12. Si se admira la valentía de alguien porque está haciendo una buena labor; dejémonos de retorcidas triquiñuelas para criticar a otros. Hay quien se ocupa de buscar cinco pies al gato escarbando en la basura con tal de hundir,como sea, al que no nos gusta, usando,utilizando con halagos a unos para hundir al otro.
    Puuuaaaafff.....

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