jueves, 25 de enero de 2018

Virtus (¿Que son las virtudes? ¿Que es la virtud?)

Caeli caelorumque Virtutes ac beata Seraphim… 
Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dóminus Deus Sabaoth
 
Quam dilecta tabernácula tua, Dómine virtutum (versión Septuaginta: Os agapetá ta skenómata su, kýrie ton dynámeon). ¿De qué virtudes nos hablan estos textos, tanto el del Sanctus como el del salmo 84, como tantos otros del Antiguo Testamento? Pues de las “fuerzas angelicales”, de los ejércitos celestes. De ahí que las traducciones oscilen entre la transcripción hebrea Deus“Sabaoth”, su traducción como “Señor Dios de los ejércitos” y su interpretación como “Dios del Universo”. La versión griega de Sabaoth es dynámeon: literalmente, “de las fuerzas” (virtutum en latín, dynámeon en griego: de ahí la dinamo, la dinámica, el dinamismo). Se refiere a las fuerzas armadas celestiales: uno de los órdenes angelicales que se nombran en el Prefacio. Per quem maiestatem tuam laudant Angeli, adorant Dominationes, tremunt Potestates, caeli caelorumque Virtutes ac beata Seraphim, socia exultatione concelebrant. Y en otra versión más breve, Et ideo cum Ángelis et Arcángelis, cum Thronis et Dominationibus, cumque omni militia caelestis exércitus (y con toda la milicia del ejército celestial) hymnum gloriae tuae cánimus. Ahí aparecen todos los órdenes celestiales; la Iglesia une su adoración en la tierra, a la de los ángeles en el cielo. Las versiones modernas del Prefacio prescinden de tanta solemnidad y potencia celestial, simplificando en “coros angélicos” y versiones por el estilo.

¿Y qué son las Virtudes? ¿Qué es la virtud? Ahí tenemos un problema de traducción. En algunos casos, el traductor en vez de traducir, ha preferido transcribir la palabra hebrea original: Sabaoth; en otros casos ha traducido Virtutum (de las Virtudes) o Exercítuum (de los ejércitos); y en griego Dynámeon (de las Fuerzas: “angelicales”, han precisado las traducciones subsiguientes).  Está claro que el griego y el latín siguen caminos distintos. El griego en vez de ir a la andréia, el equivalente de la virtus latina, se decanta por la dýnamis, la fuerza; con la que se denominan también las fuerzas armadas.

Me detendré en la palabra “virtud”, que compartimos con el latín; puesto que su carga semántica es de las que marcan no sólo nuestra filosofía de la vida, sino incluso la antropología. El origen de esta palabra está en la Roma dominadora y esclavista (o quizás antes en Etruria) y es el calco exacto de la palabra griega “andreia” (nacida también en una sociedad dominadora y esclavista): tampoco una misma realidad podía expresarse con palabras muy distintas. Andréia procede de andrós (gen.), que significa varón, exactamente igual que su correlativa latina vir. Y el significado es idéntico en la lengua griega y en la lengua latina, en la cultura griega y en la cultura romana. Nada que ver con el vuelco que le dio el cristianismo no sólo a la palabra, sino al concepto mismo de virtud: con las consecuencias que ello acarrea en la conducta de los individuos y de los pueblos, y por tanto en la historia. Y también en la antropología: porque mal que les pese a muchos, el cristianismo es un fenómeno antropológico.

Permítaseme un breve desvío, para hacer el tema más comprensible. En nuestra lengua ha quedado la distinción (semánticamente ya borrosa) entre señor y hombre, reflejada en la correlativa entre señora y mujer. Éste no es un capricho léxico, sino la huella aún honda de la neta distinción griega entre anér (genitivo, andrós) y ánzropos. A nadie se le ocurría llamar ánzropos a un anér; y lo mismo pasaba en Roma: una cosa era el vir, y otra totalmente distinta el homo (el célebre “homo sum” es una confesión de humildad). En resumen, en la antigüedad regida por la dominación y su correlativa la esclavitud, el hombre libre dueño de sí mismo, con derecho de ciudadanía y guerrero de oficio, era conocido como anér en Grecia y como vir en Roma; mientras que el esclavo recibía el nombre de ánzropos en Grecia, y el de homo en Roma. Era imposible (e imperdonable) confundir ambos términos. La definición y la visión más común de esclavo era la de individuo que no merece ser libre porque no ha tenido “virtud” suficiente para defender su libertad, ni la tiene para recuperarla. De ese mundo nos vienen las palabras, y de ese mundo venimos nosotros.

Y obviamente la virtud recibía el nombre de andréia en Grecia, y el de virtus en Roma. En ambas culturas, el origen léxico y social de la virtud era el varón (vir), bien dotado de vis-vires (fuerza, parienta muy próxima de la violencia), dueño de sí mismo y con derecho de ciudadanía. Su misión fundamental, casi su razón de ser, era defender su libertad y la de los suyos. Y lo hacía mediante el ejercicio de la vis (fuerza-violencia) en el oficio de guerrero. Obviamente, al ser la virtud algo propio del varón, se refería a las características de conducta requeridas para mantenerse en la condición de anér y de vir; conductas indispensables para no caer en la horrible e indigna condición de ánzropos y de homo. En ese momento a nadie se le hubiese ocurrido tratar de “machista” a esa cultura; porque igual que en la  naturaleza, los machos arriesgan su vida en aras de la seguridad para que hembras y crías puedan estar y sentirse seguras (se = sin; cura = cuidado). En los animales, la seguridad afecta sólo a la vida (no hay dominación ni esclavitud en la naturaleza); en la especie humana afecta también a la libertad. 

Virtus era por supuesto la audacia, el valor, el arrojo en la pelea y en la batalla, que le permitía al vir mantenerse libre. Naturalmente, en esas batallas se jugaba la vida (que no tenía valor para él si perdía la libertad y pasaba a ser propiedad del vencedor si la mala fortuna le privaba del honor de morir en combate). Pero se jugaba también la libertad de los suyos, cuyo destino no era la muerte, sino la explotación en régimen de esclavitud. Los viri constituían la secúritas de la libertad. Efectivamente, la virtus y la libertas eran conceptos complementarios. Era absolutamente imposible la segunda sin la primera.

Pero no os vayáis a pensar que fuese fácil ser vir virtuosus en la Roma de la que hemos heredado aspectos culturales fundamentales. La virtud de estos viri no se restringía sólo a la pelea. Para permanecer como señores, tenían que ser capaces de tener dominados y productivos a sus esclavos. Tenían que saber mantenerlos en todos los sentidos: el de manutención y el de dominación. Y para ello tenían que vigilar que no les pillase en situación de debilidad ni el esclavo levantisco ni el enemigo. La vida del hombre libre no era ninguna ganga: tenían que estar siempre en guardia, empezando desde la niñez el entrenamiento para la dureza de la vida. Mientras los niños esclavos seguían jugando hasta que fueran capaces de trabajar, los niños libres tenían que acudir a la escuela (¡el gimnasio!) desde los 7 años: ahí empezaba su entrenamiento para la lucha. Eso era ir labrando la virtud. La libertad no era gratuita, tenía un alto precio. Por cierto, el tan celebrado Estado del Bienestar es un Estado de Manutención: lecciones de la historia.

Pero con esto, sólo se entrenaban a resistir al enemigo externo y al posible enemigo interno: el esclavo al que mantenían sojuzgado y explotado. ¿Y la convivencia entre los viri, los que gozaban del derecho de ciudadanía? Pues también para esto tenían todo un código de virtutes en las que la norma suprema era la renuncia a la violencia que tanto necesitaban para no dejarse esclavizar ellos, y para mantener a los esclavos bajo su dura dominación. Esta tensión entre violencia y suavidad, también se da en la naturaleza. Y también en ésta se produce la desviación de la violencia del enemigo al de casa. En casi todas las especies se dan distintos niveles de violencia interna, llegando al extremo del canibalismo en las situaciones desesperadas. Por eso la virtus era imprescindible para no traspasar las barreras de la violencia.

Formando parte de esa virtus civilis estaba la obligación sagrada de formar familia y reproducirse. En la familia estaba el núcleo de las virtudes cívicas del romano: porque de lo contrario, en menos de una generación toda la cívitas caía en la esclavitud. De ahí que la moral familiar (que incluía una rígida moral sexual) acabara siendo la medida de la salud moral del pueblo romano. Fue en realidad la decadencia de la familia y la caída en picado de la reproducción, fruto de la peor depravación sexual, lo que precipitó la ruina de Roma. El imperio se vino abajo porque los viri, como consecuencia directa del descenso de la virtus, se enfangaron en el vitium y dejaron la descendencia para los extranjeros y los esclavos. Por eso tuvieron que ser los extranjeros los que aportaran la virtus y los viri para la defensa de Roma: los varones y la virtud que los romanos habían perdido. Fue inevitable que se hicieran con el poder los que tenían la virtus. Y los que se abonaron al vitum cayeron en la esclavitud. De libro.

Decía que la disposición para la lucha era sólo la mitad de la virtus. Como dice Salustio, “en la paz (en casa) y en la guerra se cultivaban las buenas costumbres. Ejercitaban las riñas, las discordias y las rivalidades con los enemigos. Los ciudadanos competían entre sí en virtud. Con estas dos artes cuidaban la república y a sí mismos: audacia en la guerra, y cuando venía la paz (en casa y en la ciudad), equidad”. 

Esta segunda parte de la virtus les era imprescindible para comportarse como iguales a los demás: es decir como ciudadanos. Superioridad para con los enemigos y esclavos, y equidad (igualdad) para con los de casa (la mujer y los hijos) y la ciudad. Y por más que tanto en la casa como en la ciudad los viri tuvieran que ejercer la auctóritas unos sobre otros por turnos, por delegación o incluso por imposición, porque sin ella hubiese sido imposible garantizar la secúritas y educar a los hijos para ser señores, viri, ciudadanos y no esclavos; por más que fuera inevitable el ejercicio de la auctóritas, jamás alcanzaba ésta la dureza de la dominatio, y por tanto no se confundía con ella. Ni siquiera eso de la letra con sangre entra, que formaba parte de la educación del vir, se salía del ámbito de la auctóritas para pasarse al de la dominatio. La libertad no era gratis: requería grandes, muy grandes dosis de virtud. Y no digamos de “virtudes” en el sentido del Sanctus: de grandes formaciones de dýnamis, es decir de fuerza armada, de ejércitos.

Hay que pensar que al final sin una buena carga de auctóritas entre los viri es imposible mantenerse en libertad: parte de esta auctóritas era la que ejercía el padre sobre el hijo y la hija, el marido sobre la mujer, el maestro sobre el alumno, el magistrado sobre los ciudadanos (sobre los esclavos no se ejercía auctóritas, sino dominatio). Y este sistema sólo se podía edificar sobre la virtud. Una majestuosa edificación social cimentada en la virtud que se le exigía justamente al vir. La imponente realidad es que todo este sistema se sostenía sobre la necesidad imperiosa de mantener la libertad de todo el colectivo. Ésa era la clave, la libertad: que descansaba toda ella sobre los hombros del vir. Ésa era la distribución de roles. Y no olvidemos que tanto en el ejército como en la ciudad, su principal virtud cívica era acatar la autoridad que hacía de él una pieza imprescindible de la maquinaria militar y social que garantizaba la libertad de todos. El mismo sistema que en la familia (de la que también formaban parte los fámulos o esclavos). Sin la auctóritas del paterfamilias (antigua dignidad del vir), tampoco hubiese durado la familia -y menos, la libertad.

Para garantizarla, el sistema defensivo-ofensivo tuvo que organizarse en exércitus (la dýnamis de los griegos). Nada de blanduras y comodidades. Y el sistema familiar, de cuya particular seguridad era responsable y garante el vir, depositó en él la autoridad (no olvidemos el manejo de los esclavos). Una auctóritas que tal como decaía la virtus, resbalaba inexorablemente por la pendiente del abuso hasta convertirse en dominatio. Y eso ocurría no sólo con la autoridad del vir en la domus (en la casa), sino también con la de los mandos en el ejército y la de los magistrados en la cívitas.

Pero no caigamos en la ingenuidad de pensar que los abusos y defectos del sistema de defensa de la libertad, justificasen su liquidación. Roma entendió que era mejor soportar un sistema y un vir defectuosos, que prescindir totalmente de ellos. Era el precio de la libertad, que se desbordaba a veces. De esa construcción del mundo venimos. Toda la monstruosa estructura de poder de hoy (que ha soltado definitivamente las amarras que la ligaban a la virtud), procede de la imponente estructura de organización social y de poder que construyeron nuestros antepasados sobre la virtud, que no se podía esperar de nadie más que del vir. Para defender la libertad, no lo olvidemos.

¿Y qué es lo que nos ocurre hoy? Básicamente que al habernos cargado la libertad (un romano se revolcaría de risa, viendo a qué cosa asignamos hoy el sagrado nombre de libertad) no necesitamos ya la virtus. Ni el vir en quien se encarnaba. Hoy ya se puede prescindir del vir (ahora manda el género) porque el Estado lo ha suplantado. El poder nunca ha podido soportar la virtud. Porque es peligrosísimo que la tengan los esclavos.

Por eso tendríamos que tentarnos bien la ropa antes de dictaminar que venimos de un mundo machista que hemos superado. No es así. Venimos de una estructura de poder masculina organizada sobre la dominación y la esclavitud, que nada tiene que ver con la imposición bruta del macho sobre la hembra. Pero éste será tema del próximo artículo: “La absurda acusación de machismo contra la Iglesia”.  

Cesáreo Marítimo

14 comentarios:

  1. No siempre habrá fuerza en la virtud, y/o la habrá más en el principio de su práctica que tras tiempo de practicarla.

    Pues está relacionada con la hombría de bien, el bonus odor Christi en lenguaje cristiano, cuando brillan las virtudes que adornan a un justo.

    Aunque ya sea más fácil, pues como músculo fuerte actúa más eficazmente tras el entrenamiento, sigue adornando al que la posee. Primero está el conocimiento del objeto de esa virtud, para algunos privilegiados, espontáneo o tras reflexión privilegiada... Platón, Cicerón, Aristóteles etc, para el resto, nos las tienen que explicar. De ahí la importancia de la Educación Católica. Formación del carácter y de los hábitos buenos, que se transforman en virtudes.

    Si no tratamos la educación católica con la seriedad que merece, y la defendemos, no habrá virtud, y por tanto no habrá santidad. Hay algunas infusas, como la Fe en el Bautismo, pero hay que seguir cultivándolas. Se entiende mejor si se lee el libro Padrenuestro de nuestro Papa Francisco, o a Aristóteles, o a los Padres de la Iglesia y si los niños leyeran más biografías de santos, y en la lectura espiritual. La lectura espiritual ha hecho grandes santos y ha conseguido conversiones espontáneas a la reigión verdadera, como la conversión del luteranismo light del nuevo cardenal Arborelius de Suecia, primer cardena de la historia nacido sueco, que leyendo Historia de un Alma de Teresa de Lisieux se convirtió, se hizo carmelita, obispo, y fue creado cardenal en junio pasado. Así me lo contaba en la entrevista que le hice en Estocolmo una semana antes de ser creado Cardenal.

    Los niños tendrían que leer muchas biografías de gente audaz, de héroes, de santos, en comic o no.

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    1. Interesante reflexión la suya Sr.Picazo. Por cierto,ya era hora que saliese usted de su "LETARGO",le echaba de menos,la verdad!

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    2. Una oración por María Elórsegui26 de enero de 2018, 12:53

      La Vanguardia, diario de Màrius Carol sumiso y sometido a la ideología LGBT y de la cultura de la muerte (aborto, congelación de embriones y eutanasia), en la edición de hoy, ha puesto a María Elórsegui, primera juez española en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, un semáforo rojo y un artículo de Cristina Sen titulado "¿Homofobia en Estrasburgo?" y un subtítulo "La recién elegida jueza en el TEDH ve la transexualidad como una patología".

      La ideología LGBTI actúa como el franquismo y el comunismo: exige dictatorialmente y mata moralmente a todos sus opositores.

      Los católicos y todas las personas de buena voluntad, en su lucha contra la ideología LGBTI, están aparadas por dos artículos de la Constitución española:

      - el artículo 16, que da la libertad de religión e ideología

      - el artículo 20, que da libertad de comunicación e información a todas las opiniones, creencias, ideologías y conocimientos

      No existe, ni existirá, ninguna ley ni Constitución que puedan ir contra los artículos 16 y 20: son normas supremas. De lo contrario, la Constitución iría en contradicción: la ideología LGBTI tendría plena libertad ideológica e informativa, pero el catolicismo y el heterosexualismo y los familiaristas y matrimonialistas tendrían la sanción penal y administrativa de querellas, multas, prisión, inhabilitación, restricción de derechos y libertades. ¿Me he equivocado, o creo que no nos gobierna Stalin ni Hitler? ¿Veo bien, veo a Rajoy o a Pol Pot o a Kim "El Líder Supremo"?

      --- Para luchar contra esta ideología demoníaca de lo LGBTI y del aborto y la eutanasia (que La Vanguardia también está abonada), rogaría a los lectores de Germinans, como aquellos guerreros espirituales de San Pablo:

      "Y ahora, hermanos, háganse fuertes en unión con el Señor por medio de su fuerza poderosa. Protéjanse con toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan estar firmes contra los engaños del diablo. Porque no estamos luchando contra la gente de carne y hueso, sino en contra de malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre este mundo oscuro. (Efesios 6, 10-12)."

      En efecto, luchamos contra hombres malos y demonios de impureza y fornicación, especializados en atacar el VI y IX Mandamientos de la Ley de Dios, y de implantar el pecado social y estructural de lo LGBTI en la sociedad bajo coerción y compulsión penal.

      Por ello, propondría a los lectores de Germinans:

      - oraciones

      - intenciones de misa

      - "DIMICATIO", que es el uso de exorcismos menores contra la infestación demoníaca en ciudades y sociedades de los demonios de la ciencia e inteligencia del grave pecado LGBTI.

      TODO CATÓLICO, por el hecho de ser bautizado, es sacerdote (intercesor), profeta (obediente a Dios) y rey (sirve al prójimo), y por mandato constitucional de Jesús, contenido en Marcos 16, 17-18, tiene un poder originario exorcístico sobre sí y sobre los otros, personas y sociedades:

      "Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios [de muerte (aborto, eutanasia), relativistas y LGBTI], hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos [la lucha contra demonios de muerte y LGBTI] y aunque beban veneno no les hará daño [oír estas ideologías]; impondrán las manos sobre los enfermos [todo enfermo en el cuerpo, alma y espíritu] y se pondrán bien.»"

      Un sacerdote bautismal (laico, clérigo) con poder exorcístico menor sobre personas, animales, lugares y sociedades, sólo puede hacerse deprecativamente (pidiendo), no imperativamente (hablando directo al demonio), por lo que la mejor oración es la que sugerió el P. Amorth:

      --- En el nombre de Jesucristo, satanás / espíritu maligno, vete.

      Y teniendo como intercesores a la Virgen María y al Arcángel San Miguel.

      (El exorcismo mayor lo realiza sólo el exorcista con los rituales de 1614 y 1998, con licencia del obispo y con oraciones imperativas y directas)

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    3. Muy buen análisis e información . Lo que dice usted está muy bien y no me lo había planteado: orar por liberacion de personas, y naciones bajo los demonios de LGTB .

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  2. Totalmente de acuerdo con el sr VALDERAS GALLARDO.

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  3. Angeología y demonología26 de enero de 2018, 1:39

    Las versiones modernas del Prefacio prescinden de tanta solemnidad y potencia celestial, simplificando en “coros angélicos” y versiones por el estilo.

    Lo de Coros está bien, pero a pie de página seria obligatorio poner la relación completa de los Coros angélicos: Virtudes, Dominaciones... y explicar la angeología católica, para separarla de la angeología de la Nueva Era y de otras creencias.

    Los Ángeles tienen esta doble función: la de ser Coros de servicio y adoración a Dios, y la de ser Fuerzas en su lucha contra los demonios.

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  4. Muy esclarecedor análisis filológico y semántico del término virtud. Se ha dejado en el tintero, por pertenecer al terreno de lo puramente académico, del significado de dynamis en la doctrina
    galénica, vocablo que da título a un buena revista española de historia de la medicina. Es bueno saber que la virtud nada tiene que ver con el apocamiento ni la ñoñería, sino con la virilidad, con la fortaleza. Con textos como el suyo, Cesáreo, se forma la conciencia y el conocimiento del cristiano. Gracias.

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    1. Adinamia, abulia, apatía26 de enero de 2018, 12:08

      He leído que, según Corominas, dýnamis procede de dynamai, "yo puedo", pero no de Podemos de Pablo Iglesias, esto está acreditado.

      ADINAMIA es prostración de las fuerzas de un organismo, como por ejemplo, el Arzobispado de Barcelona desde el postconcilio (ejemplo en todo el mundo eclesiástico), y sus sinónimos son impotencia, incapacidad, debilidad, abatimiento, decaimiento, extenuación, fatiga, desmayo, flojera... como sucede en muchos católicos de Cataluña, tanto laicos como consagrados, clérigos, religiosos y jerarcas.

      ADINÁMIA rima con APATÍA (de a- sin, y pathos o voluntad, sin sentimiento, indiferente) y ABULÍA (de a- sin, y de boilé o voluntad): el organismo no desea emprender ninguna actividad propia de su función, como las parroquias y conventos de Cataluña.

      Adinamia, abulia, apatía... muchas "a" para una diócesis y supuesta Conferencia Episcopal Tarraconense más importantes del Mediterráneo.

      OJO, adinamia, abulia y apatía NO RIMAN con IGNORANCIA (no saber): nuestros jerarcas lo saben todo pero no hacen nada, por disimulo y tolerancia.

      ¿Existen Omella, Gordo y Vadell? ¿Existen los abades, priores y superiores de religiosos y nuevos movimientos?

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  5. Es San Agustín quien ofrece una primera gran síntesis de la moral a partir de la experiencia universal de la felicidad y de su propia conversión. Asombrado por la fuerza de la novedad de Cristo, Agustín afirmará: “Es Él, Cristo, quien nos da en esta vida las virtudes, Él, que en lugar de todas las virtudes, necesarias en este valle de lágrimas, nos dará
    una sola virtud, Él mismo”. La afirmación pone de manifiesto la íntima conexión de las virtudes con la persona misma de Cristo. Con esta concentración cristocéntrica de las
    virtudes, no quiere vaciar de densidad humana a las virtudes, sino anclarlas en su fundamento, dado que Cristo mismo ha vivido como hombre y posee todas las virtudes.

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  6. TOTALMENTE de acuerdo, y agradecido, con la reflexión de Laurita Santana. A parte del magistral sr. Valderas, esta señora escribe cosas muy acertadas.

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  7. Igualito, igualito... Vivimos en una sociedad analfabeta.

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  8. El problema de ustedes los católicos romanos es que el sistema teológico y de fe se cimenta sobre " filosofía" y no sobre la palabra de Dios. Rl Aristotelismo tomista y el legalismo fariseo tomo el lugar de la Palabra y de los Misterios...

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  9. Anónimo de las 19:43: en realidad el problema lo tienen Ustedes, para quien la razón es una prostituta, en palabras del heresiarca mayor. Dios nos dio la razón para utilizarla. La Providencia quiso que el cristianismo inicial creciera y se desarrollase en un entorno filosófico enraizado en la Grecía clásica. Lea a San Juan Pablo II sin juicios preconcebidos y encontrará respuesta a su ceguera ( Veritatis Esplendor sería un buen comienzo). No se desanime.

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    1. Amigo, le pido disculpas si se sintió ofendido, no era mi intención atacar al catolicismo, sólo dar mi opinion como excatolico. He leido veritatis esplendor y muchos documentos, aunque yo tengo como norma de fe la biblia...la razón tiene su lugar y no hay que despreciarla, por supuesto. Comparto mucho de lo que se dice aqui, yo lo sufrí siendo católico, progresismo etc.Saludos a todos, que Jesús les bendiga

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