jueves, 6 de abril de 2017

El compromiso sexual del hombre, marca de civilización


Parirás con dolor. Tu ansia te llevará a tu marido y él te dominará (Génesis 3,16)

En mi empeño por explorar las causas ideológicas y sociológicas de la implantación-imposición del aborto que caracteriza al "progreso" que nos ha tocado padecer, redacté un artículo titulado "EL CONTRATO SEXUAL" con la idea de replicar “El Contrato Social" de Rousseau. Pero mientras lo tenía en la lista de espera (donde aún sigue) y lo releía para retocar algún matiz y redondearlo, caí en la cuenta de que la entrada al tema era demasiado brusca. Así que decidí que sería más comprensible si iba precedido de este otro que he titulado El compromiso sexual. Porque entiendo que justamente ahí está uno de los signos que caracterizan a cada civilización. 

La naturaleza ha hecho el sexo de la mujer sumamente comprometido, de manera que para ella el acto sexual nunca empieza y termina en lo que el hombre llama “el sexo”, sino que viene de más atrás (de una especie de atracción distinta de la del hombre: más compleja). Y va mucho más allá: tiene como horizonte siempre posible la maternidad y por tanto lleva siempre consigo la carga de la maternidad. Tanto, que es finalmente el útero (hyster para los griegos), el núcleo de la vida, el epicentro del impulso de la mujer hacia el hombre. Furor uterinus llamaban los antiguos al deseo intenso de la mujer. Lo llamaban así porque es la manifestación ciega del deseo de concebir (que nace del útero y se manifiesta en los órganos de copulación). Así lo ha querido la naturaleza, no sólo en la especie humana; y así lo ha querido Dios.

Digamos pues que en la mujer el acto sexual es tal, que tiene por sí mismo la propiedad de empezar en la copulación (e incluso en el cortejo) y terminar en la lactancia, con una extensísima implicación temporal. Una propiedad que de ningún modo puede tener el acto sexual del hombre: que empieza y termina en la copulación. Y según la civilización de que se trate, la prolongación de la maternidad resultante puede afectar toda la vida de la mujer.  A ésta, la implica la naturaleza en un dilatadísimo proceso secuencial a partir de la copulación. Al hombre en cambio, la naturaleza ni le ofrece ni le exige mayor implicación que el mero acto fecundador: tremendamente fugaz. Es la civilización la que le implica en la reproducción más allá de la fecundación.  Por decirlo de una vez, en la mujer el sexo se sublima en la maternidad; y en el hombre se redime en la paternidad. Digo “se redime” porque le impone a la mujer una carga sexual para la que no está diseñada. Y de nuevo son las distintas culturas y civilizaciones las que determinan los distintos modos de imposición: refinados unos, y salvajes otros. Pero imposición. 

En la naturaleza, la vinculación de lo que los hombres llamamos sexo a la reproducción es tal, que en las especies afines a la nuestra, la “licencia de copulación” de los machos se circunscribe a los ciclos reproductivos de la hembra. Es decir que, puesto que el sexo en la hembra es reproductivo, la naturaleza ha hecho que también lo sea el del macho: de modo que éste no tiene posibilidad de gozar del sexo fuera del ciclo reproductor, que es marcado por la hembra. Obviamente la actividad sexual del macho está supeditada a la demanda cíclica de la hembra. 

Desde la perspectiva del tiempo y de los afanes meramente biológicos empleados en la reproducción, los de la hembra superan en miles de veces a los del macho. Éste apenas se emplea en la reproducción. Disfruta de la ración que le corresponde en el placer de la reproducción: lo que en nuestra terminología llamamos placer sexual. Y ahí acaba toda su contribución a la vida. Es evidente por tanto la absoluta intrascendencia que tiene el sexo para el macho (en nuestro caso, para el hombre; puesto que a él la práctica sexual no le trasciende, no le lleva más allá) comparada con la enorme trascendencia que tiene ese mismo acto sexual para la hembra (en nuestro caso, para la mujer: porque de él se sigue todo el proceso vital). El hecho de que éste no se siga de cada acto, no desdibuja en absoluto la relación entre sexo y reproducción.

¿Ha sido injusta la naturaleza en este reparto? ¿Se ha inclinado Dios más a favor del macho que de la hembra? Si examinamos la correlación del compromiso sexual entre el hombre y la mujer a través de los principios que rigen hoy en nuestra sociedad el rol que le corresponde a cada uno, es evidentísimo que tanto el feminismo como su derivada la ideología de género, le han reasignado al hombre el papel de zángano. Eso recibe el absurdo nombre de “sexo libre” (sin distinción de sexo), como si fuese lo mismo para la mujer que para el hombre.

Pero ésta es una tremenda extravagancia moderna que libera como nunca al hombre de cualquier compromiso relacionado con su actividad sexual, y deja sola a la mujer como en los peores momentos de la civilización: con las consecuencias de la actividad sexual de los dos, para ella sola.

En la naturaleza, tan diversa, hay de todo. Los casos más afines a nosotros, son los que muestran la vinculación de los machos al menos en la defensa y seguridad de las madres y sus crías: compromiso al que va ligada la “licencia de copulación” concedida por la hembra. Digamos que va en esta línea la relación mujer-hombre (solemos decir hombre-mujer) en la especie humana. Con una variación importante en nuestra especie, marcada por la esclavitud que se origina en nuestra expulsión del Paraíso: Comerás el pan con el sudor de tu frente, es el castigo del hombre; y el de la mujer, parirás con dolor, el deseo (obviamente de maternidad) te empujará hacia tu hombre, y él te esclavizará (Gn 3, 16).

¡Para qué vamos a andarnos con rodeos! El Génesis nos presenta el cuadro de la doble esclavitud: la del hombre al trabajo, y la de la mujer-madre al hombre. Observemos un dato absolutamente fundamental, que es la distribución de cargas por sexos. La carga del hombre es el trabajo; y la carga de la mujer es el sometimiento al hombre a causa de la maternidad. En el Génesis, la mujer no trabaja: quien se gana el pan con el sudor de su frente es el hombre. Y lo gana para él, para su mujer y para sus hijos. Es decir que en efecto, la situación es que ha esclavizado a su mujer, por la necesidad que ella siente de él; pero como todo señor respecto a sus esclavos, carga con la necesidad-obligación de su manutención. Ése es el reparto de cargas derivadas de la maternidad que impone el Génesis. ¿Estáis seguros de que ésta del Génesis no es la lección de antropología más brillante que tenemos a nuestro alcance? Es la antropología del hombre caído y de la pugna entre el bien y el mal, tan machaconamente negada por los que están empeñados en sostener que estamos inclinados únicamente a la bondad, de tal manera que no tienen ningún sentido ni la moral ni el concepto de pecado.

La manutención (y por supuesto la defensa) de la mujer y de los hijos es la contrapartida para el hombre, por el disfrute sexual de la mujer. En el estreno de la institución de la esclavitud (mejor regulada, por cierto, que muchas regulaciones y convenios de trabajo) era difícil pensar en otra fórmula de intercambio: el “compromiso” sexual a cambio del compromiso de manutención de la mujer y de los hijos. Es decir que incluso en régimen de esclavitud, la actividad sexual del hombre está vinculada a la reproducción mediante el compromiso de manutención de los hijos. 

Cada civilización ha intentado resolver la implicación del hombre en la procreación, y todas, para salvar la esclavitud inicial,  han recurrido a la fórmula del matrimonio: las variaciones entre distintas fórmulas son notables. La más exitosa fue la del cristianismo, cuya clave está en establecer una estrecha vinculación entre el sexo y el amor. Es la que dio lugar a lo que llamamos romanticismo. 

¿Y qué nos trae la modernidad? Nos trae la liberación del hombre de todo compromiso (y por supuesto, también del amor). Es lo que llaman “progreso”. El objetivo es bien sencillo: liquidar la paternidad, y con ella la maternidad y el amor, destruyendo el compromiso matrimonial entre hombre y mujer. Porque como dice el feminismo, todos esos son lazos que esclavizan a la mujer. Y la mejor herramienta que han conseguido para ese objetivo, son el aborto y el infanticidio prenatal. 

Custodio Ballester Bielsa, pbro.
www.sacerdotesporlavida.es

20 comentarios:

  1. Queridos amigos, creo que no debieran promocionar el reportaje recomendado de El Temps. Entiendo la voluntad de transparencia y el interés que reviste, pero también contiene ideas perniciosas y falacias, inexactitudes y mala baba deliberada para crear asociaciones de ideas, que pueden herir y confundir a su rebaño. No sé, ustedes saben más pero tras leerlo no me queda una buena sensación.

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    1. Evidentemente el artículo tiene una clara intención de destapar conexiones, que sin duda existen. Lo que da fuerza a Germinans, Somatemps, Dolça Catalunya, etc. es que actúan en la misma dirección, casi se diría que bajo un mismo mando. Luego es innegable que algún tipo de conexión los une a todos. Pero hasta ahí no tendría nada que objetar.

      Lo que sí me preocupa es que de ahí resulta que se pone la religión al servicio de la política. De una política concreta. Gérminans acaba siendo el órgano espiritual de un cuerpo político que quiere ir solo hacia la derecha. Caen así, en el mismo pecado que el catolicismo "progre" que baila al compás de los intereses secesionistas y catalanistas. Entonces ¿qué legitimidad puede atribuirse Gérminans frente a Sistach, Novell, Vives, et al.?

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    2. La pretendida sintonía entre GG, DC y Somatemps, no tiene mas fundamento y directriz que la fidelidad al Evangelio, a la Tradición y al Magisterio.
      A mi lo que sí me preocupa es que algunos quieran mantener la equidistancia delante de todo el proceso de destrucción de todo lo que sea cristiano.
      El pietismo puede ser una postura muy comoda, ni con unos ni con otros, pero la fe supone compromiso con la realidad que nos envuelve, no recluirse en casa o en las Parroquias y dejar que el Maligno avance sin oposición.

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  2. Esplendido articulo como siempre de Mossen CUSTODIO. Solo añadiré lo que me enseñaron en biología humana, no tiene nada de espiritual solo es real. Imaginad hace millones de años atrás, en la sábana africana, noche sin luna aun no se descubierto el fuego luego la oscuridad es total, una mujer con su hijo recién nacido en brazos oyendo aullar a las fieras que huelen al bebe, bocado espléndido, carne muy tierna, sin huesos muy sabrosa, el pánico de la madre es inmenso, muchas sucumben con su hijo al feroz ataque, ya que están débiles después del parto. ¿Qué forma tienen de protegerse? solo una RETENER AL HOMBRE y como lo hacen, pues siendo receptivas sexualmente siempre, los animales hembras tienen ciclos en los que están en celo y en los que rehuyen al macho, por una fuerte razón producen o no producen sus glándulas feromonas de sexo en cambio en la mujer siempre se producen, en mayor cantidad,cuando es su periodo fértil y menor cantidad en el infertil, es la UNICA HEMBRA que siempre esta receptiva, por ello el hombre no se sentía rechazado y defendia hasta la muerte a su mujer e hijos de los ataques de las bestias.
    Esto nos ha permitido llegar hasta hoy, pero la estupidez humana de ciertos "levanta puños" es muy alta y dicen que esto esta mal e inventan la familia monoparental, vamos que mono si pero familia NUNCA haciéndonos caminar hacia el caos de la esterilidad, en Cataluña tenemos mas perros que bebes y los de la cubana y sus amigos han presupuestado CERO para ayudar a las guarderías (escoles bressol) o sea que estamos como en la sabana africana de hace millones de años pero en este caso las fieras cobran y mucho de nosotros.
    Tranquilos JESUCRISTO puede volver en cualquier momento y terminar con este mundo.

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    1. Magnifico comentario QUIM MARCOS,como todos los suyos.

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  3. Sí, estoy de acuerdo con el anterior comentario. Si dicen que deben leerlo, debe ser acompañado de una justa crítica, por favor. Además, piensen que este Borja Vilallonga hace unos añitos era el promotor del Misa Tridentina en Gerona. Vaya metamorfósis!!!

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  4. Lo que manda con todo esto es la PRAXIS,no la VOLUNTAD!

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  5. Lo siento, pero a mí me ocurre todo lo contrario que al anónimo de las 10:34. Lástima que no haya más custodios para escribir aquí cada día.

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  6. Guerra de antropologías7 de abril de 2017, 15:59

    "...para ella el acto sexual nunca empieza y termina en lo que el hombre llama “el sexo”, sino que viene de más atrás (de una especie de atracción distinta de la del hombre: más compleja). Y va mucho más allá: tiene como horizonte siempre posible la maternidad y por tanto lleva siempre consigo la carga de la maternidad..."


    --- Según la Tradición de la Iglesia, la Virgen María fue creada desde antes de la Creación (Proverbios 8, 22-36), lo primero que estaba en la mente de Dios, estaba el Segundo Adán y Eva, Jesús y María "...el Señor me tuvo [a mí, María] al principio de sus caminos..."


    --- Sor María Jesús de Agreda, en Mística Ciudad de Dios, n. 135, dijo que María estaba desde el principio de toda la Creación, y es ella, con Jesús, la causa final de la Creación: "Miraba el Altísimo a su Hijo Unigénito Humanado y a su Madre Santísima, como ejemplares que había formado con la grandeza de su Sabiduría y Poder, para que le sirviesen como de originales por donde iba copiando todo el linaje humano...". Por eso, Dios creó el Sol [de Justicia] y la [Belleza de la] Luna, como símbolos astronómicos de Jesús y María.


    --- Y María Valtorta, en su libro "El evangelio como me ha sido revelado", numeral 420, que la mujer debía haber sido la dulzura de Dios en la Tierra; debía haber sido el amor, la encarnación de este amor, el testimonio de tal amor.

    Dios dio a Eva un espíritu eminentemente sensible, para que, madre un día, supiera y pudiera, a sus hijos, abrirles los ojos del corazón al amor hacia Dios y hacia sus semejantes (y Adán, abrir los ojos de la mente a sus hijos para la inteligencia y la acción).

    Y sigue. Eva debía ser capaz de amar para acabar de hacer dichoso el día de Adán en el edénico Jardín feliz. Debía de ser tan capaz de amar, que fuera segunda, colaboradora y sustituta de Dios en amar al hombre, de forma que, incluso en las horas en que la Divinidad no se revelaba a Adán con su voz de amor, el hombre no se sintiera infeliz por falta de amor.

    .....

    Lo que cuenta el P. Custodio, remite a la discusión del modelo antropológico de persona, vida, matrimonio y familia que quiere imponer la cultura de la muerte, del relativismo subjetivista y de género.

    Y la falsa antropología quiere criminalizar a la verdadera antropología católica.

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  7. No estamos ante un problema religioso ni social, sino ante un problema antropológico. El gran problema de la humanidad es la valoración de la mujer y el consiguiente trato que se le da. Y cada sociedad se retrata en este punto más que en ninguno. El occidente cristiano (así nos ven los musulmanes), con el pretexto de darle libertad (dicen que sexual) a la mujer, la ha envilecido al límite. Y la visión que ellos tienen, es que Europa se ha convertido en un prostíbulo. Digo lo que ellos dicen. Y de paso dicen que ése es el modelo cristiano de mujer.

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    1. En el fondo, es un problema religioso.

      El "seréis como dioses" es una religión idolátrica.

      Incluso los anarquistas más radicales son religiosos, pero de una idolatría más extrema del "seréis como dioses", más cercana a la esencia de satanás, que se erige Rey de si mismo... y como Rey opresor de los demás demonios y almas humanas a la fuerza...:

      "¡Ni Dios, ni Patria, ni Rey, ni Capital, ni Partido, ni marido!"

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  8. La triste realidad es que la Iglesia "moderna" renunció al modelo de mujer (y por consiguiente, de conducta sexual del hombre basada en la denostadísima "represión") elaborado por el cristianismo a lo largo de 20 siglos. Y así ha dejado que el mundo fabricase el modelo de mujer de hoy, al servicio de la santidad de todos los impulsos y deseos sexuales del hombre (porque si son naturalmente buenos, hay que poner lo que sea y a quien sea a su servicio: la mujer, otros hombres y ya van a por los niños; y todo a través de la escuela y de las leyes). Y la Iglesia guardando "prudente" silencio. ¿Por qué? Porque son demasiados los que no se han enterado de que la moral sexual de la Iglesia era (¡qué lástima!, era) un tesoro de civilización elaborado a lo largo de más de tres milenios, que la cosa empezó en el Antiguo Testamento. Y porque en este capítulo, la iglesia al haberse enfangado tanto en el pecado, tiene mucho que callar. Pero la cosa es más grave aún, porque una parte de la Iglesia está por la recalificación de los antiguos y anticuados pecados para convertirlos en virtudes y así acercarse más y mejor al mundo. Es la modernización, eso es ponerse al día.

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  9. "La triste realidad es que la Iglesia "moderna" renunció al modelo de mujer (y por consiguiente, de conducta sexual del hombre basada en la denostadísima "represión") elaborado por el cristianismo a lo largo de 20 siglos."

    Se equivoca completamente.

    Fue simplemente abandonada en los anaqueles del Museo de las Ideas Arcaicas y Obsoletas de forma conscientemente apostática, y en su lugar se ha entronizado lo que Juan Pablo II y Benedicto XVI llamó la dictadura de la Cultura de la Muerte, del Relativismo Subjetivista y de la Ideología de Género, que no admiten en absoluto el catolicismo.

    Esta Ideología fue diseñada desde California, EEUU, ya desde los años 1970, después de los famosos 1960. Su filosofía básica, de construcción satánica, es muy sencilla y fácil, infantil, es de origen edénico:

    "Seréis como dioses, dictando vuestro "bien" y vuestro "mal" para vosotros mismos. Si para ti no existe el Infierno, entonces para ti no existirá."

    Está adapatada para cada cultura: en Occidente, racional y atea, en Sudamérica, de forma mágica y supersticiosa, en el Islam en forma de yihad... pero todo sigue lo mismo: "seréis como dioses".

    Es una guerra, pero hecha con medios intangibles, inmateriales, y se desarrolla en el corazón del hombre y de las naciones.

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  10. BUEN ARTÍCULO (I)

    Dos cositas:

    "seréis como dioses" lo usó Monseñor Omella en su predicación. Según fuente del obispado, a la que me dirigí diciendo que probablemente fuera un error de transcripción y no me contestaron, dijo después glosando: "somos dioses".

    Comenté que probablemente dijo, glosando, somos Dios, o para que seamos dioses, intentando personalmente salvar la expresión cogiendo la de "Catec IC 460 Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: Para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios" (S. Ireneo, haer., 3, 19, 1). "Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios" (S. Atanasio, Inc., 54, 3). "Unigenitus Dei Filius, suae divinitatis volens nos esse participes, naturam nostram assumpsit, ut homines deos faceret factus homo" ("El Hijo Unigénito de Dios, queriendo hacernos participantes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres") (Santo Tomás de A., opusc 57 in festo Corp. Chr., 1).", etc.

    Bueno, a este nivel de teología, solamente hay que ir con cautela, pero me había parecido fuerte, pues más bien antes del traspaso por la muerte se me antoja que no llegamos a ese nivel de participación de la divinidad, y la expresión 'somos dioses' me parecía un poco de propia de digamos el nacismo, pero qué va a ser...

    Silencio absoluto.

    ***************

    Al igual (o no igual) que se equivocaron con Monseñor Viganó, cuando vino oportunamente a presentar su libro sobre la comunicación con Francisco, titulado 'Fidelidad es Cambio'. Tanto en vídeo como por escrito la archidiócesis reportó el libro como ‘Felicidad es Cambio’. Se lo hice notar por email, me dijeron que gracias por mi implicación, pero permaneció semanas y semanas sin cambiar. Ahora se ve que lo han modificado correctamente. Ya tomé oportunamente copia de pantalla del error para que pueda mostrarse lo que cuento.

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  11. BUEN ARTÍCULO (II)



    El único, a modo de coletilla, grupito de periodistas que estaban presentes, eran los de ‘Ara’ y sobretodo Llisterri dando a comer a Viganó su móvil como grabadora, su tablet tintinesca debía estar reparándose. Me quejé oportunamente de que no se nos avisara a los periodistas, sino solamente a los habituales de su web hermana catalunyareligio.cat.

    ******************

    Buen artículo Custodio, me impresiona la vorágine de interés que va creando hasta el clímax final. Habiendo corregido decenas de miles de comentarios de texto como profe que soy, me ha parecido brillantísimo, y comento que el hecho de corregir comentarios de texto no me hace el mejor escritor, pero sí me da capacidad de juzgar.

    Sin embargo una cosa: parece que le das un alo evolucionista, utilitarista, la naturaleza se habría así dispuesto y las estructuras de los hombres para dar una vestimenta adecuada a la relación hombre-mujer en un contrato matrimonial ante la tribu. Olvidas lo más importante aunque de bien seguro que lo tienes presente: el matrimonio es de origen divino, se basa en la complementariedad sexual del hombre y la mujer, querida y establecida expresamente por Dios para colaborar en la Creación con su mandato de reproducirnos y educar a la prole en el amor al Padre. Esencial, muy esencial, absolutamente esencial es la dimensión trinitaria del matrimonio entre el hombre y la mujer, el concepto de "UNA CARO".

    De ello se explayaron por separado abundantemente y sin haber hablado antes en las conferencias en las pasadas jornadas de la familia en Philadelphia 2015, donde pude oírles y estrechar sus manos, a la vez que comerme una hamburguesa con el Cardenal Sarah, aunque en otra mesa respetando su conversación con su secretario, y junto a Sarah, decía, Scott Han y el Obispo Robert Baron.

    Una buena referencia es el libro de EUNSA “Una Caro: Escritos sobre el matrimonio” de Javier Hervada, que utilicé cuando estudiaba el máster en matrimonio y familia, y que recomiendo al que esté dispuesto a leer un libro gordo y sin dibujos...

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    1. Perdóneme Sr.Picazo pero usted no sabe que hay en Philadelfia un tipo de Hamburguesa que se llama en Frances PEDANTERIE???

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    2. Pura envidia, no, el producto estrella es la Philly steak, el bistec de ternera, o solomillo, relleno del queso cremoso, a cuyo sucedáneo aquí le llamamos "queso Philadelphia". No creo que haya comido usted de eso, es más usted de un buen polvorón "La Estepeña".

      Amigo, cuando se habla hay que ser cordial, echarle un poco de sal, contar cosas, ser un poco storyteller, usted y todos los eclesiásticos de su ralea son lo más bordillo y aburrido que me he echado a la espalda. Prefieren el café pa' todos, con lo divertida y diversa que es la vida.

      Este Blog no es para tí, te supera, dedícate al Mortadelo y Filemón. Nanit nano!

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    3. Muchas gracias Picazo,tomo nota.Por cierto,yo soy más de comida CHARRA.



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  12. 1/2
    Creo útil esbozar el recorrido de la Iglesia en este tema del “dualismo” en la antropología humana. El movimiento LGTBIQ, el aborto, la nueva era etc, no son sino el resultado de antropologías también dualistas. Esta antropología dualista ha estado siempre presente en la historia, aunque de diferentes formas.

    Se había llegado a un gran atasco en la reflexión de la sexualidad en la primera mitad del siglo XX: existía una visión negativa y casuística de todo lo relacionado con la sexualidad. Se hablaba sobre todo de lo que no había que hacer.
    Ese negativismo no era cristiano en su origen, pero se introdujo en el cristianismo por el contacto de este con la filosofía griega antigua de Platón, que exaltaba el alma y denigraba el cuerpo, un dualismo.
    Por otro lado, cuando la Iglesia primitiva comenzó a difundirse por el imperio romano, se encontró con un mundo moralmente decadente. Los paganos no respetaban ni la sexualidad ni el matrimonio. La degradación moral se reflejaba incluso en ciertos cultos de las religiones “mistéricas, en los cuales los miembros de esas sectas se involucraban en la práctica abominable de la prostitución sagrada, otro dualismo.
    La Iglesia no dudó en condenar ambos extremos.
    Por esta influencia griega platónica, así como por la reacción a la degradación moral que la rodeaba, comprensiblemente surgió cierto temor a lo sexual, que se infiltró en su práctica pastoral y en algunos aspectos de su disciplina espiritual.
    De ahí que no pocos cristianos hoy en día, tengan una visión un tanto negativa del cuerpo humano y de la misma sexualidad, y piensen que su cuerpo es un obstáculo para su vida espiritual.

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  13. 2/2
    A todo no se daban razones, o al menos no antropológicamente convincentes, y no se hablaba de lo que había que hacer, es decir no se proponían metas estimulantes y atractivas relacionadas con el impulso sexual y la relación entre el hombre y la mujer. La Iglesia infiltró en la pastoral que la imagen del hombre era la parte espiritual. Sin embargo, doctrinalmente el cuerpo era bueno. Así estuvo 2000 años.
    Sin embargo, ya antes del CVII se empezó a poner en el centro de la Iglesia a “la familia”. Se fue a los Santos Padres y se vio que “el cuerpo” era imagen de Dios, ya desde entonces.

    Para San Juan Pablo II, esta visión dualista que separa el cuerpo del alma y que tiende a condenar el primero y a exaltar el segundo, es falsa y dañina. Es cierto que lo espiritual tiene prioridad sobre lo material. Pero también es cierto que el hombre siendo a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de signos y símbolos materiales.
    Por ello, el Señor, instituyo los sacramentos, que son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Precisamente el Hijo eterno de Dios, se encarnó, es decir, asumió una naturaleza humana, que incluye un alma y cuerpo humanos, para darnos a conocer al Padre y al mismo tiempo, salvarnos del pecado y de la muerte.

    Esta visión positiva de la realidad material, antecede al cristianismo. En el Génesis, Dios le reveló a su pueblo Israel, por medio de hermosos símbolos, cargados de profundas verdades religiosas y morales, la bondad de la Creación, tanto material como espiritual, de la cual El es el Autor: “Y vio Dios que era bueno…muy bueno”.

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