miércoles, 19 de agosto de 2015

Matabosch, el Kasper catalán

Escrito publicado el 15 de mayo de 2014

El Boletín oficial del arzobispado de Barcelona (BAB) reproduce la intervención del Dr. Antoni Matabosch Soler, sacerdote, amigo personal y colaborador privilegiado de nuestro cardenal, en la reunión del Consejo Presbiteral Diocesano del 12 de febrero de 2014, presidido por el mismo arzobispo Lluís Martínez Sistach, que en ningún momento corrigió o matizó sus palabras.

Mn. Antoni Matabosch hace una intervención a título personal -que entrega por escrito- sobre la indisolubilidad del matrimonio, tema que, como teólogo, ya hace años que ha estudiado y ha publicado varios estudios. Dado que el Papa Francisco busca remedios a las rupturas familiares, plantea el tema de la disolución o ruptura del vínculo matrimonial entre bautizados y la posibilidad de unas segundas nupcias . «No quiero escandalizar a nadie -dice-. Simplemente, hago una propuesta que podría ser asumible.»

Su intervención -de la que ofrecemos un resumen- tiene dos partes. En la primera - titulada « Disciplina actual de la Iglesia» - afirma que, según la doctrina de la Iglesia católica, el matrimonio válido y consumado entre dos bautizados no es nunca disoluble, ni internamente ni externamente. Durante el primer milenio consta que se dieron muchas excepciones a este principio. Durante el segundo milenio se ha ido considerando como doctrina adquirida, aunque no tiene carácter dogmático definido. Según la doctrina actual de la Iglesia católica, el ideal evangélico de la indisolubilidad se convierte o se entiende como un vínculo jurídico o un contrato que no se puede romper. El eminente canonista P. Navarrete, que fue nombrado cardenal, afirma que la Iglesia sabe que este matrimonio es indisoluble, aunque no sabe con certeza por qué razón, porque los matrimonios no consumados pueden disolverse; y en los llamados «privilegios paulino y petrino» se disuelven los matrimonios consumados.

En la segunda parte -titulada « Matizaciones de teólogos y canonistas de los últimos decenios»-  dice que, en esta cuestión, hay dos líneas de argumentos :

a) La indisolubilidad del matrimonio, un ideal evangélico
Consta en el NT que el ideal cristiano es la indisolubilidad. Lo que es más discutible es si esta indisolubilidad debe entenderse en su literalidad, como un vínculo que nunca se puede disolver. Muchos escrituristas dudan que se pueda hacer esta deducción.

La Iglesia Ortodoxa, tan estricta en temas doctrinales, tiene una posición matizada sobre este tema. Está claro que el matrimonio es indisoluble; pero la realidad es que a veces la debilidad o la malicia humanas lo rompen. La Iglesia ha de aplicar el principio de la oikonomia, que conjuga las exigencias del Evangelio con la infinita compasión de Dios hacia los hombres. Dicen que no se debe caer en la Acribia, el punto de vista estricto de la ley.

En cuanto a la Iglesia católica, en virtud de la llamada « potestad vicaria » ha modificado su juicio en diversos temas, entre ellos que la disolución de vínculos matrimoniales ( por « privilegio petrino », en los reealizados y no consumados, o por el « privilegio paulino », o « privilegio de la fe », en el caso de la ruptura, por uno de los cónyuges, de un matrimonio entre un cónyuge creyente y un no creyente, cf. 1 Co 7,12-16) .

b ) El matrimonio, comunidad de vida y de amor
El matrimonio cristiano es la misma realidad humana del matrimonio entendida, creída y vivida en el Señor. Una realidad humana que es una comunidad de vida y de amor,  pero en la doctrina y en la praxis canónica de los tribunales eclesiásticos el amor no tiene relieve o importancia jurídica en sí mismo. Lo que hace que haya matrimonio es el consentimiento de los esposos intercambiando los derechos y deberes propios de la cuestión conyugal. sólo la voluntad consensual expresada en el contrato puede tener validez o relieve jurídico.

Parece que hay una disfunción entre esta concepción jurídica y la realidad del matrimonio cristiano, que es una comunidad de vida y amor y un signo del amor entre Cristo y la Iglesia. Si no existe este amor, ¿ se podría pensar en permitir unas segundas nupcias, especialmente en casos en que hay una parte que es víctima - por haber sido abandonado/da- y ha hecho todos los esfuerzos para no romper la comunidad de vida y de amor?


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3 comentarios:

  1. Le preguntaron a Jesús por el líbelo de repudio que dio Moisés. El los refirió “al principio”: Mat 19: 3-8; Gén1.

    “El creador al principio los hizo hombre y mujer“
    “El hombre dejará, pues, a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne”: este es el matrimonio como “sacramento primordial” profecía del definitivo Cristo-Iglesia.
    “Por la dureza de vuestro corazón os lo permitió Moisés, pero en “el principio” no fue así”: replicó cuando le preguntaron por el líbelo de repudio.
    “Y vio Dios que era muy bueno”: el cuerpo (hombre y mujer)
    “Imagen y semejanza divina”: el cuerpo (hombre y mujer)
    El cuerpo es sacramento: realidad visible de lo invisible (espíritu)
    La diferencia de personas, hombre y mujer, también es imagen divina: Mulieres Dignitatem, JPII, 1988

    El arquetipo de amor es el conyugal. Lo originario era: “y vio Dios que era muy bueno”. Pero entró el mal.
    El “sacramento primordial” se purifica y se lleva a la plenitud el proyecto originario, en la novedad del misterio de la Redención, al añadirse la gracia esponsal que nos hace amar como Cristo amó. El “sacramento del matrimonio” modela la relación hombre y mujer conforme a la relación Cristo-Iglesia: Ef 5.

    Afirmar que en el matrimonio tiene que existir el libelo de repudio (divorcio), excepto en los casos de nulidad, es negar las palabras de Cristo y la gracia divina.

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  2. Suscribo totalmente el comentario qie la Sra. Laura.

    Pero es que además hoy día se esta dando al asunto una importancia totalmente desmesurada y fuera de tono.

    Los que estamos casados, sabiendo libremente que recibimos el Sacramento del Matrimonio, ya sabemos que a lo largo de los años podemos tener problemas, pero el perdón, el amor, y la esperanza en el Dios que no defrauda ayudan a superan muchas dificultades.

    Ahora bien, los que reciben el Sacramento, aunque hayan hecho cursillo prematrimonial, pero solo buscan, quedar bien ante la familia y las fotos, no creo que les "vaya mucho la Iglesia" .

    Creo que hay que insistir más en el pecado, pero no tan solo como pecado, sino como ofensa al DIOS QUE NOS AMA, y aprovechar las ocasiones como bautizos, bodas y funerales en acustumbra a acudir fieles católicos, pero no practicantes para catequizar

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  3. Jesús responde a las preguntas de entonces y de ahora.

    “No cometerás adulterio” decía Éxodo 14.
    Jesús, en el sermón de la Montaña, añadirá: “todo aquel que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio en su corazón” Mt 5, 27-28.

    Se parte de:

    1. Una experiencia ética (decálogo) y de una experiencia antropológica (don y comunión de personas)
    2. Revelación, Gen 3. Ahora no estamos en el paraíso.


    < La caída fue una puesta en duda de la Paternidad de Dios, el don de Dios. La vida no la doy yo, que soy don. Las leyes las pone Dios.

    < Por la concupiscencia hay fractura que atraviesa todo lo humano:
    Inteligencia y cuerpo. Corazón y deseo se confunden y la voluntad es débil.
    Se pierde la desnudez originaria. Ahora la desnudez es motivo de utilización por el otro. Pudor y vergüenza nos defienden de ser usados.


    Por Adán vino la muerte pero por Cristo ha venido la vida. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia.


    < El eros es bueno, promesa divina, un hogar, pero debe ser controlado hacía el conocimiento del bien.
    Hay que unificar todas las dimensiones de la persona, hacía lo bueno.

    < En el campo moral operan la educación en virtudes. El actuar lo dirá la inteligencia, recta-razón y lo perfecciona la virtud de la prudencia que es la razón práctica.

    < En las virtudes actúa la gracia, la buena nueva que es Cristo, traerá el sacramento del Matrimonio, uno de los 7 signos eficaces que brotan del costado de Cristo. Potencia una moral que se completa en actos, “No a la opción fundamental” en Veritatis Splendor.

    < Se llega a la santidad por medio de la educación en virtudes con testigos de la experiencia: maestro o educador en la infancia, Jesús pedagogo.

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