martes, 26 de agosto de 2014

Iglesias germinantes (X): Santa Eulalia de Provenzana

¡Y abierta todo el día! Los que me siguen desde el inicio de la aventura Germinans recordarán que en numerosas ocasiones he insistido en la necesidad de tener templos abiertos a lo largo de la jornada, en los que se pueda entrar aunque sea para mantener unos instantes de oración, abstraídos del bullicio del quehacer diario. También he denunciado aquellas otras iglesias cerradas, que sólo abren sus puertas a última hora de la tarde o a primera hora de la mañana para la celebración de la misa diaria. En aquellas que hay misa, porque existen algunas que ni eso. Tanto que se habla de la nueva evangelización, no encontraremos mejor ejemplo que un templo con las puertas abiertas de par en par.


Con gran satisfacción he podido comprobar que tenemos otra parroquia non stop . Y no precisamente en el centro de Barcelona, sino en uno de los barrios de L'Hospitalet de Llobregat. Se trata de la comunidad de Santa Eulalia de Provençana. El mérito debe anotarse en el haber de su párroco, mossèn Ramón Mor Balaguer, que lleva sólo dos años al frente de la misma, tras haber pasado un tiempo enfermo, pero felizmente recuperado y con unas ganas inmensas de llevar a buen puerto su frenética actividad pastoral. Curiosamente, como pasa en muchos de estos casos, carente no sólo del ánimo de su obispo, sino sufriendo más de un disgusto desde el mismo carrer del Bisbe.

Mn. Ramon Mor Balaguer
Esta parroquia es la más antigua de L'Hospitalet, pues existía (y sigue existiendo adosada al nuevo templo) una pequeña ermita románica construida en los siglos XI-XII. Hasta el siglo XV fue la única parroquia de la localidad y pasó a ser junto con la de Santa Eulalia de Mérida en el centro de la actual villa los dos únicos templos de L'Hospitalet. Antes de la guerra civil se crearon dos más: la de San Ramón en Collblanch y la de los Desamparados en el barrio de la Torrassa. El crecimiento de población que pasó de 50.000 a 300.000 habitantes en los años 60 propició que de las cuatro comunidades se pasase a las 16 actuales.

Se halla enclavada en el barrio de Santa Eulalia, que debe su nombre a aquella ermita románica dedicada a la santa-mártir. Este barrio creció muy rápidamente a finales del siglo XIX y adquirió un espectacular desarrollo con posterioridad a la exposición de 1929. Se trataba de una zona eminentemente industrial, si bien en los años 50 se construyeron una multitud de pisos nuevos y edificios altos en el eje de la calle Amadeu Torner, junto a la iglesia.

A partir de los años 60 el barrio se llenó de inmigrantes, especialmente andaluces y extremeños. En los últimos años también ha sido un centro de aluvión, si bien sus nuevos moradores proceden de allende los mares, especialmente latinoamericanos. Su afluencia a la parroquia es realmente visible. Aquí no se les ha dejado fuera y no se les ha hecho sentir extraños. Se predica también en su idioma y se encuentran con un templo verdaderamente católico, no como otros experimentos innovadores que hubo en la población. Los resultados están a la vista. Quien acuda al templo de Santa Eulalia de Provençana un domingo podrá comprobar con gozo que el mismo (que no es precisamente pequeño) se halla lleno a rebosar y que la amalgama de razas lo convierte precisamente en el mayor paradigma del tan manoseado atrio de los gentiles.


El nuevo templo fue consagrado en el año 1957 y se mantuvo algo alejado del desorden post-conciliar, gracias a la mano de su párroco, mossèn Jaume Medina Campeny, que lo fue hasta el año 1979, en que fue destinado a la parroquia barcelonesa del Corpus Christi. A este lo sucedió Josep Martí Visa, mucho más heterodoxo, que estuvo hasta el año 1990. Luego se invirtió la tendencia y volvió el orden con los sacerdotes Francesc Prieto y Agusti Moreno. Estos dos están actualmente al frente de otra parroquia germinante : la vecina y colindante de San Isidro Labrador. Una y otra forman en la práctica una extraordinaria y prolífica unidad parroquial.

Más parroquias germinantes -ahora en L'Hospitalet de Llobregat- que cumplen con los parámetros de actividad pastoral, celo litúrgico, gran afluencia a sus celebraciones y una inmensa labor social, en especial en la acogida de inmigrantes. Que no sólo van a recoger ropa y alimentos, sino que se quedan en el templo y participan activamente de la vida parroquial. ¡Ojalá otras comunidades siguieran su ejemplo!

Oriolt (Escrito publicado el 24 de julio de 2012)

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