jueves, 2 de agosto de 2012

More than gold, más que oro

Me llamó la atención este título en Religión en libertad (21-07-2012). Y me impresionó el contenido. El arzobispo de Westminster explicó a la prensa su iniciativa, que consiste en convertir los Juegos Olímpicos de Londres en una oportunidad para la Iglesia de emplearse a fondo por alcanzar “más que el oro”.

Y articula su iniciativa en torno a una sencilla acción de caridad cristiana encuadrada en los Juegos Olímpicos: se trata de proporcionar alojamiento gratuito en casas de familias londinenses, a los familiares de atletas procedentes de familias que no se pueden pagar la estancia en hoteles. El arzobispo comprende lo importantísimo que es para esas gentes asistir a la gloria de sus hijos en la ocasión única que se ha presentado en sus vidas; pero que no está a su alcance por proceder de países pobres. Se propone por tanto tocar el alma de todas esas personas con la varita mágica de la caridad cristiana. Caridad que no se manifiesta únicamente en situaciones de necesidad, sino también ayudando a disfrutar de un privilegio cuando se presenta la ocasión. Es, en fin, hacer llegar el hálito del Dios amor a los corazones de esas personas y a los de muchas otras que sin duda se conmoverán ante esa fineza de espíritu.

¿Hubo algún género de actuación pastoral en Barcelona, aprovechando la resonancia de los Juegos Olímpicos del 92? Me temo que no. Es que las circunstancias son distintas. Aquí en España el catolicismo es la religión por antonomasia: tiene por tanto un estatus de oficialidad, aunque sólo sea para ser oficialmente perseguida y vilipendiada. En cambio, la religión que tiene ese estatus en Inglaterra es la anglicana. El catolicismo es ahí una religión minoritaria y tolerada, y que necesita ganarse el respeto de los que ejercen el poder y de la gente llana. Y a fe que se lo trabaja. Quizá sea ésta la razón por la que está ganándole terreno al anglicanismo oficial.

Es evidente que no acaba ahí el esfuerzo evangelizador del arzobispado de Westminster, sino que esa movilización de su feligresía para volcarse en generosidad para con las familias de los atletas menos pudientes, es el primer paso para hacerse amablemente presente la Iglesia en el acontecimiento más mediático de la ciudad y del país en unos cuantos decenios.
Descripción: http://img.ambienteg.com/2012/03/arzobispowestmister.jpg
Y puesto que se trata de propagar la fe, la Iglesia aprovecha la plataforma de los juegos hasta donde es capaz. Y como dice el Evangelio, por sus frutos los conoceremos. Frutos que es legítimo esperar abundantes siendo el que es el empeño que han puesto en esa audaz iniciativa.

Empeño e inteligencia. “ More than Gold ” ( Más que Oro ), es como han bautizado a este movimiento pastoral de participación de la Iglesia católica en los Juegos Olímpicos de Londres, de manera que éstos se conviertan para muchos en la oportunidad de asistir a una versión cristiana de esta multicompetición universal. Como cristianísimos son por definición los juegos paralímpicos que les siguen: son la antítesis de la cultura de la muerte, que va directa a por los discapacitados (“ disabiles ”).

Por empezar, dejan como fruto duradero de esta iniciativa pastoral, una institución que perdurará más allá de los Juegos Olímpicos: es la “Fundación Juan Pablo II para el deporte”, que inició su andadura justo al inicio de la preparación de esta olimpíada y tiene como objetivo crear las condiciones para que en los barrios más pobres y en las escuelas católicas, exista suficiente oferta deportiva infantil y juvenil para que el deporte sea una opción más atractiva que la calle. Y por supuesto, esta fundación se propone compaginar el cultivo del cuerpo con el del espíritu.

Y aprovechando el tirón de la llama olímpica en la preparación de la olimpiada, el arzobispado adelantó en unos meses la celebración del año de la fe, reuniendo a cerca de nueve mil personas en un acto denominado “ La llama” en que algunos atletas olímpicos explicaron que el cultivo del alma mediante la fe cristiana de que gozan, es para ellos más importante que el cultivo del cuerpo mediante el deporte.

El preludio de esta celebración olímpica se inició hace un año en las escuelas católicas, donde frente a las virtudes olímpicas de la competitividad ( altius, citius, fortius ) y de la deportividad, se explicó a los alumnos la importancia de las virtudes tradicionales en las que se forjó el alma europeo-occidental de raíces cristianas y de desarrollo humanístico.

"Si los atletas entrenan para una competición, nosotros entrenamos para ser ciudadanos virtuosos", fue el leit motif.

Nuestra admiración hacia monseñor Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, por su capacidad de aprovechar el tirón de los Juegos Olímpicos de Londres para darle un buen tirón a la Nueva Evangelización y al Año de la Fe.

Virtelius Temerarius

7 comentarios:

  1. Estos últimos escritos, el de ayer y el de hoy me parecen muy interesantes, aunque no despierten una avalancha de comentarios.
    Ya se sabe que a la gente le gusta los escritos más polémicos y con críticas más ácidas, pero es muy bueno que también hayan este tipo de escritos más de fondo, sobre todo ahora que algunos estamos de tranquilas vacaciones

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  2. Excelente iniciativa, a ver si cunde el ejemplo. Mi felicitación por los dos últimos artículos. Adelante y gracias.

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  3. Los cristianos tambien competimos para ganar una medalla, como dice San Pablo, pero nuestra competición no es contra otros sino contra nosotros mismos.
    Esto es un aspecto que no conviene olvidar en esta época de buenismo, y de blandengueria.

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  4. Martínez continúa haciendo de las suyas y protegiendo a los suyos. Vaya, una de las mejores profesoras y además doctora de la Facultad de Teologia la ha sacado y ha puesto a nuestro amigo Mn, Robert Baró alias "Bobby", su antiguo secretario. Pues ala, tanto que quieren promocionar la mujer y ya ves..........
    El Cid Cabreador

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  5. En La Seu también las aguas andan revueltas con los cambios. El estilo Morlans, que tanto le gusta a Vives, tembién lo va imponiendo. Mal para venir a Barcelona.
    El Cid Cabredor

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  6. Una presiosa inciativa, que nuestro Padre Celestial la bendiga.

    Marta C.

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