No puedo resistirme a la tentación de entrar (me temo que “a saco”) en esta sacrosanta palabra. Nada más asomarme a las etimologías que circulan por la red, me tropiezo con la primera dificultad (o la primera estafa): ¡es que es tan fácil engañar! Y más fácil aún, si se hace a favor de la corriente.
Evidentemente, y aquí no hay discusión, esta antiquísima palabra de origen griego tiene la forma original de leiturgía, formada evidentemente por dos elementos: leit (referido a laós, pueblo), y urgía (del campo léxico de érgon, trabajo).
El adjetivo griego que más nos acerca al significado del primer término es precisamente laikós (= lo que se refiere al laós, al pueblo). De ahí procede nuestro término “laico”, opuesto a “clérigo”: oposición léxica que merecería alguna dedicación, sobre todo por lo que ha significado este término (y en especial esta oposición) a lo largo de la historia. Y en cuanto a la “urgia”, tenemos también como referencia la jeir-urgía (cirugía, obra hecha con las manos) y la sider-urgía (el trabajo del hierro).
En fin, que ahí tenemos los términos “pueblo” y “trabajo” (tremendamente problemático este término: prefiero el latín “opus”, obra, que no implica nada parecido a la esclavitud que sí impregna el término “trabajo”, que por algún oscuro motivo ha sido preferido a los otros sinónimos). Y por lo demás, gracias a Dios que en el ámbito eclesiástico se ha preferido el término “operario” (el que ejerce algún opus), relacionado con las artes “liberales”, al de trabajador, tan intensamente marcado por la esclavitud.
Efectivamente, la primera estafa la tenemos en la preposición con que unimos “pueblo” y “trabajo”. La que me encuentro preferentemente es “para”; con lo que liturgia sería el trabajo PARA el pueblo. ¡Menuda aberración para la mentalidad anterior a la revolución francesa! Una evidente falsedad.
Y, ¡mira por dónde!, aquí nos damos de bruces con la liturgia protestantizada de la Iglesia católica, donde el destinatario de la liturgia es nada más y nada menos que el pueblo. Claro que esto suena a tremenda barbaridad aún hoy, para los conocedores del Vetus ordo, la liturgia antigua, donde el evidente destinatario de toda liturgia es Dios. Cualquier otro enfoque es vaciar totalmente de sentido la liturgia.
Por eso, entendiendo la liturgia como la entendió siempre la Iglesia, lo que entiendo es que no se trata de un opus (érgon) PARA el pueblo, sino DEL pueblo; y no para sí mismo, sino PARA Dios. La liturgia más integral fue siempre, a lo largo de la historia de la Iglesia, la de los monjes (y también de las monjas, claro está), es decir la liturgia de los monasterios (y no sólo éstos, que ahí hay que añadir catedrales y colegiatas), en cuya arquitectura es evidente que no es el pueblo, el destinatario de la liturgia. El pueblo es, en efecto, un apéndice prescindible en estas iglesias, para el que se disponía de algo de espacio, generalmente poco.
Y precisamente saliéndonos del término “trabajo” (maldito per se), damos con la noble denominación de Opus (plural, ópera); que cuando su destinatario es Dios, se denomina Opus Dei (el nombre que se dio siempre al culto divino), pero que osó profanar san Josemaría Escrivá, asignando ese nobilísimo nombre del culto divino, a actividades de orden mundano, que llegaron a alejarse tremendamente del auténtico Opus Dei.
Es que realmente, ni a la liturgia protestante, ni a la católica protestantizada les entra ni con calzador el clásico concepto de Opus Dei, ni el de Opus pópuli (obra del pueblo), ni tampoco el de Opus pópulo (obra “para” el pueblo). No, no hay manera de encajar estas “pseudoliturgias” en la sagrada palabra de Liturgia. Es que en cuanto sacas a Dios del medio (por más que pongas en su lugar al pueblo), eso ya no es liturgia, es cualquier otra cosa: por ejemplo, Folklore, en el sentido más pintoresco del término.
Pero vamos al meollo del asunto, a lo más relevante de la Liturgia, a lo antropológico. Cuando se inició la construcción de Europa (monjes fueron sus diseñadores) tras el derrumbe del imperio romano (incluido su desmoronamiento moral), fue necesario dar auténtico sentido a la vida. Y no, a los monjes que diseñaron nuestra Europa, no se les ocurrió pensar en el trabajo y la productividad como motor de la vida. Eso no era más que una necesidad: y ante las necesidades, ni se discute ni se filosofa, se actúa. Y lo primero que hicieron fue enseñar a los nuevos habitantes de Europa a procurarse los recursos alimentarios. Gran labor de los monjes. Pero entendieron que no era eso lo que daba sentido a la vida. No convirtieron el trabajo en el eje de su vida. Su lema fue el célebre ORA et labora. Reza (los rezos estaban maravillosamente reglamentados en el imponente edificio de la liturgia monástica: la santa misa monástica, la liturgia de las horas). Reza y trabaja. Por delante del labora está el ora, la vida de oración, la vida direccionada hacia Dios.
Lo relevante de este hecho, es que la liturgia se genera en los monasterios, y que hubo un tiempo, que ciertamente lo hubo, en que Europa, cuando aún estaba en pañales, creyó que lo que realmente daba sentido a su vida, era la liturgia, al servicio de la cual estaban los monasterios, tanto masculinos como femeninos. Y llegaron a contarse por millones los monjes y las monjas, cuyo auténtico oficio era la oración, la liturgia, el auténtico Opus Dei.
Cierto que hoy, en este mundo tan absolutamente esclavizado por el trabajo que, cuando es excesivo, se convierte inexorablemente en guerra o en trabajo para la guerra; hoy, en este mundo tan esclavizado por el trabajo, que sólo por y para el trabajo podemos explicarlo y explicarnos a nosotros mismos; en este mundo, no tiene cabida el concepto de “liturgia”, de un Opus dirigido a Dios. Por eso se ha considerado imprescindible dar la vuelta al concepto y dirigir la liturgia hacia el Pueblo. En vez de Opus Dei (la obra de Dios, de la liturgia para Dios, Opus Pópulo (la liturgia PARA el Pueblo).
Es que, no nos perdamos, el imperio romano construyó todo un modus vivendi asentado en la dominación (dominadores y dominados) y en la esclavización (señores y esclavos; era un régimen esclavista). En ese modus vivendi se sustentaba la vida de todos los habitantes del imperio; tanto los romanos auténticos, los dominadores (los que gozaban de la civitas con todos sus derechos, entre ellos el ius familiae) como los dominados, los esclavos y los peregrini, sin derechos, lejísimos por tanto del actual concepto tan optimista de “ciudadano de segunda”. La dominación (ejercida o sufrida), lo era todo.
La principal institución de Roma era el ejército, cuya principal misión (y actividad) era la guerra para proveer a la cívitas de nuevos territorios, de riquezas y de esclavos. Y la principal fuente de energía era el trabajo de los esclavos. Eso daba como resultado que, por lo general, la población de esclavos duplicaba a la de ciudadanos libres. Éstos (sólo los ciudadanos libres, con infinidad de tiempo libre) tenían sus liturgias, claro que sí, en relación con sus dioses y con sus gobernantes, en especial los emperadores, a los que era necesario rendir culto y cantarles las glorias a las que se hacían acreedores por las guerras en que conquistaban tierras, riquezas y esclavos.
Y como la Europa que tiene por patrón a san Benito no estaba enfocada a la creación de riqueza, sino a la subsistencia noblemente complementada con la dedicación a la liturgia (a la Obra de-para Dios, el opus Dei), forjaron una expresión nobilísima, “vacare Deo”: vacar, estar libre de obligaciones para dedicarse a Dios; es decir, dedicarse a la liturgia, a la oración y a la meditación.
Hasta aquí, el que entiendo como punto de partida que da razón (creo que suficiente) de la liturgia tal como la entendió la Iglesia antes de darle la espalda a Dios para entregarse con frenesí al trabajo, es decir a la esclavitud: cosa que hizo con la intención de girarse hacia el pobre pueblo (¡tan adulado y tan pagado de sí!) y centrarse en él. Son filosofías totalmente distintas, que llevan a teologías también muy distintas.
¡Cómo no iban a ser inseparables la lex orandi y la lex credendi!
Virtelius Temerarius



El núcleo del Apocalipsis no son las calamidades que en él se pronostican, sino la gran liturgia en que termina todo.
ResponderEliminarHoy, que estamos entregados a la dominación (unos, ejerciendo de dominadores y otros de dominados) no somos capaces de entender tanta liturgia (la última pieza del Mesías de Hendel, da una cierta idea de lo que puede ser ese gran culto a Dios (al Cordero que se inmoló por salvar a la humanidad).
Si podemos emplear nuestra vida (¡toda ella!) en trabajar para acumular riquezas, que hay que reemplazar constantemente, porque forma parte del invento que tengan que convertirse en basura,, ¿como se nos puede ocurrir algo tan "irreal" como la liturgia? Totalmente absurdo, ¿no?
Consideraciones acertadísimas y valientes. Gracias.
ResponderEliminarNo puedo entender la obsesión litúrgica. Amén de la descalificación del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo y sembrando la duda sobre la legitimación del Vicario de Cristo: antes el Papa Francisco y el actual León XIV.
ResponderEliminarNada más lejano de la fraternidad evangélica que los ropajes salidos de una opereta, la pompa y la distinción de las órdenes militares.
Jesucristo no iba al sastre. Nunca vistió alba, casulla o capa pluvial.
Completamente de acuerdo con usted. Tanta liturgia y ritos acaban sin contenido interior. Me parece que hay demasiado apego a la forma por encima del fondo, y una repitición de fórmulas rígidas y constantes, y, desde luego, sobra tantas vestimentas, incienso y músicas . Hay una idolatría de la forma. Y, sin percartarse, soslayan que lo más importante es la fe.
EliminarLos soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo.
EliminarEs decir, Nuestro Señor vestía como un señor (de los de entonces) y no como un progre mugriento. ¿Qué mejor esfuerzo que honrar al Señor con nuestra ropa, con nuestros ritos cuidados y en general con la pulcritud de nuestras vidas?
12.53 Asi es. Todo estos.modernos-buenistas han perdido el norte en.medio de los cantos de sirenas/demonios de una supuesta "teología de la.liberación". La túnica de Jesus era propia de un noble judíos.
EliminarSi quieren ver un liturgia buena vayan al Santuario de Torreciudad,allí el Opus Deu muestra al mundo como hacer diariamente Opus Deu con la liturgia y además siempre hay muchos Sacerdotes en los confesionarios y tienen cola, Sacramentos olvidado por mucha iglefitas progres protestantizadas al máximo que es mejor no ir somos católicos no protestantes
ResponderEliminarQuién hace la Misa? Institución divina, administración eclesial y la gran crisis litúrgica postconciliar
ResponderEliminarI. Planteamiento de la cuestión
Un interesante artículo. Expreso mi opinión para contrastarla. ¿Crea el pueblo la Misa? ¿La crea el clero? ¿La crean ambos a la vez, de modo que Dios quedaría sometido a lo que unos y otros decidan celebrar? ¿La crea la parroquia en sínodo litúrgico? ¿Es el inventico del líder parroquial? ¿Procede de un oscuro pozo conspirador del Palacio Arzobispal o de Bugnini? ¿Hay libertad artística para cambiar lo que te dé la gana? ¿Se rifa a suertes: "Hoy, plegaria eucarística III con inventos propios"?
La tradición entera de la Iglesia —Escritura, Padres, Doctores, Concilios, Magisterio, liturgistas clásicos y el testimonio convergente de los místicos— responde con una sola voz: ni el pueblo ni el clero, ni juntos ni por separado, son autores de la liturgia.
La Misa no es un artefacto humano al que Dios se adapte, sino un don recibido de Cristo que la Iglesia jerárquica administra fielmente, sin poder disponer de su sustancia. Entre "lo crea el clero" y "lo crea el pueblo" hay una tercera posibilidad, que es la verdadera: nadie la crea; se recibe.
Esta verdad de principio es la que permite juzgar, sin ambigüedad, la deriva postconciliar que se despliega desde 1969 hasta hoy: cuando la administración se confunde con la creación, cuando la autoridad legítima empieza a comportarse como si tuviera potestad sobre la sustancia y no solo sobre los accidentes, la crisis deja de ser meramente litúrgica y se convierte en crisis de fe, de moral y de eclesiología: crisis completa.
Ese es el itinerario que este escrito recorre: primero la doctrina constante sobre el origen de la liturgia; después, la historia concreta de cómo esa doctrina ha sido puesta a prueba —y, para buena parte del mundo tradicional, quebrantada— entre 1969 y 2026.
II. Institución divina: el testimonio del Nuevo Testamento
La Misa no nace de una necesidad comunitaria ni de una decisión apostólica autónoma. Nace de un acto positivo de Cristo en la Última Cena: "Haced esto en memoria mía" (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24-25). San Pablo, el testigo más antiguo que poseemos, no presenta la Eucaristía como una tradición que él mismo hubiera elaborado, sino como algo recibido y transmitido: "Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido" (1 Cor 11, 23). Esta fórmula —recibir/transmitir, paralambánein/paradidónai— es la matriz de todo el concepto católico de Tradición litúrgica: nadie inventa, todos custodian.
Ese mismo capítulo paulino contiene ya, en germen, la disciplina sacramental que la crisis contemporánea pondrá en cuestión: quien come el pan o bebe la copa del Señor indignamente será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor, y "por eso hay entre vosotros muchos débiles y enfermos, y algunos han muerto" (1 Cor 11, 27-30). La conexión entre indignidad eucarística y consecuencias reales —debilidad, enfermedad, muerte, del cuerpo y del alma— no es una lectura tradicionalista tardía: es el texto neotestamentario fundacional sobre el que toda la disciplina posterior se construye.
III. Los Padres de la Iglesia
ResponderEliminarPadres apostólicos y primeros siglos.
San Ignacio de Antioquía (†107), en sus cartas a los Filadelfios y a los Esmirniotas, sostiene que solo es válida la Eucaristía celebrada por el obispo o por quien él delegue, subordinando así incluso al ministro ordenado a un orden que no le pertenece disponer.
La Didajé (finales del s. I) transmite ya fórmulas eucarísticas fijas que la comunidad recibe, no que compone libremente.
San Justino Mártir (†165), en su Primera Apología (65-67), describe la estructura de la Misa dominical de su tiempo como algo estable y recibido, no como convención de cada asamblea local.
Padres griegos.
San Cirilo de Jerusalén (†387), en sus Catequesis mistagógicas, explica el rito a los neófitos como misterio en el que se entra, no como convención que se negocia.
San Juan Crisóstomo (†407) subraya en sus homilías el carácter tremendo del altar; la tradición hagiográfica posterior (recogida en el Pratum Spirituale de Juan Mosco) atestigua visiones de ángeles asistiendo al sacrificio, signo de que la liturgia terrena participa de una realidad celeste que no depende del celebrante.
San Basilio Magno (†379) y San Gregorio Nacianceno (†390) defienden la fijeza de las fórmulas litúrgicas frente a las improvisaciones arrianas, porque de la lex orandi depende la lex credendi: cambiar la oración a capricho es cambiar la fe.
Padres latinos.
San Ambrosio de Milán (†397), en De sacramentis y De mysteriis, enseña que es la palabra de Cristo, no la del obispo, la que obra en la consagración.
San Agustín de Hipona (†430) desarrolla la doctrina del Christus totus que actúa en la liturgia, y la fórmula —después tan citada por Próspero de Aquitania y por el Magisterio— de que la ley de la oración funda la ley de la fe.
San Gregorio Magno (†604), reformador del canon romano, actúa siempre como quien ordena lo recibido, no como quien inventa: la tradición le atribuye haber tocado el canon "muy poco", con enorme cautela, consciente de tocar algo que no le pertenecía.
IV. Los Doctores de la Iglesia y la síntesis escolástica
Santo Tomás de Aquino (†1274), en la Summa Theologiae III, qq. 60-65 y 73-83, funda toda la sacramentología en la institución de Cristo: el sacramento obra ex opere operato, en virtud de la acción de Cristo, no de la santidad ni de la voluntad del ministro. En q. 64 a. 2 sostiene que solo Dios puede instituir un sacramento, porque solo Él puede vincular una gracia interior a un signo exterior; el ministro administra, no instituye.
San Buenaventura (†1274), en su Breviloquium, converge en lo mismo desde una sensibilidad más mística: el sacramento es vestigio de la economía trinitaria de la gracia, no producto de la piedad colectiva.
San Alfonso María de Ligorio (†1787), Doctor de la Iglesia y moralista, insiste en sus escritos sobre la Santa Misa en el terror reverencial con que ángeles y santos asisten al altar, y en la responsabilidad gravísima del sacerdote que toca lo que no ha hecho suyo.
Esta visión es la que se ha perdido con el Novus Ordo del Concilio Vaticano II y todas sus reformas: monaguillas, lectoras y acólitas, entrada del laicado, distribuidores laicales de la comunión, la famosa misa sin cura o celebración de la palabra dominical sin presbitero, Amoris y Fiducia, Traditionis custodes...
V. El Concilio de Trento (Sesión XXII, 1562)
ResponderEliminarContra la apostática, herética y alienante Deforma-Reforma protestante, que negaba el carácter sacrificial de la Misa y la reducía a mera conmemoración o cena comunitaria,
Trento define con fuerza dogmática:
Canon I: quien niegue que en la Misa se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, sea anatema.
Canon II: quien niegue que en las palabras "Haced esto en memoria mía" Cristo instituyó sacerdotes a los Apóstoles para que ofrecieran su Cuerpo y su Sangre, sea anatema.
Trento no discute si la Iglesia puede regular ritos accesorios —lo hace constantemente—, sino que cierra el paso a la tesis de que la Misa sea, en su sustancia, invención eclesial o comunitaria sujeta a rediseño según las necesidades pastorales de cada época.
VI. El Concilio Vaticano II — Sacrosanctum Concilium (1963)
El propio Concilio que reformó los libros litúrgicos estableció con claridad los límites de esa reforma.
SC 21: en la liturgia hay una parte inmutable, de institución divina, y partes sujetas a cambio, que la Iglesia puede modificar cuando el bien de los fieles lo exige.
SC 22 §1: la reglamentación de la sagrada liturgia depende exclusivamente de la autoridad de la Iglesia: la Sede Apostólica y, dentro de los límites del derecho, el obispo.
SC 22 §3: "nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia."
SC 37-40 abren un margen real de adaptación e inculturación, pero reservado a la autoridad territorial competente, nunca al clero local o a la comunidad por decisión propia: la adaptación regulada confirma la regla, no la excepciona.
VII. Magisterio posterior a Trento y al Concilio: degradación de la Tradición Orgánica Litúrgica Romana-Latina Occidental
LENTA DESTRUCCIÓN DE LA TRADICIÓN ORGÁNICA
1. Gran ruptura nº 1. Reforma del Breviario de san Pío X: 1911–1913
En 1911, san Pío X promulgó la reforma del Salterio del Breviario mediante Divino Afflatu. Entró en vigor progresivamente entre 1913 y 1914. Alterar relaciones históricas entre salmos, horas canónicas, domingos, fiestas y ciclos sometidos al racionalismo weberiano.
2. Gran ruptura nº 2: Reforma del Misal de 1914–1920
San Pío X inició también una reforma del Misal, continuada bajo Benedicto XV. El resultado fue la edición típica de 1920, promulgada por Benedicto XV. Aquí sí encontramos modificaciones importantes de las rúbricas y del sistema de fiestas y celebraciones bajo criterios de racionalismo weberiano.
3. Gran Ruptura nº 3: Mediator Dei
Pío XII, Mediator Dei (1947), primera encíclica dedicada enteramente a la liturgia, distingue con precisión los elementos de derecho divino, irreformables, de los de derecho eclesiástico, administrables por la autoridad legítima, y advierte contra el "arqueologismo" y la creatividad litúrgica desligada de la autoridad.
4. Gran Ruptura nº 4: Semana Santa de Pío XII, 1955
La pérdida de organicidad es mucho más fuerte. Pío XII promulgó en 1955 el nuevo orden de la Semana Santa, Maxima Redemptionis nostrae mysteria, que comenzó a utilizarse obligatoriamente en 1956. Revisó toda la Semana Santa más traslación de las celebraciones desde la mañana hacia la tarde/noche, con la intención de favorecer la participación de los fieles.
5. Gran Ruptura nº 5: 1960–1962, Juan XXIII: Código de Rúbricas y nuevo Misal
Racionalización más profunda del sistema del Vetus Ordo, el actual vigente
6. Gran Ruptura nº 6: Pablo VI: Missale Romanum / edición de 1965
Misal transitorio, todavía basado sustancialmente en el rito romano anterior
7. Gran Ruptura nº 7: Pablo VI y Misal de Bugnini: Missale Romanum
Reestructuración global: Novus Ordo ( el lío de la prohibición inicial del Vetus Ordo, los indultos de San Juan Pablo II (Inglaterra, singulares), Summorum Pontificum y Traditionis custodes, actual Gran Guerra Litúrgica)
No obstante, Pablo VI, Mysterium Fidei (1965), reafirma en pleno período conciliar la doctrina tridentina de la transustanciación y del sacrificio frente a reinterpretaciones simbolistas.
El Catecismo de la Iglesia Católica (1124-1125) enseña que la liturgia es "acción de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia", y que ni siquiera la autoridad suprema de la Iglesia puede cambiarla arbitrariamente, sino solo en obediencia de la fe y con religioso respeto al misterio.
ResponderEliminarEl Código de Derecho Canónico (cc. 838 y 841) confirma en sede jurídica lo mismo: la supervisión de la sagrada liturgia depende exclusivamente de la Sede Apostólica y, según el derecho, del obispo diocesano; los sacramentos pertenecen al depósito divino y solo la autoridad suprema puede definir lo requerido para su validez.
VIII. Liturgistas clásicos
Amalario de Metz (s. IX) y Guillermo Durando de Mende, autor del Rationale Divinorum Officiorum (s. XIII), representan la gran tradición alegórico-mistagógica: interpretan cada gesto de la Misa como signo de un misterio recibido, nunca como convención arbitraria del celebrante.
Dom Prosper Guéranger (†1875), fundador de Solesmes y autor de L'Année liturgique, es la referencia clásica de la restauración litúrgica del s. XIX: combate el galicanismo litúrgico —la pretensión de las iglesias locales de disponer libremente del rito— y reivindica la unidad romana como expresión de que la liturgia no es patrimonio de ninguna comunidad particular.
El propio Vaticano II, al recoger en SC 21 la distinción entre elementos inmutables y mutables, sistematiza en categoría teológica lo que estos liturgistas ya venían defendiendo: desarrollo orgánico, nunca invención.
IX. Místicos, ascetas y revelaciones privadas
Las revelaciones privadas no añaden nada a la fe pública, pero según la enseñanza constante de la Iglesia pueden ayudar a "vivir mejor" lo ya revelado (CEC 67). En materia eucarística su testimonio es notablemente convergente.
Santa Gertrudis la Magna (†1302), en el Legatus Divinae
Pietatis, recibe visiones centradas en la Misa como lugar de encuentro real con Cristo, nunca como espacio de libre disposición humana.
Santa Brígida de Suecia (†1373) recibe revelaciones sobre la Pasión estrechamente vinculadas al sacrificio eucarístico.
Santa Teresa de Ávila (†1582), Doctora de la Iglesia, describe experiencias místicas ligadas a la comunión, insistiendo en la reverencia debida ante lo que "no merecemos".
Ana Catalina Emmerich (†1824), en las visiones recogidas por Clemens Brentano, desarrolla la conexión entre la Última Cena, la Pasión y la Misa como un único acontecimiento contemplado desde ángulos distintos.
San Juan Bosco (†1888) refiere haber tenido representaciones de la Iglesia y la Eucaristía como ancla de salvación en medio de la tempestad.
San Pío de Pietrelcina (†1968) es el testimonio más citado del siglo XX: para él la Misa era literalmente el Calvario renovado, hasta el punto de que decía que sería más fácil que el mundo existiera sin sol que sin la Santa Misa.
Ninguno de estos testimonios presenta la liturgia como un invento al que Dios se pliegue. Todos, sin excepción, la presentan como misterio en el que el vidente es introducido, no como material que reconfigura. Esa es la función que la Iglesia reconoce a las revelaciones privadas auténticas: iluminar y reavivar la fe en algo ya dado, nunca corregirlo ni sustituirlo.
X. El Novus Ordo Missae (1969-1970) y sus innovaciones
ResponderEliminarLa Const. Ap. Missale Romanum (Pablo VI, 3-IV-1969) promulga el nuevo Ordo Missae, fruto del trabajo del Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, presidido por Mons. Annibale Bugnini. Entre las innovaciones de 1969-1970: supresión de las oraciones al pie del altar (Salmo 42) y del Último Evangelio; reformulación del Ofertorio tradicional, sustituido por bendiciones de inspiración judía; introducción de tres nuevas plegarias eucarísticas junto al Canon Romano; generalización práctica de la celebración versus populum; uso extendido de la lengua vernácula; y, por vía de indulto posterior (Memoriale Domini, 1969 —documento que, paradójicamente, pedía conservar la comunión en la boca como norma general—), la extensión progresiva de la comunión en la mano.
El "Breve examen crítico del Novus Ordo Missae" (la "Intervención Ottaviani"), presentado a Pablo VI en septiembre de 1969 por los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci junto a un grupo de teólogos romanos, sostuvo que el nuevo rito se apartaba "de manera impresionante, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la Santa Misa tal como fue formulada en la Sesión XXII del Concilio de Trento" —juicio convertido desde entonces en referencia obligada de la crítica tradicionalista.
XI. La cuestión jurídica: ¿prohibió realmente el Novus Ordo al Vetus Ordo?
Uno de los puntos más discutidos —y jurídicamente más precisos— de toda la controversia es este: el texto dispositivo de la Constitución Apostólica Missale Romanum de 1969:
NO CONTIENE NINGUNA PROHIBICIÓN EXPLÍCITA del Missale Romanum de San Pío V.
Promulga el nuevo Ordo como forma ordinaria; la restricción efectiva del rito antiguo se impuso, en la práctica, mediante instrucciones y decisiones episcopales posteriores, no por el texto mismo de la CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA.
Este es el argumento que la FSSPX y otros sectores tradicionalistas sostuvieron desde el principio, y que Benedicto XVI reconoció explícitamente casi cuarenta años después: en la carta que acompaña a Summorum Pontificum (2007) afirma que "lo que las generaciones anteriores tenían por sagrado, sigue siendo sagrado y grande también para nosotros", y en el propio motu proprio declara que el Missale de 1962 "nunca fue jurídicamente abrogado".
XII. Los indultos de Juan Pablo II al Vetus Ordo
1971 —indulto para Inglaterra y Gales (popularmente "indulto Agatha Christie" por la intervención de intelectuales, no todos católicos, en su favor): primer permiso puntual y muy restringido. Quattuor Abhinc Annos (1984): primer indulto general de Juan Pablo II, que autoriza a los obispos a permitir el Missale de 1962 bajo condiciones estrictas —grupos estables, sin cuestionar la legitimidad del Novus Ordo, permiso episcopal caso por caso. Ecclesia Dei Adflicta (2-VII-1988): dictado tras las consagraciones episcopales ilícitas de Mons. Lefebvre (30-VI-1988) y la excomunión latae sententiae consiguiente; crea la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, amplía el acceso al rito antiguo y da cobertura canónica a las comunidades que, sin seguir a Lefebvre en la ruptura, permanecen vinculadas a él —nace así la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, y luego otros institutos "Ecclesia Dei".
Dios Todopoderoso, líbranos de la pentápolis solar que invade Europa y que los castigos divinos recaigan sobre la gente mala, que no tengamos los justos que soportar estos castigos del cambio climático al igual como en Sodoma se castigaron a los grandes pecadores y también como al Senaquerib que intentaba invadir Jerusalén le aniquilaste los miles de soldados mediante tu ángel, amen.
ResponderEliminarSr. Garrell, usted de autoproclama justo. No sea Vd. soberbio.
EliminarSer Justo entre las Naciones es otra cosa ¿verdad?
Totalmente de acuerdo con Don Silverio Garrell.
EliminarAtentos al dia 12...Eclipse solar y lluvia de meteoros y el 28, luna de sangre. No sé si somos justos pero justo es decir que hay muchas Pentápolis en llamas en este tiempo
EliminarXIII. Summorum Pontificum (2007) y Traditionis Custodes (2021)
ResponderEliminarBenedicto XVI, Summorum Pontificum (7-VII-2007): liberaliza ampliamente el Missale de 1962, calificándolo de "forma extraordinaria" del único rito romano frente al Novus Ordo como "forma ordinaria", y reconoce a cualquier sacerdote la facultad de celebrarlo sin permiso episcopal en Misas sin pueblo, con notable amplitud también en Misas con pueblo.
Francisco, Traditionis Custodes (16-VII-2021)
Con sus sucesivas Responsa ad dubia aplicativas (2021-2023): revierte sustancialmente ese régimen, devuelve al obispo diocesano la competencia exclusiva, restringe la celebración del rito antiguo en iglesias parroquiales, y declara los libros litúrgicos de 1970 "única expresión de la lex orandi del Rito Romano".
La justificación oficial invoca la restauración de la unidad en torno al Concilio; la crítica tradicionalista —incluida la de sectores plenamente en comunión— lo lee como retroceso respecto al reconocimiento benedictino de continuidad litúrgica, como violación de los derechos adquiridos de los fieles a la libre elección del Vetus Ordo, y como fuente de nueva fractura pastoral, precisamente en comunidades jóvenes y vocacionalmente fecundas.
La realidad: el cura y laicos del Vetus Ordo tienen muchísima más cultura católica que los del Novus Ordo, y rechazan todo el magisterio imperfecto del Concilio Vaticano II y sobre todo, el pésimo pontificado de Francisco (Amoris, fiducia, Pachamama, Praedicate, Laudato, Fratelli...) y el continuador León XIV.
XIV. De la crisis litúrgica a la crisis doctrinal: el itinerario de la FSSPX
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Mons. Lefebvre en 1970, ilustra el itinerario completo de la controversia. Su ruptura original (1988) se articuló en torno a tres ejes conciliares juzgados discontinuos con la Tradición:
- la reforma litúrgica (más viva hoy)
- la libertad religiosa (Dignitatis Humanae), más viva por Abu Dabi
- y el ecumanismo (Unitatis Redintegratio, Nostra Aetate).
Pero en el arco 2016-2026 esa crítica —compartida ya, con matices, por un tradicionalismo mucho más amplio que el estrictamente lefebvriano— se ha desplazado decisivamente al terreno doctrinal, moral y disciplinar: China, Alemania, Amoris, Fiducia, Pachamama, Laudato, Fratelli, No Corredentora, Praedicate...
Lo que sigue es el desarrollo de esa segunda y más honda crisis: ya no rito viejo contra rito nuevo, sino disciplina sacramental objetiva contra pastoral de la misericordia sin límites doctrinales declarados.
XVI. El precedente paulino: el caso del incestuoso (1 Corintios 5)
ResponderEliminarSan Pablo, ante un caso de convivencia incestuosa notoria en la comunidad de Corinto (que iría en contra de Amoris laetitia y Fiducia supplicans), no propone discernimiento gradual ni acompañamiento indefinido: ordena la expulsión —la excomunión— del culpable (1 Cor 5, 1-5). Dos razones sostienen esa disciplina, que la tradición ha leído siempre como paradigma: la pureza de la comunidad entera, porque "un poco de levadura hace fermentar toda la masa" (1 Cor 5, 6-8), y el bien espiritual del propio pecador, para quien la medida es medicinal y no meramente punitiva —busca su salvación, no su humillación. A ello se añade la necesidad de evitar el escándalo y el mal ejemplo, y de no introducir en la comunión de los santos, como si fuera un fiel más, a quien vive en pecado grave objetivo y manifiesto, con el consiguiente incremento del pecado social y estructural de la parroquia, la diócesis, la Iglesia entera y la humanidad: como enseña Juan Pablo II en Reconciliatio et Paenitentia (1984), n. 16, todo pecado personal repercute de algún modo en los demás, por la comunión de los santos y, en su reverso, por la comunión del pecado.
Frente a este modelo bíblico y patrístico de disciplina sacramental —exigente, pero orientada siempre a la conversión real—, la crítica tradicionalista contrapone el modelo que, en su lectura, se ha ido imponiendo desde 2016: la Eucaristía y la Confesión concedidas sin exigir el abandono efectivo de la situación objetiva de pecado grave, bajo el argumento de que las "circunstancias atenuantes" y el "discernimiento pastoral" pueden, caso por caso, suspender la aplicación de la norma general.
Rescriptum de 5-VI-2017 (AAS 108, 1071-1074): eleva a magisterio auténtico la Carta de Francisco a los obispos de la región pastoral de Buenos Aires y los "Criterios de Buenos Aires" sobre la aplicación del capítulo VIII de Amoris Laetitia.
Carta al Patriarca de Lisboa, 26-VI-2018: aprueba la nota del cardenal Manuel Clemente sobre el mismo capítulo VIII, extendiendo el criterio a la Conferencia Episcopal portuguesa.
XV. La gran crisis fideística y moral: Amoris Laetitia (2016) y la Eucaristía indigna
ResponderEliminarAmoris Laetitia (19-III-2016), en particular su capítulo VIII y la nota 351, abrió —según la interpretación aplicada de hecho en no pocas diócesis, aunque disputada por otras y objeto del dubia de cuatro cardenales (2016, sin respuesta hasta hoy)— la posibilidad de acceso a la comunión eucarística para divorciados vueltos a casar civilmente sin declaración previa de nulidad ni compromiso de continencia. Esa convivencia more uxorio fuera de un vínculo válido es, para la moral católica constante, intrínsecamente desordenada (intrinsece malum) en cuanto adulterio objetivo, y por tanto motivo de indignidad para recibir la Eucaristía: quien come el pan o bebe la copa del Señor indignamente "será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor" (1 Cor 11, 27), con las consecuencias que el mismo texto anuncia —debilidad, enfermedad, muerte del cuerpo y del alma, de fieles y de comunidades enteras (1 Cor 11, 29-30)— y que el derecho canónico traduce en la norma positiva del canon 915.
El filósofo católico Josef Seifert, en un artículo tan citado como discutido, planteó públicamente la pregunta de si la lógica interna de Amoris Laetitia —admitir a la comunión, en determinados casos de "discernimiento", a quien persevera de forma estable en una convivencia objetivamente adúltera sin propósito de enmienda— no amenazaba con destruir, por pura coherencia lógica, toda la moral objetiva de la Iglesia: si un acto intrínsecamente malo puede, en ciertas circunstancias concretas, dejar de impedir el acceso a los sacramentos, entonces el concepto mismo de "intrínsecamente malo" —piedra angular de toda la teología moral católica desde Veritatis Splendor— queda vaciado de contenido práctico. Seifert fue apartado de su cátedra en Granada tras la controversia; el episodio se convirtió, para buena parte del mundo tradicional, en símbolo de que plantear la pregunta con rigor filosófico ya resultaba, de hecho, inadmisible.
Lo que está en juego, según esta crítica, no es un matiz pastoral, sino la disciplina de cuatro sacramentos a la vez: el Orden (el sacerdote que administra la comunión sin discernir la situación objetiva del comulgante), el Matrimonio (la unidad e indisolubilidad del vínculo sacramental, violada por la convivencia "en una sola carne" con persona distinta del cónyuge legítimo), la Confesión (ilícita e inválida cuando falta el propósito de enmienda respecto de una situación de pecado grave objetivo y permanente, requisito indispensable de la contrición) y la Eucaristía (recibida indignamente por quien no está en gracia). Se permite así, sostiene esta lectura, la perpetuación dentro de la Iglesia particular de una suerte de "iglesia doméstica adulterina", tolerada e integrada sacramentalmente en nombre de la pastoral de la misericordia, sin que la misericordia —que en la doctrina católica siempre acompaña a la conversión, nunca la sustituye— exija la única condición que el propio Nuevo Testamento exige: el arrepentimiento y el abandono efectivo
de la ocasión próxima de pecado.
XVII. Fiducia Supplicans (2023): la agravación de la crisis
ResponderEliminarFiducia Supplicans (Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 18-XII-2023) autorizó bendiciones pastorales espontáneas, no litúrgicas, a "parejas en situación irregular" y a parejas del mismo sexo, señalando que mediante "la oración, los Sacramentos y la escucha de su Palabra" el cristiano encuentra en Cristo "paz, luz y fuerza" para su camino. La crítica tradicionalista —compartida, con matices, por numerosas conferencias episcopales de África, Europa del Este y parte de Asia, que rechazaron de hecho su aplicación en sus territorios— sostiene que, aun con las precisiones del propio texto (que insiste en no bendecir la unión ni equipararla al matrimonio), bendecir a una pareja en convivencia more uxorio fuera del matrimonio, o a una pareja del mismo sexo, bendice de hecho un contexto de vida ordenado, según la moral católica constante, hacia actos intrínsecamente malos (intrinsece malum) contra el sexto y el noveno mandamiento —lujuria, concupiscencia de la carne y de los ojos, contra la castidad y contra el bien del matrimonio—, y, en el caso de la relación homosexual genital, dentro de la categoría clásica de los "pecados que claman al cielo" (peccata clamantia: cf. Gn 19; CCC 1867, que recoge el "pecado de los sodomitas" entre los cuatro pecados que claman venganza).
Un segundo orden de objeciones, más técnico-canónico, señala que el rito de bendición pastoral, tal como se ha aplicado en la práctica, no exige ninguna comprobación previa de la situación real de los convivientes —edad, nombre, nacionalidad, domicilio, filiación, voluntad, libertad, consanguinidad, parentesco, adopción, capacidad, religión, estado civil y religioso, error, ignorancia, violencia, rapto, crimen—, es decir, ninguno de los elementos que el derecho canónico exige comprobar antes de cualquier acto sacramental o cuasi-sacramental que afecte al estado de las personas. La crítica sostiene que esta laxitud, sumada a la de la disciplina sobre la comunión de los divorciados vueltos a casar, y a la extensión de los ministerios instituidos de lector y acólito a las mujeres mediante Spiritus Domini (2021) —tradicionalmente reservados a varones como etapa hacia las órdenes sagradas—, a la multiplicación de ministros extraordinarios de la comunión, y a las celebraciones dominicales de la Palabra en ausencia de presbítero que sustituyen de facto a la Misa donde el clero escasea, produce en muchas parroquias un desconcierto litúrgico generalizado, con monaguillas, acólitas y lectoras ya normalizadas en la liturgia ordinaria —tolerada desde una instrucción de 1994— y con infracciones rubricales de todo tipo que, según esta lectura, ya no encuentran freno disciplinar efectivo desde la autoridad diocesana.
En definitiva, estamos gracias a Francisco y su amigo León XIV, su antiguo prefecto del dicasterio de los obispos, a punto de una gran crisis integral y total de toda la Iglesia Católica fideístico-moral, litúrgico y eclesiológico, pues se suma el caso territorial Alemán y Chino.
XVIII. Cronología de la heterodoxia francisquita-leonina según la crítica tradicionalista (2016-2023)
ResponderEliminar1. Decreto In Missa in Cena Domini, 6-I-2016: extiende el lavatorio de pies a mujeres y laicos de forma universal-inclusiva, eliminando la referencia a los "doce boni viri" del rito tradicional. Objeción: ruptura con la Sagrada Tradición litúrgica y con la simbología apostólica del rito.
2. Amoris Laetitia, 19-III-2016: abre, en la interpretación aplicada, el acceso a la comunión para adúlteros impenitentes, pese a la condena, debilidad, enfermedad y muerte anunciadas por 1 Cor 11, y pese a que la convivencia more uxorio es intrínsecamente desordenada. Objeción: rompe la doctrina del sexto-noveno mandamiento y la disciplina sacramental del Orden, el Matrimonio, la Eucaristía y la Confesión.
a) Rescriptum 5-VI-2017 (AAS 108, 1071-1074): eleva a magisterio auténtico la Carta de Francisco y los Criterios de Buenos Aires sobre el capítulo VIII.
b) Carta al Patriarca de Lisboa, 26-VI-2018: aprueba la nota del cardenal Clemente sobre el mismo capítulo VIII.
c) El 19 de marzo de 2026, X aniversario de Amoris laetitia, León XIV publicó un mensaje oficial, la presenta positivamente y dice que, junto con Familiaris consortio, ¡¡¡ha reforzado el compromiso doctrinal y pastoral de la Iglesia con las familias!!!
3. Rescriptum sobre el canon 2267 CIC, 1-VIII-2018: declara "inadmisible" la pena de muerte, sin declararla formalmente ilícita ni inválida en su fundamento doctrinal previo. Objeción: modifica de hecho una doctrina tradicional admitida legítimamente en casos extremos, sin el aparato de una definición doctrinal clara.
4. Traditionis Custodes, 16-VII-2021: restringe severamente la Misa tradicional. Objeción: atenta contra la continuidad litúrgica reconocida por Benedicto XVI y contra el derecho de los fieles a la libre elección del Vetus Ordo.
5. Praedicate Evangelium, 19-III-2022: reforma de la Curia Romana; permite a laicos y mujeres ejercer como prefectos de dicasterios, oficio antes reservado a clérigos. Objeción: rompe la naturaleza jerárquica y clerical de la Curia como expresión del gobierno apostólico.
6. Fiducia Supplicans, 18-XII-2023: autoriza bendiciones pastorales a adúlteros y convivientes de distinto y del mismo sexo. Objeción: ruptura doctrinal en materia de sexto-noveno mandamiento —lujuria, concupiscencia, castidad, matrimonio—; avala de hecho convivencias more uxorio intrínsecamente desordenadas y relaciones homosexuales genitales dentro de la categoría de los peccata clamantia, sin comprobación alguna de los elementos que el derecho exige verificar antes de cualquier acto que afecte al estado canónico de las personas.
XIX. La pregunta pendiente a León XIV
ResponderEliminarQueda, para esta crítica, una pregunta de fondo dirigida al pontificado actual, el papa de la débil y pasiva sonrisa estéril:
COMUNIÓN INDIGNA: ¿cómo se explica que León XIV mantenga y conserve la vigencia jurídica de Amoris Laetitia, documento que —en la lectura que se ha impuesto en la praxis de numerosas diócesis— ofrece la Eucaristía a comulgantes adúlteros impenitentes, en convivencia more uxorio intrínsecamente desordenada, expuestos según 1 Corintios 11 a la condenación, la debilidad, la enfermedad y el fallecimiento de cuerpo y alma, propios y de sus comunidades?
UNA CARNE. Más allá de la comunión eucarística indigna, se permite —sostiene esta crítica— la comunión "en una sola carne" de personas adúlteras, en detrimento de la unidad del matrimonio sacramental preexistente
CONFESIÓN NULA: se tolera la perpetuación, dentro de la Iglesia particular, de una convivencia irregular estable, con acceso a una Eucaristía indigna y a una confesión sacramentalmente inválida por ausencia de propósito de enmienda, apelando únicamente a la pastoral de la misericordia sin la condición bíblica y patrística de la conversión efectiva.
Como sintetizó Josef Seifert, la aplicación consecuente de esta lógica —sostiene la crítica tradicionalista— erosiona la moral católica objetiva
- del VI-IX mandamiento
- la disciplina de los sacramentos del Orden, el Matrimonio, la Confesión y la Eucaristía
- los sacramentales —exequias, exorcismos, bendiciones, esta última tocada directamente por Fiducia Supplicans
- legitimando en la práctica pastoral lo que la doctrina moral sigue llamando pecado de lujuria y concupiscencia de la carne y de los ojos.
Es un desajuste, señala esta lectura, entre una doctrina que formalmente no ha sido derogada y una disciplina pastoral que, de facto, ya no la aplica —el mismo desajuste, por cierto, que sus defensores atribuyen en sentido inverso a la disciplina preconciliar sobre el Vetus Ordo: la norma nunca abrogada frente a la praxis que la desplaza.
Justicia exige, sin embargo, registrar también la lectura opuesta: los defensores de Amoris Laetitia y de Fiducia Supplicans insisten en que ninguno de los dos textos deroga la doctrina —el primero habla de "discernimiento" caso por caso, no de admisión automática; el segundo distingue explícitamente entre bendecir personas y bendecir o litúrgicamente equiparar una unión al matrimonio—, y que el problema, si lo hay, radicaría en la recepción pastoral concreta
de esos textos en algunas diócesis, no en su letra. El desacuerdo de fondo, por tanto, no es solo doctrinal: es también sobre la prudencia de emitir documentos susceptibles de una aplicación tan dispar, y sobre a quién corresponde resolver esa ambigüedad cuando se prolonga durante años sin respuesta a las objeciones planteadas —como el dubia de 2016, aún sin contestar.
RUPTURA DE LA UNIDAD CATÓLICA: DUBIA DEL CARD. DOMINIK DUKA, 13-VII-2023 — RESPUESTA DDF, 25-IX-2023: plantea 10 dudas sobre la aplicación de Amoris laetitia a divorciados en nueva unión, incluida la posibilidad de que cada diócesis adopte decisiones autónomas. La respuesta, aprobada por Francisco, reafirma Amoris laetitia como magisterio pontificio ordinario, reconoce la interpretación de Buenos Aires como magisterio auténtico y deja un amplio margen de aplicación al obispo diocesano. Ya no existe la unidad católica: un obispo aplica nada, más o menos o totalmente restrictivamente lo que le viene en gana, Roma se desentiende.
XXI. Síntesis doctrinal
ResponderEliminar1. El pueblo crea la liturgia según su sensibilidad religiosa | Rechazada: contraria a 1 Cor 11, 23; SC 22 §3; CIC c. 838 |
2. El clero local crea o adapta la liturgia y la disciplina sacramental por su cuenta | Rechazada expresamente: SC 22 §3, "nadie, aunque sea sacerdote..." |
3. Pueblo y clero, juntos, disponen de la liturgia y de la disciplina sacramental, y Dios se adapta | Rechazada: invierte la relación entre don e institución (1 Cor 11, 23; Trento, Sesión XXII; 1 Cor 5) |
4. Cristo instituye lo sustancial —rito y disciplina—; la Iglesia jerárquica administra fielmente lo accesorio, bajo estricta obediencia, sin poder suspender la exigencia bíblica de conversión para el acceso a los sacramentos | Doctrina constante: Padres, Doctores, Trento, Sacrosanctum Concilium, Magisterio posterior, liturgistas clásicos y testimonio unánime de los místicos |
La pregunta bien planteada, por tanto, no es "¿quién crea la Misa: el pueblo o el clero?", porque ambos términos comparten un error de fondo: suponer que la Misa —y con ella, la disciplina que regula el acceso a sus sacramentos— es del orden de lo creado por voluntad humana.
La respuesta que ofrece toda la tradición es que la Misa se recibe: de Cristo, a través de los Apóstoles, custodiada por la sucesión apostólica bajo la autoridad de la Sede Apostólica y, en los límites que ella fija, del obispo.
El clero no la inventa; la sirve.
El pueblo no la decide; participa en ella.
Y ni el clero ni el pueblo, ni siquiera la máxima autoridad eclesial actuando por vía de pastoral discrecional, pueden disponer de lo que san Pablo llamó, con la misma autoridad con que instituyó la disciplina eclesial de Corinto, "lo que recibí del Señor" (1 Cor 11, 23) — y que, por eso mismo, la crisis abierta entre 1969 y 2026 no se resuelve con más discernimiento, sino con la misma obediencia reverente al misterio recibido que exigieron, sin excepción, Padres, Doctores, Concilios, Magisterio, liturgistas y santos.
La Gran Crisis continuará extendiéndose debido a la contumacia de León XIV (papa de la iglesia peregrina) en mantener toda la línea francisquista de nombramientos (Tucho) y normativas, más su desarrollo (mujeres en prefecturas dicasteriales, mantener Amoris/Laetitia...), más la terrible crisis de vocaciones y miembros relidigosos y sacerdotales en órdenes y diócesis.
Queda la decisión del Único, Eterno, Santo Papa Supremo, el Pontífice Total, Universal e Integral de las tres Iglesias, Militante, Purgante y Triunfante, Jesucristo, y desde luego, no está de acuerdo. Por eso veremos cosas muy interesantes y divertidas: hamaca, sombrilla, cerveza y calamares...
Señor comentarista de las 21:47
ResponderEliminarPor su comentario, tiene usted toda la pinta de protestante; pero un protestante raro (muy mediocre incluso como protestante), puesto que es un completo desconocedor de la Biblia. Vea en el Antiguo Testamento lo que representó la liturgia para la formación del pueblo de Israel. De ahí viene toda la cuestión de los ornamentos litúrgicos.
Y luego, si ha llegado usted al final del último libro de la Biblia, Nuevo Testamento a tope, ahí verá también liturgias impresionantes. Pero ya veo, no está hecho su paladar para estos manjares.
De todos modos, entienda simplemente, que no es nada sano para tu propio espíritu, condenar a los que no comparten tus gustos. La cosa es muy simple: en vez de venir a sufrir con los que han desarrollado el gusto por la liturgia, vete a frecuentar lugares donde la gente comparta tus gustos y tus disgustos. Así de simple.
pues aplíquese el cuento ud mismo.
Eliminar13.15 Acertado esta usted con estos "protestones"..mas wue protestantes parecen .feligreses de los 70 dándose cabezazos porque no entienden que se les escapa de las manos el monstruo del feismo liturgico en el que viven
EliminarApreciado articulista es , costumbre en vd. escribir adaptando el contenido a su interpretacion personal. No le critico por hacerlo, eso si, me veo en la obligacion de referir que en la Regla de San Benito, el mismo fundador escribe que si los monjes no pueden acudir a la oración por motivos de trabajo no se entristezcan, pues el monje, cuando trabaja, es mas monje. La existencia de monjes dedicados solo a la liturgia de coro surgió más tatde, cuando los grandes señores construian sendos monasterios para que se rezase por ellos perpetuamente, dejando rentas y bienes para el sustento de la comunidad y asi puediesen dedicarse únicamente a esa plegaria litúrgica de intercesión. Toda la vida del monje es un vivir para y en Dios, la oración personal, no litúrgica, es el medio por el que vive en este estar solo con Dios solo (monakos), el rezo litúrgico es una alabanza común de la.comunidad hacia Dios, que debe ser breve y pura, según la Regla, y que pone en el centro a Jesucristo, nunca a los que la presiden, incluso.cuando le representan, como en el caso del Abad. Por último, la litúrgia monástca siempre se ha distinguido por su sencillez y sobriedad, en contraposición a la litúrgia romana, más proclive al boato ceremonial, y a una mayor significación del celebrante y su estatus institucional. En este caso la litúrgia no es del pueblo para Dios, sino del celebrante para mostrar al pueblo quien ostenta la autoridad en nombre de Dios.
ResponderEliminarAl comentarista de las 14:05
EliminarAmigo, ha simplificado usted mucho la teoría de la vida monástica (no hubo sólo benedictinos). Y eso de que lo de "mónakos" se refiere a que li importante en el monje es la oración personal, y no la litúrgica, me suena invento modernista. Resulta que Jesús mismo les indica a los apóstoles cómo rezar, y les da el Padrenuestro para que no tengan que inventarse diálogos con Dios (que no todo el mundo es capaz de eso), gran núcleo litúrgico y paralitúrgico.
Si tuvo la suerte de asistir a la liturgia monacal completa (hoy parece que ya no es posible encontrar en España un monasterio de esas características), comprenderá lo que es tener una visión y vivencia de la auténtica liturgia monástica.
Y en cuanto a no poder asistir a los oficios litúrgicos por tener que trabajar, eso les ocurría a los frailes "legos" (los no sacerdotes); que durante todo el feudalismo, los monasterios fueron tan clasistas como los castillos..
Considerada una disciplina menor en la formación teológica del clero, ceñida en muchos seminarios a las rúbricas y ritos, la verdad es que ha sido una de las fuentes principales en la eue han bebido los teólogos, de Tomás de Aquino a Ratzinger. De hecho, santo Tomás escribió sus mejores síntesis teológicas en los textos que la liturgia incorporó.
ResponderEliminarSu desnaturalización protestante, con el chabacano argumento de la hipertrofia de ornamentos y rituales, ha desencadenado ese campo de Agramante en la que muchos clérigos a la violeta han convertido el centro de la celebración eucarística o de los demás sacramentos.
Co Bergoglio empezó la ruina litúrgica al asimilarla a ritos paganos. Fue un error capital promovido, cabe suponer, por Tucho y otros pseudoteólogos ignaros del Credo de Nicea.
No parece que Roberts esté por la labor. Habrá que seguir esperando.
espere sentado, pedante comentarista.
Eliminar23.18 Sentados estamos, esperando a ver si Prevost cambia a los anticardenalws que "creó" el antipapa Francisco. Esperamos sentados tambien a que se aclare si Prevost fue votado por los 25 cardenales creados por el Papa Benedicto XVI o no. Ya ve que mientras tanto esperamos sentados, pacientes y mirando como van angustiados los del "Novus Ordus versión barra libre"
EliminarLa Paz sea contigo, anónimo 23:17 y 23:18.
EliminarLos correctores ortográficos suelen ser gratuitos. Haría bien en emplearlos.
Gracias.
MT
Todas la etimologías oficiales o académicas son falsas o erróneas, aunque vengan de San Isidoro. Haber leído Tornar a creure en dos dies, donde se aclaran las principales: anima, pecat, àngel, sacerdot y en particular "litúrgia".
ResponderEliminarQue fort!
Eliminaresperamos sentados y de pie a que los pocos lefevristas que quedan por mi Iglesia se larguen con sus disfraces de carnaval a Suiza. Señor, cuánto fariseo nos mandas con piel de cordero! líbranos de quienes te crucificaron!
EliminarAl comentarista de las 22:41
ResponderEliminarNo sé qué es eso de "Tornar a creure en dos dies". Y, por otra parte, ¡menudo referente, san Isidoro, para las etimologías! Justo él es el ejemplo de las etimologías de oído (generalmente muy mal fundamentadas desde el auténtico punto de vista etimológico), que por otra parte estuvieron vigentes en todo el mundo "académico" hasta que surgió, ya muy recientemente, una auténtica ciencia etimológica.
El saber sobre cualquier tema, hay que trabajárselo. El saber de etimologías, también. Actualmente tenemos en internet muy buenas fuentes. Sin ir más lejos, las etimologías del Diccionario de la Real Academia, son muy buenas y rigurosas.