Cuando la Iglesia deja de hablar de sexo, habla de cualquier chorrada

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Estaba yo tan tranquilo en la Bellota, con mi café y mi magdalena, cuando el Aurelio entró agitando el móvil como si hubiera descubierto petróleo en el Regallo.
—Cojo, ¿has visto lo que dice ahora el Papa? —me suelta, sin saludar.
—¿Qué dice? —pregunto yo, que ya me temía algo.
—Que la unidad de la Iglesia no debería girar en torno a cuestiones sexuales. Que hay cosas más importantes: justicia, igualdad, libertad religiosa… —y me lee el titular de Religión Digital, que siempre parece escrito por alguien que quiere que la Iglesia sea una ONG sonrosadita. 
El tío Caldú terció contrariado:
Traducido al cristiano, que la Iglesia ha de renunciar a su clásica doctrina sexual y abrazarse a todas las nuevas doctrinas sexuales que van apareciendo, con tantos y tan ardientes defensores en las altas cumbres de la Iglesia. Ha de renunciar a su doctrina sexual de siempre, si no quiere poner en riesgo su sacratísima unidad. 
El Aurelio tuvo que reprimirse para no estallar. Parecía que le iba a dar algo.
Entonces intervine:
 —A mí, que bastante tengo con mi cojera, leer esas chorradas me enciende. Y que eso lo diga el papa al que han acudido en busca de ayuda 200 padres de un colegio católico, indignadísimos porque desde este mismo curso, el colegio (católico según la nueva doctrina papal) al que van sus hijos les impone desde la primaria (sí, desde los 4 años) clases de educación sexual inclusiva y variopinta; me indigna que el papa pase de esto porque la Iglesia no ha de ocuparse del sexo. Total, que a este papa le importa un rábano lo que haga el “colegio católico” con tus hijos, en cuestión sexual. Lo único que veo claro, es una tremenda cobardía papal ante la “nueva moral sexual” del mundo.
 
-Pues claro -apreció el Trisca-, a la Iglesia de hoy (la de León XIV) no sólo no le importa que los colegios católicos corrompan sexualmente a nuestros hijos, sino que les va bien, va en su línea, en la del gay friendly. Es preparar el terreno para la Iglesia del mañana, fervorosamente abrazada a lo gai.
Yo, que soy hombre de pueblo pero no de tragaderas, me quedé mirando el techo, como quien busca inspiración en las vigas. Porque, vamos a ver: no se necesita ser especialista en nada, para entender que la deriva homosexual de la Iglesia es un disparate monumental que sólo se sostiene en la perversión sexual de los curas y obispos que han ensuciado así a la Iglesia, o quizá peor aún, en el chantaje. En las altas esferas de la Iglesia, el que no está pillado por sus maldades sexuales, lo está por el pertinaz encubrimiento de quienes las cometieron. Y con esto, tienen chantajeado hasta al papa.
La prueba del algodón –remató Caldú- es que esas guarradas que defiende la modernísima Iglesia, no hay ningún padre que consienta que se “eduque” y se forme en ellas a sus hijos. No hay padre ni madre (y no sólo entre los católicos) que acepte para sus hijos ese Nuevo Orden Sexual caracterizado por tan desmedido amor a los homosexuales y a la homosexualidad.
En esto entró a degüello el Aurelio, antropólogo de barra, que no ha leído el Catecismo pero sí sabe que la civilización empieza cuando uno deja de casarse con su hermana y de tener comercio sexual con su hija:
—Cojo —me dice—, ¿cómo que la moral sexual no es importante? ¡Si el primer tabú de la humanidad, la primera ley cuya transgresión lleva consigo la pena de muerte (porque el individuo que tal hace, amenaza la vida de toda la sociedad)  es el incesto! ¡Si sin eso no hay tribu, ni pueblo, ni nada! ¿Qué será lo siguiente? ¿Que la justicia empieza por el estómago y no por la familia? ¿Qué es eso de que, para poder hablar de justicia, igualdad y libertad religiosa, hay que ser totalmente transigente con la conducta sexual?
Aquí intervino el Trisca, que siempre escucha y luego dispara y remata:
—Cojico, ¿tú te imaginas a Moisés bajando del Sinaí diciendo: “Bueno, lo del becerro de oro ya…, pero lo importante es la igualdad”?
—No me lo imagino —le digo.
—Pues eso.
Y se quedó tan ancho.
El benemérito sargento, guardián del orden moral, que tiene más sentido común que muchos teólogos de despacho, intervino:
—Mira, Cojo, yo no sé de teologías modernas, pero sí sé que cuando uno empieza a decir que lo importante es la justicia y la igualdad, y que lo sexual es secundario, acaba teniendo más líos que la Guardia Civil en Ceuta. Porque el primer y más grave tropiezo con la justicia, se encuentra en la entrepierna. Y a partir de ahí, dime cómo construyes y mantienes la familia sin moral sexual. Y si eso no funciona, lo demás se cae como fichas de dominó.
Y yo asentí, porque el sargento, cuando habla de moral, habla como quien ha visto cosas.
 
El Aurelio, que traía el artículo de marras, volvió al ataque:
—Caldú, mira este artículo de Religión Digital. Dice que León XIV es “gay friendly”, que los obispos LGBTQ están contentos – y cada vez hay más-, que la Iglesia avanza hacia una nueva etapa…
—¿Nueva etapa? —preguntó el tío Caldú.
—Sí, una Iglesia donde la moral sexual no sea motivo de división -dije- sino de parabienes y buen rollo por doquier. Una Iglesia gay friendly, que dicen ahora.
Saltó  entonces el tío Caldú como un tigre:
—Pues será nueva, pero no será la del Catecismo que yo aprendí de labios de mi santa madre. Porque aquí está la incoherencia monumental: Si el Catecismo dice que la moral sexual es objetivamente desordenada cuando se desvía de su fin, ¿cómo puede decir el Papa que la unidad de la Iglesia no debe girar en torno a eso? ¿En torno a qué debe girar, entonces? ¿En torno a las modas mediáticas? ¿En torno a los titulares de Religión Digital? ¿En torno a la última ocurrencia de algún obispo que quiere caer simpático?
Entonces respondí ya encabronado:
—Yo, que soy hombre de pueblo pero no de silencios, os digo que la Iglesia puede hablar de justicia, igualdad y libertad religiosa —y debe hacerlo—, pero sin olvidar que la moral sexual es el fundamento antropológico de la moral y de toda civilización. No porque lo diga yo, sino porque lo dice la historia de la humanidad desde que el primer homínido decidió que no era buena idea copular con su hermana o con su hija. Y si la Iglesia deja de hablar de moral sexual porque “divide”, más vale que se lo haga mirar.
—¡Cierto! – apuntó Cadú. Porque la verdad divide. El Evangelio divide. La sana doctrina divide. Lo que no divide es la propaganda o la componenda.
El tío Trisca remató la faena:
—Cojo -me dijo-, ¿tú sabes lo que pasa cuando uno deja de hablar de moral sexual?
—¡Ilústrame!, respondí.
—Que acaba hablando de cualquier cosa menos de lo que importa. Y al final, la Iglesia se convierte en una tertulia de sobremesa donde todos están de acuerdo porque nadie dice nada que moleste. 
¡Buena definición de sinodalidad!, pensé: pues sí, así vamos.
Caldú, apurando su cazalla, masculló:
— Yo no sé si la unidad de la Iglesia debe girar en torno a la moral sexual. Lo que sí sé es que la doctrina, no sólo de la Iglesia, sino de toda civilización, sí gira en torno a ella, porque así lo dice la sensatez humana, que ni siquiera un Papa puede cambiar. Y también la civilización gira en torno a esa moral, porque así lo dice la antropología. Y que cuando uno olvida eso, acaba diciendo frases bonitas que quedan muy bien en titulares, pero que no sostienen ni una familia, ni una parroquia, ni una sociedad, ni una Iglesia. 
Y aquí lo dejé, que el Aurelio estaba ya pidiendo otra ronda y el sargento decía que como siguiéramos así, tendrá que intervenir “por el bien del orden de la moral pública”. 
Y La Bellota quedó anegada por el humo de los caliqueños y asfixiada por el supino cabreo de unos paisanos que no saben callarse la boca cuando los toman por imbéciles. Y no será la ultima vez.
El Cojo de Calanda 

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27 comentarios

  1. Seguro que Soros se frota las manos ...hasta debe querer cambiar el nombre de la Iglesia...el nuevo nombre: Iglesia Católica Abierta ( Open Catolic Church)

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  2. Grave crisis eclesial (1)28 de agosto de 2026 a las 4:40

    Benedicto XVI y el programa de la «reforma de la reforma»

    Muy acertados los bellotucos, lo que me ha movido a una reflexión más profunda del mal de la Iglesia que la expongo para su crítica. Una opinión ante lo que intuyo un pontificado que entra en curvas fuertes, y que el viaje a España dio una falsa sensación de tranquilidad, y pronto vendrá como la súbita tempestad de barro, agua y piedras del Nepal.

    El desorden empezó en 1962 y acabó en el 1965, el Concilio Vaticano II, un hecho que para cualquier joven es un hecho histórico sin referencia vital alguna, sin experiencia, y visto ya desde hace 60 años, como una cosa del pasado obsoleto y arcaico, de otras generaciones ya pasadas de moda.

    Frente al desorden descrito postconciliar en todas las materias (Fé, moral, liturgia y eclesiología), conviene recordar que hubo un intento serio de corrección desde dentro del propio marco conciliar. Sólo miraremos el aspecto litúrgico, el famoso Vetus Ordo de 1962 y el Novus Ordo de 1969 paulino-bugniniano: la conocida como "reforma de la reforma" de Benedicto XVI.

    Benedicto XVI no propuso, como a veces se simplifica, un simple regreso al Misal de 1962 ni la invención de un tercer rito. Su propuesta —la «reforma de la reforma»— buscaba una profundización orgánica de la renovación litúrgica querida por el Vaticano II, en continuidad con la tradición y no en ruptura con ella. Los dos textos que la sostienen son Sacramentum caritatis (22 de febrero de 2007) y Summorum Pontificum (7 de julio de 2007), este último destinado a regular el uso del Misal de 1962 como forma extraordinaria de un único rito romano, junto al Misal de Pablo VI como forma ordinaria.

    En términos prácticos, el programa suponía celebrar el Novus Ordo con fidelidad estricta al Misal, reduciendo la creatividad arbitraria del celebrante y recuperando elementos que la praxis postconciliar había erosionado: el latín, especialmente en las celebraciones internacionales; el canto gregoriano como canto propio del rito romano; mayor silencio y adoración eucarística; dignidad en los gestos y signos sacramentales; una arquitectura que subrayase la centralidad del altar y un sagrario visible; y una música genuinamente litúrgica, no cualquier repertorio de inspiración religiosa.

    Lo decisivo, sin embargo, no era el inventario de elementos recuperados, sino el cambio de mentalidad que ese inventario debía servir. Benedicto XVI no pretendía «añadir» latín y gregoriano a la misa de 1969 como un maquillaje ornamental, sino corregir una forma de celebrar que, a su juicio, se había alejado de la intención profunda de la reforma conciliar.

    El celebrante debía dejar de ocupar el centro de la acción litúrgica; Cristo y el sacrificio eucarístico debían recuperar ese lugar. La liturgia debía recuperar silencio, adoración, orientación hacia Dios, belleza formal, disciplina ritual y continuidad histórica con la tradición romana. Se trataba, en definitiva, de menos improvisación y más Misal; menos protagonismo humano y más centralidad de Cristo; menos ruptura y más continuidad orgánica; menos banalización y más adoración.

    Este programa, moderado en sus términos y plenamente compatible con la letra del Concilio, es precisamente la vara de medir que permite calibrar la magnitud del actual desorden, pero hemos de recordar que lo hizo Benedicto XVI en el momento histórico concreto (años 1970-2007). Porque si ni siquiera esta restauración disciplinar y estética —que no tocaba un ápice de la doctrina moral ni sacramental— ha logrado imponerse en la praxis ordinaria de media Europa, la distancia entre el ideal benedictino y la realidad de 2026 revela algo más grave que un simple desajuste litúrgico: revela que el problema ya no es solo rubricista, sino doctrinal, de Fé.

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  3. Grave crisis eclesial (2)28 de agosto de 2026 a las 4:41

    Italia: la Eucaristía indigna como corrupción de la «reforma de la reforma»

    La distancia entre el programa de Benedicto XVI y la praxis eclesial contemporánea se mide con particular crudeza en Italia. La Conferencia Episcopal Italiana, presidida por el cardenal Zuppi, no solo ha abandonado el ideal de sobriedad y adoración eucarística de Sacramentum caritatis: ha invertido su lógica interna. El mismo documento que en 2007 pedía silencio, disciplina y centralidad de Cristo establece, en su número 83, que la participación en la Eucaristía exige una coherencia total entre la fe profesada y la conducta pública y moral del fiel. Es la llamada «coherencia eucarística», entendida no como un añadido disciplinar sino como condición intrínseca de la recepción digna del sacramento.

    Pues bien: la aplicación italiana de Amoris laetitia permite comulgar a los divorciados vueltos a casar que conviven more uxorio —una unión intrínsecamente mala en su objeto— apelando al llamado misericordismo pastoral. Como advirtió Josef Seifert, esto no es una excepción disciplinar puntual, sino la sustitución de la moral objetiva católica por la moral subjetiva en conciencia, de raíz luterana. El acto se mantiene objetivamente desordenado, pero el juicio subjetivo del penitente y la mediación pastoral del sacerdote bastan para autorizar el acceso a los sacramentos, sin exigir el propósito de enmienda que la tradición moral católica siempre ha requerido para la absolución válida.

    San Pablo es explícito al respecto: quien come el pan o bebe la copa del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor, y come y bebe su propia condenación (1 Cor 11, 27-29). El texto paulino no habla en abstracto: liga la comunión indigna a la debilidad, la enfermedad y la muerte —física y espiritual— de quien comulga sin discernir el cuerpo del Señor.

    Cuando Sacramentum caritatis 83 exige coherencia entre fe y vida como condición de la comunión, no hace sino explicitar pastoralmente esta advertencia paulina. La praxis italiana derivada de Amoris laetitia corta precisamente ese vínculo: separa la recepción sacramental de la exigencia de vida moral coherente, y lo hace no como excepción rara, sino como criterio pastoral ordinario aplicado sistemáticamente a través del procedimiento —no regulado ni registrado en fuero alguno— de «acompañamiento, discernimiento e integración», que además se desarrolla en secreto y no deja ningún rastro administrativo.

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  4. Grave crisis eclesial (3)28 de agosto de 2026 a las 4:44

    Fiducia supplicans: la extensión del misericordismo a la bendición

    Si Amoris laetitia abrió la brecha sacramental, Fiducia supplicans la ha ensanchado hasta el ámbito de la bendición pastoral, con un procedimiento aún más laxo que el anterior. El documento autoriza bendecir parejas en situación irregular —incluidas uniones more uxorio intrínsecamente malas, entre ellas las de carácter homosexual, que la tradición moral califica como peccata clamantia, pecados que claman al cielo— sin ningún protocolo de verificación previa. No se comprueba la edad de los solicitantes, ni su capacidad, ni el grado de parentesco o consanguinidad, ni su religión, ni su estado civil o religioso previo, ni la existencia de error, ignorancia, coacción o falta de libertad e intención en el acto que se bendice. La bendición se administra, en la práctica, como un gesto pastoral desvinculado de cualquier comprobación canónica mínima, cuando la tradición sacramental y bendicional de la Iglesia siempre ha exigido conocer el objeto que se bendice para no bendecir, siquiera indirectamente, el pecado mismo.

    El misericordismo pastoral ha sido, para Seifert, la bomba atómica que destruyó por completo toda la doctrina moral de la Iglesia en 2016 con Amoris laetitia de Francisco, aprobada el día de San José, el carpintero: una obra de destrucción moral familiar y matrimonial en el día de un padre de la Sagrada Familia y constructor.

    El efecto acumulativo de ambos documentos —Amoris laetitia en el ámbito sacramental, Fiducia supplicans en el bendicional— ha sido descrito en Italia como una metástasis canónica: la lógica del misericordismo pastoral, una vez introducida, no permanece confinada a su ámbito original, sino que se extiende progresivamente a otros oficios eclesiales.

    Así, personas que viven públicamente en contradicción con los mandamientos sexto y noveno pueden hoy, en no pocas diócesis italianas, ejercer como padrinos de bautismo o confirmación, ser instituidas lectoras o acólitas, distribuir la Sagrada Comunión e incluso administrar parroquias. Lo que comenzó como una supuesta flexibilización pastoral puntual se ha convertido en un criterio estructural de gobierno eclesial, que redefine de facto quién puede representar públicamente a la Iglesia sin que medie corrección alguna de su situación objetiva.

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  5. Grave crisis eclesial (4)28 de agosto de 2026 a las 4:46

    Alemania: del misericordismo pastoral a la iglesia luterana radicalizada

    Si Italia ha corrompido la aplicación pastoral de la norma sin tocar formalmente la doctrina, el proceso sinodal alemán avanza hacia algo cualitativamente distinto: la sustitución explícita del cuerpo doctrinal católico por uno nuevo, de matriz luterana radicalizada. Los documentos del llamado Synodaler Weg dejan ver con claridad el itinerario previsto: un catecismo germánico propio, un código de derecho canónico propio, un Novissimus Ordo Germanicus y una sección germánica autónoma dentro del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. No se trata de una simple demanda de descentralización administrativa, sino de la construcción, pieza a pieza, de un sistema doctrinal, litúrgico y jurídico paralelo.

    Como observó Seifert, el proceso alemán desintegra simultáneamente la fe, la moral, la liturgia y la eclesiología católicas, al invertir la categoría misma de acto intrínsecamente malo: lo que la moral objetiva católica califica como intrinsece malum pasa a definirse, en la lógica sinodal alemana, como intrinsece bonum, sustituyendo la moral objetiva por la moral subjetiva en conciencia propia del luteranismo radical. El mecanismo que sostiene esta inversión es el asamblearismo: un sinodalismo que no se limita a consultar, sino que somete el contenido de la fe y de los ritos a votación mayoritaria, cambiante y nunca definitivamente satisfecha, en un proceso que por su propia lógica interna tiende a generar sectas dentro del sinodalismo mismo, cada una reclamando mayor radicalidad que la anterior.

    El efecto jurídico-eclesiológico es la usurpación de la potestad de régimen episcopal por asambleas mixtas de obispos y laicos, y el uso de la financiación eclesiástica alemana —la más cuantiosa de Europa por el sistema del Kirchensteuer— como palanca de presión sobre Roma. El resultado, trece años después de iniciado el proceso, es lo que cabe llamar un cisma y una apostasía silenciosos, no declarados formalmente pero materialmente consumados: un colegio episcopal fracturado sin que medie corrección fraterna eficaz, y un colegio cardenalicio dividido de cara a la elección de futuros papas, según estén dispuestos o no a tolerar el cisma alemán ya consumado en los hechos.

    Aquí estamos ante la total locura luterana radicalizada al asamblearismo más atomizado y anarquizante y que afecta a todo el catolicismo: Fé, moral, liturgia y eclesiología.

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  6. Grave crisis eclesial (5)28 de agosto de 2026 a las 4:46

    China

    El caso chino merece un desarrollo propio porque invierte de manera perversa la relación habitual entre fidelidad litúrgica y libertad religiosa. En ningún otro territorio del mundo se cumplen las rúbricas de la misa, de los sacramentos y de los sacramentales con la literalidad que se observa en la China continental, y sin embargo en ningún otro lugar esa literalidad tiene menos que ver con la fe. La razón es sencilla y terrible: cualquier desviación del texto aprobado, por mínima que sea, puede ser leída por el comisario político presente en la celebración como un mensaje cifrado, una señal de disidencia o un canal de comunicación con el extranjero. El resultado es una perfección formal que no nace de la piedad ni de la obediencia canónica, sino del miedo a la Oficina de Asuntos Religiosos y, en último término, a la cárcel.

    El acuerdo secreto entre la Santa Sede y Pekín, renovado sucesivamente desde 2018, no ha detenido este proceso de sinización, sino que lo ha acompañado. La llamada Iglesia católica patriótica —erigida al margen de la comunión con Roma, aunque hoy formalmente reconciliada en la designación de obispos— sigue sometida a un control estatal que en los últimos años se ha endurecido, como han denunciado observadores en Shanghái: templos vigilados, catequesis infantil prohibida de facto, imágenes de Cristo sustituidas o acompañadas por retratos del secretario general del Partido, y una vigilancia constante sobre el contenido de las homilías. La Iglesia clandestina, fiel a Roma pero no reconocida por el Estado, sufre por su parte una represión directa: detenciones de obispos, cierre de seminarios no autorizados, confiscación de bienes eclesiásticos.

    Lo que resulta doctrinalmente relevante para el diagnóstico de conjunto es esto: China es, de los cuatro escenarios descritos, el único en el que León XIV no ha perdido la autoridad doctrinal por permisividad interna, sino por sustracción externa.

    No hay allí una reinterpretación teológica del magisterio, como en Alemania, ni una aplicación laxa de la norma, como en Italia, Portugal o España; hay, simplemente, una potestad de régimen que el Papa no puede ejercer porque el Estado se ha reservado, en la práctica, el control último sobre el nombramiento de obispos, la formación del clero y el contenido admisible de la predicación. Es la paradoja más amarga del mapa eclesial de 2026: donde el rito se guarda con mayor precisión exterior es, precisamente, donde la libertad de la Iglesia para ser Iglesia ha quedado más reducida.

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  7. Grave crisis eclesial (6)28 de agosto de 2026 a las 4:47

    España: Santander, una sola diócesis, dos hechos de distinto calado

    Conviene ver el caso de la diócesis de Santander —sufragánea de la archidiócesis de Oviedo—, ocurridos en agosto de 2026 en dos templos distintos.

    El primero tuvo lugar el 15 de agosto en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Torrelavega —templo para el que el propio Obispado tramita ante Roma el título de Basílica Parroquial—, con ocasión de la Misa Mayor por el 125.º aniversario de su inauguración, en 1901. Presidió el párroco Juan Carlos Rodríguez del Pozo, concelebrado por los religiosos amigonianos Félix Martínez y Juan Manuel González, y el acto fue retransmitido en directo por Cantabria Televisión, lo que ofrece un registro público difícilmente cuestionable de cuanto allí se dijo e hizo.

    En la homilía, el párroco invitó explícitamente a no tomar «al pie de la letra» la Asunción de la Virgen, afirmando que «ningún ser humano va a subir al cielo en cuerpo y alma» y que «el cielo no es ningún lugar físico», y remitió los títulos marianos —Inmaculada, Asunta, Reina— al terreno de «la mitología».

    Entre el Evangelio y la homilía se presentó, ante su presencia sentada y contemplativa, una danza ejecutada por un grupo mixto vestido con miriñaques de colores vivos, en corro alrededor del altar, glosada por el propio celebrante como «círculo de amor y solidaridad» —no como acción dirigida a Dios—.

    En el ofertorio bailó folclore cántabro (jota, pericote, picayos) la Agrupación de Danzas Ntra. Sra. de las Nieves de Tanos, y tras la comunión hubo entrega de obsequios y discursos desde el presbiterio. Algunas crónicas municipales sitúan la procesión exterior tradicional el día 14 y no el 15, y el dato de que la lluvia obligara a trasladar actos al interior no aparece en la crónica eclesial de referencia: ambos extremos deben tratarse como no confirmados.

    El segundo hecho procede de un vídeo difundido el 20 de agosto sobre una liturgia celebrada en la iglesia del Monasterio de la Santísima Trinidad, en Suesa (Ribamontán al Mar), dentro de la misma diócesis. En él, un sacerdote no identificado en la información disponible habría alterado la fórmula de la consagración —feminizándola, sustituyendo «por muchos» por «por toda la humanidad» y modificando el mandato «Haced esto en conmemoración mía»—, mientras la comunidad de religiosas rodeaba el altar con las manos extendidas, gesto propio del concelebrante ordenado. A diferencia de Torrelavega, este hecho no procede de una retransmisión pública, sino de un vídeo al que tuvo acceso InfoVaticana, y se presenta como práctica reiterada de la comunidad, no como episodio aislado; el grado de verificación pública y de identificación de responsables es, en consecuencia, notablemente menor que en el caso anterior.

    Ambos hechos son graves, pero de naturaleza distinta. Torrelavega combina un espectáculo litúrgico no previsto en libro alguno del rito romano —la danza no forma parte de la acción litúrgica católica occidental salvo adaptaciones misioneras expresamente autorizadas— con una posible relativización pública de un dogma definido, la Asunción, proclamado ex cathedra por Pío XII en Munificentissimus Deus (1950); toca, si se confirma en esos términos, la adhesión debida a las verdades de fe (cc. 750-751 CIC) y, según la contumacia que se acredite, los cc. 1364 o 1369. Suesa, en cambio, afecta directamente a la materia y forma del sacramento eucarístico (c. 927), con la consiguiente invalidez de la consagración, y al gesto de las religiosas puede añadírsele la cuestión de una simulación de acto litúrgico reservado al ministro ordenado —de mayor calado teológico, aunque documentado de forma menos pública—.

    Un dato que conviene no omitir por su carga simbólica: en esa misma diócesis de Santander tuvieron lugar las célebres y controvertidas apariciones y revelaciones marianas de San Sebastián de Garabandal.

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    1. San Pío de Pietralcina, sobre Garabandal: «Creerán cuando sea demasiado tarde».

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  8. Grave crisis eclesial (7)28 de agosto de 2026 a las 4:49

    Madrid: el cardenal Cobo en la Misa de la Paloma y su abuso eucarístico

    El tercer episodio litúrgico de este agosto de 2026 no proviene de una parroquia periférica, sino de la sede primada de la archidiócesis de Madrid. El 15 de agosto, festividad de la Asunción y día grande de la Virgen de la Paloma, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, presidió la misa solemne en la parroquia de la Virgen de la Paloma y San Pedro el Real, retransmitida en directo por Telemadrid ante un público notablemente más amplio que el de una celebración ordinaria. Según las imágenes difundidas y recogidas por InfoVaticana, al pronunciar las palabras de la consagración sobre el pan —«Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo»— el cardenal levantó la mirada hacia la asamblea y extendió hacia los fieles la forma que sostenía en sus manos; repitió el mismo gesto con el cáliz al decir «Tomad y bebed todos de él». Las imágenes han circulado ampliamente —más de 430.000 visualizaciones en pocos días, según la propia InfoVaticana—, lo que ha convertido un gesto ritual en objeto de discusión pública inusual para una cuestión de rúbricas.

    El problema que señalan los críticos no es de simple estética gestual, sino de sentido teológico. La Plegaria Eucarística, en su estructura, no es una alocución del sacerdote a los fieles, sino una oración dirigida a Dios Padre: el celebrante, actuando in persona Christi, pronuncia sacramentalmente las palabras del Señor dentro del relato de la institución, sin que ello suponga una escenificación en la que el sacerdote represente a Jesús y la asamblea a los Apóstoles. El Misal reserva un momento distinto y posterior —una vez concluidas las palabras consecratorias— para la ostensión de las especies ya consagradas al pueblo, seguida de la genuflexión de adoración. Mirar a la asamblea y extenderle el pan precisamente mientras se pronuncian las palabras «Tomad y comed» anticipa visualmente ese gesto de ostensión al momento equivocado, y además desplaza el destinatario aparente de la fórmula: da la impresión de que el cardenal invita directamente a los presentes a tomar la hostia en ese instante, cuando lo que se está proclamando sacramentalmente es el relato de la institución dirigido al Padre. Un gravísimo error en un arzobispo de Madrid como Cobo, indicando su degradación sacerdotal y su ignorancia litúrgica.

    Se trata, por tanto, de dos irregularidades distintas y no de una sola: anticipar a un momento indebido un gesto de ostensión reservado a después de la consagración, y alterar mediante ese mismo gesto el sentido dramático de las palabras, convirtiendo en un diálogo escénico con la asamblea lo que la estructura de la Plegaria Eucarística concibe como oración a Dios.

    No es necesario invocar una cuestión de validez sacramental —la forma y la materia no se ven alteradas, a diferencia de lo ocurrido en Suesa— para reconocer que el episodio reviste una gravedad propia: quien preside la sede primada de Madrid, ante una audiencia televisiva masiva, ha ofrecido públicamente una lectura escénica de la consagración que confunde en los fieles la distinción, elemental en toda formación litúrgica seria, entre la palabra sacramental dirigida al Padre y el gesto de comunicación dirigido a la asamblea: ha actuado peor que un seminarista practicando su primera misa que aprende, demostrando que sí, existe un Novus Ordo progresista con sus propias "rúbricas" y teología.

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  9. Grave crisis eclesial (8)28 de agosto de 2026 a las 5:06

    La FSSPX: del estado de necesidad de 1988 a la plenitud doctrinal de 2026

    El caso de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X cierra el cuadro comparativo porque invierte la dirección de las crisis anteriores: no es una relajación de la norma por permisividad pastoral, como en Italia o Alemania, sino una supuesta ruptura formal de la comunión jerárquica en nombre, precisamente, de la recta y ortodoxa fidelidad a la Sagrada Fé Tradicional y Clásica.

    El precedente es conocido: en 1988, monseñor Marcel Lefebvre consagró cuatro obispos sin mandato pontificio, invocando un estado de necesidad ante lo que consideraba una crisis doctrinal conciliar irresoluble por vía ordinaria; Juan Pablo II declaró la excomunión latae sententiae de los consagrantes y consagrados dos días después, el 2 de julio. Esa excomunión no fue definitiva: Benedicto XVI, tras reunirse personalmente con monseñor Bernard Fellay en 2005 y recibir de él en diciembre de 2008 una nueva solicitud, la levantó mediante decreto de la Congregación para los Obispos del 21 de enero de 2009, a los cuatro prelados entonces vivos —Fellay, Tissier de Mallerais, Williamson y Galarreta—, aclarando después, en su carta a los obispos del 10 de marzo de 2009, que la remisión de la pena no equivalía a la plena comunión, pues las cuestiones pendientes eran «de naturaleza esencialmente doctrinal» y se referían sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II.

    Francisco, por su parte, sin resolver esa cuestión doctrinal de fondo, amplió progresivamente el reconocimiento práctico del ministerio de la Fraternidad: en 2015, con ocasión del Jubileo de la Misericordia, declaró válidas y lícitas las confesiones escuchadas por sus sacerdotes, prórroga que hizo indefinida en 2016 mediante Misericordia et misera; y en 2017 habilitó a los obispos diocesanos para delegar en sacerdotes de la Fraternidad la facultad de asistir válidamente a matrimonios.

    Sobre ese terreno, ya parcialmente normalizado en la práctica sacramental aunque no en la jurisdicción ni en la doctrina, se ha producido la ruptura de 2026. El 2 de febrero, el superior general de la Fraternidad, padre Davide Pagliarani, anunció en Flavigny-sur-Ozerain la decisión de proceder a nuevas consagraciones, justificada por la escasez efectiva de obispos disponibles para sostener el ministerio de la Fraternidad en todo el mundo tras casi cuarenta años sin renovación episcopal ordinaria. El 1 de julio, en Écône, los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay consagraron a cuatro nuevos obispos —Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier— pese a las advertencias explícitas de León XIV. Pagliarani lo justificó como «medios excepcionales proporcionales a las necesidades de la Iglesia hoy», reiterando la tesis lefebvriana del estado de urgentísima necesidad doctrinal, que la Fraternidad presenta ahora como agravada respecto de 1988 hasta alcanzar una ruptura ya no solo disciplinar, sino de fe, moral, liturgia y eclesiología en su conjunto.

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  10. Grave crisis eclesial (9)28 de agosto de 2026 a las 5:12

    Al día siguiente, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, mediante decreto del cardenal Víctor Manuel Fernández, declaró la excomunión latae sententiae de los seis implicados (cc. 1364 §1 y 1387), calificando el acto de naturaleza cismática y extendiendo la invalidez a confesiones y matrimonios administrados por sus sacerdotes —revocando de facto, según ha señalado la prensa especializada, las concesiones sacramentales de Francisco—.

    La Fraternidad respondió que la sanción era «objetivamente injusta e inválida» y presentó, el 11 de julio, un recurso administrativo ante el propio Dicasterio, invocando el efecto suspensivo del canon 1353 y exigiendo, en sustancia, que antes de dar la pena por consumada se examine judicialmente si concurrían causas eximentes de las previstas en los cánones 1323-1324 —entre ellas, el estado de necesidad—, como ya en 1988 planteó, sin resolverse del todo, el debate canónico sobre la validez subjetiva de la pena impuesta a Lefebvre.

    El agravio comparativo con el disimulo y tolerancia vaticana ante los graves abusos de todo orden fideístico, moral, litúrgico y eclesiológico de todos los obispos alemanes sinodalistas (estos sí nombrados con mandato papal) es palpable: no reciben ninguna sanción, a pesar de que se hayan fuera de la plena comunión católica.

    Sobre este trasfondo canónico se alza la Profesión de Fe de Menzingen de la FSSPX, aprobada en el día de San Juan Bautista del 24 de junio de 2026, apenas una semana antes de las consagraciones: 154 puntos que rechazan de forma sistemática y articulada, como incompatibles con la fe católica, documentos como Amoris laetitia y Fiducia supplicans, además de determinadas orientaciones conciliares, todo para el bien común de la Iglesia, la preservación de la continuidad apostólica de los nuevos obispos, la promoción litúrgica del Vetus Ordo, la conservación de la auténtica Fé y Moral, y la defensa de la eclesiología frente al sinodalismo y conciliarismo contrario a la Tradición.

    Se trata del documento doctrinal más extenso jamás producido por la Fraternidad, y su función es clara: no defender una preferencia litúrgica por el rito de 1962, sino fijar por escrito, en vísperas de la ruptura jurisdiccional, el catálogo completo de lo que consideran la apostasía doctrinal que, a su juicio, hace necesaria su separación de gobierno para preservar la única verdadera recta Fé Católica tradicional, clásica y ortodoxa que Roma ya no tutela. Es, por tanto, una crisis superior y más grave que la de 1988, ya que afecta a la totalidad de la Fé, moral, liturgia y eclesiología.

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  11. Grave crisis eclesial (10)28 de agosto de 2026 a las 5:20

    Síntesis: Ruptura escatológica y responsabilidad de León XIV

    Puestos en conjunto, los escenarios de Alemania, Italia, China, España y la FSSPX, sobre el trasfondo del programa incumplido de Benedicto XVI, revelan un único proceso con una lógica reconocible: la sustitución progresiva de la obediencia al rito y a la norma objetiva por el criterio subjetivo de quien preside, sea párroco, obispo, cardenal primado, asamblea sinodal, aparato estatal o, en sentido inverso, una fraternidad que rompe la comunión jerárquica en nombre de la fidelidad a la norma.

    Lo que Benedicto XVI intentó corregir con la «reforma de la reforma» en 2007 era un síntoma; lo que ha venido después de 2016 —Amoris laetitia y Fiducia supplicans en Italia, el Synodaler Weg alemán, la danza y la negación dogmática de Torrelavega, la consagración feminista de Suesa, la consagración teatralizada de Cobo en Madrid, la sinización china y la excomunión de la FSSPX— es la enfermedad ya declarada, en la que el celebrante, la asamblea o la fraternidad disidente ocupan el lugar de Cristo y del rito recibido.

    En Madrid, no un cura sino el arzobispo de la capital, ante audiencia televisiva masiva, desplazó el sentido de la Plegaria Eucarística hacia una escenificación dirigida a la asamblea; la irregularidad, al ascender hasta la sede primada, deja de ser exceso local para volverse síntoma de la propia jerarquía.

    El caso de la FSSPX muestra que ni la ruptura disciplinar en nombre de la tradición ha hallado estabilidad: excomulgada en 1988, perdonada por Benedicto XVI en 2009, beneficiada por Francisco con la validez de sus confesiones y matrimonios, ha vuelto a incurrir en excomunión (pero impugnada) en 2026 tras consagrar 4 obispos más, alegando un estado de urgente necesidad de Fé, moral, liturgia y eclesiología completas, plasmado en los 154 puntos de la Profesión de Fe de Menzingen.

    El resultado conjunto es la ruptura de algo que ninguna crisis anterior había quebrado del todo: la unidad escatológica de un mismo acto moral, y con ella la unidad del gesto sacramental. El adulterio admitido a la Eucaristía en Italia, la bendición de uniones homosexuales sin comprobación alguna, la consagración feminizada de Suesa, la ostensión teatralizada de Cobo, la Asunción presentada como mito en Torrelavega, la doctrina sometida a votación en Alemania, la fe vigilada por la policía en China y la doble excomunión lefebvriana comparten un mismo efecto de fondo: ya no hay, sin más, una Iglesia una, santa, católica, apostólica y romana; hay otra cosa, todavía sin nombre preciso, que ya no es en absoluto la Iglesia de antes.

    Un mismo acto puede hoy significar cosas distintas, o contrarias, según el código postal donde vive el fiel, la permisividad de su obispo o lo que tolere el comisario político de turno.

    León XIV ha heredado esta estructura fracturada, con los nombramientos y la normativa de su predecesor todavía en vigor, sin haber mostrado la fortaleza, la parresía ni el espíritu de martirio que exigiría revertir Amoris laetitia, Fiducia supplicans y Traditionis custodes; reconducir el proceso alemán; instruir canónicamente los hechos de Torrelavega, Suesa y Madrid; resolver con justicia el recurso de la FSSPX; y negociar con Pekín una libertad religiosa real.

    Ningún documento que dé por buenas a la vez la moral de Trento y la subjetiva luterana puede sustituir la corrección doctrinal que la hora reclama.

    Todo discurso que parta de esa incoherencia sin resolverla de raíz no hace sino prolongar administrativamente una crisis que ya no es de gobierno, sino de fe.

    Y mientras esa raíz no se toque, seguirá siendo cierto lo que estos escenarios demuestran, del párroco de Torrelavega al cardenal primado de Madrid y a los obispos consagrados en Écône: la salvación de las almas, fin supremo de toda la disciplina eclesial (c. 1752), depende hoy de una geografía y de una formación del celebrante que nos hacen retroceder a las horas más oscuras anarquizantes del ocaso del Imperio Romano y los albores de la Edad Media.

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  12. Obispos comunistas, obispos indepes y, ahora, obispos " gay friendly"... ..interesante como la masonería ha ido encumbrando a sus alfiles

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  13. Revolución francesa, revoluciónn rusa y revolución francisco-leonina, todas mecidas por el mismo "espíritu"

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  14. El gran problema es la moda en la vestimenta de las mujeres jóvenes y que van a comulgar exhibiendo los dos palmos de muslo en cada pierna y algo más, y si son mujeres adultas o viejas esto no escandaliza, el sexo solo funciona con las hembras jóvenes, hay que cuidar este plantel. En el Full los obispos no dicen ni pío porque no salen en las noticias y este tema del sexo levanta mucha polémica, los obispos tienen miedo de hablar de los muslos y sus 2 palmitos en las comuniones. Estamos convirtiendo las iglesias en una casa de barrets con las vestimentas de verano. Las modas femeninas no tienden a la elegancia sino más bien a la provocación, y los obispos cobrando sus mensualidades y callando. Por cierto que el emérito obispo Novell en un grupo de mujeres a la confirmación echó fuera de la ceremonia a las chicas que vestían falda corta y luego fue muy criticado, este obispo jóven sabía lo que hacia en este detalle. También va aderezada mi opinión hacia el monarca sentado en el trono de Pedro, que calladito esta y solo tiene la obsesión de bañarse en masas para estar bien reluciente.

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    1. Completamente de acuerdo con el señor Silveri Garrell.

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    2. Totalmente de acuerdo con el Sr. Silverio Garrell.

      Ay los muslos, si solo fueran muslos.

      Al final veremos moluscos bivalvos y algún cefalópodo 🐙 y todo.

      Al tiempo.

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    3. El miedo de los presbíteros y unos feligreses adocenados son los que permiten todas esas raciones de pechuga y muslos. También hay mucho pantalpn playero y veremos la nueva iglesia transformada en salón de eventos protestantes

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  15. Parece que el Papa no se ha enterado todavía de quién es el defensor de la doctrina. Tucho debería hacerle llegar su opus magnum sobre la sexualidad osculatoria, que, en sus palabras, es sanadora. Diríase que Prevost leyó mal a Bergoglio, quien se declaró cansado de que la Iglesia hablara tanto del aborto y ahora extiende su recelo a todo lo que rodea la procreación. No sé si hemos pasado de Guatemala a Guatepeor, pero lo que sí es manifiesto que no hemos avanzado hacia Guatemejor.

    Cualquiera que se asome a la ética, en particular si es la que enseñaba Aristóteles a Nicómaco, sabe que la moral es un todo íntegro. No puede fraccionarse. No se es moral quien guarda fidelidad a su esposa, pero explota a sus empleados. Ni quien mata al nonato, aunque presida Cáritas.

    Hablaba hoy san Pablo en la liturgia de que no fue llamado a bautizar, sino a predicar. La predicación es la publicación de la recta doctrina. Es una labor principalísima del Pontífice. No son buenos tiempos para la Iglesia cuando desde la cátedra de Pedro salen simplezas cuando no dislates.

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  16. Totalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.

    Y a usted que le parece el cambio de los sociatas Catalanes.
    De ser unos matacuras y quemaiglesias, a hacer conciliábulos en el monasterio de Les Avellanes.

    A eso, como llamarlo???

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    1. 17.17 No se engañe..el alma socialista es la misma...ahora más taimados, menos Lenin, menos Trosky y más estilo Gramsci..infiltración, ocupación de espacios del "enemigo".._y objetivo el mismo, pillar lo que jamás de los jamases podían construir

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  17. ¿Y no tendrá algo que ver en este asunto el hecho de que uno de los nuevos mecenas norteamericanos de Prevost sea un destacado invertido?

    https://novusordowatch.org/2025/11/leo14-warmly-receives-homosexual-married-couple/
    https://www.medias-presse.info/vatican-financement-americain-leon-xiv-et-les-nouveaux-mecenes/248595/

    «Poderoso caballero es Don Dinero».

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    1. Ya Francisco se rodeaba de los Rotschilds y daba pábulo a los Rupnicks y todo tipo de obispo pro-sodomita. León sigue una estela marcada por un profunda inversión de los Católicos. Camino ancho pero camino que no lleva

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  18. Ay Valderas, si San Pío IX volviera, jeje, a algunos les cogería un patatús de órdago.

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  19. La fe del Vaticano,ya no es la fe católica,ni el Papa la piedra donde se edifica la iglesia.

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    1. 20.17 Somos católicos y el.Papa es el sucesor de Pedro. Lo que ocurre es que Benedicto XVI, el pontífice prudente, bifurcación el pasado. Francisco y León ejercen de "Papas" pero lo son o la sede de Pedro está ursurpada?

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  20. De momento triunfa la anti iglesia.

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