OBJETIVAMENTE CISMÁTICOS. ¿QUIÉNES?

26

Lo que ha provocado la ordenación de los cuatro obispos el pasado día 1 de julio por la Fraternidad Sacerdotal san Pío X, ha sido la explosión sumamente ruidosa del gravísimo problema que viene sufriendo la Iglesia desde el Concilio Vaticano II (sí, sí, desde tan atrás), ampliado hasta la aberración por el postconcilio, y sobre todo por el misterioso, inextinguible e increíble “Espíritu del Concilio”, tan bien acogido, consentido y hasta alentado por la Santa Sede, en el que cupo absolutamente de todo. No nos engañemos, que es ahí donde empieza a cocerse el cisma: y no precisamente a fuego lento. De esos polvos, de esa tremenda polvareda, estos lodos: tremendo cenagal. 

Y como el medio siglo transcurrido en esta agudísima crisis, nos provee de perspectiva suficiente, difícilmente cabe acusar a la Fraternidad de precipitación. Una Fraternidad que, para agudizar aún más el problema, alegó “estado de necesidad” (por la inevitable extinción biológica de los defensores de la Fe genuina, la del Credo). Fue, en efecto, la clara percepción de ese “estado de necesidad”, la que precipitó este desafío. Porque si no hay obispos que ordenen a los sacerdotes necesarios para continuar esta defensa y servicio de la fe auténtica, esta fe es condenada a la extinción: desplazada por la nueva fe de la nueva iglesia, promovida desde las más altas cúpulas de la Santa Sede.

Los términos del debate son totalmente transparentes: por la parte de la Fraternidad y en su favor, está la fidelidad al Depósitum Fidei. La seguridad sobre cuál es el depósito de la fe, no es materia de teólogos, sino que está al alcance de cualquier católico a partir del Credo que reza al menos cada domingo y del catecismo más básico, el que estudió para la primera comunión. Y por parte de la alta jerarquía de la Iglesia, está la fidelidad al sucesor de Pedro, es decir al papa. Y parece que eso es todo, que ése es el gran dogma sobre el que se asienta y se sostiene la Iglesia. Esos son los términos visibles del debate-enfrentamiento que ha hecho estallar esa ordenación de obispos sin el mandato del papa.
 

El dilema evidente se plantea cuando el fiel de a pie percibe que la alta jerarquía de la Iglesia, con el papa a la cabeza, no está siendo fiel al depósito de la fe. No sólo eso, sino que se está empleando a fondo en el adoctrinamiento concienzudo de todos los fieles, en las novedades morales y dogmáticas que se apartan gravemente del depósito de la fe. Lo más extremo, la Fiducia súpplicans, precedida por la Amoris laeticia y redondeada en las infumables Magnífica humánitas y la Dígnitas infinita que, en vez de poner su foco en Dios, lo ponen en el hombre. La táctica de estas novísimas doctrinas es engordar al hombre para ocultar a Dios detrás de sus obesas (y obsesas) carnes. Los maquillajes (discretos algunos, y grotescos otros) no acaban de tapar la grave fealdad del disparate. Y de fondo, Traditionis custodes (“custodios de la traición” –sin la “d”-), reinventando la misa. Es que no hay más que ver lo que le ha pasado a la misa desde el Concilio Vaticano II para ver y entender qué le ha pasado a la Iglesia. Así de simple.

Lo que exige el papa, en aras de la unidad de la Iglesia, es que ningún católico se atreva a cuestionar la ortodoxia de un cúmulo creciente de heterodoxias, con el Tucho al frente. Exige que ningún sacerdote ose cuestionar siquiera la Fiducia súpplicans. Por eso, no queda más remedio que entender que el sacerdote que se niegue a bendecir a las parejas homosexuales que se lo soliciten, incurre en desobediencia a la Santa Sede.

Si para mantenerse en comunión con el papa, se le exige a un católico que reniegue de la fe que aprendió en el catecismo de la primera comunión, se le hace entender que el papa es el monarca absoluto de la Iglesia y está por encima de ella. Con lo que viene a ser el remedio peor que la enfermedad. Porque para no romper la unidad de la Iglesia es imprescindible que los fieles se mantengan unidos al papa. Pero igual de imprescindible es que el papa se mantenga unido a la fe inmutable de la Iglesia: que el papa no cambie la Iglesia a su antojo, o arrastrado por los antojos del Tucho.   

Lo objetivo es que se está produciendo una evidente discordancia entre lo que manda la Iglesia a través del Credo, las Sagradas Escrituras y el catecismo, por una parte, y lo que manda el papa concreto de este momento, contradiciendo lo que se le ha exigido creer y obedecer a todo católico desde hace más de mil años. Y aquí es cuando aparece la pregunta obvia: ¿es lo mismo la Iglesia que el papa? Y la respuesta fluye fácilmente.
 
Y a partir de aquí, surge la gran pregunta: ¿quién es el cismático? ¿El fiel y el sacerdote a los que les cuesta obedecer en eso? ¿O quizá más bien la “Santa Sede” que se desvía de la doctrina milenaria de la Iglesia y pide obediencia en ese desvío?

¿Y qué tal si nos remitimos al verdadero origen de ese cisma que ahora le ha explotado a la Iglesia con tremendo escándalo? El origen inmediato es el empeño de la Santa Sede por imponer a toda la Iglesia, al servicio de las modernidades litúrgicas postconciliares, una uniformidad litúrgica que nunca ha existido. Lo más razonable hubiera sido abrirle al Vetus Ordo un espacio igual al de la variedad de ritos que ha habido siempre en la Iglesia, incluso después de la unificación tridentina de San Pío X. Cierto que el origen remoto del cisma, convertido en pretexto, está en el rechazo frontal sostenido por la Fraternidad, respecto a algunos de los documentos del Concilio Vaticano II que se han apartado ostentosamente de la Tradición. Y detrás, de rondón, el Novus Ordo Moral.

Pero, veamos: con la tremenda facilidad que viene teniendo la Santa Sede (llamémosla así por no personalizar) para darles la vuelta a algunas doctrinas como a un calcetín (en especial las referentes al 6º mandamiento y al matrimonio que, por cierto, no vienen del Concilio), ¿de verdad quieren hacernos creer que la cosa va de la “profesión de fe” de los lefevrianos sobre la totalidad de los documentos del Vaticano II?
 

¿De verdad quieren convencernos los autores de la Fiducia súpplicans y documentos doctrinales complementarios, que les preocupa la inmutabilidad de la doctrina porque en ella basan la unidad de la Iglesia? ¿Pretenden que nos creamos eso, cuando la apariencia es que el objetivo de estos últimos documentos es inducir un giro copernicano en la doctrina de la Nueva iglesia, para la que están trabajando intensamente?

Hay quien piensa que ha sido mucho mayor la ligereza con que ha actuado la Santa Sede en este cisma (sintomática la recalcitrante negativa del papa a recibir al máximo representante de la fraternidad, cuando no para de recibir a toda clase de cismáticos); hay quien, a la vista de estas y otras actuaciones análogas de la Santa Sede, considera que no es nada evidente que haya sido la Fraternidad la que ha echado más leña al fuego para hacer crecer este incendio. Sin ir más lejos, el apalancamiento de la Nueva Misa (el Novus ordo) con la Traditionis custodes, con toda la política restrictiva a más no poder que la ha acompañado, es percibida por muchos (y no sólo por la Fraternidad) como una acción totalmente incendiaria. Novus ordo litúrgico, que la Fiducia súpplicans traduce en Novus ordo moral.

Y siendo éste el panorama, son muchísimos los católicos que, sin restarle ni un ápice de gravedad a la ordenación de obispos sin mandato papal, ven a la Fraternidad como los buenos de la película. Los ven como héroes que asumen altísimos niveles de riesgo, por defender unos valores de la Iglesia católica que redundan en beneficio de toda ella. Son muchísimos los católicos que ven con toda claridad que es una bendición para la Iglesia la existencia de la Fraternidad y su lucha heroica en defensa de la tradición. Ven, asimismo, horrorizados, que la Iglesia que está diseñando la Santa Sede con sus últimos documentos (más sus últimas políticas supuestamente “pastorales”), no se parece a la Iglesia de Cristo que ellos conocen y aman. Por eso cuesta tanto ver a los miembros de la Fraternidad como únicos y máximos causantes del cisma, cuando es de la otra parte, y desde hace tiempo, de donde vienen las tremendas provocaciones que han desembocado finalmente en el cisma.

Y ya, para que quien quiera entender entienda, va la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y “escenifica” el supremo “acto cismático” con una liturgia imponente, sobrecogedora, que te traslada a los momentos más sublimes de la Iglesia. Y esos son los “cismáticos”. ¡Ya!

Virtelius Temerarius

Entradas que pueden interesarte

26 comentarios

  1. ¿Antojos del papa, o antojos del Tucho? ¡Mira que llega a estar loco, Trump! Pero parece que hizo diana cuando al pedirle opinión sobre León XIV, dijo sin más que es un flojo; que prefiere al otro Prevost.

    Cosas calamitosas estamos viendo en la Iglesia: pero sólo nos faltaría constatar que los últimos documentos pontificios y las recientes excomuniones de la Fraternidad, no son imputables a León XIV, por no andar ni sus ideas ni sus intenciones en esa dirección; sino imputables única y exclusivamente a su altísima Eminencia el cardenal Tucho.

    Si esto es cierto, ¡que Dios nos coja confesados!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ojo con el Trump que va a calzón quitado...dice que Irán quiere matarlo, pues "vengan cuando quisieren" que hubiera dicho el Gran Capitán.Tambien que los "españoles somos mala gente y que ya nos quitaron Cuba y Filipinas y ahora...Canarias cuando le rote. Trump no es de fiar pero tiene calado a León XIV..a todo el montaje destructor de Francisco y..me atrevería a decir que aún nos sorprenderá haciendo publica toda la trama conspirativaobama/clinton que "abdicó" a Benedicto XVI

      Eliminar
  2. A mi modo de ver, artículo sublime. Sólo he visto un lapsus mentis o, error de transcripción " la unificación tridentina" es de S. Pío V.

    ResponderEliminar
  3. La fraternidad son los nuevos cátaros, que se creían los buenos y perfectos (y no lo eran). Plenamente cismáticos, de que vale una liturgia imponente sin comunión ni obediencia, está simplemente vacía.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Oiga que a los cátaros los combatió un grandioso Santo Domingo cuya única arma era la Biblia. No pretenda compara un Tucho con nuestro Domingo, nada que ver. Tucho emite un magisterio errático y León calla.

      Eliminar
  4. Esa gente no son para nada cismáticos.

    Celebrar y predicar la Misa de siempre y llamar a la conversión a los pérfidos judíos, en ningún caso pueden excomulgarlos.

    Eso está mal.

    Y hablando se entiende la gente.

    ResponderEliminar
  5. El Papa León será muchas cosas, y muchas buenas, aparte de ser el Papa, pero lo que no trago es considerarle sencillo, todo lo contrario: el no recibir a Pagliarini, el enviarles la carta "paternal" 24 horas antes, que en el fondo no era sino para que el Tucho pudiera decir al día siguiente: "estáis contra la voluntad del Papa", pues la carta era sólo para eso, no para buscar la paz realmente, porque para eso se la podría haber enviado 2 semanas o incluso 2 meses antes. O cuando se la tiró a Trump: "no le tengo miedo", es evidente que el sagaz León buscaba ahí que Trump se le encorajinase... por favor, Santo Padre, trate a sus hijos como adultos, no como a alumnos de sus mediocres colegios de agustinos. Y agradezca que Trump no sea tan taimado como Ud, otro presidente más listo hubiera nombrado a Vigano representante presidencial ante el Papa, y a los de la FSSPX ponerles bajo protección del Departamento de Estado como colectivo bajo riesgo de discriminación religiosa y aplicar sanciones al Tucho. El daño que podría hacer a la Iglesia la administración americana si fuese tan cruel como es la Curia Romana... la apuesta de la Santa Sede está en que a Trump le suceda el belicista Marco Rubio, y no el aislacionista-pacifista Vance... ¿y eso es compromiso por la paz? Venga ya...

    ResponderEliminar
  6. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (a)13 de julio de 2026 a las 3:40

    La dignidad del hombre, de las tres misiones de la Iglesia y de los Novísimos, con aplicación crítica a Dignitas Infinita (2024) y Magnifica Humanitas (2026)

    Antes de entrar en la disputa, el artículo de hoy es un estado de alarma máxima: desde el caso del 1 de julio con el lefebrismo, Tucho se ha convertido en el instrumento mediocre de unión entre un Francisco I y otro Francisco II (León XIV) que parecen construir un nuevo catolicismo mundano, no católico, adaptado al mundo de hoy (en el presente existente, no en el del 1965 del Concilio Vaticano II o en el del 2030), pero que carece de una verdadera profundidad teológica, es más, no la tiene. Eso es alarmantemente dramático, pues demuestra una decadencia severa en la cognición de lo más alto de la Iglesia: Tucho y León XIV.

    Conviene fijar el criterio que gobierna todo el escrito: no se trata de negar la bondad de la dignidad humana, de la justicia social o de la reflexión sobre la técnica, sino de examinar, con el método propio de la teología clásica, si dos documentos recientes los sitúan en su justa jerarquía respecto del fin último del hombre. La tradición no opone naturaleza y gracia como enemigas, sino que las ordena: gratia non tollit naturam, sed perficit, la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona (Santo Tomás, S. Th. I, q. 1, a. 8, ad 2).

    Precisamente por eso, cuando un documento eleva el orden natural sin remitirlo con suficiente claridad al orden de la gracia, no es una herejía formal, sino de un desequilibrio de énfasis que la tradición tiene instrumentos propios para corregir.

    Este es el espíritu con que se procede en los artículos siguientes, que han salido de otros diferentes documentos, para ver qué parece lo que sucede en Roma, de lo mal que tan visiblemente lo están haciendo, con una mediocridad tan evidente, y también para hacer críticas a lo que sigue. Tiene un nivel alto, por lo que si no se entiende, es lógico.

    ---

    ARTÍCULO I. De ultimo fine hominis et de ordine bonorum

    A. Cuestión. Se pregunta si los bienes temporales —la justicia social, la técnica, la paz, la dignidad cívica— pueden proponerse como fin cuasi-absoluto del hombre, o si son necesariamente fines relativos (fines secundum quid), subordinados al fin último absoluto (finis simpliciter).

    ---

    B. Parece que sí pueden proponerse como fines suficientes:

    1. porque la dignidad de la persona se describe en Dignitas Infinita como intrínsecamente valiosa, sin necesidad de referencia ulterior;

    2. porque Magnifica Humanitas presenta la construcción de "la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos" como tarea histórica capaz, por sí misma, de custodiar lo humano frente a la técnica;

    3. porque el silencio sobre la subordinación no equivale, en rigor lógico, a su negación expresa.

    ---

    C. Por contra, Cristo enseña: "¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?" (Mt 16,26). Santo Tomás precisa que el ultimus finis hominis es la visión de la esencia divina (S. Th. I-II, q. 3, a. 8), estableciendo el axioma: bonum gratiae unius maius est quam bonum naturae totius universi — el bien de la gracia de un solo hombre es mayor que el bien natural de todo el universo (S. Th. I-II, q. 113, a. 9, ad 2).

    San Agustín añade que dos amores edifican dos ciudades: el amor de Dios hasta el desprecio de sí, y el amor de sí hasta el desprecio de Dios —amor sui usque ad contemptum Dei— (De Civ. Dei XIV,28), y que solo el primero alcanza su fin verdadero.

    ---

    D. Respuesta. Ha de decirse que todo bien creado pertenece al orden de la naturaleza y puede constituir un fin relativo honesto, pero jamás el fin último absoluto, que es Dios poseído por la gracia y, definitivamente, por la gloria. Cuando un bien relativo se propone como si fuera autosuficiente, cae bajo la condena agustiniana del amor propio que edifica la Ciudad Terrena.

    ResponderEliminar
  7. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (b)13 de julio de 2026 a las 3:43

    E. Solución a la objeción.

    1. A la primera: la dignidad de la persona, aunque real y valiosa en sí misma, no agota su sentido en el orden temporal; describirla como valor suficiente sin remitirla al fin último es precisamente el equívoco señalado.

    2. A la segunda: la "ciudad" que el hombre puede edificar históricamente es, en el mejor de los casos, imagen imperfecta y peregrina de la Jerusalén Celestial, jamás su realización.

    3. A la tercera: el silencio prolongado en dos documentos consecutivos y extensos constituye, en la práctica pastoral, una omisión doctrinalmente significativa que debilita la recta jerarquía de los bienes.

    ---

    F. Ampliación doctrinal. Conviene precisar, con mayor rigor tomista, que el fin último se distingue en dos sentidos:

    1. el finis ultimus obiectivus, que es Dios mismo en su esencia,

    2. y el finis ultimus subiectivus, que es la fruitio Dei, el acto de fruición beatífica por el cual el alma alcanza ese objeto (S. Th. I-II, q. 1-3).

    Esta distinción es capital: no basta que Dios sea el objeto propuesto; el acto mismo de poseerlo —la fruición— es ya sobrenatural, de suerte que ningún acto puramente natural, por elevado que sea, puede sustituirlo. San Agustín ofrece la categoría que mejor traduce esta jerarquía: la distinción entre

    1. uti y
    2. frui (De doctrina christiana I, 3-5).

    Las cosas se "usan" porque quedan ordenadas a otra cosa; solo Dios se "goza" (fruitur) por sí mismo, como fin último.

    Los bienes temporales —justicia, técnica, paz— son objeto de uti, nunca de frui; convertirlos en objeto de fruición es la raíz de todo desorden moral, según la definición agustiniana del pecado como uti fruendis, frui utendis (usar lo que ha de gozarse, gozar lo que ha de usarse).

    Santo Tomás, en el De Regno (I, 14), aplica esta jerarquía al bien común: el bien común temporal (bonum commune temporale), propio de la ciudad terrena, queda subordinado al bien común último (bonum commune ultimum), que es Dios, fin de toda comunidad política bien ordenada.

    Conviene, además, situar esta doctrina en continuidad, no en ruptura, con el magisterio conciliar: Gaudium et Spes 22 enseña que "Cristo... manifiesta plenamente el hombre al propio hombre", fórmula que, bien entendida, no invierte la jerarquía clásica, sino que la confirma: el hombre solo se comprende cabalmente a la luz de Cristo, es decir, de su fin sobrenatural, y no a la luz de sus logros históricos autónomos.

    San Buenaventura, en el Itinerarium mentis in Deum, enseña en el mismo sentido que toda criatura es vestigio o imagen que remite al Creador, pero nunca término último del alma.

    León XIII, en Sapientiae Christianae (1890), subordina expresamente el orden político a la virtud y, en definitiva, al fin sobrenatural del hombre.

    Pío XII, en Humani Generis (1950), enumera el inmanentismo entre los errores filosóficos que socavan los fundamentos de la doctrina católica al pretender encerrar el destino humano dentro de la sola historia.

    El Concilio de Trento, en el Decreto sobre la Justificación, sitúa el fin del hombre justificado en la vida eterna, no en la prosperidad temporal.

    ---

    G. Ampliación crítica. La crítica ha de precisarse para no sugerir un rechazo del orden temporal en cuanto tal, error ajeno a la tradición tomista, que reconoce la consistencia propia (aunque relativa) del orden natural y del orden político.

    El error que aquí se señala no es afirmar la bondad de la ciudad terrena —afirmación correcta y necesaria—, sino su absolutización implícita: la civitas terrena ut finis ultimus.

    Conviene, por ello, hablar con mayor precisión de inmanentismo mitigado, categoría más exacta que una acusación genérica de inmanentismo: no se niega formalmente el fin sobrenatural, pero se lo deja en penumbra (con subterfugios subrepticios) hasta el punto de que el discurso puede leerse, práctica y pastoralmente, como autosuficiente. Cuenta más de la intención del autor la omisión que la emisión.

    ResponderEliminar
  8. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (c)13 de julio de 2026 a las 3:45

    Es útil distinguir entre la legítima autonomía relativa del orden temporal (autonomia relativa ordinis temporalis, reconocida por la propia Gaudium et Spes 36) y una autonomía absoluta que ningún documento católico puede sostener sin contradecir su propio fundamento cristológico.

    Aplicado a Magnifica Humanitas:

    la encíclica invita a "edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos" mediante el recto uso de la inteligencia artificial y la doctrina social; el problema no es esta invitación en sí, sino la falta de una subordinación explícita y reiterada de esa tarea al fin sobrenatural, que la deja expuesta a una lectura inmanentista aun sin pretenderlo el autor.

    ---

    ARTÍCULO II. De dignitate hominis: naturalis, gratiae et gloriae

    A. Cuestión. Se pregunta si es teológicamente preciso calificar la dignidad humana de "infinita", o si la tradición exige distinguir grados de dignidad, de los cuales solo uno es inamisible.

    ---

    B. Parece que no se requiera tal distinción:

    1. porque el hombre es imago Dei (Gn 1,26-27), y la imagen de lo infinito podría considerarse ella misma de valor sin límite;

    2. porque Dignitas Infinita afirma expresamente que esta dignidad "no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada", lo cual parece situarla por encima de toda distinción entre estados;

    3. porque negar el calificativo "infinita" podría parecer una minoración de la grandeza del hombre redimido por Cristo.

    ---

    C. Por el contrario, Santo Tomás enseña que la imagen de Dios en el hombre es una semejanza participada y finita, no infinita ni esencial (S. Th. I, q. 93, a. 1), y distingue en el mismo lugar (q. 93, a. 4) tres grados de esa imagen:

    a) la imagen de la creación (imago creationis),

    b) la imagen de la recreación por la gracia (imago recreationis) y

    c) la imagen de la semejanza en la gloria (imago similitudinis).

    San Ireneo enseña que el hombre viviente es gloria de Dios, pero precisa que la vida del hombre consiste en la visión de Dios (Adversus Haereses IV,20,7), es decir, en algo que se posee por don y no por naturaleza propia infinita.

    San Atanasio sostiene que el Verbo se hizo hombre para que el hombre fuese divinizado (De Incarnatione, 54), pero siempre por participación de la gracia, nunca por identidad de naturaleza.

    ---

    D. Respuesta. Ha de distinguirse una triple dignidad:

    1. Dignidad natural (imago creationis): la aptitud radical, incomunicable e indestructible para conocer y amar a Dios; es lo que el Magisterio contemporáneo suele llamar dignidad "inviolable", y en esto tiene razón, siempre que no la confunda con infinitud.

    2. Dignidad de la gracia (imago recreationis): el hombre conoce y ama a Dios formal, aunque imperfectamente, mediante el hábito de la gracia santificante y las virtudes infundidas (S. Th. I-II, q. 109 y 113); esta dignidad puede perderse por el pecado mortal, no porque el hombre la "gane" por fuerzas puramente propias —lo cual rozaría el semipelagianismo—, sino porque coopera libremente con una gracia que siempre le precede y le mueve.

    3. Dignidad de la gloria (imago similitudinis): consumación definitiva e inamisible de las dos anteriores en la visión beatífica. Ninguno de estos tres grados es infinito en sí mismo; el hombre posee, más propiamente, una capacidad pasiva de lo infinito por la gracia (potentia obedientialis), no una infinitud actual y propia.

    ---

    E. Solución a las objeciones.

    1. A la primera: ser imagen de lo infinito no confiere infinitud a la imagen misma, así como el retrato de un rey no reina; la analogía exige precisamente la distancia que separa al Creador de la criatura.

    2. A la segunda: afirmar que la dignidad natural "no se adquiere ni se merece" es correcto respecto de la dignidad natural, pero el documento extiende esta afirmación sin distinguirla de la dignidad de la gracia, que sí se pierde y se recupera; la fórmula, tomada en bloque y calificada además de "infinita", confunde los tres grados en uno solo.

    ResponderEliminar
  9. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (d)13 de julio de 2026 a las 3:48

    3. A la tercera: la distinción no minora, sino que magnifica la grandeza del hombre, pues muestra que su dignidad más alta —la de la gloria— no es un dato ya poseído, sino una promesa que exige fidelidad; llamar "infinita" a una dignidad que de hecho puede perderse por el pecado es, paradójicamente, lo que empequeñece el drama real de la libertad humana.

    ---

    F. Ampliación doctrinal. La dignidad natural encuentra su fundamento último en lo que San Agustín llama la capacidad del alma para Dios, el capax Dei: "nos hiciste, Señor, para Ti" (Confessiones I,1);

    Santo Tomás recoge implícitamente esta misma intuición al fundar la imagen de Dios en la naturaleza racional del hombre, capaz de conocer y amar a su Creador (S. Th. I, q. 93, a. 4).

    Conviene, además, distinguir con precisión patrística entre imago Dei, presente en toda naturaleza racional por el solo hecho de la creación, y similitudo, que perfecciona esa imagen mediante la gracia y la asimila propiamente a Dios; esta distinción, ya presente en los Padres griegos, es recogida por Santo Tomás en el mismo artículo.

    La dignidad de la gracia se precisa mejor si se recuerda que la gracia santificante es, según la Escritura, una participación de la naturaleza divina (divinae consortes naturae, 2 Pe 1,4), doctrina que Santo Tomás desarrolla al tratar de la gracia como cualidad sobrenatural infundida en el alma (S. Th. I-II, q. 110, a. 3).

    A esta dignidad de la gracia se añade la consideración de la caridad como forma virtutum, forma de todas las virtudes: es la caridad la que ordena y vivifica las demás virtudes infundidas, elevando así la dignidad moral del sujeto en estado de gracia a una densidad muy superior a la de la sola dignidad natural.

    San Máximo el Confesor distingue entre

    a) logos (fin natural de cada naturaleza) y

    b) tropos (modo concreto de vivirlo), mostrando que la dignidad natural puede vivirse indignamente sin por ello desaparecer.

    San Gregorio Nacianceno llama al hombre "animal ordenado a hacerse Dios" —por participación, nunca por infinitud propia.

    ---

    G. Crítica. La tradición rechaza el calificativo "infinita" aplicado a la dignidad humana porque la infinitud es atributo exclusivo de la esencia divina; llamar infinita a la dignidad natural, o incluso a la de la gracia, implica una inflación ontológica incompatible con la doctrina de la participación.

    La crítica gana en rigor si se distingue entre un uso analógico impropio, de carácter retórico-pastoral —admisible como forma de encarecer la grandeza de la persona ante un auditorio amplio—, y una afirmación ontológica estricta, teológicamente insostenible.

    El problema de fondo, más que el énfasis mismo en la dignidad —legítimo y pastoralmente valioso—, es la falta de explicitación de su orden a la gracia y a la gloria. Formulado así, el señalamiento no puede interpretarse como negación pastoral de la dignidad humana, sino como exigencia de mayor precisión teológica.

    Aplicado a Magnifica Humanitas: la fórmula "magnífica humanidad" es, en sí misma, legítima y de raigambre agustiniana (magnificus en su sentido etimológico de "capaz de hacer grandes cosas"); el reparo no recae sobre el adjetivo, sino sobre la insuficiente insistencia, a lo largo del documento, en que esa magnificencia está herida por el PECADO ORIGINAL, PERSONAL Y SOCIAL y solo se restaura plenamente por la gracia, no por el uso ético de la tecnología.

    ---

    ARTÍCULO III. De tribus officiis Ecclesiae et de regno Christi

    A. Cuestión. Se pregunta si la misión de la Iglesia se agota adecuadamente en la extensión doctrinal y la transformación de las estructuras sociales y técnicas, o si exige necesariamente una tercera dimensión, irreductible a las dos primeras.

    ---

    B. Parece que no se requiera una tercera dimensión distinta:

    1. porque la extensión de la fe y la santificación de los fieles parecen abarcar ya toda la acción posible de la Iglesia en la historia;

    ResponderEliminar
  10. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (e)13 de julio de 2026 a las 3:52

    2. porque el Juicio Final es obra exclusivamente divina y futura, ajena a la actividad histórica de la Iglesia y a la materia propia de un documento sobre dignidad o tecnología;

    3. porque insistir en el juicio y la condenación podría parecer contrario al tono pastoral y misericordioso que corresponde al Magisterio actual.

    ---

    C. Por el contrario, Cristo mismo enseña tres parábolas complementarias e irreductibles en Mt 13:

    - el grano de mostaza (extensión),
    - la levadura (santificación) y
    - la cizaña (consumación de la justicia),

    y explica esta última sin dejar lugar a duda sobre su carácter necesario: "la cizaña será arrojada al horno ardiente" (Mt 13,42).

    Pío XI, en Quas Primas (1925), proclama la realeza social de Cristo sobre las almas y sobre las sociedades, no meramente sobre las conciencias privadas.

    León XIII, en Immortale Dei, enseña que la sociedad civil misma está ordenada, en última instancia, al fin sobrenatural del hombre.

    ---

    D. Respuesta. Las tres misiones eclesiales

    - munus docendi,
    - sanctificandi
    - et regendi

    están subordinadas a la soberanía de Jesucristo, Rey no solo de las almas sino también, en el orden que le corresponde, de las sociedades temporales (Quas Primas).

    Cada una de ellas corresponde a una de las tres parábolas y a una cooperación distinta entre Dios y el hombre:

    1. Extensión de la fe (grano de mostaza, Mt 13,31-32)

    Dios da el crecimiento (1 Cor 3,6-7: "yo planté, Apolo regó, pero Dios ha dado el crecimiento"); el hombre siembra y predica. Es la misión misionera y territorial, por la cual la Iglesia pasa de ser un pequeño rebaño (Lc 12,32) a extenderse sobre todas las naciones.

    2. Santificación o intensificación de la fe (levadura, Mt 13,33)

    Dios nos da la gracia santificante, que fermenta la masa desde dentro; el hombre coopera mediante los sacramentos, la vida virtuosa y el combate espiritual contra las potestades antiteocráticas (2 Cor 10,4-5; Ef 6,12). Es la misión de santificación interior del Pueblo de Dios.

    3. Consumación de la justicia divina (cizaña, Mt 13,24-30.37-43)

    Aquí la proporción se invierte por completo. Dios permite, en su paciencia, que trigo y cizaña convivan durante toda la historia respetando la libertad humana, pero la siega final —la separación definitiva— es obra suya exclusiva, ejecutada por los ángeles, no por el hombre: el sembrador del trigo es Cristo, el sembrador de la cizaña es el demonio, el campo es el mundo, la siega es el fin del mundo.

    Estas tres misiones no son yuxtapuestas ni de igual rango, sino ordenadas a un fin único y supremo: la SALVACIÓN DEL ALMA respecto de la MUERTE SEGUNDA (cf. artículo IV).

    Sembrar y hacer fermentar la masa existen en función de la siega, no al revés.

    ---

    E. Solución de las objeciones.

    1. A la primera: las dos primeras misiones, sin la tercera, carecen de horizonte final; sembrar y fermentar presuponen una siega venidera que les da sentido último.

    2. A la segunda: si bien el Juicio mismo es obra exclusiva de Dios, la disposición de las almas para ese Juicio —mediante la doctrina, la exhortación a la penitencia y el recuerdo constante de los Novísimos— es tarea propia e ineludible de la predicación eclesial, incluso en documentos dedicados a materias sociales o técnicas.

    3. A la tercera: el recuerdo del juicio no es contrario a la misericordia, sino su condición de posibilidad; solo tiene sentido pedir misericordia quien sabe que existe justicia.

    ---

    F. Ampliación doctrinal. La triple función eclesial se comprende con mayor precisión como participación en el munus único de Cristo Profeta, Sacerdote y Rey, tal como lo desarrolla el Concilio Vaticano II en Lumen Gentium 31 y 35-36, mostrando que esta doctrina, lejos de ser exclusiva de la eclesiología preconciliar, es recogida y confirmada por el magisterio conciliar.

    ResponderEliminar
  11. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (f)13 de julio de 2026 a las 3:56

    San Roberto Belarmino, en De Ecclesia Militante, afirma que la Iglesia es societas perfecta, sociedad que posee en sí misma todos los medios necesarios para conducir al hombre a su fin último; de ahí que su oficio de gobernar no se limite a la disciplina interna, sino que incluya la ordenación moral de las sociedades hacia ese mismo fin.

    Conviene, además, distinguir, con la tradición teológico-canónica clásica, entre

    - la potestas ordinis (poder derivado del sacramento del orden, ordenado a la santificación mediante los sacramentos) y

    - la potestas iurisdictionis (poder de gobierno y magisterio, ordenado a conducir al Pueblo de Dios hacia su fin).

    Puede añadirse que Santo Tomás, al tratar de la ley nueva, la identifica principalmente con la gracia misma del Espíritu Santo dada a los creyentes, y solo secundariamente con la letra escrita (S. Th. I-II, q. 106, a. 1), lo cual conecta estrechamente la misión santificadora de la Iglesia con la interioridad de la gracia.

    ---

    G. Ampliación crítica. Reducir la misión de la Iglesia a la sola promoción humana —por noble que esta sea— equivale a convertirla, de hecho, en una suerte de organización humanitaria de alcance espiritual, figura incompatible con la doctrina de la societas perfecta y con la exigencia de que toda acción eclesial esté finalmente orientada al Juicio.

    Conviene, sin embargo, formular esto con matiz: no basta afirmar que la Iglesia "no existe primariamente para mejorar el mundo"; es más exacto decir que el orden de prioridad de su misión es soteriológico, pero que este orden incluye necesariamente, aunque de manera subordinada, efectos sociales reales y queridos por Dios, como muestran tanto la Rerum Novarum de León XIII como la Caritas in Veritate de Benedicto XVI.

    La objeción a Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas, por tanto, no es que traten de justicia social y de técnica —tarea legítima y tradicional del Magisterio—, sino que ambos desarrollan ampliamente la primera y la segunda misión eclesial, omitiendo casi por completo la tercera:

    - la consumación de la justicia divina y el Juicio de las Naciones (Mt 25,31-46)

    Este desequilibrio invierte silenciosamente la jerarquía establecida por Cristo (Mt 16,26): el discurso queda centrado en el bien temporal y social del hombre sin subordinarlo explícitamente al fin supremo de la salvación del alma.

    ---

    ARTÍCULO IV. De novissimis

    A. Cuestión. Se pregunta si un documento magisterial centrado en la dignidad humana o en los desafíos de la técnica puede legítimamente omitir el horizonte de los Novísimos, o si tal omisión constituye un desequilibrio doctrinal.

    B. Parece que no es necesario incluirlo:

    1. porque la materia propia de los dos documentos es la dignidad social y el uso ético de la técnica, no la escatología;

    2. porque cada documento magisterial puede legítimamente centrarse en un aspecto parcial de la doctrina sin tratar la totalidad del depósito de la fe;

    3. porque el silencio sobre un tema no equivale a su negación.

    ---

    C. Por el contrario, Santo Tomás trata ex professo de las penas del infierno como consecuencia de la aversión libre y definitiva de la criatura respecto de su fin último (S. Th., Suppl., q. 97-99).

    San Gregorio Magno, en sus Moralia in Iob, subraya que ninguna consideración de los bienes o males presentes puede desligarse del juicio venidero.

    El Papa Benedicto XII, en la constitución Benedictus Deus (1336), define con autoridad la visión beatífica inmediata de los justos tras la muerte y el juicio particular.

    ---

    D. Respuesta. Ha de decirse que, si bien ningún documento particular está obligado a tratar exhaustivamente la escatología, todo documento que verse sobre la dignidad última del hombre sí toca necesariamente una materia que no puede pensarse rectamente sin el trasfondo de los Novísimos:

    ResponderEliminar
  12. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (g)13 de julio de 2026 a las 4:00

    1. Escatología personal (de las almas)

    Los cuatro Novísimos clásicos

    - Muerte (separación de alma y cuerpo)

    - Juicio particular (inmediato, según obras, conocimiento y consentimiento, Hb 9,27)

    - Infierno (castigo eterno e irreversible para quien muere en pecado mortal sin arrepentimiento)

    - Gloria o Cielo (visión beatífica), con sus complementos:

    -- Purgatorio (purificación de quienes mueren en gracia con deudas temporales)
    -- Resurrección de la carne
    -- Juicio universal
    -- transformación de los vivos en la Parusía

    2. Escatología universal o social

    El destino colectivo de la humanidad y del cosmos, que sigue tres grandes fases

    a) crisis final y apostasía (Mt 24; 2 Tes 2; Ap 13)

    b) intervención definitiva de Cristo (Parusía, resurrección universal, Juicio de las Naciones, Mt 25,31-46) y

    c) renovación escatológica del cosmos (Ap 21; 2 Pe 3,13),

    d) culminando en la Jerusalén Celestial, donde cesan los sacramentos porque la comunión con Dios será directa, y "Dios será todo en todos" (1 Cor 15,28).

    Dentro de la escatología personal, conviene además distinguir, con precisión escolástica, entre la

    - poena damni o privación de la visión de Dios, pena esencial y principal del infierno, y la

    - poena sensus o pena accidental correspondiente al desorden de los sentidos (S. Th., Suppl., q. 97-98)

    El purgatorio ha de entenderse no como pena vindicativa, sino como aplicación de una justicia medicinal. Es de notar, además, la irreversibilidad del estado alcanzado tras la muerte —el status termini, frente al status viae de la vida presente.

    La omisión sistemática de este horizonte en dos documentos consecutivos y de gran extensión, ambos dedicados precisamente a la dignidad del hombre, no es ya omisión parcial legítima, sino indicio de un desequilibrio de fondo:

    - una falsa sensación de seguridad naturalista, en la que la salvación se presupone casi automáticamente en virtud de una dignidad descrita como inalienable e infinita, sin mención correlativa de la muerte segunda (Ap 2,11: "el que salga vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda"; Ap 20,14; 21,8: "el lago de fuego es la muerte segunda").

    ---

    E. Solución de las objeciones

    1. A la primera: la materia social y técnica no excluye, sino que exige la referencia escatológica, pues el valor mismo de la persona que tales documentos defienden solo se comprende cabalmente a la luz de su destino eterno.

    2. A la segunda: la legitimidad de tratar aspectos parciales no dispensa de mantener, aunque sea brevemente, el equilibrio jerárquico entre lo temporal y lo sobrenatural.

    3. A la tercera: aunque el silencio no sea negación formal, dos documentos sucesivos de gran extensión que omiten sistemáticamente los Novísimos generan, en la práctica pastoral, el mismo efecto que una negación implícita: la desaparición del temor de Dios como motivo de conversión.

    ---

    F. Ampliación doctrinal. Los Novísimos no son un apéndice devocional, sino parte esencial de la predicación cristiana: en los evangelios, Cristo trata del castigo eterno con notable frecuencia, precisamente porque la predicación de la misericordia solo cobra sentido pleno frente a la realidad de la justicia.

    El Catecismo Romano, promulgado tras Trento, dedica un capítulo propio a la muerte, el juicio, el infierno y la gloria, como parte ordinaria de la catequesis a todo fiel.

    San Alfonso María de Ligorio insiste reiteradamente en que el recuerdo constante de la eternidad constituye uno de los frenos más eficaces contra el pecado.

    Mt 25,31-46 constituye el locus classicus bíblico del juicio, con su clara separación de "corderos" y "cabritos" según las obras de misericordia practicadas u omitidas.

    ResponderEliminar
  13. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (h)13 de julio de 2026 a las 4:05

    G. Ampliación crítica. La crítica se afina si se sustituye la categoría genérica de "omisión" por la más exacta de desproporción temática: no se trata de que estos documentos nieguen los Novísimos, sino de que la proporción de espacio y énfasis dedicada a los bienes temporales, frente a la dedicada al destino último del alma, resulta tan gravemente desequilibrada en relación con el peso doctrinal relativo de ambas materias que demuestra una intencionalidad omisiva para crear una especie de "nuevo catolicismo" más ajustado al mundo actual.

    Puede introducirse, además, la categoría de

    - esperanza presuntuosa

    distinta de la

    - spes theologica (esperanza teologal)

    mientras esta última (spes theologica) aguarda la salvación como don gratuito que exige cooperación libre y perseverancia, aquella (esperanza presuntuosa) presupone la salvación como si fuera ya poseída o automáticamente garantizada por la sola dignidad, vaciando de tensión moral la vida cristiana.

    San Juan Crisóstomo recuerda que la libertad, don que constituye parte de la grandeza del hombre, es precisamente la facultad por la cual el hombre puede rechazar eternamente a Dios; silenciar esta posibilidad no ennoblece la dignidad humana, sino que la despoja de su verdadero dramatismo moral.

    ---

    CONCLUSIÓN: formulación doctrinal clásica, tradicional y ortodoxa, para claridad del fiel

    A. Sobre el fin último.

    El hombre, en el status viae, no ha sido creado para ningún bien temporal —ni siquiera para la justicia social, la paz o el recto uso de la técnica—, sino para la fruitio Dei, la fruición de la visión beatífica.

    Todo bien creado se ordena a este fin y queda por debajo de él, conforme al axioma: el bien de la gracia de una sola alma vale más que el bien natural de todo el universo.

    ---

    B. Sobre la dignidad.

    Todo hombre posee una dignidad natural (imago creationis, capax Dei), participada de Dios por la creación, que jamás pierde, ni siquiera el pecador.

    Posee además una dignidad de la gracia (imago recreationis), participación de la naturaleza divina, que gana o pierde según coopere libremente —movido siempre primero por la gracia misma— con la justificación, y que recupera por la penitencia sacramental si la ha perdido.

    Y está llamado, finalmente, a una dignidad de gloria (imago similitudinis), consumación definitiva e inamisible de las dos anteriores.

    NINGUNA DE ESTAS TRES ES DIGNIDAD INFINITA: SÓLO DIOS TIENE DIGNIDAD INFINITA

    ---

    C. Sobre la misión de la Iglesia.

    La Iglesia peregrina tiene tres misiones ordenadas jerárquicamente bajo la realeza social de Cristo, participando de su triple munus de Profeta, Sacerdote y Rey:

    - extender la fe a todas las naciones (grano de mostaza)

    - santificar interiormente a los fieles mediante la gracia y los sacramentos (levadura), y

    - disponer las almas y las naciones para el Juicio final (cizaña), en el cual Dios —no el hombre— separará definitivamente el trigo de la cizaña. La acción social pertenece intrínsecamente, aunque de modo subordinado, a esta misión.

    ---

    D. Sobre los Novísimos, escatología individual.

    Cada alma, al morir, es juzgada de inmediato y recibe su destino: cielo, purgatorio o infierno, con pena de daño y, en su caso, pena de sentido.

    ---

    E. Sobre la escatología universal.

    Al fin de los tiempos, tras la crisis final y la manifestación del mal, Cristo vendrá en su Parusía; los muertos resucitarán, los vivos serán transformados, y el Juicio universal confirmará públicamente el juicio particular de cada alma, separando definitivamente a las naciones. El cosmos será renovado en un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra, culminando en la Jerusalén Celestial, donde "Dios será todo en todos" (1 Cor 15,28).

    No hay conversión posible en el status termini: quien rechaza definitivamente la gracia sufre la muerte segunda, sin segunda oportunidad tras la muerte.

    ResponderEliminar
  14. Dignitas Infinita y Magnifica Humanitas (i)13 de julio de 2026 a las 4:14

    F. Sobre la esperanza.

    La verdadera "magnífica humanidad" y la verdadera "dignidad infinita" —bien entendidas— no se realizan en ninguna ciudad, sistema social o marco técnico construido por el esfuerzo humano en la historia, sino únicamente en la Jerusalén Celestial, por gracia previniente y cooperante (gratia praeveniens et cooperans), con mérito siempre fundado en la gracia recibida, nunca en la sola naturaleza.

    ---

    G. Exhortación final.

    El fiel católico, al leer documentos magisteriales centrados en la dignidad social o en los desafíos de la técnica, debe recordar siempre el orden querido por Cristo:

    - los bienes temporales, siendo verdaderos, quedan subordinados al único bien absolutamente necesario, la salvación del alma respecto de la muerte segunda, para el cual Dios ha instituido la Iglesia, sus sacramentos y su predicación.

    Es lo obvio que desde Francisco se ha olvidado esto para crear un catolicismo mundano, sin base ya teológica. Por eso ambos documentos son insuficientes, incompletos e imperfectos, incoherentes e incongruentes si no se integra la completitud de la escatología de almas y universal y la teología del mal y el maligno, cosa que omiten para dar una especie de "mundo feliz" inexistente en la realidad de la teología católica, y que linda peligrosamente con el c. 676 del Catecismo de la Iglesia Católica que trata sobre el milenarismo y su forma más peligrosa intrinsece malum: el mesianismo secularizado.

    El 675 habla de la última prueba de la Iglesia y del Anticristo como seudo-mesianismo en el que el hombre se glorifica a sí mismo ocupando el lugar de Dios.

    El 676 explica que esta impostura del Anticristo ya se esboza en el mundo cada vez que se pretende realizar la esperanza mesiánica dentro de la historia misma, en lugar de esperarla más allá del tiempo, a través del juicio escatológico. Por eso la Iglesia ha rechazado esa falsificación del Reino futuro —el milenarismo (DS 3839)—, sobre todo en su forma política: un mesianismo secularizado que el Catecismo califica de "intrínsecamente perverso", citando la encíclica Divini Redemptoris de Pío XI, que condena el falso misticismo de esa pretendida redención de los humildes, y remite también a Gaudium et Spes 20-21.

    Encaja exactamente la crítica a Magnifica Humanitas. El texto de León XIV invita a "edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos" en clave marcadamente histórico-social.

    El CCC 676 es precisamente la advertencia dogmática frente a ese tipo de discurso:

    - cualquier intento de realizar la esperanza mesiánica dentro de la historia —por vía política, social o técnica— es, en su forma más radical, la impostura del Anticristo; y en su forma "mitigada", sigue siendo la falsificación del Reino que la Iglesia condena bajo el nombre de milenarismo.

    Eso remite al Artículo I (De ultimo fine hominis) como refuerzo magisterial explícito —más autorizado incluso que las referencias a Pío XII o al Concilio de Trento— de la tesis del "inmanentismo mitigado": el Catecismo mismo tiene ya una categoría técnica para ese error, y es precisamente el milenarismo secularizado calificado de intrínsecamente perverso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. León XIV se junta con gentes de muy dudosa calaña..como el tal Christopher Ohla dueño de Antrophic o lo de la Sagrada Familia con los fulanos del gobierno de Sánchez más Illa y Collboni. No hubo exortación vehemente, ni llamados a la conversión. Todo parece que Roma con Tucho al frente busca imponer una nueva secta llamada francisquismo como un fraile agustino hace 500 años se montó otra, el luteranismo. Por lo menos elcortacabezas de Enrique VIII no le llamó a su secta, enriquismo.

      Eliminar
  15. Creo que hay una errata el noveno párrafo: donde dice “…unificación tridentina de San Pío X” debe decir “…unificación tridentina de San Pío V”.

    ResponderEliminar
  16. Francamente, he encontrado el post de hoy de Virtelius Temerarius poco preciso, aunque contiene también parte de verdad. Estoy de acuerdo en lo que afirma sobre el "Espíritu del Concilio". Por eso escribo, sin faltar en nada a la verdad, que varios sacerdotes me han comentado lo que enseñaba Dani Palau, el actual obispo de Lérida (que lo comparen con los ordenandos de Écône), cuando siendo profesor de la facultad de Teología de Cataluña decía a sus alumnos, cada año, y creo que cito correctamente, porque todos los que a mi me lo han contado coinciden con las mismas palabras. Palau decía entonces: "Lo más importante del Concilio (Vaticano II) no es el Concilio, sino -recalco- "Es Espíritu del Concilio"). Y ahora es obispo y debe pensar lo mismo de entonces, claro que ahora calmará su ímpetu sobre lo del "espíritu", además de que le cogerá también el espíritu carrerista y se portará bien. Los de Écône no llevan razón pero los otros les han hartado. ¡Ah! Y seguirán haciéndolo. ¿Y quién hizo obispo a Palau? Estaba detrás Cobo, el de Sant Feliu y Omella, incluso. Pues ahí lo tenéis.

    ResponderEliminar
  17. El papado es una institución humana, cuya autoridad procede de acuerdos sociales, tradición y poder político, no de una transmisión de origen divino.
    Recordemos que durante los primeros siglos del cristianismo no existía un “Papa” con poder universal. Las comunidades cristianas eran autónomas y los obispos tenían autoridad local. La figura del Papa surge gradualmente por razones políticas y organizativas, no por una proclamación divina verificable. Recordemos a los ortodoxos. La supuesta autoridad del Papa no procede de milagros ni intervenciones sobrenaturales.
    En suma: no es nadie para condenar a otros clérigos que son igual o más puros que el mismo Papa excomulgador..
    Los lefrebvrianos tiene la misma potestad que un Papa para ordenar a quienes crean merecedores de ello.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El papa es el Vicario de Cristo en la tierra.

      Eliminar
  18. Estos Sres de Econe, mueven mucho dinero de nostalgicos, y necesitaban nuevos obispos para continuar su "negocio".
    Quien no obedece al Papa, y rompe la comunión con la Santa Sede, no es católico.
    La Iglesia de Jesucristo es Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana.
    El Obispo de Roma es la Comunión visible de la Iglesia Católica.
    Esa fraternidad de Lefrebvre no acepta el Concilio Vaticano II por tanto ellos mismos se colocan fuera de la Iglesia.
    La Iglesia Católica hay una parte humana (que se ve), y una parta transcendente (que se nota en nuestra vida), ella es Madre que nos acoje a los bautizados. Pero también tiene unas reglas como el Derecho Canónico que defiende a todos y cadauno de sus miembros. Derechos SI, Obligaciones SI.
    Mi obediencia al Papa actual y a sus sucesores garantizan y confirman mi fe católica (auténtica y verdadera).
    FSSPX es un montaje y un negocio y que no desea el control de la Santa Sede.
    Como si tenemos los demás católicos de bien.

    ResponderEliminar
  19. Excomulgar, apartarlos de la comunidad, del pueblo de Dios, de la grey escogida, son palabras mayores. Quienes reciben ese castigo acostumbran haber pecado contra el Espíritu Santo. Pero, ¿cabe mayor pecado contra el Paráclito que utilizar la palabra, la boca, la lengua, para la profanación del Evangelio? Hasta el título de la obra de Tucho es blasfemo. Sáname con tu boca, dicho el gachupí.

    Laín Entralgo, historiador de la medicina, tenía uno d sus temas preferidos en la curación por la palabra. De larga tradición terapéutica, encontró una de sus fuentes principales en el Evangelio, cuando, el beneficiario se dirige a Jesús y le dice que bastará su sola palabra para que el enfermo quede sanado.

    Tucho, no. Tucho cura con ósculos profundos, de tornillo. Hasta en eso blasfema el gachupí.

    Pero hay más. Mucho más. el mozo este que es maestro de laautorreferencia y cita a Bergoglio, es decir, a sí mismo, en documentos pontificios de León XIV como si estuvieran inscritos en la tradición, lo cual es ruinmente falso, ha sacado toda la artillería bastarda contra los lefebrianos.

    Porque vamos a ver Tucho, tú que has desnaturalizado el papel de la Trinidad en la moral cristiana, sabes muy bien que
    para excomulgar a alguien ha de partirse de cánones al estilo de los de Trento y el Vaticano I cuando establecen los cauces de la fe:

    Si quis dixerit, ¿te suena Tucho? Sí el Denzinger al menos. Si alguien afirmara que el Dios de cualquier religión es el mismo Dios que el del católico, anathema sit. Bergoglio cometió ese disparate, es decir, tú. No consta con Alá sea considerado uno y trino, ni Yahvé, ni la Pachamama.

    Si quis dixerit que el sacramento del matrimonio se extiende al emparejamiento homosexual, anathema sit. Por la propia definición de matrimonio sacramental. Sólo lo bueno es bendecido. No fue eso la doctrina de Bergoglio, es decir, tuya
    en Amoris Laetitia, como demostraron los dubbitantes.

    Si quis dixerit que el pecado contra natura debe ser bendecido, anathema sit. Contra Bergoglio, es decir, contra tí.

    Quienes violan cánones de profesión de fe ya milita fuera de la Iglesia. ¿Puede un sujeto que ya está extra ecclesiam expulsar a otros de la Iglesia, por muy cardenal besucón con lengua que sea?

    Por cierto hablando de lenguas bastardas y cardenales, en mala hora la prensa nos ha traído el caso de un purpurado que daba buenos apretones, ¿con beso incluido? a quienes se han sentido violadas. De la escuela de Tucho.

    ResponderEliminar
  20. Antes de que se abra la caja de los truenos. Cuando me refiero a Yahvé como distinto del Dios cristiano, me refiero a la interpretación que el Cristianismo da del mismo, diferente de la que recibe en el judaismo. Los judíos, al no reconocer la Trinidad --niegan la divinidad de Jesús-- muestran una idea precristiana. El Yahvé en que nosotros creemos es el Padre, tal como a él se dirige el Señor.
    Sirva esta aclaración también para señalar las diferencias esenciales entre las distintas religiones de libro.

    ResponderEliminar
  21. Grandiosa reflexión del grandísimo Sr. Valderas Gallardo.

    Hasta la última coma estoy con usted.

    No se hasta donde iremos a parar, pero estemos tranquilos, Dios pondrá a cada cual en su sitio.

    Oremus 😇🙏😇!!!

    ResponderEliminar
  22. El problema de la iglesia es que muchos católicos ponen al papa por encima de Dios y no se molestan en comparar lo que dice el papa con lo que dice la Tradición.

    ResponderEliminar

ESCRITOS INTERESANTES ANTERIORES

ESCRITOS INTERESANTES ANTERIORES
Barcelona ya tiene todos los voluntarios para recibir a León XIV, faltan Madrid y Canarias
El Himno Nacional suena tres veces en Mataró al paso de las procesiones
La Conferencia Episcopal reacciona tarde al caso Noelia con un breve mensaje en redes
Los curas guapos. Un llamamiento a los sacerdotes que se están planteando tirar la toalla, contra la palabra que empeñaron.
¿Roselló refuerza su perfil en el horizonte sucesorio de Omella en Barcelona?
Diumenge de Resurrecció: un metge català explica lo que va passar
Estado de necesidad en la Iglesia rural
La muerte de un obispo
La colosal proporción de la cruz que corona la torre más alta de la Sagrada Familia comparada con un humano
El Papa ha puesto en marcha el proceso para nombrar los nuevos cargos de la Iglesia en España