El P. Justo Lofeudo promocionando en Barcelona la nueva capilla de Adoración Eucarística Perpetua

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El sacerdote argentino Justo Antonio Lofeudo, Misionero de la Santísima Eucaristía, uno de los grandes impulsores mundiales de la Adoración Eucarística está en Barcelona con una misión, la de consolidar el proyecto en nuestra ciudad de una nueva capilla donde se pueda adorar a Jesucristo todos los días del año. Este nuevo espacio, que aún no se ha puesto en marcha, pero que ya fue inaugurado por el obispo Javier Vilanova el pasado 26 de mayo, es la capilla de San José del movimiento Christifideli Laici, en su sede de la calle Consell de Cent 474, bis, esta capilla será el undécimo lugar en Cataluña de estas características, algo que sorprende por que en medio de una sociedad tan secularizada en nuestra región, el número está por encima de otras zonas de España y del mundo con mejores datos estadísticos de religiosidad.
 
El P. Loufedo es preguntado sobre este aumento de iniciativas de Adoración Perpetua que él tanto impulsa, y responde: "Ante todo, cabe decir que la gracia de Dios es una gracia especial para este tiempo. Siempre es así. Donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia. Y yo creo que es esa necesidad que tenemos de ser salvados siempre. Y ésta es una vía de salvación. Y es por qué es también un centro de evangelización. Cuando estamos adorando, esto interpela. Hay un llamamiento que es imperceptible, pero eficaz y real, que llama a las personas a acercarse a él. Es una forma concreta, concretísima, de evangelización. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece, y éste es el bosque de Gràcia que está creciendo, que también va paralelo con el otro bosque que no se nota, de Gràcia que lo trae la Virgen".
 
El P. Justo Lofeudo, impulsor de la Adoración Eucarística en todo el mundo
 
Para que una estructura organizativamente compleja como la de la Adoración Perpetua, distribuyendo turnos de voluntarios todos los días y horas del año, tiene que haber alguien que vaya delante y asume esa gran responsabilidad; en la capilla del Real Monasterio de Santa Isabel, es el movimiento Regnum Christi, vinculado a los Legionarios de Cristo, en la parroquia de Sant Sebastià de Pomar el hiperactivo párroco Mn. Felipe Simón. En este caso es el movimiento Christifideli Laici, que tiene su origen en los Cursillos de Cristiandad pero reformulados a partir de la exhortación de San Juan Pablo II, que lleva ese mismo nombre, animando a la evangelización. La Asociación fue erigida en Barcelona en 1996.
 
Pero también tiene que haber una persona concreta que se ponga delante del proyecto y es el sacerdote Juan Pablo Calvo, actual párroco de Vilassar, donde ya ha impulsado una capilla de oración eucaristíca perpetua en esta localidad, ahora lo está haciendo en Barcelona, en los locales de Christifideles Laici, entidad de la que es su consiliario. El P. Calvo es un joven sacerdote de 49 años, nacido en Barcelona pero formado y ordenado en la archidiócesis de Toledo. La cantera de buenos sacerdotes de ida y vuelta iniciada por Don Marcelo González, sigue dando sus frutos aún hoy en día.
 
Mn. Juan Pablo Calvo, rector de Vilassar y consiliario de Christifideles Laici
 
En estos momentos convulsos de fin del pontificado del cardenal Omella, comparables a un fin de régimen, se agradece este tipo de noticias, porque a pesar de que muchas cosas desde la cúpula eclesial no funcionen bien, siempre hay iniciativas desde las bases más activas y desde los sacerdotes jóvenes más apasionados, para que aumente la religiosidad en esta tierra aparentemente tan alejada de Dios.
 
Francisco Fabra 

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8 comentarios

  1. Fe de autoservicio: el catolicismo practicante que cree en el karma

    Hace no mucho me detuve ante el expositor principal de la sección de espiritualidad de una gran librería del centro de Barcelona. No hacía falta buscar mucho: ocupaba el lugar más visible de la planta, el que cualquier cliente ve nada más entrar. Setenta y tantos títulos, la inmensa mayoría de ediciones recientes, ordenados sin más criterio aparente que el de vender.

    Brujería moderna, astrología psicológica, tarot terapéutico, ángeles numerológicos, metafísica de Conny Méndez, algún clásico hermético reeditado como curiosidad. Ni un solo tratado de teología. Ni una Biblia. Ni un catecismo, porque estaban en otro lugar, y con muy poco espacio... se veía la incompatibilidad entre Nueva Era y catolicismo.

    No cuento esto para hacer sociología de librerías, el expositor de una tienda refleja una apuesta comercial, no un catálogo de lo que la gente realmente cree o practica, sino porque, providencialmente, esa misma semana cayó en mis manos la última entrega de Jóvenes españoles, el informe que el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica de la Fundación SM publica cada cuatro años sobre la franja de 15 a 29 años en España.

    Y lo que documenta con encuestas y porcentajes es exactamente lo que aquel estante insinuaba con sus portadas: una generación —también su franja católica— que ha dejado de distinguir entre lo que su fe permite creer y lo que le resulta emocionalmente útil creer.

    Lo que dicen los números

    El informe cruza dos variables: siete creencias de tipo paralitúrgico (karma, vida después de la muerte, Dios providente, reencarnación, artes mágicas, predicción del futuro, energías curativas) y la autodefinición religiosa del encuestado, con series comparables entre 2021 y 2025.

    El resultado no es el que uno esperaría de un relato simple de "avance de la fe random entre los alejados de la Iglesia". El sincretismo no crece a medida que uno se aleja de la práctica católica: se mantiene alto dentro de ella.

    Entre los católicos que se declaran practicantes:

    - 60,7 % cree en el karma en 2025 —solo ocho puntos por debajo de los que se declaran indiferentes en materia religiosa (68,5 %).

    - 48,5 % cree en la reencarnación: casi uno de cada dos, sosteniendo una doctrina estrictamente incompatible con la escatología que profesa cada domingo en el Credo.

    - 44,1 % cree en las artes mágicas, un porcentaje que además ha crecido respecto a 2021.

    El propio informe añade un matiz importante, y honesto: esta vinculación no equivale a ser experto ni seguidor riguroso de esos sistemas de pensamiento.

    Es más una "amalgama a la carta" que una cosmovisión coherente. Pero ese matiz, lejos de suavizar el diagnóstico, lo agrava. No estamos ante una herejía consciente y argumentada —eso, al menos, presupondría tomarse en serio el contenido de lo que se cree—, sino ante la disolución misma de la idea de que el dogma es algo verificable, excluyente, no negociable. Se cree "un poco de todo" porque ya no se concibe que creer tenga consecuencias lógicas.

    Y hay un dato final que completa el cuadro: el porcentaje de jóvenes que se identifican como católicos —incluidos los no practicantes— ha subido del 31,6 % en 2020 al 45 % en 2025. Cualquier análisis que celebre sin más ese repunte como un "regreso religioso" de la Generación Z está leyendo mal la tabla. Se recupera la etiqueta; no necesariamente el contenido que la etiqueta históricamente designaba.

    El estante como síntoma, no como causa

    Volvamos al expositor. No reproduzco aquí los setenta u ochenta títulos que vi —seguiría siendo, en el fondo, un catálogo, y un catálogo no argumenta nada por sí solo—, pero sí merece la pena bajar de la estadística de bloques a algunos ejemplos concretos, porque el nombre propio de un libro dice más que la etiqueta genérica "brujería" o "astrología". No los cito para recomendarlos ni para desprestigiar a sus autores personalmente, sino como muestra documental de qué lenguaje y qué promesas ocupan hoy ese espacio.

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  2. 1. Brujería y magia práctica (en torno a un tercio del expositor)

    - Manual de la bruja novata: la magia presentada como autoayuda de iniciación, sin tradición ni linaje detrás.
    - Haz tu propia magia, de Amanda Lovelace: título-programa; la magia como capacidad autónoma del sujeto, no como relación con algo trascendente.
    - La bruja contemporánea, de Arin Murphy-Hiscock: taxonomía de "tipos de bruja" adaptados a estilos de vida, calcada de la lógica del test de personalidad.

    2. Astrología (en torno a una quinta parte, casi toda psicológica-humanista, sin rastro de la tradición clásica de Ptolomeo, Lilly o la astrología horaria)

    - El cielo interior, de Steven Forrest: la carta natal como mapa de autoconocimiento, no de destino.
    - Astrología para el alma, de Jan Spiller: los nodos lunares reinterpretados como itinerario de "desarrollo del alma", vocabulario tomado prestado de la espiritualidad cristiana pero vaciado de gracia y de Dios personal.
    - Tu propósito de alma, de Alana Flores: mismo patrón, con lenguaje de coaching vital.

    3. Tarot y adivinación

    - La sabiduría del tarot, de Rachel Pollack: referencia "seria" dentro del género, tratada como sabiduría perenne más que como técnica adivinatoria condenada por el Catecismo.
    - Tarot para manifestar, de Jen Capiello: el tarot ya no como oráculo, sino como herramienta de manifestación de deseos.
    - El arte psíquico del tarot, de Mat Auryn: fusiona tarot con desarrollo de facultades "psíquicas", terreno explícitamente vedado por la doctrina católica sobre la adivinación.

    4. Ángeles

    - Los números de los ángeles, de Kyle Gray: angelología reducida a numerología decorativa, sin ninguna referencia a la angelología dogmática católica pese a usar el mismo nombre.

    5. Ocultismo clásico reeditado

    - El Kybalión, atribuido a "los Tres Iniciados": hermetismo de inicios del XX, presentado sin contexto histórico como sistema de sabiduría atemporal.
    - Compendio de lo oculto, editado bajo distintas atribuciones según la edición: antología de rituales y simbolismo sin marco doctrinal alguno.

    6. Metafísica y Nueva Era hispanoamericana

    - Metafísica al alcance de todos, de Conny Méndez: clásico venezolano de la Nueva Era de habla hispana, reeditado continuamente desde los años setenta; mezcla vocabulario cristiano (gracia, presencia de Dios) con metafísica New Thought de origen protestante-liberal norteamericano.

    7. Mitología leída como catálogo de arquetipos

    - Mythos, de Stephen Fry: mitología griega narrada como entretenimiento literario, sin intención religiosa, pero contigua en el estante a los títulos anteriores, reforzando la idea de que todo panteón, el griego, el cristiano, es intercambiable como narrativa.
    - Los mitos griegos, de Robert Graves: mismo fenómeno, con más aparato erudito.

    Quince títulos de setenta y tantos no son una muestra estadísticamente representativa en sentido estricto, pero sí bastan para mostrar el patrón: en ningún caso se trata de textos que exijan pertenencia a un sistema de creencias, disciplina de iniciación o comunidad de referencia. Todos ofrecen la misma promesa implícita —una herramienta de autoconocimiento y bienestar que el lector activa por su cuenta, sin mediación de autoridad alguna—, y esa promesa es, precisamente, la que compite con la fe entendida como acto de fe en otro, no como técnica de autodesarrollo.

    Lo verdaderamente elocuente, sin embargo, no es lo que hay, sino lo que falta en esta moda del momento presente. No hay magia ceremonial, ni rosacrucismo, ni martinismo, ni gnosticismo, ni demonología: es decir, falta prácticamente todo el esoterismo "duro" que exigía disciplina, iniciación o al menos erudición.

    Tampoco hay yoga, budismo, reiki, feng shui o I Ching: la oleada de espiritualidades orientales que dominó el mercado hace veinte años se ha replegado casi por completo.

    Interesante: lo que ha ocupado ese espacio es una espiritualidad radicalmente individualizada, sin sistema, sin maestro, sin comunidad de referencia: manifestar, sanar, autocuidarse, encontrar el propio propósito.

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  3. Aquí conviene ser prudente y no confundir una imagen sugerente con una prueba: el informe de la Fundación SM no dice de dónde sacan los jóvenes católicos su creencia en el karma, y el expositor de una librería no permite reconstruir esa cadena causal.

    Lo que sí puede afirmarse, con la cautela debida, es que ambos datos son coherentes entre sí y apuntan al mismo clima cultural: no hace falta que el católico practicante que cree en el karma haya leído ninguno de estos libros —probablemente no ha leído ninguno—, sino que respira, sin advertirlo, la misma atmósfera difusa que los pone en el lugar más visible de la librería. Es una hipótesis razonable, no una demostración.

    Por qué no es "libre opinión"

    Conviene decirlo con precisión escolástica, porque es fácil que el argumento se disuelva en vaguedad sentimental. El karma y la reencarnación no son opiniones piadosas compatibles con matices dentro del catolicismo, como pueda serlo una determinada escuela de espiritualidad mariana.

    Son intrinsece malum, radicalmente incompatibles con la fe definida: la Iglesia enseña el juicio particular inmediatamente después de la muerte (CIC 1021-1022), la resurrección de la carne (CIC 990, 997) y un único paso por esta vida como tiempo de mérito o demérito (Hb 9,27).

    Un sistema que postula ciclos sucesivos de existencias regidos por una ley impersonal de causa-efecto moral no es una variante folclórica de la doctrina católica del purgatorio o de la providencia: es un marco cosmológico distinto, incompatible en sus fundamentos, no solo en sus conclusiones.

    Lo mismo cabe decir, mutatis mutandis, de las "artes mágicas": el Catecismo (CIC 2116-2117) las condena explícitamente como contrarias a la virtud de la religión, precisamente porque pretenden disponer de poderes ocultos para dominar el destino, cuando la actitud propiamente cristiana ante lo desconocido es la confianza filial en la providencia, no la manipulación técnica de fuerzas impersonales.

    El problema, entonces, no es que exista gente que cree estas cosas fuera de la Iglesia, eso es previsible y, en cierto modo, comprensible en una cultura postcristiana.

    El problema es que quien se declara practicante, quien comulga, quien probablemente reza el rosario, sostenga simultáneamente creencias que su propia fe declara incompatibles, sin experimentar la más mínima disonancia.

    Eso ya no es sincretismo cultural ambiental: es indiferentismo doctrinal práctico. Se profesa la identidad católica como etiqueta afectivo-sociológica —una pertenencia cálida, una estética, un calendario de fiestas— sin que esa identidad opere ya como criterio de exclusión sobre nada. La regula fidei deja de funcionar como regla.

    Cómo se fabrica el sincretismo: un ejercicio de laboratorio

    Vale la pena, para entender el mecanismo, construir deliberadamente algunos ejemplos de cómo se produce esta fusión, no para proponerlos, sino para exhibir la costura, el punto exacto donde un uso legítimo de un símbolo cristiano se convierte en una reinterpretación que lo vacía de su sentido eclesial.

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  4. Del calendario litúrgico a la carta astral.

    Hay un uso legítimo del calendario litúrgico —vivir el año en clave de misterio pascual— y un uso corrupto: "la fiesta de Pentecostés potencia la energía de la luna llena". El primero es memoria de la salvación; el segundo convierte la liturgia en un talismán cósmico.

    De la angelología dogmática al "ángel de la guarda energético". La Iglesia confiesa ángeles como criaturas personales, espíritus puros al servicio de Dios y custodios de cada hombre (CIC 328-336).

    La Nueva Era los reduce a vibraciones, "números angelicales" o mensajeros de un universo impersonal que "envía señales".

    El nombre se conserva; el contenido —persona, obediencia, misión— desaparece.

    Del santo como intercesor al santo como "arquetipo energético". Pedir la intercesión de un santo presupone que existe una persona viva en Dios que puede interceder por mí. Decir que "san Miguel corresponde al planeta Marte" convierte a una persona en un símbolo funcional, intercambiable con cualquier otro sistema simbólico.

    Del rosario como oración contemplativa a la "manifestación". El rosario es súplica y meditación de los misterios de Cristo; la manifestación es una técnica de autoafirmación de deseos mediante repetición mental. Combinarlos, rezar el rosario "para manifestar" un resultado, convierte la oración en magia simpática. Y no sirven rosarios "de todo el Evangelio" con fines mágicos.

    De la lectio divina a la canalización. La lectio divina escucha una Palabra que viene de fuera, de Dios, y exige obediencia. La canalización presupone acceder a una fuente interior o cósmica indiferenciada. Son gestualmente parecidas —silencio, receptividad— y radicalmente opuestas en su objeto.

    El documento Jesucristo, portador del agua de la vida (Pontificio Consejo de la Cultura y Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, 2003) ya advirtió de este mecanismo hace más de veinte años: la Nueva Era no suele negar frontalmente el vocabulario cristiano, sino que lo reabsorbe dentro de una cosmovisión monista e inmanentista distinta, vaciándolo desde dentro.

    Lo que el informe de la Fundación SM aporta ahora es la prueba estadística de que ese vaciamiento ya no ocurre solo en librerías esotéricas, sino dentro del banco de la parroquia.

    Y lo que viene: la IA como catalizador

    Si algo va a acelerar este fenómeno en los próximos años no son los libros, sino los asistentes conversacionales de espiritualidad "personalizada". Ya existen aplicaciones que ofrecen horóscopos generados por IA, "coaches espirituales" que mezclan mindfulness, astrología y frases de autoayuda, y no es difícil imaginar la extensión lógica: un agente de IA que, a petición del usuario, combine calendario litúrgico y tránsitos planetarios, o que sugiera "rituales" de oración adaptados al signo zodiacal de quien pregunta, uniendo todas las ramas de la Nueva Era.

    La lógica comercial de estos sistemas, maximizar la satisfacción subjetiva inmediata del usuario, no la coherencia doctrinal de la respuesta, los hace estructuralmente proclives al sincretismo que venimos describiendo, y más eficaces que cualquier estante de librería: no ofrecen setenta títulos entre los que elegir y comparar, sino una síntesis ya masticada, hecha a medida de cada usuario, sin fricción ni jerarquía doctrinal que la contradiga.

    Frente a esto, la respuesta no puede ser solo apologética reactiva; además de ello, hace falta también una catequesis capaz de explicar por qué estas fusiones son incompatibles, no solo que lo son.

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  5. Dos caminos a una misma realidad

    El estante de la librería y la tabla del informe cuentan la misma historia desde dos ángulos distintos: una cultura —también la católica practicante— que ha perdido el sentido de que creer implica excluir.

    No se trata de escandalizarse moralmente ante quien cree en el karma, sino de recuperar algo más elemental: que la fe católica no es una sensibilidad ni una estética, sino un conjunto de proposiciones con contenido determinado, y que aceptarla exige, también, saber qué se está rechazando al aceptarla.

    Sin ese "no" previo —no hay reencarnación, no hay karma impersonal, no hay energías que sustituyan a la gracia—, el "sí" del Credo se recita, pero deja de significar lo que dice

    Demonología y exorcística

    Esto tiene evidentes consecuencias reales, objetivas, materiales, verdaderas y operativas: demonología y exorcística.

    Pablo VI y las dos menciones a Satanás

    La fecha exacta de la primera mención es el 29 de junio de 1972, fiesta de San Pedro y San Pablo, en la homilía que celebraba el décimo aniversario de su elección como Papa (fue elegido el 21.VI.1963 y coronado el 30.VI.1963).

    La frase completa, tal como aparece en L'Osservatore Romano, es: se diría que

    "por alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios," y con él "dudas, incertidumbre, problemática, inquietud, insatisfacción, confrontación". Quien conoce la época, recordará la historia y el contexto del espíritu del momento.

    Pablo VI describe cómo, tras el Concilio, se esperaba un día de sol para la historia de la Iglesia, pero en cambio llegó una jornada de nubes, tormenta e incertidumbre.

    Explica que ya no se confía en la Iglesia, sino en el primer profeta profano que habla desde un periódico o un movimiento social, al que se sigue preguntándole si tiene la fórmula de la verdadera vida.

    Atribuye la entrada de la duda a ventanas que debían estar abiertas a la luz —la ciencia— pero que en lugar de eso trajeron crítica y duda, insistiendo en que la ciencia bien entendida debería acercar a Dios, no alejar de Él.

    Un dato relevante: esta homilía de junio de 1972 es, de hecho, el antecedente inmediato de la audiencia del 15 de noviembre de ese mismo año que se llamó "Líbranos del mal", que con Humanae vitae de 1968, acabó de enterrar el prestigio y reputación entre el hiperprogresismo católico mundial de Pablo VI como un enemigo "reaccionario".

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  6. Líbranos del mal: cuando Pablo VI recordó que el demonio existe

    El 15 de noviembre de 1972, en plena efervescencia posconciliar, Pablo VI dedicó su audiencia general de los miércoles a un tema que en ese momento sonaba casi provocador: el demonio.

    No como figura literaria, no como símbolo psicológico del mal interior del hombre, sino como lo que la Iglesia siempre ha confesado que es: una realidad personal, angélica, caída y activa.

    El título con el que ha pasado a la posteridad —Líbranos del mal— toma su nombre de la última petición del Padrenuestro, y el propio Papa explica al final de la catequesis que su propósito era precisamente ese: devolver sentido y eficacia a esa invocación que los cristianos repiten cada día casi sin pensar en lo que piden.

    Conviene situar el momento. Era el año en que buena parte de la teología europea daba por superado —cuando no por infantil o superstición medieval obsoleta, falsa— cualquier lenguaje sobre ángeles y demonios, reinterpretándolo en clave simbólica: el "demonio" como personificación de las estructuras de pecado, del inconsciente, de lo social (era típico de los 1970: quienes lo vivieron lo sabrán).

    Pablo VI, en ese contexto, no negocia ni matiza: afirma sin ambages que existe un "mysterium iniquitatis", un misterio de iniquidad del que ya hablaba san Pablo (2 Tes 2,3-12), y que quien no vigila con cierto rigor moral sobre sí mismo se expone a su influjo.

    Lo que dice la catequesis

    El núcleo doctrinal de la alocución puede resumirse en unos pocos puntos, todos ellos de una precisión que hoy sorprende por su franqueza:

    El demonio es, en palabras del propio Pablo VI, el enemigo número uno, el tentador por excelencia. No es una fuerza difusa ni una metáfora: es un ser oscuro y perturbador que actúa con astucia traidora, sembrando errores y desventuras en la historia humana.

    El Papa recurre a la parábola del grano bueno y la cizaña —"inimicus homo hoc fecit" (Mt 13,28), el hombre enemigo hizo esto— como síntesis de esa acción oculta que explica buena parte de lo que, de otro modo, resultaría un absurdo inexplicable en la historia.

    Cristo mismo, recuerda la catequesis, se refiere tres veces al demonio como su adversario y lo llama "príncipe de este mundo" (Jn 12,31; 14,30; 16,11), mientras que san Juan lo define como "homicida desde el principio y padre de la mentira" (Jn 8,44-45) y san Pablo lo llama "el dios de este mundo" (2 Cor 4,4). El cristiano, por tanto, no libra una batalla contra una abstracción, sino contra un adversario personal, y de ahí la insistencia paulina en revestirse de la armadura de Dios (Ef 6,11).

    Pero el pasaje más incisivo de toda la catequesis —y el que más la conecta con nuestro propio momento cultural— es aquel en el que Pablo VI diagnostica la paradoja de su tiempo: hay quienes prefieren mostrarse valientes y libres de prejuicios, adoptar posturas positivistas frente a cualquier mención del demonio, y sin embargo prestan fe con toda naturalidad a supersticiones mágicas o populares; o peor aún, abren su propia alma bautizada —visitada por la presencia eucarística, habitada por el Espíritu Santo— a experiencias libertinas, a los estupefacientes, a las seducciones ideológicas de los errores de moda. Son, dice el Papa, fisuras por las que el Maligno penetra con facilidad.

    Léase esa frase medio siglo después y dígase si no describe con precisión el expositor de Nueva Era del que hablábamos hace poco en este mismo portal: el mismo público que se declararía "racional" y "sin prejuicios" ante la sola mención del demonio cristiano consume sin ninguna resistencia crítica el karma, las energías, los rituales de manifestación y las cartas astrales. El diagnóstico de 1972 no ha envejecido; simplemente ha cambiado de vitrina.

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  7. Recepción catequética social

    La catequesis no pasó inadvertida, y no precisamente por elogios. El filósofo italiano Michele Federico Sciacca, en un artículo publicado en 1975 en el diario romano Il Tempo bajo el título Satanás entre nosotros, recogía la reacción que había suscitado: al Papa le fue mal por haber aludido al demonio en el sentido bíblico tradicional.

    Fue acusado de retorno a la falsificación manipuladora del Medioevo, de oscurantismo, de superstición, de ofender en pleno siglo XX al espíritu empírico, científico, racionalista y progresista.

    Es una acusación que merece detenerse un momento, porque revela la inversión exacta del problema. No fue acusado de superstición por creer en el demonio, sino por creer en él de la manera "equivocada" según la ciencia de 1972: la personal, la bíblica, la que exige un juicio moral y una lucha ascética concreta.

    La cultura que lo acusaba de oscurantismo era, con frecuencia, la misma que unos años después llenaría las librerías de manuales de brujería, tarot y astrología sin que a nadie se le ocurriera hablar de retorno al Medioevo. El demonio bíblico resultaba intolerable; el ocultismo terapéutico, en cambio, sería perfectamente asimilable: creerás en la alquimia astrológica, pero en el demonio es superstición.

    Por qué no es una opinión teológica libre

    Aquí conviene, como en tantas otras cuestiones tratadas en este portal, no dejar el argumento en el terreno de la sensibilidad piadosa. La existencia personal del demonio y de los ángeles caídos no es una hipótesis teológica entre otras: es doctrina definida.

    El IV Concilio de Letrán (1215) enseña que Dios creó desde el principio, a la vez, la criatura espiritual y la corporal, y que el diablo y los demás demonios fueron creados buenos por Dios, pero se hicieron malos por sí mismos (Denzinger-Hünermann 800).

    El Concilio de Trento, al tratar del pecado original, presupone la misma realidad: la caída de Adán inducida por la envidia del diablo.

    El Catecismo de la Iglesia Católica lo recoge sin ambigüedad en los números 391-395, dedicados expresamente a "la caída de los ángeles", y el mismo Catecismo, en el 2851, identifica al "Maligno" de la última petición del Padrenuestro no como una abstracción, sino como "una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios".

    Negar esa personalidad, reducirla a símbolo del mal difuso, no es una opción legítima de sensibilidad teológica: es, lisa y llanamente, apartarse de la enseñanza constante de la Escritura, del Magisterio y de la Iglesia toda —exactamente lo que Pablo VI denunciaba en 1972 al decir que "se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y de la Iglesia quien se niega a reconocer la existencia del demonio".

    Dos maneras de perder al Maligno

    Lo interesante, mirado desde 2026, es que la erosión de esa creencia se ha producido por dos caminos opuestos, y ambos convergen en el mismo resultado práctico: la desaparición del enemigo real.

    El primer camino es el que denunciaba Pablo VI: la demitologización racionalista, que disuelve al demonio en metáfora psicológica o sociológica, dejando al hombre moderno "adulto" y sin necesidad de semejante andamiaje mitológico.

    El segundo camino, más silencioso y más extendido hoy, subrepticio y con subterfugios refinados, es el que veíamos en el análisis del expositor de espiritualidad: la disolución no por rechazo racionalista, sino por sustitución.

    No se niega expresamente al demonio; simplemente se le reemplaza por un vocabulario de energías negativas, bloqueos kármicos o vibraciones bajas que producen los mismos efectos —el mal existe, hay que "protegerse" de él— sin ninguna de las consecuencias morales y personales que implica reconocer un adversario libre y racional que tienta con voluntad propia.

    Es una forma de creer en el mal sin tener que arrepentirse de nada concreto, porque una "energía negativa" no exige confesión, examen de conciencia ni lucha ascética: exige, a lo sumo, un cristal, un ritual de limpieza o una carta de tarot.

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  8. Ambos caminos, el escéptico y el esotérico, desembocan en la misma orfandad: un cristiano que ya no sabe, con la precisión bíblica que exigía Pablo VI, contra quién está luchando.

    ...

    Una petición que se ha vuelto incómoda

    No deja de ser significativo que, medio siglo después de esta catequesis, la petición "líbranos del mal" siga generando controversia —ahora no por su contenido sobre el demonio, sino por su traducción, discutida bajo el pontificado de Francisco entre el sentido neutro ("el mal" en abstracto, herencia de la tradición latina) y el masculino ("el Maligno" como persona, herencia de la tradición griega). Es, en cierto modo, la misma pregunta que ya planteaba Pablo VI en 1972, formulada de otro modo: ¿a quién, o a qué, estamos pidiendo que nos libre?

    La respuesta de la Tradición, la del Catecismo, la de Pablo VI, no deja lugar a la ambigüedad cómoda. No pedimos que nos libren de una fuerza impersonal ni de una energía difusa. Pedimos ser librados de alguien: del que Cristo llamó homicida desde el principio y padre de la mentira. Reconocerlo así no es "retorno al Medioevo", como le reprocharon en 1974 a un Papa que solo estaba repitiendo lo que enseña la Escritura. Es, simplemente, rezar el Padrenuestro sabiendo lo que se dice.

    ...

    Nota:

    - vivificantem.blogspot.com: un blog donde se habla de exorcística y demonología básica.

    - Catequesis de los ángeles de Juan Pablo II
    Ciclo de Catequesis sobre el Credo (5 diciembre 1984 al 7 diciembre 1986)
    VII. Los ángeles
    Audiencias Generales
    9 julio a 20 agosto 1986

    La existencia de los Ángeles
    La caída de los Ángeles malos
    La misión de los Ángeles
    La naturaleza de los Ángeles
    El pecado y la acción de Satanás
    La acción de Satanás y la victoria de Cristo

    vivificantem.blogspot.com/p/catequesis-pablo-vi.html

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