Turull è terribile

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En los momentos previos al inicio de la misa con el Papa en la Sagrada Familia, los ceremonieros pontificios avisaron a los sacerdotes que ocupaban asiento en el presbiterio (vicario general y judicial y arciprestes episcopales) de que debían abandonarlo y sentarse con el resto del clero. Las gradas del altar mayor de la basílica debían quedar reservadas para los ministros intervinientes y para los cardenales, arzobispos y obispos que asistían a la celebración. La advertencia no sentó nada bien a quienes se habían acomodado allí y varios se hicieron los remolones.

Fue entonces cuando apareció Turull, que había esperado al Papa para acompañarle a rezar ante la tumba de Gaudí. Al encontrarse con la discusión entre ceremonieros y curia de la archidiócesis, no solo no se arredró, sino que hizo valer sus galones de párroco de la basílica y arcipreste episcopal. De allí no se apeaba nadie, vino a decir. Los ceremonieros, como buenos romanos, no están acostumbrados a semejantes escenas en los minutos previos a una celebración presidida por el Santo Padre. Se llevaban las manos a la cabeza. Hasta que uno, que probablemente ya conocía al personaje que pretendía amotinarse, sentenció: “Monsignore Turull è terribile”.  

¡Y tan terrible! Lo que desconocían era que ese mismo sacerdote suele hacer de “policía de estrados” en las celebraciones que se llevan a cabo en la Sagrada Familia y que, en la última ordenación sacerdotal, llegó a exigir a un clérigo que se quitara la casulla con la que se había revestido porque, a su juicio, no le correspondía protocolariamente.


Con la visita de León XIV le había tocado su cuota de protagonismo en la magna celebración de la basílica. La misma resultó litúrgicamente ejemplar; los cantos fueron solemnes y dignos y el marco incomparable. No obstante, hubo un detalle que a muchos sorprendió: los ornamentos de los celebrantes, especialmente los del Santo Padre. Unas vestiduras que pretendían ser originales, inspiradas en la cruz de Jesucristo que iba a bendecirse, pero que recordaban inevitablemente a la discutible propuesta estética utilizada en la reinauguración de la catedral de Notre Dame.  

Aquellas casullas, cuyo bordado evocaba más a un antifaz que a una cruz y cuyas formas geométricas se asemejaban al plano del Ensanche, difícilmente podían haber sido escogidas en Roma. Monseñor Ravelli tiene un gusto más delicado y cuida los ornamentos papales de una manera mucho más clásica y digna. Aquellas casullas tenían que venir de Barcelona. ¿Y quién se ocupó de ellas? El párroco de la Sagrada Familia, en cuya parroquia, además, quedarán para la posteridad.

Los ornamentos litúrgicos fueron diseñados por Alejandro Seoane, uno de los arquitectos actuales de la Sagrada Familia, y confeccionados por una empresa de Zaragoza, denominada Zara Santa. Ya no se confeccionan casullas en Barcelona: aquellas benedictinas de Anglí o de San Daniel que las elaboraban ya no están para esos trotes y la Sastrería Ecumenic, del barrio de Sants, cerró hace tiempo. En Cataluña han desaparecido los talleres de ropajes litúrgicos y muchos sacerdotes los adquieren hoy por Internet a una empresa polaca.


Turull es un caso único en la diócesis barcelonesa. Nuestros lectores más veteranos recordarán que, de no haber sido porque este portal rescató su foto con el megáfono arengando a las masas contra la división de la archidiócesis en 2005, Sistach probablemente lo hubiese colocado como su obispo auxiliar. Pese a ello, fue rector del Seminario y, en la actualidad, párroco de la Sagrada Familia, canónigo de la catedral, prior de la capilla de Sant Jordi del Palacio de la Generalitat, Arcipreste episcopal de Barcelona Centro, Párroco Moderador de la unidad pastoral de Sagrada Familia (siete parroquias), director de la Biblioteca Episcopal del Seminario y profesor de la Facultad de Teología. El sacerdote que acumula más cargos en la archidiócesis. 

Y todo ello, sin haber concluido siquiera su doctorado en teología dogmática en la Gregoriana. Sin embargo, tanto Sistach como Omella le han dispensado siempre una confianza absoluta y, como el corcho, Turull acaba emergiendo una y otra vez. No les extrañe que vuelva a aparecer en las quinielas episcopales de algunas de las próximas promociones que pueda haber en Cataluña. Sería, sin duda, el terribile colofón a su cursus honorum.
 
Oriol Trillas 

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36 comentarios

  1. ¿Qué cargo es el de "arcipreste episcopal"? O se es arcipreste o se es vicario episcopal de un territorio.

    Por cierto, ¿quién se salió al final con la suya en la ceremonia del Papa en la Sagrada Familia, Turull o Ravelli?

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    1. Solo hay que ver la foto. En ultima fila hay un grupo de 4 o 5 sacerdotes.

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  2. La situación del arzobispado de Barcelona exige una reflexión seria y desapasionada. La diócesis ha sufrido durante décadas una erosión doctrinal, disciplinar y pastoral, ya desde que Jubany fue obispo en 1971 con las tres diócesis fusionadas aún (Barcelona, Tarrasa, San Feliu), que ha desembocado en un vacío de autoridad donde, como se decía irónicamente, hasta un simple presbítero podía convertirse en “obispo de Gràcia”, que fue un apodo irónico aplicado a Mn. Ferran Colàs, un sacerdote barcelonés que ejercía en la parroquia de Sant Joan de Gràcia (oficialmente Sant Joan Baptista de Gràcia), símbolo de una diócesis dejada a su suerte, sin gobierno efectivo y con territorios eclesiales convertidos en feudos personales.

    ---

    1. La figura de Turull: un problema de idoneidad objetiva

    La eventual promoción de Turull al arzobispado de Barcelona resulta problemática no por cuestiones personales, sino por criterios objetivos establecidos por la Iglesia.

    Su historial, marcado por la revuelta de 2005 contra la división de la diócesis —un acto de abierta desobediencia y de grave perturbación eclesial— plantea dudas serias sobre su capacidad para ejercer un ministerio episcopal en comunión, prudencia y estabilidad.


    1.1. Cánones sobre la idoneidad episcopal

    El canon 378 del Código de Derecho Canónico de 1983 exige que un obispo sea:

    Firme en la fe y de buenas costumbres

    De buena fama

    Dotado de prudencia y madurez

    Apto para gobernar

    El Código de 1917 ya establecía criterios semejantes: buenas costumbres, piedad, celo por las almas y dotes de gobierno.


    1.2. El criterio clásico: evitar la división

    Existe además un principio tradicional, recogido en la praxis canónica y en la teología del episcopado, según el cual quien causa división grave en la diócesis no puede ser su pastor. La razón es evidente: el obispo es principio de unidad dentro de la verdad de Fé única y católica, no de facción.

    La actuación de Turull en 2005, liderando una oposición pública y organizada contra una decisión legítima de la Santa Sede, constituye un precedente que difícilmente puede armonizarse con el perfil de un obispo que debe construir comunión, no fracturarla.

    ---

    2. La tradición pre‑1917: elección sinodal y causas de cese

    Antes del Código de 1917, la Iglesia no conocía una disciplina universal y uniforme sobre la elección de obispos. Existían, sin embargo, principios constantes:


    2.1. Elección sinodal antigua

    En la antigüedad, la elección episcopal era sinodal, realizada por:

    el clero local,

    los obispos de la provincia,

    y con la aceptación del pueblo.

    El Papa intervenía como garante de la ortodoxia y de la comunión, pudiendo revocar elecciones irregulares o indignas.

    Esta tradición demuestra que la Iglesia siempre ha exigido que el obispo sea aceptable para la comunidad, no fuente de conflicto. Y como Francisco estableció que la Iglesia era sinodal en 2021, el Pueblo de Dios de Barcelona debe de ser tenido en cuenta para la discusión, debate, deliberación y elección de su propio obispo.


    2.2. El principio “quod omnes tangit” y su relación con la sinodalidad

    El principio jurídico clásico quod omnes tangit, ab omnibus tractari et approbari debet significa:

    “Lo que afecta a todos, debe ser tratado y aprobado por todos”.

    Este axioma aparece en el Derecho romano tardío, pasa al Derecho canónico medieval, y se convierte en un criterio fundamental de la sinodalidad antigua.

    No significa democracia, sino participación ordenada de quienes están legítimamente implicados en una decisión.

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  3. 2.3. Quod omnes tangit: Sinodalidad antigua

    Aplicación histórica: elección de obispos en la era sinodal bajoimperial-altomedieval

    Antes del Código de 1917 y 1983, la Iglesia no tenía un procedimiento universal para elegir obispos, pero sí una tradición constante:


    Elección sinodal antigua (siglos II–XI)

    El obispo era elegido por:

    el clero local,

    los obispos de la provincia,

    y con la aceptación moral del pueblo.

    Esto se basaba explícitamente en el principio quod omnes tangit, porque el obispo afecta a toda la Iglesia local. Y eso debe de ocurrir en 2027 o 2028 o cuando sea: el Pueblo de Dios de Barcelona debe de intervenir, participar.


    2.4. Causas de cese de obispo en la tradición

    Entre las causas clásicas de deposición o traslado forzoso se encuentran:

    Herejía o desviación doctrinal

    Incapacidad moral o disciplinar

    Gobierno dañino o divisivo

    La división grave aparece repetidamente en la tradición como motivo suficiente para impedir o cesar un episcopado, porque destruye la misión esencial del obispo: ser principio visible de unidad.

    ---

    3. El contexto barcelonés: una diócesis fatigada

    Barcelona arrastra desde los años 70 una sucesión de crisis:

    Politización marxista y sindicalista

    Nacionalismo eclesial

    Modernismo doctrinal y espiritual

    El resultado ha sido una diócesis fragmentada, con parroquias convertidas en micro‑comunidades ideológicas, y un clero envejecido que ha perdido la referencia común, en proceso de disminución, envejecimiento, enfermedad, discapacidad, dependencia, jubilación y extinción funcional por falta de vocaciones.

    En este contexto, la elección de un arzobispo debe ser especialmente cuidadosa:

    Barcelona necesita un pastor firme, doctrinalmente claro, espiritualmente sólido y capaz de gobernar con autoridad real, y dentro de un proceso participativo sinodal.

    ---

    4. La utopía comunitarista: un error pastoral

    Pretender que todas las parroquias sean espacios homogéneos, igualitarios y universalistas por decreto es una utopía sociológica. La realidad pastoral demuestra que las comunidades se configuran según:

    clase social,

    nivel cultural,

    sensibilidad espiritual,

    carismas,

    tradiciones devocionales.

    Forzar una uniformidad artificial conduce a una Iglesia asamblearia, sin identidad ni estructura, más cercana a una comuna ideológica que a una diócesis católica.

    Además, el futuro arzobispo de Barcelona tendrá en su pontificado de toda la década de 2030 un gran desafío: la ciudad de Barcelona va a cambiar totalmente, desaparecerá toda la generación de fieles y curas del tardofranquismo y de la transición, así como del nacional-progresismo. La misma configuración demográfica de Barcelona va a verse alterada muy profundamente. Quizás habrá que cerrar y vender o ceder parroquias y construir otras en otro sitios. Lugares de gran renombre como el Tibidabo y la Sagrada Familia deberán de dar frutos espirituales que hoy no dan. Todos los religiosos de Barcelona deberán de ser de nuevo cuño, el panorama actual en curas y religiosos es de mediocridad, descatolicidad, escasez y vejez sin relevo de juventud.

    ---

    5. Conclusión: Barcelona necesita un pastor, no un agitador

    La diócesis entra en un período decisivo (2027–2040). No puede permitirse un arzobispo cuya trayectoria incluye:

    actos de división grave,

    perfil doctrinal ambiguo,

    falta de prudencia pastoral,

    incapacidad para generar comunión real.

    Barcelona necesita un obispo capaz de unir, no de reabrir heridas.

    Por todo ello, la candidatura de Turull aparece, a la luz de la tradición y del derecho, como objetivamente inidónea. Y debe de haber sinodalidad.

    Es una promesa, y un retorno a los orígenes, basta ya de propuestas oscuras clericales de obispos a espaldas de la sinodalidad, y menos de candidatos de una época ya caducada, periclitada, fracasada, arruinada e irrelevante. Barcelona tiene un gran desafío en la década de 2030, y ello ha de ser afrontado con un nuevo método -viejo- de la sinodalidad.

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    1. Ciertamente, ese Turull presbítero acumulador de cargos, es un candidato inidóneo. Claro que sí apareciera un Planellas en la sede barcelonesa...hasta podría ser auxiliar. Y a su primo, el agitador del golpe, lo podrían hacer monseñor pues cara d'escolanet tiene.

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    2. Turull ya ha sido descartado un par de veces, y el jefe del dicasterio que lo hacia qhora es Papa.
      Yo apuesto por Benavent. Ya le fue bien en Tortosa, es buena pieza. Ara, a ver quien ponen en Valencia...

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  4. En la Sagrada Familia cuando uno va a concelebrar siempre hay una lista de los sacerdotes que pueden llevar casulla y los que no.
    Otra cuestión son tantos cargos en un mismo sacerdote.
    ¿Tiene tiempo para realizarlos? o simplemente deja algunos por imposibilidad material de realizarlos.
    Quien mucho abarca poco aprieta.
    Entre cierto clero diocesano hay dos explicaciones de porque Omella da tantos cargos solo a un grupito de sacerdotes:
    a) Solo se fía de un grupo de sacerdotes. Porque no conoce a muchos, ni se ha esforzado en conocerlos durante su pontificado a punto de concluir.
    b) Nombra a pocos con muchos cargos, y así no tienen tiempo de hacer ninguno en profundidad, y así no le crean problemas.
    Pero yo añado es una imprudencia quien propone tantos cargos a un solo sacerdote, y un absurdo a quien los acepta sabiendo que humanamente el día tiene las horas que tiene.
    Así va la diócesis desde hace un tiempo, sin los engranajes sin engrasar.
    Con la reforma territorial impuesta por Omella hay menos riqueza pastoral en las Comunidades Pastorales que en los antiguos Arciprestazgos.
    Los párrocos se sienten más solos y desamparados que antes de la reforma.
    Pero claro el papel lo aguanta todo.

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  5. Turull podía haber realizando una performance acabada la ceremonia de bendición de la Torre, tal cual como hace en la cripta, haciendo unos absurdos bailoteos cuando acaban las primeras comuniones…Vaya manera de hacer el ridículo.

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    1. Pobres canónigos..tan ilustres otrora y tan malhadados ahora

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  6. Un excelente artículo que revela un grave defecto y despropósito litúrgico del Novus Ordo salido del Concilio Vaticano II, que Roma no ha solucionado a nivel universal, y por lo que se ve, ni papal, en 60 años.


    I. LA IGLESIA ORTODOXA BIZANTINA

    1. Estructura formal y estabilidad tipológica

    La indumentaria litúrgica del rito bizantino se distingue por una marcada estabilidad tipológica que se ha mantenido reconocible a lo largo de los siglos. Sus piezas fundamentales —el sticharion o túnica larga, el orarion propio del diácono, el epitrachelion o estola sacerdotal, el zone o cinturón, el phelonion o capa exterior del presbítero, las epimanikia o puños litúrgicos— constituyen un repertorio fijo transmitido con fidelidad a través de la historia eclesial. En el orden episcopal, a estas piezas se añaden ornamentos de dignidad específica como el sakkos, el omophorion y otros propios del rango jerárquico. Esta estabilidad no significa inmovilidad absoluta: existen evoluciones históricas identificables, pero la tendencia constante ha sido conservar y perfeccionar los modelos recibidos antes que introducir innovaciones estructurales. La continuidad con la vestimenta de la corte imperial tardorromana y bizantina explica en buena medida la solemnidad codificada de este repertorio.

    2. Principio estético y gramática simbólica

    La estética de la tradición bizantina es eminentemente conservadora y se articula en torno a una gramática simbólica ampliamente codificada. El vocabulario visual es reconocible y estable: cruces, serafines, figuras celestes, símbolos cristológicos y motivos vegetales estilizados conforman un lenguaje ornamental que no nace de la improvisación artística, sino de una herencia visual consolidada durante siglos. Los tejidos empleados son nobles y solemnes —sedas, damascos, brocados enriquecidos con hilos de oro y bordados elaborados—, en ocasiones complementados con aplicaciones de pedrería. Aunque determinados conjuntos parezcan muy recargados a la sensibilidad occidental contemporánea, su impacto estético no deriva de la invención caprichosa, sino de la continuidad de una tradición en la que la riqueza material es expresión de la majestad divina: DIOS MERECE LO MEJOR COMO DUEÑO Y SEÑOR OMNÍMODO DEL COSMOS-UNIVERSO, nada es suficiente. El riesgo propio de esta estética es el exceso de suntuosidad, pero incluso en sus manifestaciones más opulentas el lenguaje simbólico permanece coherente y reconocible:

    “Déspota Kýrie, ho pantokrátor tōn sýmpanton
    (Señor Soberano, Tú que eres el Todopoderoso de todas las cosas),

    ho kratōn ta panta en tē dynamei sou
    (Tú que sostienes el universo entero con tu poder),

    ho phōti periballómenos hōs himatíō
    (Tú que te revistes de luz como de un manto),

    kai tē doxē sou aneklalētō lamprynōn ta ouránia kai ta epigeia
    (y con tu gloria inefable iluminas lo celestial y lo terrestre),

    soi prepei to kalliston, to katharótaton, to timiótaton
    (a Ti corresponde lo más bello, lo más puro, lo más precioso).

    Dóxei sou prospheromen ta himátia tauta
    (A tu gloria ofrecemos estos vestidos),

    ouk eis anthrōpinēn lamprótēta, all’ eis semeion tēs basileías sou
    (no para ostentación humana, sino como signo de tu Reino).

    Kai parakalo se, Kyrie,
    (Y te suplico, Señor),

    peribálle me tō endýmati tou phōtos
    (revísteme con el vestido de la luz),

    kai stērison me en hosiotēti kai phóbō
    (y afírmame en santidad y temor reverente),

    hina axióthō parastēnai enōpión sou
    (para que sea hallado digno de presentarme ante Ti),

    kai leitourgēsai soi tō Theō tō zōnti
    (y servirte a Ti, Dios viviente),

    hōti soi prepei pasa dóxa, timē kai proskýnēsis
    (pues a Ti corresponde toda gloria, honor y adoración),

    eis tous aiōnas tōn aiōnōn. Amēn.”
    (por los siglos de los siglos. Amén.)

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  7. 3. Función simbólica y expresión de la sacralidad

    En la Iglesia ortodoxa bizantina, la vestidura litúrgica opera como manifestación visible de la sacralidad del culto y de la jerarquía eclesial. La influencia del ceremonial imperial reforzó esta concepción solemne del rito, estableciendo una íntima asociación entre belleza, dignidad material y trascendencia sagrada. El empleo de determinados colores e insignias —heredadas en parte del protocolo palaciego— permite distinguir con claridad rangos, funciones y dignidades dentro de la celebración. La creatividad artística existe en esta tradición, pero se ejerce dentro de límites bien definidos: su finalidad no consiste en crear formas nuevas, sino en manifestar con mayor profundidad y esplendor los significados recibidos de la tradición.

    ......

    II. LA BELLEZA SACRA DE TRENTO: LA IGLESIA LATINA ANTES DEL CONCILIO VATICANO II

    4. Estructura formal y continuidad histórica

    La Iglesia latina desarrolló su sistema de vestiduras litúrgicas a partir de la indumentaria civil del mundo romano tardío (¡DE ROMA!), que fue adquiriendo progresivamente un carácter específicamente cultual.

    Las piezas fundamentales de este sistema —el alba, el cíngulo, la estola, la casulla o planeta, la dalmática para los diáconos, la capa pluvial y, para el orden episcopal, la mitra, el báculo y el palio— constituyeron un repertorio estable que se mantuvo sin rupturas esenciales durante siglos. A lo largo de ese período surgieron variantes regionales y estilísticas —casullas de corte gótico, romano, francés— que enriquecieron el repertorio sin alterar la identidad funcional ni la lógica litúrgica de cada pieza. La continuidad formal fue uno de los rasgos que distinguieron la tradición latina occidental.

    5. Principio estético y ornamentación tradicional

    Antes del Concilio Vaticano II predominaba una concepción de la belleza litúrgica estrechamente vinculada a la solemnidad del culto, paralela a la bizantina y ortodoxa rusa (emperador y zar). Era práctica habitual el empleo de brocados, galones, bordados finos, sedas y materiales nobles destinados a realzar la dignidad de la celebración. Aunque la diversidad estilística era en este ámbito algo mayor que en la tradición bizantina, la creatividad permanecía subordinada a un marco simbólico estable y reconocible.

    Las variaciones afectaban principalmente a los tejidos, los bordados y determinados elementos decorativos, pero la identidad ritual de cada pieza seguía siendo transparente. La ornamentación abundante no se entendía como un fin en sí mismo, sino como expresión de la gloria divina y de la solemnidad de los misterios celebrados. Cuando este principio se respetaba, la riqueza contribuía a elevar el espíritu; cuando se desvirtuaba, podía derivar en un exceso puramente decorativo ajeno a la profundidad litúrgica.

    6. Función simbólica y separación ritual

    La vestidura litúrgica en la Iglesia latina preconciliar no era considerada ropa común, sino un signo de separación ritual, dignidad ministerial y consagración al culto divino. Al revestirse, el ministro asumía visiblemente la representación de la Iglesia, despojándose en cierto modo de su individualidad para actuar in persona Ecclesiae. Este carácter ritual confería a la vestidura una función pedagógica de primer orden: subrayaba la naturaleza sagrada de la acción litúrgica y orientaba la atención de los fieles hacia la realidad trascendente del sacrificio eucarístico. La riqueza ornamental, cuando se empleaba con criterio, era el medio visible de una oblación a la gloria de Dios.

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  8. III. EN EL TERROR: LA IGLESIA LATINA DESPUÉS DEL CONCILIO VATICANO II

    7. La normativa conciliar y el principio de la noble sencillez

    El Concilio Vaticano II introdujo una reflexión renovada sobre el arte sacro y la indumentaria litúrgica cuyo eje directriz quedó definido por el abstracto e ingenuo principio de la nobilis simplicitas o noble sencillez.

    Este principio buscaba una belleza auténtica basada en la calidad de los materiales, la proporción de las formas y la claridad simbólica, antes que en la mera acumulación de ornamentos. La reforma no suprimió las vestiduras tradicionales ni alteró sustancialmente su estructura: la casulla continuó siendo la vestidura propia del sacerdote en la celebración de la misa; las demás piezas conservaron igualmente su función litúrgica. La Instrucción General del Misal Romano reafirmó la exigencia de decoro, dignidad y adecuación litúrgica. La norma conciliar, leída con fidelidad, no prescribía ni el empobrecimiento estético ni la improvisación creativa, sino nobleza y claridad simbólica.

    8. Evolución práctica y diversidad de interpretaciones

    La aplicación concreta de estas directrices produjo resultados muy desiguales según regiones, diócesis y sensibilidades litúrgicas: de todos es conocido por fotografías y vídeos de cómo obispos se han vestido y comportado como payasos ridículos: paseando con bicicletas vestidos de colorines vergonzosos y risibles y haciendo misas con graves violaciones del rito, todos los grandes delitos litúrgicos que Roma no ha podido domesticar en 60 años: la sensación de una ley de la selva litúrgica se impone, máxime con el camino sinodal alemán, que lo ha puesto a máximos absolutos (presencia de mujeres y laicos en misas haciendo lo que quieren)

    En numerosos lugares se adoptaron soluciones sobrias, elegantes y coherentes con el espíritu de la reforma: pero los resultandos no son uniformes ni dan unidad de conjunto.

    En otros, sin embargo, surgieron diseños de corte funcionalista o minimalista que incurrieron en pobreza estética, incompatible con la dignidad del culto: se practicó el brutalismo paupérrico y miserabilista, donde el obispo parecía que le había caído los vestidos más feos posibles desde 20 kilómetros de distancia.

    Paralelamente, en ciertos ámbitos se introdujeron experimentos visuales y soluciones inventivas carentes de continuidad con el patrimonio simbólico de la Iglesia: los resultados, entre carcajada y escándalo.

    Esta fragmentación no deriva de las normas conciliares en sí mismas —que exigían nobleza y claridad—, sino de interpretaciones deficientes, caprichosas o ideológicamente marcadas de sus principios modernistas progresistas y rupturistas, junto con el abandono de Roma de toda disciplina en el vestido litúrgico:

    - "Barra libre, chicos, haced lo que os dé la gana, no nos importa".

    El resultado ha sido una percepción contemporánea de extrema variabilidad, desconocida en la tradición latina anterior al Concilio y muy alejada de la coherencia tipológica de la tradición bizantina, donde adquieren protagonismo modelos, colores, formas y estilos totalmente anticatólicos.

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  9. 9. Un caso reciente: los ornamentos de la bendición de la Sagrada Familia

    Un ejemplo ilustrativo de los criterios estéticos que pueden imponerse en ausencia de una tradición sólida lo ofrecen los ornamentos utilizados en la ceremonia de bendición de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Família de Barcelona.

    Las vestiduras, cuyo bordado evocaba según algunos observadores más un antifaz que una cruz, y cuyas formas geométricas recordaban inevitablemente al plano del Ensanche barcelonés, fueron diseñadas por Alejandro Seoane, uno de los arquitectos del templo, y confeccionadas por la empresa zaragozana Zara Santa.

    No se trataba de ornamentos pontificios seleccionados en Roma —Monseñor Ravelli, maestro de ceremonias pontificias, cuida con criterio más clásico la indumentaria papal—, sino de una solución local inspirada en la arquitectura del edificio que se bendecía.

    El procedimiento, con independencia de la buena intención de sus promotores, ilustra con precisión el tipo de desplazamiento estético que ocurre cuando el criterio arquitectónico o artístico-contemporáneo sustituye al criterio litúrgico-simbólico en la concepción de la vestidura sagrada, y es uno de los más graves problemas del Concilio Vaticano II: todo lo ha estropeado, pero lo que más, es el Novus Ordo, la música, la decoración, el arte y sus modelitos de vestiduras litúrgicas.

    No es casual que la misma impresión de arbitrariedad estética evocase en muchos la discutible propuesta utilizada en la reinauguración de la catedral de Notre Dame de París: en ambos casos, el denominador común es la sustitución del lenguaje litúrgico heredado por un lenguaje artístico-contemporáneo que, por más que sea técnicamente sofisticado, carece de la gramática simbólica que hace reconocible una vestidura sagrada como tal: cae en el ridículo, el desprecio, alimenta teorías conspirativas (¿son masones, son extraterrestres, son chamanes?), y embarran, pisan y arrugan toda la ceremonia con sus ineptos vestidos, dejandos de las manos de individuos de gusto pésimo, ignorancia tradicional vestimental, y comprometiendo al mismo Papa con diseños estrambóticos y la risa y el choteo general por siempre jamás (todo queda registrado).

    Es de destacar la arbitrariedad y discrecionalidad de los diseñadores, que no han dado ninguna explicación de sus diseños.

    También ha sido absoluto el desprecio del principio sinodal de "QOT" de la Iglesia tardorromana y altomedieval:

    «Quod omnes tangit, ab omnibus tractari et approbari debet»

    (Lo que a todos afecta, por todos debe ser tratado y aprobado).

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  10. a) La vestimenta del sacerdote y los ministros no es una propiedad privada ni una elección de moda personal.

    b) Reflejo de la Fe Común: La liturgia es la oración pública de toda la Iglesia. Los ornamentos (casullas, estolas, albas) visualizan los misterios de la fe. Si el diseño distorsiona o debilita ese misterio, hiere la sensibilidad espiritual y la fe del pueblo.

    c) Derecho de los Fieles: Según el Derecho Canónico, los fieles tienen derecho a recibir los sacramentos según las normas de la Iglesia, lo que incluye una liturgia digna. Por lo tanto, la estética sagrada es un asunto de interés comunitario.


    9.1. El Proceso: Tratado por todos (Ab omnibus tractari)

    Para evitar la arbitrariedad de que un solo párroco o un comité cerrado imponga diseños extraños, el QOT justifica la creación de espacios de deliberación:

    a) Consejos de Pastoral y Comisiones de Arte Sacro: El Pueblo de Dios (que incluye a laicos profesionales en arte, historia, costura y teología) debe ser consultado activamente en la selección y renovación del ajuar litúrgico.

    b) Criterios de Evaluación: En estas consultas se debe analizar si los diseños respetan:

    d) La continuidad histórica y orgánica de la tradición católica.

    d) La noble sencillez que pide el Concilio Vaticano II (que no significa fealdad ni minimalismo secular).

    e) La sacralidad del espacio, asegurando que los colores y formas eleven el espíritu hacia lo divino y no hacia lo meramente mundano.


    9.2. La Acción: Decisión y Aprobación (Ab omnibus approbari)

    a) Aunque la autoridad última para bendecir y usar los ornamentos recae en el ministro ordenado u obispo, el QOT exige buscar el consenso de la comunidad:

    b) Una vestimenta no debería imponerse si genera un rechazo estético o teológico justificado en la comunidad, ya que rompería la armonía del "caminar juntos" (sinodalidad).

    c) La aprobación comunitaria asegura que el pueblo se reconozca y se sienta representado en la dignidad de su liturgia.


    9.3. El Derecho a la Alegación y Crítica de "Diseños No Católicos"

    a) El principio proporciona un marco legítimo para que los fieles aleguen o critiquen diseños que consideren ajenos al catolicismo. Se consideran diseños "no católicos" o censurables aquellos que caen en:

    b) Secularismo o Profanidad: Diseños que imitan modas civiles contemporáneas, estética corporativa o que parecen trajes de teatro secular, despojando al ornamento de su carácter sagrado.

    c) Ruptura Teológica (Iconoclasia moderna): Diseños abstractos extremos que eliminan los símbolos cristianos tradicionales (cruces, monogramas como el JHS, imágenes marianas o de santos) o que utilizan iconografía confusa de corte sincrético o de la New Age.

    d) Ideologización: Diseños que utilizan la liturgia para promocionar agendas políticas, ideológicas o sociales particulares, rompiendo la universalidad del culto católico. Eliminar diseños nacional-progresistas o comerciales o indecorosos o simplemente ridículos.

    e) Falta de Decoro y Dignidad: El uso de materiales de mala calidad (plásticos, telas corrientes) o diseños estrambóticos que mueven a la distracción o la risa, en lugar de al recogimiento.

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  11. IV. CRITERIOS PARA EL DISCERNIMIENTO LITÚRGICO Y ESTÉTICO

    10. Rasgos de una vestidura auténticamente tradicional

    Es muy extraña la falta de autoridad, la pasividad de León XIV, confirma un papado pasivo-elusivo y por ello, muy débil, no es reactivo, no tiene parresía y aquella autoridad de Juan Pablo II.

    Puede considerarse auténticamente tradicional una vestidura litúrgica cuando cumple tres condiciones concurrentes.

    En primer lugar, mantiene con fidelidad la forma ritual e histórica propia del rito al que pertenece, de modo que el fiel y el conocedor la reconocen de inmediato como lo que es.

    En segundo lugar, emplea un vocabulario simbólico heredado en cuya ornamentación los motivos, los colores y los materiales responden a una lógica litúrgica verificable, no a una elección estética arbitraria.

    En tercer lugar, su belleza emana de la armonía de las proporciones y de la nobleza intrínseca de los materiales, garantizando que el ornamento no sea un añadido caprichoso sino una expresión natural de la dignidad del culto. La tradición no excluye la creatividad, pero la sitúa siempre en continuidad con la herencia litúrgica recibida.

    11. Rasgos de una vestidura arbitraria o meramente inventiva

    Por el contrario, una vestidura tiende a ser percibida como arbitraria o meramente inventiva cuando altera significativamente las formas rituales consagradas por el uso eclesial, cuando introduce símbolos o motivos ajenos a la gramática litúrgica tradicional, o cuando prioriza el impacto visual —ya sea de corte minimalista extremo o de signo efectista y teatral— por encima de la función sagrada de la prenda.

    Este fenómeno puede verse en cualquier galería de los horrores vestimentales católicos que hay en la red (obispos empayasados y ridículos) y obedece a intenciones muy diversas: puede nacer de una simplificación mal entendida de las normas conciliares, de una apropiación del lenguaje artístico contemporánea anticatólica sin mediación litúrgica católica, o de la subordinación del criterio eclesiástico a intereses de carácter arquitectónico, local o meramente personal caprichoso o estrafalario.

    En cualquier caso, el resultado es el mismo: la vestidura pierde capacidad para expresar la continuidad de la tradición y deja de orientar al fiel hacia la realidad sagrada que la liturgia celebra.

    Como dijo Benedicto XVI: Dios desaparece y reaparece el hombre y su mundanidad en la moda del momento alejado de la catolicidad.

    12. Conclusión

    La tradición litúrgica ortodoxa bizantina y la tradición latina preconciliar comparten, pese a sus diferencias de forma y estilo, un principio fundamental: la vestidura sagrada no es ropa de teatro, ni soporte de expresión artística personal, ni superficie para ilustrar la arquitectura del edificio en que se celebra el culto.

    Es un signo eclesial que expresa, mediante una gramática visual heredada, la naturaleza sagrada del ministerio, la jerarquía de la Iglesia y la realidad trascendente de la liturgia.

    La noble sencillez que propugnó el Concilio Vaticano II no contradice este principio; lo reafirma desde una óptica de claridad y proporción.

    Lo que lo contradice es la sustitución del lenguaje litúrgico por el lenguaje artístico-contemporáneo, la improvisación caprichosa y la subordinación del criterio sacro al criterio estético de una época. Cuando eso ocurre, incluso en celebraciones de la máxima solemnidad, el ornamento deja de ser oblación y se convierte en espectáculo.

    Se debe de dar una norma que especifique que es eso de la noble sencillez conciliar y quién manda en una ceremonia (el Papa, el cardenal, el arzobispo, un minundi), omisión legislativa incomprensible que ha hecho mucho daño a la Iglesia en la Sagrada Liturgia Eucarística, dando la sensación de una ceremonia anticatólica y carnavalesca: en algunos, sólo les faltaban lucecitas.

    Por eso, Roma ya ha de regular el tema de las vestiduras litúrgicas: es un escándalo que no lo haya hecho con rango de ius cogens compulsivo, represivo y sancionador.

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  12. Mons. Ravelli falló en algunos puntos. No es tan meticuloso como se piensan. Le falta coordinarse más con su equipo y con terceros. Les pondré dos ejemplos: en Montserrat, ante la Moreneta, no se le indicó al papa que debía al final hacercarse más a la imagen. Incluso venerarla más allá de recogerse en oración como hizo. Ravelli no estaba. Otro ejemplo fue dejar cabos sueltos en la Sagrada Familia como este que Oriolt expone. Pues si Mn. Turull es el rector de la Sagrada Familia me parece bien que ponga orden y se imponga: orden jerárquico. Es lo que hay. Las casullas y dalmáticas además del discutible diseño carecían de un buen patronaje en su corte y confección; eran dantescas, sobretodo en su caída de hombros.

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    1. Totalmente de acuerdo

      Y añado un tema más: en tiempos de las unidades pastorales, ¿Por qué no reunificar las 3 diócesis otra vez? Alguna entrada de germinans que estudie los pros y contras de esta acción...

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    2. Feas, mal confeccionadas y de materiales dudosos. Me gustó todo en la misa de la Sagrada Familia pero se podrían haber dejado más dinero en ornamentos porque estos quedarán para siempre y son los que aportarán dignidad al culto en los años venideros.

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    3. Quien falló fue León XIV, que da la sensación que tiene horchata en las venas.

      Vamos a seguir la lógica de la iglesia bizantina que era la misma que la Iglesia Latina antes del desastre del Vaticano II.

      Como principio general de derecho litúrgico ortodoxo (y antes Latino), puede formularse así.

      1. Primero existe una ley litúrgica tradicional, perenne y en gran parte consuetudinaria, un código único para toda la Iglesia ortodoxa autocéfala, como un conjunto de rúbricas, usos recibidos y costumbres locales sobre vestiduras, colores, ornato y grado de solemnidad. Ese núcleo común trasciende a cualesquiera celebrante concreto y limita lo que puede hacerse, porque la liturgia no es expresión privada del jerarca sino una forma recibida de la Iglesia dirigida a Dios, que es la máxima jerarquía.

      2. Después, dentro de ese marco, el jerarca superior —arzobispo, metropolitano, patriarca u otro prelado según la jurisdicción, León XIV para los latinos— tiene el derecho y deber de determinar su propia indumentaria episcopal y la de quienes le asisten en la celebración.

      Es decir, su rango no le permite alterar la norma litúrgica básica, pero sí ordenar el ceremonial visible dentro de los límites de la tradición recibida, pero manda soberanamente en su rango superior .

      3. Finalmente, el clero local (Barcelona, Sagrada Familia) debe por subordinación ajustar su uso de vestiduras, ornamentos y solemnidad a la costumbre propia de la iglesia concreta en la que sirve, procurando armonizar con el prelado visitante, la ceremonia en sí y con la praxis de la jurisdicción superior. Por eso, en la práctica, lo local no desaparece, pero queda siempre subordinado y siempre coordinado con el estilo litúrgico del jerarca que preside y la tradición.

      Dicho en una fórmula breve: hay una tradición litúrgica común que manda; dentro de ella, el jerarca superior ordena su propio ornato; y el clero local adapta su uso a esa celebración sin romper la costumbre propia de la Iglesia concreta.

      Con ello se evita de que a un simple vulgar rector de la Sagrada Familia, no se le suba a la cabeza que es el Papa de la Iglesia y fuente soberana sobre el derecho litúrgico ornamental universal de la Iglesia, y todo sigue una ley lógica racional y espiritual coherente y congruente:

      1. Manda la legislación, usos y costumbres de la liturgia católica Latina, qué es un bien universal de la Iglesia y está por encima del tiempo y del espacio.

      2. Luego manda la soberanía libre e independiente del Pontífice o jerarca superior.

      3. El clero de jerarquía inferior como el rector de la Sagrada Familia queda siempre subordinado a lo que dispongan las normas litúrgicas, el tipo de celebración y lo que disponga el jerarca superior.

      Así evitamos psicopeculiaridades del rector, decisiones extrañas, estrambóticas, ilícitas, anticatólicas y antidivinas: el protagonista es Jesucristo no el rector y sus modelitos.

      El problema del Concilio Vaticano II y del Novus Ordo litúrgico es el plurimorfismo anarquizante que nunca jamás se había dado en la Iglesia Latina y que en sesenta años no se ha podido poner solución

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  13. Un tema demasiado trillado por usted. Pase página.

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    1. Cómo vamos a pasar página frente a taimados agitadores?

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  14. Misser Trillas, seria interessant que un dia ens reporti el seu punt de vista sobre els llibres de Vicenç Lozano. Gràcies.


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  15. Señores de Germinants Germinabit: deberían eliminar los comentarios del pesado que son el triple en extensión que el artículo que nos interesa. Eso no sería censura; sería librarnos de esa asfixia con letras qure nos perturba, diría, a todos.

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  16. Turull, a bailar sardanas que es lo suyo.

    Nada más.

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  17. A Gaudí, que estuvo de manera invisible en la Misa, le hubiese gustado más una Santa Misa Vetus Ordo.

    Empezó muy bien con Kirie y Gloria de Angelis, y el Sanctus fuera del templo, pero faltaba el Latín de su época.

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  18. El daño moral que le hizo ese tipejo al Cardenal Carles fue de órdago.

    Parece mentira que hubiese escalado tan alto en su pseudo carrera.

    Que asco 🤢🤢🤢 da.

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  19. A Lorca nunca lo fusilaron.

    Murió de muerte natural en Montevideo y muy viejo atontaos.

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  20. Leo que ya se sabe que Saiz Meneses va a suceder a Omella. Sería un acierto por parte del papa Leon y una maravillosa noticia, aunque la edad juega en contra. Pero aún así mejor él que muchos otros candidatos.

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    1. Bastante despistado lo veo a Ud.

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    2. A Omella lo sucederá un Monseñor de Tortosa.

      No le den más vueltas, hombre!!!

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    3. Dónde lees tales cosas? Si esa información solo aparece... aquí

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  21. Da pena por no decir asco, ver al funerario de Illa , lamer el rabel al nonagenario corrupto Pujol alabando a Convergencia por entregar su archivo a no se que institución de ámbito histórico.

    Vergüenza da.

    Supongo que algún honorario recibirá por semejante bajada de pantalones 👖 al mayor partIdo CORRUPTO del mundo mundial.

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  22. El problema de Trump con el color del agua del estanque de Washington, si quiere contactar conmigo, se lo arreglo en horas y súper barato.

    Si quiere contactar conmigo que me busque en Germinans.

    Si quiere lo conseguirá , sin intermediarios sociatas, claro.

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