
Hace unos días se designó al sacerdote
egarense Marcos Aceituno Donoso como nuevo decano de la Facultad de Teología de
Cataluña. Dejando aparte la prometedora proyección académica de este joven
biblista, su nombramiento se corresponde con ser uno de los primeros sacerdotes
ordenados por el primigenio obispo de Terrassa, José Ángel Sáiz Meneses. Aquel
obispo al que, cuando fue nombrado en el año 2001 auxiliar del cardenal Carles,
llamaron de todo: qué no sabía hablar catalán, que era un mero licenciado, que
era corto, integrista, intruso, inadaptado e incluso que ni tan siquiera era
párroco, aunque llevaba la responsabilidad de la comunidad del Roser de
Cerdanyola. En aquel momento se llegó incluso a reprochar a Carles que tuviese
un nuevo auxiliar cuando ya había presentado su renuncia, lo que le obligó a
hacer público que el Papa le había prorrogado expresamente dos años su mandato.
En 2004 se aceptó la renuncia de Carles, se
decretó la división de la diócesis y se promocionó al “intruso” como obispo de
la nueva sede de Terrassa. Allí, en 2006, logró la hazaña de inaugurar un nuevo
seminario en tiempos más bien rácanos en vocaciones. ¡Y no solo lo inauguró,
sino que consiguió llenarlo! Algún curso llegó a tener más seminaristas que el
de Barcelona, diócesis que le dobla en población. Después de diecisiete años de
fructífero pontificado, fue premiado por el papa Francisco con la bicoca del
arzobispado de Sevilla. Y el propio Papa argentino quiso que su sucesión en
Terrassa fuese tan continuista que nombró obispo a quien había sido su
auxiliar: Salvador Cristau. Otro toledano.
Dr. Marcos
Aceituno Donoso
Cristau ha cuidado la joya de la diócesis
- que no es otra que el seminario- como lo había llevado a cabo su antecesor. Este
curso empezó con veinte seminaristas, ordenando ocho diáconos a primeros de
este año. Hasta que se decidió unir Barcelona y Sant Felíu con el Seminario
Interdiocesano, Terrassa contaba por sí sola con más seminaristas que las siete
diócesis restantes de Cataluña. El pasado curso Solsona lo iniciaba con 5,
Urgel con 4, Tarragona y Gerona con 2, Vic, Tortosa y Lérida con 1. Sant Feliu
de Llobregat erigida como diócesis en la misma fecha que Terrassa, solo cuenta
con un seminarista. Aquello de las comparaciones odiosas…
Pese a las presiones recibidas, el
obispo Cristau se ha resistido a fusionar su seminario con el Interdiocesano.
Como pronto se cumplirá un año desde que presentó su renuncia por edad, resulta
evidente que se retirará con “esas botas puestas”. Las presiones sobre su
sucesor sí serán tremendas. Barcelona ha insuflado cierta vida a un
interdiocesano mortecino, pero si se incorporase Egara ya sería un seminario
con cara y ojos.
Esa resistencia no obedece solo al
prurito de mantener un centro vocacional fecundo, sino a la legítima aspiración
de preservar una idiosincrasia diocesana que se manifiesta en un presbiterio
joven, ortodoxo, totalmente ajeno a cualquier contaminación nacionalista. Una
diócesis en la que no hay necesidad de unidades o agrupaciones pastorales,
porque hay sacerdotes suficientes para atender tanto a las zonas urbanas como a
las rurales. A diferencia del resto de diócesis catalanas, pocos curas tienen
que encargarse de varias parroquias a la vez: hay 103 sacerdotes, de los cuales
32 se hallan jubilados. Sant Feliu, con población similar, cuenta con 84 curas,
de los cuales 35 están retirados.
Terrassa no solo es la diócesis más
dinámica, activa y joven de Cataluña, sino que es la que ha sufrido menos
escándalos y la que menos suele aparecer en las noticias. Ahora ha recibido el
justo premio de que uno de los primeros sacerdotes ordenados en ella sea el
decano de la Facultad de Teología, prueba palmaria del éxito del proyecto
iniciado por Saiz Meneses. Por su parte, este obispo se ha hecho con Sevilla
como si fuese un sevillano más. Tan a gusto está que teme que se confirme el
rumor de un posible traslado a Barcelona. Aunque, si ello llegase a ocurrir, sería
un acto de verdadera justicia ante todos aquellos que lo menospreciaron cuando
empezó su carrera curial con el cardenal Carles. En diciembre de este año cumplirá
veinticinco años de obispo. Él espera celebrar esas bodas de plata en la
diócesis hispalense.
Oriol Trillas


Marcos Aceituno es un progrecillo pero como va con cleriman pues aquí en Germinans a alabarlo, porque aquí todo lo que va con cleriman es bueno por el hecho de llevarlo.
ResponderEliminarPor lo demás, utilizar constantemente a Terrassa para atacar a Barcelona me parece torpe. No es oro todo lo que reluce en Terrassa, pero la brocha gorda germinante es así.
La época dorada a la que os referís en Terrassa viene de que cogieron a la mitad de sudamericanos para llenar el seminario. Después tuvieron que hacer limpieza (por lo menos tuvieron el valor de hacerla). Pero vamos, que si nos ponemos así, llegaron a 40 y ahora no llegan a los 20.
Las cosas funcionan porque hay chavales de familias buenas que entran en el seminario, y lo más preocupante es el culto al obispo que tienen allí, siendo soporífero y más llano y aburrido que una ostra.
Que hay cosas que se hacen bien? Por supuesto, pero tampoco es la panacea.
De momento los datos objetivos indican que Tarrasa es crecimiento, futuro, vida y progreso por seguir la senda de la tradición ortodoxa y clásica.
EliminarLas demás diócesis están objetivamente verificadas como decadencia, muerte y desaparición por asumir el Nacional progresismo.
Como dice el refrán, el tiempo quita y pone razones...
Si finalmente Sáinz Meneses es nombrado arzobispo de Barcelona (es el candidato más sólido), el seminario de Tarrasa se habrá salvado. Por cierto, con él de arzobispo ha bajado no poco el número de seminaristas de la diócesis de Sevilla, y eso que Andalucía no está tan secularizada como Cataluña.
ResponderEliminarLa disminución del número de seminaristas en la archidiócesis de Sevilla durante el gobierno de José Ángel Saiz Meneses no puede interpretarse de forma simplista como un fracaso vocacional, ni atribuirse exclusivamente a factores personales o coyunturales.
EliminarLa hipótesis más consistente, a la luz de la evolución reciente de la Iglesia en Europa occidental, es la de un cambio deliberado de modelo formativo y vocacional, que prioriza la calidad sobre la cantidad, ante los problemas de abusos y abandonos.
En efecto, en las últimas décadas se ha producido una transición desde un modelo vocacional “ambiental”, sostenido por un tejido social y religioso denso, hacia un modelo “selectivo”, propio de contextos más secularizados.
Aunque Andalucía conserve niveles de religiosidad superiores a los de Cataluña, participa igualmente -aunque con menor intensidad- de las transformaciones culturales que afectan a toda Europa: descenso de la práctica religiosa juvenil, fragmentación de los procesos de socialización cristiana y reducción demográfica.
En este nuevo contexto, la acción de gobierno episcopal tiende a reforzar los criterios de admisión, discernimiento y permanencia en el seminario.
Esto se traduce en una mayor exigencia en la evaluación integral del candidato (madurez humana, equilibrio afectivo, solidez espiritual y claridad doctrinal), así como en procesos formativos más largos y rigurosos.
El resultado inmediato es una reducción del número total de seminaristas, no tanto por una “crisis sobrevenida”, sino por una selección más consciente y sistemática.
Este enfoque responde, además, a orientaciones consolidadas del Magisterio reciente, que subraya la necesidad de formar sacerdotes con identidad sólida y capacidad de perseverancia en contextos adversos.
La experiencia ha mostrado que modelos más expansivos, basados en un acceso amplio y poco discriminado, pueden generar dificultades a medio plazo, tanto en la estabilidad vocacional como en el ejercicio del ministerio.
Por otra parte, no debe olvidarse el llamado “efecto retardado”: los seminaristas actuales son fruto de decisiones vocacionales tomadas años atrás, el 2000, en un contexto social ya en transformación.
A ello se suma que en territorios con fuerte religiosidad popular, como Sevilla, existen múltiples cauces de compromiso eclesial no sacerdotal, lo que diversifica —y en cierto modo reduce— el acceso al seminario.
En consecuencia, la disminución observada puede interpretarse con mayor precisión como el signo de una reconfiguración estructural del modelo vocacional, orientada a consolidar procesos más exigentes, personalizados y sostenibles en el tiempo.
Desde esta perspectiva, el dato cuantitativo, siendo relevante, no resulta suficiente por sí mismo: la evaluación adecuada deberá considerar, a medio y largo plazo,
la calidad formativa,
la perseverancia y
la fecundidad pastoral de las vocaciones surgidas bajo este nuevo paradigma.
Por lo demás, Tarrasa solo tiene diecinueve sacerdotes en activo más que San Feliu. No es una diferencia abismal, a pesar de las buenas cifras de seminaristas de la diócesis egarense.
ResponderEliminarCuando todas las diócesis catalanas que están regidas por el Nacional-Progresismo les disminuye el número de sacerdotes por jubilación, los curas están en progresiva disminución física por cuestión de senescencia y edad, carecen de vocaciones religiosas y sacerdotales, no ordenan a nadie, hallar una diócesis como Tarrasa tenga las vocaciones que tiene por seguir la fe católica tradicionalista, esto sencillamente es un éxito al progresar en el bien, y lo demás es un fracaso que lleva al abismo del que hay que apartarse desde ahora mismo ya.
EliminarDesde la perspectiva del tradicionalismo católico ortodoxo, sin lugar a dudas hay que decirlo con claridad y sin tapujos: el nombramiento del Dr. Marcos Aceituno Donoso como decano de la Facultad de Teología de Cataluña —confirmado por el cardenal Omella el 18 de febrero de 2026— es un hecho positivo y digno de reconocimiento público, en un contexto eclesial catalán marcado por desafíos profundos derivados de la influencia del nacional-progresismo: agrupaciones de parroquias más y más extensas, secularización acelerada con moto, declive vocacional generalizado en barrena en diócesis y órdenes religiosas, y tendencias a uniformar estructuras formativas hacia un modernismo progresista que diluye identidades particulares y la Iglesia local, un error conceptual grave.
ResponderEliminarLa diócesis de Tarrasa destaca por méritos propios: mantiene un seminario diocesano independiente, con una comunidad de seminaristas notablemente más robusta que la media catalana (incluso tras las recientes integraciones en el Seminario Interdiocesano de otras diócesis), un presbiterio joven, ortodoxo y suficientemente numeroso para atender parroquias sin sobrecargas excesivas, y una trayectoria de fecundidad vocacional que se remonta al impulso del obispo fundador José Ángel Saiz Meneses y continúa bajo Salvador Cristau.
La designación de un presbítero de esta diócesis —un biblista especializado en el Nuevo Testamento, jefe del Departamento de Sagrada Escritura y director de la Revista Catalana de Teología— en la dirección de la Facultad (en el Ateneu Sant Pacià) abre una oportunidad real de influencia constructiva: contribuirá a una formación teológica fiel al Magisterio perenne, al rigor exegético y a la doctrina íntegra, beneficiando a seminaristas y laicos de toda Cataluña.
Con realismo y ambición santa, Terrassa se presenta hoy como el referente más evidente de crecimiento vocacional. Que sirva de modelo para una renovación gradual: seminarios vivos centrados en la formación tradicional, parroquias atendidas con celo genuino, y una teología que no ceda al espíritu del mundo ni a interpretaciones equívocas y malhadadas del "signo de los tiempos".
Sobre todo, recordemos que la verdadera base de la Iglesia reside en la familia cristiana —la Iglesia doméstica—, donde matrimonios fieles acogen la vida, educan en los valores evangélicos y transmiten la fe; donde la propiedad responsable y la libertad creativa permiten criar hijos generosos con vocaciones y patrimonio para sostener la misión eclesial. Tarrasa se ha configurado como un "lugar y momentos únicos", un oasis donde se derraman las gracias divinas como premio a la fidelidad a la única ortodoxia. ¿Quién es fiel? ¡Sigue a quien tenga vocaciones!
Frente a ideologías que ven en la familia una estructura opresiva a deconstruir —mezclando nacionalismo con progresismo de raíz marxista gramsciano—, la vitalidad de Tarrasa recuerda que la ortodoxia católica defiende esa célula fundamental como fuente de vida y clero santo: la Iglesia doméstica, donde deben concentrarse los principios innegociables (vida, familia, matrimonio, educación por los padres y bien común), al servicio de los cuales está todo el Sacramento del Orden, desde el Papa hasta el diácono: que nadie se equivoque, el Papa es el servidor de servidores para que el laico desarrolle su misión en el mundo (Concilio Vaticano II).
Que el Señor bendiga a esta diócesis, a sus obispos y fieles, preservando su carisma fundacional. Que el ejemplo de Tarrasa inspire, con paciencia y firmeza, a las demás sedes catalanas, contribuyendo a un renacer católico auténtico: más vocaciones, más santidad sacerdotal, más familias cristianas fuertes. Sí, Tarrasa es el único ejemplo para desarrollar a toda Cataluña: és l'únic lloc d'on raja aigua de vida, la resta es desert de mort!
Como dice el dicho clásico, y que molesta a muchos: ¡Señor, danos muchos, buenos y santos sacerdotes!.
¡Deo gratias por estos signos de esperanza! ¡Ad multos annos de fidelidad y frutos perdurables!
Tarrasa va a ser el único modelo de crecimiento de la Iglesia en Cataluña. Sólo hay que ver el éxito. Es más, el contraste está en el nacional-progresismo: hundimiento, desastre, abismo, eclesiocatástrofe, destrucción, muerte, desaparición. El nacional-progresismo es una puerta podrida, un espacio en descomposición, sí, la charca apestosa, tal cual: son el anti-modelo, lo anti-ejemplar, el no-futuro. Además, las matemáticas mandan, sólo hay que ver los números en todo. Aristóteles lo dijo: mira la lógica.
ResponderEliminarEl quid de la cuestión es saber si los mosenes nacional-progres que aún sobreviven en Barcelona pedirán perdón por el "mobbing" a Carles y, si los enchufados por parroquias y canónicas, aceptarían a Meneses o montarían sus típicas pataletas
ResponderEliminarDe hecho, si hay un obstáculo realmente importante para el regreso de Meneses a Barcelona, es la resistencia de la corriente nacional-progresista a su bestia parda.
EliminarEsa corriente ha perdido poder e influencia desde entonces, pero todavía puede presionar desde sus cuarteles de invierno.
Por su parte Meneses, sin ser malo, no ha brillado tanto en Sevilla. Quizás sea cosa de la edad, o tal vez la comparación (odiosa como todas) con obispos verdaderamente sobresalientes de la sede hispalense. A veces unas expectativas demasiado grandes resultan contraproducentes.
Meneses no viene a Barcelona.
EliminarEl nuevo arzobispo de Barcelona “in pectore” es un religioso catalán.
15.34 No se haga de querer! Si es usted un topo en la Curia, díganos quién es ese religioso porque andan extintos...¿quizá un Capuchino???
EliminarA Mons. Saiz se le fueron varios curas de la diócesis. En privado, cada uno te daba sus motivos. A nadie se le escapa que por "divergencias". Digámoslo con la prudencia de quien no conoce los detalles de cada uno. Pero en la lista tenemos: Mn. Ignasi Fuster (a Barcelona), Mn. Josep Pausas (a St. Feliu), Mn. Joan d'Arquer (a Gerona), Mn. Ricard CasaDesús (a Barcelona varios cursos pastorales), Mn. Javier Sanchiz (a València), Mn. Valentí Alonso (a St. Feliu), Mn. Andreu Rodríguez (a Urgel), Mn. Joaquim Fluriach (varios cursos fuera)etc... Y aún se pueden añadir algunos nombres más que se acogieron a los "permisos de ausencia". Mons. Saiz era ejecutivo, pero ni cercano ni demasiado, o nada, empático con sus curas, falto de tacto en algún caso. Mons. Cristau es un santo obispo. Aunque tiene sus límites y limitaciones sabe escuchar, reflexionar con sus curas y aconsejar en momentos difíciles para sus sacerdotes. Esta virtud que muchos desconsideran en un obispo da sus frutos, sobretodo en un medio social secularizado y adverso al clero. Sáiz tuvo el acierto de confiar el seminario a Cristau. Hubo errores (muchos sudamericanos los primeros cursos que crearon problemas) pero se corrigió con elegancia y sabiduría evangélica y humana. Dicen que Cristau no és la alegría de la huerta... Pero de la huerta de Cretas ya se han empachado algunos de tanto pimiento y tanto chiste.
ResponderEliminarTerrassa ha tenido la suerte que ha faltado a muchas diócesis: un gran fundador seguido de un excelente consolidador. Ambos han puesto el listón alto para el sucesor. Veremos si sigue la buena racha de la diócesis egarense.
EliminarMeneses no viene a Barna ni harto de tintorro.
EliminarPor favor 🙏
¿Una concesión para que no duela tanto la integración en el interdiocesà no?
ResponderEliminarComo siempre mienten.
ResponderEliminarSolo un pequeño dato Tortosa tiene mas de un seminarista este curso para empezar.
Y Terrasa tendra 20 seminaristas para 200 parroquias pues bueno solo salen a 10 parroquias por sacerdote no esta mal
Són 120, no 200.
EliminarVenga vale 6 parroquias por sacerdote. Una pequeña bajada jajajaja
ResponderEliminarSi cuentas en Terrassa los que se han ordenado en esa diòcesis en los últimos 22 años, con medias de edades a 2026, más los que que puedes preveer matemáticanente según la proyección de tendencia de los últimos 5 años, a mí sale 2 parroquias por cura de media en 2032 en esa diòcesis. Es estadística pura.
EliminarFantástico. Pero ahora pónganse a buscar un confesionario con sacerdote disponible un sábado en Terrassa. Si lo encuentran, díganmelo aquí y me harán un gran favor. En la Catedral, no hay confesiones los sábados desde hace muchos años, con el anterior Obispo y con el actual. En el resto de parroquias, ya me informan porque me interesa saberlo. Confesiones con horarios y en el confesionario, por favor, como manda la Liturgia. Gracias.
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