Plaza España de Calanda
En
la plaza mayor de Calanda, donde el viento arrastra más chismes que hojas, se
encontraron aquella tarde el tío Caldú, Aurelio y este Cojo. Los tres, sentados
en el banco de piedra que ya tenía más historias que grietas, contemplábamos, arrimados al sol que más calienta,
el ir y venir de aquellas buenas gentes, mientras rumiábamos las últimas
noticias que provenían de la vecina Cataluña, que nunca decepciona en materia
de extravagancias. Las de
Cataluña y las del mundo mundial, que aunque no lo parezca, cabe enterico en
Calanda y en los humildes caletres de estos nobles calandinos.
—¿Habéis
oído lo de las casas parroquiales? —preguntó el Aurelio, que siempre es el
primero en dar novedades—. Los obispos catalanes han decidido que las
parroquias cedan las viviendas
de los curas a la Generalidad para convertirlas en pisos sociales a
coste cero.
—¿Y
qué pasa con los curas entonces? — terció el tío Caldú, fumando su medio
caliqueño con una mano y encasquillándose la boina con la otra—. ¿Dónde van a
vivir?
—Dicen
sus jefes que da igual —respondió el Aurelio—. Que los sacerdotes, cada vez menos, pueden vivir en
cualquier sitio. Que si hace falta, en un trastero.
Rectorías de parroquias, pueden acabar como viviendas sociales
Este
pobre cojico soltó una sonora
carcajada que resonó por toda la plaza.
—¡Pues
claro que sí! —exclamé—. Si total, el cura sólo necesita un colchón, una silla
y un sitio donde poner la sotana, si la tiene. Y si no cabe la sotana, que la
cuelgue en el campanario. ¡Problema resuelto!
—Pero
si muchas de esas casas parroquiales ni siquiera tienen cédula de habitabilidad
—protestó el tío Caldú—. ¡Que yo he visto establos mejor ventilados! Aunque dicen que para alojar a los
menesterosos, las acondicionarán como manda la ley.
—Bah
—repuse yo—. El obispado tiene una teoría muy moderna: “Si el cura respira, ya
es suficiente”. Y si no respira, pues mira, una preocupación menos. Ya
colocaremos un laico remunerado para dar la comunión a las beatas que queden, porque
al final es eso, ¿no?
Los
tres reímos la triste gracieta,
aunque con ese humor agrio que nace cuando uno sabe que la broma se ajusta demasiado
a la realidad.
—¡Pero
si eso no es nada! —continuó Aurelio—. ¿Sabéis lo último del papa León?
Y
este Cojo levantó una ceja:
—¿Qué
ha hecho ahora el buen hombre?
—Pues
que ha ascendido a un obispo italiano que, dicen, inauguró en Terni la sección
local de la Gran Logia de Oriente.
El
tío Caldú abrió los ojos como platos. Siempre les ha tenido mucha manía a esos
gachós desde joven…
—¿Una
logia? ¿De esas con mandiles y compases?
—De
esas mismas —asintió Aurelio—. Pero el Prelado, un italiano vero,
dice que no pasa nada, que era un acto cultural.
Este
Cojo se echó hacia atrás, golpeando con furia su gayata contra el suelo.
—¡Claro,
maño! —exclamé con aragonesa furia—. ¿Qué hay más cultural que inaugurar una
logia? Es como cortar la cinta de una biblioteca… pero con menos libros y más
simbolismo.
—Y
más secretos —añadió el tío Caldú.
—Y
más raros apretones de mano -rematé con cierta náusea.
Entonces
el Aurelio, exhalando el humo del caliqueño por sus grandes narices, exclamó:
—Pues
si eso os sorprende, esperad a oír lo del gobierno chino y “los otros”.
Y
este Cojo suspiró:
—A
ver, sorpréndeme.
—Resulta
-siguió el Aurelio- que Tucho bésame mucho amenaza con la excomunión a los
tradicionalistas de Lefevre, “los
otros”, si ordenan obispos sin mandato
pontificio. Sin embargo, a China le deja nombrar obispos a su rojo antojo. Y la Santa Sede los acepta sin
rechistar. Creedme, la Iglesia está llena de bomberos pirómanos, que encima no
paran de pisarse la manguera unos a otros. ¡Menudo bombero el Tucho!
El tío Caldú se quedó pensativo mientras
apuraba su inacabable y rústico caliqueño, pero arrancó:
—O sea, que si lo hace un grupo pequeño, y
encima de “los otros”, es un escándalo y un cisma. Pero si lo hace un imperio
económico mundial, es diplomacia.
—Exacto —dijo Aurelio.
Este Cojo se rascaba nerviosamente la
barbilla al tiempo que exclamó:
—Pues
mira, eso me recuerda cuando yo jugaba sin parar al guiñote. Si hacía trampas,
me echaban de la partida. Pero si las hacía el alcalde, decían que era
“interpretación flexible del reglamento”.
Los
tres asentimos. En la colina vaticana las reglas siempre son elásticas: por supuesto, para todos todos
todos. Pero si no formas parte de esos todísimos, te espera el paso del
desierto de dicasterio en dicasterio, a ver si les resuelves el problema
muriéndote.
—Y
mientras tanto —continuó Aurelio—, el mundo entero está encima de un barril de
pólvora: Irán, Ucrania… pero el león no ruge
lo más mínimo.
—Normal
—dijo este cojico—. Hablar de guerras es muy incómodo. Mucho mejor hablar de
flores, de sonrisas y de lo bien que queda uno en las fotos.
—¡Pero
sí ha hablado de otra cosa! —añadió el tío Caldú—. Irá a las Islas Canarias a
apoyar la política migratoria del Filántropo Soros.
Me
llevé entonces la mano a la frente:
—¡Ah,
el Filántropo Misterioso! Ese hombre que aparece en todas partes y en ninguna.
Casi como el fantasma de la ópera, pero con muchísimo más dinero.
—Y
mientras tanto —añadió el Aurelio—, silencio absoluto sobre la expansión del
homosexualismo clerical, el aborto entronizado como derecho constitucional y la
eutanasia.
Este
Cojo suspiró profundamente:
-Es
que esas cosas no quedan bien en los discursos. No son fotogénicas. Y ya sabes:
si no queda bien en la foto, no
sale en la foto, no existe.
Los
tres nos quedamos un momento en silencio, mirando cómo el sol se escondía
detrás de los tejados de la ilustre villa de Calanda.
—¿Sabéis
qué os digo? —manifestó finalmente este Cojo—. Que han convertido a la Iglesia
en una especie de comedia de enredo. Todos corren, todos gritan, todos se
contradicen… y al final nadie sabe quién manda ni por qué.
—¿Y
nosotros qué hacemos? —preguntó el tío Caldú.
Este
cojico sonrió:
—Pues
lo de siempre: sentarnos en este banco, observar el espectáculo y contarlo con
humor. Porque si no nos reímos, nos
acabamos.
Aurelio
asintió tristemente:
—Y
mientras tanto, que Dios nos pille confesados.
—O
al menos —agregué—, que nos pille con buena compañía. Y es que, al final,
queridos amigos, sólo nos salvará la fe de nuestros padres, de la que tan alto hablan nuestras
iglesias y nuestra ermita. Esa fe que a malas penas sostenemos sólo los que
nacimos en ella. Lo demás… está claro que
no es más que un decorado.
Y
así, entre risas y cristiana resignación, los tres amigos seguimos charlando
mientras la noche fría caía sobre Calanda, un pueblo pequeño en un mundo muy
grande donde, a veces, los más locos sueños se parecen demasiado a la realidad.
El Cojo de Calanda





Sí, al final l'únic recurs que ens queda per anar aguantant els que no podem fer-hi res és el sarcasme.
ResponderEliminarSempre podemos fer alguna cosa nosaltres els "laicos de a pie"...allunyar-nos dels mals pastores I pregar a Déu per la seva rápida intervenció
EliminarMuy interesante el artículo de hoy: hay que reírse de sus eminencias, realmente están como pollo sin cabeza... en fin, no es tan fiero el león como lo pintan, es un tigre de papel... lo cual es grave.
ResponderEliminarEn el 2021, un tal Francisco dijo que la Iglesia era sinodal. No es que sea un modelo que vaya a solucionar absolutamente todo, pero es muy curioso la doble vara de medir en el Vaticano: por un lado hacen sínodos interminables, y por otro no hay ningún sínodo a la vista (elección de obispos). Unas reflexiones.
...
I. Los obispos y el Papa
A. Primer momento: la Iglesia primitiva, la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media
1. Nivel teológico-sacramental
Lo que hace que un obispo sea un obispo católico válido y legítimo es siempre lo mismo, y aquí ya aparece completo desde el principio: la imposición de manos de un obispo que está en sucesión apostólica ininterrumpida desde los apóstoles, con la intención de transmitir el sacramento del orden en su grado episcopal, y la comunión real con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.
Sin sucesión apostólica, no hay sacramento. Sin comunión con Roma, no hay catolicidad. Estos dos elementos son inseparables y ninguna circunstancia histórica los puede suprimir. Ya estaban presentes en la Iglesia del siglo II, y seguirán estando presentes hasta el final de los tiempos.
2. Nivel jurídico-canónico
El procedimiento concreto en este período funciona así. La comunidad local, formada por obispos de la provincia, presbíteros, diáconos y laicos de fe probada y reconocida, se reúne en sínodo.
Deliberan, proponen candidatos y eligen al más apto. Los obispos de la provincia lo consagran mediante la imposición de manos. Una vez que la comunicación con Roma es posible, generalmente varios meses después por las condiciones del Mediterráneo (que estaba cerrado a la navegación de octubre a marzo e incomunicaba Europa de África y Asia), se notifica la elección al Papa.
El Papa revisa si hay herejía, cisma, apostasía, simonía, nepotismo, irregularidades morales graves o sínodo malformado. Si no hay nada grave, acepta el nombramiento y se confirma la comunión eclesiástica.
Este procedimiento es sinodal, participativo, local y con comunicación diferida con Roma. La comunión con el Papa llega después de la consagración, pero es igualmente real, necesaria e indispensable.
No es una formalidad añadida, es parte constitutiva de la legitimidad del obispo, aunque el procedimiento la concrete de forma posterior.
...
B. Segundo momento: la Iglesia latina desde la Baja Edad Media hasta hoy
1. Nivel teológico-sacramental
El núcleo sigue siendo exactamente el mismo que en el primer momento, porque no puede cambiar. Lo que hace que un obispo sea un obispo católico válido y legítimo sigue siendo la imposición de manos de un obispo en sucesión apostólica ininterrumpida desde los apóstoles, con la intención de transmitir el sacramento del orden en su grado episcopal, y la comunión real con el sucesor de Pedro.
Nada ha cambiado en este nivel. Ni puede cambiar. El sacramento es el mismo que recibieron los apóstoles, que transmitieron a sus sucesores, y que llega hasta hoy. La primacía del Papa como criterio de catolicidad es la misma que reconocían las iglesias del Mediterráneo antiguo cuando enviaban sus cartas a Roma después de la elección. Lo que ha cambiado es únicamente el procedimiento para garantizar esa comunión, no la comunión misma.
2. Nivel jurídico-canónico
ResponderEliminarA partir del siglo XI, y con mucha más fuerza desde el siglo XIII, la Iglesia latina reacciona ante problemas históricos muy graves: la simonía, que era la compra y venta de cargos eclesiásticos; la investidura laical, por la que los reyes y señores feudales nombraban obispos como si fueran funcionarios civiles; la corrupción generalizada en las elecciones locales; el nepotismo de las grandes familias nobles que controlaban las sedes episcopales.
Para cortar de raíz estos abusos, la Iglesia latina va reservando progresivamente la elección episcopal al Papa. El resultado final, que está vigente en el Código de Derecho Canónico de 1983, es que se requiere mandato pontificio previo para toda consagración episcopal, y que ordenar un obispo sin ese mandato conlleva excomunión latae sententiae para el consagrante y el consagrado.
La sinodalidad no desaparece del todo, pero queda como residuo disciplinar: ternas de candidatos propuestas periódicamente por el episcopado local, consultas de los nuncios apostólicos, informes sobre las cualidades del candidato, condiciones formales de idoneidad. Pero la decisión final y el mandato pertenecen exclusivamente al Papa.
Este modelo es derecho positivo, contingente, disciplinar y puede ser derogado, NO ES DOGMÁTICO. Es una solución disciplinar que tuvo su justificación histórica y que canónicamente está plenamente vigente. Pero no es un dogma, no forma parte del núcleo teológico-sacramental, y la propia existencia del modelo oriental dentro de la plena catolicidad demuestra que no es el único modo legítimo de organizar la elección episcopal.
...
C. Tercer momento: las Iglesias orientales católicas
1. Nivel teológico-sacramental
El núcleo sigue siendo exactamente el mismo, formulado de nuevo para que quede claro. Lo que hace que un obispo sea un obispo católico válido y legítimo es siempre y únicamente esto: la imposición de manos de un obispo en sucesión apostólica ininterrumpida desde los apóstoles, con la intención de transmitir el sacramento del orden en su grado episcopal, y la comunión real con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.
Las Iglesias orientales católicas tienen un procedimiento jurídico distinto al latino, pero el núcleo teológico-sacramental es idéntico.
Son plenamente católicas, están en plena comunión con Roma, y sus obispos tienen la misma sucesión apostólica que los obispos latinos.
El procedimiento diferente no crea una catolicidad diferente ni menor. Existe una sola fe, un solo bautismo, una sola sucesión apostólica, una sola comunión con el Papa, expresados en tradiciones jurídicas y litúrgicas legítimamente distintas.
2. Nivel jurídico-canónico
Las Iglesias orientales católicas se rigen por el Código de Cánones de las Iglesias Orientales, el CCEO. Su procedimiento conserva de forma mucho más fiel el modelo primitivo de la Iglesia antigua.
En las Iglesias patriarcales o archiepiscopales mayores, el sínodo de obispos elige al candidato según los cánones 180 a 189 del CCEO. Si el elegido es para una diócesis dentro del territorio propio de esa Iglesia, no se necesita mandato previo del Papa, sino comunión eclesiástica, que el Papa concede según el canon 76 si no hay causa grave. Una vez concedida la comunión eclesiástica, el patriarca o arzobispo mayor puede ordenar al obispo sin necesidad de mandato pontificio específico. Si el elegido es para una diócesis fuera del territorio propio, entonces sí se requiere confirmación explícita previa del Papa.
El Papa puede intervenir y denegar la comunión eclesiástica si hay herejía, cisma, apostasía, sínodo inválidamente constituido o irregularidades graves.
Fuera de esas causas, la elección sinodal es vinculante y el Papa la acepta. Este modelo es el más cercano y auténtico al origen histórico de la Iglesia y ha sido reconocido por Roma como plenamente legítimo y plenamente católico.
Cuarto momento: las ordenaciones clandestinas en estado de necesidad
ResponderEliminar1. Nivel teológico-sacramental
El núcleo sigue siendo la imposición de manos de un obispo en sucesión apostólica ininterrumpida desde los apóstoles, con la intención de transmitir el sacramento del orden en su grado episcopal, y la comunión real y sincera con el sucesor de Pedro. Pasaban en los países comunistas (China, URSS, Checoslovaquia, Polonia)
La comunión con Roma, está presente en estas ordenaciones clandestinas de una forma muy específica: no como comunión jurídicamente formalizada de antemano, sino como intención sincera de unidad con el Papa, expresada en el compromiso de comunicar la ordenación a Roma en cuanto fuera posible y de someterse a su juicio. Esa intención sincera de comunión, aunque no pudiera expresarse jurídicamente por circunstancias externas, preserva el núcleo teológico-sacramental.
La Fraternidad San Pío X usa el estado de necesidad (cc. 1323-1324 CIC): peligro para la salvación de las almas del c. 1752 CIC por la grave ruptura de la unidad y comunión doctrinal causado por Amoris laetitia y Fiducia supplicans al atentar contra el VI Mandamiento, con la intención de comunión con Roma, aunque el procedimiento jurídico no pudiera cumplirse (hacen Misa Vetus Ordo Una Cum)
2. Nivel jurídico-canónico
En los países del bloque comunista de la Guerra Fría, la comunicación con Roma era imposible o ponía en peligro la vida de las personas implicadas. En ese contexto, un obispo ordenaba a otro obispo sin mandato pontificio previo, invocando el estado de necesidad como causa justificante.
Estas ordenaciones eran sacramentalmente válidas pero canónicamente irregulares desde el punto de vista del Código Latino, que exige mandato pontificio previo. La solución canónica era que cuando fuera posible, se comunicaba la ordenación a Roma y se pedía la regularización de la situación.
Roma generalmente la concedía, reconociendo el estado de necesidad como causa que elimina o reduce la culpabilidad y que permite la posterior sanación canónica.
Este modelo es en realidad una forma extremadamente reducida y urgente del modelo primitivo: la sinodalidad queda reducida a su mínima expresión, que es un solo obispo ordenando a otro; la intención de comunión con Roma está presente aunque no pueda formalizarse; la comunicación a Roma se realiza en cuanto las circunstancias lo permiten.
Es el mismo núcleo teológico, preservado en las condiciones más adversas posibles, con el procedimiento jurídico reducido a lo mínimo imprescindible para que el núcleo subsista.
...
Conclusión: lo que los cuatro momentos enseñan juntos
Leídos así, en paralelo, los cuatro momentos revelan algo muy importante. El núcleo teológico-sacramental es absolutamente constante: sucesión apostólica válida más comunión real con el Papa en comunión con Cristo Pontífice. Eso nunca cambia, no puede cambiar, no ha cambiado en 20 siglos.
El procedimiento jurídico-canónico, en cambio, ha variado notablemente: de la sinodalidad participativa amplia del período primitivo, a la reserva pontificia del modelo latino (positiva, contingente, disciplinar, derogable por restrictiva), pasando por la conservación sinodal del modelo oriental y la reducción de urgencia del modelo clandestino.
Todos esos procedimientos son respuestas históricas distintas al mismo problema: cómo garantizar, en circunstancias muy diferentes, que el núcleo teológico-sacramental quede preservado.
Y de esa constatación se sigue lo teológicamente sólido: el modelo jurídico latino actual es derecho positivo y contingente, no es dogma. Puede ser reformado por ser restrictivo del modelo original primitivo sinodal pleno: obispos, presbíteros, diáconos y laicos viri probati.
El modelo oriental, más fiel a los orígenes, demuestra que esa reforma es posible dentro de la plena catolicidad.
Y el modelo de estado de necesidad demuestra que cuando el procedimiento normal no puede cumplirse, la Iglesia busca la forma mínima necesaria para preservar lo único que es verdaderamente irrenunciable.
II. La triple comunión del Papa con Cristo: fundamento de toda la Iglesia
ResponderEliminarA. La cadena que lo sostiene todo
En la Iglesia existe una cadena de comunión que va de arriba hacia abajo. Cristo comunica su triple oficio de Profeta, Sacerdote y Rey al Papa. El Papa lo transmite a los obispos. Los obispos a los presbíteros y diáconos. Y a través de todos ellos llega a todo el pueblo de Dios.
El Papa no está en la cima en sentido absoluto: está en la cima de la Iglesia visible, pero por encima de él está Cristo, cabeza invisible, único Sumo Sacerdote, único Rey, única Verdad. Por eso, así como los obispos deben estar en triple comunión con el Papa para ser plenamente católicos, el Papa debe estar en triple comunión con Cristo para ejercer auténticamente su ministerio. Sin ella, la cadena se rompe desde arriba, y todo lo que hay debajo queda sin fundamento real. Lo dijo Benedicto XVI: el Papa nunca es un soberano-propietario de la doctrina, sólo es su servidor, su administrador, para salvar almas y confirmar en la Fé.
...
B. Dos niveles de verificación
La comunión de los obispos con el Papa es verificable externamente: hay criterios jurídicos claros y comprobables. La comunión del Papa con Cristo es más profunda y en sus dimensiones interiores solo Dios la ve completamente. Pero cuando la ruptura es manifiesta y pública, como en el caso de herejía pública y pertinaz, la Iglesia puede y debe constatarla.
...
C. Qué pasa si el Papa pierde la comunión con Cristo
1. En la comunión doctrinal: si el Papa enseñara de forma manifiesta y pertinaz algo contrario a la fe apostólica, rompería la comunión con Cristo Profeta. Lo que dijera no sería Palabra de Cristo sino palabra propia, y los fieles no estarían obligados a seguirlo en eso. Los teólogos clásicos, desde Belarmino hasta Suárez, sostienen que un Papa hereje público y pertinaz cesaría de ser cabeza visible de la Iglesia, porque nadie puede serlo si está en contradicción con su cabeza invisible.
2. En la comunión sacramental: si actuara como si el sacerdocio fuera poder propio y no participación en el único sacerdocio de Cristo, rompería la comunión con Cristo Sacerdote. Los sacramentos seguirían siendo válidos, porque la validez no depende de la santidad del ministro, pero el escándalo y el daño a la Iglesia serían gravísimos.
3. En la comunión jurisdiccional: si ejerciera su autoridad en contradicción con la ley divina o la fe apostólica, rompería la comunión con Cristo Rey. Su jurisdicción dejaría de ser legítima en ese punto, aunque formalmente siguiera siendo Papa. La autoridad papal no es ilimitada: está vinculada por lo que Cristo mismo estableció.
Por eso Amoris laetitia y Fiducia supplicans, entre otras normas, rompen con esta triple comunión Papa-Cristo Pontífice: son actos jurisdiccionales que dan sacramentos y sacramentales a parejas irregulares que violan toda la doctrina del VI Mandamiento de la Ley de Dios.
...
D. Lo que esto significa para el fiel católico
El Papa merece obediencia porque y en la medida en que está en comunión con Cristo, no obediencia ciega a una persona. Si enseña la fe apostólica íntegra, el fiel la sigue porque es la fe de Cristo. Si añadiera algo contrario a esa fe, el fiel no estaría obligado a seguirlo en ese punto, precisamente por fidelidad a Cristo.
La obediencia al Papa es obediencia a Cristo a través del Papa. Cuando ambos coinciden, que es lo normal y esperado, la obediencia es plena. Cuando no coinciden en lo manifiesto y verificable, la obediencia a Cristo prevalece, porque el Papa es vicario, es decir, quien actúa en nombre de otro, no en nombre propio.
...
E. Conclusión
La triple comunión del Papa con Cristo no es un asunto privado ni una cuestión académica. Es el fundamento de la catolicidad de cada obispo, sacerdote y fiel. Por eso la Iglesia siempre ha rezado por el Papa, le ha exigido fidelidad a la fe apostólica, y ha reconocido que su ministerio no es poder sino servicio: a Cristo primero, y a través de Cristo, a toda la Iglesia. Siempre prevalece Cristo Pontífice.
¿Omella cuando se jubile lo esperan en ese banco de Calanda? ¿Le harán un hueco con caridad cristiana o ya están muy apretaícos para que quepa el Purpurao de Cretas?
ResponderEliminarOmella será un excelente jugador de guiñote, sabe todas las "ceñas"...mucha escuela lleva encima para que los tres de Calanda le ganen
EliminarA Queretes falta gent !
EliminarDeprimente!!!
ResponderEliminar7:10 Anímese, no se levante deprimido. Todos sabemos que hablan los calandinos y hay malestar estomacal en algunos feligreses pero anímese que "todo va bien" en el hospital de campaña que nos legó Francisco.
EliminarLo de Cataluña y el congraciarse sus obispos con Illa y camarilla es de traca, nivel "cuento chino" o "teología tuchiana" para que vayan pasando los domingos los que quedan.
EliminarEn ese banco, Cojico, hace ahora noventa años menos algún mes, cogieron, a punta de fusil y de pistolón, a un frailecico riojano que, huido del convento calandino, no tuvo a nadie que le diera ni transitorio cobijo y amparo. Cuando los milicianos catalanes llegaron al Bajo Aragón sedientos de sangre encontraron solico a esa fácil presa sentado al raso de la noche en el banco de la Plaza España. Era el beato Tirso Manrique, que se había hecho famoso por su vehemencia en unas conferencias sociales en Madrid, poco tiempo antes. Mártir acribillado con otros compañeros de cuerda. La columna catalana llevaba a cumplimiento los planes que los de Illa recibieron dictados por las logias; ayer como hoy, socialistas y de ERC juntos contra la Iglesia, con la diferencia de que ahora la sangre la derraman nonatos y ancianos. Y otra diferencia más: los corderos de ayer degollados son hoy los conniventes Omella y Planellas.
ResponderEliminarEn mi Garrotxa y Ampurdán queridos ya hay numerosas rectorías en manos particulares.
Si Omella y Planellas conocieran algo más la propia historia de la Iglesia, y en concreto la Iglesia, pondrían menos cara de extraviado, de risa estólida, y se esforzarían más en poner a la Iglesia en su lugar. Las Viviendas del Congreso en Barcelona van unidas al Magno Acontecimiento Eucarístico, no al ministro de la Vivienda franquista. Lo mismo se diga de las viviendas Padre Albino de Córdoba. Dos obispos, Modrego y Albino Menéndez Reigada, que se ocuparon de los menesterosos en nombre de Cristo, no en nombre de los responsables de tanta sangre derramada.
Jjj van a estrañar en G.G al cardenal Omella. Les veo un futuro bastante patético aquí en este bloc.
ResponderEliminarNo se depriman es un canvio generelacional a nivel mundial.
Confien mas en Dios y no sean tan mundanos en sus ansias de poder. Ya les ha pasado la epoca lo siento.
¿Lo del cambio a nivel mundial se refiere usted a que Trump se convierte e. César del Imperio de Occidente y nombra obispos a dedo y nos elije a alguno para substituto de Omella? ¡Menuda faena sería para los mosenes buenistas que pacen en sus residencias tras su destructora pastoral!
EliminarSupongo que el escrito de hoy intenta divertir. A mí me da pena.
ResponderEliminarCurioso blog. Esta muy visto eso de refugiarse en un papel de "decepcionado" y criticarlo todo para así olvidar tus propios defectos.
ResponderEliminarEso mismo lo estás haciendo tú, amigo
EliminarEn un principio me hacía gracia la página.
ResponderEliminarAhora ya me cansa, lo siento mucho, la verdad.
Goyo
EliminarSin sarcasmo o con el, han dicho en la página verdades como puños. Esto no me alegra, me entristece y lamentando enormemente la triste situación de nuestra querida Iglesia católica, pido al Espíritu Santo que guíe a nuestro Papa León IV como Pastor sucesor de San Pedro, en el camino de retorno a la Fe de nuestros padres que es la única verdadera. María Auxiliadora y San Juan Bosco rogad por nosotros.
Viva Xto Rey.
En este blog són de 5 temas y siempre es lo mismo.
ResponderEliminar1. Contra el cardenal
2. Contra el Papa
3. Contra la lengua catalana
4. Contra todo lo que no sea tradicionalismo puro y duro
5. Temitas varios donde presumen de saber algo de teología.
A ver si lo publican y debaten. O como siempre lo que no les gusta no lo ponen
11.05 ¿no le gusta a usted esta página? Pues hombre, lea Herejía Digital o qualsevol fulletó del seu gust. Que no le gustan los temas, escriba usted uno de cualquier cosilla que le venga en gusto, del camino sinodal o de la nueva era, escriba y se lo comentamos
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