domingo, 5 de junio de 2016

Carta a un sacerdote de poca fe

Publicamos carta recibida por un párroco de nuestra diócesis en esta primera semana de junio y remitida a nuestra redacción por el mismo.

Padre, no sé si le ocurrirá a usted lo mismo que a mí: ciertas celebraciones litúrgicas, las que más las de Semana Santa, seguidas de las fiestas de Navidad, son para mí un revulsivo de la fe. Entre los grandes misterios que contemplamos en la liturgia de la palabra y esa especie de renacimiento a la fe de los fieles adormecidos, me siento transportado a un mundo de fe primaria, muy ingenua y si quiere usted muy poco teológica, pero que tiene para mí una enorme fuerza de arrastre. Yo tampoco soy mejor cristiano en Navidad o en Semana Santa, pero me siento tan a gusto con mi fe… sobre todo cuando veo que son tantos y tantos los que desde su gran simplicidad la comparten conmigo. ¿A usted no le emocionan la larga celebración de la Navidad (sobre todo con niños) y las procesiones de Semana Santa? ¿No le hacen vibrar el alma? ¿No le acercan a Dios y a su pueblo fiel aunque sólo sea por unos días?

Mire, padre, seguro que mi fe no es más sólida que la suya. Pero me consuelo pensando cuánto les costó a los apóstoles afianzar su fe en el Maestro. El Domingo de Ramos no faltaba nadie, el Jueves Santo tampoco. ¿Pero y la soledad de Jesús el Viernes Santo? Un solo apóstol, acompañando a su madre y a un par más de santas mujeres. Era muy duro acompañar al Señor en la Pasión. Y no: efectivamente no estuvieron.

Por eso, padre, no nos flagelemos ni usted ni yo si nuestra fe no es constante, si no es todo lo sólida que desearíamos, si nuestra conducta no se ajusta a la fe de nuestros mejores momentos. No nos aflijamos, que al fin y al cabo la fe, como el amor, es un edificio que nunca podemos dar por terminado. Hemos de estar construyéndolo siempre.

Una cosa sí me atrevo a pedirle, padre: cuando flaquee su fe, piense en la fe de sus fieles que necesita quien la sostenga. Aunque no le alcance para usted, sea generoso y piense en ellos. Dios se lo premiará con generosidad. Yo diría que con enorme generosidad. Si no puede recrearse y reconfortarse con su propia fe, no sufra, padre: consuélese con el pensamiento de que está cumpliendo el mandato sagrado de Dios, de mantener vivo el don de la fe en sus fieles. Hay en ellos un caudal inmenso de fe, que no podemos dejar que se desvanezca o que muera con ellos: quizá no sea muy teológica, pero es fe, es la fe con que alimentan su alma.

Créame, padre, ni siquiera importa que sea pecador: todos lo somos en mayor o menor medida. Sus pecados le serán perdonados incluso por sus fieles, si usted les acompaña en su fe. Es un don precioso, más precioso que la moral. Dios le tendrá en cuenta que con la fe mermada, es más difícil resistir a las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne. Créame, padre, si no alcanza a salvarle su propia fe, no tema: le salvará la fe de sus fieles. Dios se la tendrá tan en cuenta como si fuese su propia fe. No sufra, padre, no sufra por ser pecador. Si acompaña usted la fe de sus fieles, le alcanzará en abundancia el caudal de la misericordia divina.

Mire, padre, ni hay nada que convenza tanto a los fieles como la fe del sacerdote que está a su cargo, ni hay nada que desincentive la fe de sus fieles, como que se evidencie la falta de fe del sacerdote.

Lo que más difícilmente le perdonarán tanto Dios como sus fieles, es que al no ser capaz de acomodar su conducta a lo que Dios y la Iglesia le piden, retuerza el mensaje de Dios y de la Iglesia para acomodarlo a su conducta. Que desfigure y destruya la fe.

¿Recuerda el milagro de Bolsena que dio lugar a la celebración del Corpus? Salimos de celebrarlo. Ha sido una gran celebración. La debilidad de la fe del cura de Bolsena nos valió esta gran manifestación de fe de la Iglesia en el misterio que pone a Dios más a nuestro alcance. Lo hemos celebrado, hemos salido a la calle a cantarle nuestra fe (o nuestra firme voluntad de fe, que no es poco) a Dios Eucaristía.

Quería decirle, padre, que aunque su fe titubee (humanos somos), no deje que flaquee nunca su voluntad de creer lo que cree nuestra Santa Madre la Iglesia. Hágalo por nosotros, que es en esa fe en la que nos sentimos seguros.

Un hijo de la Iglesia

6 comentarios:

  1. Rvdo. "UN HIJO DE LA IGLESIA"

    De entrada le diré que un servidor es un católico como tantos, que intentamos ser fieles a Dios por medio de su santa Iglesia.

    Usted, como yo y como cualquier bautizado, podemos tener nuestras "NOCHES OSCURAS", o sea nuestra desgana en la oración, el temor en caer en una rutina, el desaliento,...

    Pero usted como Sacerdote, que ha recibido la unción del Espíritu Santo, el día de su ordenación sacerdotal, tiene en su corazón y en sus manos una doble personalidad, una la más importante la de SACERDOTE MINISTERIAL y la otra de un señor normal y corriente, con sus defectos y virtudes.

    Como dice muy bien, hay fiestas en la Iglesia que se viven de distinta manera que los otros días. Sin duda son dones con que Dios ha inspirado a su Esposa, la Iglesia para no caer en tibieza que es y sería fatal para nuestra alma.

    Ahora bien, para no alargarme, Dios le ha dotado de unos dones exclusivos, que solo pueden realizar ustedes, los que han recibido dentro del sacramento del Orden, la ordenación de Presbítero.

    Ustedes son los mediadores entre Dios y nosotros, los fieles.

    Cada vez que se pone en el confesionario y oye y orienta al fiel arrepentidos de sus pecados, está actuando en hombre de Dios, quien perdona, efectivamente, que es la MISERICORDIA DIVINA. Pero usted es su instrumento para que el fiel se sienta perdonado por Dios, que es lo que nos transmite la paz interior, o sea la paz del alma.

    Después hay otro gran momento, que para mi, junto con la RESURRECCIÓN DE CRISTO, es importantísimo para nuestra FE y el momento de la TRANSUSTANCIACIÓN, o sea que al invocar al Espíritu Santo, y decir las palabras que nos enseño Jesús en la ÚLTIMA CENA, el pan y el vino se transforman en el CUERPO, SANGRE, ALMA Y DIVINIDAD, o sea Dios y Hombre verdaderos.

    Vale la pena rezar por los sacerdotes, para que pongan todas sus facultades en no caer ni en la rutina ni en la tibieza, ante esos dos grandes milagros que Dios pone sus manos, para su propia santificación y por su medio la santificación de las almas a ellos confiadas. Que Dios le bendiga todo su apostolado.

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  2. Importante reforma de la curia del Vaticano:

    “Nuevo Dicasterio para los Laicos, la familia y la vida”

    “El Santo Padre Francisco, bajo propuesta del Consejo de los Cardenales, ha aprobado ad experimentum, el Estatuto del nuevo Dicasterio para los Laicos, la familia y la vida, en el cual se confluirán desde el 1 de septiembre de 2016, los actuales Pontificios Consejos para los laicos y para la Familia. En dicha fecha los dos dicasterios cesarán sus funciones y serán suprimidos”

    http://www.news.va/es/news/nuevo-dicasterio-para-los-laicos-la-familia-y-la-v

    El Papa suprime los actuales consejos de familia y laicos, y la academia de la vida. Supongo que la supresión implica el cese de los cargos. Estos tres organismos, que por su materia se dirigen al 99% de los católicos, estaban prácticamente monopolizados por socios del Opus. Alucinante que organismos para más de mil doscientos millones de católicos los dirija de hecho una organización de unos ochenta mil miembros, y en su núcleo duro clerical. Anómala situación que puede cambiar radicalmente con los nuevos nombramientos.

    Esperemos que con su cese Ignacio Carrasco de Paula ya no pueda introducir en el Vaticano a pro abortistas.

    Esperemos que con su cese Josep Miró Ardevol pierda poder para organizar en España “el barrizal interminable y la inestabilidad política” que ha confesado que hace.

    Ellos y sus hasta ahora numerosos acompañantes en el Vaticano.

    Y que la Iglesia se pueda dedicar a predicar el Evangelio.


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    1. Dudo de la eficacia de este nuevo dicasterio. De hecho, Amoris laetitia puede cargárselo, dado que en el tema de la educación sexual, Francisco se ha "olvidado" de la ideología de género que inspira los programas educativos de las escuelas, colegios e institutos.

      Además, Francisco no tiene en su agenda la prioridad sobre temas de vida y familia, como sí tenía Juan Pablo II y Benedicto XVI: aborto, divorcio, reproducción asistida, anticoncepción, eutanasia.

      Por otra parte, está la polémica de la Amoris laetitia que posiblemente permite la comunión de los adúlteros.

      En definitiva: un organismo burocrático de escasa eficacia., en mi opinión, excepto esperando resultados.

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  3. Pablo Iglesias y Francisco6 de junio de 2016, 2:17

    El Papa interfiere en la campaña política concediendo una audiencia al violento Pablo Iglesias

    http://infovaticana.com/2016/06/04/papa-se-mete-la-campana-electoral-concediendo-una-audiencia-pablo-iglesias


    Estoy en completo desacuerdo con esta reunión, como también la reunión de Francisco con los luteranos para celebrar el cisma de Lutero.

    La finalidad de una reunión o celebración debe ser siempre:

    1. la exaltación de la fe católica

    2. la confirmación de la fe católica


    Parece que Francisco ha iniciado una etapa, equivocada para mí, de recepción de todo tipo de individuo con una finalidad desconocida, dado que no existen evidentes signos de confirmación y exaltación de la fe católica, que es la finalidad de un Papa, no las finalidades económicas, mediáticas, sociales o políticas.

    Si el conjunto general de esta nueva política de recepción universal es la confusión y la tibieza de la fe, moral y costumbres, entonces es una política que no está basado en la Verdad de Fé Católica.

    Por ejemplo, la recepción de Pablo Iglesias en absoluto se corresponde con la confirmación de los cuatro principios innegociables de todo político católico en la vida pública y política: vida, familia, educación de los hijos y bien común.

    Pablo Iglesias tiene precisamente un programa total, absoluta y completamente anticatólico: aborto, matrimonio homosexual, eutanasia, suicidio asistido, anticapitalismo (propiedad, benecifico y contratos)...

    Al final, toda esta política de abrazos y acuerdos con todos no van a servir para nada a la Iglesia Católica: cuando ésta esté en dificultades, nadie de los "recibidos" y "abrazados" la va a ayudar en nada.

    Pablo Iglesias en absoluto dejará de imponer sus convicciones propias del programa satánico, como así recordó el mismo Francisco cuando se llamaba Bergoglio, en su carta del 22 de junio del 2010 a las carmelitas de Buenos Aires en relación con la aprobación del matrimonio homosexual.

    En desacuerdo total. ¿Qué pretende Francisco?

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    1. Nuestro Señor, nos dejó claro quien es el príncipe de este mundo, nos dejó claro que estamos en este mundo, pero no somos de este mundo. ¿El capitalismo es cristiano? Por supuesto que no, más bien diría yo, que sabiendo quien gobierna este mundo, los cristianos en realidad somos: "antisistema".

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  4. Una carta muy interesante6 de junio de 2016, 17:12

    Una de las funciones de los obispos es la de confirmar y asentar la fe de sus sacerdotes.

    Ésta fue una de las tareas que llevaron a cabo hasta la santidad, dos obispos: san Antonio María Claret, y san Toribio de Mogrovejo, llamado el nuevo san Ambrosio. Por eso son santos porque son intercesores de todos los obispos. Dan ayuda eficaz.

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