domingo, 15 de mayo de 2016

Un gabinete a disposición de los sacerdotes

Ya alguna vez en algún artículo hice mención de la necesidad que aflora, y cada día más y con mayor intensidad, de que los sacerdotes en nuestros tiempos tengan a su alcance toda suerte de medios para su equilibrio espiritual y psicológico.
Nadie en el Seminario nos preparó realmente para una vida y unos problemas que ni siquiera, con toda la dosis de imaginación y fantasía, podíamos sospechar. Y hablo de nosotros, sacerdotes de mediana edad, nacidos entre los 60 y 80. Imaginemos a los de décadas anteriores. La sociedad, la Iglesia, la concreta vida ministerial en la que nos movemos y a la que hemos sido abocados, han sufrido cambios a ritmo tan trepidante que nos procuran una sensación vertiginosa que nos conduce a un malestar doloroso. Sentimientos de soledad, de impotencia y fracaso, de inseguridad, de incapacidad para dar respuesta a los continuos y cambiantes retos que se nos presentan, producen en el ánimo sacerdotal una sensación de resquebrajamiento interior, de agrietamiento de todo aquello que somos y hacemos; sensación  a la que no es fácil poner remedio y solución.
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La falta de sacerdotes especializados y experimentados en la dirección espiritual de consagrados es otro hándicap. Antaño ciertas congregaciones religiosas estaban meticulosamente especializadas en la dirección espiritual de sacerdotes y religiosos. La profunda crisis en la vida religiosa ha hecho mella en la mayoría de ellas y son pocos los institutos que pueden poner a disposición del clero diocesano, personal enteramente dedicado a la asistencia espiritual de los sacerdotes, de manera estable y continua.
Sin obviar esa urgente necesidad que no podemos dejar de lado ni postergar, al mismo tiempo y como soporte de gran importancia, resulta imprescindible, especialmente para los presbíteros más expuestos al vértigo personal y ministerial, la ayuda de buenos psicólogos católicos que les procuren apoyo profesional.
Subrayo lo que podría pasarnos por alto: psicólogos católicos, es decir, cimentados en una ciencia que en sus fundamentos, contenidos y métodos sea en todo fiel al mensaje cristiano y constituya una herramienta eficaz para la perfección humana y sacerdotal. Se trata de poner a su alcance los recursos psicológicos que lleven a los sacerdotes al encuentro de la verdad sobre sí mismos y su realidad, basados en una recta visión del hombre, como unidad psico-bio-espiritual. Los auténticos psicólogos católicos consideran que el ejercicio de su profesión no puede limitarse sólo a un tratamiento psíquico, sino que debe orientarse a mirar el problema de fondo, que involucra la relación de la persona con Dios.
El jesuita P. Jordi Font, ideólogo y artífice
de la Fundació Vidal i Barraquer
A diferencia de la Fundación Vidal i Barraquer, cuyos profesionales parten de la psicología fenomenológica experimental alemana y del psicoanálisis freudiano, los psicólogos católicos no buscan procurar solamente un seguimiento a nivel del trastorno psíquico si lo hay, sino que ponen todos sus esfuerzos en enderezar la vida de la persona hasta que reconozca la necesidad de un “tratamiento espiritual” a su verdadero problema de fondo que es su relación con Dios.
A Dios gracias, creo que la mayoría de los sacerdotes más que estar necesitados de resolver un problema concreto, empiezan a adolecer de orientación en su vida personal y ministerial, porque se sienten frustrados, porque quieren autorrealizarse y necesitan alguien que les ayude a equilibrarse a sí mismos para desarrollarse mejor. Y aquí es clara la necesidad del psicólogo católico.
Magisterio pontificio sobre la psicología hay muy poco: Pablo VI tiene algunas alocuciones a los psicólogos, y Juan Pablo II tiene varias intervenciones en ese sentido. Hay tres puntos que son claves y que han mencionado tanto Pío XII como Juan Pablo II, que son: la conciencia de la dignidad de la persona, que se basa en que el hombre ha sido creado por Dios, a imagen y semejanza suya; y ahí en los detalles se derivan muchas consecuencias importantes para la psicología.
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Jóvenes sacerdotes romanos
El segundo elemento es que la humanidad está caída por el pecado original, por lo cual existen consecuencias muy concretas y dramáticas para la vida de la persona a nivel de sus creencias, de sus emociones, de sus relaciones con los demás, de su unidad y equilibrio psicológico: unidad entre su parte emocional y su razón.
Y el tercer elemento es que podemos recibir la gracia de Dios. La gracia santificante tiene un efecto elevante, pero primero que nada sanante: la gracia sana nuestra naturaleza, sana nuestros desequilibrios emocionales, todos recibimos inicialmente la gracia en la sustancia, en el alma como decía Santo Tomás; pero desde allí la gracia deriva, emana como un torrente hacia nuestras facultades, hacia nuestros actos y toda nuestra vida, y cambia verdaderamente la vida.
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El psicólogo católico Dr. Echavarría, Abat Oliba
Como decía Pío XII, sin los datos que mencionaba antes, la personalidad cristiana resulta incomprensible y la psicología, sobre todo la aplicada, se expone a incomprensiones y errores. Realidades que no podríamos comprender si ignoramos la Revelación y los efectos concretos que estas realidades tienen en la vida psíquica, concreta y que experimentamos todos los días en los hombres.
Es necesario subrayar que los verdaderos psicólogos católicos que necesitamos, son aquellos que estén convencidos claramente de la incompatibilidad del pensamiento freudiano con la visión cristiana del hombre. El gabinete que los sacerdotes necesitamos no puede echar mano del psicoanálisis como la mejor psicología, como la única posible. Necesitamos profesionales a nuestra disposición que asuman la relación establecida entre el desorden moral y el desorden psicológico. La psicoterapia, que nació de un ambiente positivista alejado de la antropología cristiana, no puede ser una alternativa a la guía psicológica y espiritual cristiana.
Por último y de soslayo, este gabinete de ayuda debe ponerlo nuestra Archidiócesis al alcance real de todo el clero. Y expender en él todos los recursos necesarios, pues visto el sueldo exiguo y precario que a duras penas llega a los 900 euros mensuales, un sacerdote no puede sufragar de manera prolongada los  honorarios del apoyo profesional que necesitamos.
Prudentius de Bárcino

9 comentarios:

  1. D. Prudentius de Bárcino, gracias por su Artículo.

    Deseo que esa no sea su situación y que hable en nombre de otros compañeros que por carácter, más bien tímido, supongo, y estén en Parroquias rurales principalmente, puedan necesitar apoyo psicólogo.

    Cuando un joven generalmente, decide seguir la vocación de sacerdote de Cristo a través del Sacramento del Orden, abandona el privilegio de asignar los requisitos del camino.

    Es Cristo quien previene las condiciones para seguirle:

    Una entrega irrevocable, un sentirse desprendido de todo, dejarlo todo, para poseerle a Él solamente.

    El Divino Maestro pone en el centro de toda vida cristiana una exigencia de radicalidad, que sólo se puede cumplir en la sinceridad con Él.

    Una consecuencia, en la dimensión humana, de esta radicalidad es la soledad.

    Hoy se habla mucho de autenticidad, pero se la pone en conceptos y actitudes sofisticadas; la verdadera autenticidad significa ser fiel a la propia misión. Esta fidelidad se concreta en tener un Plan de Vida, personal, en que no falte la oración, Liturgia de las Horas, Rosario y si puede ser con los fieles, mejor...

    Es por eso que la soledad sacerdotal es uno de los aspectos de la vocación que puede tener dos polos de expresión, uno positivo y otro negativo.

    Este último se formula como hipótesis de la desintegración manifestada entre valores, ideales y estilo de vida.Sin embargo, desde el punto de vista positivo, la soledad sacerdotal puede ser vivida por el sacerdote como reencuentro consigo mismo, como cultivo de la vida interior, apertura al mundo externo en la profundización y fundamento de la misión encomendada. Hemos de pensar que si Dios nos llama a su servicio, no nos va a dejar solos, sino que nos dará la fuerza necesaria para seguir adelante, eso sí, respetando siempre nuestra libertad.

    Esta soledad tiende a ser sana, gratificante, fecunda, pone al sacerdote de frente a sí mismo y lo abre a la vida como un momento necesario para la toma de conciencia de sí y del otro, como momento para el descubrimiento o profundización de la verdad.

    Es una soledad que le permite al sacerdote apartarse para orar, para reflexionar, para estudiar, para contemplar, para descansar, para integrar sus valores, ideales y estilo de vida.

    Puede ser una soledad constructiva en la que el sacerdote entra en contacto consigo mismo y esto lo impulsa y le da fuerza para entrar en contacto profundo y cualificado con los demás, como fruto de la integración de su “yo” consistente, de su identidad clara y definida que le permite entrar en contacto con su realidad personal más profunda y entrar en contacto maduro y constructivo con los demás.

    El sentir la soledad como una carga insoportable puede llevar consigo la tendencia a distorsionarla en aislamiento, como expresión falseada de defensa ante un conflicto entre una imagen de sí devaluada y la imagen de un mundo demasiado exigente y amenazante.

    El profundo y eclesial sentido del sacerdocio, no sólo no impide sino que facilita las responsabilidades personales de cada presbítero en el cumplimiento del ministerio particular, que le es confiado por el Obispo.

    La capacidad del sacerdote para cultivar y vivir maduras y profundas amistades se revela fuente de serenidad y de alegría en el ejercicio del ministerio; las amistades verdaderas son ayuda decisiva en las dificultades y, a la vez, ayuda preciosa para incrementar la caridad pastoral, que el presbítero debe ejercitar de modo particular con aquellos hermanos que se encuentren necesitados de comprensión, ayuda y apoyo. ¡Hagámonos amigos de los sacerdotes!

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  2. La ausencia del Padre en nuestra sociedad liberal lleva a psicoterapias racionalistas, alejadas de la unidad de la persona que no solo es razón, sino que es un cuerpo que progresivamente será glorificado por sus buenas acciones hasta la glorificación final de la resurrección.
    Muchas de estas psicoterapias intentan solucionar los problemas desvinculándolos de la moral. Si te encuentran deprimido, acusan que es a causa de la “represión sexual” y te aconsejan sosegarte físicamente.
    Ese eclipse del Padre, también se presenta como espiritualismo católico lindante con la nueva era, estoicismo, etc. en que cuando creen que no pueden manejar el conflicto, acuden a los libros de autoayuda.

    Se olvidan del Padre y de nuestro camino afectivo con Cristo hacia el Padre.
    Falta formación sobre la comunión interpersonal que se establece entre la intimidad de Dios y su relación con la persona: la amistad con Cristo.
    También falta formación sobre nuestro dinamismo afectivo sexual (como mujer y hombre), que tendría que empezar en la infancia, a partir de la antropología adecuada de s JPII.

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    1. Huelga decir que la persona debe mantener una buena salud corporal. Si duerme poco, come mal, no hace ejercicio, trabaja 23 horas…etc. Esto es lo primero a valorar.

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  3. Sra. Laura, la Psicología, como el resto de ciencias, está en permanente evolución. Ha progresado mucho desde los tiempos de Freud, de modo que por favor, no nos quedemos con esa idea de que todo lo tratan desde la óptica sexual.

    Por otra parte, guardémonos de mezclar psicología y creencias. De lo contrario, llegaríamos al dislate de tener una psicología católica, una psicología islámica, una psicología judía, etc.etc. Mezclar ciencia y religión suele conducir a resultados catastróficos. Naturalmente, no estoy diciendo que todo científico, si es católico, no deba atenerse a los principios de esa moral.

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  4. La ciencia trata de responder desde hace siglos a la pregunta ¿cómo funciona el interior de la creación, incluido el hombre?
    En medio siglo la técnica ha acelerado este conocimiento.
    En absoluto se ve la creación como don, solo es un dato.
    Parecida influencia sigue la psicología.
    Las dos grandes teorías actuales son el conductismo y el psicoanálisis. En menor medida el constructivismo.
    Hablan de ética, no de moral.

    Pero existe la psicología personalista. Un representante importante es del padre Romano Guardini.
    Su psicología se resume en “esta persona vale por lo que es”. Presenta una visión completa de la persona.

    En “las etapas de la vida” de Guardini, muestra el recorrido de una persona en diferentes etapas. Cada etapa es nueva e irrepetible. Crisis de pubertad, de la experiencia, de la vivencia de los límites, separarnos de las personas y de las cosas y llegar a ver que no nos valemos por nosotros mismos. Considera que puede haber desajustes por vivir una etapa que no toca.

    https://www.ebookscatolicos.com/descargas/descargar-pdf-las-etapas-de-la-vida-padre-romano-guardini/


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    1. Laura S.: Me parece que el conductismo y el psicoanálisis hace décadas que dejaron de ser "las grandes teorías actuales". No sé de donde ha sacado esa frase. Le recomiendo lea libros más modernos antes de opinar. Skinner y Freud fueron superados hace muuucho!

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    2. No lo he leído en ningún libro.
      Yo hablo desde mi experiencia con varios psicólogos y pedagogos profesores de universidad.
      Aparte de que yo misma tengo recientemente (2015) algún curso universitario de pedagogía que se basa en el conductismo.
      Le haré memoria. ¿recuerda la nany famosa que salía en TV y que reconducía las conductas rebeldes de los niños? ¿Hace tanto tiempo?
      Pero esta página está abierta también a su experiencia; si nos la puede explicar nos enriqueceremos.
      ¿En su experiencia que técnicas utilizan ahora los psicólogos al tratar a los pacientes?

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  5. Desde hace siglos, recordemos a San Felipe Neri, se insta a los sacerdotes a no vivir solos, que compartan vivencias que tengan a mano, el uno con el otro, o los otros el SACRAMENTO DE LA CONFESION y que los usen CON FRECUENCIA, etc.

    Actualmente hay muchos que se auntollaman sacerdotes y lo primero que hacen es destruir los confesionarios de sus iglesias, dejar a los fieles encomendados SIN ESTE SACRAMENTO empezando por ellos mismos. además suelen vivir "solos" para que nadie se entere de "lo que hacen o no hacen"
    Luego los problemas mentales les acechan, sobre todo si no combaten el orgullo que es la puerta del diablo es sus vidas.

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    1. Quim cuanta razón tienes!!!
      faltan confesores que esten confesando
      y se usa poco de sacramento del perdón.

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