miércoles, 14 de enero de 2015

¿Quién soy yo para suspender a nadie? Ya le suspenderá la vida

Cuando vi en grandes titulares la frase del Papa “Quién soy yo para juzgar”, me sonó a melodía muy conocida y muy gastada. En realidad se había construido sobre ella toda una generación de españoles (y probablemente de europeos). Fue la escuela la que puso en marcha esta singular filosofía y forjó en ella a un sinfín de promociones de alumnos. A los que vivieron la transición de la dictadura a la democracia en el mundo de la enseñanza, seguro que les suena este sonsonete que sirvió para encubrir la multitud de dejaciones y abusos de todo género (no sólo pedagógico) que se produjeron durante ese tormentoso tránsito: pacífico en el orden público, pero demasiado tormentoso en el de la configuración de las mentes.
Efectivamente, después de la disciplina del franquismo (¡y de todos los siglos pasados!), siempre excesiva, y con ansias enormes de libertad y de modernidad pedagógica (¡oh, las inefables fichas que automatizaban el trabajo!, ¡y las matemáticas modernas! ¡oh, oh, oh!) los más progresistas, los pánzer de la Reforma Educativa, decidieron que eso de suspender a un alumno era un abuso de autoridad, un atropello traumatizante. De ahí vino ese estilo de calificar sin calificar: “progresa adecuadamente”, “necesita mejorar” y cosas así. Obviamente, la disciplina escolar quedó arrumbada por obsoleta. El maestro pasó a ser el colega guay del alumno. Y así, de bondad en bondad se fue empujando al sistema educativo (el sistema formador de las mentes) hacia el precipicio. ¡Y aún no ha tocado fondo! Suerte que los maestros (en su inmensa mayoría, ya maestras) amortiguan con su sentido común los desmanes de la ingeniería pedagógica que les imponen los políticos.
Misa Arquidiocesana de niños (Buenos Aires) presidida por Bergoglio
Eran los bondadosísimos pedagogos de la nueva ola con el progreso imparable de la educación; era la liberación de los niños de la opresión de un sistema injusto; era la superación de una forma de vida inventada por el franquismo para tener mortificados a los niños por puro masoquismo; era tener a los niños siempre pendientes de la autoridad y del castigo. Y las ansias infinitas de bondad de los gobernantes (¡sobre todo los de izquierdas!), tenían que poner fin a esa situación tan opresiva.
Pero la condena impuesta por el progreso, que junto con el antiautoritarismo por encima de todo nos traía libertad y espontaneidad, no se detuvo en la sociedad civil. Se contagió también a la Iglesia: sobre todo a través del sistema educativo, en el que tan implicada estaba. El movimiento pedagógico (de fortísimas connotaciones políticas) con el que se pretendía regenerar la sociedad, fue arrollador. Y las órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza fueron arrolladas; y por contagio fue arrollada la catequesis en la que estaban implicados todos los religiosos y religiosas y el clero secular.
La nueva clave pedagógica capaz de obrar todos los milagros, es que la escuela tenía que ser un juego (el gran eslogan era “enseñar divirtiendo”; la clase tenía que ser lo más “distraída” y entretenida posible) y si los alumnos no se divertían, el profesor tenía un problema. En ese esplendoroso camino educativo, la Religión tenía que ser un juego. De hecho, competía con las demás asignaturas por serlo: porque tenía que ser la asignatura más deseada por los alumnos. Y aparte de las actividades originales que se inventaron para la clase de “Reli”, todas ellas basadas en el juego, los contenidos catequéticos no podían tener más forma que la de cuento. Ahí encajan las inenarrables misas para niños, tan creativas: una aproximación del reino de los cielos al mundo de Barrio Sésamo y a Disneylandia.
Es el nuevo estilo de formación intelectual y moral: es bueno lo que resulta agradable; y malo, lo que requiere esfuerzo y disciplina. He ahí el nuevo paradigma del bien y del mal en que se ha criado la actual generación. Y a partir de ahí podemos ir montándonos la moral.
El cardenal Bergoglio rodeado de globos en una de esas Misas "pedagógicas"
Lo grave es que del mismo modo que el magisterio civil se apuntó al “quién soy yo para suspender a nadie; la vida se encargará de hacerlo”, también el magisterio eclesiástico a su imagen y semejanza, se apuntó al “quién soy yo”, remitiendo a la misericordia y a la sabiduría infinita de Dios (o in extremis a la inoperante maquinaria burocrática): me refiero a todos los que tenían obligación pastoral de velar por la disciplina eclesiástica (de superiores religiosos y obispos, para arriba). Toda una generación de sacerdotes y religiosos en este régimen, acabó creando un pudridero que amenaza con llevarse a la Iglesia por delante: de forma violentísima y demoledora durante el papado de Benedicto XVI, y de forma aparentemente pacífica y conciliadora durante el papado de Francisco; pero el pudridero es el mismo.
En efecto, con ese nuevo estilo, la Iglesia que había sido hasta entonces una institución muy disciplinada, se convirtió toda ella en algo muy parecido a una de esas clases de la moderna enseñanza en las que es muy difícil distinguir entre la clase y el patio y entre el profesor y el alumno: en estilo, en indumentaria, en lenguaje… Pasárselo, se lo pasan bien; pero formarse, bien poco: porque sin disciplina y esfuerzo no es posible.
Y como el estilo universal era ése, los obispos y superiores religiosos crearon su propia divisa de adaptación a los nuevos tiempos y modos. Hiciese lo que hiciese un religioso, una religiosa o un cura, predicase, escribiese o enseñase las herejías que fuesen, celebrase como celebrase y llevase la vida que llevase (mejor sin armar escándalo), la respuesta expresa o tácita era siempre la misma: “¿Quién soy yo para juzgarle de hereje si escribe y predica herejías, o de inmoral si lleva una vida depravada?” Allá se las vea con Dios, que es sobre todo misericordioso, y seguro que ya le ha perdonado.
¿Resultados? Los que tenemos. La depravación en el clero (había escrito “del clero”, Dios me perdone) ha llegado a límites insospechables. Ni en la peor decadencia antes de la Reforma y la Contrarreforma, ni en el inmenso jolgorio renacentista, se enfangó tanto. ¿Y la jerarquía? Tapando, tapando y tapando. Primero porque no son nadie para juzgar ni a herejes, ni a homosexuales ni a pederastas. Y segundo, porque es muy ingrato andar corrigiendo al que yerra y vigilando para evitar que los fieles sean desviados de la recta doctrina y escandalizados. Ciertamente es mucho más confortable olvidar los problemas internos invocando el “quién soy yo” y volcarse hacia el exterior figurando como una pieza importante de la sociedad civil (si no puede ser del poder político).
Y por supuesto, a cada uno le toca cargar son su sambenito. En el mundo civil, a los que se opusieron a la reforma del “quién soy yo para suspender a nadie”, los tildaron de fachas. En la Iglesia, a los que se oponen a la reforma del “quién soy yo para juzgar” (y a los que se escandalizan al ver que esas conductas no se corresponden con la moral y con el magisterio de la Iglesia) los llaman hipócritas. 

Cesáreo Marítimo

17 comentarios:

  1. ¡La vida te suspenderá! y ¿Quién soy para juzgar?14 de enero de 2015, 23:33

    "¿Quién soy yo para suspender a nadie? Ya le suspenderá la vida."

    Según mis noticias, este lema tiene un transfondo muy interesante.

    Dicen que esto lo decía un catedrático de derecho administrativo de Barcelona muy conocido.

    Daba las únicas clases de derecho administrativo en toda Cataluña durante los años 1970, época en la que habían huelgas estudiantiles en Barcelona.

    Parece ser que fue dicha durante una huelga estudiantil en la Facultad de Derecho de Barcelona, de Pedralbes.

    Ante la duración de la misma, y en evitación de disgustos mayores, que consistían en que le pincharan las cuatro ruedas de su coche (los profesores aparcaban dentro del Campus), que tuviera que hacer clases de recuperación, le montaran "pollos" y protestas, decidió, como el resto de profesores, dar un aprobado general por la cara a todos los ausentes revoltosos, añadiendo, sarcásticamente, esta trola de que "la vida te suspenderá".

    La realidad profunda era que gracias a los aprobados generales y los aprobados generosos que daba en sus clases de derecho administrativo, convirtieron su despacho de abogados especializados en Derecho Administrativo en el monopolio absoluto de Barcelona, obteniendo así el íntegro total de todos los casos de derecho administrativo en Barcelona... y Cataluña ante la Audiencia Territorial.

    Este cínico decía "la vida te suspenderá", cuando en realidad era que "la vida me ha premiado": los alumnos estaban contentos con aprobados generales y generosos sin apenas estudiar, pero él se forraba, enriquecía, por las orejas, las mangas y el capirote, dado que en Cataluña, absolutamente todos los alumnos debían pasar por su clase, la única clase de derecho administrativo, y con esta treta y argucia, los convertía en completos ignorantes de esta especialidad, con lo que nadie abria bufete en este área del derecho en Barcelona... y Cataluña. Genial, pues los estudiantes, burros, le agradecían esta injusticia (aprobar sin estudiar), a costa de enriquecerlo sin medida alguna y sin que lo supieran.


    Me temo que este “Quién soy yo para juzgar” va por aquí: pasar la vida tranquila y guay, sin recibir el ataque de la izquierda mediática, cultural y política (y también la derecha) en la defensa de la vida, la familia y el matrimonio: es decir, no recibir la visita de las Femen ni ver carteles en la prensa y TV con la frase "La Iglesia va contra los derechos humanos de las mujeres" y otros de peores.

    Esto se refuerza con el hecho de que estos eclesiásticos han acogido rápidamente el giro social hacia las "periferias" y las "nuevas esclavitudes": a nada comprometen, dan buenos titulares, se congracían con las izquierdas, dan tranquilidad, y delegan el trabajo a Cáritas y a las organizaciones caritativas.

    El sueño de estos eclesiásticos burócratas y funcionarios: "A casita a las nueve de la noche, a tomar tranquilos la sopita y el vasito de leche con madalena... y felices sueños".

    Porque el desarrollo práctico de este “Quién soy yo para juzgar” ha hecho silenciar, callar y omitir del todo cualquier defensa activa de la recta doctrina en temas de vida y familia, cosa que estaba completamente clara y segura durante el mandato de san Juan Pablo II, pero que cayó durante Benedicto XVI debido al ataque de los lobos y los cuervos.

    Un gravísimo error estratégico de Francisco que debilita la Iglesia de Europa en su lucha contra este homicidio masivo de más de un millón de niños no nacidos asesinados cada año... tanto de hombres como de mujeres.

    Me temo que con Francisco, la Iglesia está quedando inerme e inane cada vez más acelaradamente, y Cesáreo Marítimo se equivoca en considerar que ello llevará a la crisis más grande de la historia... porque será peor que una crisis.

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  2. Ni en la peor decadencia antes de la Reforma y la Contrarreforma15 de enero de 2015, 0:10

    Cada día parece más evidente que Benedicto XVI sufrió una presión por parte de "lobos y cuervos" para que libremente renunciara por razones de salud y edad. Y cada día parece más cierto que Francisco fue elegido por un grupo significativo de cardenales con este programa:

    - Reformar la Curia
    - Giro social
    - Ecología y ecumenismo
    - Abandono del evangelio de la vida, la familia y el matrimonio

    Pues aquel nefasto "La Iglesia no puede hablar solo del aborto, los homosexuales y el condón", se ha transformado en la realidad práctica de la Iglesia en "la Iglesia debe de aprobar el aborto, la homosexualidad y la comunión de los divorciados recasados".

    Aunque en realidad, Francisco ha dado muestras de estar a favor de la vida y la familia y no ser en absoluto un heterodoxo, no obstante su confuso pensamiento ha trasladado a toda la Iglesia la falsa percepción de un giro hacia la apostasía, a pesar de que esto tiene fácil solución: seguir la cultura de la vida de san Juan Pablo II.

    En efecto, parece que los cardenales quisieron abandonar la línea de un Papa teólogo e intelectualmente riguroso (Benedicto XVI), derivando hacia una persona de pensamiento débil, frágil, desordenado, embrollado, borroso, lioso y difuso en el evangelio de la vida y la familia.

    Su Evangelii Gaudium dedica la cuarta parte a temas de política y economía, mientras que demuestra una aterradora ignorancia en temas de vida, bioética y familia, a los que dedica sólo alrededor de un 2%. Ello se demuestra aún más con su catastrófica dirección personal del [anti]Sínodo de las Familias:

    1.- Desactivación del aborto, octubre 2013: Erdo, Forte, Baldisseri y Paglia sacan la encuesta de 38 preguntas sin preguntar sobre el aborto, la muerte de embriones y los vientres de alquiler.

    2.- Activación la polémica de la comunión de los divorciados recasados, 20 febrero 2014: exposición de Kasper, en el Consistorio extraordinario sobre la Familia, a favor de la comunión a los divorciados recasados, y Francisco le alaba como “teología hecha de rodillas"

    3.- Junio de 2014: difusión del documento de análisis de los resultados del cuestionario, resaltando la polémica herética: oposición a la doctrina de la Iglesia sobre el control de natalidad, divorcio y divorciados recasados, homosexualidad e ideología de género, relaciones prematrimoniales, fecundación in vitro.

    4.- 13 octubre 2014, Erdo presenta a Fancisco la Relatio post disceptationem del Sínodo, base para el “Instrumentum laboris” (documento de trabajo) del futuro Sínodo de 2015, con una aprobación de la homosexualidad.

    5.- 9 diciembre 2014: presentación del segundo cuestionario para el Sínodo de las Familias del 2015, apareciendo sorpresivamente la insistencia a favor de los divorciados recasados, abandonando el camino penitencial de Kaspers a favor de la solución dada por los cismáticos ortodoxos (aprobar uno o dos divorcios) y las nulidades exprés.

    6.- 27 diciembre 2014: el obispo de Amberes, Mons. Bonny, a favor del reconocimiento explícito de la homosexualidad, cima de la apostasía abierta en la Iglesia europea de la teología del Rin (Bélgica, Holanda, Alemania, Austria y Suiza)

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  3. Sr. Cesáreo Marítimo,gracias por el artículo de hoy.

    LA DECADENCIA MORAL Y LA CRISIS DE VALORES EN EL OCCIDENTE CRISTIANO.

    Cuando yo iba a un colegio de frailes, éstos nos daban clase de Física, Matemáticas, Historia y, por supuesto, Religión. Hoy no hay frailes ni siquiera para enseñar religión, al menos en la escuela pública. Esta carencia de mano de obra eclesiástica es correlativa con la disminución drástica de la práctica religiosa en nuestro país y aún en toda Europa, según las estadísticas, que repiten los mismos datos decrecientes año tras año. Pero el que los eclesiásticos disminuyan y envejezcan no significa que hayan dejado de alzar su voz. Antes el contrario. Da la impresión de que, al menos en España e Italia, los líderes eclesiásticos elevan hoy el volumen de sus diatribas antigubernamentales y de sus condenas a las libertades con mayor intensidad que cuando gozaban del privilegio de la confesionalidad del Estado, quizás para compensar su progresiva irrelevancia social.

    Desde la generalización del régimen democrático, la Iglesia ha perdido el papel que tenía antes, en los tiempos de la alianza entre el Trono y el Altar. Los eclesiásticos estaban acostumbrados a ser los asesores del poder político y económico y la expansión de los derechos y las libertades les cogió a contrapelo. No se han sentido, ni siquiera hoy se sienten cómodos con el sistema democrático que tratan de manipular mediante los partidos populares, antes demócrata cristianos, sin mucho éxito. Su pretensión de que la legislación civil recoja sus puntos de vista va haciéndose impracticable a medida que incluso los demócratas cristianos aceptan la soberanía popular.

    Como decía un obispo brasileño, ""Cuando ayudas a los pobres te llaman santo, cuando preguntas por qué lo son, te llaman comunista".

    Solo lo consiguen en España e Italia donde las respectivas Conferencias episcopales protagonizan permanentemente incidentes, conflictos con las autoridades civiles y en el caso de España, hasta incluso se manifiestan por las calles como si se tratara de una minoría marginada cuando de sobra es sabido que gozan de privilegios económicos impensables en otros países. Son privilegios claramente anticonstitucionales pero protegidos por un Concordato que nos hace a muchos avergonzarnos de que nuestros políticos sean incapaces de abrogarlo.

    El machismo tradicional del mundo eclesiástico que se revela en el tema de la fertilidad es también cada vez más irrelevante socialmente. Da la impresión de que su condena del aborto, más que una defensa del derecho a la vida es una condena de la mujer "supuestamente libertina", que se atreve a ejercitar su sexualidad como los hombres pero a la que la naturaleza le juega malas pasadas. La ideología eclesiástica es convertir la prohibición del aborto en una condena a la maternidad forzosa de esas supuestas mujeres libertinas. Es la maternidad como castigo. Y para terminar de arreglarlo también tratan de influir para que la legislación civil prohiba o haga difícil el uso de los anticonceptivos en los que precisamente descansa la mejor prevención del aborto. En este tema rebrota la vieja desconfianza, incluso la vieja animosidad del clero hacia la mujer, tentadora de su celibato y presunta causante de la caída original.

    Les falla la memoria algo que no nos pasa a los que, por edad, presenciamos cómo la Iglesia, que calificó de Cruzada nuestra guerra civil, fue cómplice del franquismo en tantas represiones.

    La irrelevancia social del mundo eclesiástico es paralela a una sequedad doctrinal que se ha fraguado como consecuencia del conservadurismo imperante. La burocracia curial cerró bruscamente las ventanas que había abierto el Concilio Vaticano II para que entrara el aire fresco y renovara el pensamiento católico. Se ha apagado el profetismo que pudiera buscar nuevas causas para la misión evangélica.

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  4. Preguntas para los que dicen que estamos peor que nunca:
    -¿Acaso el Papa actual ha hecho desenterrar a Juan Pablo II, le ha montado un juicio a su cadáver y luego ha hecho arrojarlo al Tíber?
    -¿Acaso ha acudido a la simonía para ser elegido?
    -¿Acaso tiene bastardos a la vista de todo el mundo y luego les reparte cargos?
    -¿Acaso tiene un amante homosexual a la vista de todo el mundo?
    -¿Acaso los obispos actuales lo son de media docena de diócesis a la vez que sólo pisan para cobrar?
    -¿Acaso el Papa actual concede o niega nulidades matrimoniales por sus intereses políticos?

    No, no y no. No estamos en la crisis más grave de la historia de la Iglesia. Es más, voy a soltar una tesis provocadora: pesando lo malo con lo bueno, la Iglesia nunca ha estado mejor que ahora.

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    1. Para Quinocho:

      La historia, a parte de ser maestra de vida, ayuda mucho a mirar la realidad con perspectiva y a no aferrarse nostálgicamente a supuestas excelencias de anteriores épocas históricas. Pero en este blog eso no se estila mucho.

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    2. En tu apreciación hay una fallo importante. Una cosa es que antiguos eclesiásticos estuvieran corrompidos, pero la doctrina y moral no se tocaba, y otra muy distinta y peor, es que se quiera corromper la doctrina: aceptando como buenas situaciones inmorales, que trae como consecuencia el cambio de la doctrina, aunque digan que no es la intención.

      En cuanto al pueblo, pasa lo mismo, antes la práctica religiosa era multitudinaria, y a pesar de los pecados individuales, la gente no intentaba justificar su vida desordenada cambiando la moral. Ahora la práctica religiosa ha caído a mínimos, muchos cristianos se han hecho la moral y doctrina a su gusto.

      La búsqueda de Dios y de la verdad es incompatible con el relativismo. En la actualidad se ataca los fundamentos del cristianismo: el relativismo es el cáncer del cristianismo, ya que impide la conversión, porque si todo es relativo no hay pecado ni necesidad de convertirse, y por tanto posibilidad objetiva de salvarse.
      La misericordia divina está destinada al pecador que convierte, no al pecador que se burla de Dios.

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  5. Para Quinocho
    Yo estaría de acuerdo –o no, depende– si usted me hace una distinción acerca de a qué se refiere cuando habla de la Iglesia. Si tiene presente al clero y nada más que al clero, a pesar de los pesares, puede que sí, pero si la Iglesia somos todos los fieles bautizados –y lo somos– ya tendríamos que hilar más fino. Por desgracia, pienso que la balanza no está ni mucho menos equilibrada. O eso creo yo.

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    1. Totalmente de acuerdo con el anònimo de las 12:05. Por desgracia es la triste realidad. Le agradezco que haya escrito en castellano porque muchos de sus respuestas u opiniones son muy acertadas y las pueden entender todos los que las leen en GG. MARPN.

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  6. Una Iglesia en apostasía15 de enero de 2015, 14:23

    Francisco es un Papa válido dotado de una profunda fe, lo que facilita preveer que no hará actos que lo invaliden.

    Pero Francisco, objetivamente, está cometiendo un grave error estratégico en el ámbito de la doctrina de la vida, familia y matrimonio, como lo demuestra esta deriva apostática del Sínodo de las Familias.

    Con Francisco, la Iglesia de san Juan Pablo II y Benedicto XVI ha desaparecido, y con ella, los objetivos de defensa prioritaria de la vida y la familia contra el laicismo europeo y occidental de base satánica: cultura de la muerte, relativismo, principios innegociables..., que eran prioritarios y enfatizados por ellos, sin olvidar la cuestión social desde la Sollicitudo Rei Socialis.

    Francisco fue elegido por un grupo significativo de cardenales que le apoyan y ayudan en la dirección de la Iglesia, y parece que con un programa urgente para un mandato corto: Curia, pederastia, banca vaticana, cuestión social (periferia social y nuevas esclavitudes), ecología, diálogo y ecumenismo, colegialidad y sinodalidad, apartamiento de la defensa de la vida, familia y matrimonio y relegación a un Sínodo. Nuestro Francisco es hoy un ecosocialista (flanco izquierdo), desarbolada la defensa de la vida y la familia (flanco derecho), y con un cuerpo central de clérigos y religiosos apóstatas (Mons. Bonny).

    La personalidad de Francisco se adaptaba a este programa: como buen argentino (como sor Lucía Caram), tiene una verbosidad torrencial, domina la cuestión social y político-económica (Evangelii Gaudium, un cuarto dedicado a la economía), desconocedor del evangelio de la vida, la familia y el matrimonio y de los documentos vaticanos más importantes (en sus discursos y documentos apenas hay referencias), desordenado, mandón, de edad y salud para un corto mandato, alejado del centro de intereses vaticanos e italianos. Él depende del grupo de cardenales para el gobierno complejo y elefantiásico de la Iglesia.

    Una contradicción manifiesta de su pontificado es la referencia a la misericordia, pero la aplicación, a la vez, de la tolerancia cero hacia la pederastia y la corrupción, lo cual es paradójico, porque tolerancia cero implica la ejecución de la justicia inmisericorde, y encima sobre un mal que tiene repercusiones mediáticas mundiales negativas para la Iglesia, con lo que parece que hay un agravio comparativo: si el mal es mediático, tolerancia cero; si no lo es, tolerancia y disimulo.

    Para los que somos de la generación de san Juan Pablo II, resultó incoherente que Francisco clamara por la muerte de los inmigrantes en Lampedusa, y de otro lado, a sus espaldas, no diga nada sobre el millón de muertes por aborto que se cometen en la Unión Europea, entre cien y doscientos mil abortos en los países más importantes: España, Francia, Italia, Alemania e Inglaterra. Aunque todo este error estratégico de Francisco tiene una sencilla subsanación: seguir el programa que trazó san Juan Pablo II en la Evangelium Vitae de pura defensa de la vida y la familia.

    El sentido de este grave error estratégico de Francisco quizás tiene una explicación escatológica: de momento se consigue una [falsa] paz interna en la Iglesia para llevar a cabo unas reformas concretas, pero la Iglesia, ya herida de muerte, empezará a romperse cuando Francisco empiece a rectificar. Pero por ahora, todo sigue tranquilo.

    Se acercan rápido tiempos decisivos y especiales para la Iglesia, su semana horribilis de Pasión, Muerte y Resurrección a imitación de Cristo. Esto debe ser motivo de alegría, porque significa el triunfo del Corazón de Maria y la regeneración de la Iglesia desprendida de su parte apostática. En la historia, hay que mirar primero a la Iglesia, pues tal como vaya ésta irá el mundo. Si el intercesor del mundo ante Dios falla (apostasía y pecado interior), el mundo sufre: terrorismo, guerras, epidemias, crisis, desigualdad, desconfianza, egoismos nacionalistas, corrupción, mala gestión, globalización y cambios tecnológicos.

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  7. Con San Juan Pablo II y Benedicto XVI se tenía claro el orden de prioridades, que con éste último se resumió en los principios no negociables: vida, familia, educación y bien común, derivados de la congruencia eucarística (Sacramentum caritatis 83).

    Con Francisco llegó la dispersión, la confusión y el desandar, pues ninguno de los neovocablos satisfacen la claridad expositiva sintetizada con los principios innegociabes:

    1. Descarte: concepto vasto y vago, pues comprende tanto el pobre, el anciano, el enfermo, el inmigrante o el niño abortado o esclavizado.

    2. Perferia: rima con Villa Miseria, al que se remite.

    3. Nueva esclavitud: incompatible absolutamente con el aborto y la eutanasia, porque implica una opresión sobre un niño o adulto ya nacidos.

    Todo este metalenguaje parece expresamente diseñado para evitar referirse a la defensa de la vida y familia.

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    1. Se impone un cambio15 de enero de 2015, 17:52

      Me parece que Francisco habrá asumido un discurso universal único basado en lo que conoce, las Villas Miserias. La consecuencia efectiva de ello ha sido el relegamiento del discurso verdaderamente adaptado a Europa y Occidente de san Juan Pablo II y Benedicto XVI.

      Esto le ha hecho ganar en el Tercer Mundo, pero ha perdido el Primer Mundo, porque en Occidente y la Unión Europea, los problemas propios de las Villas Miserias son inexistentes, residuales, no significativos: es una tierra rica, a pesar de que esté en crisis, su PIB sube a 13 billones de euros, la más grande del mundo.

      El auténtico problema fue definido por san Juan Pablo II y Benedicto XVI (Evangelium Vitae, Veritatis Splendor, Caritas in Veritate): la vida, la familia y el matrimonio. Y ello se ha demostrado en este fraude de Sínodo de las Familias, que ha puesto en riesgo de inminente fractura el rostro único de la Iglesia. Quizás pronto veremos el cumplimiento de aquella antigua profecía que decía que "muchos sacerdotes y congregaciones religiosas se apartarán de la sana doctrina... Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo" (La Salette, la reina de las profecías, según san Juan Pablo II).

      Porque en la Unión Europea, su verdadera dureza e ira homicida y mentirosa de corazón, es que hay un millón de abortos y otro de divorcios, que se consideran como derechos humanos sagrados, sin contar otro millón de embriones congelados y destruidos en la reproducción asistida, y sólo exponiendo los tres grandes números que atentan directamente contra el quinto y sexto mandamientos de la Ley de Dios, entre otros muchos problemas que tiene la vida y la familia: relaciones e hijos extramatrimoniales, ideología de género, eutanasia, suicidio asistido...

      Francisco tiene el imperativo categórico (fácil y sencillo de hacer) de modificar su discurso actual y readaptarlo a la realidad europea y occidental, es decir, volver a seguir, almenos para Occidente, el providencial camino trazado por san Juan Pablo II el Grande, y Benedicto XVI, éste uno de los mejores teólogos que ha tenido la Iglesia, ambos los grandes Papas del período 1978-2013, antes de que los lobos y los cuervos acorralaran a este último hacia el retiro.

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  8. Me parece que mezcla churras con merinas. El Papa Francisco no se refiere a eso, en absoluto. Precisamente esa depravación de la enseñanza religiosa se produjo en el pontificado de Juan Pablo II, tenido por defensor de una supuesta ortodoxia. Así que habría que reclamarle a él, y a los que con él mandaron efectivamente, que son los mismos que mandan ahora y el Papa Francisco trata de quitarles su poder abusivo e hipócrita. Muchas veces las cosas no son lo que parecen.

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    1. La crisis empezó en el posconcilio y con Pablo VI en 1966-196815 de enero de 2015, 19:36

      "Así que habría que reclamarle a él, y a los que con él mandaron efectivamente, que son los mismos que mandan ahora y el Papa Francisco trata de quitarles su poder abusivo e hipócrita."

      Llevamos desde el 2013 con la Curia que, según Francisco, es la "lepra" de la Iglesia. Se dice que en el 2016 habrá una nueva Curia.

      La depravación de la enseñanza religiosa empezó oficialmente entre el 1966, con la publicación del Catecismo Holandés, y 1968, cuando hubo la rebelión de episcopados y congregaciones religiosas educativas enteras contra la Humanae Vitae de Pablo VI.

      La depravación no empezó con san Juan Pablo II, sino con Pablo VI, y justo al principio del postconcilio.

      Por tanto, la crisis educativo religiosa se dio entre 1966-1968 con Pablo VI.

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  9. Eso sí que es confundir churras con merinas (respuesta al comentarista de las 19:26). Lo que dice el articulista es que esa frase de "Quién soy yo para juzgar" no es original del Papa Francisco, sino que llevaba ya casi medio siglo de recorrido en la escuela, y que de ahí pasó a la Iglesia. ¡Vaya usted a saber! De todos modos, una manera como otra cualquiera de coger el rábano por las hojas.

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    1. El origen último de la frase viene de la Biblia, no de progres. Aquello de que el que esté libre de pecado tire la primera piedra. Una breve homilía del Papa sobre el asunto:

      https://w2.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2014/documents/papa-francesco_20140317_nadie-puede-juzgarte.html

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  10. Jesucrist està sempre amb Pere, qui no està en Pere Jesucrist tampoc no està en ell.

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  11. Ese "quien soy yo?" me parece más cercano al " la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio" que a todas esas reflexiones complicadas y rebuscadas. Nos recuerda que en el pecado hay tres elementos: materia, advertencia y consentimiento
    Que la materia del pecado pueda ser más grave no significa que el pecado, que la culpa sea superior a la de otra persona con pecados más aparentemente inocuos, pero con mayor carga de soberbia.

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