viernes, 19 de julio de 2013

El misterio de Cristo en el tiempo. La historia de la Salvación

Majestat de Salardú s.XII
Capitulo 3º: 
Un sacrificio, un pueblo, una alianza.
Con su Palabra, Dios conquistó el corazón de un hombre, Abrahán. Abrahán confiaba en Dios. Prometiéndole una tierra nueva, Dios lo hizo salir de su patria. Le aseguraba que tendría una gran descendencia, y sin embargo no le daba hijos. Cuando ya era muy anciano, finalmente le dio uno. Y un buen día le pidió que le sacrificase ese hijo único. Abrahán se mostró dispuesto a ofrecer ese sacrificio. Con esto se demostraba que la Palabra era capaz de producir en el hombre una generosidad parecida a la de Dios, Y es que Dios ya se había decidido a inmolar a su propio Hijo por la salvación del hombre. Pero para que la generosidad divina salvase, era necesario que fuese suficientemente humana, de modo que el hombre la entendiese y la aceptase y fuese capaz de corresponderle.
Por su descendencia carnal, Abrahán fue hecho padre de un nuevo pueblo. Por el ejemplo de su fe, después sería considerado el patriarca de todos los creyentes, de todos los que confían en Dios.

Hubo una gran hambruna en la tierra y los descendientes de Abrahán se vieron obligados a emigrar a Egipto para encontrar el pan necesario. Se establecieron allí. Pasaron los años y allí en Egipto se fue formando el pueblo de Israel, que reconocía al Dios de Abrahán como único Dios verdadero.
Pero llegó un tiempo en que los egipcios lo sometieron a esclavitud. Entonces Dios suscitó un hombre, fiel a la Palabra, Moisés, y lo preparó para que fuese guía de su pueblo. Los opresores no permitían que los hebreos saliesen de Egipto, a conquistar la libertad y una tierra propia. Hizo falta que Dios enviase flagelos para testimoniarles su voluntad. El flagelo más terrible fue el exterminio de los primogénitos: de cada casa moría el hijo mayor, sin que pudiesen determinar con certeza de qué moría.
En las casas de los hebreos, siguiendo las órdenes del Señor, habían matado un cordero. Con la sangre del cordero ponían una señal en la puerta. Por eso los primogénitos de los hebreos eran los únicos que no morían. En memoria de aquel hecho, cada año por aquellas fechas, comían un cordero recordando el “paso del Señor” cuando los sacó de la tierra de Egipto: era la Pascua.
Cuando los hebreos pudieron salir de Egipto, los opresores aún los persiguieron hasta la orilla del mar. Allí Dios abrió las aguas. Pasaron los hebreos. Los egipcios intentaron pasar también pero el mar volvió a su sitio y el agua cubrió a los egipcios. El paso del mar Rojo representaba para el pueblo de Dios un tránsito desde la esclavitud a la vida libre. Sin embargo no les introducía en la Tierra prometida. Era una figura del bautismo cristiano: a través del agua y de la fe, el hombre se salva de sus enemigos espirituales, pero tendrá que conquistar con su vida cristiana la patria de la eternidad.
Los hebreos pasaron cuarenta años en el desierto esperando la entrada en la Tierra Prometida.
Conducidos por Moisés, los hebreos llegaron a la montaña del Sinaí. Dios promulgó en aquel paraje su Ley. Dios y su pueblo pactaban. La ley tendría que ser una norma de justicia. Era una manifestación de la rectitud de Dios. No podía salvar por ella misma. No obstante ante esos preceptos el hombre comprendería qué hechos y actitudes lo acercan a Dios y cuales lo separan. Por la experiencia de la ley, el hombre entenderá la salvación como una necesidad de todo su ser. En tanto que norma de justicia la ley procede de Dios, y sus principios se fundan en la justicia divina. A pesar de ello, las expresiones por las que la ley se determina, corresponden a precarias posibilidades de adaptación de los hombres de una época, de un país y de una cultura, con todas las limitaciones que representa tan adaptación.
Cuando Dios establecía la ley, pensaba en la futura comunicación de su Espíritu a los hombres. Remotamente preparaba una nueva alianza, por la que más que proponerse Él mismo como norma de justicia, se daría Él como fuerza espontánea del amor.
Después de haber trascurrido cuarenta años en el desierto por fin pudieron entrar en la tierra de Palestina y se constituyeron en reino.
Todo lo que sucedió después vino a demostrar que cuando Dios prometía una tierra y cuando promovía las aspiraciones de aquel pueblo hacia la constitución de un reino, los iba preparando para realidades mucho más altas. A pesar de todas las infidelidades del pueblo de Israel, Dios le conservó la prerrogativa de ser la comunidad étnica y religiosa de la que nacería el Salvador de todos los pueblos.
En esa historia sagrada, entre los hechos contemporáneos de los reyes y pueblos de Judá y de Israel, en medio de las recapitulaciones de las antiguas gestas, los profetas empezaban a ver y a describir la misteriosa figura del Mesías.
Otra misión que aquel pueblo recibe de Dios –inseparable del vivir en expectación del Mesías-  es la precisar y purificar los conceptos de sacerdocio y sacrificio, y en general todas las nociones referentes al culto.

Dom Adalbert Puigseslloses, O.S.B. 
Prior de Sant Pere de Clará.

1 comentario:

  1. Gracias Dom Adalbert, por ese artículo.

    Lo que creemos por la fe, que Dios siempre ha estado de parte del pueblo israelita, la tierra prometida, también se ve que es posible de forma científica.

    “Según un estudio basado en catorce modelos realizados por ordenador, un viento de unos cien kilómetros por hora pudo haber provocado la separación de las aguas en el Mar Rojo y permitido el paso de los israelitas guiados por Moisés. La investigación examina la posibilidad de que efectivamente las aguas se abrieran y ofrecieran el cruce a pie a través del lecho del mar, algo a lo que da credibilidad.”

    “El estudio, realizado por el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de Estados Unidos y la Universidad de Colorado, sitúa el paso del Mar Rojo muy cerca del Mar Mediterráneo, donde mediciones a través de satélite muestran que un antiguo brazo del delta del Nilo se acercaba al lago Tanis, de poca profundidad y próximo a la costa, cerca de la actual ciudad de Port Said. La fuerza del viento habría repartido las aguas del Mar Rojo -la lengua que sube desde Suez- entre el lago y el brazo del Nilo.”

    “Los científicos creen que un viento de cien kilómetros por hora soplando desde el este durante doce horas habría dejado al descubierto un lecho fangoso de algo más de tres kilómetros de largo por casi cinco de ancho por un período de cuatro horas. Se habría tratado de un tiempo suficiente para permitir el paso de los israelitas así como para llegaran sus perseguidores egipcios, que de acuerdo con el relato bíblico, también recogido por el Corán, habrían sido atrapados en el regreso de las aguas a su estado original.”

    “El estudio, titulado “Dinámicas del viento en Suez y el este del delta del Nilo”, cita a un general británico del siglo XIX que anotó su experiencia en el lago Tanis. “Llegó un gran vendaval del este y se hizo tan fuerte que tuve que dejar de trabajar”, explicó. A mañana siguiente, el lago “había desaparecido totalmente y los nativos paseaban por allí sobre el barro”. “Este puente de tierra mide unos 3 kilómetros de largo y 5 kilómetros de ancho, y permanece abierto durante 4 horas”, según refleja el estudio publicado en la revista PLOS ONE.

    “Drews y sus colegas localizaron un lugar al sur del mar Mediterráneo donde pudo realizarse el legendario cruce y modeló diferentes formaciones de tierra que pudieron existir entonces, que habrían generado la historia del mar abriéndose para atravesarlo. El modelo requiere un terreno en forma de ‘U’ en el río Nilo y una laguna poco profunda a lo largo de la costa. En él se muestra que un viento de 101 kilómetros por hora, soplando de forma continua durante 12 horas, pudo hacer retroceder las aguas de 2 metros de profundidad.”

    “Según Drews, “Las personas siempre se han fascinado por esta historia del Éxodo, preguntándose si proviene de hechos históricos. Lo que muestra este estudio es que la descripción de las aguas separadas sí tiene una base en las leyes físicas”.



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