domingo, 14 de abril de 2013

Mi amigo mossèn Jordi

Doy gracias al Señor por haber tratado intensamente a Mn. Jordi Moya durante sus dos años de sacerdocio, que fueron los dos últimos de su vida.Le conocí unos pocos meses antes de su ordenación, cuando aún era diácono, en la parroquia de la Mare de Déu del Roser, y recuerdo que me impactó por su forma de predicar tan clara y profunda, que luego fue una constante en su vida sacerdotal.

Fue ordenado presbítero el 22 de Febrero del año 2009 y tuvo como primer destino precisamente la parroquia antes mencionada. A partir de ese momento empezó a ser habitual verle por el barrio vestido de sotana, lo cual llamaba la atención en un sacerdote tan joven. Pero él, alejado de todo respeto humano, con esa sencillez y naturalidad que le caracterizaba iba dando un testimonio visible de amor a Jesucristo y a su Iglesia, y de su total consagración a Nuestro Señor.

Este testimonio de amor se manifestaba en múltiples aspectos de su vida, y de ellos sólo pretendo destacar algunos de los que yo conozco, siendo consciente de que ignoro y me olvido de otros muchos.

Fue un inseparable amigo de los que más sufren, y hacía un trabajo incansable visitando enfermos en muchos sitios y asistiéndoles espiritualmente con la fortaleza que dan los sacramentos.
Ordenación sacerdotal: entrega del cáliz y manteado por sus amigos en el claustro.
Era un pastor muy celoso del bien de sus ovejas y era habitual ver que cada día después de pasarse largos ratos en el confesionario, daba un paseo por el interior y la salida de la Iglesia, haciéndose el encontradizo con muchos de los que allí pasaban. Se acordaba perfectamente de las circunstancias de cada uno y con gran delicadeza preguntaba qué tal estábamos para llevar la conversación a un aspecto sobrenatural. Yo mismo fui muchas veces favorecido con tales gestos y otras tantas fui testigo de cómo lo hacía con gran variedad de fieles.

Sabía personalizar muy bien en el trato con cada uno y era extremadamente delicado a la hora de ganarse la confianza de los que le conocieron. En este sentido era un extraordinario confesor y guía espiritual. Muchas personas pasaban cada día por el confesionario y venían desde otros lugares de Barcelona para confesarse con él. Mi esposa Inmaculada, me decía que sorprendía por los consejos tan acertados, concretos y prudentes que daba en la confesión, como plenamente adecuados a las necesidades de cada uno. Esa capacidad de personalizar la dirección espiritual se plasmó en su conocida obra “Los caracteres y la confesión”, que es un gran legado espiritual que dejó a sus amigos sacerdotes de la diócesis de Barcelona.

Era un fiel amigo y siempre que hablaba con él de cualquier cosa obtenía una paz y serenidad en lo más profundo del corazón. Enemigo de la fea costumbre de criticar a la  que tan fácilmente nos acostumbramos, siempre utilizaba sus palabras para edificar en la caridad y en la verdad. Hizo de mi vida, de mi vocación, de mi trabajo y de mis preocupaciones algo suyo. A él le debo estar tan alegre trabajando donde estoy, porque siendo también gran amigo del director de mi colegio, éste último me ha comentado varias veces que Mossén Jordi le encargó que me cuidase, y así lo ha hecho en muchas ocasiones, siendo más un padre que un jefe. También me acompañó espiritualmente muy de cerca en mi vocación al matrimonio e hizo suyos todos y cada uno de mis pasos.

Aprovechando la costumbre que tengo de salir a correr algún día durante la semana, me sorprendió cuando me propuso venirse conmigo. Y así fue, pues en gran cantidad de ocasiones se quitó la sotana para venirse a correr conmigo un rato, que al final siempre derivaba en una conversación interesante y sobre todo en muchos consejos edificantes que él me daba. Ahora comprendo que lo que le movía a salir correr era su verdadera amistad y la preocupación continua por mi bien, y que el deporte era tan sólo la excusa.

Fue para mí un ejemplo de paciencia y mansedumbre, pues recuerdo la noche del sábado 5 de diciembre del 2009, en que a causa de un resbalón en la ducha se fracturó el tobillo, y me pidió que le llevase a urgencias. Sin quejarse lo más mínimo y esperando durante varias horas, conversaba y bromeaba con Inmaculada y conmigo. De madrugada le dejamos en la casa parroquial con la pierna escayolada. Al día siguiente y durante casi un mes, recuerdo verle cada día salir a celebrar la Santa Misa con un par de muletas, y sin menoscabo alguno de la delicadeza, piedad, unción y sosiego con que siempre celebraba el santo sacrificio de la Misa.

Era llamativa su piedad en los actos de culto y su profundo amor por la sagrada liturgia, que le llevó a acoger con gran ilusión el Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, y por eso estudió, conoció, amó y celebró en algunas ocasiones la Misa tradicional. Muchas veces hablamos de este tema y compartimos ilusiones y proyectos al respecto.


 En San José de la Montaña,
de quien era muy devoto.
Tuvo un gran corazón en el que cabían gran multitud de personas que como yo sintieron que con él tenían una especial amistad. Aunque Aristóteles afirmó “no parece posible ser muy amigo de muchos a la vez” por lo que requiere la verdadera amistad, descubrí durante su convalecencia y después de su fallecimiento, la elevada cantidad de personas que tuvieron un trato cercano, íntimo y frecuente con él, sintiéndose cada una de ellas objeto de una especial amistad por parte suya. Este gran corazón se manifestó no sólo en las personas, sino también a la Iglesia, pues muchos grupos tuvieron un trato muy cercano y asidua colaboración con él. Entre otros cabe destacar al Opus Dei, la Unión Seglar y los Jóvenes de San José. De estos últimos fue capellán y los animaba espiritualmente antes de salir a dar de comer a los más desfavorecidos de la ciudad de Barcelona.

La semana previa al derrame cerebral que posteriormente le llevó a la muerte estuvo de retiro una semana. En una de las meditaciones se contó la anécdota de un sacerdote mayor que poco antes de morir dijo a sus compañeros en el sacerdocio “Ja us espabilareu”. Estas mismas palabras las recordó Mossén Jordi a un sacerdote amigo suyo que fue a visitarle al hospital y a llevarle la comunión. Él sabía posiblemente que el Señor quería llevárselo, por eso antes de la última operación el jueves 17 de marzo, de la que ya no despertó, pidió al cirujano y a todos los médicos allí presentes que rezasen un Padrenuestro con él, y él poniéndose de rodillas lo dirigió, con gran impacto de los allí presentes.

Pero Nuestro Señor Jesucristo prolongó su vida dos días más, hasta el 19 de Marzo, festividad de San José, patrón de la Buena Muerte y día del Seminario.

Fernando Ruiz

12 comentarios:

  1. Que el Señor nos regale muchos sacerdotes jovenes en Barcelona, con el carisma, y amor de Mn. Moya. Te lo pedimos Señor !!!

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  2. Me ha emocionado profundamente la lectura de este artículo. Gracias, Fernando, por este bello regalo. Yo también conocí a mossén Jordi Moya, pero no tuve mucha ocasión de tratarlo. Me impresionaban su sencillez, su fragilidad y su autenticidad. Me inspiraba ternura. ¡Era tan angelical! Quiera Dios que nos quede Mossén Jordi Moya como referente y espejo del buen sacerdote.

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  3. Extraordinario. Ciertamente sigue habiendo mucho bueno en Cataluña. Descanse en Paz

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  4. También yo tuve trato con él, en la parroquia de Santa Teresita de Barcelona, donde estuvo de diácono. El sufrió mucho porque demoraron bastante su ordenación, tanto de diácono como de presbítero. Nunca dijo nada al respecto, pero se le notaba su dolor. El era miembro del Opus Dei, como clérigo agregado a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei; es decir, como sacerdote incardinado con el obispo local; y no en la Prelatura. En dos ocasiones me confesé con él. En mi ambiente comentábamos que no lo ordenaban porque enseguida se puso las vestiduras clericales, y eso a los obispos no les gusta. Era un comentario. la razón el Sr. Cardenal lo sabrá. pero sufrió mucho por ello.

    Fue una gran pérdida para la Iglesia de Barcelona, pues curas como él son contadísimos, y solamente pudo ejercer 2 años. Dios le vio maduro y lo llamó a su seno.

    Posteriormente entendí el uso reiterativo de la sotana, era porque así se le veía rápido, dispuesto a confesar.

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  5. Yo también conocí a Mn Jordi Moya, iba a confesarme con él muchos sábados por la mañana antes de ir a trabajar, si tuviera que definirlo, diria que era sacerdote de cuerpo entero, en estado puro, era un chaval porque lo era (por su edad) que solo queria ser eso, sacerdote, ni mas ni menos, pero lo vivia con una ilusión que impresionaba, era su vida, y pienso que murió santo como el cura de Ars.

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  6. En el Evangelio de ayer cuando Pedro le dice al Señor que lo ama, el Señor le pide que cuide de sus ovejas. El buen pastor cuida de sus ovejas y gracias por contar este bello ejemplo.

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  7. una vez le en una ordenación en Terrassa charlando con el le dije lo valiente y fiel que era al vestir el habito sacerdotal con la valentía conque lo hacia; estando tanto sacerdote camuflado; me confeso que así lo hacia porqué llegaba más pronto al corazón. No tuve mucha relación con él; pero la poca que tuve si me impactó su fuete vocación sacerdotal. Indiscutiblemente,fué un gran sacerdote muy fiel a su magisterio y a la iglesia. Un gran ejemplo a seguir para muchos.

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  8. Gracias Sr. Fernando Ruíz por ese relato de su amistad con Mn. Jordi Moya.

    En realidad hacía lo que debe hacer un buen sacerdote, que es lo dice el Papa Francisco, tener la Iglesia abierta y la luz del confesionario encendida, como también hace ese sacerdote de Marsella, que en un barrio rodeado de musulmanes y otros muchos que no conocemos o que no tienen la misma suerte de tener cola en su confesionario, es una lámpara del Amor de Dios a los hombres,

    Que Dios bendiga a nuestros seminaristas, para que una vez ordenados sacerdotes sean trtansmisores de ese Amor, por medio de su Palabra y Ministerio.

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  9. Emotivo recuerdo a Mn. Jordi Moya. Efectivamente era un chaval que conectaba enseguida con los jóvenes, era alegre, simpático y tímido, no lo mencionan, la cual vencía por el profundo amor a Nuestro Señor que tenía.
    Recuerden la subida que se realizó a Montserrat en su memoria.
    El Señor nos lo envío y el Señor se llevó.
    Sirva el recuerdo del funeral en su Parroquia donde no cabían los fieles de la misma y todos lo que lo conocían de fuera, juventud a raudales.
    En fin sólo pedir su intercesión.

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  10. Y su ternura ante el Santísimo en las noches que noa acompañó en el Tibidabo

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  11. Conocí a Mn Moya a través de otro sacerdote amigo, fuí a su primera misa en las carmelitas tambien a su funeral, coincidí con el en varias ocasiones y siempre me sorprendía por su fervor y su celo apostolico.Fué una gran perdida para la diocesis de Barcelona pero creo que desde el cielo hará mucho mas de lo que hizó en este mundo. Con mucha frecuencia le encomiendo mis necesidades sobre todo espirituales y la verdad es que veo como la Gracia me acompaña y experimento su ayuda.

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  12. Invito a todos a escuchar esta grabación de un sermón de Mn. Jordi a los jóvenes de San José.

    https://www.youtube.com/watch?v=Ek01YKpNOUI

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