jueves, 11 de abril de 2013

El Papa Francisco denuncia la persistencia de la trata de personas, que es la esclavitud más extendida en este siglo XXI

Por lo que parece, el Papa Francisco en su homilía de Pascua nos adelantaba que abre un nuevo frente de acción de la Iglesia, de marcado sello social: el de “la trata de personas. 

No es que sea ésta una cuestión olvidada por la Iglesia: ni mucho menos. La novedad está en que la Iglesia pondrá el acento en este problema, lo universalizará y gracias a su influencia en el mundo, además de remover las conciencias en su ámbito de autoridad, extenderá el debate también al resto del mundo. Porque estamos ante un problema social de enorme magnitud que, obviamente, tiene una honda dimensión moral para los cristianos. Y enorme significado para aquellos que no conocen más referente moral que los Derechos Humanos (que están siendo ya agusanados).
Ésta es una de las ventajas para la Iglesia, de que el Papa proceda de áreas geográficas y políticas distintas, en las que determinados problemas tienen perspectivas distintas de las que tienen en nuestra vieja Europa. Es que desde tiempo inmemorial (Roma tiene mucho que ver en esto) estamos  funcionando como si fuésemos el ombligo del mundo. 

En este caso tenemos un Papa latinoamericano, de una región en cierto modo periférica de Europa, donde los problemas sociales tienen unas connotaciones muy distintas de las que caracterizan a los que llamamos países desarrollados. Viniendo el Papa de donde viene, se entiende que la trata de personas tenga para él una dimensión dramática: cosa que no ocurre en el autodenominado “primer mundo”. Aquí tenemos centrada la trata de personas casi exclusivamente en la “prostitución por cuenta ajena”, con la diferencia fundamental de que este “primer mundo” es el destino preferente de esas “mercancías” humanas; y que el “tercer mundo” es el proveedor mayoritario de esas nuevas remesas de esclavos con el flamante marchamo del siglo XXI. No es baladí la diferencia de perspectiva. 

Es comprensible que en Europa, donde nos permitimos toda clase de veleidades legislativas con los mismísimos pilares de la vida y de la convivencia, estas cosas se vean y se traten con una trivialidad espeluznante. La última ha sido la del Tribunal Supremo de Holanda, que declara poco menos que un bien social a una asociación promotora de la pederastia. Es obvio que eso mismo es imposible en cualquiera de los países donde se secuestran los niños para tener bien abastecido el mercado holandés, porque una sentencia así pondría a la sociedad en pie de guerra. 

Les invito a poner en el buscador de Google simplemente “trata de personas”, para que vean por qué éste puede ser uno de los frentes de lucha de primer orden durante el pontificado del papa Francisco. Ese epígrafe nos lleva inexorablemente a Latinoamérica y con cifras estremecedoras. Vean lo que es la trata de personas en Argentina mismo, una realidad que ha tenido que dolerle en sus carnes al sacerdote, obispo y cardenal Bergoglio. Y vean que además de la trata sexual está también la sangrante trata laboral. Esos talleres clandestinos de chinos aquí en España esclavizados por sus compatriotas explotadores, que para nosotros son anécdotas esporádicas que afectan únicamente a algún que otro colectivo de extranjeros, en Hispanoamérica son una lacra profunda que afecta a un porcentaje significativo de la población. Es la nueva esclavitud del siglo XXI, que tiene tan bien identificada el Papa Bergoglio, porque la ha vivido muy de cerca, él que viene del que fue el continente esclavo de Europa. 

¿Qué significa que Jesús ha resucitado? Significa que el amor de Dios es más fuerte que el mal y que la muerte misma”. “He aquí lo que es la Pascua: el éxodo, el paso del hombre de la esclavitud del pecado, del mal, a la libertad del amor y de la bondad. 

Pero no se refirió únicamente al sentido teológico de la esclavitud (la del pecado), sino que junto a “la violencia ligada al tráfico de la droga y la explotación inicua de los recursos naturales”, denunció “la trata de personas, la mayor esclavitud del siglo XXI. 

Es ésta, sin duda, la forma más evidente de esclavitud, y es bueno que nos lo advierta el Papa, tan ufanos como nos sentimos de haber superado la esclavitud, esa lacra de siglos pasados. Nos consideramos, en efecto, en la cúspide del progreso humano y social como si el “formato” democrático de las instituciones que hemos canonizado, nos librase por sí mismo de la tremenda lacra de esclavitud que vive la humanidad. Y presumimos de ser libres y de procurar la libertad de todos los seres humanos. ¡Cuánta hipocresía! Nos lo recuerda el Papa en la gran fiesta de la libertad, la Pascua, en que conmemoramos la liberación del Pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto. Y nosotros, tan apegados a las cebollas de Egipto. 

El Papa Francisco con el Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon
De momento el Papa ha empleado ya este término tabú para denominar una sola de las realidades esclavistas que forman parte de nuestra vida diaria, coronada exquisitamente con las flores de la democracia. Como si fuesen de por sí incompatibles la democracia y la esclavitud. Pues no es así: conviven en perfecta armonía. Vean aquí en España cómo se compatibilizan el desfalco épico de la banca (cuyos fondos desaparecidos repone el Estado en nombre de los ciudadanos y sacándolo de sus bolsillos) con los desahucios en los que esa misma banca despoja a los ciudadanos de sus únicos bienes (la casa), pero sin liberarlos por ello de la deuda. Es ciertamente difícil diseñar un sistema más eficaz de servidumbre voluntariamente aceptada, y bendecida por la maquinaria democrática. Un auténtico precipicio hacia la esclavitud. 

Es ciertamente doloroso tener que revisar un sistema en el cual hemos vivido como auténticos millonarios, gracias a que la esclavización humana estaba concentrada en otros continentes. ¿Recuerdan a los niños trabajando en la India de sol a sol para coser las pelotas de Nike y otras lindezas por el estilo? Sí, claro, pero una esclavización tan monstruosa, digna emuladora del primer siglo de la revolución industrial, se daba sólo en el tercer mundo. Un tercer mundo que sólo nos ha dolido virtualmente, porque de él hemos vivido y medrado sin escrúpulos. 

Pero he aquí que los grandes promotores de la esclavitud nos han dado un tremendo revolcón y hemos empezado a probar del jarabe que les dimos nosotros a otros seres tan humanos como nosotros, que nos costearon un “Estado del Bienestar” que al fallarnos su explotación intensiva, es ya de todo punto insostenible. Y algo tendremos que hacer al respecto, además de lamentarnos. Entre otras cosas, restaurar una base moral más sana que aquella en que nos hemos sostenido hasta ahora. Una base moral sobre la que el Papa Francisco parece dispuesto a abrirnos camino. Éste es el más grave problema de nuestro tiempo, y seguramente que Dios ha puesto al frente de la Iglesia al Papa que este tiempo requiere. Estemos pendientes, pues, de las palabras y de las actuaciones del Papa en esta materia. 

Cesáreo Marítimo

6 comentarios:

  1. El artículo de Cesáreo Marítimo remite a la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI.

    ResponderEliminar
  2. El artículo de C. Marítimo me parece oportuno y muy real. Me apunto a que no podemos cruzarnos de brazos o a encogernos de hombros; por medio hay personas que sufren y niños explotados, sea con el trabajo encubierto o con la pederastia de marras. Si el Papa Francisco empieza a destapar el tarro de esencias de esta naturaleza va a dar mucho juego en el este mundo corrompido y abandonado en manos de descreídos, aprovechados y sin conciencia. Y lo que es peor, en manos de gente que no tienen a Dios como referencia de vida ni para ellos no para los demás.

    ResponderEliminar
  3. Que hara el Papa Francisco con el sacerdote Illaraz abusador de seminaristas del Seminario de Parana, Entre rios,Argentina; y con el Cardenal Karlich que lo encubrio y protegio?

    ResponderEliminar
  4. En el artículo de hoy el Sr. Cesáreo Marítimo, hablando del mensaje pascual del Papa Francisco,se ve con claridad que tenemos dos mundos, uno el de los creyentes que a pesar de nuestras debilidades, intentamos seguir a Dios por medio de la Iglesia, otra la de lo sociedad que o niega o no quiere saber nada de Dios y entonces actúa sin escrúpulos de ninguna clase.

    El tráfico de seres humanos es un grave pecado, Pero aparte de su aspecto moral, lo gravemente penoso es que no tenga protección social y sea consentido casi impunemente por las Administraciones de ese primer mundo, que va a la deriva.

    ResponderEliminar
  5. Según he oído, el Papa dió en Argentina, cuando era arzobispo, una carta animando a un sacerdote del movimiento carismático a evangelizar al modo carismático suyo propio.

    Francisco I procede de un país, Argentina, que tiene dos aspectos: el ateismo y el agnosticismo nuevaera y racionalista de las clases cultas; y de otro lado, el cariz de magia, hechicería, brujería, maleficios, maldiciones e invocación de demonios y espíritus malignos, más propio de la zona amazónica.

    Francisco I, al animar al sacerdote carismático, indica que por lo tanto, conoce los aspectos de la curación y sanación milagrosa de enfermedades por la acción del Espíritu Santo; y la liberación de espíritus malignos y maleficios-maldiciones y los exorcismos de demonios.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ni I, ni II, ni X. Papa Francisco!!!

      Eliminar