viernes, 25 de enero de 2013

Capitulo 9: La Circuncision, Año Nuevo y Santa María

Santa María Antigua, en el Foro
El 1 de enero se presenta en la historia litúrgica como una extraña compenetración de varias recurrencias: la Octava natalicia, la Circuncisión, el Natale Sanctae Mariae y el oficio ad prohibendum ab idolis. Todos ellas han contribuido al formulario de la actual fiesta de Año Nuevo. Dejando a parte, claro está, pues no tiene carácter litúrgico, la Jornada Mundial de la Paz que Pablo VI estableció para este día en 1968.

La memoria litúrgica más antigua es sin duda el oficio “ ad prohibendum ab idolis”. Es sabido que el primer día de enero, dedicado a los saturnales romanos en honor a Jano bifronte (el mes “Ianuarius” está dedicado a él, pues era el dios que abría las puertas, y pues el año) fuese ocasión para los cristianos menos fervientes de retomar las prácticas siempre vivas del paganismo, entregándose a un loco desenfreno que degeneraba en fiestas orgiásticas e idólatras. Tertuliano, los Padres griegos y latinos, los Concilios y también San Agustín, atestiguan esta obstinada pervivencia entre los fieles de las supersticiones paganas en las Calendas de enero. Por eso todos ellos invitaban al ayuno expiatorio y a la oración en la iglesia, lo cual encontró rápidamente eco en los usos litúrgicos. En muchos lugares se establecieron letanías de penitencia para extirpar los usos gentiles. El IV Concilio de Toledo (633) prescribe un ayuno riguroso como el cuaresmal y prohíbe cantar el Aleluya en la misa. La misa ad prohibendum ab idolis que se encuentra en el Leoniano y en el Gelasiano, en los libros galicanos e hispano-mozárabes muestra un carácter penitencial muy fuerte y de enérgica protesta contra las desaforadas licencias de estos días. La misa debía celebrarse después de nona, concluyendo el semi-ayuno. Esta fiesta expiatoria decayó hacia los siglos VI-VII. El Gregoriano ya no contiene ninguna referencia a ella, pero en la oración secreta de la misa de la Octava de Navidad ( Muneribus nostris ) y la post-communio ( Haec nos communio Domine purget a crímine ) provienen de la antigua misa penitencial.

Descripción: Jano 300x266 Dios Jano
Jano bifronte
 A las oraciones y a esta misa contra la idolatría, la Iglesia de Romana, juzgó oportuno añadir, como táctica más eficaz de lucha, una fiesta especial conmemorativa de la Virginidad de María, Madre de Dios.
Los libros litúrgicos nos la presentan bajo el título Natale Sanctae Mariae con el formulario de la misa “Vultum tuum” pero con la hermosa oración mariana: Deus qui salutis aeternae, pero sin ninguna referencia a la Navidad. No sabemos si esta fiesta, al parecer la primera fiesta mariana que fue inscrita en el ciclo litúrgico de la Iglesia Romana, fue introducida para honrar la divina Maternidad e inviolada Virginidad, o por algún motivo histórico o local. Puede que ambas cosas. Alguien ha hablado de influencias bizantinas, y con bastante fundamento, ya que en la Galia y en Oriente el culto litúrgico mariano había experimentado un desarrollo considerable. Otros han propuesto el recuerdo de la dedicación de Santa María Antigua, una iglesia erigida en el siglo IV, sobre el mismo lugar donde se alzaba el templo de la “Vesta Mater”, en el cual según la leyenda pagana, cada año un dragón devoraba una de las vestales. La iglesia habría sido dedicada a la Madre de Dios, para celebrar su gloria como vencedora de los ídolos. La basílica en el siglo V estaba servida por monjes orientales, y esta puede ser la razón por la que muchas de las antífonas de Laudes y Vísperas en la liturgia de la octava, tengan sabor bizantino y fuesen introducidas por ellos.

Fresco, muy poco habitual de la Circuncisión.
La impronta mariana de la Octava fue prevalente en la liturgia medieval, antes de que fuese elaborado el formulario posterior. Ya Bernoldo de Constanza (+1100) escribía que “en la octava del Señor, por la romana autoridad, no se celebra la misa “Puer natus est” sino el oficio “Vultum tuum” tal como se encuentra en el Gradual, con la oración gregoriana “Deus qui salutis aeternae” y no la natalicia “Deus qui nativitatem dicimus” Quedando claro de manera evidente que el Oficio es de Santa María”.

La reforma litúrgica de 1969 trató de recuperar esa antigua tradición romana instituyendo para el día uno de enero, la solemnidad de Santa María Madre de Dios, eliminando la del 11 de octubre, que se celebraba en recuerdo de la definición dogmática de Éfeso proclamada ese día.

El tercer elemento, en orden cronológico que se inserta en este día, es lógicamente la Octava de Navidad. En el Gelasiano aparece con oraciones y prefacio fuertemente natalicio pero sin ninguna alusión a la circuncisión fuera de lo estrictamente contenido en el evangelio (A los ocho días circuncidaron al Niño…)

En otras liturgias el dato evangélico de la Circuncisión pronto sugirió una conmemoración particular. Primero en España, de allí pasó a la Galia, donde todos los libros galicanos presentan una misa que tiene como objeto esa conmemoración.

Los libros romanos ignoran una fiesta de ese género hasta el siglo XI. Hasta la reforma de Juan XXIII en 1962, que suprimió tal denominación, el título de la fiesta era In Circumsione Domini et Octava Nativitatis, simplificando con la más sencilla “Octava de la Natividad”. Aun así la fórmulas litúrgicas presentan este carácter compuesto mariano-natalicio que provienen de los diversos factores histórico- litúrgicos, sobrepuestos y mezclados finalmente. 

Dom Gregori Maria

1 comentario:

  1. Gracias Dom Gregori, por ese artículo, en que vemos una vez más como la Iglesia, como buena Madre, quiere que encontremos sentido católico a las fiestas que en su momento fueron paganas y en el transcurso de los siglos se han ido cristianizando.

    El principio de año para la Iglesia católica, al menos, el rito romano que nosotros profesamos, debe ser el primer domingo de Adviento. Ahora bien es muy acertado el haber recuperado la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Natividad de Jesús y en un día que es ampliamente festivo en la mayoria de paises, aunque por desgracia el mundo postmoderno, al volver la espalda a Dios, lo vuelva a paganizar

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