LA ESTRAMBÓTICA UNIDAD DE LA IGLESIA

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Si la Iglesia, respecto a la fe que sostiene y practica, es una en Alemania, otra en Roma, otra en África, otra en Estados Unidos y otra en Econe, no podemos decir que la Iglesia es “Una”; porque si todos ellos declaran ser “Iglesia católica” (y algunos, incluso, “La Iglesia católica”); y en esta Iglesia, en cuestiones de fe, cada uno proclama y practica cosas distintas; si ésa es la realidad que percibe en la Iglesia el fiel de a pie, no hay que ser teólogo, canonista ni especialista en nada; basta haber hecho la catequesis básica de la Primera Comunión, para afirmar sin el menor titubeo que la unidad de la Iglesia así configurada, es una ensoñación o un engaño.

Más aún, siendo tan evidente y a menudo escandalosa la gravísima escisión doctrinal en la Iglesia, de lo que se puede hablar es de diversidad y libertad doctrinal, que es el modo en que se gestiona, desde el mando único, esta diversidad: que goza de total libertad en la mayoría de “singularidades” doctrinales y morales. Y como a eso no le cabe el título de “unidad” de ningún modo, esa realidad sólo puede ser calificada de cismática. Es decir que evidentemente la Iglesia está de hecho escindida en tantos girones o cismas como tendencias doctrinales: violentamente opuestas entre sí. 

Podemos hablar, por ejemplo, de la Iglesia pro-sodomita, cismática a carta cabal, enfrentada visceralmente a la Iglesia de los 2.000 años pasados desde su fundación. Y por señalar cismas evidentes, podemos nombrar también el de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, en el extremo opuesto, que abomina tanto de esas doctrinas, como de su asentamiento nada menos que litúrgico, que avanza impunemente en la Iglesia alemana y otras afines. Avanza, claro está, gracias a la “bendición” que les concedió la Santa Sede (el mando único de la Iglesia) a través de la Fiducia súpplicans. Y tenemos algo más lejos, la Iglesia africana, que no acepta ni oír hablar de todo eso. Estado de cisma.


Cada vez se me parece más la “Unidad” de la Iglesia católica, a la unidad con la que se define la Federación Rusa: multiétnica, multirracial, multinacional y multirreligiosa. En efecto, en la Federación Rusa caben todos (creo que no “todos-todos-todos”; al menos, no como caben en la Iglesia); y al paso que vamos, en la futura “Federación católica”, a la que nos proponemos llegar a través de la sinodalidad, además de caber todos-todos-todos, alcanzaremos la condición de “Federación Católica Multirreligiosa”, de puertas abiertas de par en par a la inclusividad más inclusiva; porque, camino lleva de que acaben cabiendo en ella todas las religiones. Parece, en efecto, que en la preparación del viaje de León XIV al Perú, está ocupando un lugar central la recuperación del culto a la Pachamama (muy bien documentado en imágenes), con participación directísima y explícita del esbelto monseñor delegado por el Vaticano para este menester.

La Iglesia sinodal del mañana ha descubierto, en efecto, que todas las religiones llevan a Dios, y que para salvarse ya no es necesaria la Redención que nos trajo Jesucristo. Ni es necesaria la perpetuación de su sacrificio en la liturgia de la Iglesia. Porque lo que nos ha traído el Órdine Nuovo litúrgico es una grande, enorme diversidad y libertad, en la que caben con holgura tanto los ritos protestantes como las celebraciones culturales de la comunidad respectiva (por ahí anda el video de los miriñaques para celebrar el “mito” de la Asunción), como, finalmente, tiempo al tiempo, los ritos amazónicos, ya muy en boga, y los distintos ritos paganos de la región que se llamarán, sencillamente, “ritos inclusivos”.

Sí, claro, la Iglesia se está labrando su nueva Unidad, caracterizada fundamentalmente por la diversidad y la inclusividad. Evidentemente, tal como están enfocadas para la Iglesia del mañana la diversidad y la inclusividad, no atentan en absoluto contra la sacrosanta Unidad de la Iglesia. Lo dicen los más altos doctores de la Iglesia.
 

En cualquier caso, la Nueva Iglesia del Novus Ordo está poniendo un riguroso freno a cualquier movimiento o tendencia que amenace el desarrollo de este nuevo concepto de Unidad de la Iglesia. Unidad en la diversidad y en la inclusividad. ¡Faltaría más!  

Lo que está claro es que afirmar y predicar la “Unidad” de la Iglesia en unos momentos más graves que los del arrianismo, con una situación de cisma (más bien de cismas) más peligrosa que la de entonces, son ganas de engañarse, para así poder engañar a los demás de forma más convincente.

A no ser que la táctica de la Santa Sede sea ir bendiciendo sobre la marcha todo lo que presenten los Sínodos locales por contradictorio que sea, en aras de la “sinodalidad”, que se impondrá como nueva nota constitutiva de la Iglesia, que pasará por delante de las demás (santa, católica y apostólica).

Grave, grave. La única causa por la que excomulgan es por negar la legitimidad del papa. Éste es el dogma de los dogmas. Ahí sí que se mueven. Pero sodomía y demás, no son causa suficiente para poner advertencias y sanciones en marcha. Y si han podido integrar la sodomía en la doctrina de la Iglesia, ya cualquier cosa está a su alcance. 

Es evidente que a partir de los nuevos horizontes marcados por el diálogo interreligioso, la Iglesia ha entrado en una flexibilidad doctrinal inconcebible en los siglos pasados. De ahí que en realidad han caído ya todas las barreras doctrinales que nos separan (que nos separaron) de la iglesia ortodoxa y de las diversas denominaciones protestantes, siendo ya mera cuestión de conversaciones y acuerdos meramente diplomáticos, recuperar los lazos de unidad con los cristianos separados, con los que volveríamos a ser una sola Iglesia bajo la alta potestad del obispo de Roma. Porque, como dice el papa que impulsa estos movimientos, ni los católicos individualmente, ni la Iglesia pueden simplemente “seguir haciendo las cosas como siempre las hemos hecho”.

Claro que sus críticos objetan que la Iglesia debe regresar a Cristo (que ya no es su centro, evidentísimamente, sino que se ha centrado en las cuestiones que crean en ella las enormes tensiones cismáticas: como la santidad de la sodomía). Regresar a Cristo, si no quiere ser arrastrada por la ideología caduca que ha adoptado.

Y por el camino emprendido, no nos extrañe que algún día la Iglesia descubra su unidad con el budismo o con el taoísmo (continuando con la línea abierta nada menos que por la liturgia amazónica). Y que, andando el tiempo, acabe proclamando su unidad con el islam y con el judaísmo. Por ese camino alcanzaría el summum de la unidad religiosa, ya; pero esa no sería la Iglesia de Jesucristo, sino otra cosa, totalmente adaptada al gusto del mundo. 
 
Virtelius Temerarius

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26 comentarios

  1. La cuestión es cuánto vale la unidad de mando, si no hay unidad doctrinal; si no hay una sola fe, si en el trono de Pedro está instalada la herejía y la confusión de lenguas. ¿Hay que ser fiel a esa confusión ?
    No es que sea bueno, sino que es totalmente explicable que a un papa como Francisco(y lo de León está cada vez menos claro), le salgan los sedevacantistas hasta de debajo de las piedras. Y con eso, sólo queda para elegir o la fidelidad al papa, o la fidelidad a todas las herejías que proclame, que fomente y que consienta.
    Porque parece incompatible la doble fidelidad, al papa y a sus herejías, ¿no?

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    1. Hay que aclarar y deben hacerlo los 26 cardenales creados por BXVI y que entraron en el cónclave. Deben aclarar si 2/3 de ellos votaron a LXIV..si es así tenemos un Papa que permite desviaciones herméticas.. si no alcanzaron los 2/3 entonces en la cátedra está un Anti-papa y no debe ser obedecido

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  2. Se nos hace muy difícil Virtellius soportar tanta imbecilidad en la cúpula de la Iglesia. Desde masones que ocupan altos puestos en los dicasterios hasta arzobispos residenciales que adoran ídolos de barro, pasando por sentar en cátedra vaticana a defensores del aborto como medida de control demográfico o a descuartizadoras de embriones. Se hace muy difícil soportar tanta imbecilidad.

    El acto de santa Marta de exaltación a la diosa de la tierra, que eso es la Pachamama, como lo era Cibeles en el mundo clásico, por no hablar del hieratismo sacro de Francisco ante un falo de vigor, no mueve tanto a la condena cuanto al desprecio. ¿De qué van? Inevitablemente esa imagen grosera y procaz, de nulo valor intelectual, no digamos religioso, se contrapone con la memoria de misiones valientes que arriesgaron su vida por traer a la fe a los amazónicos.
    Hubo un fraile misionero en el Amazonas, que convirtió un clan machiguenga al catolicismo, que expuso vida adentrándose en el río y entrando en su territorio. A punto estuvo de morir. Pero su paciente y su fervor terminó por llevarlos a Cristo. Los machiguengas le llamaron Apaktone, creo, es decir, el Padre anciano. Les enseñó a rezar a la Virgen y abandonar sus supersticiones.

    ¿De veras creen en el Vaticano en las auras, en mitos prehoméricos? Pues si en ello están, que dejen en paz la santa Misa, el credo, los sacramentos y compren entradas en el cine para ver Odiseo. Les aprovecharán más para sus necedades la voracidad del Cíclope Polifemo y las furias desatadas de su progenitor Poseidón. Puestos a aceptar la religión por mitos, nuestra cultura está bien servida.

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    1. Virtudes heroicas habras de reconocerse a aquel jóvenes que tiró al Tíbet, la diabólicas Pachamamas que habían puesto en el Trastévere

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    2. Totalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.

      No son inbeciles, son asesinos de guante blanco.

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  3. Mosen Temerarius y sus historias. Lo sorprendente es que en estas diversidades que se dan en la IC todavía no ha calado la diversidad de curas casados y con la falta de efectivos hoy es una "diversidad" urgente. Todos los diáconos casados que ya tienen formación teológica son los mejores candidatos a ejercer en la nueva diversidad de Celibato Optativo, sinó nos hundiremos como el Titanic por falta de sacerdotes.

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    1. Sr Garrell...ya.la nave de Pedro tiene bastantes agujeros para que usted nos venga con historias de curas casados...aún nos pedirá obispesas para el timón.

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    2. Don Silverio, para que me oficie un cura casado, ya me Oficio yo mismo.

      Yo necesito un Mosén de verdad, en ningún caso un sucedáneo semi protestante.

      FALTARÍA MÁS, HOMBRE 😋.

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    3. Como puede saber usted, Don Silverio, que el magnífico Señor Temerarius es un Mossen?.

      Muchas gracias.

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    4. Señor Garrell, tendrá que salir otro Señor bajito con bigote para enderezar el rumbo Político y Eclesiástico en éste país.

      Ahora o nunca!

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  4. La Antiglesia tiene un credo...el Gnosticismo. No lograron imponerse en todos estos 20 últimos siglos porque les faltaba siempre algo..ahora creen tener la IA para lograr el "paraíso en la Tierra". Fracasarán!

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  5. Unas reflexiones me surgen a resultas de leer el artículo. Las verán polémicas, son personales, nada más, pero para eso se exponen para ser rebatidas o criticadas.

    La pregunta de si la Iglesia católica sigue siendo, en sentido pleno, «una», exige antes de responder una distinción escolástica elemental que buena parte del debate actual pasa por alto: la diferencia entre las notas de la Iglesia como propiedades formales indefectibles, garantizadas por promesa divina, y su realización empírica y estadística en un momento histórico concreto del cuerpo visible.

    En el primer plano, teórico de fe, la Iglesia no puede dejar de ser una, santa, católica y apostólica mientras exista un solo miembro que conserve íntegras esas notas en comunión con la sede legítima. Esa garantía no depende del comportamiento mayoritario del episcopado en un siglo dado, sino de la asistencia del Espíritu Santo prometida por Cristo (Mateo 16, 18; Dei Verbum 10).

    En el segundo plano, empírico-fáctico, esas mismas notas pueden estar gravemente resentidas: puede haber, de hecho, escasísima o nula unidad vivida de fe y de disciplina, santidad apenas o nada ejercida en amplios sectores del gobierno eclesiástico, y una apostolicidad reducida a la mera sucesión material de personas, desconectada de la apostolicidad formal que consiste en la fidelidad a lo transmitido.

    Este marco no es un recurso apologético para minimizar la gravedad de la situación actual, sino la única vía para describirla con precisión sin caer en dos errores simétricos:

    1. el optimismo institucional actual del Roma-Vaticano que bajo la profidén sonrisa de León XIV y su retórica diaria oficial niega que exista crisis alguna, y el pesimismo eclesiológico que, al advertir la gravedad real de la fractura, concluye que la Iglesia como tal ha dejado de existir o ha cambiado de naturaleza.

    El escenario que sirve de base a este análisis —África y buena parte de Europa del Este reteniendo la disciplina tradicional; China sinizando el catolicismo a través de la Iglesia Patriótica sumisa al Partido Comunista chino; Italia, Portugal y otras conferencias aplicando sin reservas Amoris Laetitia y Fiducia Supplicans; el camino sinodal alemán actuando con independencia creciente; España y Francia oscilando (los casos graves de Santander: monjas y cura con consagración feminista ilícita e inválida; herejía de una homolía que niega los dogmas marianos; el obispo Cobo enseñando la Sagrada Forma al pueblo en abuso litúrgico; gente bailando una danza nueva era en el altar con miriñaques de color; la Fraternidad San Pío X y los institutos Ecclesia Dei conservando la disciplina íntegra desde los márgenes de la estructura ordinaria— no es una caricatura polémica, sino una descripción sociológicamente razonable del estado actual del cuerpo episcopal mundial.

    La pregunta por el momento, hoy por hoy, seria no es si esa fractura existe, sino qué categoría teológica y canónica le corresponde, y qué consecuencias tiene sobre el ejercicio real de la autoridad y sobre la salvación de las almas concretas afectadas por ella.

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  6. La primera herramienta necesaria es la distinción clásica entre munus y ministerium: el munus petrino es el título, el oficio recibido válidamente por elección canónica; el ministerium es su ejercicio concreto en actos particulares de gobierno, magisterio y santificación.

    Esta distinción se implantó durante el pésimo pontificado de Francisco, autor de esta desconfiguración eclesial, cuando la sorpresiva e inaudita dimisión de Benedicto XIV y toda su confusa carta de cese (munus, ministerium), su continuación con el vestido papal, su internamiento en Roma, el desastre doctrinal de Francisco, determinadas acciones concertadas paralelas (Mafia de San Galo, Obama-Clinton-Podesta, interrupción de las transferencias bancarias vaticanas, sucesivos escándalos de Vatileaks, supuesto "intento de asesinato", grupos de presión y crítica sincronizados, gobierno "bloqueado"), no funciona como interruptor binario que contamine en bloque todo el ejercicio del oficio a partir de un acto defectuoso. Santo Tomás, Cayetano, Suárez y Billot coinciden en que el ejercicio del oficio se evalúa acto por acto: un pontífice puede emitir un documento disciplinar ambiguo en una materia y, simultáneamente, dentro del mismo pontificado, nombrar válidamente un obispo, administrar sacramentalmente y enseñar con acierto en otra cuestión distinta.

    Sostener que un acto de gobierno (atención) "meramente defectuoso" «compromete todo el ministerio al completo» no es una conclusión de la teología clásica sobre el papado defectuoso, sino la premisa estructural del sedevacantismo, que salta ilegítimamente de «actos malos puntuales» a «incapacidad total del sujeto para ejercer bien cualquier acto».

    Esa frontera es exactamente la que distingue la resistencia doctrinal legítima, practicada históricamente por episcopados enteros ante documentos romanos juzgados peligrosos, de la ruptura de comunión.

    Ahora bien, hay una intuición verdadera detrás de la preocupación por el «ministerium comprometido», y conviene rescatarla con precisión:

    - Sí, el ejercicio del oficio puede quedar progresivamente autolimitado en su eficacia real de transmisión, no porque el sujeto todavía pierda potestad, sino porque una proporción creciente del cuerpo episcopal —nombrado, promovido y formado durante ese mismo ejercicio— que deja de transmitir con fidelidad lo que ese ejercicio, en teoría, sigue teniendo por función custodiar: León XIV nombra sólo obispos que implanten a la fuerza Amoris/Fiducia/Traditionis y éstas no se derogan sino que se refuerzan.

    Esto no es, de momento, pérdida de munus ni de ministerium en sentido formal: es erosión de los instrumentos de transmisión del depósito, un fenómeno distinto, y en la práctica pastoral casi igual de grave, porque el efecto sobre el fiel ordinario es indistinguible de una pérdida de autoridad doctrinal real.

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  7. El mecanismo que agrava esta erosión con el paso del tiempo puede describirse con el lenguaje de un sistema jerárquico cerrado: doscientas conferencias episcopales, ningún ingreso al colegio episcopal salvo por nombramiento desde dentro del propio sistema, retroalimentación positiva entre documentos ambiguos, nombramientos afines a esa ambigüedad, mayor proporción de jerarquía formada en ella, y documentos futuros todavía más permisivos. Es, literalmente, un mecanismo autoacelerante y retroalimentado, y la historia eclesiástica ofrece un caso de manual perfectamente análogo en su estructura: la crisis arriana del siglo cuarto.

    Durante el reinado de Constancio II, el nombramiento sistemático de obispos arrianos o semiarrianos en sedes clave llevó a que hacia el año 360 la mayoría numérica del episcopado profesara fórmulas subordinacionistas, hasta el punto de que san Jerónimo pudo escribir que el mundo entero gimió al descubrirse arriano. El proceso duró varias décadas antes de revertirse, con el concilio de Constantinopla del año 381, bajo Teodosio. Durante ese tiempo, la ortodoxia sobrevivió no en la mayoría estadística del episcopado, sino en un remanente minoritario: Atanasio, prácticamente solo contra el mundo, y Hilario de Poitiers.

    Esta analogía no es retórica ni exagerada: es la mejor herramienta disponible para entender por qué el factor tiempo agrava el contenido corrupto de la información y de los nombramientos que proceden del centro del sistema.

    La Iglesia no es, en sentido teológico estricto, un sistema causalmente cerrado, porque recibe la asistencia del Espíritu Santo, que no es un agente más entre otros del sistema, sino la garantía de que el depósito de la fe no se pierde en el conjunto del cuerpo, aunque pueda oscurecerse gravemente en amplios sectores de él durante generaciones. Esa asistencia actúa característicamente en los mínimos —el remanente fiel, las sedes o comunidades que resisten, la santidad oculta que la crisis no logra suprimir— y no necesariamente en la mayoría estadística del episcopado en un momento histórico dado. Arrio tuvo los números; Atanasio tuvo la razón.

    Históricamente, pero, hay casos de papas con anatemas y excomuniones plenas o intentadas:

    1. Honorio I (s. VII). Apoyó por carta posiciones monotelitas, sin definirlas ex cathedra. Tras su muerte, el III Concilio de Constantinopla (680-681) lo anatematizó y condenó post mortem (no excomulgado); León II confirmó la condena. Durante siglos, los papas lo condenaron en su juramento de entronización.

    2. Vigilio (s. VI). Vaciló ante la controversia de los Tres Capítulos, bajo fuerte presión imperial. Obispos africanos lo excomulgaron en 550 y posteriormente su nombre fue retirado de los dípticos en Constantinopla. No fue condenado como hereje y finalmente aceptó el concilio.

    3. Juan XXII (s. XIV). Sostuvo en sermones que la visión beatífica no se produciría plenamente antes del Juicio Final. Fue objeto de fuerte oposición teológica y política, incluso de la Universidad de París. Fue amenazado de excomunión si no rectificaba; antes de morir rectificó, y Benedicto XII definió después la doctrina contraria (1336).

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  8. Entrando ya en el núcleo sacramental y moral del problema, hay que examinar con rigor el mecanismo concreto por el que Amoris Laetitia y su aplicación en algunas iglesias particulares producen una fractura de gravedad distinta, y superior, a la de una mera divergencia pastoral.

    El argumento formulado por Josef Seifert en su artículo de 2017 es, en este punto, el más sólido de cuantos se han planteado: si las circunstancias y la intención pueden convertir un acto "objetivamente malo por ser adúltero" en lo que Dios pediría en ese momento concreto —lectura fuerte de la célebre nota 351 sobre «la ayuda de los sacramentos» en «ciertos casos»—, entonces el principio central de Veritatis Splendor, números 79 a 83, según el cual existen actos intrínsecamente malos por su objeto (intrensece malum), no reducibles a bien mediante circunstancias o intención, queda lógicamente demolido no solo en este caso, sino en su fundamento general, porque el mismo razonamiento se extendería a cualquier otro acto intrínsecamente malo.

    Lo mismo para los actos intrinsece malum más graves: los peccata clamantia, entre ellos, la sodomía, que Fiducia supplicans acepta bendecir con fórmula sugerida y en privado, y el sinodalismo alemán en fórmula ritual y pública.

    Esta no es una exageración polémica, sino una consecuencia lógica correctamente derivada. Es la razón por la que cuatro cardenales formularon los conocidos dubia, pidiendo exactamente esa clarificación —si Familiaris Consortio 84 y su exigencia de «vivir como hermanos» sigue vigente—, y es también la razón por la que esos dubia nunca fueron respondidos desde 2016 ni por Francisco ni por León XIV, mudo también.

    El silencio prolongado ante un dubium de ese calibre doctrinal no es un dato neutro: es en sí mismo un elemento teológicamente relevante para el diagnóstico de la situación: si deben de defender la fe no lo hacen, entonces es de congruo que no aceptan la doctrina tradicional.

    El verdadero mecanismo de ruptura, sin embargo, no reside en el texto de Amoris Laetitia considerado aisladamente, sino en el desplazamiento del criterio del canon 915 hacia el fuero interno. Ese canon exige negar la comunión a quien persevera obstinadamente en pecado grave manifiesto (intrinsece malum: adulterio impenitente), y es un criterio objetivo y público —el estado de vida manifiesto—, no un juicio sobre la culpabilidad subjetiva del sujeto.

    Lo ocurrido en la aplicación práctica, con paradigmas en las directrices de Buenos Aires (rescripto 5 junio 2017: magisterio auténtico) y, de forma mucho más sistemática, en el camino sinodal alemán, consiste en sustituir ese criterio objetivo por un discernimiento de fuero interno sobre la imputabilidad subjetiva, aplicado sin embargo a una decisión de fuero externo: admitir o no a la comunión pública.

    Ahí está la verdadera bisagra: se emplea una categoría legítima de la teología moral clásica —los atenuantes de imputabilidad subjetiva por ignorancia, coacción o inmadurez— para resolver una cuestión que nunca perteneció a ese plano.

    El camino sinodal alemán, al universalizar ese criterio como norma pastoral general, transforma un bien imperfecto e incompleto, ya de por sí arriesgado en su formulación excepcional en Amoris laetitia, en un pretendido bien intrínseco de aplicación universal:

    - Tradición: intrinsece malum per se semper et pro semper in omnibus locis
    - Francisco-León XIV: bonum imperfectum et incompletum (deroga intrinsece malum por misericordismo pastoral)
    - Alemania: intrinsece bonum (decisión sinodal variable en cada momento y circunstancia)

    Ese salto de la excepción a la regla es cualitativamente distinto, y más grave, que la ambigüedad original del texto de 2016.

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  9. Sobre la validez sacramental hay dos cuestiones distintas.

    La primera concierne al valor objetivo del sacrificio eucarístico en sí mismo.

    Los cuatro fines de la misa

    Latreútico: adoración y culto a Dios.
    Eucarístico: acción de gracias a Dios.
    Propiciatorio: expiación y reparación por los pecados.
    Impetratorio: petición de gracias y favores a Dios

    Misa: como sacramento, y especialmente la consagración, actúa ex opere operato: la eficacia sacramental procede de Cristo, no de la santidad subjetiva del ministro.

    Comunión: también se recibe realmente el sacramento ex opere operato si hay materia, forma, ministro y sujeto válidos; pero la recepción fructuosa exige que el comulgante esté debidamente dispuesto (rite dispositus), cosa que Amoris laetitia destruye del todo (Seifert), al generar una comunión eucarística indigna (I Corintios 11: condenación, debilitamiento, enfermedad y fallecimiento de fiel en cuerpo y alma y la comunidad) e incoherente (Sacramentum caritatis, 83:

    En Sacramentum Caritatis, 83, Benedicto XVI llama «coherencia eucarística» a la correspondencia entre la participación en la Eucaristía y la vida moral y pública del cristiano: Quien participa de la Eucaristía debe vivir de acuerdo con la fe que celebra.

    No se trata de un culto meramente privado: la Eucaristía exige testimonio público de la fe y consecuencias en la vida social. Esto afecta especialmente a políticos y legisladores católicos, que deben defender valores fundamentales como la vida humana, la familia, la libertad educativa y el bien común.

    Por tanto, «coherencia eucarística»: Eucaristía: transformación moral: conducta cristiana coherente en la vida social y política.

    Esto es doctrina definida en Trento, sesión XXII, y no puede ceder bajo ninguna circunstancia pastoral.

    Lo que san Pablo condena en I Corintios, 11, 27-29, no es que la misa deje de cumplir sus fines cuando alguien comulga indignamente, sino que el comulgante indigno come y bebe su propia condenación, y éste y comunidad sufre debilidad, enfermedad y fallecimiento en todo sentido: físico, psíquico y espiritual. El daño recae sobre el sujeto que comulga mal, y secundariamente, por escándalo, sobre la comunidad que lo presencia y sobre los pastores que lo facilitan como política pastoral deliberada. No se disloca, por tanto, el valor objetivo del sacrificio, porque ese valor no depende de los hombres; lo que se multiplica a escala sistémica es el pecado de sacrilegio en los comulgantes y la corresponsabilidad moral gravísima de quienes gobiernan esa praxis.

    La segunda cuestión, distinta y en cierto sentido más grave por afectar a la validez misma de un sacramento particular, concierne a la absolución sacramental. Esta exige, según Trento, sesión XIV, capítulo IV, al menos contrición imperfecta y propósito firme de enmienda. Si el penitente declara explícitamente su intención de continuar los actos objetivamente adúlteros —no una debilidad futura previsible que se combate y se confiesa de nuevo, sino la ausencia positiva de propósito de cesar—, falta la materia misma requerida por el sacramento, y la absolución dada en esas condiciones no es solo ilícita: es inválida, por defecto de disposición del sujeto, no por defecto de forma ni de ministro. Y lo contrario a esto es lo que hace Amoris laetitia y su rescripto de 5 de junio del 2017 que lo eleva a magisterio auténtico.

    Esta es teología sacramental clásica, estable desde Trento, y no una tesis rigorista de invención reciente. Sus consecuencias pastorales son gravísimas, porque genera en el penitente una falsa paz de conciencia mientras permanece objetivamente en pecado grave y sacramentalmente no reconciliado, lo que agrava directamente el riesgo para su salvación eterna, y los efectos de debilidad, enfermedad y fallecimiento, criterio supremo de todo este análisis.

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  10. De todo lo anterior se derivan siete hipótesis que no son excluyentes entre sí, sino que pueden sostenerse simultáneamente, cada una en su propio nivel de análisis.

    Primera. El texto de Amoris Laetitia es ambiguo pero no formula una proposición explícitamente herética; su nota 351 admite una lectura restrictiva, de casos rarísimos tras largo discernimiento sin cambio de la norma general, y una lectura amplia, de apertura general. La ambigüedad misma, mantenida deliberadamente sin resolver los dubia, constituye ya una falta grave de gobierno doctrinal, aunque el texto en sí mismo no sea la herejía.

    Pero lo cierto que es Amoris laetitia introduce una herejía formal y material: destruye los actos intrinsece malum por misericordismo pastoral (circunstancias atenuantes o eximentes) mediante un proceso clerical no regulado y no registrado de acompañamiento, discernimiento e integración, y los transforma en heréticos actos morales bonum imperfectum et incompletum, que permiten una eucaristía indigna (I Corintios 11: graves efectos de condenación, debilidad, enfermedad y muerte) e incoherente (Sacramentum caritatis 83: lex vivendi contraria a la doctrina) a adúlteros impenitentes, más una absolución ilícita e inválida, y ello es magisterio auténtico (Rescripto 5 julio 2017).

    Segunda. La aplicación alemana, y de las conferencias que la imitan, cruza la línea de la herejía material en la praxis, al universalizar como norma lo que la ambigüedad original presentaba como excepción, colisionando frontalmente con Veritatis Splendor y con el canon 915. Convierte los actos morales intrinsece malum en la herejía de los actos directamente intrinsece bonum por decisión sinodal con base en los derechos y libertades civiles.

    Tercera. Las comuniones administradas en esos casos son objetivamente sacrílegas para el comulgante y gravemente pecaminosas en su facilitación por el ministro, sin que ello reduzca en nada el valor propiciatorio, impetratorio, latréutico y eucarístico del sacrificio en sí, que permanece intacto por pertenecer a Cristo, no a la disposición de los hombres.

    Cuarta. Las absoluciones dadas sin propósito de enmienda son inválidas, no solo ilícitas, por defecto de materia en el penitente, lo que multiplica el daño al generar falsa paz de conciencia en almas objetivamente no reconciliadas.

    Quinta. Esta corrupción no es uniforme ni total en el sistema, sino asimétrica: coexiste con sedes, conferencias y comunidades que mantienen íntegra la disciplina de Familiaris Consortio 84 y del canon 915, lo cual es coherente con un modelo de entropía desigual según los nodos del sistema.

    Sexta. El munus petrino permanece válido, y el valor objetivo de la misa en toda la Iglesia permanece intacto; lo comprometido es el ejercicio del oficio de vigilancia doctrinal en las zonas donde la ambigüedad se ha vuelto norma, y el mecanismo de nombramientos episcopales que reproduce esa ambigüedad hacia el futuro. Pero ojo, el munus también queda anulado si se afecta a materia grave con efectos graves (Escuela de Salamanca), es decir, hay herejía.

    Séptima. Nada de esto constituye cisma en sentido canónico, porque ninguna de las partes implicadas niega la sujeción al Papa, hoy por hoy y por ahora; es, en cambio, de momento, sólo un "cisma de facto" o ruptura de facto de la unidad de fe y de disciplina sacramental vivida, categoría distinta y más antigua que el cisma de iure, análoga en su mecánica a la crisis arriana, y potencialmente más grave en sus efectos inmediatos sobre la salvación de almas concretas, por afectar a la validez misma de sacramentos particulares.

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  11. La conclusión, medida con el único criterio que en última instancia importa —salus animarum suprema lex, la salvación de las almas como ley suprema, y el bien común de la Iglesia entendido no como paz administrativa sino como fidelidad al depósito recibido— puede formularse así.

    La Iglesia católica no ha dejado de ser en un plano "teórico", todavía, una, santa, católica y apostólica en su constitución divina, dogmática y sacramental: esto pertenece al ámbito de lo indefectible y no admite discusión legítima.

    Pero atraviesa, en un sector amplio y creciente de su cuerpo visible, una fractura real y grave de la unidad vivida de fe, de moral y de disciplina sacramental, que en algunos puntos concretos —la absolución sin propósito de enmienda— alcanza a la validez misma de sacramentos particulares, y que en su conjunto multiplica el sacrilegio, oscurece la conciencia moral de los fieles y pone en riesgo directo su salvación eterna. Y pronto dejará de ser una, santa, católica y apostólica ya por presencia de proposiciones heréticas.

    El punto exacto de la ruptura "de momento por ahora" no es cristológico ni sacramental en su raíz —eso permanece intocable, porque pertenece a Cristo—, sino disciplinar y magisterial: el abandono, en la praxis de algunas iglesias particulares, del criterio objetivo del canon 915 en favor de un criterio de fuero interno mal aplicado al fuero externo, y su universalización como norma. El tiempo no corrige por sí solo este proceso, sino que lo agrava, exactamente como agravó la crisis arriana durante generaciones, mediante el mecanismo autoacelerante de retroalimentacón con las normas y nombramientos episcopales afines a la ambigüedad dominante.

    La respuesta ordenada al bien común eclesial no es, por tanto, todavía ni la fuga hacia la negación de la autoridad legítima, ni la resignación que acepta la ambigüedad como desarrollo doctrinal, sino por ahora lo que la tradición ha llamado resistentia in fide: sujeción canónica a la autoridad legítima, resistencia firme, pública y argumentada a lo que contradice o pone en peligro la doctrina perenne, y transmisión positiva e ininterrumpida del depósito recibido, sostenida por el remanente fiel mientras dure el ciclo entrópico, hasta que, como ha ocurrido siempre aunque nunca en plazo garantizado, el sistema se autocorrija desde dentro.

    Pero nada en absoluto aleja la posibilidad de que si persiste y progresa la actual degeneración y degradación de la doctrina, ya se inhabilite por completo el ministerium (sede impedida relativa o absoluta) e inclusa se discuta su munus, pues todas las opciones están (y deben de estar) abiertas sobre la mesa, dado que parece que el tiempo va a degradar y agravar el pontificado de este Francisco II bajo el nombre de León XIV. Ya se verá.

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  12. Hay hechos públicos y notorios persistentes en el tiempo. León XIV ya cometió una violación del I Mandamiento ("adorarás a Dios") arrodillándose ante la Pachamama, y permitió que Bertomeu y otro consagrado dieran un tributo a Pachamama:

    a) 1995: fotografías del entonces P. Robert Prevost (hoy León XIV) lo muestran arrodillado durante un rito de la Pachamama celebrado en São Paulo dentro de un simposio agustiniano. La documentación procede de las actas publicadas del simposio. No ha dado explicaciones ni disculpas algunas.

    b) Cusco, agosto de 2026: en un «pago a la tierra» con hojas de coca y ofrendas, mons. Jordi Bertomeu y mons. Lizardo Estrada Herrera (29 de agosto de 2026, León XIV lo nombró arzobispo coadjutor del Cusco) aparecen depositando hojas de coca en la ofrenda a la falsa diosa Pachamama; también estuvo presente mons. Miguel Ángel Cadenas, agustino español, todo en el contexto de la visita de León XIV a Perú.

    Ello da indicios de que León XIV es un Francisco II, ya que su adoración a la Pachamama de 1995 y su seguimiento en 2026 lo hacen tributario de las "teologías de izquierdas", lo que explica su "aversión a la Tradición":

    1. Teología de la liberación
    2. Teología del indigenismo
    3. Teología del Pueblo o la Cultura
    4. Teología feminista
    5. Teología ecologista

    .....

    I. Teología de la liberación (Perú)

    A. Es una teología marxista camuflada de justicia social. Su fundador y origen es el P. Gustavo Gutiérrez Merino, sacerdote y teólogo peruano, considerado el «padre» de la Teología de la Liberación

    1. 1968 (22-25 de julio): En un encuentro del episcopado latinoamericano en Chimbote (Perú), Gustavo Gutiérrez ofrece una conferencia "Hacia una teología de la liberación", donde formula explícitamente el concepto por primera vez.

    2. 1971: Publicación en Lima de su obra cumbre, el libro "Teología de la liberación. Perspectivas", que sistematiza doctrinalmente el movimiento.

    3. Institucionalización: la obra de Gutiérrez es el texto teórico central, el movimiento se consolidó institucionalmente en dos asambleas continentales del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM):

    a) Documento de Medellín (1968): Fruto de la II Conferencia General del CELAM en Colombia. Asume la «opción preferencial por los pobres» y denuncia la «violencia institucionalizada» y las estructuras de pecado en el continente.

    b) Documento de Puebla (1979): III Conferencia General del CELAM en México. Ratifica la opción por los pobres, aunque bajo un tono más vigilante por parte del Vaticano respecto a las desviaciones marxistas.

    B. Los dos documentos de la Santa Sede que cuestionaron la Teología de la Liberación
    Durante el pontificado de Juan Pablo II, la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger (posteriormente Benedicto XVI), emitió dos Instrucciones oficiales centradas en evaluar y rectificar esta corriente:

    1. Libertatis nuntius — Instrucción sobre algunos aspectos de la «Teología de la Liberación» (6 de agosto de 1984)

    Contenido y rechazo: Es el documento de crítica formal más dura. Rechaza expresamente la adopción acrítica del análisis de clase y del método marxista por parte de ciertos teólogos, argumentando que el uso de la lucha de clases conduce a la ideologización de la fe, la desacralización de los sacramentos y la división dentro de la Iglesia.

    2. Libertatis conscientia — Instrucción sobre libertad cristiana y liberación (22 de marzo de 1986)

    Contenido y matización: Presenta una postura más constructiva. Aunque ratifica las advertencias del documento de 1984 contra el reduccionismo político, reconoce y valida el anhelo de liberación de los oprimidos y confirma la legitimidad de la «opción preferencial por los pobres», siempre que se base en el Evangelio y no en ideologías materialistas. En definitiva, destruye la teología de la liberación al aniquilar su esencia marxista-comunista, y lo que queda de bueno debe de incardinarse dentro de la Doctrina Social de la Iglesia de manera obligatoria.

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  13. II. Dación de la hoja de coca y sus significados ideológicos modernos

    León XIV sabe perfectamente de que se trata de un invento político e ideológico propio del siglo XXI de las ideologías izquierdistas tipo Evo Morales y todas las patrañas del Socialismo del siglo XXI (¿recuerdan cómo regaló a Francisco un crucifijo con la hoz y el martillo?). Dar la coca tiene unas ideologías subyacentes, subcontenidas, implícitas y subrecticias, bajo subterfugios culturales notoriamente sabidas:

    1. Eje Indigenista y Decolonial: La hoja de coca es una planta sagrada (Inka Mamu) con miles de años de historia precolombina. Su entrega formal reafirma la soberanía cultural, la cosmovisión originaria y el rechazo a la persecución, criminalización o imposición de marcos normativos heredados de la colonia o del exterior (como las políticas antidroga occidentales).

    2. Eje Anticapitalista y Antioccidental: Representa una economía comunitaria y un bien ancestral frente a la lógica del libre mercado, la propiedad privada sobre la naturaleza y las políticas de hegemonía estadounidense u occidental en Hispanoamérica, prolongando el odio a España.

    3. Eje Antiheteropatriarcal y Feminismo Comunitario: En las vertientes del feminismo indígena o decolonial, la hoja de coca está vinculada al cuidado, la medicina tradicional, la Pachamama (entidad femenina y sagrada, la Dios Madre Tierra) y la reciprocidad (Ayni), distanciándose de las estructuras patriarcales tanto del Estado moderno como de los liderazgos tradicionales. Una aberración absoluta y disparate de necios: los terremotos, Nepal, los tsunamis, el Covid... ¿eso hace una madre a sus hijos?

    4. Es un modelo antitradicional de Iglesia alternativa, progresista, sinodal, tribal, indigenista, feminista, liberacionista, popular-cultural y sincretista, dotada de propia liturgia, eclesiología e incluso moral y fe (chamanismo: Querida Amazonía, disfrazado de elementos culturales propios dentro de la liturgia)

    5. Hay que destacar que se da coca a Pachamama (Madre Tierra), que en realidad es la tercera divinidad del falso panteón inca, pues los dos primeros son masculinos, Viracocha (Creador) e Inti (dios sol, tutelar del imperio inca). Ello ya indica una teología inca dislocada e ideologizada: los dioses son "ilícita e inválidamente" postergados en el orden de adoración por el tercer dios, la Madre Diosa Tierra Pachamama: no son femeninos, malo...

    ...

    III. Prevost fue prefecto del dicasterio de los obispos francisquista

    León XIV fue por tanto amigo y seguidor de la ideología de Francisco, ya que accedió a este cargo que nada menos que elige a obispos que deben de implementar la ideología de Francisco, durante el 30 de enero de 2023 hasta la muerte de Francisco el 8 de mayo de 2025 (antes fue miembro desde 2020). Francisco lo nombró administrador apostólico y luego obispo de Chiclayo (2014-23).

    Ambos se conocieron personalmente en 2004 en Buenos Aires (en 2006 y 2013), por motivos institucionales de trabajo pastoral: Prevost viajaba a Argentina como Prior General de los monjes agustinos para inspeccionar las parroquias y colegios de su orden. Al estar esas obras en Buenos Aires, se reunió su arzobispo-cardenal Jorge Mario Bergoglio. Tenían una visión pastoral común, coincidían en priorizar la atención a las periferias, la justicia social y una Iglesia cercana a los necesitados sobre la "burocracia y rigorismo" eclesiástico tradicional (Teología de la liberación, teología del pueblo o la cultura, indigenista). Conocimiento de Hispanoamérica: Prevost había vivido más de diez años como misionero en Perú, por lo que hablaba español fluido y entendía perfectamente la realidad social del continente que Bergoglio promovía. 20 años de amigos.

    León XIV se formó teológicamente en la progresista Catholic Theological Union de Chicago (1977-1982): estudió en un ambiente con mujeres y laicos, alumnos no católicos y profesores ecuménicos, dentro de un programa católico-judío cofundado por el rabino Hayim Perelmuter y P. John Pawlikowski, su profesor.

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  14. De facto, León XIV hoy es una figura decorativa, simbólica y honorífica en Alemania y aledaños de la Teología del Rin (Austria, Holanda, Bélgica) y en China.

    El texto íntegro del Acuerdo Provisional de 2018 nunca se ha hecho público; la propia Santa Sede reconoce que las negociaciones fueron confidenciales y no hay detalles. Lo que trasciende es que el procedimiento regula el nombramiento de obispos y que la decisión final corresponde al Papa.

    Conviene, sin embargo, corregir una afirmación demasiado categórica: decir que Roma «no ha ejercido jamás» su facultad de veto presupone un conocimiento del procedimiento completo que no tenemos, porque es secreto.

    Lo único que puede afirmarse con rigor es que no existe ningún caso públicamente documentado de un veto pontificio que haya provocado una crisis abierta con Pekín.

    El caso de Shanghái, en abril de 2023, es ejemplo sólido de incumplimiento real del procedimiento pactado, y aquí sí hay declaración oficial que lo confirma: la propia Santa Sede reconoció que se enteró de la instalación del obispo Shen Bin, trasladado desde Haimen, por los medios de comunicación, no por comunicación previa de Pekín. Tres meses más tarde, Francisco lo nombró oficialmente obispo de Shanghái, aceptando el hecho consumado; Parolin lo justificó después en términos de diálogo y bien de la diócesis.

    El caso de Xinxiang, en abril de 2025, durante la sede vacante, organismos eclesiales controlados por el Estado procedieron a la elección de un candidato para esa sede, ya ocupada según el reconocimiento romano por el obispo clandestino Joseph Zhang Weizhu. Pero el propio Vaticano sostiene que la secuencia posterior fue distinta de una simple imposición unilateral: Zhang Weizhu presentó su renuncia al gobierno pastoral, León XIV nombró oficialmente a Francis Li Jianlin el 11 de agosto de 2025, y la consagración se celebró el 5 de diciembre, ya con nombramiento pontificio previo. Afirmar sin más que esa consagración «violó el acuerdo y el canon 1382» no está demostrado por la información pública disponible; lo sólido es que el proceso se inició con una iniciativa china que PRECEDIÓ Y PRESIONÓ a la decisión romana.

    Lo mismo debe aplicarse a Chifeng y Bameng, en 2026. Según la versión oficial romana, León XIV nombró a Chang Yanfeng y a Duan Yongkun el 15 de junio, antes de sus respectivas consagraciones del 22 y el 29 de julio, es decir, con el orden canónico correcto de aprobación pontificia previa a la ordenación.

    La discrepancia real y verificable no está en la validez canónica del acto, sino en la narrativa: China presenta el proceso como una decisión emanada de su propio aparato estatal-eclesial, mientras Roma lo presenta como un nombramiento pontificio ejercido dentro del marco del acuerdo.

    Esa discrepancia de relato es un hecho documentado; se concluye que «la Santa Sede sencillamente casi no existe para las autoridades chinas» es un hecho político.

    Es decir, no es «Pekín nombra y el Papa simplemente ratifica», sino algo más matizado y, en el fondo, igual de inquietante: el acuerdo no ha convertido a Roma en quien controla efectivamente, desde el inicio del proceso, la selección episcopal china; la experiencia desde 2018 muestra que Pekín conserva una capacidad decisiva de iniciativa y, en el caso mejor probado —Shanghái 2023—, actuó unilateralmente sin informar previamente a Roma, que optó por regularizar el hecho consumado antes que romper el diálogo.

    Cabe añadir una valoración final como interpretación propia y no como hecho verificado. Aunque la secuencia formal de Xinxiang, Chifeng y Bameng respete el orden canónico de nombramiento antes de consagración, el patrón de fondo —una iniciativa china que precede sistemáticamente, presiona o encuadra la decisión romana, seguida de una aprobación pontificia que llega después de que Pekín ya ha fijado los hechos sobre el terreno— resulta compatible con la lectura que sostiene el cardenal Zen desde 2018.

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  15. El cardenal Zen afirma que la asimetría de poder entre un Estado de partido único, sin separación de poderes ni garantías frente a sus propios ciudadanos católicos (todo), y una Santa Sede que solo dispone de autoridad moral y diplomática (nada), termina inclinando el resultado práctico a favor de la parte fuerte.

    Frente a este patrón, una de las críticas más constantes y mejor documentadas ha sido la del cardenal Joseph Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, opositor del acuerdo desde su firma en 2018. Zen lo calificó entonces de traición a los católicos chinos, y describió gráficamente la operación como entregar el rebaño a la boca de los lobos. Su argumento de fondo no era meramente formal: sostuvo que legitimar canónicamente a obispos que siguen dependiendo materialmente del aparato estatal no mejora la libertad religiosa real, porque si la mayoría de los obispos siguen siendo, en la práctica, súbditos del régimen, el papel que firme Roma no cambia la naturaleza de esa iglesia. Zen viajó personalmente al Vaticano para advertir a Francisco de que el acuerdo era, en sus propias palabras, falso, y llegó a pedir públicamente la dimisión de Parolin, a quien acusó de comportarse como diplomático secular antes que como hombre de fe.

    El coste humano de la asimetría de fondo tampoco ha desaparecido, aunque conviene formularlo con precisión: el acuerdo de 2018 no ha producido la liberación general de los obispos clandestinos perseguidos ni una mejora verificable de su situación. Entre ellos figuran James Su Zhimin, Augustine Cui Tai, Julius Jia Zhiguo, Joseph Zhang Weizhu, Peter Shao Zhumin y Thaddeus Ma Daqin, todos ellos objeto documentado de detención, desaparición forzada o restricciones administrativas en distintos momentos posteriores a la firma.

    Sobre el propio cardenal Zen, procesado y condenado en Hong Kong en 2022 por la gestión de un fondo de defensa de manifestantes prodemocracia, hay que corregir una imprecisión: no es exacto decir que el Vaticano guardó silencio. La Oficina de Prensa, a través de Matteo Bruni, declaró que la Santa Sede había recibido la noticia del arresto con preocupación y que seguía la situación con extrema atención, y el propio Parolin manifestó públicamente su cercanía personal a Zen, además de expresar su deseo de que el episodio no complicara el diálogo con Pekín. La crítica defendible, por tanto, no es que Roma callara, sino algo más matizado y, en el fondo, igual de revelador: aunque la Santa Sede expresó preocupación pública y cercanía personal, evitó en todo momento convertir el arresto de uno de sus propios cardenales en una confrontación diplomática real con las autoridades chinas, optando de nuevo por preservar el diálogo antes que imponer un coste político al régimen.

    La conclusión: no puede decirse sin más que el ministerium romano haya quedado reducido a ratificar después lo que China ya decidió, porque en los casos mejor documentados —Xinxiang, Chifeng, Bameng— Roma sostiene, y no hay prueba pública que lo desmienta, que el nombramiento pontificio antecedió formalmente a la consagración.

    Lo que sí puede afirmarse, y es en realidad la tesis más sólida, es esto: la autoridad formal de Roma sobre los nombramientos episcopales chinos permanece jurídicamente intacta, pero su capacidad efectiva para determinar el proceso aparece fuertemente condicionada por la iniciativa y el poder coercitivo, dictatorial, autoritario y antihumanitario y antidemocrático del Estado comunista chino, y en el caso mejor probado —Shanghái, 2023— Roma terminó regularizando una decisión que Pekín ya había ejecutado unilateralmente, sin imponer coste alguno a cambio.

    De hecho, como pasó en la reciente represión de Shangai, Pekín es la que tiene la paella por el mango, y también la maneta del calor a aplicar y los ingredientes a poner. Roma obedece y calla, León XIV es irrelevante, pues si hay resistencia se aplica represión contra la Iglesia verdadera en China.

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    1. Comunistas imponiendo "obispos" ni siquiera ternasco...imposición dura de lacayos fieles al régimen chino

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  16. y qué decir tiene el HAKUNEO del profeta Manglano. con sus inefables libros "SANTOS DE COPAS" Y "SANTOS DE MIERDA" , y que ofrece al chavalerío una espiritualidad entre conciertos y salidas a tomar copas por las noches.

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  17. Unidad en la diversidad esta es la clave teológica.
    La Iglesia Católica es Una, Santa, Apostólica, y Romana, por la Gracia de Dios, (y a pesar de los miembros que la forman).

    León XIV: La Iglesia es humana y divina, unida en el amor de Cristo.

    “La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida.”

    “La dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios.”

    “No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia.” (Benedicto XVI).

    “La caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. «Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí» (Serm. 354,6,6).”

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  18. Tiempo de antipapas y predominio de la anti iglesia.

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