LA MISA ROMANA (4): La colecta

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La colecta es la primera oración exclusivamente sacerdotal que encontramos en la Misa. Oración que el celebrante debe decir no en nombre propio, sino en el de toda la comunidad, de toda la Iglesia. En el modo tradicional del rito romano (Edición del Misal de 1962) esa oración es introducida con el saludo litúrgico del “Dominus vobiscum” (o el “Pax vobis” del obispo) volviéndose hacia el pueblo con las manos abiertas, como insinuando un abrazo. El beso del altar que lo precede y que data del siglo XIII adquiere su simbolismo en el tomar la paz de Cristo para darla a la comunidad y es muy propio de la explicación alegórica de la Misa que tan en boga estuvo en la Edad Media.

Acto seguido y habiendo saludado a la comunidad, la invita a la oración diciendo o cantando “Oremus”. Esta fórmula se ha convertido en una invitación a adherirse mentalmente a la oración que reza o canta el sacerdote, pero antiguamente era sencillamente una exhortación a orar en voz baja y suponía por tanto, siempre una pausa más o menos larga entre la invitación y la colecta. Esto aparece con claridad en las oraciones más antiguas de esta clase, en las “orationes sollemnes” del Viernes Santo que primitivamente eran comunes a todas las misas. Pues en estas oraciones a la invitación de la intención… pro dilectissimo Papa nostro, etc.… seguía el aviso del diácono: flectamus genua (arrodillaos), palabras con las que se invitaba al pueblo a orar durante algunos momentos de rodillas, para después de sugerirles que se levantasen (levate), proceder a la oración sacerdotal con su Oremus. Esta antigua costumbre se restauró en el “Ordo Sabbati Sancti” por Pio XII en el año 1951.

Colecta en la misa Pontifical 
El cuerpo de la colecta
 
El nombre de “colecta” no es de origen romano, sino que está tomado de la antigua tradición galicanoespañola. Así lo pone de manifiesto el hecho de que, existiendo en las liturgias galicana e hispana antiguas desde hacía varios siglos, aparece este nombre en la liturgia romana sólo después de haber sido esta adoptada por los francos. Significa “resumen de las oraciones dichas anteriormente”. Las primeras se fueron formando en los siglos IV y V, época en la que en Occidente tomaron cuerpo las fórmulas litúrgicas y en Roma se verificaba el cambio del griego al latín, en la lengua ritual. Antes de este tiempo, la composición de las oraciones dependía de cada celebrante. Unos las improvisaban mientras las iban pronunciando, otros las componían anticipadamente, calcándolas sobre algunos modelos. A partir del siglo IV su redacción ya no se deja al arbitrio del celebrante, por existir textos fijos en libros especiales, aunque el celebrante no los leía sino que los aprendía de memoria.

Aunque las oraciones romanas se caracterizan por su sobriedad eso no significa que en su composición se renunciase a emplear los recursos del arte retórico de la época. Ese arte no buscaba la emotividad en la acumulación de muchas expresiones, sino en el juego y en el corte de palabras, a lo que tanto se presta la lengua latina por su notable riqueza de matices de una misma palabra. Y así, resultan siempre las oraciones muy cortas, por una parte, y con perfecta correspondencia, por otra, a su carácter de bendición y de oraciones finales del acto. Con todo, no hay que pensar que la liturgia romana desconoce las oraciones largas: por ejemplo, los prefacios que se dicen al conferir el diaconado, el sacerdocio o la consagración episcopal, provenientes de los más antiguos documentos romanos.

Tipología de las colectas
 

Se pueden distinguir dos tipos. El primero representa la petición en su forma más sencilla. En primer lugar viene nombrado aquel a quién va dirigida la suplica con sus títulos más ordinarios: “Domine, Deus” (Señor Dios), a lo sumo se añade uno o dos epítetos más: Omnipotente y Eterno. Luego sigue la petición, redactada en pocas palabras. A este mismo tipo sencillo pertenecen también las oraciones en las que se razona la petición, indicando para qué fin pedimos la gracia (ut… - para que…).

El segundo tipo añade al título que se da a Dios, una oración en relativo, que sirve para aludir al misterio de la vida de Nuestro Señor o las gracias especiales concedidas por Dios al santo, mezclando a la súplica algún elemento de acción de gracias o de alabanza.

Este segundo tipo es el más abundante, ya que con el tiempo cada vez se formaron más fiestas de santos. No siempre, sin embargo, se ha conservado en las fiestas modernas el armonioso equilibrio entre la petición y la afirmación laudatoria. Falla sobre todo cuando se describe en ella la vida del santo o se desarrollan pensamientos teológicos bastante complicados. Por ejemplo: las fiestas de los santos mártires de Corea (20 de septiembre) o los santos mártires de Nagasaki (6 de febrero) o la festividad de Nuestra Señora de los Dolores (15 de septiembre).

Las formas más clásicas de la colecta no las encontramos, sin embargo, en las fiestas, sino en los domingos después de Pentecostés, llamados en el Novus Ordo de Pablo VI “domingos per annum” (ordinarios, en la más que deficiente traducción castellana). Como se trata de días en que no hay motivo particular para la celebración de la misa, y la colecta es oración que comprende las intenciones de todos, su contenido es necesariamente muy general. A veces, ni siquiera se indica intención alguna, sino que se ruega a Dios que nos escuche, es decir, que atienda las peticiones que cada uno en particular le propone. El secreto de la armonía de tales colectas reside en que reflejan a menudo una antítesis: lucha continua entre el bien y el mal, las fuerzas que en el hombre tienden hacia arriba y las que le quieren sumergir, alma y cuerpo, propósito y ejecución, esfuerzo propio y ayuda de la gracia, confesar e imitar, fe y realidad, miserias de la vida terrenal y goce de la celestial.

La recitación: “cursus” y “accentus”

La belleza de las antiguas oraciones romanas no yace exclusivamente en la dicción. Ha llamado siempre la atención su fluidez y su ritmo. Quienes las compusieron habían recibido su formación en las escuelas del antiguo arte retórico y sobre este arte ejercían gran influjo a fines de la antigüedad las leyes de la poética clásica, con su métrica, basada en la cantidad de sílabas. Sin embargo, el factor principal de su armonía está en el “cursus”, usado en la prosa artística de los siglos IV y V. El “cursus” es el ritmo de las cadencias finales, fundado en la sucesión ordenada de sílabas acentuadas y no acentuadas. Son normas observadas con tanta fidelidad, por ejemplo en los sermones de San León Magno, que hoy nos sirven de criterio para la autenticidad de sermones enteros o trozos parciales de sus sermones. No hemos de olvidar que es muy probable que el cuerpo de las antiguas colectas sean creaciones de este papa o procedan al menos de su época.
 

Se le llama *accentus* porque acompaña al *cantus* (canto o tono), del mismo modo que el adverbio recibe ese nombre porque se sitúa junto al verbo. 

El modelo más perfecto de colecta en el que se encuentran los tres cursus (planus, velox, tardus) lo tenemos en la colecta del domingo XXX del tiempo ordinario, que figuraba en el Misal del 1962 como colecta del domingo XIII después de Pentecostés:
 
“Omnipotens sempiterne Deus, da nobis fidei spei et caritatis augméntum, (planus)
et ut mereamus ássequi quod promíttis (velox); fac nos amare quod praécipis. (tardus)"
(Padre todopoderoso y eterno, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, y para que podamos conseguir lo que prometes, ayúdanos a amar lo que nos mandas.)
 
Otros giros que con frecuencia encontramos en las colectas son, por ejemplo: ésse consórtes (planus), méritis adjuvémur (velox) y sémper obtíneat (tardus).

Para la recitación de estas oraciones se formó muy pronto un modo especial, el llamado “accentus”. Consiste en recitar la oración en un tono determinado, entreverando al final de cada frase o división de frase, cadencias diferentes según las diversas clases de oraciones. Como se ve, existen relaciones íntimas entre el accentus y la puntuación moderna, ya que ambos son expresión de la estructura lógica de la frase. Y así, no es de extrañar que ambos, accentus y puntuación, se sirvan de los mismos signos: los dos puntos ( :) para el metrum y el punto y coma (;) llamado flexa para señalar el medio tono antes de una oración en “ut” ( para que…). Es interesante observar que este modo sencillo de amenizar la recitación de la oración se ha mantenido desde los primeros tiempos hasta la actualidad, en contraste manifiesto con los cantos que evolucionaron hacia formas cada vez más artísticas y complicadas. Se nota aquí algo del respeto contenido que siente el hombre cuando habla directamente con Dios, y que no permite formas artificiosas.

El rito exterior

El sacerdote recita la colecta de pie con las manos extendidas. Hasta muy entrada la Edad Media se exigía que mirase hacia Oriente. El estar de pie parecía la postura más propia para la oración pública en el sentir de toda la antigüedad. De ahí el sustantivo “statio”, derivado del verbo “stare”: estar de pie. Aún hoy en día en castellano la palabra “estación” significa la visita que se hace a las iglesias para orar en ellas algún tiempo.

Después de tener las manos levantadas, el sacerdote junta las manos como para expresar la entrega del propio ser en manos de un superior. El gesto es de origen germano y penetró en la liturgia durante la innovación franca como modo de tener las manos durante las oraciones privadas al principio de la misa y durante la comunión.

Con el “amén” después de la colecta termina el rito de entrada. El Amén se encuentra en todas las liturgias sin traducir. Y San Justino lo interpreta con las palabras: “Así se haga, así sea” (Apología 65). Mediante esta palabra el pueblo expresa su asentimiento a lo que acaba de decir en su nombre el celebrante. El que lo dijera todo el pueblo lo atestiguan ya los santos Agustín y Jerónimo. (Patrología Latina, 26 , 355)
 
N.B.: En el transcurso de la conferencia que el viernes 5 de septiembre DE 2008 S.E. el cardenal Gottfried Danneels impartió durante el Congreso Litúrgico que tuvo lugar en Barcelona para conmemorar el 50º aniversario del C.P.L., el emérito Arzobispo de Bruselas abogó por la supresión, en una próxima reforma litúrgica, de lo que aún queda de las antiguas “colectas romanas” en el Misal, por ser “propias de una mentalidad jurídica como la mentalidad romana” (sic). La colecta con la que ejemplarizó tal teoría fue precisamente la que he detallado anteriormente, la más perfecta y bella de las antiguas colectas romanas.

También abogó por la supresión de todas las apologías (oraciones que el sacerdote reza en silencio: como la de antes del evangelio o antes de la comunión) por ser restos de la separación entre el “presidente” y la “asamblea. De hecho entra dentro de la lógica de estos “reformadores litúrgicos”, si como confiesa Mons. Piero Marini no existe diferencia ontológica entre el sacerdocio ministerial y el común de los fieles. Ambos serían diversas modalidades de un único sacerdocio de los bautizados. Por ello bromeó sobre la presencia en el Aula de algún miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, porque bien sabía Marini que la proposición fue condenada por herética en el Concilio de Trento.

Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

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17 comentarios

  1. Muy interesante el artículo de hoy, y me recuerda mis viajes orientales y una clase de musicología sobre podríamos decir "musicología mediterránea antigua", que abarca África, Asia y Europa, que debido a la ruta de la seda y el helenismo de Alejandro Magno y su influencia en Israel y el cristianismo y más allá (Persia, India), para recorrer esta ruta conviene fijar el criterio con el que se hace: lo que sigue es una comparación musicológica y fenomenológica, no teológica. Que dos tradiciones reciten o canten de forma parecida no dice nada sobre la verdad de sus doctrinas ni las equipara en dignidad. La forma vocal es una tecnología humana de transmisión de lo sagrado, y esa tecnología se ha resuelto, en pueblos remotísimos entre sí, de maneras sorprendentemente semejantes, y más cuando está la ruta de la seda, Egipto-Atenas y el helenismo de Alejandro Magno, pues la comunicación civilizatoria en Europa-Asia-África es horizontal, no vertical como América.

    A veces por parentesco real y documentable —contacto cultural directo, como entre Bizancio, Persia y el mundo árabe—; a veces por un parentesco lingüístico remotísimo —caso del zoroastrismo y los Vedas—; y a veces, simplemente, porque el ser humano religioso, en cualquier época y lugar, ha topado con el mismo problema práctico: cómo decir en voz alta, con dignidad, lo que se cree sagrado. Cantar o recitar de modo parecido no implica ser lo mismo. Implica, como mucho, compartir una misma lógica interna del sonido ritual. Para eso se incorporan diversos estudios para que pueda ser contrastado y criticado, salvo error u omisión.

    1. Atenas: la teoría sin culto que sobrevivió

    Conviene empezar por una precisión incómoda: de la música religiosa de la Atenas clásica apenas queda nada cantable. Lo que sí sobrevivió, y de forma decisiva, fue su teoría: el sistema de tetracordios, la noción de modos o harmoniai, la especulación pitagórica sobre proporciones y consonancias, transmitida por tratadistas como Aristóxeno, Ptolomeo y, ya en latín, Boecio. Esa teoría griega antigua es la que, siglos después, alimentó el andamiaje conceptual del canto bizantino: los tratados sobre música griega antigua circularon y se leyeron en Bizancio entre los siglos II y IX, y el propio sistema de los ocho modos u oktoechos bizantino conserva, en su vocabulario técnico, ecos de esa nomenclatura helénica, aunque reorganizados en una lógica propia y cristiana. Atenas, pues, no lega a esta historia un repertorio de cantos, sino una gramática: el lenguaje con el que después Oriente pensará y clasificará su propio canto litúrgico.

    2. Jerusalén: la matriz sinagogal

    El segundo nudo de la red está en Jerusalén, y es genuinamente una matriz, no solo una teoría. La sinagoga y el Templo desarrollaron desde antiguo una cantillación del texto bíblico —marcada más tarde por los signos masoréticos llamados ta'amim—, cuya función es idéntica a la que después tendrá el accentus latino: fijar con precisión la entonación, el acento y la pausa del texto sagrado para que se transmita sin corrupción. La peregrina Egeria, que visita Jerusalén hacia el año 380, describe ya una vida litúrgica cristiana con cantos e himnos plenamente desarrollados. Los historiadores del canto llano coinciden en señalar que de esa matriz judeo-palestina —salmodia responsorial, recitación melódica, cantilena— derivan, con desarrollos propios en cada sede, tanto la futura liturgia bizantina (por vía de Antioquía) como buena parte del repertorio romano más antiguo. Jerusalén es, en ese sentido, el punto de origen común antes de que el árbol se ramifique.

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  2. Alejandría: Egipto faraónico bajo ropaje cristiano

    De Jerusalén conviene bajar a Alejandría, ciudad creada de cero por Alejandro Magno y la ciudad menos egipcia y más cosmpolita de Egipto, que tuvo la mejor biblioteca del mundo, porque allí ocurre algo distinto y muy revelador: la superposición de tres capas. Bajo el culto cristiano copto —fundado, según la tradición, por la predicación de san Marcos en el siglo I— laten, documentadamente, elementos de la música egipcia faraónica: el uso litúrgico del sistro, instrumento genuinamente egipcio que ya aparece en la iconografía del Imperio Antiguo, se mantuvo en el culto cristiano copto mucho después de la desaparición de la religión de los faraones, y se considera uno de los indicios más sólidos de continuidad musical entre el antiguo Egipto y la liturgia cristiana de Alejandría.

    Sobre esa base egipcia se asentó, en época helenística, la especulación musical griega —Alejandría fue sede de teóricos como Claudio Ptolomeo y del inventor del órgano hidráulico, Ctesibio— y sobre ambas, ya en plena época cristiana, la liturgia alejandrina, de la que procede el testimonio notado más antiguo que se conserva de un himno cristiano: el llamado papiro de Oxirrinco, de finales del siglo III, cantado sin instrumentos por prescripción de la propia jerarquía eclesiástica. Alejandría es así el lugar donde mejor se palpa la estratificación: sustrato faraónico, barniz teórico griego, superestructura litúrgica cristiana.


    Antioquía: el impulso sirio y su doble expansión

    El cuarto nudo, menos conocido para el lector occidental mediano, es decisivo: Antioquía y el área siríaca. Desde el siglo III se desarrolla allí un canto propio, en lengua siríaca, cuyo gran artífice es san Efrén (†373), que compuso numerosos himnos —los madrashe— precisamente para contrarrestar, con melodías atractivas y ortodoxas, el éxito de los cantos de los herejes gnósticos de Bardesanes. De esta escuela siríaca proceden dos formas que se extenderán muy lejos: el canto responsorial (un solista canta estrofas, el coro repite un estribillo fijo) y el himno antifonal o sogitha (dos coros que se alternan). Su influencia corre en dos direcciones: hacia Oriente, alimenta el desarrollo posterior de la himnodia bizantina; hacia Occidente, san Ambrosio de Milán —que había conocido esta práctica de primera mano— la introdujo en su sede, dando origen al canto ambrosiano y, a través de él, dejando una huella duradera en toda la himnodia litúrgica latina posterior. Antioquía es, en esta historia, la bisagra entre Oriente y Occidente.

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  3. Roma: accentus, concentus, y la piedra angular del canto antiguo romano

    Llegamos así a Roma, donde la liturgia latina cristaliza la distinción ya conocida entre accentus —la recitación casi hablada del celebrante o el lector, en tono único con cadencias finales simples— y concentus —el canto propiamente dicho, ejecutado por el coro, con melodía desarrollada—. Pero detrás de esta distinción hay una cuestión histórica más fina, la que da pie a la teoría del "CANTO ROMANO ANTIGUO" como piedra angular. Conviene exponerla con precisión, porque es una hipótesis fundada, no una certeza documental, un tipo de canto que puede audicionarse por vídeos en la red, y que resulta muy interesante.

    El canto que hoy cantamos como "GREGORIANO" es, según la hipótesis hoy más aceptada entre los musicólogos, el resultado de una síntesis carolingia de los siglos VIII-IX, en la que cantores francos reelaboraron un repertorio romano que se les transmitió oralmente, cruzándolo con su propia sensibilidad y con el canto galicano preexistente en la Galia. El llamado canto romano antiguo, en cambio, se conserva en un puñado de manuscritos tardíos —tres graduales y dos antifonarios, de entre 1071 y 1250— que reflejan, con toda probabilidad, el uso litúrgico que se seguía cantando en las propias iglesias de Roma, al margen de la reforma carolingia, hasta que también allí acabó siendo sustituido por el gregoriano entre los siglos XI y XIII. Es decir: sus manuscritos son más tardíos que los del gregoriano, pero se cree que transmiten, por vía oral ininterrumpida, un estrato más antiguo y menos "editado" de la práctica romana. De ahí la etiqueta de piedra angular: no porque sea la fuente escrita más vieja —no lo es—, sino porque parece preservar, con menos intervención franca, el eslabón entre la salmodia judeo-palestina descrita por Egeria y la liturgia occidental medieval. Estudiarlo, sostienen quienes defienden esta hipótesis, es lo más cerca que hoy podemos estar de intuir cómo sonaba la voz litúrgica en el Mediterráneo oriental y en Roma antes de la gran uniformización carolingia. Conviene, eso sí, no exagerar su alcance: sigue siendo una reconstrucción indirecta, no una grabación del siglo IV, y los propios especialistas discuten aún el grado exacto de fidelidad de esa transmisión oral.

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  4. Constantinopla: el gran sincretismo bizantino

    En Bizancio confluyen, reorganizados en un sistema propio, casi todos los hilos anteriores: la salmodia de raíz jerosolimitana y antioquena, la teoría modal heredada de Atenas —de ahí el sistema de los ocho modos u oktoechos—, y un desarrollo notacional propio que va de los primeros neumas, hacia el siglo IX, hasta la notación neumática plena de los siglos XII en adelante. El resultado es un canto monódico, sin instrumentos, con melismas y una nota de fondo sostenida —el ison— que caracteriza su sonoridad. Es importante añadir un dato que conecta directamente con el siguiente nudo de esta historia: tras la islamización de buena parte de Oriente Próximo y, sobre todo, tras siglos de convivencia política bajo dominio otomano, el canto bizantino y la música otomana-árabe desarrollaron una relación de influencia mutua y documentada, perceptible en el parentesco estructural entre el ihos bizantino y el makam otomano: ambos sistemas se construyen sobre tetracordios y comparten, en gran medida, el mismo terreno modal, fruto de siglos de vecindad en el mismo espacio geográfico y político.


    Persia: de los Gathas zoroástricos al dastgah clásico

    Persia ocupa en este mapa una posición doblemente central: religiosa y musical. En el plano religioso, el Avesta zoroástrico conserva en los Gathas —los himnos más antiguos, atribuidos al propio Zoroastro y contenidos en el Yasna, el principal texto litúrgico— una métrica que los filólogos comparan estructuralmente con la de los himnos védicos, porque ambas tradiciones comparten un origen protoindoiranio común. A ello se suma la noción de manthra, fórmula breve de poder ritual cuya sola pronunciación correcta se considera eficaz: la palabra es cognada de "mantra" en sánscrito, aunque los estudiosos insisten en que no es un préstamo del hinduismo, sino un desarrollo paralelo e independiente a partir de una misma raíz protoindoeuropea. En el plano estrictamente musical, Persia desarrolló además, ya en época islámica, un sistema clásico propio —el radif, organizado en doce colecciones modales llamadas dastgah— estructuralmente análogo al sistema árabe de maqamat. Por su posición geográfica, entre el mundo griego-bizantino, Asia Central y la India, Persia actuó históricamente como bisagra que puso en contacto estos sistemas modales distintos, y ese papel de intermediaria es clave para entender la pregunta, muy pertinente, de si el canto musulmán "se copió" de Bizancio y de Persia.

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  5. Arabia: recitación coránica y las escuelas dentro del islam

    Aquí hay que distinguir con cuidado dos planos que se tiende, con razón, a mezclar. Uno es la recitación coránica en sentido estricto, con sus reglas de tajwid: la tradición islámica la considera de origen propio y revelado, nacida en el Hiyaz del siglo VII, y la separa conscientemente de cualquier forma de "canto" o ghina, precisamente para preservarla de cualquier sospecha de préstamo artístico externo. Dentro de esta recitación existen además, desde época temprana, distintas escuelas de lectura —las llamadas Diez Lecturas o qira'at, transmitidas por cadenas de recitadores como Warsh o Hafs, esta última la más extendida hoy— que documentan variantes menores de pronunciación y vocalización reconocidas como igualmente válidas por la ortodoxia musulmana, sea sunní o chiita.

    El otro plano es el de la música árabe de arte y de devoción, que sí es, históricamente, un fenómeno de contacto documentado. Tras las conquistas del siglo VII, la cultura árabe entró en intenso contacto con las tradiciones musicales de Siria, Mesopotamia, Bizancio y Persia, y de ese contacto nació una música árabe nueva, con nuevas técnicas de entonación, nuevos instrumentos y, más tarde, el propio sistema de maqamat, emparentado —como se ha visto— tanto con el ihos bizantino como con el dastgah persa. Es en este segundo plano, no en el de la recitación coránica, donde tiene sentido histórico que el gran edificio de la música devocional islámica posterior —naat, hamd, qawwali, sama— se construye sobre una base modal que efectivamente absorbió elementos bizantinos y persas, mientras que el núcleo de la recitación coránica se mantuvo, por decisión teológica deliberada, al margen de esa síntesis artística.

    Sobre esa base conviene distinguir, finalmente, las escuelas devocionales según su rama:

    Suní. El naat (alabanza al Profeta) y el hamd (alabanza a Dios) se cultivan como géneros autónomos, cantados por especialistas (naat khawan), generalmente con instrumentación mínima en los círculos más estrictos.

    Chiita. Desarrolla un repertorio propio de duelo y devoción en torno al martirio de Husayn en Karbala: el marsiya, el noha y, en Irán, el ta'zieh, un drama religioso cantado que combina teatro y lamento litúrgico, apenas representado fuera del ámbito persa, y muy marcado por la tradición poético-musical persa descrita más arriba.

    Sufí. Es la rama de mayor desarrollo musical propiamente dicho. En el subcontinente indopaquistaní, la orden Chishtiyya dio lugar al qawwali, canto de conjunto nacido en el siglo XIII con Amir Khusrau; junto a él, el kafi, forma solista y más meditativa del Punjab y el Sindh. En el ámbito persa y anatolio, la orden Mevleví —fundada en la estela de Rumi— desarrolló el sama, la ceremonia de audición musical y giro ritual de los derviches, de raíz poética y musical marcadamente persa. En ambos casos, la música se concibe como vehículo de éxtasis contemplativo, no como adorno: es la contrapartida devocional, dentro del islam, de lo que el concentus es dentro de la liturgia latina. Muchos músicos fueron asesinados por el demencial y tarado régimen talibán de rigorismo religioso aniconista (contra las imágenes) y antimusical (contra la música), como le pasó a los budas de Bamiyán y al músico sufí Amjad Sabi: cantar al profeta y el Corán es blasfemo con deber-derecho a matar.

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  6. India: las escuelas hindúes, de la sílaba fijada al canto libre

    El subcontinente cierra la ruta con un rigor de conservación oral que compite en exactitud con el propio tajwid coránico. La recitación védica, reconocida por la Unesco como patrimonio inmaterial de la humanidad, desarrolló desde antiguo distintas escuelas o shakhas —ramas de transmisión de cada Veda, de las cuales solo trece sobreviven hoy de un millar original— y, dentro de cada una, varios modos de recitación de complejidad creciente, diseñados específicamente para blindar el texto contra cualquier alteración: el samhita-patha o recitación corrida, el pada-patha que separa cada palabra, y formas más elaboradas como el krama-patha o el ghana-patha, que repiten y entrelazan las palabras en secuencias fijas precisamente para hacer memorizable, y por tanto verificable, cualquier posible corrupción del texto. Es, estructuralmente, el pariente más riguroso que existe del accentus latino o del tajwid coránico: la voz puesta, sin concesión alguna a la belleza, al servicio exclusivo de la exactitud del sonido sagrado.

    Del otro lado del espectro está el vastísimo campo devocional o bhakti, organizado también en escuelas reconocibles: el vaisnavismo gaudiya, de raíz bengalí, que dio origen al kirtan congregacional hoy popularizado en Occidente por el movimiento Hare Krishna; las corrientes shivaítas, con su propio repertorio de bhajan; y el dhrupad, estilo clásico de origen templario, más contenido y solemne, que ocupa dentro del hinduismo una posición análoga a la del concentus latino más sobrio, frente al kirtan congregacional, mucho más libre y extático. Conviene añadir, como nota de contacto cultural real y no solo estructural, que el propio qawwali sufí, nacido en el Punjab, comparte históricamente escenario, público e incluso repertorio con el kirtan sij —cuyas escrituras, el Guru Granth Sahib, están explícitamente organizadas según ragas musicales— y con el bhajan hindú de la misma región: los tres géneros, de tres religiones distintas, conviven y se han influido mutuamente en un mismo espacio punjabí durante siglos.

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  7. Antes de cerrar la serie conviene completar dos ramas que quedaron esbozadas de forma incompleta en las entregas anteriores: la diversificación interna del mundo judío tras la caída del Templo, y el desarrollo bizantino en su vertiente eslava. Ambas se insertan cronológicamente en los mismos nudos ya tratados —Jerusalén y Constantinopla—, así que se presentan aquí como apéndices de esos capítulos, no como nudos nuevos en la ruta.

    Apéndice a Jerusalén: la diversificación judía tras el Templo

    Tras la destrucción del Segundo Templo, en el año 70, la cantillación bíblica descrita en el capítulo de Jerusalén no permaneció uniforme: se diversificó regionalmente en tradiciones cantorales o hazzanut, con ramas bien diferenciadas —asquenazí, de raíz centroeuropea; sefardí, de raíz mediterránea; y mizrají, de Oriente Próximo y el norte de África—, cada una con sus propios modos melódicos, llamados nusach, para la oración sinagogal. Igual que ocurrirá después en el islam o en el hinduismo, un mismo núcleo litúrgico dio lugar, con el tiempo, a familias regionales bien distintas, cada cual conservando su propia tradición oral de acentos y melodías sobre un mismo texto bíblico.

    Apéndice a Constantinopla: la rama ortodoxa eslava y el canto znamenny

    El canto bizantino, descrito ya en su forma griega original, no permaneció confinado a ese ámbito. Al evangelizarse los pueblos eslavos a partir del siglo IX, Rusia desarrolló su propia rama, el canto znamenny, con una notación neumática propia —los znamena— y un carácter todavía más austero y comunitario que el bizantino original, heredero directo de su disciplina litúrgica pero adaptado a la lengua eslava eclesiástica. Ya en época moderna, compositores como Dmitri Bortniansky introdujeron la polifonía de influjo occidental en la liturgia rusa, dando lugar al repertorio coral ortodoxo eslavo que hoy se asocia, en el imaginario popular, a las voces graves rusas. Es, dentro de esta historia, un caso más de tronco común que se ramifica geográficamente sin perder su lógica interna, igual que antes ocurrió con el canto romano y el galicano.

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  8. Un apunte final: las tradiciones protestantes

    Conviene cerrar con una nota breve sobre el protestantismo, ausente de la ruta antigua y medieval por razones cronológicas obvias: nace en el siglo XVI, un milenio y medio después de que se fijaran los troncos aquí descritos. Tres líneas bastan para situarlo. El luteranismo desarrolló el coral congregacional en lengua vernácula, cantado por toda la asamblea, que Johann Sebastian Bach llevaría después a su máxima elaboración polifónica y orquestal. El calvinismo, un talibanismo más iconoclasta y musicoclasta, coherente con su rechazo doctrinal de las imágenes en el culto, adoptó una postura mucho más restrictiva con la música: las iglesias reformadas más estrictas prescindieron del órgano y de cualquier instrumento, y limitaron el canto a la salmodia métrica a una sola voz, recogida en salterios como el Salterio de Ginebra. El anglicanismo, por su parte, conservó buena parte de la sensibilidad coral heredada del rito de Sarum previo a la reforma, y desarrolló un sistema propio de recitación entonada de los salmos, el llamado canto anglicano, estructuralmente muy cercano al accentus latino del que aquí se ha hablado. Tres soluciones distintas, todas mucho más tardías que el resto de esta historia, y todas resultado de decisiones teológicas explícitas sobre el lugar de la música en el culto.

    Síntesis de la ruta completa

    Puesto en fila, el itinerario Atenas-Jerusalén-Alejandría-Antioquía-Roma-Constantinopla-Persia-Arabia-India revela dos dinámicas distintas que conviene no confundir. Hay, por un lado, contacto histórico documentado: Bizancio y el mundo árabe-persa comparten estructuras modales por siglos de vecindad política; Antioquía influye a la vez en Bizancio y en Milán; Alejandría estratifica Egipto, Grecia y cristianismo en un mismo culto. Y hay, por otro lado, parentesco remoto o pura convergencia: el zoroastrismo y el hinduismo védico comparten métrica y raíz lingüística sin que exista préstamo religioso entre ellos; el tajwid coránico y el patha védico llegan, por caminos completamente independientes, a la misma solución técnica —fragmentar y repetir el texto para blindarlo— sin que ninguna de las dos tradiciones conociera a la otra. En ambos casos, lo que se repite de Roma a Benarés es la misma polaridad: cuanto más se acerca el rito al texto que se cree literalmente sagrado, más se contiene el canto; cuanto más se aleja hacia lo devocional y comunitario, más se despliega. Es una regularidad musicológica notable, y también, por qué no decirlo, una buena ocasión para la curiosidad de un lector culto: pero sigue siendo, en cada caso, solo eso —una regularidad de la voz humana ante lo sagrado—, no un argumento sobre la verdad relativa de ninguna de estas religiones frente a la fe católica, que descansa en fundamentos completamente distintos y ajenos a toda esta comparación.

    Aparte, claro, dejamos la música del Novus Ordo Catalonensis kumbayá-guitarra y cancioncillas, Taizé, lenguaje afectivo y comunitario («Jesús amigo», «caminar juntos», «pueblo de Dios»), influencia del folk religioso internacional. El Novus Ordo Catalonensis desarrolló la música del kumbayá-guitarrilla: la música religiosa catalana popular de las últimas décadas ha estado muy marcada por el modelo guitarra-folk-comunitario heredado de los años 60-70 (música nova cançó, cantautor francés, canciones useñas de películas Simon-Garfunkel)

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  9. Espero que les haya gustado este viaje de la musicología antigua aplicada a la religión que sigue la ruta de la seda, de Oriente hasta Occidente. Realmente, las influencias son de grandes distancias (la ruta de la seda es la primera globalización), y en grandes períodos de tiempo (miles de años).

    Lo bueno es que no se circunscribe a la música, en realidad lo abarca todo, desde técnica, ciencia, lengua (indoeuropeo), guerra, arte en general, incluso falsificación de moneda (Roma falsificaba sus monedad en India porque era más barato). Más tarde está la ruta del mongol, Gengis Kan, pero es otra historia.

    En el judaismo, hubo influencia de la magia egipcia y babilónica (kábala, el alfabeto-número como magia), y en el catolicismo, el gnosticismo pagano greco-romano ha sido la cizaña enredadera que hasta el día de hoy perdura (Lutero fue un gnóstico). Notable fue el influjo de Egipto en Grecia. Alejandría, el puro libre mercado de la Nueva Era de la época: si quieres resurrección con reencarnación e iluminismo de gurús, allá lo encontrabas sin trabas. Para un estudio serio de la Biblia se priorizan las lenguas del Oriente Próximo Antiguo (hebreo, arameo, acadio, ugarítico, egipcio, griego). El Código de Hammurabi en los mandamientos bíblicos, y muchos mitos babilónicos y mesopotámicos (Gilgamesh) son ilustrativos para comparar.

    Incluso un libro de escritura oracular chino mantiene que en la Biblia se habla de los paralelos chinos en Judea: Jeremías, Zacarias, Ezequiel, Sofonias, Joel, Job, Números 22-24, actividad oracular, la visión de Balaam, la ruta de la seda, el diluvio, ecos bíblicos o monoteístas (por ejemplo, interpretaciones de Shangdi 上帝 como paralelo de Dios y Shadai, “pueblos de lejos” o del norte/oriente como China, de Antonio Ammassari (italiano, biblista y erudito católico) en su libro Identità cinese e Antico Testamento, un estudio especulativo.

    Hay muchas cosas y muy poco sabemos...








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    1. Las joyas de ZP se las regaló un pianista y cantante británico por los servicios prestados a la causa inmoral mundial.

      No hay más más.

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    2. 14.56 el masonazo ZP se irá de rositas, como Pedro y toda su Corte de los Milagros lo harán, como se ha ido el Emérito, el Pujol y los golpistas de 2017. Misma ralea, mismo R78 que los protege

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  10. "Mons. Piero Marini no existe diferencia ontológica entre el sacerdocio ministerial y el común de los fieles."

    ¿Entonces que sentido tendria y tiene la Ordenación Sacerdotal?
    Para estos señores, y para el Pueblo de Dios.

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    1. Una pregunta: los futuros "curas" laicos tendrán casa Abadía, sueldo y demás prebendas?, o NO!

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  11. Si no yerro, el artículo ¿Qué ha pasado en la Residencia Sacerdotal?, de julio 13, 2026

    germinansgerminabit.blogspot.com/2026/07/que-ha-pasado-en-la-residencia.html

    Donde decía cesados Saturnino Rodríguez y Rubén García Lozano de la Fundación Sant Josep Oriol / Residencia Sacerdotal por intervención económica, opacidad y rumores de irregularidades financieras, en un contexto de crisis de gestión diocesana y final de mandato de Omella.

    Saturnino Rodríguez — director‑gerente destituido.
    Rubén García Lozano — administrador cesado.
    Fundación Sant Josep Oriol — residencia intervenida.
    Cardenal Omella — contexto de final de mandato y crisis de gestión.


    Parece que se contesta en esta noticia de hoy:

    El Arzobispado de Barcelona interviene tres fundaciones diocesanas tras detectar presuntas ventas fraudulentas

    infovaticana.com/2026/07/23/el-arzobispado-de-barcelona-interviene-tres-fundaciones-diocesanas-tras-detectar-presuntas-ventas-fraudulentas/

    Dimiten Saturnino Rodríguez y Rubén García de la Fundación Valldejuli por presuntas ventas fraudulentas y gestión irregular, según la auditoría externa del Arzobispado de Barcelona.

    También dejan sus cargos en las fundaciones Sant Josep Oriol y Mare de Déu dels Desemparats, igualmente intervenidas.

    Fundación Valldejuli — presuntas ventas a bajo precio y otras irregularidades.
    Saturnino Rodríguez y Rubén García — responsables cesados/dimitidos.
    Arzobispado de Barcelona — nombra administradores mancomunados y mantiene abierta la investigación.

    Dos documentos con la misma música... Don Din Ning Ning... Ya era hora que este gobierno arzobispal de Barcelona dijera algo, ya está bien, ¿dónde ha estado hasta hoy la transparencia sinodal? ¿Cuándo se harán estas compraventas bajo inspección y publicidad sinodal del Pueblo de Dios?

    Y la gran pregunta: ¿han habido otras acciones en la misma entidad y también en otras entidades?

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    1. Pero la nota no dice quienes sustituyen a los cesados o dimitidos.

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    2. La verdad es que ese inmoral Británico, se travestio de mujer, tocando tocando el piano a cuatro manos y luciendo las joyas del susodicho de la ceja Satánica.

      Por cierto, a su derecha había un hombre muy peludo, semejante al marido de la peonza calva catalana de apellido Vasco.

      Jajaja.

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  12. Aquí hay presuntos y supuestos ilícitos canónicos, civiles y penales interconectados y tributarios:

    I. Ilícitos canónicos

    1) Administración negligente o dolosa de bienes eclesiásticos (cc. 1284–1287 CIC).
    2) Daño injusto al patrimonio eclesial (c. 128).
    3) Actos de enajenación inválida o fraudulenta (cc. 1291–1298).
    4) Abuso de oficio eclesiástico (c. 1389 §1).


    II. Ilícitos penales

    1) Administración desleal (art. 252 CP).
    2) Apropiación indebida (art. 253 CP).
    3) Malversación (art. 432 CP, si hubiera fondos públicos o equiparables: hay residencias quizás subvencionadas).
    4) Fraude en operaciones de venta (arts. 248–251 CP).


    III. Y un gobierno arzobispal sin control:

    1) Falta de supervisión ordinaria (cc. 1276–1279 CIC)
    2) Deficiencia en la enajenación de bienes (cc. 1291–1298 CIC)
    3) Falta de controles internos
    4) Gobernanza deficiente
    5) Falta de la debida diligencia (due diligence)


    IV. Ilícitos civiles y penales vinculados a una venta por debajo de mercado

    1) Administración desleal
    Art. 252 Código Penal — perjuicio al patrimonio administrado por abuso de funciones.
    Responsabilidad civil: indemnización por daño emergente y lucro cesante (arts. 1101 y 1902 CC).

    2) Apropiación indebida
    Art. 253 CP — distracción o apropiación de bienes administrados.
    Responsabilidad civil: restitución + indemnización (arts. 109 y 110 CC).

    3) Fraude en la administración de bienes ajenos
    Art. 251 CP — disposición patrimonial perjudicial mediante engaño o abuso.
    Responsabilidad civil: reparación íntegra del daño (arts. 1902–1903 CC).

    4) Simulación o precio irrisorio en compraventa
    Art. 1275 CC — nulidad por falta de causa cuando el precio es ficticio o irrisorio.
    Art. 1301 CC — anulabilidad por vicio del consentimiento o abuso de poder.

    5) Responsabilidad de administradores de fundaciones
    Ley 50/2002, art. 17 — responsabilidad por daños causados por actos contrarios a la ley o negligencia grave.
    Acción de responsabilidad civil: reintegro del perjuicio económico.


    V. Ilícitos tributarios derivados del precio artificialmente bajo

    1) Defraudación tributaria
    Art. 305 CP — si la minoración de tributos supera 120.000 €.
    Responsabilidad civil: pago de la cuota defraudada + intereses.

    2) Minoración de la base imponible en ITP‑AJD
    Ley General Tributaria, arts. 191–195 — infracción grave por declarar valor inferior al real.
    Consecuencia: liquidación complementaria + sanción (hasta 150%).

    3) Simulación tributaria
    Art. 16 LGT — la Administración puede corregir el valor y sancionar por ocultación.
    Responsabilidad: sanción proporcional + recargos.

    4) Responsabilidad subsidiaria del administrador
    Art. 43.1.b LGT — responsabilidad por infracciones tributarias de la entidad cuando hay negligencia grave en la gestión.

    Todo es hipotético y presunto, pero como mínimo indica una mala administración económica del gobierno ejecutivo del Arzobispado de Barcelona. Y las cosas pueden no quedar en un cesar a dos responsables.

    Existe la presunción de inocencia (el que acusa debe de probar), pero también existe la legítima defensa (el que es acusado debe de aportar pruebas de descargo y excusa, atenuante o eximente).

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