LA MISA ROMANA (1): Las oraciones preparatorias

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Comienza hoy, ya inmersos en el periodo vacacional, una larga serie de artículos en los que, a manera de síntesis teológica e histórica de la Liturgia Eucarística Romana, trataré de explicar todas y cada una de las partes esenciales de la Misa. Incluyo no sólo las particularidades del Misal Romano de 1969 que constituye hoy en día el modo ordinario de la celebración de la Misa si no también del Misal Romano de 1962 que tras la promulgación del Motu Proprio de Benedicto XVI “Summorum Pontificum”, es el texto litúrgico en vigor para la celebración de la Santa Misa en su modo extraordinario.
CAPITULO 1: LAS ORACIONES PREPARATORIAS
Entre las oraciones privadas de preparación del celebrante, introducidas en el ordinario de la Misa por los francos, podemos distinguir tres grupos:
1º Preparación privada antes de la celebración ( algunos salmos como el 50, el 83,el 84 y 85 , el salmo 115  que se añadió en el siglo XI, y el 129 un siglo más tarde, más una hermosa oración de San Ambrosio dividida entre los siete días de la semana y llena de súplicas humildes.)
2º Fórmulas para revestirse los ornamentos (existía en la Edad Media una ilimitada variedad de fórmulas cortas para el momento de revestírselos: encontramos hermosísimas en los pontificales de Cambrai, Amiens y Moissac. Las que al final prevalecieron y que empezaron a editarse en los misales a partir de Trento hasta nuestros días se remontan a un periodo que va de los siglos IX a XI y proceden de esos tres pontificales francos mencionados.)
3º Oraciones camino del altar, que más tarde se convirtieron en la primera parte de las oraciones ante las gradas, hoy día eliminadas en el modo ordinario del Rito Romano pero mantenidas en el extraordinario. De estos tres grupos quedaron como cosa privada los dos primeros, pasando el tercero a formar parte de la misa misma. Es por eso que empezaré a ocuparme de este último grupo.
Las oraciones ante las gradas
A partir del siglo X se introduce el salmo 42 con sus versículos, el Confiteor y la oración “Aufer a nobis” que precede al beso del altar. Todos estos elementos acabaron formando un núcleo compacto, en la conciencia de que el sacrificio debía empezar con una súplica de perdón por los pecados, súplica que adquirió la forma de una verdadera confesión. Ya en los primeros documentos litúrgicos (Didaché, cap XIV) hablan de una confesión de los pecados al principio de las reuniones eucarísticas. En las ceremonias estacionales, el pontífice, en ceremonia manifiestamente penitencial, al llegar al altar se postraba ante él. Cuando en época carolingia, se empezaron a llenar con apologías (oraciones silenciosas del celebrante) todos los intervalos y acciones exteriores que el celebrante según la antigua liturgia romana permanecía pasivamente en silencio, la apología que aquí se introdujo era de compunción y arrepentimiento y muy parecida al Confiteor actual. A partir del siglo XI vemos en los misales la combinación de un verdadero acto penitencial unido al salmo 42  (Judica me). De estos dos elementos, el más importante fue sin duda el Confiteor. Signo de ello es que las liturgias monacales de cartujos, carmelitas y dominicos nunca asumieron el salmo 42 pero si el Confiteor. Si al fin la reforma de San Pío V impuso el salmo, fue por la antigua tradición del misal de la curia romana, y porque el salmo, una vez que su recitación se trasladó al presbiterio, resaltaba entre las demás oraciones preparatorias, dejándolo así más estrechamente unido al Confíteor. Su uso pasó a España ya en el siglo XI cuando el ordinario que se impuso para sustituir la liturgia mozárabe fue el misal de la curia romana, por eso al restaurarla el cardenal Cisneros en Toledo, penetró en la misa hispánica.
Al principio de las oraciones, como hoy en el inicio de la celebración eucarística en el Misal Romano de 1969 tras besar el altar, está la señal de la cruz acompañada de las palabras “In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti” tomadas del mandato de bautizar a todo el mundo. Esta fórmula nos recuerda el poder que nos ha sido concedido de participar en el sacrificio eucarístico. Hace pues, esta fórmula, de puente entre los dos sacramentos del bautismo y la eucaristía.
Introibo ad altare Dei (Me acercaré al altar de Dios…) y salmo 42: No nos debe extrañar que entre las diversas fórmulas que se podían rezar camino del altar o de pie ante él, como acabo cuajando, se impusiera el salmo 42. Si hay que escoger un salmo difícilmente podemos encontrar otro más apto. El salmo va trazando la evolución psicológica del que entra en la casa de Dios para orar o para ofrecer el sacrificio. El hombre pasa del modo de pensar del que sólo piensa en sí mismo y en sus necesidades a otro que, iluminado desde arriba, hace propósito de entrar en la casa de Dios a cumplir sus deberes religiosos. No es fácil, continuamente le llega el recuerdo de sus aflicciones, pero se sobrepone definitivamente para sólo atender al culto divino.
 La postración penitencial cartuja
Y llega el Confíteor. Ya en el siglo XI la postura corporal con que se rezaba era la inclinación profunda con sus tres golpes de pecho al “mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa” primero por el celebrante seguida de la oración Misereatur (El Señor tenga misericordia de ti…) recitada por los fieles y muy especialmente por el acólito y después por los fieles y seguida del Misereatur y del Indulgentiam pronunciado por el sacerdote (Que el Señor nos conceda la indulgencia, la absolución y la remisión de nuestros pecados….) Posteriormente y antes de subir las tres gradas del altar se rezan unos versículos desde el siglo XII que nos preparan al beso u ósculo del altar: Deus tu conversus, Ostende y Domine exaudi (Oh Dios, vuélvete hacia nosotros, muéstranos Señor, tu misericordia).
Aufer a nobis: es una fórmula antigua, completamente en silencio que pide Al Señor que aleje nuestras iniquidades para que con pura mente podamos entrar en el santuario. Posteriormente al besar el ara del altar, con las reliquias de los mártires que allí están depositadas se reza la plegaria “Oramus te Domine, per merita sanctorum tuorum quórum reliquiae hic sunt et ómnibus sanctis ut indulgere digneris omnia peccata mea” (Te pedimos Señor por el merito de tus santos cuyas reliquias están aquí y de todos los santos, te dignes perdonar mis pecados).
Este beso del altar, que es el primer gesto con el que comienza el Novus Ordo de Pablo VI, es una alegoría del saludo a Cristo del celebrante, que representa al pueblo, pero también el beso del altar, al estar allí las reliquias de los mártires, es un símbolo de Cristo, que por medio de quien lo representa (el sacerdote), saluda a su Iglesia. Hasta el final del siglo XII no se conocen más ósculos al altar que al principio y al final de la misa y en un sitio dentro del canon. Pero a partir del siglo XIII aparecen cada vez que el sacerdote se vuelve hacia el pueblo. Esto es señal de que prevaleció una significación por encima de la otra, a saber, la renovación de la unión con Cristo (el altar) antes de saludar al pueblo. Sin entrar en una u otra, hay que recordar que el sentido primitivo del ósculo es el de venerar el lugar sagrado del sacrificio.
 
Al saludo del altar sigue, en las misas solemnes y cantadas, la incensación del altar, que la Iglesia adoptó cuando el significado pagano de adoración idolátrica dejó de ser peligroso y su simbolismo tan elocuente, de nubes de incienso que pausadamente se levantan de la tierra al cielo en signo de adoración, se impuso sobre los antiguos reparos. Además adquiere el incienso el simbolismo de la purificación y santificación. Ese significado se impone a partir del siglo X y se inciensan no sólo el altar, sino el evangeliario, los ministros y también el pueblo, ungiendo de homenaje y veneración los objetos sagrados y constituyéndose en portador de bendiciones para los hombres.
En el Novus Ordo del 69 aparece aquí el saludo al pueblo bajo diversas fórmulas con que se inicia la celebración, cuya base es el “Dominus vobiscum” (El Señor esté con vosotros) Es un saludo, lo mismo que el “Pax Vobis” (La Paz con vosotros) que dice en su lugar el Obispo y que encuentra su paralela desde el siglo IV en Oriente con el “Irina Pasin” (La Paz con vosotros): su fin es establecer contacto con la comunidad antes de establecer comunicación con ella, o para invitarles al acto penitencial o para anunciarles la Palabra de Dios o llegado el caso, invitarla a la oración.

En el modo extraordinario del rito romano (Misal de Juan XXIII 1962) ese saludo aparece por primera vez únicamente antes de la Colecta. (El primer “Dominus vobiscum” antes del “Aufer a nobis” tiene una significación muy distinta de la que tiene en el resto de la misa: la de pedir a los circunstantes que recen por él antes de subir al altar)
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

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12 comentarios

  1. Liturgia oriental (a)2 de julio de 2026 a las 4:04

    Personalmente, siempre me ha gustado comparar la liturgia católica de Roma y de Bizancio, occidental y oriental, dos civilizaciones que han sufrido de los suyo, pero se ve que una, la occidental (Europa y América) ha caído en la modernidad progresista (Concilio Vaticano II, Novus Ordo), y que está en un evidente dolor de parto (Traditionis custodes, Amoris laetitia, Fiducia supplicans, lefebrismo...), mientras que la oriental ha resistido a la embestida atea comunista y socialista y algo la norteamericanización, y ha conservado férreamente la tradición orgánica litúrgica. El Novus Ordo, aún siendo válido y lícito, no deja de ser un "de estos polvos vienen estos lodos", un apartamiento de la tradición orgánica católica latina por un puro invento de Bugnini dentro de un plan modernista de la religión católica en su plenitud que sufrimos desde hace 60 años y que con León XIV va a enconarse mucho más: el último asalto de los hijos del Concilio.

    Esto procede de unas investigaciones, he visto los ritos orientales en persona, pero una cosa es verlo y otra tener conocimiento, aquí está para ver qué parece.

    La Proskomedia: naturaleza y ubicación litúrgica

    En la tradición litúrgica bizantina, hoy común a las Iglesias ortodoxas y a las Iglesias católicas orientales de dicho rito, el equivalente funcional al conjunto de oraciones preparatorias del sacerdote romano no es un simple rito de acceso al altar, sino un oficio autónomo y plenamente desarrollado: la Proskomedia, también llamada Prótesis u oblación.

    Consiste en la preparación ritual del pan (prosforá) y del vino que habrán de ser consagrados en la Divina Liturgia. Se celebra antes de que dé comienzo la liturgia pública, en una mesa lateral del santuario denominada mesa de la Prótesis, distinta del altar mayor donde tendrá lugar la anáfora.

    Su carácter es privado, o con mayor propiedad semipúblico: lo ejecuta el sacerdote —asistido, si lo hay, por el diácono— normalmente detrás del iconostasio, mientras los fieles rezan las Horas u otras oraciones de entrada en el templo. No forma parte, por tanto, del rito que la asamblea presencia y sigue; es obra exclusiva del clero, ejercida en nombre de la Iglesia pero al margen de la congregación reunida.

    Conviene precisar de inmediato un punto que suele generar confusión en las comparaciones apresuradas: la Proskomedia no corresponde únicamente al Judica me o al Confiteor romanos, sino que engloba en un solo rito varias funciones que en Occidente permanecieron separadas y distribuidas en distintos momentos —las oraciones de las vestiduras sacerdotales, las oraciones al pie del altar, buena parte del antiguo ofertorio romano y las conmemoraciones de vivos y difuntos. Es, en consecuencia, más amplia en su alcance que cualquiera de sus paralelos occidentales tomados aisladamente, y debe entenderse como la suma de toda la preparación sacerdotal previa al inicio de la liturgia pública.

    La liturgia pública propiamente dicha comienza únicamente con la aclamación inicial

    "Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"

    que marca el tránsito desde la preparación oculta hacia la celebración visible y comunitaria.

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  2. Liturgia oriental (b)2 de julio de 2026 a las 4:07

    Estructura ritual de la Proskomedia

    El desarrollo de la Proskomedia, en su forma bizantina (católica) plenamente madura, comprende las siguientes fases, ordenadas según la práctica común de las Liturgias de San Juan Crisóstomo y San Basilio Magno, es una forma alternativa de organizar la Divina Liturgia:

    1. Oraciones de entrada.

    Antes de revestirse, el sacerdote reza ante las puertas del templo oraciones de acceso, con inclinaciones y súplicas de purificación, de función penitencial análoga, aunque no idéntica en forma, al espíritu del salmo Judica me y del Confiteor romanos.

    2. Vestición litúrgica.

    Cada prenda, como el esticario, epitrákhelion, zona, epimanikia, felonio, se reviste acompañada de una oración propia, generalmente tomada de los salmos, que interpreta simbólicamente la vestidura como participación en la gracia sacerdotal. Práctica estructuralmente paralela a las fórmulas medievales francas que dieron origen a las oraciones romanas equivalentes.

    3. Lavado de manos.

    Precedido por la recitación del salmo 25 (26 en la numeración hebrea), en clara correspondencia funcional con el Lavabo romano, aunque desplazado a un momento distinto de la acción litúrgica.

    4. Rito del Cordero.

    Con un cuchillo litúrgico llamado lanza, el sacerdote corta del prosforá central una porción cúbica denominada Cordero (Amnos), en memoria explícita de la Pasión, acompañando cada corte de versículos del profeta Isaías (53, 7-8) referidos al Siervo sufriente. Es el núcleo simbólico de todo el rito: la anticipación sacramental del sacrificio que se consumará en la anáfora.

    5. Extracción de partículas.

    Se extraen sucesivamente partículas menores en honor de la Theotokos, de los santos según categorías, profetas, apóstoles, jerarcas, mártires, ascetas, santos anargiroi, santos del día, autor de la Liturgia, y por los vivos y difuntos, nombrados o mencionados genéricamente. Corresponde, en función, a las conmemoraciones del Canon romano, aunque aquí se realiza mediante un gesto material, no solo verbal.

    6. Incensación y velación.

    Los dones son incensados y cubiertos con los velos (aeres), acompañados de oraciones de ofrenda que anticipan la epíclesis consecratoria posterior, sin constituirla todavía.

    7. Oración de la Prótesis.

    Cierra el rito con una súplica de aceptación de la ofrenda, formalmente análoga, en función, no en tenor literal, a las oraciones romanas de ofertorio.

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  3. Liturgia oriental (c)2 de julio de 2026 a las 4:09

    Raíces históricas: de la Liturgia de Santiago a la fijación filoteica

    La Proskomedia no es un dato litúrgico primitivo, sino el resultado de un desarrollo histórico que conviene situar con precisión.

    La Liturgia de Santiago, atribuida a Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén, todavía celebrada ocasionalmente en el rito sirio-occidental, entre maronitas y en tradiciones malankaras, es el formulario eucarístico completo más antiguo conservado en uso continuo, con raíces documentables en los siglos IV-V. En ella la preparación de los dones es relativamente sencilla: oraciones penitenciales, incensación, súplicas de pureza, sin el ceremonial elaborado de extracción de partículas que caracterizará después al rito bizantino.

    Una Proskomedia rudimentaria es constatable ya en manuscritos eucológicos desde los siglos VIII-IX, (dicen el Barberini gr. 336), limitada entonces a un corte simple del pan y oraciones breves. La elaboración simbólica densa —extracción del Amnos, jerarquía completa de partículas, incensación y velación desarrolladas— se consolida sobre todo entre los siglos XI y XIV, en el contexto de la liturgia constantinopolitana tardía, es decir, en su mayor parte con posterioridad al cisma de 1054.

    El hito decisivo de fijación normativa es la Diataxis del patriarca Filoteo Coccino de Constantinopla (siglo XIV, †1379), que estandariza el Typikón bizantino en la forma que rige hoy en todas las Iglesias de ese rito, griegas y eslavas.

    Puede trazarse así una secuencia evolutiva paralela, aunque sin dependencia causal directa, entre ambas tradiciones: preparación primitiva simple (Liturgia de Santiago; sacramentarios romanos antiguos), elaboración medieval de un rito preparatorio propiamente dicho (Proskomedia bizantina; oraciones francas al pie del altar y del ofertorio romano) y fijación normativa definitiva (Diataxis filoteica; Misal romano tridentino hasta 1962).

    Ambos procesos maduran en siglos contemporáneos por convergencia de una misma sensibilidad teológica de época, no por dependencia mutua.

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  4. Liturgia oriental (d)2 de julio de 2026 a las 4:11

    Correspondencia funcional con la Misa romana de 1962

    Establecidas las bases históricas, cabe fijar la correspondencia entre ambos sistemas rituales, entendida siempre como analogía funcional y no como identidad de forma. Las oraciones de entrada y penitenciales de la Proskomedia se corresponden, en su función de acceso purificador al santuario, con el salmo Judica me, el Confiteor, el Misereatur y la Indulgentiam romanos.

    Las oraciones de vestición bizantinas, que interpretan simbólicamente cada prenda litúrgica, hallan su paralelo en las oraciones romanas al revestirse el amito, el alba, el cíngulo, la estola y la casulla.

    El lavado de manos con el salmo 25 se corresponde directamente con el Lavabo inter innocentes romano, mediante un texto salmódico prácticamente común a ambas tradiciones.

    - El rito del Cordero y la extracción de partículas equivalen, en su función de preparación material y simbólica de las especies, al ofertorio romano y a la oblación del pan y del vino,

    - Las conmemoraciones de vivos y difuntos insertas en dicha extracción de partículas cumplen la misma función intercesora que el Communicantes y el Memento del Canon romano, aunque situadas en un momento ritual distinto.

    - La incensación y velación de los dones en la mesa de la Prótesis corresponde a la incensación del ofertorio romano expresada en la oración Incensum istud

    - La oración final de la Prótesis, de súplica por la aceptación de la ofrenda, es formalmente análoga al Suscipe, sancte Pater y a las restantes oraciones romanas de ofertorio.

    La diferencia estructural más relevante no reside en el contenido teológico —notablemente convergente en ambas tradiciones— sino en su ubicación dentro de la acción litúrgica.

    En Roma, buena parte de estos elementos se ejecutan dentro de la Misa pública, a la vista de los fieles, aunque en tono recitado y con escasa participación activa de estos.

    En Bizancio, en cambio, el conjunto entero se realiza antes de comenzar la liturgia pública y fuera de la vista ordinaria de la asamblea.

    Se trata, pues, de una misma materia teológica distribuida según una arquitectura litúrgica distinta:

    - Occidente integra la preparación dentro del cuerpo mismo de la Misa;

    - Oriente la separa por completo en un oficio previo y autónomo.

    Puede afirmarse, en síntesis, que la Misa romana de 1962 no posee una Proskomedia en sentido estricto, sino que reparte su contenido equivalente entre las oraciones al pie del altar, la vestición sacristal y el ofertorio propiamente dicho.

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  5. Liturgia oriental (e)2 de julio de 2026 a las 4:17

    La reforma litúrgica de 1969 del Novo Ordo de Bugnini y todos los liturgistas modernistas introduce, a este respecto, una discontinuidad notable frente a la tradición romana anterior y frente a la tradición bizantina, que permaneció intacta en este punto: fue una doble ruptura, contra la latina y la bizantina.

    El Ordo Missae de Pablo VI suprime prácticamente la totalidad del aparato preparatorio descrito:

    - desaparecen las oraciones al pie del altar y el salmo Judica me;

    - las oraciones privadas de vestición pierden su lugar normativo, conservándose como opción y no como precepto;

    - el ofertorio es sustituido por una presentación de dones de formulación nueva y tono marcadamente más breve y comunitario, inspirada en la berajá judía y no en la antigua oblación romana;

    - y el conjunto de conmemoraciones de vivos y difuntos, antes integradas en el Canon único, pasa a depender de la elección entre varias plegarias eucarísticas de extensión desigual.

    El acto penitencial se sitúa al comienzo de la Misa, pero como gesto comunitario público, no como preparación sacerdotal privada.

    El resultado es una asimetría significativa entre las dos grandes tradiciones litúrgicas del cristianismo calcedonio: mientras la Iglesia bizantina, ortodoxa y católica oriental, conserva hasta hoy, sin solución de continuidad, un rico aparato preparatorio previo a la liturgia pública, heredero directo del desarrollo medieval descrito,

    nos encontramos con que el rito romano posconciliar Novus Ordo de 1969 renunció deliberadamente a la parte correspondiente de su propio patrimonio, trasladando el énfasis desde la purificación sacerdotal privada hacia la participación comunitaria inmediata: es una liturgia que rompe con toda la tradición orgánica latina y oriental por unos tecnólogos modernistas liturgistas.

    La Misa romana de 1962 y la Proskomedia bizantina comparten una misma lógica teológica de fondo:

    - disponer ritualmente al sacerdote y a las ofrendas antes del sacrificio

    articulada de forma estructuralmente distinta pero con notable correspondencia funcional;

    - la reforma de 1969 no tiene equivalente en la evolución litúrgica bizantina, lo cual sitúa a la Misa reformada, en este aspecto concreto, en mayor distancia respecto de la tradición común de Oriente y Occidente que la que guardaba el rito romano anterior a la reforma, confirmando que el Novus Ordo es un producto rupturista de laboratorio racional frankensteineando a la Sagrada Tradición Litúrgica.

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  6. Liturgia oriental (f)2 de julio de 2026 a las 4:19

    Plena catolicidad de la forma consolidada: el testimonio de las Iglesias orientales católicas

    Cabe preguntarse, finalmente, si una eventual reunión plena entre Roma y las Iglesias ortodoxas exigiría de estas la renuncia a la Proskomedia en su forma filoteica consolidada, por tratarse de un desarrollo mayoritariamente posterior al cisma de 1054.

    La respuesta es negativa, y no en calidad de hipótesis, sino como realidad canónica ya vigente desde hace siglos.

    El principio eclesiológico que resuelve la cuestión, unidad en la fe, legítima diversidad en el rito, fue formulado con claridad ya en Trento y reafirmado solemnemente por el Concilio Vaticano II en el decreto Orientalium Ecclesiarum (1964): la pluralidad ritual no es meramente tolerada, sino que pertenece al patrimonio propio de la Iglesia universal, en cuanto expresión legítima de la misma fe católica bajo formas espirituales y culturales diversas.

    La Iglesia nunca ha exigido uniformidad litúrgica como condición de comunión jerárquica.

    La prueba empírica de este principio no es especulativa, sino verificable en el presente: las Iglesias católicas orientales de rito bizantino como la ucraniana, melquita, rutena, rumana, griega-católica, entre otras, en plena comunión con la Sede de Roma desde fechas diversas (algunas desde los siglos XVI-XVII, como las Uniones de Brest o de Uzhhorod), celebran la Proskomedia exactamente en la forma filoteica descrita en los bloques anteriores, sin modificación alguna respecto de la praxis ortodoxa.

    El sacerdote greco-católico ucraniano ejecuta el mismo rito del Cordero, las mismas conmemoraciones de partículas y la misma estructura consolidada en el siglo XIV que su homólogo ortodoxo ruso o griego.

    La única diferencia real entre ambos es la comunión con el Obispo de Roma; el contenido litúrgico, íntegramente post-cismático en su desarrollo maduro, es idéntico y plenamente católico en ambos casos.

    De ello se sigue que, en un hipotético escenario de reunificación plena con la Ortodoxia, objeto hoy de diálogo ecuménico sin resolución cercana por sus grandes dificultades doctrinales, el modelo eclesiológico disponible, y el único coherente con la tradición católica, sería precisamente este: comunión jerárquica plena sin absorción litúrgica.

    Las Iglesias ortodoxas reunificadas conservarían íntegramente su Proskomedia, su Typikón y su disciplina sacramental propia, tal como ya sucede con las Iglesias orientales católicas actuales. No existiría razón teológica alguna para suprimir o alterar el rito, precisamente porque su desarrollo posterior a 1054 no lo hace ajeno a la catolicidad, sino una de sus formas legítimas y ya reconocidas. Distinta es la cuestión, de reforma litúrgica interna y no de unión con Oriente, de si el rito latino debería recuperar algo estructuralmente análogo dentro de su propia tradición: cuestión que no afecta en nada a la plena catolicidad, ya reconocida y vivida, de la Proskomedia bizantina en su forma consolidada.

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    1. Bueno, al menos hay alguien interesado en la formación litúrgica

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  7. Pues otro BAÑO DE MASAS alternativo pero en este caso a los Lefrebistas, en la foto incluso de ven unas monjas de no se que congregación. https://infovaticana.com/2026/07/01/todo-preparado-en-econe-para-el-inicio-de-las-consagraciones-episcopales/ Me parece que el mismo Trump tenía razón cuando se reía del papa Prevost diciéndole que era "débil". Pues DEBIL será siempre el papa por los siglos de los siglos si no decide gobernar la Iglesia como se gobiernan las empresas mundanas, con la patada al trasero a quien no cumple, y además predicando todos los versículos del Genesis especialmente los más espectaculares de los castigos divinos.

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    1. Vamos por partes Sr Garrell, nos envía el artículo de Infovatixaba sobre la consagración de obispos sin mandato pontificio. A usted que es investigador, vaya y busque las fotos de donde celebraron esa consagración...un descampado por el que pasaban Torres de Alta Tensión. Así que por que hacer una ceremonia tan digna en un entorno tan feo??? Será que no hay lugares en Suiza bellos de verdad. Luego esta lo de sin mandato pontificio..Todo esto parece un paripé típico 23-F, amañado entre el Dom Pagliarini y Prevost para un doble juego...se consagra "ilicitamente", se da bombo y platillo, se habla y se habla de lo malos que son los FSSPX y....magia...se llega un "perdón papal" tras las "excomuniones pertinentes"..Se logra meter en un "corral" a los tradicionalistas y que Prevost sea reconocido "Papa" por los supertradis. Y asi, el católico de apuestas, que sabe que hay gato encerrado compra que el "francisquismo" es bueno y Leon XIV cuál F-II es el futuro imparable de la iglesia sometida al judeo-masonismo del Príncipe del Mundo

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  8. Don Silverio, los Tradis predican los castigos y los premios Divinos.

    También predican los NOVISIMOS, tan olvidados hoy, hoy que parece ser que todo el mundo es muy bueno y tutti quanti se salvará.

    Al 🦜 pues, Garrell.

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  9. ¿Podrían comentar alguno de los doctos tertulianos si la excomunión latae sententiae promulgada hoy contra la FSSPX por el card Fernández es válida si se piensa que el 'magisterio" deTucho acumularia ya unas cuantas latae sententiae?

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  10. 14/07, totalmente de acuerdo.

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