El rito de la aspersión con agua bendita está prescrito en el Vetus Ordo para la Misa dominical, ya sea cantada o solemne. El sacerdote se acerca al altar con una capa pluvial del color del día y entona la antífona «Asperges me», sustituida únicamente durante el tiempo pascual por «Vidi Aquam». A continuación, se rocía a sí mismo, a los ministros, al altar y a los fieles. Tras la antífona, canta la oración precedida por los versículos, se quita la capa pluvial y se pone la casulla y el manípulo, mientras el coro entona el introito. La Santa Misa continua entonces como de costumbre.
La bendición del agua se realiza en privado en la sacristía, siguiendo este rito, que reproduzco en castellano:
S – Nuestro auxilio es en el nombre del Señor.
M – Quien hizo el cielo y la tierra.
(Exorcismo de la Sal)
S – Te exorcizo, oh sal, por el Dios vivo, el Dios verdadero, el Dios santo, el Dios que hizo que el profeta Eliseo te arrojara al agua para que se eliminara su esterilidad. Que te conviertas en sal exorcizada para la salvación de los creyentes y beneficies a todos los que te reciben para la salvación del alma y del cuerpo. Del lugar donde seas rociada, que toda ilusión, malicia y astucia del demonio, y todo espíritu inmundo, sean expulsados, exorcizados por Aquel que viene a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo con fuego.
M – Amén
Oremos.
S. Dios todopoderoso y eterno, humildemente imploramos tu inmensa misericordia: que te dignes bendecir y santificar, en tu misericordia, esta sal que nos has dado para el uso de la humanidad, para que todos los que la usen gocen de salud en cuerpo y alma, y todo lo que toque o rocíe con ella se conserve de toda impureza y de todo ataque del espíritu maligno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios uno y todos, uno y todos, por los siglos de los siglos.
M. Amén.
(Exorcismo del agua)
S – Te exorcizo, oh agua, en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, y en el nombre de Jesucristo, su Hijo y Señor nuestro, y por el poder del Espíritu Santo: para que te conviertas en agua exorcizada, capaz de ahuyentar todo poder del enemigo, y de desarraigar y derrotar a este mismo enemigo con sus ángeles apóstatas: por el poder de nuestro Señor Jesucristo mismo, que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo con fuego.
M Amén
Oremos.
S – Oh Dios, que para la salvación de la humanidad instituiste el sacramento supremo en la sustancia del agua, escucha benignamente nuestras súplicas y derrama el poder de tus bendiciones sobre este elemento preparado para diversas purificaciones. Que esta criatura, que sirve a tus misterios, adquiera el efecto de la gracia divina para expulsar demonios y alejar el mal. Que todo lo rociado con este líquido en los hogares y lugares de los fieles se conserve de toda impureza y se libre de todo contagio. Que ningún espíritu maligno, ningún aliento de corrupción, habite jamás allí; que huyan todas las trampas del enemigo oculto. Que todo lo que pueda dañar la salud o perturbar la tranquilidad de quienes allí habitan sea ahuyentado por la aspersión de esta agua. Que la salud buscada con la invocación de tu santo nombre sea defendida de todo ataque. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, uno y el mismo, uno por los siglos de los siglos,
M. Amén
(Mezcla de sal y agua: tres veces en forma de cruz)
S – Que la mezcla de sal y agua se haga junta, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
M – Así sea.
S – El Señor esté con vosotros.
M – Y con tu espíritu.
Oremos
S – Oh Dios, fuente de poder invencible, Rey de imperio inagotable y siempre magnífico y triunfante, que dominas las fuerzas del poder enemigo, que vences la furia del enemigo tembloroso, que derribas con poder la malicia del adversario: Humildemente y suplicantes te imploramos y te invocamos, oh Señor, que te dignes mirar con bondad a esta criatura de sal y agua, para que la ennoblezcas y santifiques con el derramamiento de tu misericordia; Que, dondequiera que se extienda, mediante la invocación de tu santo nombre, toda infestación de espíritu inmundo y todo terror de serpiente venenosa sean ahuyentados; y concédenos que, por la presencia de tu Espíritu Santo, dondequiera que te invoquemos, tu misericordia nunca falte. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del mismo Espíritu Santo, Dios, uno y el mismo, uno, por los siglos de los siglos.
M – Amén.
Nótese la riqueza de las oraciones y el simbolismo de la sal. En efecto, no se trata de una simple bendición, sino de un verdadero exorcismo de estas dos cosas. Somos conscientes, entre otras cosas, del gran valor del agua bendita en el rito del exorcismo. El agua bendita de esta manera se utiliza para la aspersión dominical y se coloca en pilas de agua bendita, que suelen encontrarse cerca de las entradas de las iglesias. El agua bautismal, por otro lado, se prepara con un rito especial durante la solemne Vigilia Pascual.
El significado de la aspersión en la liturgia, así como en el gesto devocional del fiel que se persigna con agua bendita a la entrada de los edificios sagrados, es un símbolo del bautismo y de un compromiso continuo de vivirlo plenamente, rechazando el pecado y eligiendo vivir en la libertad de los hijos de Dios. El agua es símbolo de purificación del pecado: por eso la aspersión precede a la Santa Misa. Es también símbolo de la aspersión con la sangre de Cristo, el cordero inmaculado sacrificado en la cruz por nuestros pecados: la purificación por excelencia. Recuerda la señal de la sangre en las casas de los israelitas, quienes también están llamados a celebrar la verdadera Pascua en la Eucaristía dominical, la Pascua de la semana.
En el nuevo rito, la aspersión puede realizarse antes de cada Misa dominical, incluyendo la Misa del sábado previa a una fiesta. Dado que se ha perdido la distinción entre una Misa rezada, cantada o solemne, puede realizarse en cualquier caso. No hay diferencia en las vestiduras litúrgicas, y es parte integral de la Misa, reemplazando el acto penitencial habitual. Las fórmulas son, obviamente, muy variadas y ofrecen numerosas posibilidades. Después de la aspersión, la Misa continúa directamente con el Gloria in excelsis. De hecho, se realiza muy raramente y quizás únicamente en el Tiempo Pascual.
Mn. Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet







Me parece que el exorcismo se debería dirigir a muchos obispos especialmente antes que a la mayoría de fieles, porque del Dios que también castiga estos obispos ni mu.
ResponderEliminarUsted sabe bien que los Tiempos son de Dios y de Dios nadie se rie y menos obispos masones infiltrados. Paciencia!
EliminarUn estudio sobre esta cuestión, a ver si es interesante o hay mejoras. A destacar el gran cambio del Concilio Vaticano II y el famoso Bugnini: un gran empobrecimiento y degradación.
ResponderEliminarEL RITO TRADICIONAL DE LA BENDICIÓN DEL AGUA CON SAL
I. Introducción
1. La bendición tradicional del agua con sal constituye uno de los sacramentales más completos y significativos de la tradición latina. Su forma canónica quedó fijada en el Rituale Romanum promulgado por Pablo V en 1614 —edición típica revisada en 1925—, aunque sus componentes esenciales proceden de una práctica litúrgica anterior en varios siglos.
2. El rito responde a una lógica teológica rigurosa que procede de la Sagrada Escritura, de la Tradición patrística, de la teología escolástica y de la doctrina magisterial sobre los sacramentales. Cada paso del rito tiene su razón de ser, y el orden en que se suceden los pasos es inseparable de su significado.
3. La secuencia completa del rito, tal como aparece en el Rituale Romanum (tít. VIII, cap. 2), es la siguiente:
primero, exorcismo de la sal
segundo, bendición de la sal
tercero, exorcismo del agua
cuarto, bendición del agua
quinto, conmixtio o mezcla de la sal y el agua
sexto, oración conclusiva sobre la mezcla.
Este esquema expresa un movimiento teológico preciso que puede sintetizarse así:
- purificación
- consagración
- unión
- misión.
4. Existe una estructura en su doble dimensión: la lógica interna del orden (por qué la sal antes que el agua; por qué el exorcismo antes que la bendición; por qué la conmixtio y la oración final) y los fundamentos que la sustentan en la Escritura, los Padres, los grandes teólogos y el Magisterio de la Iglesia.
II. Fundamento doctrinal: creación, caída y santificación
II.1. La bondad de la creación y su herida
5. La doctrina católica afirma que la creación procede de Dios y es buena en su origen. El libro del Génesis concluye la narración de los seis días con las palabras: «Vio Dios todo cuanto había hecho y era muy bueno» (Gn 1,31). La materia, en cuanto creada por Dios, participa de su bondad y está ordenada a servirle.
6. Sin embargo, la caída del hombre introdujo una herida que no afecta solo a la naturaleza humana, sino a toda la creación. San Pablo lo expresa con precisión teológica en la carta a los Romanos: «La creación fue sometida a la vanidad —no por su propia voluntad, sino por voluntad de aquel que la sometió—, con la esperanza de que también ella misma será liberada de la servidumbre de la corrupción» (Rom 8,20-21). La creación gime a la espera de la redención, que no es solo espiritual sino cósmica.
7. Como consecuencia de la caída, el «príncipe de este mundo» ejerce una influencia real sobre el orden material. El propio Señor lo confirma en el evangelio de Juan (Jn 12,31), y san Pablo, en la carta a los Efesios, describe la realidad de un combate espiritual que se extiende sobre el mundo visible e invisible (Ef 6,11-12). La Iglesia actúa, mediante los sacramentales, en ese campo de combate.
II.2. Los sacramentales: naturaleza y eficacia
8. El Catecismo de la Iglesia Católica define los sacramentales como «signos sagrados instituidos por la Iglesia cuyo fin es preparar a los hombres para recibir el fruto de los sacramentos y santificar las diversas circunstancias de la vida» (CEC 1667). A diferencia de los sacramentos, que actúan ex opere operato —en virtud del rito mismo, instituido por Cristo—, los sacramentales actúan ex opere operantis Ecclesiae, es decir, por la oración e intercesión oficial de la Iglesia.
9. El Concilio de Trento afirmó que la Iglesia recibió de Cristo el poder de instituir sacramentales, precisamente para que la vida humana, en sus múltiples dimensiones y circunstancias, pudiera quedar orientada hacia Dios. Pío XII, en la encíclica Mediator Dei (1947), profundizó en esta doctrina al subrayar que la liturgia no es solo la celebración de los sacramentos, sino la obra entera por la que el Cuerpo místico de Cristo —Cabeza y miembros— rinde culto a Dios y santifica al hombre
10. El agua bendita con sal es uno de los sacramentales más cargados de significado teológico precisamente porque reúne dos elementos bíblicos de gran densidad simbólica, los somete a una doble acción litúrgica —exorcismo y bendición— y los une en un signo nuevo destinado a la purificación y protección de personas y lugares.
ResponderEliminarIII. La sal: primer elemento del rito
III.1. Fundamento bíblico del primado de la sal
11. La sal posee en la Sagrada Escritura una riqueza simbólica excepcional que articula tres grandes significados: incorruptibilidad, alianza y sabiduría. El Rituale Romanum parte de ese trasfondo bíblico al hacer de la sal el primer elemento del rito.
12. El texto bíblico de referencia más inmediata es el episodio de Eliseo en Jericó (2 Re 2,19-22). Los habitantes de la ciudad presentan al profeta un problema grave: el manantial del que dependen es malo y hace estéril la tierra. Eliseo pide un recipiente nuevo con sal, la arroja al manantial y pronuncia en nombre del Señor: «He sanado estas aguas; no habrá más en ellas muerte ni esterilidad». El texto bíblico no explica el mecanismo, sino que subraya la palabra profética que acompaña al gesto. La tradición litúrgica vio en este episodio el fundamento del uso ritual de la sal como agente de purificación aplicado al agua.
13. La sal aparece en el Antiguo Testamento como signo de la alianza entre Dios y su pueblo. Levítico 2,13 prescribe que toda ofrenda vegetal lleve sal, «la sal de la alianza de tu Dios». Números 18,19 establece que las primicias entregadas a los sacerdotes son «una alianza de sal perpetua ante el Señor». El Cronista recuerda (2 Cro 13,5) que el Señor «dio el reino sobre Israel a David y a sus hijos para siempre mediante una alianza de sal». La alianza de sal es, en la mentalidad semítica, la más firme e indisoluble, porque la sal preserva y no se corrompe.
14. En el Nuevo Testamento, Cristo aplica el simbolismo de la sal a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5,13). La sal simboliza aquí la fidelidad a la verdad, la capacidad de conservar lo bueno y de dar sabor a la vida humana conforme al Evangelio. San Pablo retoma este simbolismo cuando recomienda que la palabra cristiana esté «sazonada con sal» (Col 4,6), es decir, llena de sabiduría y verdad.
III.2. La sal en la tradición patrística y litúrgica
ResponderEliminar15. La tradición patrística asoció la sal al catecumenado. Ya en los primeros siglos de la Iglesia se entregaba sal a los catecúmenos antes de iniciar su preparación para el bautismo. Este rito —documentado en los sacramentarios y en los escritos de los Padres— expresaba que la fe y la doctrina recibidas debían preservar al candidato de la corrupción del pecado. San Ambrosio de Milán menciona explícitamente la entrega de sal a los catecúmenos en el contexto de la iniciación cristiana (De Mysteriis, I, 1).
16. San Agustín de Hipona reflexiona sobre el significado de la sal entregada a los catecúmenos, interpretándola como símbolo de la sabiduría divina que purifica el entendimiento y dispone al alma para recibir la gracia del bautismo. Para Agustín, la acción litúrgica sobre la materia no es magia, sino eficacia de la palabra de Dios que acompaña el gesto: «Accedit verbum ad elementum et fit sacramentum» —«llega la palabra al elemento y se hace sacramento»— (In Iohannis Evangelium Tractatus, 80, 3). Aunque esta fórmula se refiere directamente al bautismo, expresa el principio fundamental de toda la economía sacramental y sacramental.
III.3. Por qué la primacía de la sal que precede al agua en el rito
17. La prioridad ritual de la sal sobre el agua responde a una razón bíblica, a una razón simbólica y a una razón teológica que se articulan entre sí.
18. La razón bíblica es clara: en el episodio de Eliseo, la sal es el agente sanador que se introduce en el agua para purificarla. El agua es el elemento que recibe la acción; la sal es el elemento que la realiza. El rito reproduce esa secuencia: se prepara primero el agente (la sal) antes de aplicarlo al elemento que va a recibir su virtud (el agua).
19. La razón simbólica procede del significado propio de cada elemento. La sal representa la incorruptibilidad, la alianza estable y la sabiduría. El agua representa la vida, la purificación y la fecundidad, pero también la mutabilidad y la posibilidad de corromperse si queda estancada. Al preparar primero la sal —dotarla de la virtud espiritual mediante exorcismo y bendición—, el rito convierte el principio de incorruptibilidad en algo previo y rector con respecto al principio de vida y purificación que representa el agua.
20. La razón teológica más profunda es que la sal actúa, en la conmixtio, como principio formal que comunica sus propiedades al agua. La sal no se disuelve en el agua para desaparecer, sino para transformarla. Del mismo modo, la sabiduría y la gracia que Dios infunde en la criatura son las que orientan y preservan su capacidad de vida y purificación. La Iglesia, al bendecir primero la sal, afirma teológicamente la primacía de la sabiduría y de la preservación sobre la mera vitalidad o fecundidad.
IV. El agua: segundo elemento del rito
IV.1. Fundamento bíblico del agua
21. El agua es uno de los grandes símbolos de la historia de la salvación. Su riqueza simbólica abarca, en la Escritura, un amplísimo espectro que va de la creación de las aguas a la escatología, pasando por el Diluvio, la alianza, el éxodo, el bautismo y la nueva creación.
22. En el relato del diluvio (Gn 6-9), el agua es a la vez instrumento de juicio y de nueva creación. El paso del mar Rojo (Éx 14) es la gran figura del bautismo en la tradición tipológica: san Pablo lo lee explícitamente como un bautismo en Moisés (1 Cor 10,1-2). El agua que brotó de la roca en el desierto (Éx 17,6; Nm 20,11) fue interpretada por el Apóstol como prefiguración de Cristo (1 Cor 10,4).
23. El profeta Ezequiel anuncia la purificación escatológica mediante el agua como gesto de la nueva alianza: «Derramaré sobre vosotros agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os purificaré» (Ez 36,25). Este texto, central en la tradición litúrgica, está directamente relacionado con la promesa del Espíritu y la renovación del corazón (Ez 36,26-27).
24. En el Nuevo Testamento, el agua bautismal es el signo fundamental de la regeneración. El Señor lo afirma con claridad: «El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3,5). San Pablo, en la carta a los Romanos, presenta el bautismo como muerte y resurrección con Cristo: «Fuimos sepultados con él mediante el bautismo en la muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros vivamos una vida nueva» (Rom 6,3-4).
ResponderEliminar25. El Salmo 50(51),9 constituye el fundamento del rito dominical de la aspersión —el Asperges me—: «Rocíame con el hisopo y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve». La aspersión con agua bendita al comienzo de la Misa solemne actualiza sacramentalmente la gracia bautismal recibida y renueva la disposición penitencial del fiel antes de participar en el Sacrificio.
IV.2. El agua en la tradición patrística
26. Tertuliano, en su tratado De Baptismo (escrito hacia el año 200), ofrece la reflexión más temprana y sistemática sobre el agua como elemento bautismal. Señala que el agua es el elemento sobre el que el Espíritu de Dios se cernía al comienzo de la creación (Gn 1,2), lo cual la convierte en el elemento más apto para ser vehículo de la regeneración espiritual. Tertuliano describe también cómo el agua bautismal se santificaba mediante bendiciones y exorcismos previos a la inmersión del catecúmeno.
27. San Cirilo de Jerusalén, en sus Catequesis Mistagógicas (s. IV), describe con detalle los exorcismos y bendiciones que preceden al bautismo y que se extienden también a los elementos utilizados en los ritos de iniciación. Para Cirilo, la materia santificada por la palabra y la oración de la Iglesia se convierte en verdadero instrumento de la gracia divina.
28. San Juan Crisóstomo desarrolla el simbolismo del agua bautismal en sus homilías sobre el Evangelio de Juan, vinculando el agua del costado de Cristo (Jn 19,34) con la fuente de los sacramentos de la Iglesia. Esta sangre y agua que brotaron del costado del Salvador perforado por la lanza fueron interpretadas desde los orígenes como figura del bautismo y de la eucaristía.
V. El exorcismo: primer momento de la transformación litúrgica
El exorcismo es apofático: elimina, expulsa, libera; la bendición es catafática: infunde, consagra, orienta positivamente la criatura hacia Dios y hacia el servicio de los fieles.
29. El exorcismo de la sal y del agua es el primer acto litúrgico sobre cada elemento. Conviene precisar, antes de desarrollar su significado, lo que el exorcismo no es: no implica que la sal o el agua estén poseídas en ningún sentido análogo a la posesión personal. Los sacramentales no actúan sobre personas en el mismo modo que los exorcismos mayores sobre individuos.
30. El exorcismo de los elementos expresa teológicamente tres realidades distintas pero conexas.
a) La primera es la reclamación de la criatura material para el servicio de Dios, con la expulsión formal de toda influencia o derecho de uso que el «príncipe de este mundo» pueda ejercer sobre ella en virtud del pecado.
b) La segunda es la declaración solemne de que esa criatura queda retirada del ámbito de lo profano y puesta bajo la señorío de Cristo.
c) La tercera es la disposición del elemento para recibir la bendición que vendrá a continuación, eliminando previamente todo obstáculo espiritual.
31. Las fórmulas del Rituale Romanum son elocuentes al respecto. El exorcismo de la sal invoca la expulsión de todo espíritu maligno para que la sal, purificada, pueda convertirse en instrumento de salud para el cuerpo y el alma de los que la usen. El exorcismo del agua pide de modo semejante que el agua quede libre de toda contaminación espiritual y sea apta para el servicio sagrado.
V.2. Por qué el exorcismo precede a la bendición
ResponderEliminar32. La secuencia exorcismo-bendición no es arbitraria. Responde a un principio teológico clásico que atraviesa toda la tradición: antes de infundir un bien positivo, se elimina el obstáculo que impediría recibirlo. Es la misma lógica que subyace a la penitencia sacramental antes de la comunión, o a la preparación catecumenal antes del bautismo.
33. Santo Tomás de Aquino formuló este principio en su forma escolástica más precisa al desarrollar la doctrina de que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la presupone, la sana y la eleva: gratia supponit naturam, sanat et elevat. Aplicado a la materia litúrgica: la criatura, herida por el pecado en su relación con Dios, necesita ser primero sanada —liberada de la influencia maligna contraria— antes de ser elevada mediante la bendición. El exorcismo realiza la sanación; la bendición realiza la elevación.
34. Esta misma lógica se encuentra en los Padres. San Cirilo de Jerusalén comienza sus catequesis mistagógicas describiendo cómo los catecúmenos eran sometidos a exorcismos antes de recibir los sacramentos de la iniciación. San Juan Damasceno, sistematizando la tradición oriental, afirma que los sacramentales actúan primero expulsando lo malo y luego introduciendo lo bueno. La estructura del rito romano refleja fielmente esta lógica universal de la economía sacramental.
35. Desde una perspectiva más filosófica, el orden exorcismo-bendición reproduce el esquema aristotélico de privación-forma: primero se elimina la disposición contraria, el mal privativo (privación) y luego se introduce la forma nueva, el bien pleno (bendición). La liturgia romana, profundamente aristotélica en su estructura desde la escolástica medieval, asume esta lógica y la eleva al orden sobrenatural.
V.3. El combate espiritual como horizonte del rito
36. El rito de la bendición del agua con sal no puede entenderse fuera del horizonte del combate espiritual que la tradición cristiana reconoce como dimensión permanente de la vida de la Iglesia. San Pablo escribe a los Efesios: «Revestíos de la armadura de Dios para poder resistir las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas» (Ef 6,11-12). La Iglesia, en los sacramentales, ejerce ese combate sobre el orden material.
37. Esta dimensión no es marginal ni tardía en la tradición cristiana. Desde los primeros escritos patrísticos hasta el Rituale Romanum de 1614, la preocupación por la purificación del espacio material de toda influencia adversa es constante. Los exorcismos del agua y de la sal en el rito tradicional son, desde esta perspectiva, la expresión litúrgica de la victoria de Cristo sobre el «príncipe de este mundo» aplicada a las criaturas materiales.
VI. La bendición: segundo momento de la transformación litúrgica
VI.1. Naturaleza y contenido de la bendición
38. La bendición sigue inmediatamente al exorcismo en el rito de cada elemento. Mientras el exorcismo tiene un carácter apofático que elimina, expulsa, libera, la bendición tiene un carácter catafático: infunde, consagra, orienta positivamente la criatura hacia Dios y hacia el servicio de los fieles.
39. En la teología de los sacramentales, la bendición no transforma ontológicamente la criatura en el sentido en que la transubstanciación transforma el pan y el vino. La terminología debe ser precisa: la criatura bendecida no cambia su sustancia, pero queda destinada al culto divino y recibe una consagración relativa que la hace apta para ser vehículo de los efectos espirituales que la Iglesia implora en la oración. Es lo que la teología tradicional llama una santificación relativa de la criatura.
40. Las oraciones de bendición de la sal y del agua en el Rituale Romanum piden concretamente:
ResponderEliminar1. salud para el cuerpo y el alma de quienes los usen;
2. protección frente a los asaltos del enemigo espiritual;
3. alejamiento de todo daño corporal y espiritual;
4. preparación para recibir dignamente los sacramentos.
La bendición convierte, así, cada elemento en instrumento de la gracia que la Iglesia implora para sus fieles.
VI.2. La bendición en la tradición teológica
41. Santo Tomás de Aquino distingue con precisión los sacramentos de los sacramentales en la Suma Teológica. Los sacramentos fueron instituidos por Cristo y contienen la gracia que significan, confiriéndola ex opere operato. Los sacramentales fueron instituidos por la Iglesia y producen sus efectos ex opere operantis Ecclesiae, es decir, en virtud de la intercesión y la autoridad de la Iglesia que ora. Esta distinción es fundamental para entender correctamente la naturaleza de la bendición en el rito del agua con sal (cf. STh, III, q. 65, a. 1).
42. El Beato Pío IX, en el Syllabus (1864), y sobre todo Pío XII, en la Mediator Dei (1947), recordaron que los sacramentales no son meras ceremonias externas ni gestos devocionales privados, sino actos del culto oficial de la Iglesia que tienen una eficacia real, aunque distinta de la sacramental. La Iglesia, como Cuerpo de Cristo, posee la autoridad de santificar las criaturas materiales para el servicio divino, y esa autoridad se ejerce precisamente en los ritos de bendición.
VII. La conmixtio: unión de los elementos santificados
VII.1. Naturaleza litúrgica de la conmixtio
43. La conmixtio. mezcla de la sal exorcizada y bendecida con el agua exorcizada y bendecida, no es un gesto accesorio o meramente práctico. Constituye el momento culminante del rito, en el que los dos elementos ya santificados se unen para formar un signo sacramental único y nuevo. La Iglesia no mezcla simplemente sal y agua: mezcla dos realidades que han sido previamente liberadas de toda influencia adversa y consagradas positivamente al servicio divino.
44. El precedente bíblico directo de la conmixtio es, de nuevo, el episodio de Eliseo: el profeta arroja la sal al manantial para sanarlo. Pero el rito romano va más lejos, porque la sal que se introduce en el agua ya ha sido exorcizada y bendecida, de modo que la mezcla no es un gesto profiláctico natural, sino un acto litúrgico de plena densidad teológica.
VII.2. Simbolismo de la mezcla
45. La tradición litúrgica y teológica ha leído la conmixtio en varios niveles simbólicos que se superponen sin excluirse. El primero y más evidente es la unión de las virtudes propias de cada elemento: el agua aporta el simbolismo de la purificación, la vida y la regeneración; la sal aporta el simbolismo de la preservación, la incorruptibilidad y la alianza. La mezcla produce un signo que reúne ambas dimensiones: purifica y preserva, vivifica e inmortaliza.
46. Un segundo nivel simbólico, presente en varios autores de la tradición espiritual, es la referencia cristológica. Del mismo modo que en Cristo la naturaleza divina y la naturaleza humana se unieron sin confusión ni separación para producir un único principio de salvación, en la conmixtio las dos criaturas santificadas se unen para producir un único signo eficaz. Este paralelo no pertenece al ámbito dogmático, sería una analogía impropia aplicarlo a las criaturas inanimadas, pero tiene un valor meditativo y espiritual reconocido por la tradición.
47. Un tercer nivel simbólico, con fundamento bíblico directo, es la referencia al costado de Cristo abierto por la lanza, del que brotaron sangre y agua (Jn 19,34). San Juan es el único evangelista que refiere este detalle, y lo recalca como testimonio ocular de extraordinaria importancia. La tradición patrística, desde san Agustín y san Juan Crisóstomo, interpretó la sangre y el agua como figura de la eucaristía y del bautismo, los dos sacramentos fundamentales de la Iglesia. La conmixtio del agua con la sal puede leerse, en esa tradición, como una referencia analogica a esa fuente originaria de los sacramentos: Sangre y Agua; Sal y Agua.
ResponderEliminarVII.3. Efecto ritual de la conmixtio
48. La conmixtio produce el agua bendita con sal, que es la materia del sacramental. Esta agua está destinada a la aspersión de personas, de lugares y de objetos. Sus efectos, según la oración conclusiva del rito y la doctrina de los sacramentales, son:
1. expulsión de las influencias adversas,
2. protección espiritual de personas y lugares,
3. preparación para la recepción de los sacramentos
4. renovación de la gracia bautismal.
La Iglesia ejerce mediante esta agua su misión de santificación del mundo material.
VIII. La oración conclusiva: determinación final del sacramental
49. La oración final sobre la mezcla es el broche del rito. Una vez que los elementos han sido purificados, consagrados y unidos, la Iglesia determina formalmente —mediante la oración oficial— el fin para el que el sacramental ha sido constituido y los efectos que implora sobre quienes lo usen.
50. La oración pide expresamente que dondequiera que sea rociada esta agua,
1. se alejen las insidias del demonio,
2. desaparezca la enfermedad,
3. conserve la salud el cuerpo
4. se obtenga la protección divina para las personas y los lugares.
Esta petición no es una lista de efectos mágicos y supersticiosos como afirman muchos ígnaros y modernistas teólogos, liturgistas y ordenados (cardenales, obispos, curas), sino la expresión de la intercesión eclesial que pone el sacramental al servicio de la misión de la Iglesia: santificar al hombre en todas las circunstancias de su vida, tal como afirmó la Tradición constante y perenne, antes de la ruptura causada por el progresismo modernistas y sus "suposiciones" carentes de ninguna validez teológica.
51. Desde el punto de vista de la doctrina de los sacramentales, la oración conclusiva tiene una función determinante. Es en ella donde se manifiesta de modo pleno la eficacia ex opere operantis Ecclesiae: la Iglesia, que actúa en nombre de Cristo su Cabeza, implora los efectos que solo Dios puede conceder, pero que el Señor ha prometido conceder cuando su Esposa los pide con la autoridad que Él mismo, Su Esposo Divino, omnipotente, y por amor a la salvación de las almas, le ha conferido.
IX. La lógica del orden: síntesis teológica
52. El orden interno del rito, sal antes que agua; exorcismo antes que bendición; conmixtio antes que la oración conclusiva, obedece a una lógica teológica aristotélico-escolástica y patrística coherente que puede formularse en cuatro momentos articulados.
53. El primer momento es la preparación de la materia. La sal es preparada antes que el agua porque actúa como principio formal de preservación que será comunicado al agua en la conmixtio. Este orden sigue el precedente bíblico de Eliseo y responde a la lógica simbólica de la primacía de la sabiduría y la incorruptibilidad sobre la vida y la fecundidad.
54. El segundo momento es la transformación espiritual de cada elemento. El exorcismo precede a la bendición porque la gracia presupone la naturaleza y la sana antes de elevarla. No se puede consagrar positivamente una criatura sin haber eliminado previamente el obstáculo que se opone a esa consagración. Este orden es el mismo que rige la penitencia antes de la comunión eucarística, el catecumenado antes del bautismo y, en términos más amplios, la contrición antes del perdón.
55. El tercer momento es la unión de los elementos santificados en un signo nuevo. La conmixtio no yuxtapone simplemente dos elementos, sino que produce una nueva realidad litúrgica que reúne los simbolismos propios de la sal y del agua: preservación y purificación, incorruptibilidad y vida, alianza y regeneración.
ResponderEliminar56. El cuarto momento es la determinación eclesial del sacramental mediante la oración conclusiva. La Iglesia, ejerciendo su poder de intercesión oficial, pide los efectos concretos que el uso del agua bendita con sal debe producir en las personas y los lugares donde sea aplicada.
57. El conjunto del rito refleja, en clave sacramental, el dinamismo de la economía de la salvación: liberación del mal, consagración a Dios, comunión de los dones y misión en el mundo. Es el mismo movimiento que describe san Pablo en la carta a los Efesios cuando habla de la armadura de Dios, o que describe san Pedro cuando exhorta a ser «sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo» (1 Pe 2,5).
X. El desastre del Concilio Vaticano II: el rito ante la reforma litúrgica
58. La reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II introdujo cambios notables en el rito de bendición del agua. El Benedictionale promulgado en 1984 y el Ritual de la bendición del agua vigente simplificaron considerablemente las fórmulas y eliminaron los exorcismos explícitos de los elementos en la bendición ordinaria. El énfasis se desplazó hacia la acción de gracias y el memorial bautismal, alejándose del lenguaje jurídico-exorcístico del Vetus Ordo.
59. La reforma no negó la doctrina de los sacramentales ni su función protectora. Pero modificó el modo de expresarla, privilegiando una perspectiva más memorativa y menos combativa. La dimensión del combate espiritual, sin desaparecer de la doctrina, dejó de tener la centralidad que tenía en el rito tradicional: periférico y marginalizado.
60. El Novus Ordo transita de una bendición predominantemente constitutiva (que actúa sobre el elemento mismo) a una bendición principalmente invocativa (se pide a Dios que actúe sobre las personas mediante el signo). El acento se desplaza hacia la acción de gracias, la renovación pascual y la toma de conciencia de la identidad bautismal de la asamblea. Esta opción se inspira en los principios de la Constitución Sacrosanctum Concilium (nn. 34, 50, 79): noble simplicidad, claridad, supresión de repeticiones inútiles y adaptación al hombre contemporáneo.
61. Este contraste es teológicamente significativo. El rito tradicional partía de la premisa de que la criatura material, en un cosmos caído y sometido a la influencia del «príncipe de este mundo», necesita ser explícitamente liberada antes de ser puesta al servicio de Dios. El rito renovado Novus Ordo parte más bien de la bondad originaria de la creación y de la victoria ya consumada de Cristo, acentuando la alabanza y el memorial. No se trata de una contradicción dogmática, sino de dos acentos distintos dentro de la misma fe, pero al tener un efecto supresivo (exorcismo, oraciones), representa una innegable y objetiva regresión, empobrecimiento y devaluación teológica.
62. Razones históricas y teológicas de la reducción
ResponderEliminarLas razones oficiales, impulsadas por el Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia dirigido por Mons. Annibale Bugnini, fueron predominantemente pastorales. Se consideró que el lenguaje exorcístico explícito podía resultar difícil de comprender para el hombre moderno o generar una impresión negativa, como si el agua o los niños en el Bautismo estuvieran "poseídos". Se buscó evitar todo tono "mágico" o excesivamente negativo y se prefirió un enfoque positivo centrado en la victoria pascual de Cristo y en la luz.
63. Críticas de exorcistas, liturgistas y teólogos
Numerosos exorcistas, liturgistas y teólogos tradicionales han expresado serias reservas ante esta simplificación.
a) El padre Gabriele Amorth, conocido exorcista romano, lamentó en varias ocasiones la pérdida de sacramentos fuertes y la reducción de la dimensión combativa en los ritos de bendición y del mismo rito de exorcismo de 1998, argumentando que debilita la protección de los fieles frente a las influencias demoníacas.
b) Liturgistas como el padre John Zuhlsdorf (Fr. Z) han criticado insistentemente la eliminación de los exorcismos, señalando que se pierde la eficacia ontológica del sacramental y se adopta una visión demasiado optimista de la creación, que subestima la persistencia del mal en un mundo caído.
c) Teólogos como Ralph Martin, especialista en espiritualidad y guerra espiritual, han recordado que Santo Tomás de Aquino enseña que los exorcismos remueven impedimentos para que la gracia actúe con mayor fruto.
Según estos autores, la reforma fue más allá de lo solicitado por el Concilio Vaticano II y produjo un cambio en la lex orandi que afecta a la lex credendi: se pasa de una ontología realista (liberación + consagración) a una perspectiva más simbólica y subjetiva.
d) Otros autores, como Romano Amerio en Iota Unum o Michael Davies, ven en esta reducción un ejemplo de la influencia de una antropología moderna excesivamente optimista que minimiza el pecado original y sus consecuencias cósmicas, así como la realidad permanente del combate espiritual (Ef 6,11-12).
64. El papa Juan Pablo II, en la carta apostólica Ecclesia Dei (1988), reconoció el valor espiritual y litúrgico de la forma tradicional del rito romano, y Benedicto XVI, en el motu proprio Summorum Pontificum (2007), estableció que el Vetus Ordo nunca fue abolido jurídicamente y puede celebrarse libremente conforme a las normas establecidas. Bajo esta forma, el rito tradicional de bendición del agua con sal sigue siendo plenamente vigente y lícito en la Iglesia.
Mons. Annibale Bugnini, interesante analizar este Gengis Kan destructor de la Liturgia Latina Tradicional, pues es imposible del todo evidente que no pudo ser sólo por obra de Pablo VI, sino que era el brazo ejecutor de quizás decenas de miles de cardenales, obispos y presbíteros, una base de espíritu modernista y progresista de los 1960, que quisieron hacer una revolución rupturista litúrgica, un antes y un después, una especie de año 1 a.N.O. y año 1 d.N.O, antes y después del Novus Ordo del Concilio Vaticano II, y que ha durado hasta la aprobación de Traditionis custodes, que borró la Summorum pontificum de Benedicto XVI, y que todavía persiste hoy como por ejemplo con la negativa de algunos a dar la comunión en la boca y de rodillas en un reclinatorio...
EliminarXI. Conclusión
ResponderEliminar65. El rito tradicional de la bendición del agua con sal es una de las expresiones más coherentes y completas de la teología litúrgica latina. Su estructura sigue una lógica rigurosa que no es el producto de una acumulación histórica sin criterio, sino la expresión articulada de una comprensión profunda de la creación, la caída, la redención y la misión de la Iglesia en el mundo.
66. La sal es bendecida antes que el agua porque actúa como agente de preservación y sabiduría que sanea el agua, siguiendo el modelo bíblico de Eliseo y la lógica teológica de la primacía de la incorruptibilidad sobre la mutabilidad. El exorcismo precede a la bendición porque la gracia presupone la naturaleza saneada y la tradición unánime —bíblica, patrística, escolástica— exige eliminar el obstáculo antes de infundir el bien. La conmixtio une los simbolismos de la sal y el agua en un signo nuevo que reúne purificación, preservación, vida e incorruptibilidad. La oración conclusiva determina la finalidad y los efectos del sacramental mediante la intercesión oficial de la Iglesia.
67. En síntesis, el movimiento completo del rito puede expresarse así: la Iglesia toma las criaturas heridas por el pecado, las libera de toda influencia contraria mediante el exorcismo, las consagra positivamente a Dios mediante la bendición, las une en un signo nuevo mediante la conmixtio y las envía al servicio de los fieles mediante la oración conclusiva. Es, en definitiva, el movimiento de la Redención hecho rito: lo que fue herido y sometido al poder del mal es reclamado, bendecido, unido y puesto al servicio de Dios para la santificación de los hombres.
* * *
Fuentes principales
Sagrada Escritura
Génesis 1,31; 6-9. Éxodo 14; 17,6. Levítico 2,13. Números 18,19; 20,11. 2 Reyes 2,19-22. 2 Crónicas 13,5. Salmo 50(51),9. Ezequiel 36,25-27. Mateo 5,13. Juan 3,5; 12,31; 19,34. Romanos 6,3-4; 8,20-21. 1 Corintios 10,1-4. Efesios 6,11-12. Colosenses 4,6. 1 Pedro 2,5.
Tradición patrística
Tertuliano, De Baptismo (c. 200). San Ambrosio de Milán, De Mysteriis, I, 1 (s. IV). San Cirilo de Jerusalén, Catequesis Mistagógicas (s. IV). San Agustín de Hipona, In Iohannis Evangelium Tractatus, 80, 3; De Catechizandis Rudibus. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de Juan. San Juan Damasceno, De Fide Orthodoxa, IV.
Teología escolástica
Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q. 65, a. 1 (naturaleza de los sacramentos y sacramentales); I-II, q. 109 (gracia y naturaleza). Santo Tomás de Aquino, Summa contra Gentiles, III.
Documentos magisteriales y litúrgicos
Rituale Romanum, promulgado por Pablo V (1614), edición típica de 1925, tít. VIII, cap. 2. Concilio de Trento, sesión VII, cánones sobre los sacramentos (1547). Pío XII, encíclica Mediator Dei (1947). Juan Pablo II, carta apostólica Ecclesia Dei (1988). Benedicto XVI, motu proprio Summorum Pontificum (2007). Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1667-1679 (sacramentales).
Finalmente, salvo error u omisión, continua el estudio con la Gran Bendición del Agua de la Iglesia Bizantina (Μέγας Ἁγιασμός), que es un rito claramente pre-esquismático, es decir, pertenece a la liturgia común de la Iglesia indivisa, o sea, es un rito católico pero de la Iglesia Oriental antes de la separación de 1054, y tiene su origen en la Iglesia católica germinal en el Oriente.
ResponderEliminarMarco histórico real
Sus raíces están en la Antigüedad tardía (siglos IV–V).
Ya en Jerusalén, en torno a los siglos IV–V, la fiesta de la Teofanía incluía una bendición solemne de las aguas en conexión con el Bautismo de Cristo en el Jordán.
El desarrollo del texto litúrgico completo, con la gran anáfora «Μέγας εἶ, Κύριε», se consolida en la tradición bizantina entre los siglos VI–VIII, dentro del entorno constantinopolitano.
En el medievo bizantino (siglos IX–XI) el rito ya está plenamente estructurado tal como lo conocemos hoy en el uso ortodoxo.
El cisma de 1054 no afecta en absoluto al origen del rito, porque:
- la división afecta a jurisdicción eclesiástica,
- no a la formación de la liturgia,
y este rito ya era común en Oriente antes de la separación.
...
La Gran Bendición del Agua (Μέγας Ἁγιασμός) de la fiesta de la Teofanía constituye una de las cumbres de la liturgia católica oriental antes del cisma. Se celebra en la solemnidad del Bautismo del Señor y se desarrolla en un contexto altamente ceremonial, con procesión, incensación, lecturas bíblicas, letanías y la solemne consagración del agua mediante la invocación del Espíritu Santo y la inmersión de la Cruz.
Oraciones previas a la gran plegaria
Tras las lecturas bíblicas y las letanías, el sacerdote recita una primera oración en la que se proclama el misterio de Cristo:
«Señor Jesús Cristo, Hijo Unigénito del Padre, fuente de la vida e inmortalidad, Luz de Luz, consustancial al Padre y al Espíritu Santo, Tú que por la salvación del género humano te manifestaste en la carne y fuiste bautizado en el Jordán por Juan el Precursor, santificando las aguas».
A continuación se eleva una segunda oración preparatoria, inmediatamente anterior al gran himno:
«Rey bueno y amante de los hombres, recibe la súplica de tus siervos y envía tu Espíritu Santo para santificar estas aguas, otorgándoles la gracia de la redención, la bendición del Jordán, la purificación de los pecados, la protección contra las enfermedades, la expulsión de los demonios y la defensa contra las potencias enemigas. Hazlas fuente de incorruptibilidad, don de santificación y medicina de alma y cuerpo, para todos los que las reciban con fe».
La gran oración católica oriental: «GRANDES ERES TÚ»
ResponderEliminarA continuación se proclama la gran anáfora de la bendición del agua, núcleo teológico del rito, el corazón del sacramental de la gran bendición del agua “Μέγας Ἁγιασμός” y las oraciones del “Μέγας εἶ, Κύριε” tal como aparece en el Euchologion:
Gran Bendición del Agua – Oración «Grande eres Tú, Señor»
- Grande eres Tú, Señor, y admirables son tus obras, y ninguna palabra bastará para cantar tus maravillas.
- Porque Tú, existiendo desde la eternidad, hiciste todas las cosas, y trajiste al hombre del no-ser al ser; y por tu sola voluntad estableciste el universo.
- Porque Tú, Dios sin principio y eterno, te manifestaste en la tierra, y te encarnaste de la santa Virgen María, y te hiciste semejante a nosotros sin cambio ni alteración; y fuiste bautizado en el Jordán por Juan el Precursor.
- Porque Tú, nuestro Dios, te mostraste en la tierra y conviviste con los hombres; y santificaste el Jordán con tu descenso.
- Porque Tú, al ser bautizado en el Jordán por Juan, santificaste las aguas, y quebrantaste las cabezas de los dragones ocultos en ellas.
- Por eso te clamamos: envía tu Santo Espíritu y santifica esta agua.
- Y concédele la gracia de la redención, la bendición del Jordán, para que todos los que la reciban y participen de ella sean santificados en alma y cuerpo, para la curación de las pasiones, la santificación de las casas y para toda utilidad provechosa.
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Gestos rituales
Tras la oración, el sacerdote realiza el signo de la cruz soplando sobre el agua en tres direcciones, proclamando la derrota del mal, y posteriormente sumerge la Cruz tres veces en el agua, mientras se canta el tropario del Bautismo del Señor. El agua queda así consagrada y se procede a la aspersión de los fieles y a su distribución como agua bendita.
Oraciones posteriores
Tras la consagración del agua y los ritos de inmersión de la Cruz, se recitan oraciones finales de acción de gracias y conclusión, en las que se pide que la gracia de la Teofanía permanezca sobre los fieles, sus hogares y toda la creación, y que el agua bendita sea instrumento de protección, purificación y santificación en la vida cotidiana de los creyentes.
Síntesis teológica y patrística
Desde una perspectiva patrística, resulta especialmente notable que el gran himno «Grande eres Tú» articule de manera orgánica toda la economía de la salvación.
La oración recorre cinco grandes núcleos teológicos:
1. La trascendencia divina («Grande eres Tú, Señor»).
2. La Encarnación («te hiciste hombre sin cambiar»).
3. La derrota de Satanás («aplastaste las cabezas de los dragones»).
4. La transfiguración cósmica de la creación («el mar vio y huyó, el Jordán retrocedió»).
5. La comunicación sacramental de la gracia («fuente de incorruptibilidad, don de santificación»).
Pocas composiciones litúrgicas consiguen abarcar con tal densidad el conjunto del misterio cristiano en tan breve extensión. En esta única plegaria convergen:
- teología trinitaria
- cristología calcedonense
- cosmología bíblica
- tipología veterotestamentaria
- angelología
- demonología
- sacramentología
- escatología,
expresadas todas ellas no como sistema conceptual, sino como oración católica contemplativa del rito bizantino.
Precisamente por esta síntesis única entre profundidad doctrinal y belleza poética, la Gran Bendición del Agua de la Teofanía es considerada una de las cumbres más elevadas de la tradición litúrgica católica-bizantina precisma del 1054 y una de las expresiones más completas de la espiritualidad católica antigua oriental.
Impresionante tratado sobre el tema expuesto. Su erudición sobre la Sal es extraordinaria para entender esta época de pastores que han perdido la sal debido a su sumisión al mundo. Desconozco cómo se hace para que la sal sin sabor vuelva a ser salada..quizá con una conversión profunda, con una separación de los pésimos ordinarios que no han purificado y exorcizar sus diócesis acotando el mal, cercenando y separándose mal del bien.
EliminarPues sí un "tratado muy impresionante". Parece imposible que una persona pueda ser tan erudita, que tenga tanta facilidad de palabra, tanto dominio de la lengua, tanta erudición. Mi más cordial felicitación!
EliminarEn tiempos de Jesús, la sal no era tan pura como la de hoy, porque se obtenía de depósitos y zonas salinas mezclada con otros minerales, de modo que, si había mucha humedad, el componente salino se disolvía y se perdía antes que las impurezas, dejando al final una mezcla cada vez menos salada y menos útil.
EliminarEn la Palestina antigua se obtenía sal sobre todo de los depósitos y costras del Mar Muerto, de salinas por evaporación de agua marina o salobre, de vetas o bloques de sal de roca, y también, según la zona, por comercio con áreas costeras del Mediterráneo.
Los fabricantes recogían una sal natural, a menudo impura, de lugares como el Mar Muerto y otras salinas, y esa mezcla podía quedarse con menos sal útil cuando la humedad disolvía la parte soluble.
Por eso Jesús dice que esa sal con muchas impurezas, en realidad ha perdido toda la sal o cloruro sódico porque se ha disuelto por la humedad, y por lo tanto el excipiente que queda (yeso, carbonato cálcico) es insípido y ya no sirve para salar.
La sal refinada actual 100% cloruro sódico NaCl no sufre este proceso de degradación por la humedad.
Totalmente de acuerdo con Garrell.
ResponderEliminarEl todo er mundo e gueno no existe.
Lo que existe es un ser Omnisciente y OMNIPOTENTE que lo VE y PUEDE TODO !!!
Yo , en mi humilde ignorancia, no sabía que se mezclase sal con agua para bendecirla.
ResponderEliminarhttps://infovaticana.com/2026/06/25/venezuela-de-rodillas-tras-un-doble-terremoto-la-iglesia-llama-a-la-oracion/ Muy curioso Venezuela ya sufrió el mayor terremoto en el 1800 y precisamente en un Jueves Santo, una prueba de que Dios castiga cuando conviene.
ResponderEliminarPero usted no sabe si Dios está castigando o no.
EliminarTodo lo más podrá decir que ha mandado una prueba y que según se responda a allá unos se salvarán y otros se condenarán,
Por otra parte usted está dando por sentado que lo bueno es este mundo (y que se puede perder en un terremoto), cuando resulta que no es cierto: estamos en este mundo de paso y nuestro destino natural, gracias a la redención de Jesucristo, es el cielo con nuestro padre celestial.
Estoy esperando noticias para culpar al Sr. Trump del terremoto de Venezuela.
ResponderEliminarZP y SNCHZ están al tanto de todo, la Gertru mediante, claro.
Me parece un rito muy bonito y seguramente muy necesario, pero yo no lo he visto nunca.
ResponderEliminar¿Por qué ?
¿Es que los curas ya no quieren trabajar ?
¿O es que es poco protestante ("ecuménico")?
Pues ya saben lo que decía Stalin:
"el que no trabaje, que no coma".
Eso lo dijo San Pablo: 2 Tesalonicenses 3:10
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