Centenario del nacimiento de Cassià M. Just. ¿Hay algo que celebrar?

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Estos días se está celebrando el centenario del nacimiento del P. Cassià Maria Just y son muchos los actos de homenaje al que fuera abad de Montserrat, durante 26 años, grandes personajes de la política catalana, entre ellos el que fuera vicepresidente de la Generalitat, Josep Lluis Carod Rovira, el que se burló de la corona de espinas de Nuestro Señor, han glosado sobre la vida del religioso benedictino, un punto en común en todos es destacar su papel en la defensa de la identitad catalana, de cuestiones religiosas no hablan, lógico, hay poco que destacar en positivo.
 
Yo no veo nada que celebrar en una persona que ha sido lamentable para nuestra Iglesia que peregrina en Cataluña, un hombre politizado que olvidó sus obligaciones para convertirse en un pseudo político, utilizando unas estructuras eclesiales de forma partidista, las de la abadía que no eran suyas sino de todos los católicos catalanes, tambièn de los no nacionalistas.
 
He recopilado seis puntos por los que me parece un abad indigno, que no se merece para nada esos homenajes y tributos que se le están dando ahora: 
 
1.-Un abad enfrentado a Franco
Pasará a la historia el abad Aureli Maria Escarré, antecesor de Cassià,  como el que se enfrentó a Franco con aquellas declaraciones polémicas en el diario francés Le Monde. Pero no siempre fue así, Escarré y Franco fueron buenos amigos, y el Generalísimo visitaba Montserrat en aquellos tiempos con la sonrisa complaciente del abad benedictino. A Franco le dolió aquello, pero lo catalogaba como un error muy grave, pero puntual de Escarré. Nada tiene que ver con Cassià, ya que Franco era consciente del odio que este le profesaba y de sus debaneos continuos con el independentismo catalán y vasco así como con los movimientos que buscaban la destrucción del régimen. 
 
Recordemos que el Papa Francisco, tan izquierdoso él, nunca se enfrentó a Videla, al contrario, iba a celebrarle la Misa a su propia casa.  
 
 
Carod Rovira hablando en el homenaje a Cassià M. Just
 
2.-Un abad que acogió terroristas de ETA
El abad Cassià acogía en el Monasterio a todo tipo de colectivos y personas que estuviran contra el Régimen o que fueran declaradamente nacionalistas, lo que hacía que el Monasterio, que tenía que ser de todos, se quedó restringido solo para algunos, los que comulgaban con la ideología del abad. 
 
Pero lo peor de todo fue la acogida que dio a terroristas, de ETA, sin importar si tenían delitos de sangre o si iban armados, incluso desde Montserrat se tejió una estructura para ayudar a escaparse a Francia a algunos de estos asesinos, con la colaboracíón de algun sacerdote catalán como el ya fallecido Mn. Joan Soler. 
 
Como abad emérito apoyó la acción del entonces vicepresidente Carod Rovira, que intentó llegar a un acuerdo con ETA en Francia, para que atentaran todo lo que quisieran pero fuera de Cataluña. Esa accción provocó que el entonces President de la Generalitat, Pasqual Maragall, lo expulsara del gobierno. 
 
3.-Un abad que albergó el nacimiento de Convergencia
Todo lo que era nacionalista o independentista era acogido en Montserrat, en unos tiempos en que como es sabido, según qué actos no se podían hacer, pero la Iglesia tenía el privilegio de que la policía no podía entrar en sus recintos, además el hecho de estar apartado y en una montaña, favorecía este tipo de actos, en que los que participaban se sentían totalmente seguros bajo la protección del abad.
 
Uno de esos actos fue la fundación de Convergència Democràtica de Catalunya, el 17 de noviembre de 1974 en Montserrat, al frente de él Jordi Pujol, el que después sería durante 23 años presidente de la Generalitat, y que el tiempo demostró que no era tan honorable como parecía. En el monasterio, Pujol y los suyos pudieron fundar el partido sin ninguna restricción ni ocultamiento, como si estuvieran en plena democracia. 
 
También se produjo en Montserrat el conocido encierro de intelectuales para protestar por el juicio de Burgos, los encerrados no tuvieron consecuencias por haberse hecho el acto en un "espacio sagrado". 
 
4.-Un abad que permitió que el lobby gay se adueñara del monasterio
Durante los años como abad de Cassià,  se fue formando un "lobby gay" que tenía un inmenso poder en el monasterio. nada hizo para evitarlo, y todo indica que a él ya le estaba bien. Una verdadera vergüenza y una terrible humillación para los monjes que no formaban parte de ese colectivo. 
 
Jubilado Cassià, su sucesor Sebastià Bardolet intentó poner orden en ese desaguisado, pero era tan fuerte el poder del lobby que no se vio con ánimo de enfrentarse a él y no le quedó otro remedio que presentar su dimisión. Así estaban las cosas en Montserrat gracias a Cassià.
 
El hermano Andreu Soler, depredador sexual con manos libres en tiempos del abad Cassià
 
5.-Un abad que permitió la pederastia
Teniendo en cuenta el poder del lobby gay, y la tolerancia hacia las prácticas homosexuales, no es de extrañan que afloraran casos de pederastia, En los que Cassià no hizo nada para evitarlos. El caso más significativo es el del  Hermano Andreu, del que el mismo monasterio ha calificado como un "depredador sexual", pero lo hizo cuando ya había fallecido, no antes, cuando corría por todas partes las debilidades de este hermano al que se le encomendó el cuidado de los chicos del agrupament escolta de Montserrat. El monasterio se excusó de que el abusador ya estaba muerto y el que lo protegió también. 
 
Ahora lo homenajean, pero cuando explotó el caso de Miguel Hurtado y otros denunciantes, reconocieron el encubrimiento de Cassià,  no les importó, le cargaron el muerto al muerto, y así se salieron de rositas. a pesar de que han habido casos posteriores de pederastia después de Cassià.
 
6.-Un abad, que ya emérito, se cargó toda la doctrina moral de la Iglesia 
Cuando Cassià se convirtió en emérito no dudó en 1989 en hacer declaraciones incendiarias contra la doctrina moral de la Iglesia, expresando su posición favorable al uso de anticonceptivos, así como pidiendo que la Iglesia revisase su postura sobre la homosexualidad y la eutanasia. 
 
Ya hemos visto los buenos resultados que proporcionó a Montserrat esa actitud de tolerancia en temas como la homosexualidad 

Francesco della Rovere 

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25 comentarios

  1. Falta mencionar los OVNIS al tratar de Montserrat, no todo debe reducirse al Separatismo https://www.google.com/search?q=ovnis+montserrat&oq=ovnis+montserrat&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIGCAEQIxgnMgcIAhAAGIAEMgcIAxAAGIAEMggIBBAAGBYYHjIICAUQABgWGB4yCAgGEAAYFhgeMgYIBxBFGDzSAQg2OTU4ajBqNKgCALACAQ&sourceid=chrome&ie=UTF-8
    A bien seguro que ni Casiá ni los abades que le sucedieron dijeron esta boca es mía referente a los oráculos alternativos suplicantes a los hombrecillos verdes (dimoniets) de los platillos. Si los abades del Cenobio nunca ha descerrajado proclamas referente al Diluvio todavía menos de mencionar como peligrosos los humanoides verdes.

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    1. Escuche Sr. Garrell..no le haga el juego a los protestantes...los "humanoides esos", "grises" o la forma que tengan son DEMONIOS (los malos espíritus que pueblan los aires..). Y si se han visto en Montserrat...pues se ha de repensar por qué

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  2. El abad Cassià Just es hijo auténtico de los padres de aquella época: modernismo progresista postconciliar. En él se huele y siente todo el 1960 y los cambios ontológicos que iban sincronizados como misterio de iniquidad entre una parte de la Iglesia y de la sociedad o mundo elitista europeo y norteamericano, los dos que mueven estas brutalidades morales. Nunca estuvo solo, pero resultaba ser la imagen más visible del fenómeno generacional de millones de católicos y miles de ordenados. Aquí hay un estudio que se realizó según la moral tradicional clásica sobre la visión poliédrica del pecado personal y social, a ver qué parece.

    I. Orden lógico de las categorías morales

    La moral católica clásica ordena sus categorías según un criterio de universalidad decreciente: de lo que constituye una nota intrínseca del acto mismo, a lo que cualifica su gravedad ante Dios, a lo que explica su raíz psicológica, y finalmente a su ubicación en el precepto decálogo que transgrede. El orden correcto, de lo más universal a lo más particular, es el siguiente: acto intrínsecamente malo, pecado que clama al cielo, pecado capital, sexto mandamiento, noveno mandamiento.

    A. Acto intrínsecamente malo (intrinsece malum per se semper et pro semper)

    Es la categoría fundante. Un acto es intrínsecamente malo cuando su objeto moral, considerado en sí mismo, con independencia de las circunstancias y de la intención del sujeto, se opone al orden querido por Dios y expresado en la ley natural. Veritatis Splendor, números 79 a 83 y 95 a 97, enseña que existen comportamientos cuya elección es siempre y por sí misma incompatible con la vocación del hombre a la comunión con Dios, de modo que ninguna finalidad buena ni ninguna circunstancia atenuante puede convertirlos en lícitos.

    El Catecismo, números 1753 a 1756, confirma que hay actos que, por razón de su objeto, son siempre gravemente ilícitos, cerrando así toda vía proporcionalista o consecuencialista.

    En el Código de Derecho Canónico esta categoría no aparece con la expresión latina, pero se recibe de modo convergente a través de tres vías: la noción de pecado grave manifiesto de los cánones 915, 1007 y 1184; la fórmula técnica del canon 915, que veda la sagrada Comunión a quien persevera obstinadamente en un pecado grave manifiesto; y las exigencias de idoneidad e integridad de costumbres que excluyen del ejercicio de oficios eclesiásticos a quien persiste en actos contrarios a la fe o a la ley natural. Esta categoría responde a la pregunta qué es el acto en sí mismo.

    B. Pecado que clama al cielo (peccatum clamans)

    Dentro del universo de los actos intrínsecamente malos, algunos revisten una gravedad cualificada porque su iniquidad es tan manifiesta que provoca de modo particular el juicio divino. El Catecismo, número 1867, enumera cuatro:

    a) el homicidio voluntario, que incluye el aborto, por la sangre de Abel;
    b) el pecado de los sodomitas;
    c) la opresión del pobre, del extranjero, de la viuda y del huérfano;
    d) y la defraudación del jornal del trabajador.

    Esta categoría no sustituye a la primera, sino que la cualifica: todo pecado que clama al cielo es intrínsecamente malo, pero no todo acto intrínsecamente malo alcanza esta gravedad específica ante el tribunal divino. Responde a la pregunta cuánto clama el acto ante Dios.

    C. Pecado capital (vicio de la lujuria)

    Los pecados capitales, según el Catecismo, número 1866, no son actos aislados sino vicios que, por su fuerza de atracción, engendran otros pecados y otros vicios: los 7 padres del pecado. La lujuria, como pecado capital, es la raíz psicológica y apetitiva de la que brotan los desórdenes sexuales en su multiplicidad concreta. Esta categoría no describe la gravedad objetiva del acto, sino su función generativa dentro de la vida moral del sujeto. Responde a la pregunta de dónde procede el acto y qué otros males engendra.

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  3. Todo acto contra la castidad se ubica canónicamente en el precepto decálogo que transgrede. El sexto mandamiento, no cometerás actos impuros, prohíbe el acto exterior; el noveno, no codiciarás pensamientos impuros, prohíbe el deseo interior y el consentimiento del corazón. Esta última categoría es la más particular de las cinco, porque no explica la naturaleza del acto, ni su gravedad ante Dios, ni su raíz apetitiva, sino el precepto positivo que formalmente viola.

    E. Síntesis jerárquica aplicada a la sodomía

    El orden lógico completo, aplicado a los actos homosexuales, queda así: son actos intrínsecamente malos por su objeto, desordenados en sí mismos, contrarios a la ley natural, cerrados al don de la vida y a la complementariedad entre el hombre y la mujer, de manera que nunca pueden aprobarse moral ni jurídicamente; son, además, pecado que clama al cielo, conforme al testimonio bíblico de los sodomitas, recibiendo por ello las notas tradicionales de nefando, pésimo y clamante; son, en su práctica reiterada, manifestación grave del pecado capital de lujuria, en cuanto raíz de otros desórdenes; y transgreden formalmente el sexto y el noveno mandamientos, según se trate del acto exterior o del consentimiento interior.

    Conviene precisar, siguiendo el Catecismo, números 2358 y 2359, que la inclinación homosexual, a diferencia del acto, es objetivamente desordenada pero no constituye pecado en sí misma, de modo que quienes la padecen han de ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza, evitando toda discriminación injusta, y están llamados, como todo bautizado, a la castidad y a la santidad con el auxilio de la gracia.

    F. Precisión terminológica sobre las cuatro categorías

    Conviene no confundir el plano de estas categorías, porque cada una responde a una pregunta distinta y su acumulación sobre un mismo acto no es redundante sino cualificante.

    Intrinsece malum es una categoría de objeto: describe qué es el acto en su estructura moral.

    Peccatum clamans es una categoría de clamor: describe la relación del acto con la justicia divina.

    Pecado capital es una categoría de raíz: describe de qué vicio procede y qué otros pecados tiende a engendrar.

    Sexto y noveno mandamientos son categorías de precepto: describen qué norma positiva del Decálogo queda transgredida, distinguiendo el acto exterior del consentimiento interior.

    Calificar la sodomía simultáneamente bajo las cuatro no es una acumulación retórica, sino la aplicación ordenada de cuatro criterios morales formalmente distintos a un mismo objeto material.

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  4. G. Fundamento filosófico-teológico de la concurrencia de títulos: perspectivas complementarias, no escala jerárquica

    Cuando un mismo acto porta dos o más títulos de clamantia, conviene precisar, con rigor escolástico, que dicha concurrencia no constituye una acumulación cuantitativa de gravedad, sino la contemplación de un único mal bajo distintas razones formales.

    En el plano metafísico, todo acto moral es uno solo en su ser material, pero puede ser malo bajo varias razones formales a la vez, del mismo modo que una sustancia posee varios accidentes sin que estos se disputen entre sí un mismo grado de intensidad.

    La tradición distingue entre la malicia según el género, que es la privación del bien debido al acto en cuanto tal, y las circunstancias que constituyen una razón añadida de mal. Cuando un acto es a la vez homicidio de un inocente y opresión de un débil, no hay un mal mayor compuesto de dos males menores que se suman, sino un único acto gravísimo contemplado bajo dos razones formales distintas, cada una suficiente por sí misma para la malicia máxima de su propio género.

    En el plano teológico, el clamor no admite grados de urgencia ante Dios. La sangre inocente clama por sí misma, de modo pleno, sin que su clamor sea más fuerte o más urgente por añadírsele otro título. Sostener lo contrario introduciría una lógica cuantitativa impropia de la justicia divina, como si la sangre de una víctima gritase menos que la de otra por carecer de una segunda razón formal de clamor. Cada peccatum clamans, tomado aisladamente, agota ya la categoría de clamor pleno.

    En el plano antropológico, situar la gravedad del mal en función del número de títulos concurrentes desplazaría el centro moral del acto desde la víctima, que es quien lo padece, hacia una taxonomía abstracta, invirtiendo el orden correcto del pensamiento moral clásico, que parte siempre del mal sufrido por la persona concreta y solo después lo examina bajo las razones formales que lo explican. Quien sufre un solo título de clamantia no sufre menos que quien sufre dos: sufre plenamente bajo la razón formal que le corresponde, y esa razón basta.

    Un ejemplo ilustra bien esta lógica: el aborto de una niña enferma porta diversas perspectivas complementarias, no sumativas.

    a) Es, en primer lugar y de modo suficiente, homicidio del inocente bajo el título de la sangre de Abel, por la destrucción directa de una vida indefensa;

    b) es, además, bajo una segunda perspectiva formal distinta, opresión del débil, en cuanto la enfermedad añade una razón de vulnerabilidad que agrava la traición de quienes debían custodiar esa vida precisamente por su fragilidad.

    c) y bajo una tercera perspectia, la pérdida de la descendencia futura de la niña abortada no constituye un título distinto de clamantia junto a los ya vistos (sangre de Abel, opresión del débil). Es, más bien, una magnitud o extensión del mismo mal: el homicidio de un inocente no solo suprime una vida actual, sino que trunca, dentro de esa vida, la potencia generativa que llevaba en sí. La tradición escolástica tiene categorías para esto, pero no crean un pecado nuevo, sino que describen el alcance del bien destruido.

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  5. Santo Tomás, siguiendo a Aristóteles, distingue el acto en potencia y en acto: la niña no nacida no era todavía madre en acto, pero portaba en sí la potencia activa de la generación, ordenada por naturaleza a un fin. Destruir esa potencia no añade un pecado formalmente distinto del homicidio, porque el objeto del acto sigue siendo uno solo —la destrucción de un inocente—; pero sí describe una razón agravante de magnitud dentro del mismo título: no se mata solo a una persona, se extingue en ella toda una posteridad virtual. Esto es lo que con propiedad puede llamarse, en lenguaje filosófico y no técnico-canónico, destrucción de la estirpe o extinción de línea generacional, estirpe, linaje, línea: no un pecado nuevo, sino el homicidio del inocente contemplado en su plena extensión temporal, hacia el futuro que llevaba dentro.

    De manera aún naciendo en cristalización, por desgracia el Catecismo, ni el CIC, ni la teología moral clásica tienen una categoría técnica distinta —con nombre latino propio— para "pecado contra la generación futura no nacida"... Lo que sí existe, con solidez, es la noción agustiniana del bonum prolis como uno de los tres bienes del matrimonio, que aquí se invierte: no se trata de impedir la prole querida, sino de destruir en su raíz toda prole posible de esa persona. Es materia teológicamente fecunda para el análisis, pero debe presentarse como desarrollo razonado, no como categoría magisterial establecida: aún no se ha pensado suficientemente el tema de las generaciones dejadas de nacer, aunque tienen ya un grave efecto sobre la demografía de Europa: en Cataluña, son 600.000 niños no nacidos, en España son 3 millones (desde 1985) y en Europa contando la legalización del aborto en la URSS de 1920 más el bloque comunista y occidental, el total de abortos equivale a su población actual: 300-350 millones.

    Sobre "crimen de lesa humanidad": aquí hay que separar el plano jurídico-técnico del plano retórico-moral, porque son cosas distintas.
    Jurídicamente, el crimen de lesa humanidad, según el Estatuto de Roma, exige un ataque generalizado o sistemático dirigido contra una población civil, con conocimiento de dicho ataque, y se refiere a actos cometidos en ese marco (asesinato, exterminio, entre otros). Es una categoría del derecho penal internacional con requisitos técnicos precisos —sistematicidad, política de Estado o de organización, generalidad—, no una etiqueta moral de uso libre, pero la realidad hará cambiar su conceptuación.

    Que un número elevado de abortos pueda calificarse jurídicamente como crimen de lesa humanidad es una tesis que algunos autores provida han sostenido retóricamente, pero no es una calificación reconocida por el derecho internacional vigente ni por el Magisterio como categoría jurídica formal aplicada al aborto. El pensamiento jurídico y eclesial aún no da para más, no es doctrina asentada: es, en el mejor de los casos, una analogía moral fuerte —el aborto masivo como forma estructural de mal social, en la línea de lo que la propia tradición llama pecado social o estructural cuando se promueve o normaliza—, no una calificación técnico-jurídica probada aún hoy.

    Lo que sí se puede sostener con solidez doctrinal, sin forzar categorías jurídicas ajenas, es esto: cuando el aborto se practica de forma masiva y sistemática, promovido o tolerado por el poder público, deja de ser solo una multiplicación de pecados individuales y pasa a constituir pecado social estructural en sentido pleno —categoría que la tradición sí reconoce—, con la agravante añadida, en cada caso individual, de la extinción de la posteridad que cada víctima llevaba en potencia. Pero esa realidad aún ha de ser estudiada y conceptuada en su gravedad extrema: hoy por hoy, no hay mucho pensamiento sobre ello, pero por ello no deja de existir.

    Estas perspectivas son verdaderas a la vez y ninguna resta nada a la otra; pero el aborto de un niño sano, que solo porta el primer título, no es por ello un mal menor, pues la sangre de Abel ya es razón suficiente y máxima.

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  6. Todo abuso sexual de un menor es, sin excepción, acto intrínsecamente malo y pecado que clama al cielo bajo el título pleno y suficiente de la opresión del vulnerable, título que por sí solo agota la máxima gravedad objetiva del acto, sin admitir grados según la configuración del abuso. Cuando el abuso reviste además forma sodomítica, se añade una segunda perspectiva formal de clamor, distinta y autónoma de la primera, del mismo modo que el homicidio de un inocente enfermo añade a la razón de la sangre de Abel la razón de la opresión del débil: no como magnitudes que se suman para producir un mal mayor, sino como razones formales complementarias que iluminan distintos aspectos de un mismo mal ya, de suyo, gravísimo. La ausencia de una perspectiva añadida no disminuye en absoluto la gravedad del acto bajo la perspectiva que sí concurre; uno, dos o tres títulos de clamantia no miden una escala de mayor o menor mal contra la víctima, sino que describen diversas razones por las que un mismo mal, ya pleno en su primera razón formal, clama a Dios.

    III. Los anticonceptivos con efecto abortivo como clamantia contra el inocente

    Los anticonceptivos cuyo mecanismo de acción incluye, junto al efecto contraceptivo propiamente dicho, un efecto abortivo secundario, en cuanto impiden la anidación del embrión ya concebido, no se reducen moralmente a la categoría de la anticoncepción, sino que ingresan en la categoría del homicidio de inocentes. Corresponde aquí el mismo título de clamantia invocado en primer lugar por el Catecismo, número 1867: la sangre de Abel, es decir, el homicidio voluntario del inocente que no puede defenderse ni clamar por sí mismo, y que por ello clama a Dios a través de su propia sangre derramada. El embrión humano recién concebido, destruido antes de su anidación por el efecto abortivo del fármaco, ocupa respecto de quien lo elimina la misma posición que Abel respecto de Caín.

    Este título es autónomo respecto del que corresponde a la anticoncepción como tal: el uso de un anticonceptivo con efecto abortivo no es solamente pecado contra la castidad conyugal y la apertura a la vida propia del acto matrimonial, sino además, y de modo más grave, pecado que clama al cielo bajo el título del homicidio del inocente, quedando doblemente cualificado como acto intrínsecamente malo contra la vida y como peccatum clamans por la sangre de quien no pudo siquiera nacer.

    IV. Conclusión

    El orden lógico y racional de la moral católica clásica procede de lo universal a lo particular: primero el acto intrínsecamente malo, que define la naturaleza objetiva del comportamiento; después el pecado que clama al cielo, que cualifica su gravedad ante el tribunal divino; luego el pecado capital, que explica su raíz apetitiva; y finalmente el precepto decálogo formalmente transgredido.

    Sobre esta misma estructura se funda la calificación de los anticonceptivos abortivos como pecado que clama al cielo por la sangre del inocente, y se afirma, bajo la lógica de perspectivas complementarias y no de escala jerárquica, la gravedad máxima e incondicionada de todo abuso de un menor.

    La Iglesia, al calificar con esta precisión terminológica la gravedad objetiva de tales actos, no cierra la puerta a la misericordia: todo pecado, por grave que sea, puede ser perdonado mediante el arrepentimiento sincero, la confesión sacramental y la lucha ascética sostenida por la gracia. Pero los efectos naturales del aborto ya son irreversibles: los 350 millones de niños y niñas (éstas sin descendencia futura) abortados en Europa son definitivos, no pueden revertirse, por lo que el mal natural es operativo y efectivo como el agujero de un meteorito: ya no van a regresar nunca jamás...

    Aún hoy en la Iglesia, y desde Francisco y León XIV, aún no se dan cuenta del daño que causa Amoris laetitia y Fiducia supplicans contra el VI Mandamiento, como mostraron muchos (Dubia, Seifert...) y que su moral subjetivista luterana se infiltra por toda la doctrina moral católica como un ácido.

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    1. Mire..cuando uno piensa en todo lo extraño que tiene el CVII..desde la premura al convocarlo que tenía el "papa bueno" JXIII..al dislate liturgico con PVI y a estos dos últimos pontífices...uno piensa que la clave está en que JXIII sabía bien que había de "desmontar" un país que había escapado a la órbita del Comunismo nefasto que se adueñó de la mitad oriental de Europa y había escapado también de los cambio atroces que introdujeron los llamados "Aliados" en la mitad oriental. Ese país se llama España y en el había un caudillo que había derrotado a masones y comunistas y otras gentes similares. El CVII le impuso la "libertad de culto" para hacer de cuña con herejías varias y le quitó el proponer obispos...asi 10 años antes de morir el Caudillo, los judeo/masones ya tenían el pie aqui, Montserrat actuaría como punta de lanza...

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  7. HAY MÁS DE CASSIÀ:
    TERRORISMO: Algunos monjes se rebelaron contra Cassià por el tema de las armas: pistolas y munición de ETA, que se escondían en el monasterio. Dijeron que una cosa era acoger huidos y otra armamento, que en un recinto sacro esto se debía acabar.
    DINERO: A Cassià le gustaba el lujo. No para su disfrute personal (o sólo en raras ocasiones) sinó para el monasterio. Aunque no olvidemos su colección abacial de plumas Montblanc (muchas de ellas de oro) y sus relojes de lujo, que decía eran regalos. El P. Evangelista Vilanova le recriminó que con uno sólo de aquellos relojes se podría pagar la vivienda de una familia necesitada. Era feliz entre empresarios, políticos y gentes de buena posición...
    AMIGAS: No consta nada contra el voto de castidad, pero cultivaba unas amistades entre señoras casadas y viudas de la alta sociedad catalana más propias de un playboy de recepciones y cocktails que las que se esperarían de un abad. Alguna correspondencia sonroja y entre líneas se entrevé un hombre diplomático a la par que seductor y manipulador.

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    1. hay mas de imbeciles que machacan a muertos o la impudicia ya es lohabitual? la pregunta es retorica...

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    2. Vamos...un vividor al servicio de oscuros intereses...podria haber sido político y acabó de abad

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  8. Bueno ... está claro que dió signos de ser lo que defendió....nada nuevo bajo el sol. De todas maneras esto es un grano más del inmenso granero podrido ...la configuracion eclesial jerárquica también ha ayudado ha mantener ese inmenso granero podrido . Mucha culpa la tienen los mismos Papas...El mismo Juan Pablo II cerró los ojos a los casos de Maciel , y no me vale decir que lo tenían engañado. La iglesia católica tiene un serio problema de credibilidad, lo mismo que cuando Jesús denunciaba a los fariseos como sepulcros blanqueados.

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    1. Desgraciadamente tiene usted toda la razón.

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  9. No sé cómo GG ha publicado este "panegírico" del P. Cassià. ¿Tanto es el odio que le tienen? Dudo que los que han escrito le hayan conocido.

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    1. Anava a comentar exactament el mateix. Terrible el sectarisme creixent d'aquesta pàgina permetent articles d'aquesta mena que només fan que sembrar odi i discòrdia entre cristians. Una llàstima perquè altres articles d'aquest portal valen molt la pena...

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    2. este blog, por lo torrentesco es de museo de los horrores y divierte si lo lees con animus iocandi. Es que no le falta de nada: sólo ve la paja en ojo ajeno, aplaude con las orejas a un asesino al que el estado dio armas y acabo yendo bajo palio y mas tarde fue amenazado de excomunion y solo y simplemente solo para que alguien anonimo como yo le haga caso...porque ni Dios les quiere en la iglesia católca. Ande, pruebe en Ecome, Suiza y llévenense a las exmonjitas de Belorado, a ver si tienen más suerte...

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    3. ¿Puede escribir usted, si le conoció, un encendido alegato de defensa? Mercadeo con terroristas??

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    4. Se podría hacer un libro variopinto de "Vidas Paralelas" entre estos dos personajes peculiares y singulares dirigentes abadiales durante el franquismo, y obviamente beneficiarios de sus privilegios concordatarios y políticos. Mi madre conoció a la hermana de uno de ellos y era dirigente del Movimiento Nacional.

      De Escarré se tiene como mínimo noticia de esto, que está en gran parte en Germinans:

      1. Caso del monje internado a la fuerza: el padre Maiol Baraut i Obiols, monje demócrata y antifranquista. Escarré (que en esa época era franquista convencido) lo mandó raptar, encarcelar y torturar en la residencia Can Castells (propiedad del monasterio en Esparreguera). Allí lo vigilaron, le mal administraron medicamentos (perdió 15 kg), le prohibieron hablar y misa, y lo vejaron. Baraut intentó huir pero lo recapturaron. Gracias a la intervención de un hermano suyo (provincial salesiano) ante Roma, lo liberaron y lo enviaron a Chile/Colombia. No fue el único monje represaliado por Escarré.

      El caso del monje Maiol Baraut ocurrió principalmente entre 1952 y principios de 1954.1952:

      En el Capítulo Provincial de la Congregación de Subiaco, Baraut fue elegido Visitador (Escarré solo tuvo 2 votos). Esto enfureció al abad, que empezó las purgas y represalias contra él.

      Poco después (1953): Baraut ingresó en la Clínica Ribas de Barcelona por problemas de salud. Durante su ausencia, Escarré registró su habitación. Al volver, lo trasladaron a la fuerza a Can Castells (residencia del monasterio en Esparreguera), donde lo mantuvieron vigilado, maltratado y mal medicado.

      Enero de 1954: Baraut consiguió escaparse una noche, pero solo llegó a la cercana Colonia Sedó. Lo recapturaron, lo vejaron y continuaron las restricciones.

      Poco después (aún en 1954), gracias a la intervención de su hermano (provincial salesiano) ante Roma, lo liberaron y lo enviaron a Chile, y más tarde (1957) a Medellín (Colombia), tuvo que huir de Cataluña y España, muy seguro por las posibles influencias políticas de represalia.



      2. Entrevista a Le Monde (1963): hay una versión plausible donde Escarré no estaba en pleno estado cognitivo (tenía problemas mentales y facultades deterioradas). Tenía respuestas preparadas con manipulaciones con Josep Benet y Albert Manent (y Cassià M. Just), pero durante la entrevista habló de forma absurda y contradictoria. Los redactores tuvieron que “rectificar” después con el periodista. La presentaron como una gran denuncia antifranquista, pero fue en gran medida inventada o muy manipulada para crear el mito del “abad opositor”. Hasta entonces Escarré había sido muy franquista.

      Un sistema psíquico muy contradictorio.

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    5. Los que lo conocimos y sabemos cosas de Montserrat de aquella época, te aseguro que este "panegírico" de Cassià se QUEDA CORTO. CASSIÀ ERA UN ENCANTADOR DE SERPIENTES, UN VENDEDOR DE HUMO, UN DEMONIO CON HABITO.

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  10. Cualquier prelado catalán queda retratado como un sujeto
    peligroso. Para compensar seria interesante pasar cuentas
    al franciscano obispo de Oviedo.

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  11. Estuve en la Escolanía durante la primera mitad de los años 70. Tengo muchos recuerdos entrañables, pero hay algunos que chirrían muchísimo. Entre ellos el enorme odio que transmitían a todo lo que era español.
    Por ejemplo: el profesor de matemáticas, laico, cuyo nombre no quiero acordarme hacía burlas constante a España, de forma que al alumno perezoso lo decía "pareces un ministro de Franco".
    Cuando fue asesinado Carrero Blanco, se recibió la noticia con un aplauso. Si bien P. Bardolet nos reprendió, pero es un reflejo del animo que se había inculcado en la escolanía.
    Lo más chocante, fue que, en petit comité un fraile nos explicó que en S. Miquel de Cuixà se habían dado refugio algún terrorista de ETA. Cosa que no escandalizó sino todo lo contrario.
    En fin, estos recuerdos, ensucian unos años felices, e inocentes que fueron manchados por un adoctrinamiento político, y muy poco cristiano. Por cierto, en esa época la mayoría de ex escolans dejaron de practicar su Fe.

    Hoy en día el Monasterio se está vaciando, fruto de unas ideologías toxicas que se extendieron entre los años 60 y 80.
    Es una lástima, porque la Liturgia se cuida bastante en Montserrat, pero el Novus Ordo hace estragos por doquier.

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  12. Todo el que iba en contra del Caudillo por la Gracia de Dios era , con razón, un traidor a Dios mismo.

    Por favor, en tiempos de ese inmoral, aún estaban calientes los cuerpos de Frailes asesinados por los discípulos de sancompanys ese.

    Un traidor de libro era, nada más.

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    1. Que Cassiá fuera un bellaco de mucho cuidado es una cosa. Deahí a decir que un traidor a Franco era un traidor a Dios va un buen trecho, a no ser que usted crea que Franco era Dios. En tal caso, le recomiendo una excursión a san Boi...

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  13. Ese personaje, escondía etarras asesinos en una Abadía Consagrada.

    Como también conspiraba, dando pábulo al ladronzuelo de Pujol y sus secuaces.

    Vaya m ..da de eclesiásticos.

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  14. En el acto oficial del homenaje por el centenario del Abat Cassià estaba el Padre Puig SI, después de lo mal que organizó lo de la visita del Papa a Barcelona, no sé cómo tiene vergüenza de ir paseándose por aquí y por allá como si nada.

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