Estamos ante un claro abuso de
la misericordia y de las indulgencias. El enésimo. Tan grave como el abuso de
los indultos y de las amnistías por parte de los gobiernos. Este abuso es señal
evidentísima de mal gobierno, de decadencia moral y de arbitrariedad absoluta
de los gobernantes: que siempre que les conviene, se engolfan por encima de las
leyes.
He recogido tal y cual el
título de Appunti – di Stefano Feltri,
por la evidente carga de intencionalidad: “el papa promete misericordia a los
pedófilos” (se entiende que se trata sólo de los que están bajo su jurisdicción,
no de una indulgencia plenaria aplicable a toda la pedofilia del mundo). Evidentemente,
eso suena al anuncio de una amnistía general, con la evidente intención de
enmendarle la plana al excesivo rigor moral del
régimen anterior, respecto a
conductas que la modernidad nos obliga a mirar con más blandura y
condescendencia. Nos dice, en efecto, el mundo moderno, que tampoco es tan
horrible lo de Eppstein si acertamos a colocarnos los anteojos adecuados.
Anteojos futuristas, sin duda, que ya está en ello la Organización de las
Naciones Unidas. ¿Qué tiene, pues, de inconveniente, que la Iglesia se adelante
con una amnistía universal y con un indulto general? Vamos, con la abolición de
los Mandamientos.
Claro que esa amnistía general
para los delitos de pedofilia (en la Iglesia, sólo pecados, sujetos por tanto a
indulgencia); esa amnistía, digo, fue precedida por la amnistía de facto del “quién soy yo” y del
“todos-todos-todos”, que la cosa no la inició el papa León, sino el papa bueno.
Estamos, claro está, ante un tremendo vuelco de la moral, es decir de las
costumbres y sobre todo de su calificación moral. Evidentemente, primero fueron
las costumbres de unos pocos, que reclamaron para ellos una nueva calificación
moral exculpatoria que, una vez asentada doctrinalmente a través de la
prevaricadora humildad del “quién soy yo”, se extendió por toda la sociedad
como una mancha de aceite. Fue nada menos que el clero católico, el que primero
entendió las ventajas del todos-todos-todos como nuevo criterio moral.
No hemos de esforzarnos
demasiado en entender que el hombre (tanto el del siglo como el de la Iglesia)
siempre ha pecado. Es su condición. Pero el mayor caudal de pecados de la carne
se orientaba hacia la mujer (¡cuán dulces suenan hoy a nuestros oídos los
cánticos pecadores del Arcipreste de Hita!) No, no cabían en ese clero
pretridentino tan inclinado al pecado, no cabían en él los cánticos al pecado
ne-fando (el que ni siquiera debe ser nombrado). Un pecado para cuya más
aberrante y aborrecible expresión (ese mismo pecado practicado con los menores);
un pecado para el que promete hoy el sumo líder de la reformadísima y
modernísima Iglesia católica, la mayor comprensión y condescendencia, expresada
en la amnistía general, en la misericordia infinita para con el agresor (especialmente
si es de los míos). Una misericordia de la que queda excluido el más necesitado
de misericordia, el agredido, tan ruinmente usado y abusado y tirado.
Sí, claro, fue el papa del
‘quién soy yo’ y del todos-todos-todos, el mismo que descubrió la dimensión
misericordiosa de la Iglesia, administrando misericordina per fas et nefas. Y a los católicos de hoy nos toca adivinar, tras
riguroso escrutinio y discernimiento, si esta promesa de misericordia del papa
León (no, no ruge) opera en continuidad con la misericordina instaurada por el
papa Francisco, o es leonina de motu
proprio. Estamos ansiosos asimismo por saber si forma parte de la
“estrategia” del anterior pontífice, en continuidad con su originalísimo “quién
soy yo” y con su todos-todos-todos, o hemos de esperar nuevas orientaciones al
respecto. Es decir que nos falta discernir cada uno de los movimientos y los
silencios del actual pontífice: más que nada, por tener la certeza sobre si las
innovaciones doctrinales y morales de su antecesor, calaron tan hondo en el
cuerpo de la Iglesia, que se han tornado irreversibles. Porque con lo que haga
o deje de hacer, y diga o calle su sucesor, nos podremos orientar sobre si la
doctrina del “quién soy yo” y la del todos-todos-todos se ha convertido en
definitiva para toda la Iglesia. Y sabremos si representa el cierre definitivo de
la antigua Iglesia preconciliar a la que se han propuesto sepultar, colocándonos
en el más rabioso modernismo. O si por el contrario hemos de permanecer en
nuestra dócil paciencia esperando que, en esta situación de extremo peligro, decida
el papa si empezamos de nuevo o qué.
Con un temor aún mayor, rozando
el terror, relacionado con el intenso amor que está manifestando nuestro actual
sumo pontífice por el descubrimiento y redefinición de la sinodalidad. El
terror está en que se sacuda la responsabilidad que le compete sobre la Iglesia
como sucesor de Pedro y Vicario de Cristo. Y que le traspase la responsabilidad
papal a un sínodo pletórico de sinodalidad previamente sinodalizado por las
novísimas tendencias. Un sínodo que defina el nuevo dogma, la nueva moral, la
nueva indulgencia para un pecado (eso era antes del sínodo) tan extendido en la
Iglesia, que ha actuado en ella como un auténtico síndrome de inmuno-deficiencia
adquirida. Un síndrome que, al tenerla sin defensas, la ha dejado a merced de
cualquier ataque que flote en el ambiente.
Es obligado decir, no obstante, que es propio
de la Iglesia el perdón: pero no mediante una amnistía general, no mediante un
indulto universal, que sería tanto como bendecir el pecado, sino a través del
gran sacramento de la penitencia y el perdón. Empezando por el sincero
arrepentimiento y continuando por la justa penitencia. Que tanta suciedad y
tamaña corrupción no se limpian con un par de avemarías.
Es propio de la Iglesia
perdonar, pero sin hacer burla del sacramento ni escarnio de las víctimas. ¿Qué
es eso de que la Iglesia como institución asuma el resarcimiento de los daños
causados, sin que a los culpables se les toque ni un pelo de su cabeza? ¿Es
acaso la Iglesia la que ha pecado? ¿No son algunos de sus miembros? Pues ha de
dolerles a ellos, no a los fieles que contribuyen a sostener la Iglesia, o al
Estado que suple por los fieles. Nada de corporativizar el pecado ni de
mutualizar sus costos. Muy mala praxis, reñida con la penitencia y con el
arrepentimiento.
Bien venido el perdón, bien
venido, porque es necesario. Pero no la amnistía, no el indulto general, porque
eso es un insulto a la justicia, es una mofa de los Mandamientos. El
perdón ha de ser justo, como el que exige el sacramento de la penitencia.
Auténtico arrepentimiento, firme propósito de enmienda, y una penitencia real,
proporcionada al daño infligido. ¡Qué menos que tocarle la economía al que
pecó! Ahí, se hace creíble el arrepentimiento y se pone orden en la Iglesia.
Porque justo es entender que
muchos (o quizá muchísimos, incluidos los que ni siquiera han sido denunciados)
de los clérigos que han pecado; justo es entender que son muchos los que
habiendo sido en algún momento víctimas de su debilidad, están arrepentidos y
desean sinceramente el perdón de la Iglesia. Y es justo y necesario pensar en
el perdón para ellos. Pero un perdón merecido: primero, por el arrepentimiento;
y segundo, por la justa penitencia.
Pero no ese indulto general
que parece haber prometido el papa a los pedófilos bajo su mandato y autoridad.
Esa especie de indulto y amnistía general para los suyos, suena a lo mismo que
hacen los políticos sirviéndose de su poder para garantizarse impunidad total y
absoluta (algunos ejemplos muy mortificantes hemos visto en el Vaticano). Y
Dios nos libre de que al final, bajo ese indulto general, se esconda un
autoindulto, como absolución del enorme pecado de omisión en que han incurrido
la práctica totalidad del episcopado (incluido el antiguo obispo de Chiclayo),
a lo largo de este inacabable calvario por el que ha pasado la Iglesia, y del
que parece que no está dispuesta a salir del todo. Quiera Dios que no se trate
de un gesto de misericordia inmerecida para los sacerdotes pedófilos y para sus
encubridores.
Virtelius
Temerarius



No está mal pensar en la misericordia justo en el Domingo de la Misericordia. Pero sin olvidar la justicia. Porque del mismo modo que es justo que los contribuyentes clamemos contra el abuso que representa que el Estado pague abortos con el dinero de todos los contribuyentes, incluidos los católicos, es normal que los fieles, en la Iglesia, pongamos el grito en el cielo cuando ésta decide pagar las indemnizaciones por los abusos de algunos de sus miembros, con el dinero de todos los fieles. ¡No hay derecho! Eso es un abuso, un atropello. Eso es mutualizar el pecado. Como si hubiese sido la Iglesia en su totalidad la que ha cometido los abusos. Así que, a pagar todos por igual. Y los abusadores, tan frescos y tan campantes. ¡Ya vale!, ¿no?
ResponderEliminarSi iniquidades observaveris, Domine, quis sustinebit?
EliminarVulgarmente llamado comunismo. Lo bueno para mí y lo malo, lo repartimos que es bueno solidarizarnos y ayudarnos unos a otros. Comunismo del peor.
EliminarLos que se van de rositas no son sólo los abusadores, sino también sus encubridores. Eso es lo más doloroso. Y los fieles, a pagar y a callar.
ResponderEliminarObispos maniatados los hay pero aquéllos que callan y conniven con el mal recibirán su justo castigo
EliminarTotalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
EliminarHoy más que siempre!!! 😞
Clérigos de esos, frescos y campantes, en la misma Barcelona hay unos cuantos....
ResponderEliminarSi se arrepienten, reconocen el mal hecho y llevan una vida de reparación debemos perdonar pero no perdonar a quien lleno de orgullo y mal lo escampa, lo predica, lo protege o no lo combate. No hay perdón sin justicia.
EliminarSi Usted lo dice.
EliminarYa está bien de calumnias, desprestigiar, y despreciar gratuitamente al colectivo de los sacerdotes.
El que haya alguna manzana podrida no da derecho a clasificar a todos por igual.
Yo soy testigo en mi parroquia del trabajo pastoral y ministerial de los dos sacerdotes que hay. Son servidores, entregados, trabajadores, y preocupados para que la parroquia funcione tanto pastoralmente, como materialmente.
Y aunque ellos no lo dicen a pesar de la burocracia del Arzobispado, y del nuevo invento de las Comunidades Pastorales.
Muchas Gracias mossens de mi parroquia por todo especialmente por vuestra entrega y generosidad.
Dios os bendiga a los dos.
La controversia sobre la “misericordia a los pedófilos”: la carta del papa León XIV y el artículo de Stefano Feltri
ResponderEliminarI. Introducción
Veo que este interesante artículo se remite a un documento del 25 de marzo de 2026, el periodista italiano Stefano Feltri publicó en su newsletter Appunti un artículo titulado «Il Papa promette misericordia ai pedofili» («El Papa promete misericordia a los pedófilos»). Firmado junto con Giorgio Meletti y Federica Tourn, el texto se basa en una carta enviada ese mismo día por el papa León XIV a la Iglesia de Francia. Una reacción muy rápida.
El artículo ha suscitado un intenso y rápido debate en amplios sectores católicos, especialmente entre quienes defienden una concepción rigurosa de la moral y la disciplina eclesiástica.
La controversia afecta al núcleo de una tensión nunca plenamente resuelta: la que existe entre dos dimensiones fundamentales de la respuesta de la Iglesia ante los abusos sexuales cometidos por sacerdotes:
- la sacramental de la Confesión, con perdón, reserva y secreto,
- la jurídico-canónica de tipo penal, con juicio público y sus graves sanciones
...
II. Contexto histórico: las respuestas de Juan Pablo II y Benedicto XVI ante los abusos
A. Juan Pablo II
Cuando estalló el primer gran escándalo mediático en 2002 (investigación Spotlight de Boston), Juan Pablo II ya había adoptado medidas importantes. En 2001 promulgó el motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela, que reservó los delicta graviora —entre ellos los abusos a menores— a la Congregación para la Doctrina de la Fe y endureció el marco canónico. En 2001 y 2002 expresó públicamente su profundo dolor y pidió perdón explícito a las víctimas, afirmando que «no hay lugar en el sacerdocio ni en la vida religiosa para quienes dañan a los jóvenes» (discurso a los cardenales de Estados Unidos, Roma, 23 de abril de 2002).
B. Benedicto XVI
Benedicto XVI continuó y profundizó esta línea con mayor determinación. Como prefecto de Doctrina de la Fe y luego como Papa, impulsó la laicización de centenares de clérigos, endureció los plazos de prescripción, fomentó la cooperación con la justicia civil y se reunió personalmente con víctimas. Su pontificado se caracterizó por un énfasis claro en la justicia y la protección de los fieles, sin presentar la misericordia como alternativa al castigo.
Especialmente significativa fue su Carta Pastoral a los Católicos de Irlanda (19 de marzo de 2010), en la que dirigió duras críticas tanto a los abusadores como a los obispos:
a) a los primeros, los presbíteros, les recordó que «habéis TRAICIONADO la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres»;
b) a los segundos, los obispos, les reprochó que durante decenios, han tenido:
i. graves fallos en la aplicación del derecho canónico,
ii. «errores de juicio» y
iii. «fracasos de liderazgo».
Esta carta marcó un punto de inflexión por su tono exigente y su rechazo explícito al encubrimiento.
Este contexto histórico es clave: mientras Juan Pablo II y, sobre todo, Benedicto XVI priorizaron la represión penal y la protección de las víctimas, la carta de León XIV ha sido interpretada por algunos como un desplazamiento hacia la misericordia pastoral sin justicia, un amor sin verdad, una fe sin razón, una especie de "sigan pecando, sigan robando, que a todos vamos indultando", como hizo Sánchez en España con el golpe de Estado de Junqueras y Puigdemont: "delincan que saldrán, el Código Penal nos lo pasamos por el arco triunfal".
Existe por ello, según Benedicto XVI, una doble vía bien diferenciada en la Iglesia:
ResponderEliminar1º) La misericordia de la confesión (plano sacramental), y se refiere al perdón del pecado ante Dios. Es posible incluso para el pecado más grave (incluida la pedofilia), siempre que haya arrepentimiento sincero, confesión y firme propósito de enmienda. Esta misericordia es privada y pertenece al fuero interno (entre el pecador y Dios).
2º) La justicia y verdad del proceso penal (plano canónico): se refiere al delito (no solo al pecado) más la sanción y la reparación.
La Iglesia tiene obligación de investigar, juzgar y aplicar sanciones proporcionadas (suspensión, laicización, etc.) según los cánones 1395 §2, 1398 §1, etc.
Aquí no basta con la misericordia: debe primar la justicia, la verdad, la protección de las víctimas y el bien común de la Iglesia (¡la Fé de la Iglesia, según Benedicto XVI, debe de ser defendida como bien supremo!, junto con las garantías procesales del acusado, siempre derechos humanos fundamentales).
- La clave del debate actual
Lo que critica Stefano Feltri y los sectores tradicionales es que, según ellos, la carta del papa León XIV enfatiza excesivamente la primera (misericordia hacia el agresor como pecador) y debilita la segunda (la aplicación firme de la justicia canónica).
En términos sencillos:
- Confesión = Misericordia y perdón del pecado (si hay verdadero arrepentimiento).
- Proceso penal canónico = Justicia, verdad, sanción y reparación (debe aplicarse aunque haya confesión y perdón sacramental).
Las dos cosas no se excluyen, pero tampoco se confunden. El problema surge cuando una parece sustituir o suavizar a la otra
...
III. El doble enfoque del Derecho Canónico ante los abusos sexuales
A. El plano sacramental: el sacramento de la Penitencia
La doctrina católica enseña que cualquier pecado, por grave que sea, puede ser perdonado por Dios en el sacramento de la Penitencia, siempre que se cumplan las condiciones establecidas en el Código de Derecho Canónico (CIC):
Fundamento normativo
a) Can. 959: «En el sacramento de la penitencia, los fieles que confiesan sus pecados a un ministro legítimo, arrepentidos de ellos y con propósito de enmienda, obtienen de Dios el perdón de los pecados cometidos después del bautismo, mediante la absolución dada por el mismo ministro, y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron al pecar».
b) Can. 960: La confesión individual e íntegra y la absolución constituyen el único modo ordinario por el que un fiel consciente de hallarse en pecado grave se reconcilia con Dios y con la Iglesia.
c) Can. 987: El penitente ha de estar dispuesto a rechazar los pecados cometidos y a tener propósito de enmienda.
d) Can. 988 §1: Existe obligación de confesar todos los pecados graves según su especie y número.
e) Este perdón tiene carácter espiritual y privado. No exime al penitente de las consecuencias civiles ni canónicas.
f) El sigilo sacramental es absoluto e inviolable (can. 983 §1).
---
B. El plano de la justicia canónica: el delito y su castigo
Los abusos sexuales a menores constituyen, además de un pecado, un delito grave tipificado en el Código de Derecho Canónico. En este ámbito, la Iglesia actúa como institución jurídica y debe aplicar sanciones proporcionadas. Si no me equivoco, ésta es la regulación.
1. Delitos específicos según la reforma de 2021
a) Can. 1395 §2: Debe ser castigado con justas penas, sin excluir la expulsión del estado clerical si el caso lo requiriese, el clérigo que cometa un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo con un menor de 18 años o con una persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón.
b) Can. 1395 §3: Establece agravantes cuando el delito se comete mediante violencia, amenazas o abuso de autoridad.
c) Can. 1398 §1: Prevé sanciones equivalentes para los miembros de institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica que cometan los mismos delitos contra menores o personas con uso imperfecto de la razón.
2. Normas complementarias
ResponderEliminara) El motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela (2001, modificado en 2010 y 2021) reserva estos delicta graviora a la competencia exclusiva del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
b) La apertura del proceso penal se rige por el can. 1341 (agotamiento previo de las vías pastorales cuando sean suficientes) y el can. 1347 (amonestación previa antes de imponer penas ferendae sententiae).
...
IV. La remisión de penas y el posible indulto o gracia papal
A. Distinción conceptual
El Derecho Canónico no contempla una amnistía general que extinga el delito con efectos retroactivos.
Regula, en cambio, la remisión de penas (remissio poenarum) y la gracia o indulto papal, que es un acto singular de misericordia del Romano Pontífice.
B. Normativa aplicable
1. Remisión ordinaria de penas
a) Can. 1354 §1: Todos los que pueden dispensar de una ley penal pueden también remitir la pena correspondiente.
b) Can. 1355 §1: Pueden remitir una pena ya impuesta el Ordinario que promovió el juicio o el Ordinario del lugar.
c) Can. 1358: La remisión de una censura solo procede cuando el reo ha cesado en su contumacia.
2. Indulto o gracia papal
a) Corresponde al Romano Pontífice la potestad de remitir cualquier pena, incluso las reservadas a la Sede Apostólica (cann. 331 y 1354).
b) El indulto no extingue el delito, sino que condona total o parcialmente la pena impuesta.
c) Debe respetar la reparación del daño y del escándalo (can. 1361 §4).
V. La carta del papa León XIV y el análisis de Feltri
ResponderEliminarA. Contenido de la carta
En su carta a los obispos franceses, el papa León XIV insistió en la necesidad primaria de atender a las víctimas de abusos. En ese contexto añadió —según el texto citado por Feltri— que los sacerdotes culpables «no queden excluidos de esta misericordia» y que sean objeto de «reflexiones pastorales».
B. Interpretación de Feltri
Stefano Feltri no cuestiona la ortodoxia literal de las palabras papales, sino que la carta no es completa ni trata el tema de manera holística, multidimensional e integral (juicio penal y sacramentos de la confesión), y se da un inaceptable riesgo peligroso del desplazamiento de acento que revela la carta (manga ancha, dos varas de medir) y sus posibles consecuencias prácticas.
- Su argumento central: la carta opera un sutil pero significativo cambio de paradigma: mientras las respuestas de Juan Pablo II y Benedicto XVI privilegiaron la justicia canónica y la protección de las víctimas como prioridad absoluta, la formulación actual presenta a los abusadores primordialmente como «pecadores» merecedores de misericordia pastoral.
- Lo importante: Feltri sostiene que, al enfatizar la misericordia sin mencionar con igual fuerza el deber inexcusable de aplicar las sanciones canónicas previstas "en verdad y justicia" (cann. 1395 y 1398), la carta se interpreta como un mensaje tranquilizador dirigido a los clérigos culpables y a los obispos responsables de juzgarlos.
El resultado "sugerido" sería una aplicación más laxa o selectivamente indulgente de la justicia penal eclesiástica, algo inaceptable del todo, una conclusión inexcusable y carente de justicia, verdad, Fé, razón y amor, con gran escándalo, confusión y peligro para la salvación de las almas.
En definitiva, denuncia el riesgo de que la misericordia pastoral acabe funcionando como una amnistía moral de facto, subrepticia, con subterfugios misericordiosos, atentatorios a la verdad y la justicia, en el fuero externo.
...
VI. La crítica de Fieltri desde la perspectiva canónico-tradicional
Desde posiciones católicas tradicionales se han formulado objeciones particularmente contundentes contra la carta de León XIV.
Se acusa de 3 graves errores al pontífice León XIV por haber roto la línea de continuidad con Benedicto XVI y de haber introducido un retroceso peligroso que:
a) Reduce el pecado gravísimo de la pedofilia clerical a una mera debilidad moral resoluble con «reflexiones pastorales», minimizando la gravedad objetiva del crimen y la obligación de aplicar las penas canónicas.
b) Invierte el orden de prioridades: coloca la misericordia hacia el agresor por encima de la justicia debida a la víctima, repitiendo el esquema de encubrimiento que Benedicto XVI condenó con dureza en su carta a Irlanda («habéis traicionado la confianza depositada en vosotros»).
c) Envía un mensaje equívoco a toda la Iglesia: que la misericordia puede sustituir o atenuar la justicia canónica, lo que equivale, según esta visión, a una forma solapada de indulto moral que erosiona la autoridad del derecho eclesiástico y perpetúa la cultura de la impunidad.
En síntesis, para Fieltri y para cualquier católico, la carta de León XIV no corrige los errores del pasado, sino que los agrava al desplazar el centro de gravedad desde la protección de las víctimas y el castigo del delito hacia una misericordia difusa que, sin arrepentimiento real ni penitencia efectiva, se convierte en una nueva forma de escándalo.
VII. Conclusión
ResponderEliminarNo hay ningún indulto general ni decreto de amnistía que extinga las penas canónicas de los sacerdotes culpables de abusos. Lo que realmente se debate es el espíritu con el que deben aplicarse unas normas claras y vigentes
La doctrina canónica clásica exige que ambas vertientes avancen unidas:
a) la confesión sacramental perdona el pecado ante Dios (cann. 959-988)
b) la justicia canónica debe castigar el delito con la gravedad prevista (cann. 1395 §2-3 y 1398 §1) para proteger a la Iglesia y a las víctimas, de otro lado,
c) la remisión de penas o indulto papal (cann. 1354-1361) son instrumentos legítimos cuando se aplican caso por caso y tras la debida reparación, pero no pueden convertirse en el tono predominante de la respuesta institucional ante uno de los mayores escándalos de la historia reciente de la Iglesia: un indulto o amnistía general indiscriminado
El debate abierto por el artículo de Feltri trasciende la mera lectura periodística: es una pregunta de fondo sobre qué imagen de la Iglesia transmite la voz de su pastor supremo, León XIV, cuando habla de quienes han traicionado de la manera más grave el ministerio que recibieron
BENEDICTO XVI Y LA IGLESIA DE IRLANDA 2010
Lo dijo muy claro Benedicto XVI en la Carta a la Iglesia de Irlanda (19 marzo 2010), fue una de las intervenciones más duras y directas de un papa sobre el escándalo de los abusos, y fue el punto de inflexión por su tono firme, su atención a las víctimas y su exigencia de justicia
Benedicto XVI no se anduvo con rodeos y dirigió palabras muy fuertes a tres grupos:
1. A las víctimas y sus familias
Reconoció explícitamente el sufrimiento: «Habéis sufrido de manera atroz y os pido perdón por el daño que se os ha causado.» Les expresó su cercanía y les dijo que el dolor que sufrieron es «indescriptible»
2. A los sacerdotes y religiosos abusadores
Fue extremadamente directo: «Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Habéis traicionado vuestra consagración y habéis traicionado a vuestros hermanos en el ministerio.» Les recordó que deben responder ante Dios y ante la justicia
3. A los obispos y superiores
Reproche duro y severo en su irresponsabilidad: «Algunos de vosotros y de vuestros predecesores habéis fallado, a veces gravemente, en la aplicación de las normas del derecho canónico.» «Se cometieron graves errores de juicio y fracasos de liderazgo.»
Les acusó de haber antepuesto la reputación de la Iglesia a la protección de los niños y de haber encubierto los abusos
Benedicto XVI habló claramente de «actos pecaminosos y criminales» y de la «vergüenza y humillación» que todo esto ha causado a la Iglesia
- Benedicto XVI no se limitó a pedir perdón, propuso medidas concretas de reparación:
1. Visita Apostólica (investigación vaticana) a varias diócesis y seminarios de Irlanda para evaluar la situación y corregir fallos
2. Un Año de Penitencia y Reparación (de Pascua 2010 hasta Pascua 2011)
3. Adoración eucarística en todas las diócesis
4. Oración y penitencia para reparar los pecados de abuso
5. Invitación a todos los fieles a participar en actos de reparación
6. Exigió a los obispos reconocer plenamente la verdad de lo ocurrido: cooperar plenamente con las autoridades civiles
7. Aplicar con rigor las normas canónica: la expulsión del sacerdocio si procede
8. Poner en el centro la protección de los niños y la atención a las víctimas
- La carta de Benedicto XVI fue dura porque:
1. No minimizó los abusos, los llamó pecados y crímenes
2. No protegió a los obispos, los criticó abiertamente por encubrimiento y mala gestión
3. Puso a las víctimas en primer lugar
4. Exigió justicia + penitencia + reparación real, NO SÓLO PALABRAS
Esta carta se recuerda precisamente por su equilibrio entre misericordia (hacia las víctimas) y justicia (exigida a los culpables con garantías procesales y a los responsables eclesiásticos), y en defensa de la Fé, en contraste con lo que muchos perciben en textos más recientes.
https://myemail.constantcontact.com/Kolbe-Report-4-11-26.html?soid=1104055316121&aid=31gHRHZNGfg
ResponderEliminarUsted y su Kolbe center...De pedófilos y mala gente nos dice algo? De la infiltración homosexual y judeo-masonica nos dice algo?
ResponderEliminarAnónimo e 8:30: Ya estoy harto de hablar de pedófilos y se ve que usted no me ha leído. Precisamente el Kolbe Center es la solución a los pedófilos que la Iglesia saldría en primera plana con los temas de Kolbe Center y no con los temas de pedófilos. Ya estoy harto de desarrollar esta teoría.
EliminarOccidente está en un gran decadencia desde finales de la II GM...pareció muy bueno la liberación de las garras del nazismo pero 80 años después...esto es un erial..la destrucción leninista infiltrada por doquier, las perversiones normalizadas y..cuando el caso Epstein salga a la luz más de un bobalicón verá bien claro la mentira y engaño en el que hemos vivido. León XIV si amnistía a pedófilos y no expulsa a los curiales homosexuales nefandos no estará a la altura de la dignidad de su cargo
ResponderEliminarEl encanallamiento de algún pederasta, de acuerdo con el relato de las víctimas, no debe dejar en segundo plano los otros pequeños cuya ofensa denunció con dureza el Señor. Me refiero a los abortados.
ResponderEliminarSe achaca a la Iglesia española que no haya reaccionado con celeridad a los casos de abuso sexual. No es menor el caso de los abortados cuyo silencio clama al cielo. Con una desfachatez por parte del sujeto , Illa, y un silencio atronador por parte de sus protectores Omella y Planellas, dice el político que él defiende el humanismo cristiano. Nada menos. Uno pensaba que el grado de encanallamiento tenía su límite. Pero no. Y Omella callado. Y Planellas callado. Illa arropaba a la candidata socialista a la Junta que acababa de defender el aborto criminal y su idea de blindarlo en la Constitución. Illa extendió el tiempo del asesinato, como he repetido en alguna ocasión las revistas de primera fila se hicieron eco de la investigación que mostraba la pervivencia extra uterum de infantes que Illa había declarado eliminables. Ahora, por la puerta de atrás, dan otra vuelta de tuerca. Y Omella, de vinos con Illa. Y Planellas sentenciando aplaudiendo por demócratas esos grupos, no como otros que se atreven a defender los pequeños del Señor.
Hemos de acostumbrarnos a leer los cargos contra la Iglesia de El País, La Vanguardia, El Punt o Ara. Van a piñón fijo. A pasar por alto juicios de valor sectarios, como los del antiguo director del diario del Conde que cobra su vesania contra determinada formación con su cooptación para un elevado cargo de Telefónica. Es propio de la villanía de la condición humana. Los salmos responsoriales del tiempo de Cuaresma hablaban de las asechanzas continuas de los enemigos de Israel. Con eso hemos de contar.
Pero no podemos silenciar la agresión física y moral contra niños, nonatos, vulnerables y ancianos. No he oído ni una sola voz contra esa contumacia de Illa y los suyos en acabar con la vida de los indefensos. Ni contra ese perversión de hacerse pasar por humanista cristiano. Nada menos. Y Omella, de vinos con Illa. Y Planellas bramando en su incuria teológica y sectarismo contra quienes andan lejos de su separatismo. Bramando... desde La Vanguardia.
Illa y Collboni van de "simpáticos" pero si agenda está llena de miseria. Tristes Omella u Planellas en su callar
ResponderEliminarSupongo que los trumpistas de esta pagina G.G estan escandalizados del blasfemo Trump y anticatolico. Me imagino que ustedes ya pediran que sea anatematizado.
ResponderEliminarVenga a ver o ahora tampoco son del Papa León.
El cartelito de marras del Trump asemejándose a Jesús es blasfemo. Un tipo que se pone encima del bien y el mal, psicópata o anticristo. Eso sí, aléjese León de esos malos cardenales de los USA que van de amiguetes de Obamas y Bidens. Trump ha venido a crear caos, ni izquierda ni derechas, busca gestionarlo. León debería aclararnos el tema de la "renuncia" BXVI que sabemos que fue Papa..sobre FI y LXIV pues nada claro
ResponderEliminarNo sólo el cartelito. Las masacres que organiza son siplemente criminales. Y el "católico" Vance se atreve todavía a censurar al Papa.
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