La Glosa Dominical de Gérminans: OVEJAS QUE NO SON TONTAS

4
 
Por esta vez voy a mostrar mi desacuerdo. Ser oveja (o borrego) siempre es sinónimo de la incapacidad para razonar por ti mismo, de individuar una meta, de emprender un camino valiente, inédito, de fantasía. No estoy de acuerdo. Y por esta vez decido cambiar: este no es el domingo del Buen Pastor, sino el domingo de las ovejas. Mira el evangelio: habla del redil con la misma delicadeza con la que habla del Templo, quizás mayor: no como dormitorio-corral de las ovejas y de las ideas. Un lugar de encuentro en el que se dan cita las ovejas y su Pastor. Que al menos por esta vez posee una característica peculiar: “Las ovejas escuchan su voz (…) lo siguen porque conocen su voz”. Extraño oficio el del Pastor. Anómalo y delicado: donde no llega el cayado, entra en juego la voz. Cosas que a nosotros hoy nos dice bien poco. La de Cristo Pastor en cambio, es una voz nítida y directa: “Todos aquellos que vinieron antes de mí, son ladrones y bandidos”. Tanto que las ovejas, que no son tontas “no los escucharon”. ¡Qué bomba!
En algunos lugares los pastores se lamentan de que el rebaño no les escucha. También el rebaño se lamenta, y a veces con mucha razón, de que no perciben la voz del pastor. ¿Es sólo cuestión de moda o de cambio social? La solución la tenemos en el relato de los Hechos de los Apóstoles cuando afirma que a la gente, después de escuchar a Pedro “se les traspasó el corazón”. ¡Y sólo con oírle hablar! No tras obrar, maniobrar, proyectar, etc… Hablar: simple y apasionadamente, con recta intención y verdad. Como en aquel atardecer que llenó de emociones el camino de aquellos discípulos de Emaús: el corazón se les abrasaba mientras conversaban con el Resucitado. Esta es la razón por la que los discípulos de Pedro se movilizan en seguida: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? ¡Lo mismito que sucede en nuestras celebraciones!

Hablo hoy a mis hermanos en el sacerdocio y a las vocaciones sacerdotales: las ovejas no son tontas. Corren si hay una voz que les enciende el paso. No podemos usar palabras para ellos agotadas, incapaces de abrasarles el corazón, de agitar su respiración. No podemos tener el rostro apagado, la sonrisa helada, una encajada de manos que aleja, un gesto calculado, las palabras sopesadas y pesadas, la mirada opaca, la boca que mastica fórmulas, la actitud envarada. A veces los pastores somos gente de palabras descontadas, previsibles, recicladas, fotocopiadas, estrechas. Sé que muchos diréis: ¡Él era Cristo! Él para hacerse reconocer ha llorado, gritado y hablado. Ha gozado, temblado y exultado. Se ha conmovido; por miseria, por amistad, por perfumes. Ha pedido ayuda, atención, jornadas.  Ha movido corazones, almas, cerebros. Se ha recostado sobre la mesa del mundo para encontrar, abrazar, ayudar. Ha tenido miedo. Ha pedido cercanía. Se ha hundido.
Para hacerse reconocible no se ha avergonzado de ser hombre. Como los pastores que huelen a oveja, que pacen palabras que como milagrosamente renacen de manera continua. Palabras parecidas a las conchas dentro de las que resuena el eco de la voz del mar. Con pastores que no se lamentan, que como Pedro tendrán que responder a una pregunta que vale un atestado de amor: ¿Qué debemos hacer? Es decir que la Palabra ha conmovido, asombrado, desgarrado. Levantado, humillado, maltratado. ¡Qué satisfacción para el pastor: la oveja levanta el lomo y quiere encontrar el camino! Ha nacido en ella la añoranza del sendero. Por suerte que son ovejas. Pero no tan extremamente “ovejas “como para confundir autoridad como rango de mando o autoridad como ascendente. ¡Fin de un cierto tipo de pastoreo: el de los mercenarios!
Mn Francesc M. Espinar Comas
Párroco del Fondo de Santa Coloma de Gramenet

Entradas que pueden interesarte

4 comentarios

  1. Excelente. Cierto que vivimos un periodo involutivo y mediocre en políticos, Papas -Francisco I y León XIV- y en arte y cultura, pero hay que confiar en Jesús, muchas crisis han habido en la historia.

    El camino de Emaús: cuando el corazón vuelve a arder tras el momento del gran fracaso

    Dos personas caminan hacia Emaús después de la crucifixión. Llevan tres años siguiendo a alguien en quien habían puesto toda su esperanza. Y ese alguien acaba de morir en la cruz de la manera más humillante posible.

    En su interior solo hay un pensamiento: nos equivocamos. El futuro que habían imaginado, el reino que esperaban, la transformación que creían posible, todo eso se ha derrumbado. Sus corazones están cerrados, pesados, mirando al suelo. Caminan hacia adelante porque no saben qué otra cosa hacer.

    Es el fracaso más absoluto que han conocido. Y, sin embargo, es exactamente en ese momento cuando ocurre todo.

    ---

    El desconocido que se une al camino

    Aparece un caminante que se une a ellos. No se presenta. Tampoco da argumentos. Ni les dice que están equivocados, para nada que deben cambiar de actitud.

    Simplemente hace una pregunta: ¿de qué habláis?

    Eso es todo al principio. Una pregunta que les invita a vaciarse, a sacar fuera todo lo que llevan dentro. Y ellos lo cuentan todo: la esperanza, el fracaso, la tumba vacía que no comprenden, los rumores de resurrección que no se atreven a creer.

    Lo primero que hace el desconocido es escuchar. En absoluto interrumpe. En nada corrige. Deja que el peso salga.

    ---

    Qué fue lo que resonó

    Entonces el desconocido empieza a hablar. Y aquí ocurre algo que los dos discípulos describirán después con una imagen que no han olvidado dos mil años:

    - ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?

    ¿Por qué ardía?

    Ardía no porque les diera información que ignoraban. Ni ardía porque resolviera un problema intelectual. Lo que el desconocido hacía era algo más profundo:

    - recorrer con ellos las Escrituras desde el principio, desde Moisés y los profetas, mostrándoles que todo lo que había ocurrido, la pasión, la muerte, el aparente fracaso, nunca era el final de una historia sino el cumplimiento de otra mucho más antigua.

    Les estaba recordando lo que ya sabían pero habían dejado de ver.

    Durante tres años habían escuchado a Jesús hablar del Reino, habían visto sus milagros, habían recibido su enseñanza. Todo eso estaba dentro de ellos. Pero el peso del viernes santo, el miedo, la decepción y la desesperanza lo habían sepultado bajo una capa de dolor tan gruesa que ya no podían acceder a ello.

    Las palabras del desconocido no añadían conocimiento nuevo sino que recordaba conocimiento que ahora era integrado en Jesús.

    Iban disolviendo esa capa de dolor capa a capa, dejando emerger lo que ya estaba depositado en su interior.

    Por eso ardía el corazón: no porque recibiera algo exterior, sino porque reconocía algo propio que había estado dormido.

    Es la diferencia entre encender una vela en una sala oscura y descorrer las cortinas para que entre la luz del sol que siempre estuvo fuera. El desconocido descorrió las cortinas.

    ---

    La vela que enciende otras velas

    Hay algo en este relato que merece atención especial. El desconocido fue a Jerusalén a hablar, pero no ante las multitudes, jamás convocó una asamblea, menos aún eligió a los líderes del movimiento.

    ResponderEliminar
  2. Eligió a dos personas anónimas en un camino secundario.

    Solo dos personas. Pero esas dos personas, en cuanto reconocieron al Señor, no se quedaron en la posada. El texto dice que se levantaron "en esa misma hora" y volvieron corriendo a Jerusalén, con la noche ya encima, a contar lo que habían vivido. Y ese testimonio encendió a otros. Y esos otros a otros más.

    El cambio grande no empezó por arriba ni por el centro. Empezó por dos personas derrotadas en un camino polvoriento cuyo corazón empezó a arder.

    ---

    El gesto que lo confirmó todo

    Llegaron a la posada. El desconocido iba a seguir de largo. Ellos le pidieron que se quedara:

    - Quédate con nosotros, que anochece y el día ya ha declinado.

    Y en la mesa, al partir el pan, le reconocieron.

    No le reconocieron mientras caminaban, aunque el corazón ya ardía. Le reconocieron en el gesto más simple y cotidiano: partir el pan. Y aquí está la clave que une la palabra con la certeza de la Resurrección.

    Durante el camino, la palabra había preparado el terreno. Las Escrituras explicadas por el propio Jesús resucitado habían ido abriendo la inteligencia y calentando el corazón.

    Pero el reconocimiento definitivo, la certeza que no dejaba lugar a dudas, llegó a través de un gesto que solo podía pertenecer a Él.

    Habían visto ese gesto antes.

    Lo habían visto en la multiplicación de los panes. Lo habían visto en la última cena. Ese modo preciso y único de tomar el pan, pronunciar la bendición, partirlo y dárselo era inconfundible.

    La palabra había dispuesto el corazón. El gesto eucarístico cerró el reconocimiento.

    Y en ese instante desapareció de su vista. No necesitaba quedarse más.

    - Lo que tenían que ver, ya lo habían visto.

    - Lo que tenían que recordar, ya lo recordaban.

    - Lo que tenían que anunciar, ya lo llevaban dentro encendido.

    ---

    El mensaje que llega hasta hoy

    El relato de Emaús no es solo la historia de dos discípulos del siglo primero. Es la descripción de cómo actúa la Fé en cualquier momento de la historia, incluido el presente.

    El fracaso no cierra el futuro. La crucifixión parecía el colapso definitivo de toda esperanza. Era en realidad la apertura del acontecimiento más grande que nadie había imaginado posible. El mayor fracaso aparente de la historia se convirtió en el hecho que más ha transformado la humanidad en dos mil años.

    Nadie es demasiado pequeño para ser punto de inicio. Jesús resucitado no eligió a los poderosos ni a los que tenían influencia. Eligió a dos personas anónimas y derrotadas. La calidad del encuentro importó infinitamente más que el tamaño de los protagonistas.

    La palabra que enciende no es la que informa sino la que recuerda. Lo que ardía en el corazón de los dos discípulos no eran datos nuevos. Era el reconocimiento de una verdad que ya habitaba en ellos y que el dolor y el miedo habían oscurecido temporalmente. La misión de quien anuncia el Evangelio no es tanto dar información como encender lo que ya duerme en el corazón del oyente.

    Y finalmente: el camino precede a la mesa. La palabra abre el corazón; la Eucaristía lo sella.

    Emaús no es sólo una aparición del Resucitado. Es la estructura misma de cada Misa: primero la Liturgia de la Palabra que recorre las Escrituras y calienta el corazón, después la Liturgia Eucarística donde el gesto del partir el pan hace presente al mismo que caminó con ellos.

    Dos mil años después, el camino de Emaús sigue ocurriendo cada domingo en cualquier iglesia del mundo.

    ResponderEliminar
  3. Buen Pastor, buen conductor, buen... Eso es lo que pienso cuando se ordena a una persona en el ministerio, sea en el diaconado, presbiterado o episcopado. Yo no hablo de sacerdotes sino de diáconos, presbiteros y obispos. Algunos eliminan el presbiteros y ponen sacerdotes.
    Pues pienso: ¿será capaz de conducir a las ovejas que le van a encomendar? ¿Será un buen pastor? ¿Sabrá acoger a la oveja perdida o enferma? Claro, me diran ustedes: eso se aprende caminando, pero en este caso ese camino hay que hacerlo teniendo la capacidad para emprenderlo. En el seminario no se enseña esto. En el seminario te enseñan a "obedecer ciegamente al rector".Lo que dice él, va a misa con toda la profundidad de la expresión. Si no te gusta ya sabes el camino. No puedes opinar en contra, no puedes llevar la contraria al profesor en la facultad, no puedes argumentar tus puntos de vista porque es ESO o nada.
    Entonces, qué pastores necesita la iglesia de Cristo en Catalunya, en España, en Europa, en el mundo? Pues pienso que de la misma manera que te preparas para un oficio, este, también lo es y debes estar preparado, como gestor, como orador, como ecónomo, como médico, como enfermero, para curar, para hablar, para escuchar, etc. Ya saben a qué me refiero.
    Pues eso es lo que en muchas diócesis no ocurre. Obispos que leen unas homilias larguíiiiiiiiisimas. Que les importa un rábano lo que diga el Papa sobre las homilias largas. Que hay que predicar para mover el corazón y no el culo en el banco. Que no se preocupan de sus colaboradores. Que los tienen enfermos y en vez de visitarlos los llama por teléfono, es más cómodo, claro. No hijo, no... ves a verle, tomale las manos, acariciale, abrazalo... Y no lo hagas solo cuando haces la visita pastoral, SIEMPRE, SIEMPRE... Sal del despacho!
    Pero luego el papa malo es Francisco que dice que hay que oler a oveja, y eso no significa que ahora tomemos un gayato y nos vayamos a la montaña con un rebaño de 1000 ovejas merinas. No, repito: salir del mal llamado PALACIO, que no eres ni rey ni principe y acercarse a las parroquias, a los hospitales, a casa de los curas ancianos, a los barrios pobres y marginales, bajar del pedestal, eso es ser "pastor" y asemejarse a Jesús.
    El pastor, el cura de esos 12 pueblos que entre semana se pasea por ellos, va al bar a jugar a cartas con los parroquianos, se toma una cerveza con ellos y hablan de sus preocupaciones.
    Un pastor asi me gustaria en mi ciudad, sea el diácono, el cura o el obispo, me da igual, todos pueden predicar a Jesús con el ejemplo.
    Porque volviendo a lo de la preparación, son muchos los jóvenes que solo piensan en ponerse una sotana y un birrete para que los miren. Y luego hacen unas predicaciones que los que escuchan terminan diciendo: qué ha dicho? Grandes frases de teologia y mística. No, señores obispos y rectores de seminario: si uno no es capaz hay que ser valientes y decirle: hijo, buscate otro oficio.

    ResponderEliminar
  4. FATIMA 2020, película completa en YouTube https://www.youtube.com/watch?v=E197eMtgBws&t=6435s

    ResponderEliminar

ESCRITOS INTERESANTES ANTERIORES

ESCRITOS INTERESANTES ANTERIORES
Barcelona ya tiene todos los voluntarios para recibir a León XIV, faltan Madrid y Canarias
El Himno Nacional suena tres veces en Mataró al paso de las procesiones
La Conferencia Episcopal reacciona tarde al caso Noelia con un breve mensaje en redes
Los curas guapos. Un llamamiento a los sacerdotes que se están planteando tirar la toalla, contra la palabra que empeñaron.
¿Roselló refuerza su perfil en el horizonte sucesorio de Omella en Barcelona?
El papa León XIV se reunirá con los fieles el 9 de junio en el Estadi Olímpic
Diumenge de Resurrecció: un metge català explica lo que va passar
Estado de necesidad en la Iglesia rural
La muerte de un obispo
La colosal proporción de la cruz que corona la torre más alta de la Sagrada Familia comparada con un humano
El Papa ha puesto en marcha el proceso para nombrar los nuevos cargos de la Iglesia en España
El cardenal Omella cierra otra iglesia católica en Barcelona: la parroquia de la Villa Olímpica