¿Y SI FUESE UNA GUERRA DE RELIGIÓN?

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Una guerra confusa, muy confusa, sí que lo es, la guerra que han emprendido Israel y Estados Unidos contra Irán. Una guerra en la que el mal absoluto (personificado en la figura de Epstein, creada supuestamente por los servicios secretos de Israel) combate contra cualquier vestigio de bien que pudiera quedar en Occidente. Un segmento de la civilización que parece empeñado en su suicidio. De momento, el suicidio moral.
 
No olvidemos que la suprema razón de ser de toda religión, son las costumbres, es decir la moral de los pueblos. Es que los pueblos dependen mucho más de su moral, que de sus ejércitos y de su tecnología. Más, incluso, que de su economía. Instalados como estamos en una inmoralidad desbordada (a la que “acompañan”, misericordiosos, tantos en la Iglesia católica). Se trata de una inmoralidad promocionada activamente y blanqueada hasta donde les es posible, por los organismos internacionales. En eso andan la ONU la UNESCO, la FAO, la OMS y tantas otras dedicadas supuestamente al bien de la humanidad. Pero he aquí que lo que se despliega ante nuestros ojos atónitos, es lo más parecido a una lucha del Mal contra el Bien. Pero en este revoltijo, y con el gran despiste moral de que últimamente tantos hacen gala la Iglesia católica, no hay manera de saber quién es quién, porque su principal arma es el camuflaje: es decir, el engaño.
 
Porque en la línea de fuego de esta guerra, lo que hay es la defensa de nuestro bienestar (energía lo más barata posible) a costa de quien sea, y matando todo lo que haga falta para alcanzar esos fines. Como decía la canción rebelde de los 60: Haz mal y no mires a cuál.
 
Pero es que, aparte de la actual y evidentísima guerra por las fuentes de energía en el mundo (en primer lugar, petróleo y gas natural; y a continuación, uranio, litio y lo que se vaya ofreciendo), es evidentísima la guerra de religión. Sí, sí, en la guerra de Irán están chocando las tres grandes religiones que se disputan el poder en Occidente. Son las tres “Religiones del Libro”, que dice el Islam. Y es pertinente que nos preguntemos si tras esos evidentísimos intereses económicos, no estará maniobrando la pugna entre religiones: la religión cristiana subdividida básicamente entre católicos, ortodoxos y protestantes por una parte, la islámica subdividida entre chiítas y sunitas, y la religión judía subdividida entre ortodoxos de diverso pelaje y agnósticos. No olvidemos que el ateo-agnóstico Netanyahu, apela siempre que le viene de cara, a la promesa que hizo Yahvé a Abraham. 
 

Lo inquietante de todo este panorama no es únicamente la violencia geopolítica, ni siquiera la obscena disputa por los recursos que mueve a las grandes potencias como si fuesen titanes ciegos. Lo verdaderamente alarmante es que, bajo la superficie, late una batalla mucho más profunda, más antigua y más decisiva: la batalla por el alma del hombre occidental. Una batalla que ya no se libra en los templos ni en los concilios, sino en los parlamentos, en los medios de comunicación, en los algoritmos que moldean la opinión pública y, sobre todo, en la conciencia anestesiada de millones de ciudadanos que han renunciado a discernir entre el bien y el mal.
 
Porque si algo caracteriza a nuestra época es la renuncia al juicio moral. No la renuncia humilde del que reconoce su fragilidad, sino la renuncia soberbia del que decide que la moral es un estorbo para sus deseos. Y cuando una civilización renuncia a la moral, renuncia también a la religión que la sostuvo, y con ella renuncia a su identidad. De ahí que resulte tan fácil manipularla: basta con redefinir el bien y el mal según convenga a los intereses del momento. Hoy el bueno es Zelenski, mañana será Netanyahu, pasado mañana cualquier otro que convenga al relato. El bien ya no es una realidad objetiva, sino un producto de marketing.
 
En este contexto, no es descabellado pensar que lo que se libra en Oriente Medio y por extensión en todo el tablero global es también una guerra de religiones. No en el sentido medieval de cruzadas y medias lunas, sino en el sentido más profundo: una guerra entre visiones del hombre, entre concepciones de la verdad, entre modos de entender la vida y la muerte. Una guerra entre quienes aún creen que existe un orden moral inscrito en la naturaleza humana y quienes sostienen que el hombre es dueño absoluto de sí mismo, sin más límite que su voluntad.
 
Y aquí es donde Occidente aparece como el gran enfermo. Porque mientras las otras civilizaciones la islámica, incluso la china o la hindú mantienen, con mayor o menor coherencia, un núcleo moral que les da cohesión, Occidente ha decidido dinamitar el suyo. Ha sustituido la ley natural por la ley del deseo, la tradición por la ingeniería social, la religión por la ideología, la verdad por la opinión. Y lo ha hecho con una alegría suicida, convencido de que puede sostener su prosperidad material sin sostener antes su alma.
 

Los clérigos, que deberíamos ser faro en medio de esta tormenta, atravesamos una especie de crisis de identidad que nos vuelve incapaces de ofrecer una palabra clara. En lugar de recordar al mundo que sin Dios el hombre se pierde, parecemos empeñados en acompañarlos en su extravío, no vaya a ser que nos tilden de rígidos. Y así, mientras las potencias juegan a dioses y los organismos internacionales dictan dogmas laicos con pretensiones de infalibilidad, los católicos callamos o balbuceamos cosas ininteligibles. Y cuando la Iglesia calla, otros hablan en su lugar.
 
Por eso, quizá la pregunta que deberíamos hacernos no es si esta guerra es o no una guerra de religión, sino qué religión está realmente en guerra. Porque puede que no estemos ante un conflicto entre cristiano-judíos y musulmanes, sino ante algo más sutil: un conflicto entre la religión del hombre que se sabe criatura y la religión del hombre que se cree creador. Entre la religión que reconoce un orden moral objetivo y la religión que proclama que todo es relativo. Entre la religión que adora a Dios y la religión del hombre que se adora a sí mismo.
 
Si esto es así y cada día parece más evidente, entonces la batalla no se libra en Teherán, ni en Tel Aviv, ni en Washington. Se libra en nuestras casas, en nuestras escuelas, en nuestras parroquias, en nuestros corazones. Se libra cada vez que aceptamos sin resistencia la redefinición del bien y del mal que hace el poder continuamente. Cada vez que renunciamos a la verdad para no incomodar al que manda. Cada vez que preferimos la comodidad a la coherencia. Cada vez que nos dejamos arrastrar por la corriente dominante sin preguntarnos adónde nos lleva.
 
Y es aquí donde Occidente se juega su futuro. No en los campos de petróleo, ni en los acuerdos comerciales, ni en los pactos militares. Se lo juega en su capacidad o incapacidad de recuperar una moral que no dependa de los intereses del momento, sino de la verdad permanente sobre el hombre. Una moral que no se vote en los parlamentos ni se negocie en los despachos, sino que brote de la ley inscrita por el buen Dios en el corazón humano. Es precisamente ahí donde nos jugamos nuestro futuro.
 
Si Occidente no recupera esa moral, podrá ganar todas las guerras económicas, tecnológicas o militares que quiera, pero habrá perdido la única batalla que importa: la batalla por su alma. Y un Occidente sin alma no será derrotado por Irán, ni por Rusia, ni por China. Será derrotado por sí mismo.
 
Tal vez, después de todo, la pregunta inicial no era retórica. Tal vez sí que estamos ante una guerra de religión. Pero no entre religiones distintas, sino entre la religión verdadera y sus sucedáneos. Entre la fe que salva y las ideologías que esclavizan. Entre la luz y la sombra.
 
Y como siempre, la victoria dependerá de si somos capaces de reconocer el bien y abrazarlo, aunque cueste la vida. Porque lo que está en juego no es el control del petróleo ni la hegemonía global. Lo que está en juego es el destino moral de nuestra civilización. Y ese destino, nos guste o no, se decide en el terreno de la religión.
 
Custodio Ballester Bielsa, Pbro.
www.sacerdotesporlavida.info

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15 comentarios

  1. Para empezar según los estudiosos judíos de las Escrituras, Cristo es un "don nadie", aquí la prédica https://www.facebook.com/reel/1996675481198808

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    1. La ignorancia es muy atrevida.
      A estas alturas de la historia afirmar eso de Cristo es una memez

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    2. Sr. Silverio, los Judíos nunca han aceptado a Nuestro Señor como El Mesías.

      Y algunos de los nuestros, grandes jerarcas por supuesto, llamándoles NUESTROS HERMANOS MAYORES.

      POR FAVOOORRRR!!!!

      INÚTILES!

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  2. Dune, Israel, Irán, monarquías arábigas, Occidente (1)20 de marzo de 2026 a las 4:08

    Es un artículo realmente atrayente y cautivador, de trasfondo complejo e intrincado, donde se entrecruzan vertientes chiita, judía y protestante como racimos de cerezas. Solo ofrezco aquí un enfoque estrictamente constitucional e histórico, ya tratado por numerosos especialistas.

    Por cierto, El concepto del Mahdi —el mesías escatológico islámico que restaurará la justicia y eliminará la tiranía antes del Día del Juicio— encuentra un reflejo literario notable en la saga DUNE de Frank Herbert.

    El autor se inspiró explícitamente en el islam, el judaísmo y el cristianismo: Paul Atreides es reconocido por los Fremen —pueblo cuyo léxico y cultura remiten al mundo árabe— de Arrakis —evocación de Arabia— como figura mesiánica dotada de presciencia. Herbert tomó el término Mahdi directamente del vocabulario islámico, junto con otros como Lisan al-Gaib o Shari-a.

    Conviene precisar, sin embargo, que el Mahdi literario de Herbert no remite específicamente a la teología chiíta duodecimana, sino al mesianismo islámico en sentido amplio, presente también en la tradición sunní.

    El Imam Oculto del chiísmo duodecimano iraní de Jomeini, Muhammad al-Mahdi, duodécimo imán nacido en 869 d.C., en «ocultación» desde 874 d.C. hasta su reaparición final, es una figura teológicamente distinta y más precisa que la fuente general en que Herbert bebió.

    Más importante aún: Herbert no escribió Dune como celebración del mesianismo, sino como advertencia contra él. Lo declaró explícitamente, y la saga entera, especialmente Mesías de Dune e Hijos de Dune, es la deconstrucción del líder carismático-religioso: Paul Atreides, con su presciencia (ver futuribles) desencadena una yihad galáctica de consecuencias catastróficas.

    En el marco sobre Irán, la analogía es que los Fremen son un pueblo movilizado por un mesianismo político-religioso manipulado del todo desde arriba, y Paul/el Faqih es su líder que instrumentaliza ese fervor. Los Harkonnen serían el enemigo genérico -occidental, Israel, casas sunitas, los malos musulmanes- que justifica la movilización, sin correspondencia étnica. Introducir esa ecuación Fremen=palestinos / Harkonnen=Israel aquí sería un error analítico grave que además contradice la tesis central de la intención de Herbert en Dune: el mesianismo político es intrinsece malum, y de otro lado, que Irán es el actor imperialista beligerante.

    La obra de Dune es una tragedia mesiánica, no una apología. Herbert advirtió de instrumentalizarla con cualquier conflicto. Con esa cautela, la analogía sigue siendo iluminadora: leer la arquitectura constitucional iraní —su Faqih como vicario del Imam Oculto, su mandato de beligerancia permanente hasta la restauración final— es adentrarse en la misma gramática mítica que Herbert retrató en Dune, y que él juzgó, con razón, digna de un gran temor, pues Herbert con Dune ya anticipó estos conflictos actuales, sólo que expandidos a nivel galáctico en una galaxia muy, muy lejana.

    ...


    A. La Constitución de la República Islámica de Irán: ingeniería teocrática de beligerancia permanente

    La Constitución iraní de 1979 (revisada en 1989) no es una carta liberal con retórica islámica. Es un documento de ingeniería teocrática que institucionaliza la exportación de la Revolución Islámica como mandato imperativo del Estado. Su lenguaje teológico-político indirecto no neutraliza su carácter agresivo: proporciona instrucciones jurídicamente vinculantes para una beligerancia permanente contra los «opresores» (mustakbirin), sin límites geográficos ni temporales. Esto tiene consecuencias directas en política exterior, armamento y conflictos regionales.

    El sistema se resume en su propio trilema constitucional:

    «Umah-e Vahed, Velayat-e Faqih, Enqelab-e Eslami»
    (Una sola Ummah, Gobierno del Jurista Supremo, Revolución Islámica permanente).

    Recuerda estructuralmente el «Ein Volk, Ein Führer, Ein Reich» de Hitler en el III Reich, pero en versión chiíta revolucionaria.

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  3. 1. El Velayat-e Faqih: el Líder Supremo es el Estado mismo

    Los artículos 5 y 107-112 otorgan al Faqih (actualmente Alí Jamenei) la wilayah (soberanía absoluta) durante la ocultación del Imam Mahdi. Controla directamente las Fuerzas Armadas, declara la guerra, dirige la política exterior y nombra o destituye comandantes. No es un líder espiritual paralelo: es el vértice real del poder. Ningún presidente ni parlamento puede limitarlo. Expandir la teocracia chií no es preferencia personal: es función constitucional obligatoria.

    ...

    2. Irredentismo panislámico con rango constitucional

    El Artículo 11 (texto literal) declara que «todos los musulmanes forman una sola nación» (Umma) y obliga al Estado a «orientar su política hacia la fusión de los pueblos islámicos» y lograr su unidad política, económica y cultural. No es una declaración piadosa: es irredentismo constitucional. El Estado iraní no reconoce las fronteras nacionales como definitivas cuando se trata de la Umma.

    ...

    3. El mandato de agresión global: «apoyo sin reservas a los mustadafin»El Artículo 3.16 impone que la política exterior se rija por «criterios islámicos» y preste «apoyo sin reservas» a los mustadafin (oprimidos) del mundo. El Artículo 154 —el artículo clave de la injerencia— lo eleva a principio rector:

    «La República Islámica de Irán […] apoya las justas luchas de los mustadafin contra los mustakbirin en cualquier rincón del globo».

    Teherán decide unilateralmente quién es oprimido. El criterio es elástico y geopolítico.

    En la práctica abarca: palestinos (Hamás y Yihad Islámica), chiitas libaneses (Hezbolá), hutíes de Yemen (Ansarolá), milicias chiitas iraquíes (Hashd al-Shaabi), régimen alauí de Siria (Assad), chiitas de Baréin, Arabia Saudí (Qatif), Cachemira, Bosnia o Chechenia (según convenga). Cualquier movimiento antioccidental o antiisraelí puede ser reconvertido.

    Israel, aunque no se nombre explícitamente en artículos operativos, aparece en el Preámbulo como «régimen usurpador» y encarnación máxima del istikbar (arrogancia opresora).

    ...

    4. El Pasdaran (Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica): El Estado real dentro del Estado

    El Artículo 150 institucionaliza al Pasdaran como «protector de la Revolución y sus conquistas». No es un ejército convencional: es el brazo armado ideológico blindado. Presenta similitudes estructurales evidentes con modelos totalitarios (nazismo y estalinismo leninista), pero sin copia directa.

    a) Wehrmacht paralelo: fuerzas terrestres, navales, aéreas, misiles y programa nuclear propio.
    b) Gestapo + Basij: represión interior y vigilancia ideológica.
    c) Waffen-SS / Cuerpo Quds: fuerza expedicionaria que adiestra y dirige proxies (Líbano, Siria, Iraq, Yemen). No lucha «por Irán», sino por la Revolución.
    d) IG Farben económico: controla entre el 30-40 % del PIB iraní (presupuesto opaco). Solo el Faqih puede tocarlo.

    El Cuerpo Quds es la traducción operativa del Artículo 154. Hezbolá, Hamás, hutíes y milicias iraquíes tienen aquí su título jurídico constitucional.

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  4. B. Contexto histórico: de aliados a enemigos existenciales (1979 como punto de inflexión)

    1- Antes de 1979, Irán (bajo el Shah) e Israel mantenían excelentes relaciones: reconocimiento de facto en 1950, venta de petróleo, cooperación militar e inteligencia (SAVAK-Mossad), dentro de la «doctrina de la periferia» israelí contra el nacionalismo árabe.

    2. La Revolución Islámica lo invirtió todo. Jomeini declaró a EE.UU. «Gran Satán» e Israel «Pequeño Satán»/«régimen sionista usurpador». Rompió relaciones, entregó la embajada israelí a la OLP y convirtió la exportación de la Revolución en doctrina de Estado. Nació el Eje de la Resistencia: red de proxies para desgastar a Israel y EE.UU. sin guerra convencional directa.

    3. Esta estrategia ha generado décadas de conflicto por proxy: 1982: creación de Hezbolá en Líbano.

    - Años 90-2000: apoyo a Hamás y Yihad Islámica.
    - 2011-actualidad: apoyo a Assad en Siria y milicias iraquíes.
    - 2014 en adelante: fortalecimiento de los hutíes en Yemen.

    ...

    4. La «Guerra del Eje de la Resistencia» (7 octubre 2023 - hoy 2026)

    El 7 de octubre de 2023, comandos de Hamas infiltrados desde Gaza atacaron las comunidades del Gaza Envelope y el festival Nova en lo que las investigaciones documentan como una operación con órdenes explícitas de matar civiles de forma indiscriminada: murieron ciudadanos israelíes, árabes israelíes, beduinos y trabajadores extranjeros de hasta doce nacionalidades distintas, sin distinción alguna. Se documentaron también torturas, mutilaciones y la toma de aproximadamente 250 rehenes. La Fiscalía del TPI calificó los hechos como crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Aunque Irán financia estructuralmente a Hamas, la planificación operativa concreta del ataque fue de la cúpula de Hamas en Gaza; el grado de coordinación previa con Teherán permanece técnicamente disputado entre analistas de inteligencia.

    Este ataque abrió la fase multifrente actual de manera escalonada, gradual y de menor a mayor área geográfica implicada:

    - Subfase 1: Gaza (Hamás, desde el 7/10/2023).

    - Subfase 2: Líbano (Hezbolá, desde el 8/10/2023).

    - Subfase 3: Ataque directo iraní con drones y misiles (abril 2024) y respuestas israelíes; operaciones paralelas de hutíes en Yemen y milicias en Irak y Siria.

    - Subfase 4: Operaciones de EE.UU. e Israel contra infraestructura iraní (2025-2026): destrucción cúpula política iraní, destrucción fuerzas militares (se han quedado sin aviones ni barcos), ataques contra la economía para desgaste del PIB, aumento del gasto en el presupuesto público y aumento de inflación. Irán es como España x3 en territorio y x2 en población, y es muy montañoso.

    A este escenario se añade la preocupación estratégica por el programa nuclear iraní: el OIEA ha confirmado enriquecimiento de uranio al 60%, próximo al umbral armamentístico, lo que alimenta el temor tanto a un arma nuclear iraní como al uso de material radiológico en dispositivos no convencionales —escenarios cualitativamente distintos que no deben confundirse entre sí.

    El objetivo estratégico iraní (mandato constitucional vía Art. 154) es el desgaste total de Israel mediante proxies, sin declarar guerra formal. Israel responde desmantelando infraestructuras proxy y atacando objetivos iraníes atacando a los líderes, a la infraestructura militar y al PIB del país.

    La Constitución proporciona cobertura jurídica ante la ONU («apoyamos luchas de liberación»), pero viola el Artículo 2.4 de la Carta de la ONU al constitucionalizar la injerencia teológica unilateral.

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  5. C. Modelos comparados: similitudes y diferencias

    1. Irak baazista de Saddam Hussein fue una copia casi directa del fascismo y nazismo europeo: partido fundado por Michel Aflaq (influido por Mussolini y Hitler), culto al líder, propaganda racial árabe, antisemitismo explícito y partido único.

    ...

    2. Irán de la Revolución Islámica presenta similitudes funcionales claras (analistas militares y estudios comparativos sobre totalitarismos las destacan):

    a) Con el nazismo: Velayat-e Faqih como Führer, Pasdaran como SS-Wehrmacht fusionada, Artículos 11 y 154 como irredentismo expansionista (Umma = Volk de la Grossdeutschland, y La Grande Italia de Mussolini).

    b) Con el estalinismo leninista: Pasdaran como Guardia Roja/KGB, exportación de revolución (Eje de la Resistencia = Comintern), culto divino al líder y control económico total y absoluto.

    c) Originalidades de Jomeini (velayat-e faqih), escrito en 1970 en Najaf en Hokumat-e Islami (Gobierno Islámico), basado en:

    - Teología chiíta duodecimana (Imán Oculto y su representante, espera escatológica-mesiánica).
    - Platón (filósofo-rey).
    - Ali Shariati: mezcla marxista-chiíta: opresores contra oprimidos.
    - Tercermundismo antiimperialista descolonizador propio de los 1950-60 (Frantz Fanon y Los condenados de la tierra, Mao, Guevara, Castro, Lumumba).

    Khomeini rechazaba explícitamente nazismo, fascismo y comunismo como «ídolos occidentales», pero copió absolutamente todo lo que era útil, operativo y funcionalmente efectivo. No hay raza aria, «sangre y suelo» ni antisemitismo biológico (el iraní es teológico: Israel como «Pequeño Satán»).

    El resultado es un híbrido único: teocracia chiíta persa más totalitarismo revolucionario-fascista.

    Por eso es más peligroso a largo plazo: no es una imitación efímera como el nazismo (12 años) ni un sistema ateo que colapsó como la URSS; es un modelo constitucional blindado, que usa la religión como imperialismo colonizador beligerante de exclusión total, y que lleva casi medio siglo exportando la Revolución con éxito.

    ..........


    Conclusión

    La Constitución iraní no ordena literalmente «destruir Israel» con lenguaje militar directo. Usa un lenguaje teológico elástico que le otorga impunidad formal. Pero los artículos 3.16, 11, 150 y especialmente el 154 constituyen un mandato imperativo de beligerancia permanente.

    El trilema «Umah-e Vahed, Velayat-e Faqih, Enqelab-e Eslami» y el Pasdaran son su instrumento operativo. Esto no es retórica ni preferencia del gobernante de turno: es ingeniería constitucional.

    Mientras esta Constitución siga vigente, Irán seguirá siendo, por diseño, un actor revisionista y beligerante en Oriente Medio. La paz regional exige reconocer esta realidad jurídica, no tratarla como «equivalente islámico» de otras constituciones.

    (Fuentes primarias: texto oficial de la Constitución de la República Islámica de Irán —Constitute Project y Parlamento iraní—; Hokumat-e Islami de Jomeini, 1970; análisis históricos contrastados con las relaciones pre-1979 y la doctrina del Eje de la Resistencia).

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  6. Entre la moral de Epstein y sus colegas, y la moral de un Ayatolá, me quedo con el último.

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    1. Epstein es solo el "fusible" de la Secta, hijos de la Viuda o Sinagoga de Satanás y probablemente este bien vivo y coleando en algun lugar oculto y a todo tren

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  7. La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero de 2026, denominada Operación "Furia Épica", ha reabierto un intenso debate sobre si se trata de un conflicto religioso o geopolítico.
    Aunque los objetivos declarados son estratégicos, la narrativa que rodea al conflicto está fuertemente impregnada de simbolismos que para muchos sugieren una "guerra de religiones" o de civilizaciones.
    1. El uso de la retórica religiosa
    Varios analistas y medios internacionales destacan que la guerra se está presentando bajo una mística que trasciende lo político:
    Lenguaje apocalíptico: Algunos discursos en EE. UU. e Israel utilizan referencias bíblicas y términos como "lucha sagrada" o "moral", lo que transforma la guerra en un relato de "bien contra el mal".
    Visión judeocristiana: Se percibe una narrativa de defensa de un Occidente judeocristiano frente a un sistema islámico, lo que algunos expertos consideran una extensión de una "guerra entre civilizaciones".
    Contexto simbólico: El ataque inicial se produjo durante el mes sagrado del Ramadán, lo que para el mundo musulmán cargó el evento de una fuerte provocación religiosa. [3, 4, 5, 6]
    2. Objetivos estratégicos y políticos (La "causa real")
    A pesar de la retórica, los motivos fundamentales del conflicto son de carácter geopolítico y de seguridad:
    Cambio de régimen: El objetivo principal de la operación es "descabezar" a la cúpula de poder iraní. De hecho, los bombardeos iniciales resultaron en el asesinato del líder supremo, Alí Jameneí, y del jefe de seguridad, Ali Larijani.
    Amenaza nuclear y militar: Israel y EE. UU. justifican la intervención para eliminar definitivamente el programa nuclear de Irán y su arsenal de misiles balísticos.
    Hegemonía regional: Se busca debilitar el "Eje de la Resistencia" (que incluye a grupos como Hezbolá en el Líbano y Hamás), los cuales son financiados por Teherán para proyectar su influencia en la región.
    3. La religión como "vehículo"
    Para muchos académicos, la religión no es el motor principal, sino un instrumento de movilización.
    Irán: Utiliza la identidad islámica para justificar su resistencia contra lo que llama una "potencia opresora" (EE. UU.) y un "Estado ilegítimo" (Israel).
    Occidente: El uso de términos religiosos permite simplificar conflictos complejos de intereses (petróleo, control territorial, seguridad nacional) y presentarlos como causas morales inevitables ante la opinión pública.
    En resumen, aunque el conflicto tiene raíces profundas en la geopolítica del poder y la seguridad nuclear, el uso de narrativas sagradas por ambos bandos corre el riesgo de convertirlo, en la práctica, en una confrontación de identidades religiosas con consecuencias impredecibles para Oriente Medio.

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    1. Esta guerra claro que es de religión. Objetivo:acabar con el Cristianismo. Disfrazado del victimismo ladino, los judios han hecho entrar a los americanos (atrapados en créditos donados por la banca judia)n estos americanos están como enloquecidos de tantas décadas de hedonismo mezcladas con pastores evangélicos que anuncian rapto y fin de mundo mientras se llenan los bolsillos, al igual que Mormones y Jehová. Nada que ver con la Cruzadas dw Balduino contra Saladino ni con la Cruzada de Liberación Nacional. Objetivo: aniquilación del Cristianismo en Europa, especialmente el Catolicismo. Y parece que van a triunfar pero...

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    2. 8/48, totalmente de acuerdo con su coment.

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  8. El tema es facil. El amor al petroleo nada mas y el gas.
    Corea del Norte solo tiene arroz a si y estos si tienen el arma nuclear.

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  9. El Glorioso Caudillo siempre respeto a los Musulmanes.

    Principalmente a los Chiitas.

    Son los únicos que organizan procesiones y veneran a sus Mártires con imágenes.

    Muy parecido a nosotros los Católicos.

    Los tradicionales, claro.

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  10. Oiga, no nos podemos con el Caudillo y lo de Irán. Lo que está claro es que el Caudillo le "plantó" 5 min al mismísimo Führer y eso es tenerlos bien puestos. Nada que ver con este personaje dantesco llamado Sánchez y que presume de ser el martillo de Trumps y Netanyahus. Spain is different 😁😁

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