¿Se
puede ser fiel al Esposo, aceptando y disimulando la infidelidad de la Esposa? No
es posible proclamar la fidelidad al Esposo, sumándose gozoso a las infidelidades
de la Esposa. Claro que siempre queda el recurso a la “obediencia debida” al
aparato de poder de la Iglesia, traicionando a la auténtica e íntegra Iglesia:
la del precioso Depósito de la Fe, la de la liturgia espléndida, la de las
buenas y santas costumbres, la de la moral católica. ¿Seguro que nos valdrá
ante el tribunal de Dios la excusa de “la obediencia debida”, concurriendo tan
flagrante infidelidad? En un platillo de la balanza, la totalidad del Depósito
de la Fe que guarda la Iglesia, la totalidad de la Tradición, la totalidad del
Magisterio; en el otro platillo, la autoridad, el poder, el papa. Presionados
por el poder para elegir uno de los dos platillos: el del poder, ¡claro está!
No
me digan que la situación no es desquiciante. Por eso empieza a abundar,
también en la Iglesia, la gente desquiciada, tremendamente desquiciada en todos
los niveles: los más altos (tremendo desquiciamiento en el cardenalato, el
episcopado, el presbiterado y la vida consagrada) y los más bajos: el nivel de
los fieles de a pie. El desquiciamiento en la Iglesia es muy preocupante. Y si,
como solemos creer erróneamente, la Iglesia es su aparato de poder, la
disonancia entre este ilegítimo monopolizador del título de “La Iglesia” y los
fieles, crea un clima severamente esquizofrénico.
Porque
he aquí que la situación de hecho es innegable: no hay manera de disimular ni
de negar que la Esposa de Cristo, la Iglesia (si entendemos por Iglesia su
aparato de poder), está siendo gravísimamente infiel a su Esposo. Y se nos pide
a los fieles, a los hijos de la Madre Iglesia (Unam, sanctam, cathólicam et apostólicam Ecclesiam) que hagamos
como que no pasa nada, como que son de lo más natural todas las infidelidades
con que nos dan en los morros (como la pederastia no sólo instalada, sino sobre
todo encubierta “oficialmente” por las altísimas autoridades eclesiásticas, la
predicación y fomento de la homosexualidad en el clero, la nueva moral sexual
predicada urbi et orbi, y un etcétera
inacabable). Se nos pide que no perdamos la calma, que no saltemos; y, sobre
todo, que no pongamos en evidencia a nuestra Madre infiel. Pues ahí está el
tema: si la Iglesia es lo que solemos entender, es decir su inmenso aparato de
poder, ni es una, ni es santa, ni es católica, ni es apostólica.
Se
nos pide precisamente que seamos “fieles” a nuestra Madre, a costa de la fidelidad
a su santo Esposo: a costa de la engañosa fidelidad (infidelidad manifiesta) de
la Esposa, con la que nos arrastra también a nosotros a la infidelidad. Y se
nos exige de forma perentoria esta “fidelidad a la infidelidad”, incluyendo la
grave amenaza de expulsión de la familia. El colmo: al hijo que asiste
horrorizado a la infidelidad de su madre, ésta le exige que se ponga de su
parte (que encubra activamente su infidelidad), bajo pena de abandono. Y
entretanto, la madre ofuscada y aferrada rabiosamente a su infidelidad. ¿Puede
hacer esto una Madre? Quiero decir: ¿es realmente maternal esta actitud?
Parece
que “la Iglesia” (los miembros que ejercen el poder, no toda ella) está siendo
sumamente maternal y comprensiva con sus hijos más activos en el encubrimiento
de sus infidelidades: aunque muestren sin disimulos, su intención de cobrarse
tan conspicuo favor, montando en la misma Iglesia su propio chiringuito de
corrupción. Eso sí, sin romper (mejor dicho, sin que aparezca rota) su preciosa
Unidad. Cuentan con la disposición de la jerarquía a darles suficiente cuerda para
seguir en lo suyo, tan en la línea, por lo demás, de las infidelidades de la
Iglesia del gran poder.
Aducen
los defensores (en realidad, justificadores y encubridores) de la infidelidad
de la Iglesia, que quienes se oponen a esta infidelidad sistémica, son ellos
mismos los que se excluyen de la comunión de la Iglesia. Pues no, no es cierto.
Ni siquiera el mayor acto de desobediencia los excluye automáticamente de la
Iglesia, mientras ésta no castigue expresamente esa desobediencia con la
expulsión (con la excomunión). Ha de ser la autoridad de la Iglesia (a la que
llaman “La Iglesia”) quien los expulse. No es posible expulsarse ellos mismos con
la sola desobediencia.
Frente
a la excomunión (facultad exclusiva de los poderes de la Iglesia, porque no hay
posibilidad alguna de que un miembro de ésta “se excomulgue”) está la apostasía
que, ésta sí, está al alcance de cualquier católico que quiera abandonar la
Iglesia. De donde se infiere que solamente mediante un claro sofisma, se puede
imputar al desobediente, la responsabilidad de su excomunión. Véase cómo anda
lo de la apostasía “oficial” en Alemania. Desde que sus obispos iniciaron su
Camino Sinodal, son varios centenares de miles de fieles los que apostatan
formalmente cada año, hartos de pagar el impuesto religioso por una religión
que sienten cada vez menos suya.
En
fin, que si la Iglesia excomulga a los de la Fraternidad, no serán ellos los
que dejen la Iglesia, porque ellos no pueden “excomulgarse”, que eso no existe,
sino que será la Iglesia (el aparato de poder de la Iglesia) la que los eche de
su seno. Es decir, que se les podrá acusar de desobediencia más o menos grave
(de eso saben los canonistas), pero no de salir-se de la Iglesia. Y si se trata
de “provocar” su propia expulsión, ahí están las distintas varas de medir,
según que el motivo de la desobediencia a la jerarquía, sea la fidelidad a la
Iglesia de siempre o, por el contrario, apuntarse a las más peregrinas
innovaciones de la doctrina, de la moral y de la liturgia de la Iglesia. Provocaciones
hay, que se tratan con infinita paciencia y con un tacto exquisito; mientras
otras provocan tremenda impaciencia e irritación.
Y
una vez más, aunque las decisiones canónicas son de la Iglesia, queda por
determinar la personalidad y la autoridad del que las cocina y las impulsa. Por
evidente estructura administrativa, no es el papa. Rarísimamente lo es (sí lo
fue en el anterior pontificado, tanto para impulsar excomuniones como para
levantarlas). Improbabilísimamente en el pontificado de León XIV, tan
“obsesionado” por la Unidad de la Iglesia. No será él, por tanto, quien impulse
ninguna excomunión. En su alma de Pastor supremo, caben todos (por supuesto,
todos-todos-todos), tanto los más conservadores como los progresistas
(incluidos los más disparatados). El papa León (él personalmente) juega con el
tiempo, no tiene prisa. Los impacientes que quizá le fuercen a firmar
excomuniones, son otros. Y por lo visto, tienen poder… ¡incluso sobre el papa!
(He ahí otro hueso canónico, durísimo de roer). Y en última instancia ¿vale
para Dios eso de “la obediencia debida”?
Y
es aquí donde se plantea de la forma más cruda, la fidelidad a la infidelidad.
Y no la del papa, sino la del aparato del poder canónico. El mismo Derecho
Canónico, cada vez tiene menos seguridad jurídica: remendado, apedazado y totalmente
desarticulado en demasiados puntos clave, a lo largo de los últimos
pontificados. Desarticulado también el aparato que regula y unifica la liturgia
(en realidad, no funciona en absoluto). Son muchos los fieles que rechazan la
“unidad” tanto con la liturgia disparatada que hoy se lleva con toda
normalidad, sin que pase nada, como con la teología y la moral que se predica y
se practica en la Iglesia, como si fuese compatible con la que se predicó y se
practicó hasta anteayer. Para muchísimos católicos es imposible mantener su
“unidad” con esa Iglesia modernista que no para de ganar terreno en las
instancias del poder.
El
dilema es terrible: has de elegir si quieres ser fiel a la Iglesia de siempre
(a todos sus libros sagrados, a toda su doctrina, a sus 2.000 años de
tradición, a su liturgia sagrada), o si quieres ser fiel a su estructura de
poder, presidida por el papa, aunque este poder traicione lo más sagrado de la
Iglesia. A sabiendas de que ser infiel a la Iglesia no da lugar a sanciones;
pero ser infiel al poder, puede ser castigado con la expulsión de la Iglesia,
es decir con la excomunión. ¡Un poder que exige fidelidad a la infidelidad!
La
verdad última es que no siempre, ser fiel al Vicario de Cristo, es equivalente
a ser fiel a Cristo. No lo es cuando el Vicario de Cristo no es fiel a Cristo y
a su doctrina. Y algo de eso ha vivido últimamente la Iglesia con tremendo
dolor.
Virtelius Temerarius



Pero, a ver, si el papa León XIV dice que ya somos UNO con los protestantes y con los anglicanos, y ¡vete a saber con quiénes más!; si ya somos uno, es porque el papa ha decidido que son perfectamente compatibles la doctrina y la liturgia de los protestantes y de los anglicanos, con la doctrina y la liturgia de la Iglesia salida del Concilio Vaticano II. Lo cual significa que en las previsiones del papa, aún le queda a la Iglesia católica, un buen recorrido de homologación con esas otras confesiones. ¡Y no digamos de la moral! La Iglesia católica se muestra dispuesta a homologarla con la gran variedad de morales protestantes. Aún nos queda recorrido, aún, en la dirección marcada por el Concilio Vaticano II. Que de ahí viene todo.
ResponderEliminarY luego, para rematar, sólo falta eso de que nos salvamos todos-todos-todos, con absoluta independencia de nuestra conducta (eso es luteranismo puro y duro), y eso de que todas las religiones son caminos que llevan a Dios. Y seguimos avanzando por ese glorioso camino, que es el de la Iglesia jerárquica de hoy (no el de la Iglesia a secas). ¡Ah, claro, es el Camino Sinodal!
Y claro, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha de llevarse la mar de bien con esas jerarquías y sus doctrinas, sin inmutarse, sin resistirse, sin formar escándalo; que al fin y al cabo, como dicen los defensores de esa jerarquía y sus abusos, ésa es la voluntad de Dios. Claro, claro, claro, una voluntad de Dios totalmente contradictoria con la que ha sido su voluntad a lo largo de siglos. ¡Claro!, si cambian los tiempos, ¡cómo no va a cambiar Dios!
Y con todo eso, lo de que la Iglesia está en profunda crisis, es un cuento chino (¡ah, claro!, y encima, lo de China, con su Iglesia católica y apostólica a rabiar, pero totalísimamente sometida al poder chino, representado por su santísima iglesia, que es el Partido Comunista). En perfectísima unidad y comunión con el poder vaticano, que es quien hizo el apaño.
Mire no sólo es la Fratenernidad de SPX que está discrepando de toda esa "falsa unidad", hay muchos católicos que están hasta el "moño" de tanto desvarío doctrinal. Nada de "falsas unidades", nada de revivir a Lutero/Calvinista, nada de hacerles el "caldo gordo" a tanto trepa -cuentista que puebla la malherida Iglesia sean laicos/mosenes/jerarcas. León XIV puede que este maniatado pero debe rezar mucho para que el Espíritu Santo le ayude a derrotar a los espíritus No-santos que le rodean
EliminarLe atormenta a Ud, queridísimo Virtellius, el tener que situarse ante las estructuras de poder de una Iglesia que camino de convertirse en la gran barragana del Apocalipsis con Tucho como flautista de Hamelin. El evangelio del otro día nos indicaba que no debemos llamar estúpidos a los hermanos seremos culpables de juicios (Mt 5:22). No es cristiano ni la burla, ni el insulto. Pero denunciar la falta de coherencia, inclusive la maldad, de un representante de la Iglesia, aunque sea vocero del Papa, no es ni insultar ni hacer burla. Es alertar de hasta qué punto la incuria doctrinal, la menesterosidad de formación, la ligereza de los textos, ponen en peligro el sacrum depositum fidei. La Iglesia es santa. Pero los cardenales de Francisco y de León XIV necesitan una eminentísima reforma, una inmediata destitución. ¿Se ha de callar uno ante la blasfema y pornógrafa bendición de la homosexualidad activa? Apelar a la idiosincrasia genética del homosexual, que, por cierto no está documentada porque no existe ningún cromosoma de la homosexualidad, como sí existen los cromosomas sexuales X e Y, es un vía obscena para justificar el acto sodomita. Con los argumentos de Tucho podemos bendecir los poliamorosos, los therians, etcétera, etcétera. ´
ResponderEliminarNo es menos tremenda la deturpación sacramental. En eso fue llamativa la postura de Francisco, que le llevó a colocarle un sitial en el Vaticano a quien había negado la presencia real y el sacramento del orden.
Podríamos seguir con los disparates mariológicos, hermenéuticos, litúrgicos. Como diría León Felipe en otras circunstancias: hace falta un viento fuerte que nos lleve a nuestro sitio.
La respuesta es obviamente No! No debemos callarnos ante un documento infame como es Fiducia Suplicans, le pese a todos los buenistas que haya por aqui.
EliminarTotalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
EliminarTotalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
EliminarSr.JMVG, le tenía por una persona más inteligente. Ud utiliza el estómago para criticar. Los cardenales de Francisco y de León XIV necesitan una eminentísima reforma. Es lo mismo que pienso de Ud. cuando leo los escritos que vomita.
ResponderEliminarSi claro. Ya salio el de siempre que todo lo de Germinans le pare e mal. Y no acepta ninguna critica a las barbaridades del poder eclesiástico. Vamos, lo que siempre se ha llamado un adulador del poder.
Eliminar19.28 ¿Está usted enchufado en alguna parroquia o metido en teje-manejes diocesanos? ¡Sea positivo hombre que le van a doler las tripas y demás elementos estomacales!
Eliminar10:28, se ve que el comentario le pica un poco... adelante, es libre de arrascarse hasta que se haga sangre si es preciso
EliminarAnónimo 10:28
EliminarLa Paz sea contigo.
Debe de ser que mi ordenador es muy básico, pero cuando aparecen los escritos de don JMVG, pues como que no dejan ningún olor a vómito. De todas formas intentaré buscar una aplicación por si fuese posible detectar hedores y perfumes.
¡Quién sabe!
MT
Total y absolutamente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
ResponderEliminarHace años que me hice mi hoja de ruta: obediencia jurídica formal a la autoridad eclesial, pero en lo espiritual y en lo apostólico ofreciendo frecuente resistencia a unas cuantas de sus acentuaciones "pastorales", poniendo en su lugar las de la tradición clásica de la Iglesia: conversión de las almas, lucha contra el pecado y la herejía, etc... y por mi parte con algunas posturas intelectuales difundiendolas fuera del radar de la interferencia y control episcopal.
ResponderEliminarLo que han hecho en Irán es abominable.
ResponderEliminarDios se lo demandará.