Me
incomoda tremendamente ver cómo desde distintas instancias, se le sugiere al
papa León XIV la conveniencia y hasta la urgencia de liquidar de una vez el
caso Lute: el sacerdote acusado de graves abusos sexuales, cuyas víctimas
acudieron al obispo del lugar (Chiclayo), a la sazón monseñor Prevost, que no
dio con el modo más acertado de atenderlas. Una espada de Damocles que pende
sobre su cabeza.
Es
que resulta que esa ha sido la peor lacra de la Iglesia en varios siglos; y
resulta que ha resultado ser la conducta errada de los obispos, el abono más
potente para nutrir ese gusano que royó el corazón de la Iglesia. Y el de
Chiclayo no fue excepción, sino que siguió la norma en vigor, la de mantener
ocultos y tapar todo lo posible los escándalos de los clérigos. Eso implicaba
que, a los sacerdotes responsables de esos escándalos, ni se les investigaba ni
se les castigaba: por no levantar sospechas que diesen la razón a las
acusaciones de las víctimas de abusos. Para mal de la Iglesia, ésa fue la
conducta que, toda ella (incluidos los dicasterios vaticanos), consideró normal
y conveniente. Y lo que pretendió ser el remedio, fue mucho peor que la
enfermedad: porque no hizo más que fomentarla y agravarla.
La
incomodidad más mortificante es sin duda el paralelismo con el presidente
Trump, sobre cuya cabeza pende también la espada de Damocles de los abusos en que
le atrapó y sigue teniéndole atrapado Epstein. Pecados de acción los de Trump,
y pecado de omisión, en todo caso, el de Prevost; que, por otra parte, no hizo
más que seguir el comportamiento tácitamente establecido de todos los obispos,
por proteger “el buen nombre” de la Iglesia. Con todo, la situación de ambos es
análoga. No sabemos si son chantajeados; pero lo que sí es evidentísimo es que,
tanto el uno como el otro, son chantajeables. Quedando siempre la duda razonable
de si, a fin de cuentas, conservan la facultad de hacer lo que les dicta su
conciencia.
El
tremendo problemón de la Iglesia es que está entretejida tan sólidamente con el
mundo, que cada vez se le va pareciendo más. Tan entretejida como Estados
Unidos con Israel. Funcionan como si fueran la misma cosa, compartiendo una
misma alma, sin la menor probabilidad de que actúen autónomamente: porque ahí
está Epstein vigilando que no se rompa el fortísimo vínculo de unión entre
ellos. Y en efecto, la Iglesia no está lejos de ese esquema, porque su Epstein (quizá es más acertado decir sus Epstein, que llevan decenios trabajando en lo
suyo) han dejado una tupidísima red infiltrada en el poder, que controla todo
el funcionamiento de la Iglesia. Tremendísimo problemón.
Cada
vez se escuchan más expresiones como “los amigos de Epstein”, refiriéndose a
los que manejan el poder en Occidente, o “esto nos tememos o nos podemos
esperar de un Donald Trump amigo de Epstein”. Es decir que los analistas
políticos introducen cada vez más el factor Epstein para explicar lo que está
ocurriendo en el mundo en que Occidente-Estados Unidos lleva la voz cantante.
Cada vez más, se invoca a Epstein como la clave que le da sentido a todo lo
que está ocurriendo en el plano bélico: dando a entender que sin la existencia
y la actuación de Epstein, el mundo no estaría como está, a una distancia cada
vez menor de la 3ª guerra mundial. Y la explicación siempre resulta ser Epstein.
Son cada vez más, en efecto, los analistas que ponen la degradación moral
suministrada por Epstein a nuestros gobernantes, como causa del actual estado
del mundo. Degradación que ha llegado al fondo de la inmoralidad más ignominiosa.
Y
como no podía faltar Epstein (el que todo lo explica) en la actual guerra
entre Irán y la coalición entre Israel y Estados Unidos, que llevan la guerra
conjuntamente, se le está dando, cada vez por más comentaristas, el nombre de
“la coalición Epstein”; porque se da por seguro que Epstein no era (¡o es,
vaya usted a saber!) más que un agente secreto de los servicios israelíes de
Inteligencia, precisamente para tener bien amarrados por sus vergüenzas a todos
los mandatarios occidentales; y muy especialmente al que, siendo el implicado
más intenso en los abusos sexuales suministrados por Epstein, y hasta quizá incluso
socio suyo en momentos puntuales, ha llegado a ser presidente de los Estados
Unidos: total y absolutamente sometido a la voluntad (es decir al chantaje) de
Israel.
¿Y
qué tiene que ver el fenómeno Epstein con la Iglesia católica? Pues todo,
porque también nuestra Iglesia ha tenido su Epstein. Y quiera Dios en su
infinita misericordia, que haya sido sólo uno, y que podamos hablar de él en
pasado. ¡Quiéralo Dios! ¿Fue el cardenal Mccarrick el Epstein de la Iglesia
católica? Es tremendamente difícil saberlo, sobre todo por haber prevalecido en
la Iglesia durante medio siglo y también ahora, la política de ocultación de
los crímenes de pederastia cometidos por sacerdotes, obispos y cardenales. Una
corrupción tremendamente triunfante, instalada desde lo más alto a lo más bajo:
tan triunfante que prevaleció como doctrina más santa y conveniente para la
Iglesia, la doctrina de la ocultación. Una corrupción tan generalizada en la
Iglesia como la de Epstein en el mundo. Y en ambos casos, ¡extrañísima
coincidencia!, el empeño de los que tienen el poder, por mantener en la
ignorancia y en la ocultación reforzadas por la confusión, el verdadero alcance
de los crímenes de nuestros gobernantes.
Cuanto
más se enmaraña la situación, siguiendo en paralelo todo el barullo informativo
del caso Epstein, más claro veo que es precisamente este personaje, el que
mayormente contribuyó a tener atrapada a toda la élite del poder de Occidente
para llegar hasta aquí. A toda: nada menos que la Casa Real británica, que era
uno de los importantes objetivos de la operación, tiene ya a uno de sus
miembros en prisión. Era una de las piezas importantes de la Operación Epstein (que el Reino Unido es pieza clave de la gran política norteamericana). Y tras
esta pieza, todo el aparato de poder de Estados Unidos, del que Donald Trump,
una especie de socio-rival de Epstein, resultó ser la cabeza.
La
lista de los políticos occidentales sometidos a chantaje por Epstein, es
abrumadora. Todo el poder de Occidente, encabezado actualmente por Trump, está
en esa lista. Una estremecedora lista de “legisladores” de los parlamentos más
“democráticos” sometidos al chantaje de Epstein. Y esta lista terrorífica, está
completada por la otra lista, aún más extensa, de parlamentarios sobornados por
los mismos servicios secretos que montaron la Operación Epstein. Esto no son
especulaciones, son documentos: que efectivamente se acumulan, se relacionan y
se interpretan para llegar a esta conclusión, compartida cada vez por más
analistas políticos.
Y
es estremecedor descender a la analogía de ese fenómeno en la Iglesia católica
(no se ve nada parecido en las distintas ramas de la iglesia ortodoxa). Es
evidente que toda la estructura jerárquica del episcopado alemán, está tomada
por el lobby gay, que es el que tiene, obviamente, mayor información sobre los
abusos del clero, y mayor capacidad de manejo de esa información. Y no es ésa
la única porción de la Iglesia que sufre esa ignominiosa invasión. Aparte del
número considerable de conferencias episcopales que sufren del mismo síndrome,
es evidente (porque no se cuidan de ocultarlo) que tampoco se ha librado de ese
cáncer, la curia principal de la Iglesia: la vaticana. Presidida nada menos que
por el incalificable cardenal Prefecto de la Doctrina de la Fe.
Virtelius Temerarius



Aqui si el Papa hace un discurso sobre la Creación en 6 días, el Diluvio, la Tierra Jóven, el Geocentrismo, la farsa del caso Galileo que éste no demostró nada (Benedicto Papa dijo), y etcétera, todo este discurso funcionaria como un mazazo que borraría de golpe estos problemas que arrastra el Clero de hace décadas. Si no se usa el mazo bíblico no avanzamos.
ResponderEliminarDon Silverio, la tierra media entra también en sus planes???
Eliminarhttps://myemail.constantcontact.com/Kolbe-Report-3-14-26.html?soid=1104055316121&aid=Bk9gOyvG3ws
ResponderEliminarSr. Garrell, en éste caso, la culpa es no predicar y dar ejemplo con la Pentapolis.
EliminarTambién en la Iglesia, la inmoralidad más obscena es la clave que explica tantas cosas inexplicables. También en esto, la Iglesia se ha mimetizado con el mundo. Nos hemos atiborrado de la mundanidad del peor género.
ResponderEliminar¡Mil gracias, Virtelius, por este excelente artículo! Muy acertada su alusión al episcopado alemán, que queda bien ilustrada por la imagen del cardenal Marx, arzobispo de Múnich y Frisinga, celebrando una “misa queer”:
ResponderEliminarhttps://www.stern.de/gesellschaft/kardinal-marx-feiert-queer-gottesdienst-und-entschuldigt-sich-bei-der-gemeinde-31696548.html
Una Misa queer?
EliminarQue es eso?
Siempre me impactaron las palabras del Señor sobre el trato a los pequeños. Si no os hicierais como niños... Dejad que lo niños vengan a mí..., y las palabras durísimas, de tono igual a las dirigidas a los hipócritas fariseos, Ay del que escandalizare a algunos de estos pequeños... Por no hablar de la semblanza de la vida del Dios niño recogida por Lucas. Esa es la piedra de toque del seguimiento de Cristo. En esa travesía del desierto que le espera a la Iglesia, habrá que vestirse de sayal y cubrirse de ceniza. Contra tí he pecado, Señor. Buena reflexión para la Cuaresma. Sólo nos faltaba la particular interpretación del cardenal pornógrafo al frente del Dicasterio de la Fe para enredar sobre la doctrina de la Iglesia en torno a la sexualidad. Si, de acuerdo con la tesis de Tucho, asimilada por Francisco, si Dios nos ha hecho así, el desenfreno pederasta, el poliamor y la homosexualidad atenazan la Iglesia y ahogan su ansia de regeneración.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
EliminarA Eptein que le pasó, se suicidó o lo suicidaron???
ResponderEliminarHay quien afirma que está vivo y coleando. Un elemento así, deparvado y satanismo, no lo iban a tener encerrado en una cárcel. Vamos a ver que los del Mossad no están para chapuzas y Epstein era del clan
EliminarLa guerra de desgaste económico contra Irán: no solo misiles, sino quiebra total
ResponderEliminarDicen unos expertos, que ésta es una guerra donde el objetivo no es solo destruir tanques o aviones, sino vaciar las cuentas bancarias del enemigo hasta que no pueda pagar salarios, comida ni aliados.
Eso ocurre exactamente en el conflicto iniciado el 28 de febrero de 2026 entre EE.UU./Israel e Irán, según confirman informes verificados de Wikipedia, Institute for the Study of War (ISW), CNN y Chatham House al 16 de marzo de 2026.
No se trata solo de bombardeos militares: es una guerra económica de desgaste clásica, diseñada para que el régimen iraní se quede sin recursos y colapse desde dentro.
Y va mucho más allá: es también una guerra bancaria y financiera total, de contratos públicos y privados paralizados, export-import bloqueados, préstamos y avales congelados, compra de bonos internacionales rechazada, embargos globales, y destrucción masiva de propiedad pública (militar y civil) para obligar a reconstruir todo desde cero y empobrecer al país entero.
El ataque es completo: sin dominio del aire (aviación anulada), del mar (marina hundida), puertos y aeropuertos inutilizados, misiles destruidos, programa nuclear retrasado años, cuarteles militares y policiales arrasados, logística colapsada. Todo para dejar al régimen sin capacidad operativa y aumentar la inflación, reducir el PIB y hundir otros indicadores económicos hasta el colapso interno.
Verificación reciente: los ataques continúan en 11 provincias, con degradación acelerada de infraestructura interna (ISW, 12-13 marzo 2026).
...
1. El golpe directo a Irán (el más duro y confirmado)
Todo tiene origen histórico claro: las matanzas del 7 de octubre de 2023 en Israel, donde Hamás (financiado y armado por Irán) asesinó a más de 1.200 personas y tomó rehenes, marcaron el fin definitivo de la paciencia israelí.
Israel respondió con fuerza y, tras años de escalada con ataques proxy, llegó a esta guerra total. El país ya llegaba débil por sanciones y protestas. Ahora, con las exportaciones de petróleo cortadas casi al 100 % (Irán cerró él mismo el Estrecho de Ormuz como represalia —confirmado por Al Jazeera, Reuters y EIA al 15 marzo—), los ingresos fiscales se evaporaron por completo.
Analistas serios (Chatham House, FMI, Economist, Oxford Economics) coinciden y verifican: el PIB se contraerá más del 10 % en 2026 (hasta -12 % o -15 % si dura meses, según modelo Chatham House explícito del 6 marzo).
¡¡¡Es como si España perdiera de golpe toda su economía turística y automovilística en un año!!!.
La inflación (ya 40-50 % anual) se ha disparado: escasez de gasolina, alimentos, medicinas y repuestos. El rial como moneda divisa se hunde, los precios suben a diario y el gobierno no puede mantener subsidios ni pensiones.
Los bombardeos han destruido refinerías clave (como Kharg Island, golpeada de nuevo según Trump en NBC, 14 marzo), puertos, carreteras, bases militares y parte de la red eléctrica. Pero es más profundo: se trata de una guerra financiera total.
Embargos internacionales congelan contratos públicos y privados, paralizan export-import, bloquean préstamos y avales bancarios y rechazan cualquier compra de bonos. La propiedad pública (militar y civil) queda en ruinas: reconstruir costará miles de millones que el régimen no tiene.
ResponderEliminarAdemás, la destrucción deliberada de infraestructuras obliga a gastar lo poco que queda en reparaciones urgentes en vez de en defensa o subsidios, acelerando la espiral de pobreza.
Nueva perspectiva de unos expertos: esto crea un “efecto dominó financiero” único, porque sin reservas ni acceso a mercados internacionales, incluso la reconstrucción mínima genera hiperinflación adicional y quiebra de bancos locales (perspectiva FMI, 3 marzo: impacto en métricas de inflación y crecimiento).
Irán no tiene aliados reales. Es chiita en un entorno sunita hostil: Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait, Bahréin y Jordania son adversarios históricos. Los bombardeos y misiles iraníes contra países sunitas del Golfo (Arabia Saudita, Emiratos, Qatar y otros aliados de EE.UU.) no atraen amigos; al contrario, aíslan aún más a Teherán internacionalmente —verificado: Gulf states interceptaron miles de drones y misiles (ISW, 13 marzo).
Está solo, sin respaldo de nadie. Además, si Irán ataca Israel, ataca de facto intereses de EE.UU. y afecta a la OTAN (bases y aliados), y más si impacta a Turquía, Chipre o barcos de cualquier bandera con destino a la economía occidental: pura realpolitik geoestratégica para internacionalizar el dolor y forzar una respuesta colectiva.
Otra mejorada visión: los ataques iraníes al Golfo han caído drásticamente (misiles -90 %, drones -95 % según Secretario de Defensa Hegseth, 13 marzo), mostrando que el aislamiento sunita y la superioridad defensiva aceleran el desgaste.
El régimen gasta sus últimas reservas en misiles, en pagar proxies externos y en reprimir protestas. Con el mando decapitado (muerte del líder supremo Khamenei confirmada por múltiples fuentes) y tensiones entre ejército regular y Guardia Revolucionaria por falta de suministros, el control se erosiona rápido.
2. El efecto rebote global (lo que Irán espera que lo salve) y la guerra contra sus proxies
ResponderEliminarIrán sabe que nunca jamás puede ganar militarmente. Su apuesta es que el daño económico mundial fuerce a Trump y Netanyahu a negociar. Y ya duele: el petróleo Brent ha subido con picos cercanos a 95-100 dólares por barril (iniciales hasta 82+, pronósticos EIA/Reuters para corto plazo sube 95, promedio 2026 revisado a 75-79 según Goldman y Citi al 13 marzo).
Eso incrementa gasolina, diesel, transporte y fertilizantes (+30 %). Resultado: inflación extra en EE.UU., Europa y Asia, riesgo de estagflación y posible pérdida de 0,3 % a 3 % del PIB mundial si dura meses (verificado IMF: +0,4 % inflación por cada 10 % sostenido en petróleo).
Irán calcula que el mundo se cansará antes.
Un renovado criterio: Trump ya urge a China, Francia, Japón y otros a enviar barcos para reabrir el Hormuz (15 marzo), mostrando que el boomerang global se mitiga con realpolitik colectiva —lo que debilita la apuesta iraní.
Pero aquí viene lo clave que pocos explican: esta es también una guerra económica contra sus proxies. Irán gasta cientos de millones al año financiando a Hezbolá en Líbano, milicias en Irak, Siria, Yemen y otros grupos terroristas. Con cero ingresos petroleros y reservas en caída libre, ese grifo se cierra. Hezbolá ya debilitado (Israel lo golpea fuerte, ataques conjuntos confirmados pero menguantes).
Los proxies reciben menos armas y sueldo. Eso genera una putrefacción interna en todo el “eje de la resistencia”: menos capacidad de ataque, fracturas internas y pérdida de influencia.
El debilitamiento proxy es más rápido de lo previsto porque los ataques iraníes directos al Golfo han fallado en generar apoyo regional, aislando aún más la red terrorista. En Irán mismo, la población —cansada de miseria, represión y ahora hambre— podría volver a levantarse como en 2022.
El objetivo final no es solo destruir misiles: es cortar el dinero que alimenta la red terrorista y que la gente común diga “basta” y derribe al régimen desde dentro.
La estrategia de EE.UU. e Israel es clara: degradar militarmente y empobrecer económicamente hasta el colapso interno, sin invasión terrestre (el país es montañoso y enorme: sería un pantano). Si sobrevive 3-6 meses, quizá logre negociación limitada.
Pero cada día el drenaje es brutal.¿Cuánto puede aguantar Irán?
No mucho. Reservas agotándose, sin ingresos petroleros (China ya no recibe casi nada), aislado y rodeado de enemigos sunitas. El reloj corre en contra de Teherán. Sí hay bombardeos y misiles, pero el verdadero campo de batalla es económico: bancario, financiero, de infraestructura, inflación disparada, PIB en picada y proxies sin fondos.
Realismo: con el volumen de ataques iraníes desplomado 90-95 % en dos semanas, el desgaste económico avanza más rápido que en cualquier guerra similar, posiblemente forzando una negociación antes de 3 meses (Hegseth y analistas ISW). Irán apuesta a que el mundo se rinda por el precio del petróleo. EE.UU. e Israel apuestan a que el régimen se quede sin dinero para pagar aliados ni para alimentar a su pueblo.
El tiempo dirá quién se agota primero… pero el drenaje avanza implacable. Esta guerra busca precisamente crear un ablandamiento interior: con menos dinero para proxies y para la gente, las protestas por hambre y miseria pueden revivir y romper el régimen desde dentro, sin necesidad de una invasión costosa. El caos económico es el arma más poderosa ahora.
Ecos de la Historia: ¿Qué nos enseñan los clásicos sobre la guerra hoy?
ResponderEliminarLos estudiosos dicen que ante el estrépito de los conflictos actuales, el corazón cristiano busca comprensión, no solo consuelo. San Agustín definió la paz como tranquillitas ordinis, la tranquilidad del orden, no mera ausencia de combate (La Ciudad de Dios, XIX,13).
Para entender ese orden amenazado, escuchemos a griegos y romanos: ellos no romantizaron la guerra, sino que la diseccionaron con una lucidez implacable que sigue interpelándonos.
Homero: la gloria y sus ruinas
Todo comienza con la Ilíada. Aquiles, el guerrero sin par, pierde a Patroclo y descubre que la gloria no devuelve a los muertos. Príamo, arrastrándose ante el asesino de su hijo para recuperar el cadáver de Héctor, protagoniza quizás la escena más humana de toda la literatura antigua. La guerra, para Homero, produce héroes y escombros (Troya) en igual medida: el héroe antes de llegar a Ítaca con el deber heroico cumplido, debe de pasar un drama. No hay victoria sin duelo.
Heródoto, Tucídides, Esquilo: el orden invertido
Heródoto —testigo de las Guerras Médicas (499-449 a.C.)— dejó en boca de Creso esta sentencia estremecedora: «En la paz los hijos entierran a sus padres; en la guerra los padres entierran a sus hijos» (Historias, I,87).
Tucídides fue más descarnado aún: en el Diálogo de los Melios (Guerra del Peloponeso, V,89) expuso la lógica brutal del poder sin frenos morales: «Los fuertes hacen lo que pueden; los débiles sufren lo que deben». No la aprueba; la denuncia como fracaso de la justicia.
Por su parte, Esquilo había advertido en la Orestíada que la violencia engendra violencia en cadena interminable; solo la ley, no la venganza, puede romper el ciclo. Mensaje vigente en cada espiral de represalia contemporánea.
Roma: entre el derecho y el desierto
Cicerón articuló el bellum iustum (De Officiis, I,11): la guerra es legítima solo para defender la seguridad o el honor, siempre precedida de declaración formal y nunca movida por crueldad. Sin causa justa, proporcionalidad e intención recta, no hay guerra: hay crimen organizado.
Virgilio añadió la dimensión del coste humano: sunt lacrimae rerum «hay lágrimas en las cosas» (Eneida, I,462), elegía de toda civilización que construye sobre huesos.
Fue Tácito quien formuló la crítica más acerada al imperialismo, en boca del caudillo caledoniano Calgaco (Agrícola, 30): ubi solitudinem faciunt, pacem appellant —«donde crean un desierto, lo llaman paz»—. Advertencia perenne: la paz impuesta sobre la aniquilación del otro es la paz de los cementerios, no la paz de Cristo.
Prudencia, fe y contradicción
Vegecio formuló el célebre si vis pacem, para bellum (Epitoma rei militaris, III), lema de la disuasión por siglos.
Pero Séneca (Epístola, 95) señaló la contradicción escandalosa: la ley castiga el homicidio individual y condecora las matanzas colectivas en nombre del Estado.
Horacio escribió dulce et decorum est pro patria mori (Odas, III,2): «hermoso y honorable morir por la patria»
Conclusión para el pensamiento crítico
Los clásicos enseñan que la guerra no es una novedad técnica —misiles o drones—, sino una vieja herida del corazón humano. Su lectura desde la fe cristiana impone tres criterios:
- Desconfiar de las «paces» nacidas de la destrucción total (Tácito).
- Reconocer en la guerra la inversión del orden natural y familiar (Heródoto, Homero).
- Exigir que las leyes no callen ante las armas: silent leges inter arma describe una tragedia, no una norma (Cicerón, Pro Milone).
Leo al estudioso: hay frases que no explican el mundo, sino que lo nombran. Sunt lacrimae rerum es una de ellas.
ResponderEliminarVirgilio la escribió en el Libro I de la Eneida, y en 5 palabras latinas condensó una de las intuiciones más hondas de la literatura antigua: que la tristeza no es solo un estado del alma, sino una propiedad de la realidad misma.
El contexto para entender la profundidad del verso: Eneas, superviviente de la destrucción de Troya, llega naufrago a las costas de Cartago. Allí, en el templo que Dido está construyendo, descubre pinturas murales que representan la guerra que él mismo vivió: sus compañeros muertos, su ciudad en llamas, el derrumbe de todo lo que amó. Y rompe a llorar. No ante un ser querido, sino ante una pared pintada.
La frase es: «Sunt hic etiam sua praemia laudi; sunt lacrimae rerum et mentem mortalia tangunt» —«también aquí el mérito tiene su recompensa; hay lágrimas en las cosas, y las cosas mortales tocan el corazón».
Virgilio es filosóficamente audaz. No dice «lloramos por las cosas», que sería la formulación ordinaria correcta. Dice que las lágrimas están dentro de las cosas mismas, como si la materia del mundo estuviera empapada de dolor desde su interior, con independencia de quien la contemple.
No es la emoción del sujeto que se proyecta sobre el objeto; es el objeto el que porta, constitutivamente, la pena. La piedra llora. El muro pintado llora. La condición mortal de todo lo que existe lleva la tristeza cosida en su propia textura.
Esto hace el verso en algo más que una elegía hermosa: es una afirmación metafísica. Virgilio intuye que el mundo creado, bello, finito, perecedero, tiene inscrita en sí la marca de su propia fragilidad. No hay objeto que haya sido amado y no lleve después, en su mera existencia, el peso de la pérdida.
Una foto antigua, la chaqueta de alguien que ya no está, las ruinas de una ciudad: la cosa porta el duelo, lo contiene, lo transmite. Quien la mira no proyecta su tristeza sobre ella; la recibe de ella.
En inglés es pathetic fallacy al recurso literario de dar emociones humanas a la naturaleza: el cielo llora, el mar está furioso.
Pero Virgilio va mucho más lejos que ese recurso retórico. No dice que el paisaje parezca triste al ojo melancólico de Eneas. Dice que la tristeza es constitutiva de la realidad mortal, que no es una proyección sino una propiedad ontológica.
Hay aquí una diferencia enorme: entre el sentimentalismo, que es subjetivo, y la tragedia, que es estructural.
San Agustín, 5 siglos después, lo formularía desde la fe cristiana: «nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones, I,1). La angustia no es un accidente del alma débil; está cosida en la criatura que ha sido hecha para un Absoluto que todavía no posee.
En Virgilio la herida es la mortalidad; en Agustín, la lejanía de Dios. Pero la estructura es la misma: el dolor no viene de fuera, brota de la condición misma del ser que ama y pierde.
Lo más sorprendente del pasaje virgiliano es su paradoja final: esta frase, que enuncia un dolor universal, consuela a Eneas, porque ver que los cartagineses, un pueblo ajeno, han pintado y recordado la caída de Troya le revela que la tragedia no fue en vano, que el mundo guarda memoria de los que sufrieron.
Las lágrimas en las cosas son dolorosas, sí, pero son también una forma de justicia poética: nada de lo que fue amado desaparece por completo.
La materia, las paredes recuerdan. El dolor compartido es ya, en sí mismo, una forma de comunión.
Por eso sunt lacrimae rerum sigue resonando 2000 años después. Porque nombra algo que todos hemos sentido sin saber cómo decirlo: que hay objetos que nos miran, que las cosas que permanecen llevan dentro a los que ya no están, y que la belleza del mundo y su tristeza no son opuestos, sino la misma realidad vista desde dos ángulos del corazón humano.
El monólogo final de Roy Batty —el replicante moribundo en Blade Runner (Ridley Scott, 1982)— es quizás la escena más virgiliana del cine moderno, aunque su guionista nunca citara a Virgilio.
ResponderEliminarRoy dice:
«He visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»
La misma estructura metafísica
Virgilio decía que las lágrimas están dentro de las cosas. Roy Batty dice lo contrario y lo mismo: que las cosas, sus recuerdos, sus visiones, su vida entera, se disuelven en las lágrimas, y las lágrimas en la lluvia, y la lluvia en la nada (aparente). Es el mismo dolor visto desde el otro extremo: no la cosa que llora, sino la cosa que desaparece llorando.
La imagen es devastadora en su precisión física. Las lágrimas caen sobre un rostro mojado por la lluvia: son indistinguibles, inidentificables, irrecuperables. Nadie sabrá que estuvieron ahí. Nadie podrá separarlas del agua anónima. La individualidad —toda una vida de experiencias únicas e irrepetibles— se disuelve en lo genérico. Eso es la muerte, dice Roy: no el dolor, sino el olvido. Luego vemos que, por lógica, sucede todo lo contrario.
Lo que cambia respecto a Virgilio
En la Eneida, las lágrimas en las cosas consuelan a Eneas porque significan que el mundo recuerda. Los cartagineses pintaron Troya: la tragedia dejó huella en la materia. Hay una memoria exterior que sobrevive al individuo.
Roy Batty no tiene esa red. Es un replicante: no tiene historia oficial, no tiene documentos, no tiene nadie que pinte sus batallas en ningún muro. Sus recuerdos —esas naves en llamas, esos rayos C— morirán con él sin dejar rastro. Las lágrimas en la lluvia son la imagen exacta de una existencia que el mundo oficial de la Tierra no guardará. Es sunt lacrimae rerum sin el consuelo: la pena sin la justicia poética (pero que no es así al final: pasa de tragedia a drama).
Y sin embargo, algo permanece
La paradoja es que Roy Batty habla. En sus últimos segundos de vida, en lugar de matar a Deckard —que es lo que podría hacer—, le salva y le cuenta. Le hace testigo. Es un gesto profundamente humano, más humano que muchos humanos en la película: la necesidad de que alguien escuche antes de que todo se apague.
Virgilio entendería ese gesto. Eneas llora ante un muro porque el muro recuerda. Roy habla ante un hombre porque el hombre recordará. En ambos casos, la respuesta al dolor de la mortalidad es la misma: la memoria compartida, el testigo, la palabra dicha antes del silencio.
La lluvia como elemento teológico
No es irrelevante que Scott eligiera la lluvia. En el universo oscuro y perpetuamente mojado de Blade Runner, la lluvia no es purificadora —no hay cielos despejados, no hay luz—, sino que es el fondo constante del mundo caído. Las lágrimas se pierden en ella porque ese mundo no tiene capacidad de distinguir el dolor individual del ruido de fondo de la existencia. Es una imagen casi agustiniana del mundo sin Dios: bello, poderoso, inmenso, pero incapaz de guardar lo pequeño, lo personal, lo amado.
San Agustín diría que solo en Dios ninguna lágrima se pierde. Roy Batty no tiene ese horizonte, pero luego sí lo tiene.
Por eso su monólogo es tan hermoso y tan desolador al mismo tiempo: es sunt lacrimae rerum pronunciado por alguien que sabe que no hay nadie guardando las lágrimas.
Pero la tragedia se trueca en drama: una paloma blanca que la agarra sale de sus manos muertas como símbolo de su alma que asciende al cielo, representa que va al Cielo, como una manera de redención al salvar a Deckard, lo que indica que en el más allá va a recuperar a todos los recuerdos y a todos los recordados que en la fría, tecnológica y agresiva Tierra no sólo no serán recordados nunca jamás, es que si lo fueran, sino que serán borrados y maldecidos por ser entidades hostiles para ser aniquiladas por estar desprovistas de humanidad: replicantes sin "espíritu".
Recuerdo la cantidad de vídeos porno que encontraron en la casa de Bin Laden. Siempre me he imaginado a Jamenei como un viejo verde. Para corruptos, los políticos orientales más que los occidentales. Y encima hipócritas.
ResponderEliminarBin laden no existió.
EliminarEl Ayatolá Alí khamenei no tenía nada que ver con Bin Laden.
EliminarPor favor, un poco de rigor histórico.
HOMBRE!!!
¡Vaya rollo en cinco capítulos interminables, lleno de lugares comunes! Señor Rollo: revise usted sus fuentes y alimente un mínimo de espíritu crítico ante la propaganda de los poderosos. ¿De verdad creen usted que Chatam House, el FMI, The Economist u Oxford Economics son fuentes fiables? Candidez o ingenuidad en el mejor de los casos. En cualquier caso, estulticia.
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