
A los pesimistas que andan propalando el infundio de que el reciente Consistorio sólo ha servido para que los cardenales sintieran la auténtica sinodalidad justo en el aula sinodal, en las mismas mesas y con el mismo formato del Sínodo de la Sinodalidad; a los cenizos que no han sabido ver lo vital que ha sido para la Iglesia que los cardenales de las mesas redondas pudieran compartir sonrisas sin lágrimas, hay que decirles que donde no han llegado las sonrisas y los debates, han llegado los papeles de lo alto.
En efecto, las esperanzas que una parte de la Iglesia tenía puestas en el Consistorio cuyo programa incluía la tan ansiada pax litúrgica, no se han visto defraudadas: aunque desde el primer momento se descartó este tema por falta de tiempo. La solución del problema estuvo a cargo del cardenal al que el papa León XIV tiene encomendada la custodia de la tradición. Un cardenal que está desarrollando grandes principios epistemológicos.
Por empezar, el cardenal Roche parece haber descubierto que el culto no tiene nada que ver con la cultura; que la decadencia del culto no arrastra consigo el debilitamiento de la cultura. ¡Menudo descubrimiento!, ¿no? Y ha descubierto, además, en el ejercicio de su oficio de custodio de la tradición (Traditionis custos), que hay que discernir (¡oh, el santo discernimiento!) entre la tradición “sana” y la tradición patológica: la que se deja arrastrar por el prurito de la “búsqueda patológica de novedades” (se refiere, claro está, a las “novedades tradicionalistas” que los enfermizos amantes de la tradición van descubriendo para retroalimentar su patología). Sobre estos dos imponentes pilares, ha construido Su Eminencia el edificio de la persecución de los obsesos reformadores de la reforma. Un edificio que da por terminado con Traditionis custodes, que como él mismo declara en sus papeles del Consistorio, salió de su egregia pluma.
Roche no ha caído en la cuenta de que no hay cosa más tradicional que el culto: por eso lo primero que aborda en las conquistas todo nuevo amo, es la destrucción del culto y de las tradiciones, porque la tradición nos lleva a la añoranza del pasado y nos aleja del futuro. Si no se destruye la tradición, no hay manera de imponer las nuevas ideas.
El caso es que, no habiendo habido tiempo de poner el tema sobre la mesa, el Prefecto del Dicasterio del Culto Divino suplió esa falta de tiempo con sus creativos papeles. Por más que uno de los grandes motivos del Consistorio fuese entrenar a sus eminencias en la práctica de la “escucha”, el cardenal Roche suplió brillantemente esa nimiedad con sus bien trabajados papeles.
Afirma el cardenal Roche en su escrito al Consistorio colado de matute, que “la reforma de la liturgia ‘querida por el Concilio’ Vaticano II (no promulgada por el Concilio) no sólo está en plena sintonía con ‘el sentido más verdadero de la tradición (es que existe un sentido ‘menos verdadero’ de la tradición: el de los tradicionalistas), sino que constituye una forma elevada (la de los tradicionalistas es zafia y rastrera) de ponerse al servicio de la tradición.” Y a continuación pasa a explicar eso de la tradición patológica que se opone a la ‘sana tradición’, y del ‘progreso legítimo’. En efecto, los defensores de la tradición carca, no saben discernir entre el ‘progreso legítimo’ y el ilegítimo, que supuestamente hubiese tenido que precisar el Consistorio. Pero ya no hace falta, que lo ha discernido por su cuenta el cardenal defensor de la ‘sana tradición’. Lo único que le falta a esa ‘sana tradición’ es la respectiva formación en los seminarios, dice Roche.
El papa León XIV no es ajeno a estos planteamientos; antes al contrario, está en línea con el escrito que coló el Prefecto del Dicasterio para al Culto Divino. En efecto, en su alocución del día 8 de enero, afirmó que “el Concilio Vaticano II ha redescubierto (si ha ‘redescubierto’ será porque a su primer ‘descubrimiento’ le fallaba algo) el rostro de Dios como Padre, ha mirado a la Iglesia con la luz de Cristo (con alguna otra luz debió estar mirándola antes) y ha iniciado una importante reforma litúrgica poniendo en el centro el misterio de la salvación y la participación activa y consciente del Pueblo de Dios”. Está claro que una rueda no puede funcionar con dos ejes, el antiguo (el del misterio de la salvación), y el nuevo: el de la participación activa y consciente del Pueblo de Dios. Evidentemente, el nuevo centro de la liturgia (el de la participación del Pueblo) ha desplazado el antiguo centro: el del “misterio de la salvación”.
Parece evidente que el informe del Cardenal Roche se debe interpretar a la luz de las palabras de León XIV pronunciadas el 8 de enero (en pleno consistorio). Las palabras del papa al respecto, tienen toda la apariencia de intentar apalancar de algún modo no sólo el citado informe, sino también a su autor. En todo caso, es un posicionamiento explícito del papa muy en la línea del documento que pretende subsanar la eliminación del tema litúrgico del programa del Consistorio.
Es obvio que la cuestión de fondo es el Concilio Vaticano II, que la Iglesia aún no ha sido capaz de cerrarlo. La liturgia actual se fraguó fuera del Concilio y, en no pocos aspectos, frontalmente contra él. Pero no es sólo la liturgia la que se pretendió cerrar tan en falso, que después de 60 años seguimos con el problema. Seguimos a rastras con el único dogma proclamado urbi et orbi por el Concilio Vaticano II: el ‘Aggiornamento’, un principio engañoso, imposible de cerrarlo. Porque no dejan de pasar los días, con lo que no hay manera de rematar la “puesta al día” de la Iglesia. Y como en 60 años el mundo ha dado un vuelco, nos hemos visto abocados a “abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la época moderna” (siguen siendo palabras del papa).
Sí, claro, el gran dogma del aggiornamento nos ha traído a la centralidad de los grandes temas que hoy inquietan a la Iglesia: sobre todo la de Occidente. Evidentemente hoy no es Cristo el centro de interés de las conferencias episcopales, del Vaticano y de las diversas movidas sinodales. La obsesión de los obispos es ponerse en sintonía con el mundo, que ya no es el del Concilio Vaticano II. Hoy la obsesión es instaurar en la Iglesia una sinodalidad que dé carta de naturaleza a las distintas inculturaciones: no sólo las amazónicas y las indigenistas, sino también las de la novísima cultura occidental, tan firmemente auxiliada por la Fiducia súpplicans. “De momento”. He ahí el nuevo hallazgo teológico posmoderno, la provisionalidad como norma suprema. Porque como el mundo no para de girar, lo que hoy parece perfecto, mañana ya no sirve. Y la Iglesia, tan dispuesta a abrirse al mundo y a acoger los cambios (sí, claro, acoger cambios y más cambios) y los desafíos de la época moderna, no tiene más remedio que bailar al ritmo que le marca el mundo. Así que los aggiornamenti ni son ni pueden ser para siempre. A partir de las puestas al día (y al mundo) del Concilio Vaticano II, no existen para la Iglesia cosas definitivas y para siempre. A partir de ahí, todo es “de momento”. Y si cambian los momentos, ¿por qué no tendrían que cambiar los principios?
Virtelius Temerarius


¡Evidente!, si hay una tradición sana (y seguramente es la mayor parte de la tradición), es porque hay una tradición enferma, enfermiza, patológica, morbosa contra la que es preciso luchar con todos los medios al alcance. Hay que separar el trigo (la tradición sana) de la cizaña (la tradición recordada para meter cizaña en la Iglesia). ¡Menos mal que tenemos al Prefecto casi perfecto del Dicasterio para el Culto Divino, que nos pone a salvo de la tradición insana.
ResponderEliminarSabido es que todo lo que salió de la factoría de Francisco comburendus est. Lo que mejor podríamos hacer con todas los disparates de Tucho, de Roche y tutti quanti es quemarlo y pasar página. Los teólogos de buena fe se ahorrarían esfuerzos vanos por cohonestar las ocurrencias de Fernández y Roche con la doctrina católica. Nos ahorraríamos la teología de rodillas y demás declaraciones de su jefe máximo. Qué contumacia la de Francisco, Tucho y Roche en insistir que sus salidas de tono son desarrollos del Concilio Vaticano II.
ResponderEliminarEl esfuerzo denodado de muchos teólogos por "explicar" el anclaje de de semejante sarta de disparates dogmáticos, morales, canónicos y litúrgicos con la doctrina recibida en la Tradición ha cedido el paso a quienes proponen que es una nueva teología, un nuevo derecho, una nueva moral, una nueva liturgia. Novedosa y de obligada acdeptación porque es lo que exigen los conocimientos actuales y el desarrollo intelectual del mundo moderno.
Si la corredención de María es inadmisible porque es difícil de explicar, dice el impagable Tucho qué lumbrera Dios mío qué lumbrera, los mejor es olvidarse de la Transustanciación porque es ontológicamente imposible y reducirla a mera celebración simbólica. Si lo importante es una sola fe y un solo bautismo, olvidémonos del resto de los sacramentos y del Credo, así lo dio a entender Francisco cuando pedía una teología de rodillas.
Estos días han pasado inadvertidas unas declaraciones de un famoso cirujano barcelonés que se ha especializado en los primeros pasos allende la muerte. El médico explico en TV su visita a Francisco a instancias del Pontífice. Lo que dijo y lo que respondió el Papa es para olvidar: la Iglesia necesita dejar de lado de una vez los dogmas y ponerse al día. Literal. La respuesta del Papa fue, cuando menos, improcedente.
Ese es el problema de la Iglesia: que ha perdido el norte, Cristo, camino, verdad y vida. Los que antaño hacían realmente teología de rodillas, empezando por Tomás de Aquino que así pasaba ante el sagrario largas horas mientras escribía la Summa, abordan el derecho, la moral, la liturgia bajo un enfoque bíblico.teológico. Por decirlo brevemente, los cánones han de ser expresión de una eclesiología viva. Dígase lo propio de una liturgia que ha inspirado y santificado a santos, teólogos y pueblo fiel de todos los tiempos. Salvo a Roche. ¿Incompetencia o maldad?
Dejemos a Francisco y compañía que se disuelvan en el éter que predican. Cuanto antes hablen los 25 cardenales válidamente creados por Benedicto XVi y confirmen que León XIV es Papa y F-I fue un Antipapa, mejor. Mientras tanto, sigamos a B16 "¡Qué no os confundan!¡Mantenéos firmes en la Fe!
EliminarPues vaya pifia de sínodo.
ResponderEliminarSi no ponen a un Africano en la Congregación de Ritos y a Burke en el Santo Oficio, vamos al precipicio.
Totalmente de acuerdo con el Sr. Valderas Gallardo.
ResponderEliminarIncompetencia y maldad van de la mano.
Esa fórmula de incompetencia y maldad tiene su base en la anulación de la meritocracia y es la base de "comunismo democrático" que moldea Occidente desde el fin de la 2 GM y, en España, con especial furia y ahínco desde que se instauró el Régimen del 78.
EliminarEl Cardenal Roche es un tramposo, por no decir algo peor. La gran mentira que nos han colado, es que el Novus Ordo es fruto del CVII, cuando en realidad contradice varios puntos de la Constitución “Sacrosanctum Concilium” del CVII.
ResponderEliminarEl art. 4 de la Sacrosanctum Concilium dice textualmente en su punto 4: “La Santa Madre Iglesia atribuye igual derecho y honor a todos los ritos legítimamente reconocidos y quiere que en el futuro se conserven y fomenten por todos los medios.”
La realidad ha sido lo contrario: a la Misa Tradicional le quitaron el Derecho y el Honor, y la desterraron a las catacumbas.
También dice que los rituales “sean revisados CON PRUDENCIA, de acuerdo con la sana tradición”
La revisión prudente se la pasaron por el forro y destruyeron un edificio para construir uno nuevo, tal como dijo Benedicto XVI. Y así podríamos seguir con muchas más cosas.
Cualquier obispo anterior al siglo XX, si asistiera a muchas Misas Novus Ordo, NO las reconocería como católicas. Pero eso, a la jerarquía actual le importa un pimiento. Al contrario, si quieres hacer las cosas demasiado bien, te expulsan de la Diócesis, y te amenazan con reducirte al estado laical, como ha ocurrido en Barcelona.
Tal como dijo B XVI, la Misa Tradicional No puede prohibirse, porque sería prohibir el Rito mas sagrado del Catolicismo durante más de mil años. Si se llega a prohibir entonces estamos en una falsa iglesia.
Tal como dijo el Cardenal Sarah: este odio a la Misa Tradicional es diabólico.
Totalmente de acuerdo con el Sr. Fred.
EliminarEn mi opinión: dentro de unos años, los que sean, todo el Novus Ordo será derogado y se restaurará el Vetus Ordo en su integridad, quizás con otra variante más breve.
ResponderEliminarY es que el Novus Ordo no tiene remedio: nació con el estigma de ser abreviado, innovado y con variantes opcionales.
Este pecado original ocasionó que se transmitiera a toda la práctica: los curas progres hacen innovaciones y creaciones, se abrevia o se alarga con cosas raras, y se generan versiones llamadas las misas de "rito progre". Sólo hay que ver cómo lo trituran en las misas del camino sinodal alemán.
El Novus Ordo tiene 13 plegarias eucarísticas (4 principales, 4 para necesidades, 2 reconciliatorias y 3 infantiles), mientras que el Vetus Ordo sólo tiene 1, el Canon Romano.
A pesar de las sucesivas tres ediciones del Misal Romano (1970, 1975, 2002 y 2008 enmendada) del Novus Ordo, es una misa fácil de vulnerar a pesar de las normas protectoras:
a) Instrucción General del Misal Romano (IGMR): defiende el orden y la unidad del rito. Establece cómo debe moverse el cuerpo, qué debe decir la voz y cómo debe usarse el espacio. Evita que cada parroquia celebre "a su manera", protegiendo la universalidad de la oración de la Iglesia.
b) Redemptionis Sacramentum (2004): protege la sacralidad y la validez de la misa. Se centra en prohibir prácticas ilícitas (como usar materiales indignos para el cáliz o que los laicos prediquen la homilía). Protege el derecho de los fieles a participar en una liturgia que sea verdaderamente católica y no una invención humana.
c) Liturgiam Authenticam (2001): traducciones
d) Código Derecho Canónico:
- Canon 846 §1: Fidelidad Litúrgica
Prohíbe alteraciones personales en los ritos.
Función tuitiva-protectora: la identidad y unidad de la Iglesia frente al subjetivismo del celebrante.
- Canon 897: Centralidad Eucarística
Define la Misa como sacrificio real y cumbre de la vida cristiana.
Protección tuitiva: El dogma del carácter sacrificial frente a interpretaciones puramente sociales.
- Canon 907: Exclusividad Sacerdotal
Prohíbe a laicos y diáconos recitar oraciones propias del sacerdote.
Tutela: El Orden Sagrado y la validez de la acción in persona Christi.
- Canon 908: Prohibición de concelebración ecuménica
Impide celebrar la Eucaristía con ministros de comunidades no católicas.
Protección: La verdad de la comunión eclesial y la unidad de la fe.
- Canon 924: Materia Eucarística
Exige pan de trigo y vino de vid natural.
Defensa: La validez del sacramento (asegura que ocurra la transubstanciación).
- Canon 927: Prohibición de consagración aislada
Prohíbe consagrar una especie sin la otra o fuera de la Misa.
Amparo: La integridad y el simbolismo completo del sacrificio de Cristo.
- Canon 929: Ornamentos sagrados
Obliga el uso de alba, estola y casulla según las rúbricas.
Guarda: La sacralidad del rito, diferenciando el ministerio del individuo.
- Canon 938: Seguridad del Sagrario
Exige un sagrario sólido, inamovible y cerrado bajo llave.
Blindaje: La Presencia Real contra robos, profanaciones o negligencias.
...
La propia indigencia cognitiva e intelectual de los defensores del Novus Ordo, como Roche, se gira contra ellos:
a) El Novus Ordo es un invento completo de Bugnini y sus adláteres, incluida la plegaria eucarística de San Hipólito PE II (reconstrucción hipotética), la PE I es la simplificación del Canon Romano y las 11 plegarias eucarísticas restantes son puras recreaciones sacadas de diversas misas y tradiciones o directamente inventadas.
b) La Vetus Ordo sí cumple con todos los requisitos de la Sagrada Tradición Litúrgica de la Iglesia Católica Latina, tiene tradición inveterada y un poderoso aparato teológico escolástico, además de ser la misa como mínimo de los últimos 5 siglos y que ha servido a miles de millones de católicos, cosa que no tiene para nada el Novus Ordo, se inventó en 1970 y luego en la 2a. edición de 1975 (de hecho, ya durante el concilio en los 1960)
La Novus Ordo es lícita y válida, y suele celebrarse normativamente, pero tiene defectos intrínsecos y extrínsecos.
Apañados estamos con estos inventores de ritos y, plegarias. Unos cuantos de ellos, planchados en Logias masónicas. Un dia las aguas retornarán a su cauce no sin antes haberse puerficado
ResponderEliminarA qué grado Masónico pertenece el semoviente?
ResponderEliminarAl 66???
O al 666
EliminarMuchos como Roche tendrían que ser cesados, pero me temo que el papa León no va a destituirlo ni a él, ni a Tucho ni a ninguno. Francisco con buenos modales, qué decepción.
ResponderEliminarNo caerá esa breva, Don Hermenegildo.
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