DEL PASTOR AL FUNCIONARIO: LA SILENCIOSA DEMOLICIÓN DE LAS PARROQUIAS

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La Iglesia, en su tradición multisecular, ha vivido siempre de la relación personal entre el pastor y su comunidad. La parroquia nunca fue una oficina ni un engranaje burocrático, sino un hogar espiritual donde el sacerdote conocía a sus fieles, compartía sus alegrías y sufrimientos, y se entregaba con responsabilidad personal a la misión de anunciar el Evangelio. Hoy, sin embargo, asistimos a una transformación que amenaza con destruir este modelo: la sustitución del párroco por un “coordinador de equipo”.
El documento titulado “Reestructuración pastoral y territorial de la Archidiócesis de Barcelona”, resultado del parto de los montes de un abstruso staff diocesano, habla de “comunidades pastorales” y de “equipos de presbíteros y diáconos”, bajo la dirección de un moderador o coordinador. En la práctica, esto significa que ya no hay un pastor que se responsabilice de su parroquia, sino unos funcionarios que organizan turnos de servicio. Ya no hay párroco, sino el cura que toca este domingo y celebra la misa, administra los sacramentos puntualmente y se marcha con la música a otra parte. No hay continuidad, no hay relación personal, no hay vínculo pastoral. El sacerdocio secular se vacía así de contenido teológico y la parroquia se convierte en un servicio religioso despersonalizado, semejante a una ventanilla administrativa, a una estafeta de correos donde vas a comprar un sello, sin importar el funcionario que te lo venda. Porque uno va por el sello y punto. No hay nada personal en ello.
La desaparición del párroco
El párroco, figura central en la vida de la Iglesia diocesana, queda disuelto en una etérea figura de engranaje en la coordinación de un equipo pastoral. A partir de ahora, sólo serán párrocos aquellos que gocen de la personal amistad y de una absoluta afinidad afectiva y efectiva con el obispo, y sean designados graciosamente por él como “moderadores”.
El resto de sacerdotes se convierten en auxiliares, sin responsabilidad propia, sujetos a la coordinación del líder impuesto, inquilinos (pues sin duda tendrán que pagar por ello) de cualquier cuchitril habitacional en la abadía de la parroquia de referencia de la comunidad pastoral, de la que el cura moderador es amo y señor. Sin apenas independencia, el clero auxiliar, no así el alto clero, tendrá que tragar con lo que le den para vivir, mientras el resto de casas parroquiales quedan a disposición del obispado para que renten con alquileres a precios de mercado, y puedan así proveer las necesidades familiares de la multitud de laicos paniaguados, que medran en las oficinas episcopales. 
Así pues, la parroquia deja de ser un espacio de pertenencia y se convierte en un territorio administrado desde arriba. El sacerdote ya no es pastor, sino funcionario. Sin ilusión, su tarea se limita a ofrecer servicios sacramentales. Sin la más mínima esperanza de construir una comunidad viva, se le priva de la alegría de acompañar las vidas de los fieles, de ver crecer a su rebaño, de ser padre espiritual de cada uno de ellos. Se destruye así la tradición multisecular que vinculaba al sacerdote con su comunidad concreta, con sus familias, con sus enfermos, con sus jóvenes.
El control ideológico y la uniformidad pastoral
Este modelo no es inocente. Al eliminar la responsabilidad personal del sacerdote como párroco, se asegura un control ideológico absoluto. El coordinador, designado como cargo de confianza por el obispo, marca el estilo pastoral y uniformiza las prácticas. Se acabó la diversidad de carismas, la riqueza de estilos, la creatividad pastoral. Todo queda sometido a un esquema uniforme, diseñado para garantizar obediencia y evitar disidencias.
La parroquia, que era espacio de libertad y de encuentro, se convierte en un laboratorio de uniformidad. El sacerdote ya no puede imprimir su sello personal, ni responder a las necesidades concretas de su comunidad. Debe ajustarse al guion impuesto, al “camino sinodal” bajo la vigilancia del coordinador. El resultado es una pastoral fría, repetitiva, sin alma, que responde más a criterios administrativos que a la acción del Espíritu.
Una Iglesia sin rostro ni calor humano
Los fieles se encuentran finalmente con “el cura que toca este domingo”, un sacerdote al que no conocen, que no sabe nada de sus vidas, que no se compromete con ellos más allá de la celebración puntual. La parroquia pierde su identidad, se diluye en una estructura burocrática que habla de comunión, pero practica la despersonalización.
Y la sinodalidad, presentada como camino de renovación, se convierte en un expediente organizativo que reduce la vida de la Iglesia a reuniones y coordinaciones. Sin profundidad espiritual, sin relación personal, sin responsabilidad concreta, la parroquia se convierte en una oficina de servicios religiosos.
El sacerdote convertido en funcionario
En cambio, el sacerdote, que antes encontraba en su parroquia un espacio de entrega y pertenencia, ahora es tratado como un empleado que rota por distintas comunidades. Se le quita la ilusión de tener una comunidad propia, de ser padre espiritual de un pueblo concreto. Se le convierte en un funcionario que ofrece servicios sacramentales, sin arraigo ni continuidad. La sacramentalidad, que tanto criticaban los curas progres tras el concilio, se convierte en una realidad oficial y fomentada por el mismo Arzobispado.
Luego, dirán que este modelo de acción pastoral se implementa porque faltan sacerdotes. No es verdad.  En Barcelona sólo faltan esos sacerdotes progres que a D. Juan José Omella le gustarían. Tiene otros, pero a esos hay que atarles corto. Las vocaciones no les interesan porque nunca han creído en ellas. Por eso no las buscan, por eso no hablan ya a los jóvenes de la vocación ni de la entrega a Cristo en el ministerio sacerdotal. Quieren una nueva iglesia, dirigida administrativamente por laicos a sueldo, en la que los pocos clérigos que queden sean ingenuos esclavitos felices hasta su física desaparición.
Este modelo no puede más que desmotivar, matar vocaciones y convertir el ministerio del sacerdote en una tarea desilusionante y mecánica. En ella, el sacerdote deja de ser pastor para convertirse en gestor de sacramentos. Y cuando se pierde la dimensión personal y comunitaria, la parroquia se convierte en un cascarón vacío.
Conclusión: la demolición silenciosa
La demolición silenciosa de la parroquia tradicional es un golpe bajo a la vida de la Iglesia. Con ella, se destruye la figura del pastor, se convierte al sacerdote en funcionario, se elimina la relación personal con los fieles, se uniformiza la pastoral y se asegura el control ideológico. Y todo bajo el pretexto de modernizar estructuras, de responder a la movilidad contemporánea y a la presunta falta de vocaciones.
Sin embargo, la Iglesia no vive de estructuras, sino del Espíritu de Cristo que, a través del ministerio sacerdotal, forma comunidades vivas, con pastores entregados, con relaciones personales que transmiten el Evangelio. Y es que si se arranca al sacerdote de su parroquia, se le priva de cualquier responsabilidad personal y se le convierte en un funcionario administrativo, matando así la ilusión, apagando el ardor pastoral y condenando a la parroquia a su efectiva demolición.
La tradición multisecular de la Iglesia nos recuerda que el sacerdote, el pastor, es más que un coordinador, más que un hacedor de sacramentos: es padre, guía, amigo y testigo configurado con Cristo para enseñar, santificar y gobernar al Pueblo de Dios. Destruir esa tradición es destruir la Iglesia misma. Y quienes hoy, desde las altas esferas eclesiales, promueven este modelo de coordinación comunitaria deben saber que están inventando una iglesia sin rostro, sin calor humano y sin alma.
Que Dios se apiade de ellos.
Gerásimo Fillat

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36 comentarios

  1. Soy sacerdote de esta diócesis, y solo dirigiré una brevísima reflexión a imagen de “voz que clama en el desierto”, en un desierto cada vez más árido. El otro día estábamos un grupo de sacerdotes amigos y me sorprendió oír, durante más de 4 horas que duró en encuentro, frases como éstas por parte de todos: “de haberlo sabido nunca me hubiese ordenado sacerdote”. Y hasta me hizo saltar las lágrimas cuando uno joven dijo que “prefería morir a vivir así”. Los diversos puntos de vista de la realidad objetiva eran distintos, pero convergían en esta misma dirección de tristeza común. Ahora bien, y aquí lo dramático, la causa de todo ello para todos nosotros (y no éramos solo 3 amigotes…) era la misma: el abandono generalizado y el mal trato por parte de la curia empezando por los obispos, que más que comportarse como padres infunden terror. Ahí lo dejo… si alguien lo lee y le conmueve la realidad, que lo piense y eleve una oración por nosotros.

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    1. ¡Maria, Auxilio de los Cristianos ampara a esos sacerdotes!, que luchan por ser fieles al magisterio perenne en medio de obispos sin fe que compadres con lo que quiere el mundo y su pompa.

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    2. Si eso es cierto y realmente eres sacerdote, no te desanimes, seguimos a Cristo por encima de todo y de todos.

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    3. Puedes contactar a este email. Soy sacerdote por si necesitas hablar. Claudicar es lo único que no podemos hacer. Hay mucho que hacer.

      sacerdoschristimariae@gmail.com

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    4. Sí, claro que soy sacerdote. Gracias por el enlace email que compartís, seguro que es de gran ayuda para muchos. Pero no necesitamos ni escucha externa, ni acompañamiento extra, ni grupos de auto ayuda… aunque vuelvo a remarcar que se agradece la amabilidad y el interés. Menos aún, necesitamos oír por parte de esos que mandan que el problema es nuestro, que vayamos al nuevo servicio de atención a curas que pasan por un momento de dificultad (y te atiende un laico a modo de psicólogo!!!). ¿Nos intentan engañar o tratar como enfermos psíquicos? La enfermedad está en la estructura y en lo que han creado, una estructura enfermiza de poder donde no hay lugar para el diálogo, no hay atención personal por parte del obispo/padre (lo que encuentras es un obispo/administrador que te quita en todo la razón y no escucha tus argumentos). Lo que necesitamos es cambio, conversión, arrepentimiento público y mucha penitencia. Todos, pero especialmente los que están en la cúspide

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    5. Lo que dice ya está previsto de antiguo en las cartas del NT y en diversas profecías crísticas y marianas: la decadencia y la persecución dentro de la misma Iglesia.

      Y todo lo que experimenta es absolutamente normal y lógico dentro de una época de crisis: la situación genera estas premisas, argumentaciones y conclusiones congruentes y coherentes dentro de la situación de degradación eclesial.

      No es un tipo de martirio cruento como en la guerra civil, sino que es un tipo de martirio consistente en un presunto acoso laboral institucional o mobbing institucional descendente.

      La literatura da esas reacciones:

      Síndrome de burnout sacerdotal extremo
      Trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT-C)
      Depresión mayor reactiva
      Ideación suicida (pasiva o activa)
      Trastorno adaptativo crónico con estado de ánimo depresivo
      Indefensión aprendida
      Trastorno de estrés postraumático relacional (o trauma relacional complejo)

      Teológicamente es un subtipo de martirio:

      - Martirio cruento → sangre física (Mártires Guerra Civil Española 1936-39)
      - Martirio blanco → lento, psicológico, administrativo
      - Martirio incruento de la obediencia → mismo que blanco
      - Martirio cotidiano / diario → sufrimiento prolongado diario
      - Martirio gris → burocrático actual
      - Martirio de la paciencia → abandono prolongado
      - Martirio del abandono → aislamiento curia

      Santos que lo sufrieron:
      - San Juan Mª Vianney (perseguido por obispo)
      - San Pío de Pietrelcina (aislado y calumniado)
      - San José Mª Escrivá (calumniado por clero)
      - Beato Álvaro del Portillo (marginado)
      - San José María Robles Hurtado (martirio blanco antes de cruento)
      - Cura de Ars, Brochero, P. Hurtado (todos hostigados por jerarquía)

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    6. Agárrese a la mano maternal de la Corredentora (yo sí lo puedo escribir, ¿verdad), y siga su vocación como lo hizo San Pio de Petralcina a pesar de todas las persecuciones de los suyos y algún que otro obispo. Tenga por muy seguro el amor que siente la mamá de Jesús por usted y todos los sacerdotes es inmedible.
      Y a nosotros, los laicos, no nos queda otra que incluir en todas, todas, todas nuestras oraciones la ayuda para los 'alter christus'.¡Ánimo!
      MT

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    7. Insisto en ofrecerme para simplemente hablar de esto mismo que nos preocupa a muchos sacerdotes. Es muy probable que nos conozcamos...

      sacerdoschristimariae@gmail.com

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    8. Me hago cargo del sufrimiento, pero creo q no hay q ahogarse en él.

      Nada te turbe, nada te espante...

      Sabemos de quién nos hemos fiado.

      Creo que el 98% de los problemas sacerdotales se solucionan con un pincho de tortilla, una cerveza y unas risas con un sacerdote amigo.

      Y el otro 2% poca solución tiene en este mundo jajajaja

      Baches y oscuridades no faltarán, pero en todo vencemos fácilmente.

      Nuestra felicidad no depende de nada de fuera, y menos de un plan pastoral, una parroquia, una feligresía o un obispo. De veras, créeme.

      Mucho ánimo hermano y una oración por ti. Un honor "servir" contigo (también con nuestro arzobispo!) en la brecha.

      Non praevalebunt

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  2. Verdades como una Catedral de grandes.
    Esperemos que el sucesor de Omella arregle este desaguisado de las Comunidades Pastorales.

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  3. El "rostro" de la Iglesia no es el cura de turno, el "rostro" es la comunidad llamada Iglesia, no nos confundamos. Este asunto del articulista Fillat ya ha sido discutido demasiadas veces y demuestra que los intelectuales que escriben aquí no llegan a las suelas del Aquinate. El resultado actual de la falta de sacerdotes se puede comparar en que antes los católicos tenían su "mayordomo" el cura que les preparaba incluso el café, y ahora los católicos deben aprender a llevar la cruz del trabajo para prepararse su café ellos mismos, y con estas cuatro palabras de negado copipasteano que soy ya esta dicho todo, aunque falta el Diluvio y la Pentápolis que ni los curas funcionarios se atreven a predicar.

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    1. Sr Garrell, tenga piedad hombre! Aún quedan sacerdotes santos, muy dignos...cómo van a ser cómo el Aquinate si un tal Fernández no para dw Sacra documentos disparatados, el largo legado de Francisco a los mandos de la apisonadora. Dios les bendiga y les de fuerza para predicar la Biblia completa y no la amputada post-concilar

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    2. Felicito a los curas que no predican el Diluvio ni la Pentápolis.

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    3. 10.08 Déspierte!, hemos vivido en un estado de catatonia grave. Poco a poco unos despiertan, otros siguen perdidos en su limbo. Nada de Biblias amputadas, nada de curas ONGetistas, nada de sinodalidades para enmascarar la luteranización del catolicismo

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  4. Diócesis en derrumbe (I)12 de diciembre de 2025 a las 4:36

    En mi opinión, el artículo expresa que son interesantes estos cambios eclesiales, el Decreto de Omella de julio del 2025, pues indica el paso del Rubicón del arzobispo: empezamos una nueva era de decadencia ya oficialmente reconocida, agrupar muchas parroquias con equipos ya mínimos de sacerdotes, listos para enfocar con tranquilidad la fase de extinción. La solución de los pobres que van hacia la miseria hasta la desaparición del presbiterado. Y en pleno mandato de León XIV.

    Hay que criticar que sobre la reestructuración pastoral —como la observada en la Archidiócesis de Barcelona— ésta se ha hecho sin sinodalidad: ni transparencia informativa, deliberación y decisión del Pueblo de Dios. Es un proceso altoclerical.

    Es bueno comprender el desafío, evaluar sus implicaciones teológicas y pastorales, y discernir cómo contribuir activamente a soluciones que fortalezcan la comunión eclesial.

    Desde un punto de vista ortodoxo tradicional, priorizamos la fidelidad a Cristo Buen Pastor, la continuidad con la tradición multisecular y la sinodalidad auténtica como participación viva del Pueblo de Dios, y el abandono ya total y definitivo del anticatólico nacional-progresismo.

    ---

    I. El núcleo del desafío: De la parroquia como hogar espiritual a un sistema funcionarial y burocrático coordinado

    La tradición de la Iglesia ha visto la parroquia como un espacio de encuentro vivo entre el pastor y su rebaño, donde el sacerdote —configurado sacramentalmente con Cristo— ejerce una paternidad espiritual personal y estable.

    Documentos como el Código de Derecho Canónico (c. 515-552) y la exhortación Christus Dominus del Concilio Vaticano II subrayan esta responsabilidad integral: enseñar la fe, santificar mediante los sacramentos y gobernar con caridad pastoral.

    En contraste, iniciativas recientes como la "Reestructuración pastoral y territorial de la Archidiócesis de Barcelona" (decreto del 28 de julio de 2025, firmado por el cardenal Juan José Omella), han roto dos milenios de tradición como si fuera un cucurucho de helado, introducen "comunidades pastorales" agrupando parroquias bajo equipos de presbíteros y diáconos, dirigidos por un "moderador" o coordinador, como si fuera un equipo de futbol dirigido por el capitán, sus 9 jugadores y el portero, con sus suplentes, el fisio y el chico de la galleda.

    Esto responde a presiones reales, como la secularización y la disminución de vocaciones y ordenaciones en Europa, la cual debe de tener la mitad de sus diócesis en decadencia hacia la extinción rápida, como pasa en Gerona, algo nunca visto si no participaban guerras, epidemias, invasiones. Hoy, la misma Iglesia se autoliquida, con la tolerancia aparente de León XIV, que no hace nada.

    Sin embargo, en la práctica, después de 2000 años, liquida la figura del párroco tradicional: el sacerdote se convierte en un miembro rotativo de un equipo tiovivo, responsable de servicios puntuales (como celebrar la Misa dominical) sin un vínculo continuo con la comunidad.

    Una experiencia que ya la he visto en Tarragona: hoy está el cura A, mañana B, luego viene D, mira, hoy aparece C, "hola qué tal" dice F... uno es ortodoxo, dos o tres son nacional-progresistas, otro es indiferente, otro es "oscuro", otro es rarito... no te identificas con la parroquia, porque el edificio es instrumental, y lo que importa es el cura.

    ¿Habrán querido eliminar la emigración de fieles a curas más carismáticos y fieles para diluirlo en un equipo impersonal de curas desdibujados, ellos mismos sin comunidad y la comunidad sin padre?

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    1. 10/08, pues muy mal por ellos.
      Éstos pasajes Bíblicos son Palabra de Dios.

      Lo quieran o NO!!!

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  5. Diócesis en derrumbe (II)12 de diciembre de 2025 a las 4:39

    ¿El obispado promueve la orfandad espiritual del laicado, y el despadramiento o despastoreamiento del cura respecto a su comunidad de hijos o rebaño?

    ¿Se rompe esta espiritualidad de la paternidad procedente de la masculinidad sacerdotal celibataria, a imagen y semejanza de Jesucristo, y pasan a ser fríos y turnantes burócratas de la misa?

    Esta evolución no es aislada; refleja debates en otros contextos, como el Camino Sinodal alemán (2019-2023), donde se propusieron ordenaciones de viri probati (hombres casados de probada fe) o sacerdotes "abreviados" (como los antiguos curas miseros), hechos de manera rápida, barata, masiva y para una función litúrgica en una parroquia concreta, para suplir carencias clericales de los curas formados durante 6 años: "cómo ser presbítero en 6 lecciones y 9 tardes", pues en Alemania, los apóstatas del camino sinodal se han quedado casi sin vocaciones ni ordenaciones, y son 20 millones de fieles.

    Aunque no se menciona explícitamente "boni viri" en documentos oficiales del arzobispado, el énfasis subyacente remite a la tendencia hacia tener presbíteros "funcionales" con preparación reducida (criticado por el Francisco en sus advertencias contra rupturas con la comunión universal cuando le presentaron los boni viri en Querida Amazonía): vamos, que van a tomar a un laico, le van a dar unas breves clases sobre cómo hacer misas, y lo ordenan cura misero para su parroquia.

    Ello plantea riesgos similares: una pastoral despersonalizada donde la parroquia pasa de ser una "familia espiritual" a un "servicio administrativo", como una ventanilla sacramental sin arraigo humano ni nada.

    El bien común del fiel radica en reconocer que esta despersonalización no solo afecta al clero, sino a los fieles: sin un pastor estable, se debilita el acompañamiento en alegrías, sufrimientos y crecimiento espiritual, erosionando la identidad comunitaria que ha nutrido la fe durante siglos.

    ...

    Mi experiencia en Tarragona, ya dicha antes, así lo indica: la parroquia pasa a tener un "padre" que conoces a un transeúnte coro de sacerdotes con los que no tienes ningún tipo de conexión ni comunión por diversas razones, una de ellas, estar cansado de ver cambios sin sentido, otra, ver que son curas de espiritualidades absolutamente incompatibles con la misma Fé: son nacional-progresistas. Otros, porque son indiferentes, o por su carácter rarito. Te preguntas, ¿de dónde han venido?. Otra circunstancia es que al ser muchas las parroquias que cubren y ser pocos los curas, diversas parroquias van quedando cerradas en domingo porque ya no pueden atenderlas, cuando antes sí podían. Este modelo matará a las parroquias.

    Mi impresión es que cambiar la cara del cura cada domingo en la parroquia va directo a una catástrofe. Es como si al alumno le cambian cada semana el profesor. Como si el presentador de telediarios cambiara cada tres días. Como si tu padre fuera variando cada mes. Un absurdo, letal encima.

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  6. Diócesis en derrumbe (III)12 de diciembre de 2025 a las 4:40

    II. Raíces profundas: Causas estructurales, ideológicas y espirituales

    Más allá de la escasez numérica de sacerdotes (un factor real, con vocaciones en declive en Occidente según datos del Anuario Pontificio), las causas incluyen:

    1. Lógica gerencial y burocrática: Influida por modelos seculares de eficiencia, prioriza la coordinación sobre la relación personal. En Barcelona, la reestructuración busca "reforzar la presencia pastoral" adaptándose a la "movilidad contemporánea" (según el decreto oficial), pero reduce la parroquia a un "territorio administrado" con turnos y rotaciones, como señalan críticos en fuentes como Catalunya Religió.

    2. Búsqueda de uniformidad y control: Al designar moderadores por afinidad episcopal, se minimiza la diversidad de carismas —una riqueza elogiada en Lumen Gentium (n. 12)— y se favorece un estilo pastoral homogéneo. Esto sin duda limitará la creatividad y fomentar obediencia mecánica (obvio, al ser la Iglesia una estructura en exceso burocratizada y disciplinada-castigada por Francisco contra los disidentes y opositores a su nefasto pontificado), en detrimento de la libertad interior del sacerdote.

    3. Influencias externas y desconfianza en el sacerdocio tradicional: El Camino Sinodal alemán, con sus propuestas de reformas (documentadas en Wikipedia y Humanitas), refleja una secularización que privilegia estructuras laicales asalariadas sobre vocaciones presbiterales. En algunos contextos, esto revela un silencio sobre la llamada sacerdotal, priorizando "iglesias nacionales" que el Papa ha advertido como riesgos de cisma (en sus intervenciones de 2023).

    4. Falta de sinodalidad auténtica: El "Decreto de Nueva Organización Pastoral y Territorial en el Arzobispado de Barcelona en Arciprestazgos y Comunidades Pastorales" (Decreto 31/25, firmado por el cardenal Juan José Omella el 28 de julio de 2025), NO es SINODAL, a pesar de vivir en una Iglesia sinodal...

    4.1. Un aspecto formal clave es que reformas como la de Barcelona no han sido sometidas plenamente al Pueblo de Dios de la Iglesia Particular. Según los principios sinodales del Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad (2024, Vatican.va), la sinodalidad exige participación de todos, transparencia informativa, deliberación abierta, discusión inclusiva y decisiones compartidas —no decretos "alto-clericales" descendentes.

    4.2. En Barcelona, aunque se menciona un proceso post-Sínodo (2021-2024), no hay evidencia de una consulta amplia y deliberativa con fieles, laicos y clero base, lo que contradice el llamado a una Iglesia "que camina juntos" (Documento Preparatorio, 2021). Esto genera opacidad y alienación, minando la comunión.

    4.3. Todo ello surge de una tensión entre necesidad práctica y fidelidad doctrinal, agravada por la secularización acelerada.

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  7. Diócesis en derrumbe (IV)12 de diciembre de 2025 a las 4:41

    III. Implicaciones teológicas y pastorales: Riesgos para la vida eclesial

    Desde una perspectiva ortodoxa, los cambios derivan en:

    1. Debilitamiento del pastor como figura paterna: Sin estabilidad, se pierde la dimensión esponsal del sacerdocio (Ef 5,25-32), reduciéndolo a un "gestor sacramental" funcional, contrario a la tradición de los Padres de la Iglesia.

    2. Homogeneización y pérdida de vitalidad: La uniformidad ideológica empobrece la catolicidad, que florece en la diversidad unida (Ef 4,4-6).

    3. Erosión sacramental y comunitaria: Recursos como las celebraciones dominicales sin presbítero (Directorio Vaticano de 1988) son legítimos para emergencias —permitiendo oración, lecturas y comunión preconsagrada liderada por laicos o diáconos—, pero no deben normativizarse, ya que no sustituyen la Misa ni la presencia sacerdotal plena: tal como se organizan en Cataluña, son un desastre y una catástrofe, son un sucedáneo de misa que nadie quiere.

    4. Impacto en vocaciones: Un ministerio desilusionante disuade a los jóvenes, perpetuando el ciclo. Además, la misa está sufriendo una degradación de la masculinidad presbiterial, pues está feminizada al máximo, no dando el modelo ejemplar de sacerdote masculino célibe: monaguillas, lectoras y acólitas institucionalizadas o no, ministras extraordinarias de la comunión, mujer presidiendo la asamblea de la Celebración de la Palabra Dominical en ausencia de presbítero... todo un desastre sin paliativos, que agravará la catástrofe de falta de ordenaciones y vocaciones masculinas celibatarias, pues parece que la Iglesia de León XIV ha decidido conservar todo lo malo de Francisco y ahondar la enormísima crisis de la falta de legitimidad, credibilidad y prestigio del presbítero masculino celibatario.

    5. Potencial fragmentación: Experimentos locales desconectados de Roma amenazan la unidad universal, como ha señalado el Papa en sus críticas al Camino Sinodal.

    ---

    IV. Vías de renovación: Propuestas ortodoxas y propositivas para el bien común

    La solución está en tener más vocaciones y ordenaciones, y aquí está un modelo ya muerto y estéril (nacional-progresismo) y la única solución, lo tradicional ortodoxo.

    Para dar algunas ideas, aunque la última será la más útil:

    1. Reafirmar la identidad sacerdotal personal: Insistir en párrocos estables como padres espirituales, conforme al magisterio (e.g., Pastores Dabo Vobis, 1992). En diócesis como Barcelona, abogar por regresar el párroco a su parroquia donde sea necesario, y sólo moderadores en donde sea necesario, y que fomenten autonomía, no control.

    2. Fomentar vocaciones auténticas: Predicar la belleza del sacerdocio en parroquias y juventudes, con testimonios de sacerdotes entregados. Fomentar la masculinidad celibataria presbiterial, imagen de Jesucristo-sacerdote, gravísimo fallo de León XIV que deberá muy pronto de rectificar muchas reformas de la misa que han sido un fracaso, entre ellas, la laicización y la feminización de la misa, lo que han creado la percepción sociológica de que el cura va a ser sustituido por laicos y mujeres, y que su función es supletoria, mínima, irrelevante.

    3. Programas de acompañamiento espiritual pueden revertir declives.

    4. Mantener formación integral: Rechazar "sacerdotes rápidos" o curas miseros; exigir 6-8 años de preparación teológica, espiritual y pastoral para una configuración plena con Cristo.

    5. Corresponsabilidad laical sin confusiones: Los laicos asuman roles en administración, catequesis y caridad (como en Apostolicam Actuositatem), complementando —no suplantando— al clero.

    7. Aplicar sinodalidad genuina: Exigir que reformas se sometan a procesos transparentes: asambleas diocesanas con participación laical, deliberación abierta y decisiones compartidas. En Barcelona, los laicos pueden iniciar peticiones para revisiones sinodales, invocando el Documento Final de 2024.

    8. Renovación espiritual como base: Priorizar adoración eucarística, oración comunitaria y santidad personal. Sin gracia, las estructuras fallan; con ella, fructifican.

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  8. Diócesis en derrumbe (V)12 de diciembre de 2025 a las 4:52

    V. Síntesis para el discernimiento personal: Comprender, discernir y contribuir. Oración final.

    Esta crisis revela una tensión entre adaptación y tradición, pero el bien común de la Iglesia se mide por la fidelidad al Evangelio: pastores que conocen sus ovejas (Jn 10,14), comunidades vivas y una parroquia como familia, no oficina.

    Se puede proponer una terna: comprender la crisis (el descrédito ya en máximos históricos, sociológicos y teológicos de la masculinidad presbiterial celibataria); discernir la necesidad de revertir todo el proceso de laicización y feminización de la misa por contraproducente y fracasado; contribuir a implementar las reformas lo más inmediatamente posible (Benedicto XVI lo dijo: reformar la reforma en la hermenéutica de la continuidad).

    Otra reforma es eliminar la comunión en la mano y de pie, fuente de verdadera degradación y abuso (el rito no se cumple), y volver a la comunión en la boca y de rodillas, con formas eucarísticas más amplias y que sean tal como han de ser: anchas de 4 cm de diámetro, hechas de pan ácimo de trigo y agua (sin levadura), de textura blanca y fina (no las integrales de sabor y textura basta y rústica). En la mano quedan restos eucarísticos, y hoy en día el rito en la mano no se cumple nada:

    - Postura de las manos: ya no se coloca la mano izquierda extendida como un trono, ni la mano derecha se sitúa encima para tomar el Cuerpo de Cristo.

    - El ministro muchas veces no dice: “El Cuerpo de Cristo”. El fiel no responde: “Amén”, afirmando su fe en la presencia real. La hostia no se deposita en la palma de la mano, sino que el fiel la toma por sí, o el fiel extiende la palma como si recibiera dinero y el cura la pone con falta de reverencia.

    - Comunión inmediata: no se cumple que el comulgante tome la hostia con la mano derecha y la lleva a la boca delante del ministro, sin retirarse ni caminar con ella en la mano. Esto asegura reverencia y evita que partículas se pierdan.

    - Reverencia posterior: Se recomienda una breve inclinación o signo de la cruz antes de volver al lugar. Esto desapareció hace tiempo.

    ---

    Aunque el mejor remedio es acudir a la Virgen María, Corredentora, Intercesora y Medianera de todas las gracias. Lo mejor es la oración, y es pedir al Espíritu Santo una renovación de nuestro espíritu por su fuego divino, pues no hay más solución que la intervención divina para solucionar el problema de la falta de curas y la desaparición de las diócesis, y sobre todo, que León XIV empiece a ejercer algún día de pontífice, pues aún mantiene a Tucho y lo que hizo este desastroso clérigo con Francisco: Amoris laetitia y Fiducia supplicans, dos bombas atómicas contra la moral católica (Joseph Seifert).

    Oración por las vocaciones sacerdotales (versión completa y tradicional)

    Señor Jesús, Buen Pastor de nuestras almas, tú que conoces y llamas a cada uno por su nombre, te suplicamos con todo el corazón: Envía muchos y santos sacerdotes a tu Iglesia.

    Haz que haya en nuestras familias, en nuestras parroquias y en toda la Iglesia jóvenes generosos que respondan con alegría a tu llamada, dispuestos a dejarlo todo por amor a ti y al servicio de sus hermanos.

    Dales un corazón grande como el tuyo, ardiente de celo por la gloria de Dios y por la salvación de las almas.

    Concédeles pureza, desprendimiento, humildad y obediencia, fidelidad heroica en la oración y en el sacrificio, y una caridad pastoral que los consuma.

    Madre del Buen Pastor, Virgen María, Madre de la Iglesia y Reina del Clero, ruega por nosotros y por todos los que el Señor llama, para que ninguno se pierda por falta de respuesta y tu Hijo tenga siempre quien continúe su sacerdocio hasta el fin de los tiempos.

    Te lo pedimos por intercesión de san Juan María Vianney, Cura de Ars y patrono de los párrocos.

    Amén.

    ¡Señor, envía muchos y santos sacerdotes a tu Iglesia!
    ¡Señor, danos muchos y santos sacerdotes!


    ...

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    1. Al autor de Diócesis en derrumbe. ¿Cobra por cada palabra que escribe?

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  9. Me han impresionado especialmente dos cosas de este artículo: la última fotografía, que nos da una imagen estremecedora del obispo ordenante y de sus sacerdotes durante el rito de la ordenación. Postrados en el suelo boca abajo, en la postura más entregada que podamos imaginar. Una entrega tan total y absoluta, que es susceptible de la enorme cantidad de abusos de paternidad (sí, de paternidad; el correlativo del obispo en los monasterios, es el abad, el padre) y de autoridad. El obispo, si no es un verdadero obispo, si no tiene entrañas de obispo de la Iglesia de Cristo, puede pisotear a sus sacerdotes como le plazca. Y eso hemos visto en Barcelona hasta el hartazgo.
    La segunda cosa que me ha sorprendido, ha sido el primer comentario, de un sacerdote de esta diócesis. Para helársete la sangre en las venas, para darle al arzobispo de Barcelona en el momento de su jubilación, un suspenso con oprobio. ¡Qué vergüenza! Pero qué podemos esperar de una Iglesia gobernada durante 13 años por el maligno y nefasto Francisco. Qué podemos esperar de una sede que tiene y mantiene como Prefecto del Dicasterio para la Defensa de la Fe, a un enfermo sexualmente psicotizado, que arrastra su Dicasterio y toda la teología por el estercolero de sus más bajas pasiones.
    Ésa es la Iglesia, amigos, ésa es la Iglesia. ¿Qué podemos esperar de esa pobre Iglesia?

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    1. Goyo
      Por desgracia, estoy totalmente de acuerdo con lo expresado por el anónimo de las10:03. Todo lo que dice es la triste realidad de la situación de nuestra querida Iglesia Católica.
      Para qué queremos tantos obispos auxiliares que no cumplen con su misión: CUIDAR DEBIDAMENTE A LOS SECERDOTES QUE HAN DE SERVIR y se encuentran solos, olvidados de la mano de la IC.
      Recemos por los sacerdotes que realmente siguen los pasos de Jesucristo, maestro y salvador.
      María Auxiliadora y San Juan Bosco rogad por ellos.

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    2. La Iglesia estará mientras hayan brasas, no prevalecerán las puertas del infierno y los malos pastores deberán responder por sus iniquidades. Hay que tener fe y esperar que esta malignidad acabe, no sabemos si en Cisma, Catacumbas o en la Parusía de Nuestro Señor. Pero acabar, acabará! ¡Animo, sacerdotes de sana doctrina, que su sufrimiento no ha ser baldío!

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  10. No me fio un pelo de esos curas que critican a sus obispos. No son trigo limpio.

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    1. Algún obispo tampoco será trigo limpio no? Más bien mucha cizaña ha plantado el Enemigo entre los que debían ser fieles sucesores de los apóstoles.

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    2. Hay críticas constructivas, reales, posibilistas, negativas,… no todas son iguales.
      La crítica actual a Omella y la nueva organización de la Comunidades Pastorales está más que justificada pues deja muy mal sabor de boca a los pastores (sacerdotes) y a las ovejas (laicos).

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  11. Casi todo depende de casi nada. Y nada tan importante como los Novísimos. Todos los santos mencionados estaban pendientes de los Novísimos. Ah, sí el Diluvio también cuenta. Dios castiga, aunque también es muy misericordioso. Esto lo firmaría el Padre Pío.

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    1. Muerte, juicio, salvación, condenación. Acaso no es eso lo que han suprimido estos modernistas? Iban ellos a predicar a Noé, a Lot, a Abraham..de qué? Si lo que buscan es indultar a Judas y seguir con su fregado

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  12. Una consideración: ¿Saben que el equipo que ha trabajado en ese plan de reestructuración pastoral son sacerdotes que no han vivido ni trabajado de manera estable en parroquias? Son ya sacerdotes con largos años de ministerio y cuando uno conoce a fondo sus trayectorias ve ese punto en sus currículums. Tomen nota y piensen en ello.

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  13. Ya hace décadas que los curas de parroquia son solo dispensadores de sacramentos: puros funcionarios. Esa es la razón por la que en Cataluña, primero las órdenes religiosas, y ahora los movimientos, han tenido más penetración e influencia que el clero secular. Lo de la reorganización de las parroquias tiene y tendrá poco que ver.

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  14. Me choca que en GG se midiera la vivacidad o la languidez de la vida parroquial por el número de misas y confesiones que se celebraban (bien si hay muchas, mal si hay pocas), y ahora reivindiquen que el párroco debe hacer algo más que dispensar sacramentos. También me choca que los sacerdotes se quejen que no se les tiene en cuenta. ¿No es la Iglesia una monarquía, una sociedad perfecta, santa y jerárquica? ¿De qué se sorprende un cura que entra en una iglesia así autodefinida? En una iglesia monárquica y jerárquica, el cura es, y va a ser siempre, un funcionario. ¿A qué viene ahora reivindicar algo distinto? ¡Bienvenidos a la Iglesia Católica, señores curas!

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  15. 21.50 Hombre, suena usted al típico protestante/caminante sinodal. La Iglesia Católica está infiltrada, el enemigo ha superado la brecha y creado este mundo deseado de curas descreidos tipo funcionarios dóciles. Pero, no se engañe, la Iglesia no puede ser destruida, es el Cuerpo Místico de Cristo y nadie imagina ni a Pedro ni a Pablo ni a Andrés ni a ningún apóstol siendo un triste funcionario que servía borreguilmente a Jesús

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  16. Vd. es un ignorante que compara la Iglesia católica con los reinos jerárquicos del mundo "mi Reino no es de este mundo", Vd. ha de ver a los sacerdotes como "alter Christus". Vd tiene una visión mundana de la Iglesia, de la fe y del sacerdocio. Espero que sea ignorancia no culpable.

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    1. Este comentario de las 12.15 h es respuesta para el anónimo de las 21.50 h que afirma con ignorancia que los sacerdotes sí que son funcionarios.

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    2. Si quiere le cito los pasajes de la doctrina de los Papas del XIX en los que se define la iglesia exactamente así (San Pío X, sin ir mas lejos...)

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