domingo, 9 de abril de 2017

Del "Hosanna" al "Crucifícalo"

Es lo que llaman la presión de grupo. Si no estamos atentos a nuestro ser y a nuestras convicciones, lo más fácil es que nos arrastre el entorno. Y como Vicente, vayamos donde va la gente. Eso significa que no tenemos convicciones firmes, que lo nuestro no es ser, sino estar y parecer. Lo que surja, lo que no requiera esfuerzos, lo que no exija sacrificios.
¿Que vemos una gran multitud agitando ramos de olivo y palmas y gritando “Hosanna al hijo de David”, pues nos apuntamos. ¿Porque hemos descubierto al Hijo de Dios que anuncia nuestra salvación? No, no es por eso. Es porque la misma inercia nos empuja a dejarnos arrastrar por la multitud; es porque si se apunta todo el mundo, será porque es lo que toca. En fin, que nos encontramos la mar de bien formando parte del decorado. La verdad es que eso no nos hace mejores ni peores. Y la otra verdad, muy cruda, es que eso es totalmente propio del tipo de sociedad que nos hemos construido. Hay que ir a la moda; y cambiar de moda lo más frecuentemente posible: que si no, ya no es moda. Es lo contrario de tener personalidad, tener convicciones y ser alguien.
C:\Users\Cesc\Desktop\0a8fd9adceed6e2a6303c7307f165d8f.jpgY siendo así, ¿qué tiene de extraño que a los cuatro días estemos en el mismo escenario vociferando como energúmenos: “Crucifícalo, crucifícalo; no le indultes a él, indulta a Barrabás”? Pues no, nada de extraño. Todo dentro de la más absoluta normalidad. Pero en esta otra escena, la cosa es mucho más grave. La verdad es que a los que habían ido a Jerusalén a celebrar la Pascua, les daba lo mismo la suerte que pudiera correr aquel reo que estaban a punto de ajusticiar. Absolutamente lo mismo. ¿Y entonces? Pues entonces respondían como marionetas a la acción de los agitadores. Amorfos como eran, les daba lo mismo que lo azotasen o que lo crucificasen; les importaba bien poco que el azotado y crucificado fuese aquel Jesús del que algunos habían oído hablar vagamente, o que fuese cualquiera de los facinerosos que esperaban ser ajusticiados. Les daba lo mismo.
Y si el griterío subía de tono, pues más emocionante aún. Las emociones fuertes le dan vidilla al momento. “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Ya, ¿y qué más da? Pues eso, que seguimos los impulsos del momento. ¿Pero no veis que os están manejando como marionetas? ¡Y qué!, nos lo pasamos bien, nos pegamos unos buenos chutes de emociones fuertes.
Nos entrenamos el Domingo de Ramos en un jolgorio pseudo-religioso para niños: así no nos dolerá nada el Viernes Santo. Superficialidad en todo y por todo. Nos resbala el misterio de la Redención, como si no tuviéramos necesidad de ella. La Semana Santa fue en tiempos la vivencia intensa del sacrificio de la Cruz. Pero hoy no nos queda nada santo. Ni el Viernes Santo, que pocos saben ya por qué es festivo.
C:\Users\Cesc\Desktop\ss2005-benit-RAFAES-542542100014.jpgMenos mal que nos quedan las procesiones con su imponente aparatosidad. Menos mal que a quien quiere recordar la Pasión y Muerte del Señor, las procesiones y el clima que con ellas se crea en nuestras calles, le ayudan recordar que necesitamos redención y que tenemos un Redentor. Aunque se hayan convertido en un gran espectáculo, en una gran atracción turística, ahí sigue la almendra no sólo a pesar de la cáscara, sino gracias a ella. Enormes multitudes en toda España arrastradas por una fuerza que desconocen. La Semana Santa en la calle, patrimonio de penitentes, es la huella profunda de lo que nos queda de cristiandad en España, que no es poco. Las procesiones, como extraordinarios sacramentales, tienen también su gracia santificante. La Semana Santa nos santifica a pesar nuestro. Es un enorme tesoro que nos queda, que nos empuja a cada uno de forma distinta hacia la Pasión de Cristo y de su Santa Madre.
Ha crecido el número de los que ante esta solemnísima rememoración anual de nuestros grandes misterios, vuelven a gritar con saña: “Crucifícalo, crucifícalo, no le indultes a él, indulta a Barrabás”. Y como los de hace 2000 años, no se dan cuenta de que no son ellos, de que esas voces no proceden de ellos, sino de los que hábilmente mueven los hilos y lanzan las consignas que toca gritar en cada momento.
No nos quepa ninguna duda: la Semana Santa popular española es la gran señal que nos manda Dios para recordarnos que su huella no se ha borrado totalmente de nuestras almas.     
Cesáreo Marítimo

10 comentarios:

  1. Cesáreo, ayer por la tarde en un pueblo costero importante del Alto Ampurdán, no tuvimos misa vespertina. Hace días que está sin párroco. No hubo, pues, misa, sino celebración de la palabra. El diácono hizo lo que pudo, pero no es lo mismo. No se le ocurre otra cosa que en el salmo responsorial añadir un doble alelulla. Y que le había cogido gusto a la palabra se le vio por las veces que en tres ocasiones de la celebración distintas repetía idénticas morcillas. Produjo una pena honda.

    Por eso había que aplicarse más que nunca a escuchar las lecturas, la Pasión de san Mateo. Ha llegado quizá la hora de tomar verdaderamente parte activa en el acompañamiento de Cristo, atentos a su palabra, a su sufrimiento, a su ejemplo. Justo ahora que el templo estaba poco menos que vacío. A mí aquella desbandada de la comunidad me recordaba la desbandada de los apóstolos y los seguidores.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La situación que describe de iglesias sin párroco (sólo con liturgia de la palabra) también es frecuente en diversos pueblos de comarcas del Bajo Ampurdán, el Llano del Estanque, el Geronés, Llano de Urgel, Alto Campo, Cuenca de Barberán ... y algunas más. Incluso me lo he encontrado en verano en Tarrasa, Villanueva y la Geltrú y la Almendra del Vallés.

      Eliminar
    2. Totalmente de acuerdo con el Señor Valderas Gallardo.

      Eliminar
  2. No entiendo qué les está pasando en GG. Anteayer Mn. Espinar escribe una glosa dominical absurda, casi de chiste, por no decir otra cosa (lo ha denunciado un comentarista claramente), y hoy sale un escrito de Cesáreo en vez del habitual comentario mordaz de Prudentius. ¿Es que les ha entrado MIEDO, O QUÉ?

    ResponderEliminar
  3. No olvidemos el 16 de Julio de 1.936 (M.D, del Carme) miles de personas saen en sus embarcaciones a vitorear a la Virgen, la llevan en procesión por las calles de todo pueblo especialmente los marineros y solo dos días mas tarde QUEMAN LAS IGLESIAS asesinan a todo católico que encuentran torturan y matan a los sacerdotes y religiosos, violan y matan a las religiosas que pillan y las imágenes bellas esculturas que hace pocas horas procesionaban ente vítores y llenas de flores por el pueblo son destruidas, quemadas insultadas vilipendiadas..... por el mismo pueblo. Originando la mayor persecución y genocidio de la historia de la Iglesia CATOLICA.
    Hoy hay un comentario en Infovaticana que expresa mucha mayor "tolerancia" en Europa por los símbolos musulmanes que por los cristianos, no olvidemos se están destruyendo calladamente miles de cruces y otros símbolos cristianos ante nuestra PASIVIDAD y con la estupidez de la TOLERANCIA.

    ResponderEliminar
  4. Renovación de las dos grandes Consagraciones9 de abril de 2017, 21:54

    "No olvidemos el 16 de Julio de 1.936 (M.D, del Carme) miles de personas saen en sus embarcaciones a vitorear a la Virgen, la llevan en procesión por las calles de todo pueblo especialmente los marineros y solo dos días mas tarde QUEMAN LAS IGLESIAS asesinan a todo católico que encuentran torturan y matan a los sacerdotes y religiosos..."

    Ya fue pronosticado por la supuesta aparición de la Virgen de Ezquioga.

    En 1899, León XIII consagró la Humanidad al Sagrado Corazón de Jesús, y en España (en la que está incluida toda Cataluña), hizo lo mismo Alfonso XIII.

    Gracias a esta consagración, durante la Guerra Civil, la Bestia Roja triunfó por un poco tiempo en Cataluña, pero luego fue derrotada.

    De nuevo vienen nuevos vientos del error del comunismo en su subyacente ideología: odio a lo católico, ateismo, racionalismo, materialismo, ideología de género, aborto, eugenesia, leyes contra la familia y el matrimonio, reproducción asistida...

    Pero Dios nunca rompe su Alianza con las dos Consagraciones.

    Nosotros, individual, matrimonial, familiar, grupal y parroquialmente (incluso diocesanamente si los obispos fueran valientes), podemos renovar la Consagración de León XIII y Alfonso XIII.

    ResponderEliminar
  5. Montaraz de Solsona9 de abril de 2017, 22:29

    Totalmente de acuerdo con el Sr.Marcos en la primera parte de se comentario.En la segunda tiene razón con lo de la DESTRUCCION DE CRUCES porque saben los ATEOS MASONICOS que se encuentran delante de unos COBARDICAS MIEDOSOS que en general somos los CRISTIANOS.Respetan mucho los símbolos CORANICOS porque estan ACOJO.....*porque saben como las GASTAN aquella GENTE!

    ResponderEliminar
  6. Perfecta descripción de la realidad actual. No sé si de la realidad de siempre. Ahora nos manejan más fácilmente con la televisión, con la que hacen obligatoria la estupidez, la mentira y la maldad.

    ResponderEliminar
  7. Cuando la masonería provocó la fragmentación del Imperio Español,en muchas naciones hispanoamericanas se prohibió el culto religioso. Hubo pueblos perdidos en las zonas intrincadas del interior, que quedaron totalmente aislados de las urbes. Pasaron muchos años, pero tenían toda la imaginería religiosa de los evangelizadores y seguían procesionando; no tenían otra ayuda. Cuando se restauró el culto, se vio que solo con esa imaginería, habían guardado la fe.

    Todos los santos vivieron en medio de crisis, si no globales, si personales. S Agustín vivió estos dos tipos de crisis y escribió sus dos grandes obras maestras, “Las confesiones” y “La ciudad de Dios”, para mostrar de que forma un hombre bueno pudo vivir en malos tiempos.
    “La ciudad de Dios” fue escrita para demostrar que incluso aunque el mundo entero se hunda, aun cuando Roma cayera en ruinas y la civilización derivase hacía tiempos oscuros, debemos trabajar con esperanza y estar alegres porque somos ciudadanos no de un mundo que se muere, sino de la ciudad viviente de Dios. Esta ciudad tiene unos fundamentos cuyo arquitecto y constructor es Dios, es la ciudad a la que Dios hecho carne ha prometido que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Necesitamos una ética enviada por el cielo, para un mundo influido por el infierno.

    Los tiempos de crisis como ahora, no son tiempos crepusculares, con hora para irse a la cama; sino tiempos matutinos, para levantarnos y empuñar las armas. El grito de la batalla ha sonado. Debemos sentir la alegría de combatir en una batalla justa.

    ResponderEliminar
  8. Magnifica reflexión. Germinans tiene cada vez más categoria y profundidad.

    ResponderEliminar