martes, 18 de octubre de 2016

Pastores templadores de gaitas

No admitas una acusación contra un presbítero, a menos que esté apoyada por dos o tres testigos. A los que pequen repréndelos públicamente para que los demás escarmienten  (1Timoteo 5,19).

Resulta que todos los obispos de España, sobreactuando evidentemente y yendo más allá de lo que pide la ley, están pidiendo el certificado antipederastia a sus sacerdotes, como si eso fuese una solución. Y no va por ahí la solución, ni muchísimo menos. Si la Iglesia ha caído en el descrédito ante el mundo, no es tanto por los casos de pederastia de la tropa, que no son mayores que los de otros colectivos con trato habitual con niños; sino porque al haber adoptado los mandos la estrategia de inhibirse por sistema ante esas conductas, el efecto cierto de su estrategia irresponsable ha sido la extensión de la gangrena y la multiplicación exponencial del escándalo que quisieron evitar. Resultado de esa estrategia cobarde interpretada por muchos como consentimiento tácito, ha sido el enquistamiento del mal allí donde lo hubo, y el consiguiente descrédito de la iglesia. Y acabó siendo ese silencio de los pastores (silencio necesario para que avanzara el mal) la mayor causa de daño y de escándalo.
¿Por qué no siguieron el consejo del apóstol “a los presbíteros que pequen, repréndelos públicamente para que los demás escarmienten”? La omisión de ese deber tan obvio por parte de los pastores, ha dado lugar a las peores acusaciones de complicidad con el mal. El silencio de los obispos ante escándalos públicos y notorios, dio pábulo a las más amargas acusaciones que ha recibido la iglesia en su historia. Los pecados de unos y los silencios de otros, trajeron a la Iglesia humillación y vergüenza. ¿Cómo habían de escarmentar los demás, si la respuesta del obispo era el silencio, el disimulo y al final el ocultamiento? Y para coronar esa cobardía, en vez de dar la cara ajustándoles las cuentas a los delincuentes, se esconden detrás del decretazo que obliga a todos los curas a confesar públicamente que “ellos no son delincuentes”. La valentía y la acción coordinada que no tuvieron para “reprender públicamente a los presbíteros que pequen”, es decir a los culpables, la tienen ahora para inscribir a todos sus clérigos en el Registro de delincuentes sexuales, obligándoles de ese modo a “defender” su inocencia. ¿Cuestionada por quién? No por el Estado, que nada les ha pedido, sino por la repentina ansia de que no haya ninguna duda de la plena colaboración de la Iglesia con la sociedad civil. Es así como los obispos pretenden demostrar urbi et orbi que ellos no sólo no eluden su deber de vigilar, sino que hasta se adelantan previniendo el mal de ese modo. Es lo que les va: exhibir un ostentoso y ampuloso gesto burocrático.    
  

¿Tranquiliza el certificado negativo la conciencia de alguien? ¿El someter a la Iglesia a la normativa del Estado la exonera a partir de ahora de cualquier responsabilidad?  ¿Se está afrontando el problema ya desde los seminarios o se trata sólo -como decía el cardenal Vidal y Barraquer- de ganar tiempo, salvar todo lo que sea posible y concretar un arreglo interino o modus vivendi con el gobierno? No perdamos de vista que se trata de ese gobierno globalista que representa la corrección política, esa casta que define el bien y el mal, esa casta que se cree llamada a dirigirnos, a mostrarnos la verdad y diría que hasta el sentido de la vida, también a la Iglesia. Un gobierno que, como pontifica Hillary Clinton, podrá dictaminar hasta qué punto las religiones pueden conformar sus dogmas. Y claro, para estos pastores es esencial templar gaitas para no perder los lazos que les unen con el poder político.
Porque el certificado de pureza sexo-racial no parece movido por razones morales sino económicas: para evitar que las indemnizaciones por casos judiciales acaben siendo de una cuantía inasumible; acompañada ésta por una razón de imagen: para que la presión social se vea satisfecha al ver que la jerarquía eclesiástica ha comprado la "mercancía" de que es razonable asociar los términos cura y pederasta. Y que en virtud de tal asociación todo cura tendrá que llevar encima el certificado con el que “demuestre” que no lo es. ¿Y eso para qué? Pues para tapar que el aspecto más grave del problema no es que haya habido y que siga habiendo pederastas en la Iglesia, sino que los obispos ni hayan hecho ni parezca que tengan intención de hacer nada. Porque en vez de coger por los cuernos al toro que les está embistiendo, van y se sacan del capote esta faenilla de lucimiento: el  certificado estatal emitido por el Registro Central de Delincuentes Sexuales para todos los curas. Y esperan que les aplaudamos la faena. 
¿Y luego qué? ¿Eso es todo? Hay en este momento algunos casos abiertos, flagrantes, conocidos por todos y aireados por los medios (especialmente internet) respecto a los cuales no sólo en nuestra diócesis, sino también en otras de Cataluña y en el resto de España, los obispos no quieren mojarse. Los casos se abren, pero no se cierran. ¿Qué ocurrió con los curas de Granada? ¿En qué quedó la cosa? Y los casos escandalosos de la Casa de Santiago, que no sólo no se cerraron, sino que “se exportaron” a otros países por la cobardía de los eminentísimos cardenales que no se atrevieron a afrontarlos de cara y que en cierta manera siguen abiertos, ¿qué se hizo de ellos? 
Albert Salvans, miembro de la Casa de Santiago, acusado de pederastia y sacerdote en  Kenia
Nuestra Casa de Santiago, en efecto, aún sigue vivita y coleando de facto, no de iure (su gran preboste sigue concentrando las máximas prebendas de la diócesis, y viajando en visita pastoral a las filiales de la institución en el extranjero). ¿Y qué hace el obispado al respecto? Pues eso: templar gaitas. Es decir, recurrir a contemplaciones y miramientos con ciertas personas para evitar contrariarlas y enojarlas: a ellas y a los círculos de poder que las sustentan. Un trato mesurado que hay que dispensar a algunas personas difíciles de contentar o complacer. Para los demás curas y diáconos, la inmensa mayoría de los cuales nunca han dado que hablar… ¡leña al mono que es de goma! 

Es lo mismo que ocurre en política con la corrupción. El mal no está en que haya políticos corruptos, que siempre los habrá. El mal está en que el sistema está diseñado para que sea prácticamente imposible pillarlos y condenarlos. La entramado judicial está controlado de tal manera por los que detentan el poder político corrupto y corruptor, que así no hay forma de que se acabe la putrefacción. La eternización de los procesos es el piélago en que se hunde toda corrupción. Se persigue, claro que sí, con enorme saña. Pero luego viene esa justicia de pies de plomo, con la que no hay manera de avanzar. Pero la voluntad de acabar con la corrupción, nadie la puede negar. 
Si durante años ciertos seminarios han estado llenos de seminaristas homosexuales, ¿se extrañan ahora los señores obispos de que haya casos de abuso de menores? Y aunque no estuvieran llenos… ¡Cuántos formadores haciendo la vista gorda ante las plumas de sus pupilos! ¡Son tan requetefinos, sonrientes y pelotillas…! De aquellos polvos vienen esos lodos, que nos se limpian con un miserable e indiscriminado certificado. Benedicto XVI puso el dedo en la llaga; y los enemigos de la moral católica, el grito en el cielo.
El resultado nefasto de esta situación es que tan necesitados están de hacer gestos ante la opinión pública, que si a cualquier obispo le llega una denuncia sobre un presunto abuso de algún sacerdote, inmediatamente lo deja al pie de los caballos con certificado o sin él, lo remueve de su parroquia, lo confina y luego le pregunta y si al final resulta todo una calumnia… Nunca volverá a la parroquia de la que salió y su nombre quedará manchado para siempre. Es la tremenda urgencia por sobreactuar. ¿Es esa la nueva justicia de la ley de tolerancia cero? No, ésa es la manera de tapar la pasada negligencia de los obispos con actuaciones exprés. Para que no se diga. Se ganan las portadas de los medios, que es de lo que se trata. 

 

Y es que la cadena siempre acaba rompiendo por el eslabón más débil: los curas y los diáconos.  De nada sirve el tranquilizante consuelo de pensar que todos los obispos lo han hecho y que se ha decidido consensuadamente. El hecho de que la decisión de exigir inmediatamente el certificado estatal a una clase de tropa mayoritariamente inocente, no deja de acercarse peligrosamente a la prevaricación: ese concepto jurídico por el cual una autoridad, juez u otro servidor público dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial a sabiendas de que dicha resolución es injusta. Exigir una demostración de inocencia antes que la de culpabilidad, nos aproxima vertiginosamente a un estado policial que coacciona y condena aún antes de juzgar. Que nuestros pastores se suban al carro de lo políticamente correcto ahora -antes no, claro- supone una ruptura de confianza casi insalvable con aquellos que son sus primeros colaboradores y debería ser sus hijos más queridos. Y todo para tapar sus culpas.
Pero a pesar de lo penoso de la circunstancia, todavía está vigente aquella ley natural en virtud de la cual nadie está obligado a obedecer una ley injusta y mucho menos la autoridad tiene derecho a urgir su cumplimiento. ¿Exigir que todo el clero baje la cabeza humillado por las perversiones de una minoría? ¡Que pidan cuentas a los culpables y dejen en paz a los inocentes! ¿O es que la autoridad ha dejado de serlo para convertirse en pura tiranía al servicio del poder dominante?
Custodio Ballester Bielsa, pbro.
www.sacerdotesporlavida.es

19 comentarios:

  1. Hace buena cara el Albert Salvans......vaya tela.......

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    1. Le pediran al Salvans el TITULIN DE MARRAS!???.

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    2. Como siempre, Mn Custodio, acertadísimo y correcto. Pero me agradaría saber a quien se refiere cuando habla del gran preboste que sigue visitando sus filiales en el extranjero. ¿No será uno que ha estado hace muy poco en Chile en plan de visita y formación de sus seguidores?.
      Para mi, y lo digo con dolor, son tan sivengüenzas como Salvans y el otro personaje que anda por América del Sur, los obispos, sacerdotes y exmiembros de la triste casa de Santiago, que sabiéndolo no lo han denunciado desde el principio.
      Como dice un anónimo, qué cara tiene este Salvans. ¿A qué se debe dedicar en Kenia?.
      María Auxiliadora protege a tu Iglesia y ayuda a los sacerdotes, como San Juan Bosco, que dedicaron su vida al servicio de los demás.

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  2. Laurentius Dertosensis19 de octubre de 2016, 7:17

    Como siempre mossen Custodio poniendo el dedo en la llaga y diciendo VERDADES COMO PUÑOS,por desgracia no se lo pondrán FACIL A USTED.

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  3. Respeto su punto de vista, su opinión, en definitiva, pero quedo sorprendido que solamente hable de los sacerdotes que han de pedir su certificado. Cualquier persona que su trabajo profesional o voluntariado sea con niños, adolescentes o jóvenes, desde los maestros, monitores de comedor o deportivos, de ocio, catequistas o de escultismo, es decir, cualquiera, no solamente sacerdotes, rvdo. Custodio.
    Y la actual estadística nos ha dejado claro que, sin que lo quiera defender porque no se puede, la parte implicada de Iglesia es el 20% de los escándalos sexuales. No son solamente los "posibles" seminaristas homosexuales...el otro 80%, ¿por qué no lo tiene que pedir y demostrar?

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    1. Si los demás colectivos no han entendido lo que significa la implementación de un Estado policial donde no hay presunción de inocencia, es problema suyo. Que al menos los curas se defiendan de este atropello.

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    2. No hablemos de estado policial. Estoy muy de acuerdo con que se pida el certificado de penales a todos los que tratan con niños. Y los sacerdotes son ciudadanos que, como tales, deben cumplir la normativa.
      El escrito del Rdo. Custodio tendría sentido si esta disposición legal hubiese sido hecha sólo para los eclesiásticos. Afecta a todos los ciudadanos.
      En el colegio donde trabajo todos tenemos la obligación de presentarlo: desde el profesor/a, hasta el secretario/a o el/la conserje.

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    3. Si a ti no te importa, hay otros que protestan. No seas el perro del hortelano, please. No pongas bozal al buey que trilla

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  4. En realidad, no hace falta hacer colas callejeras como la que se ve en la foto; se puede solicitar por internet:
    http://www.mjusticia.gob.es/cs/Satellite/Portal/es/registro-central-delincuentes

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  5. Los obispos convertidos por propia iniciativa en correa de transmisión de un Estado corrupto...

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  6. Esta dolorosa situación me trae a la memoria los versículos:

    "y se cumplió la escritura que dice: “Fue contado entre los malhechores.”" (Marcos 15:28)

    "Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra." (Juan 15:20)

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  7. Templagaitas,eso es lo que son!!!

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    1. Perdón,quise decir SOPLAGAITAS.

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  8. El PROBLEMA fueron y siguen siendo aunque en menos numeros, los OBISPOS que COLABORARON y ENCUBRIERON a PEDOFILOS en el sacerdocio.

    Tony de New York.

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  9. Realmente ser sacerdote hoy en día y aceptar responsabilidades eclesiales hay que tener una VOCACIÓN de verdad.
    No solamente la sociedad va a la contra, sino que además muchas veces no hay apoyo desde dentro.
    Y no hablemos de la cantidad de burocracia, papeles, normas,...a seguir (por ejemplo: la reunión de este pasado lunes de sacerdotes y laicos que llevan la economia de las parroquias). Les dieron más carga burocratica (que si blanqueo de capitales, que si gestión del patrimonio, que si tratamiento y protección de datos, que si contratos de voluntariado, que si la ley de transparencia,...perdon me olvidaba del certificado negativo de delitos sexuales.
    Suerte que Dios no deja a sus sacerdotes buenos y entregados de verdad.
    Y siguen mandando los mismos,...
    No me extraña que muchos sacerdotes no tengan tiempo de confesar.

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  10. Hombre, un presbítero que viole a un niño, no lo va a hacer delante de dos o tres testigos... OREMOS.

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  11. "No admitas acusación contra un anciano (presbítero) sino está apoyada por dos o tres testigos" 1Tim 5:19. Se refiere a que no se admita ninguna acusación si esta no se realiza delante de al menos dos o tres testigos, para evitar chismes y habladurías. No se refiere a que para admitir la acusación tengan que haber presenciado la falta dos o tres testigos más. Porque es evidente que los peores actos se realizan sin presencia de testigos. Pero con el testimonio de la víctima si es veraz, no le importará acusar delante de dos o tres testigos y al final podrá descubrirse la verdad de los hechos.

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    1. Por cierto,como es que solo piden el certificado de marras a los varones?hay algunas monjas mediáticas que DAN miedo,cuando han dicho EX CATEDRA que está enamorada-S del señor más,se tendría que revisar ESTO!

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  12. Excelente artículo de un sacerdote admirable.

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