viernes, 29 de julio de 2016

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (Año C)


Ofrecemos el comentario que el Papa Benedicto XVI realizó el Domingo 1 de agosto de 2010 en el rezo del Angelus, coincidiendo con la liturgia dominical del Domingo 18 del Tiempo Ordinario del Año C.

En el Evangelio de este domingo, la enseñanza de Jesús se refiere precisamente a la verdadera sabiduría y está introducida por la petición de uno entre la multitud: «Maestro, di a mi hermano que reparta conmigo la herencia» (Lc 12, 13). Jesús, respondiendo, pone en guardia a quienes le oyen sobre la avidez de los bienes terrenos con la parábola del rico necio, quien, habiendo acumulado para él una abundante cosecha, deja de trabajar, consume sus bienes divirtiéndose y se hace la ilusión hasta de poder alejar la muerte. «Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?”» (Lc 12, 20). El hombre necio, en la Biblia, es aquel que no quiere darse cuenta, desde la experiencia de las cosas visibles, de que nada dura para siempre, sino que todo pasa: la juventud y la fuerza física, las comodidades y los cargos de poder. Hacer que la propia vida dependa de realidades tan pasajeras es, por lo tanto, necedad. El hombre que confía en el Señor, en cambio, no teme las adversidades de la vida, ni siquiera la realidad ineludible de la muerte: es el hombre que ha adquirido «un corazón sabio», como los santos. 

Estos días se celebra la memoria litúrgica de algunos santos. Hoy recordamos a san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Vivió en el siglo XVI; se convirtió leyendo la vida de Jesús y de los santos durante una larga hospitalización causada por una herida de batalla. Se quedó tan impresionado con aquellas páginas que decidió seguir al Señor. Mañana recordamos a san Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas; vivió en el siglo XVIII y fue proclamado patrono de los confesores por el venerable Pío XII. Tuvo la conciencia de que Dios quiere que todos sean santos, cada uno según su propio estado, naturalmente. Esta semana la liturgia nos propone además a san Eusebio, primer obispo del Piamonte, valiente defensor de la divinidad de Cristo; y, finalmente, la figura de san Juan María Vianney, el cura de Ars, a cuya intercesión confío de nuevo a todos los pastores de la Iglesia. Empeño común de estos santos fue salvar a las almas y servir a la Iglesia con sus respectivos carismas, contribuyendo a renovarla y a enriquecerla. Estos hombres adquirieron «un corazón sabio» (Sal 89, 12) acumulando lo que no se corrompe y desechando cuanto irremediablemente es voluble en el tiempo: el poder, la riqueza y los placeres efímeros. Al elegir a Dios, poseyeron todo lo necesario, pregustando desde la vida terrena la eternidad (cf. Qo 1, 1-5)

(En francés): La liturgia del día nos interroga sobre el sentido profundo de nuestra búsqueda de poseer, poder y saber. Tomada y considerada como un fin en sí mismo, la riqueza deja de ser el medio necesario para una existencia justa y digna. Que por intercesión de la Virgen María y de san Alfonso María de Ligorio hagamos uso de nuestros bienes participando positivamente en la obra de la creación divina y siendo plenamente solidarios con todos los seres humanos, sobre todo con quien se encuentra en necesidad. 

(En inglés) En el Evangelio de la misa del día nuestro Señor nos enseña a acumular riquezas no en la tierra, sino en el cielo. Así que, por la gracia de Dios, busquemos crecer en la fe y en las buenas obras. 

(En alemán) El tiempo de vacaciones nos ofrece la oportunidad de apartarnos de los caminos habituales y reencontrar paz y reposo en un lugar bello. Que nos apartemos también interiormente de nuestras malas costumbres, de la ira y de la maldad, de la maledicencia, del «hombre viejo con sus obras» —como hemos oído hoy en la lectura de la carta a los Colosenses—. Tomemos las vacaciones como un motivo para encontrar personalmente de nuevo la paz y corresponder mejor a la imagen del Creador que está en nosotros. Que el Espíritu de Dios os acompañe en todos los caminos.

(En español) La liturgia de hoy nos invita a moderar nuestro afán por los bienes materiales, que no son todo en la vida, sabiendo administrarlos bien y compartirlos, de manera que produzcan bienes más altos y duraderos. Pidamos a María que nos enseñe a seguir con gozo a Jesús con un corazón sencillo. 

(En polaco) La vida diaria nos enseña que todo pasa en este mundo. Lo recuerda la liturgia de la Palabra de la misa de este domingo. Nos muestra que la vida del hombre no depende de sus pertenencias y que los bienes terrenos no son un fin, sino un medio en el camino hacia la eternidad. Abramos entonces nuestros corazones a las necesidades de los hermanos, enriqueciéndonos ante los ojos de Dios. Os bendigo de corazón.

1 comentario:

  1. IN MEMORIAM
    (hace un año)




    Josep G. Trenchs1 de agosto de 2015, 0:41

    El Papa Benedicto XVI, nos interpela con esta pregunta:

    «¿Qué tenemos que hacer para alcanzar la vida eterna?». Y Jesús dice: «Creed en mí». La fe es lo fundamental. Aquí no se trata de seguir una idea, un proyecto, sino de encontrarse con Jesús como una Persona viva, de dejarse conquistar totalmente por él y por su Evangelio.

    Está claro JESÚS EN EL SAGRARIO ESTÁ TAN VIVO COMO EN EL CIELO. Ese es el GRAN MISTERIO DE NUESTRA FE CATÓLICA.

    Esta verdad, se razona fundamentalmente en la palabras de la ÚLTIMA CENA "Haced esto en MEMORIA MÍA" y en lo que podríamos llamar su testamento "NO OS DEJARÉ SOLOS, YO ESTARÉ CON VOSOTROS HASTA EL FIN DEL MUNDO".

    Se queda con nosotros, porque sabe que le necesitamos, como el aire que respiramos, aunque ciertamente nos respeta la libertad, pero si nos desviamos, procura hacerse el encontradizo para que volvamos a su lado.

    El próximo domingo es también la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, ya saben que se puede ganar el JUBILEO DE LA PORCIÚNCULA, visitando las Parroquias dedicadas a la Virgen de los Ángeles o en cualquier templo regentado por los PP. Franciscanos.

    ¿Qué es la INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA?

    En julio de 1216, Francisco pidió en Perusa a Honorio III que todo el que, contrito y confesado, entrara en la iglesita de la Porciúncula, ganara gratuitamente una indulgencia plenaria, como la ganaban quienes se enrolaban en las Cruzadas, y otros que sostenían con sus ofrendas las iniciativas de la Iglesia. De ahí el nombre de Indulgencia de la Porciúncula, Perdón Asís, Indulgencia o Perdón de las rosas (por el prodigio que medió en su confirmación según alguna tradición tardía) u otros parecidos.

    Más allá de las controversias históricas acerca de los orígenes y circunstancias de la concesión de la Indulgencia, lo cierto es que la Iglesia ha seguido, hasta nuestros días, otorgando y ampliando esa gracia extraordinaria. En la actualidad, esta Indulgencia puede lucrarse no sólo en Santa María de los Ángeles o la Porciúncula, sino en todas las iglesias franciscanas, y también en las iglesias catedral y parroquial, cada 2 de agosto, día de la Dedicación de la iglesita, una sola vez, con las siguientes condiciones: 1) visitar una de las iglesias mencionadas, rezando la oración del Señor y el Símbolo de la fe (Padrenuestro y Credo); 2) confesarse, comulgar y rezar por las intenciones del Papa, por ejemplo, un Padrenuestro con Avemaría y Gloria; estas condiciones pueden cumplirse unos días antes o después, pero conviene que la comunión y la oración por el Papa se realicen en el día en que se gana la Indulgencia.

    HIMNO DE LA VIRGEN DE LOS ÁNGELES

    Dios te salve, blanca rosa,
    hija del eterno Padre,
    del Divino Verbo madre,
    del Paráclito esposa.

    Salve, Reina de los Ángeles,
    amparo de pecadores.
    A ti clamamos, Señora:
    escucha nuestros clamores.

    Te damos el alma y la vida,
    las potencias y sentidos,
    No deseches a tus hijos,
    A tus plantas hoy rendidos.

    Salve, Reina de los Ángeles,..

    En una piedra te halló
    Aquella niña dichosa
    a quien fuese aparecida
    madre nuestra milagrosa.

    Salve, Reina de los Ángeles,...

    Alabemos a esta Madre
    llena de misericordia
    y por ella consigamos
    el premio de eterna gloria.

    Salve, Reina de los Ángeles,..

    Dios te salve, blanca rosa,
    hija del eterno Padre,
    del Divino Verbo madre,
    del Paráclito esposa.

    Salve, Reina de los Ángeles,...

    Te damos el alma y la vida,
    las potencias y sentidos,
    No deseches a tus hijos,
    A tus plantas hoy rendidos.

    Salve, Reina de los Ángeles,...

    En una piedra te halló
    Aquella niña dichosa
    a quien fuese aparecida
    madre nuestra milagrosa.

    Salve, Reina de los Ángeles,...

    Alabemos a esta Madre
    llena de misericordia
    y por ella consigamos
    el premio de eterna gloria.

    Salve, Reina de los Ángeles,...

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