viernes, 22 de julio de 2016

Domingo XVII del Tiempo Ordinario (Año C)

Comentario sobre la liturgia dominical realizado en el Rezo del Angelus por el Papa Benedicto XVI el 25 de julio de 2010 coincidiendo con el XVII Domingo del Tiempo Ordinario

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús recogido en oración, un poco apartado de sus discípulos. Cuando concluyó, uno de ellos le dijo: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11, 1). Jesús no puso objeciones, ni habló de fórmulas extrañas o esotéricas, sino que, con mucha sencillez, dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre...”», y enseñó el Padre Nuestro (cf. Lc 11, 2-4), sacándolo de su propia oración, con la que se dirigía a Dios, su Padre. San Lucas nos transmite el Padre Nuestro en una forma más breve respecto a la del Evangelio de san Mateo, que ha entrado en el uso común. Estamos ante las primeras palabras de la Sagrada Escritura que aprendemos desde niños. Se imprimen en la memoria, plasman nuestra vida, nos acompañan hasta el último aliento. Desvelan que «no somos plenamente hijos de Dios, sino que hemos de llegar a serlo más y más mediante nuestra comunión cada vez más profunda con Cristo. Ser hijos equivale a seguir a Jesús» (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 172). 

Esta oración recoge y expresa también las necesidades humanas materiales y espirituales: «Danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados» (Lc 11, 3-4). Y precisamente a causa de las necesidades y de las dificultades de cada día, Jesús exhorta con fuerza: «Yo os digo: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» (Lc 11, 9-10). No se trata de pedir para satisfacer los propios deseos, sino más bien para mantener despierta la amistad con Dios, quien —sigue diciendo el Evangelio— «dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan» (Lc 11, 13). Lo experimentaron los antiguos «padres del desierto» y los contemplativos de todos los tiempos, que llegaron a ser, por razón de la oración, amigos de Dios, como Abraham, que imploró al Señor librar a los pocos justos del exterminio de la ciudad de Sodoma (cf. Gn 18, 23-32). Santa Teresa de Ávila invitaba a sus hermanas de comunidad diciendo: «Debemos suplicar a Dios que nos libre de estos peligros para siempre y nos preserve de todo mal. Y aunque no sea nuestro deseo con perfección, esforcémonos por pedir la petición. ¿Qué nos cuesta pedir mucho, pues pedimos al Todopoderoso?» (Camino de Perfección 42, 4: Obras completas, Madrid, 1984, p. 822). Cada vez que rezamos el Padre Nuestro, nuestra voz se entrelaza con la de la Iglesia, porque quien ora jamás está solo. «Todos los fieles deberán buscar y podrán encontrar el propio camino, el propio modo de hacer oración, en la variedad y riqueza de la oración cristiana, enseñada por la Iglesia... cada uno se dejará conducir... por el Espíritu Santo, que lo guía, a través de Cristo, al Padre» (Congregación para la doctrina de la fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 15 de octubre de 1989, 29: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 24 de diciembre de 1989, p. 8).
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(En francés) Al enseñar a sus discípulos a orar, Jesús nos revela quién es su Padre y nuestro Padre, y abre nuestro corazón a nuestros hermanos y hermanas. Dejémonos alcanzar por el soplo del Espíritu Santo, quien hace de nosotros verdaderos orantes. Imitad, queridos jóvenes, el heroísmo de Santiago. Él llevó el Evangelio hasta los confines de la tierra de su tiempo. Dedicando también algunos momentos de vuestras vacaciones a actividades espirituales, descubriréis aún más el sentido profundo de la vida. 

(En inglés) En el Evangelio del día, Jesús nos enseña la oración del Señor. Siguiendo el propio ejemplo de Cristo, os animo a rogar por la gracia de ser siempre dignos hijos e hijas de nuestro Padre celestial, amándoos unos a otros. 

(En alemán) Como los discípulos en el Evangelio de este domingo, muchas personas también se preguntan: «Orar, ¿cómo se hace?». El propio Jesús fue un gran orante y, con el Padre Nuestro nos enseñó sobre todo que Dios es un Padre que nos ama, que escucha nuestras plegarias y que quiere lo mejor para nosotros. Si interiorizamos esto, nuestra oración se hace viva y vigorosa. 

(En español) El Evangelio de hoy nos invita a ser constantes en la plegaria, dirigiéndonos a Dios con la oración que Jesús nos enseñó y los Apóstoles nos transmitieron. 

(En polaco) En el Evangelio de este día, Jesús afirma: «Cuando oréis, decid: Padre, sea santificado tu nombre» ( Lc 11, 2). De esta forma, él nos enseña la oración, que es expresión de nuestra adoración y de nuestra gratitud, así como de la piedad y de nuestras súplicas dirigidas al Creador de todo bien. En ella se manifiesta nuestra fe y nuestra confianza en la Divina Providencia. Acordémonos de la oración, tanto en nuestro trabajo diario como en los momentos de descanso de nuestras vacaciones

5 comentarios:

  1. IN MEMORIAM
    (hace un año)

    Josep G. Trenchs24 de julio de 2015, 23:42

    Fray Tomás, gracias por esa Glosa dominical de este último domingo de Julio.

    Usted nos dice: "Pero el Señor está presente y no es insensible al grito de cuantos tienen necesidad, hasta el Magnificat nos lo recuerda, especialmente si piden en nombre de su Hijo."

    Ahí está la cuestión, en reconocer al Señor como nuestro Dios. Un Dios, cercano, bondadoso, que se preocupa por nuestras necesidades, pero eso, respeta siempre nuestra libertad.

    El sabe mejor que nosotros lo que nos hace falta, pero necesita que le abramos nuestro corazón sin miedo, que de nuestra pequeñez, si nos dejamos moldear por Él, puede hacer cosas grandes en nosotros.

    En este gesto de recoger las sobras, veo el deseo del Señor de que los bienes de la Creación, no sean motivo de especulación, o negocio, sino que se beneficie toda la humanidad.

    Cuando salgan estas letras publicadas ya será el día de Santiago Apóstol, por ello como un homenaje a nuestro Santo Patrón, le dedico su Himno:

    HIMNO OFICIAL AL APÓSTOL SANTIAGO

    Santo Adalid, Patrón de las Españas
    Amigo del Señor:
    Defiende a tus discípulos queridos,
    Protege a tu nación.

    Las armas victoriosas del cristiano
    Venimos a templar
    En el sagrado y encendido fuego
    De tu devoto altar.

    Firme y segura como aquella Columna
    Que te entrego la Madre de Jesús,
    Sera en España La Santa Fe cristiana,
    Bien celestial que nos legaste Tu.

    Gloria a Santiago,
    patrón insigne
    Gratos, tus hijos,
    Hoy te bendicen.

    A tus plantas postrados te ofrecemos
    La prenda mas cordial de nuestro amor.
    Defiende a tus discípulos queridos!

    Protege a tu nación!
    Protege a tu nación!.

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  2. La web Rezandovoy, es un proyecto de la Compañía de Jesús de España. Presenta una propuesta de oración en audio diaria, con textos de apoyo y música.

    Su realización está coordinada por un equipo que trabaja en el Grupo de Comunicación Loyola, desde Valladolid. Pero a ellos hay que sumar una inmensa red de voluntarios, hombres y mujeres de distintas edades, estados de vida y experiencia, que comparten su inspiración, ofrecen su voz, o convierten su canto en palabra viva.

    http://rezandovoy.org/

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  3. Asimismo, el Portal de Ejercicios Espirituales de la Compañía de Jesús en España, ofrece acompañamiento espiritual ignaciano. Su originalidad consiste en que son a distancia, a través de Skype y cuenta con varios itinerarios. Sirva mi experiencia de dos años de acompañamiento que considero muy positivo, como testimonio.

    San Ignacio de Loyola propuso los ejercicios espirituales como un modo de ayudar a encontrarse con Dios y desde ahí orientar la propia vida. Un encuentro donde se busca sentir y gustar el amor de Dios “por dentro” para transmitirlo después “por fuera”, en cualquier circunstancia y momento.

    http://ejercicios.espiritualidadignaciana.org/


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  4. Buenos días,

    Quisiera exponer mi pesar al ver el poco número de feligreses que asisten a las Eucaristías del a Basílica de la Mercè. El Sábado pasado, se nos podía contar con los dedos de las dos manos.

    Si alguien se animara, se podrían organizar grupos para que no falte un poco de caliu con nuestra queridísima Patrona. Es sintomático de una ciudad espiritualmente moribunda...

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