viernes, 15 de julio de 2016

Domingo XVI del Tiempo Ordinario (Ciclo C)

Con motivo de la llegada del verano, ya que nuestro colaborador Fray Tomás María Sanguinetti no nos puede aportar sus habituales comentarios a las lecturas de la Misa Domincal, ofrecemos como otros años las palabras del Papa Benedicto XVI en el domingo correspondiente, en este caso las que pronunció en el rezo del Angelus del 18 de julio del año 2010, que coincidía con este Domingo XVI del Tiempo Ordinario

Estamos ya en pleno verano, al menos en el hemisferio boreal. Es el tiempo en el que cierran las escuelas y se concentran la mayor parte de las vacaciones. También las actividades pastorales de las parroquias se reducen y yo mismo he suspendido las audiencias por un período. Es por lo tanto un momento favorable para dar el primer lugar a lo que efectivamente es más importante en la vida, o sea, la escucha de la Palabra del Señor. Así lo recuerda también el Evangelio de este domingo, con el célebre episodio de la visita de Jesús a casa de Marta y María, narrado por san Lucas (10, 38-42).

Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, quien en este caso no aparece. Jesús pasa por su pueblo y —dice el texto— Marta le recibió (cf. 10, 38). Este detalle da a entender que, de las dos, Marta es la mayor, quien gobierna la casa. De hecho, después de que Jesús entró, María se sentó a sus pies a escucharle, mientras Marta está completamente ocupada en muchos servicios, debidos ciertamente al Huésped excepcional. Nos parece ver la escena: una hermana se mueve atareada y la otra como arrebatada por la presencia del Maestro y sus palabras. Poco después, Marta, evidentemente molesta, ya no aguanta y protesta, sintiéndose incluso con el derecho de criticar a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Marta quería incluso dar lecciones al Maestro. En cambio Jesús, con gran calma, responde: «Marta, Marta —y este nombre repetido expresa el afecto—, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10, 41-42). La palabra de Cristo es clarísima: ningún desprecio por la vida activa, ni mucho menos por la generosa hospitalidad; sino una llamada clara al hecho de que lo único verdaderamente necesario es otra cosa: escuchar la Palabra del Señor; y el Señor en aquel momento está allí, ¡presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra actividad cotidiana. 

Queridos amigos: como decía, esta página del Evangelio es especialmente adecuada al tiempo de vacaciones, pues recuerda el hecho de que la persona humana debe trabajar, sí; empeñarse en las ocupaciones domésticas y profesionales; pero ante todo tiene necesidad de Dios, que es luz interior de amor y de verdad. Sin amor, hasta las actividades más importantes pierden valor y no dan alegría. Sin un significado profundo, toda nuestra acción se reduce a activismo estéril y desordenado. Y ¿quién nos da el amor y la verdad sino Jesucristo? Por eso aprendamos, hermanos, a ayudarnos los unos a los otros, a colaborar, pero antes aún a elegir juntos la parte mejor, que es y será siempre nuestro mayor bien.

Después del Ángelus 

(En francés) La liturgia de hoy nos enseña que nuestra amistad con Cristo pide una escucha atenta de su Palabra, que lleve a la contemplación de su Misterio y al servicio del prójimo. Encontrad más tiempo, sobre todo en vuestras vacaciones, para leer y meditar la Palabra de Dios, que es alimento de nuestra alma y fuerza regeneradora de nuestra existencia.  

(En alemán) Quien acoge a Dios como huésped, quien le deja entrar en su vida, recibe de él ricos dones. Esto es lo que descubren Abraham, de quien nos habla la primera lectura de este domingo, y Marta y María en el Evangelio de hoy. El Señor quiere venir también a nuestra vida para ofrecernos su Palabra viva, su presencia y su amistad. No cerremos la puerta a este ofrecimiento del amor de Dios. Dejémonos, en cambio, transformar para colaborar en su reino de paz y de justicia para todo el mundo. 

(En español) Siguiendo el Evangelio de hoy, invito a todos a ser bien conscientes de que sólo una cosa es necesaria, Dios mismo, así como a escuchar y practicar la Palabra del Señor, para que se fortalezca nuestra esperanza y crezca nuestro amor. Que María nos acompañe y nos ayude en este camino de fe.

(En polaco) Como María y Marta en el Evangelio de hoy, abramos a Jesús nuestras casas, nuestros corazones; escuchemos sus palabras. Esta es la «parte buena», la que da sentido a nuestra vida. Que Dios nos dé la fuerza para buscarla

3 comentarios:

  1. IN MEMORIAM
    (hace un año)

    Josep G. Trenchs18 de julio de 2015, 0:29

    Fray Tomás, gracias por esa hermosa Glosa del XVI Domingo del Tiempo Ordinario.

    EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME PUEDE FALTAR.

    Para mi es el Salmo de un Padre amoroso, que vela constantemente por sus hijos. Ciertamente nos da la libertad para hacer el bien y el mal, pero se va haciendo el encontradizo constantemente, para que vayamos por el camino del bien.

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    1. Siempre es un placer escuchar una HOMILIA del PAPA BENEDICTO, UNA VERDADERA HOMILIA,SIN CONFUSION DE NINGUN TIPO,ORTODOXO,COMO TIENE QUE SER!

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  2. Gracias, qué alivio para el alma releer estas palabras tan claras, tan llenas de vida, tan acogedoras y que no te arruga ni te espanta el alma. Gracias. Dios sea bendito.

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