viernes, 29 de abril de 2016

La Glosa Dominical de Gérminans

Reflexión a modo de notas hacia dónde nos orienta la liturgia dominical
PITIDOS Y FIASCOS: ¡SON UNA DECEPCIÓN!

Una historia que resulta imposible no comprender. Aunque sucedida hace casi veinte siglos, conserva una sorprendente actualidad.
Hubo algunos que venían de Judea que daban a entender que habían recibido un encargo preciso, que sin embargo nadie les había confiado. Un encargo para hacer aceptar las propias ideas más bien mezquinas. Un encargo que pretendía imponer como necesarias algunas prácticas de las que el Evangelio no se había jamás ocupado. Debió representar una ingente tarea para aquellos dos embajadores, Pablo de Tarso y Bernabé, el poder contrarrestar aquellas maniobras retorcidas. Pensad que el cristianismo estaba dando los primeros pasos y ya la pequeñísima comunidad cristiana demuestra una enorme capacidad de elegancia y precisión al tratar las cuestiones. Es un momento dramático. Si entre ellos no florece la armonía, si deciden rendirse, la Iglesia no empezará la singladura. Quizás resonó en sus mentes el eco de aquella pregunta inquietante de Jesús: “¿También vosotros queréis marcharos?
Y Pedro, el discípulo canalla de la increíble intuición, fijó los ojos en Jesús y le susurró: ¿Señor, a quién iremos? ¡Sólo Tú tienes palabras de vida eterna!” Señor, tus palabras dan una vida que te llena para siempre, no tenemos que seguir a ninguno más allá de Ti. Los otros discípulos notan el sudor bajar por la frente. Pedro ha interpretado bien el sentir común. Y hoy no se apela a los tribunales competentes, sino que en la ciudad de Antioquía y de Jerusalén se compara, se escucha, se decide entre todos: “se decidió que Pablo y Bernabé y algunos otros entre ellos fuesen a Jerusalén”.
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Rembrandt: Pedro y Pablo tras el Concilio de Jerusalén
¿Te imaginas a Santiago, obispo de la Iglesia Madre de Jerusalén, iniciando el primer concilio para ayudar al cristianismo a empezar a caminar? ¿Te imaginas la dulzura, la dimensión de autoridad, la preocupación de aquellos primeros enamorados de Cristo que intentan todos que en el camino nadie se pierda? ¿Te imaginas los primeros dimes y diretes, las primeras envidias, los primeros celos entre los apóstoles en las tierras a evangelizar, sobre la diversidad de los carismas, sobre la modalidad con la que enamorar a la gente hablando del Señor Jesús?  Sin embargo es importante que den en el blanco.
Iglesia envuelta en los vendajes del Espíritu Santo, acariciada por el soplo de la eternidad, llamada a jugar como titular y protagonista el partido de la historia humana. No tiene que haber miedo en el corazón de Felipe y de sus compañeros de aventura que sobrepasan los confines de Samaría, tierra de infieles, cismáticos y traidores. Aquella mujer de Samaría, conquistada espléndidamente por el Hombre de Nazaret en el brocal de un pozo en un caluroso mediodía todo hebreo, es la esperanza de un futuro rico de siembra por la palabra de su Maestro. ¡Basta dibujar confines, plantar vallas, trazar fronteras!
C:\Users\FRANSESC\Desktop\img_men_2094_2014-5-19_11.jpg¡Tendréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá a vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría hasta los confines del orbe! He aquí el poder del Espíritu Santo que la Escritura compara con el viento. Porque el viento evita que el agua se estanque y se pudra. El viento modela la montaña, la roca, el mármol, los rostros. El viento que transporta en su brisa el polen, colabora llevando adelante la vida. El viento bate, eleva las cosas. Al viento no lo puedes agarrar ni modelar. Así es el Espíritu: es misterio, profundo e insondable misterio, que se deja anudar en el manto del silencio. “Si me amáis, observaréis mis mandamientos”. Aquel Maestro tan exigente no pide signos extraordinarios a los discípulos, les suplica elegancia en sus vidas, refinamiento en sus miradas, finura en sus gestos. Sólo así lograrán responder a los desafíos de un mundo que les interroga, les atormenta, los empuja a exponerse, les invita a salir de sus propias iglesias para vivir en los senderos del hombre. Una primera Iglesia de frontera, aquella primitiva.
Conocí a un sacerdote, párroco en el sur de Italia, que fue asesinado cuando se disponía a celebrar la santa misa, porque había osado denunciar la corrupción y las ilegalidades en su tierra. Quien disparó lo hizo en la sacristía para recordarle que una Iglesia que no molesta no tiene nada por lo que preocuparse. Pero se convierte en una Iglesia que no exhala el perfume de aquel fascinante misterio que circunda a su Maestro.
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¡Es bien raro tu Evangelio, Señor! Un libro completamente diferente a los otros. Guarda sorpresas brutales. Y cuanto más lo leemos, más intranquilos nos sentimos. Un estudiante que haya profundizado en un determinado tratado, va seguro al examen. En cambio quien conoce el Evangelio, acaba perdiendo las seguridades. Sólo quine lo ignora puede mostrar una cierta seguridad. El estudio de los libros humanos te procura el aprobado. El estudio del Evangelio te regala el suspenso. Como hoy, Señor. Me sentía en paz y descubro que estoy en paz. Pero en la paz de Satanás. Es decir: me he equivocado en todo. Señor, perdóname. ¡Perdona a mi cabeza que no se entera ni entiende nada!-
 
Fr. Tomás M. Sanguinetti   

7 comentarios:

  1. Gracias Fray Tomás por esa Glosa, que bien podría ser una homilía de este VI Domingo de Pascua.

    ¿A quién iremos si solo TÚ, tienes palabras de VIDA ETERNA?

    ¿Pero quién era ese Pedro, tan fogoso como incrédulo que a pesar de todo Jesucristo, sabiendo de sobras como era le da nada menos que la potestad de empezar a guiar la Iglesia?

    Si nos fijamos veremos en Pedro, tres cambios significativos.

    El primero cuando Jesús, en su vida pública, está a la orilla del mar de Tiberíades y les pregunta como ha ido la pesca. Pedro responde: no hemos pecado nada... Jesús le dice echar las redes y Pedro le respondió: hemos estado toda la noche bregando pero ya que Tú lo dices, echaremos las redes y fue la primera pesca milagrosa, que tuvieron que pedir ayuda a otras barcas.

    La segunda vez, ya después de resucitar el corazón de Pedro ya se iba transformando y ante una situación similar, Juan se dió que el hombre vestido de blanco era el SEÑOR y se lo dijo a Pedro, que se puso la túnica, una lección que ante Dios no se debe ir vestido de cualquier manera. Aparte de eso volvió a preguntar por la pesca y al no haber pescado nada, Jesús les dijo: echad las redes a la derecha y sin ninguna objeción, echaron las redes y recogieron 153 peces grandes.

    La tercera vez ya fue la efusión de Gracia del Espíritu Santo, cuando de verdad nace la Iglesia, pierden el miedo y se ponen a evangelizar y empezar a bautizar.

    Los primeros días parecían que estaban en una nube, porque Dios así lo dispuso, para empezar a formar las primeras comunidades.

    Es el Espíritu el que nos trae la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo”, no es la paz conseguida por la fuerza militar o la paz de los cementerios, fruto de la ausencia de vida y por tanto de conflictos. No se pueden separar la acción interior del Espíritu, del problema de la primera comunidad o de nuestros problemas actuales. El que concibe lo espiritual, que viene de Espíritu, como un mundo aparte sin problemas, ni responsabilidades, tiene una fe demasiado infantil.

    La fe adulta sabe de los conflictos eclesiales, sociales, familiares… y no pierde la paz que es don del Resucitado y del Espíritu aún cuando se encuentra con su pecado y el de los suyos. Sabe que hay que caminar entre luces y sombras, que por eso nos ha prometido Jesús el Espíritu Santo, que va guiándonos a nosotros y a la Iglesia hasta el final de los tiempos.

    Los cristianos de hoy no podemos contar con la presencia visible de Jesucristo, ni podemos resolver nuestros conflictos de una forma mágica o milagrosa.

    El caminar por nuestro mundo nos obliga a una preocupación constante, para descubrir a cada paso que demos el espíritu del evangelio, a fin de que no nos desviemos de la meta de nuestro andar: el Reino de Dios.

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  2. Laurentius Dertosensis30 de abril de 2016, 21:48

    Muchas Gracias Fray Tomas y tambien al Sr.Trenchs por sus comentarios sobre el sexto Domingo del tiempo Pascual.

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    1. El Sr. Trenchs más que comentarista debería ser articulista de esta web!

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    2. Yo he dicho lo mismo en más de una ocasión, y nada, ni caso. Creo que están un poco dormidos en este tema. ¡¡Por favor, señores directivos de GG, mediten seriamente sobre lo bueno que sería fichar al sr. Trenchs como articulista!!

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    3. El sr. Trenchs es un santo en vida. Le conozco de lejos, pues trabajaba en la misma gran empresa que él. Puedo decir que todos los que le trataban experimentaban automáticamente una transformación. Por donde el pasaba, quedaba como un olor a incienso. Ha hecho mucho bien a muchisimas personas. A los católicos les ha hecho más católicos, y a muchos agnósticos los ha convertido con su trato exquisito, su vida emeplar, su permanente sonrisa, su voluntad, en definitiva, de servir a Dios y al prójimo. Con que solo un 1% de los laicos fuesen como él, ¡qué diferente sería nuestra Iglesia! Sr. Trenchs, reciba un afectuoso saludo de Gaspar M. de Esplugues de Llobregat.

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    4. Josep G. Trenchs3 de mayo de 2016, 0:02

      A todos los que leen mis comentarios, muchas gracias.

      Acertaré más o menos con el tema del Sr. Articulista, la única cosa que pretendo es buscar las LUZ DE CRISTO, para que su VERDAD, resplandezca siempre.

      Al amigo y compañero Gaspar, gracias por tanto elogio, que si mi ejemplo ha podido servir de conversión para alguien, BENDITO SEA DIOS, A ÉL ES A QUIEN LE DEBEMOS TODO HONOR Y GLORIA.

      Lo de Articulista, no creo me vea capaz, una cosa es escribir cuatro líneas y otra un ARTÍCULO, coherente con la realidad eclesial del momento.

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  3. Será por su carácter críptico, suelen los predicadores saltarse en la liturgia de la palabra de hoy, dominica sexta de Pascua, la glosa del Apocalipsis. Sin embargo, a mi parecer, el relato de los Hechos es insepsarable del texto joánico. Pablo y Bernabé se sublevan por la obligación de circuncidarse a los gentiles y demás indicaciones de la ley mosaica. (Aunque el texto, per analogiam, evoca irremediablemente esos curas y obispos que velis nolis obligan a sus fieles a pasar por las horcas caudinas o mosaicas de una expresión que no es la suya, no daré pie a quienes opinan que sea lo que sea volvemos a lo mismo,) ¿Qué dice el Apocalipsis? Nos habla de la Jerusalén celeste, de los cuatro puntos cardinales, del Cordero que es el mismo Dios. Catolicidad de la Iglesia y unidad de fe en un único Dios.

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