miércoles, 24 de junio de 2015

Fragmentos del diálogo del Papa Francisco con religiosos y religiosas de la diócesis de Roma (16-5-2015)

La tensión entre ocultamiento y visibilidad. La vocación Monástica es esta tensión; tensión en el sentido vital, tensión de fidelidad. El equilibrio puede entenderse como «sopesamos: tanto por aquí, tanto por allá ...». En cambio, la tensión es la llamada de Dios a la vida escondida y la llamada de Dios a hacerse  visible de una determinada manera. Pero ¿cómo debe ser esta visibilidad y cómo debe ser esta vida escondida? Esta tensión es la que vosotros vivís en vuestra alma. Esta es vuestra vocación: sois mujeres «en tensión»; en tensión entre esta actitud de buscar al Señor y de esconderse en el Señor y esta llamada a dar una señal. Los muros del monasterio no bastan para dar la señal. Hace seis o siete meses, recibí una carta de una monja de clausura que comenzó a trabajar con los pobres, en la portería; después salió a trabajar afuera con los pobres; y luego continuó cada vez más y más en esta dirección, y al final me dijo: «Mi clausura es el mundo.» Y yo le contesté: «Dime, querida hermana, tú tienes la reja portátil?» Esta es una equivocación.

Otra equivocación es la de no querer escuchar nada ni ver nada. - «Padre, las noticias pueden entrar en el monasterio?» - «Tienen que hacerlo!» Pero no las noticias de los -llamados, por decirlo así,- medios «chismosos", sino las noticias de lo que pasa en el mundo: las noticias , por ejemplo, de las guerras, de las enfermedades, lo que sufre la gente. Por eso una de las cosas que nunca, nunca tenéis que abandonar es un tiempo para escuchar a la gente! Incluso en las horas de contemplación, de silencio ... Algunos monasterios tienen un contestador automático, y la gente llama, pide oraciones por esto, por lo otro: ¡esta conexión con el mundo resulta importante! En algunos monasterios se ve el telediario; no sé: esto pertenece al discernimiento de cada monasterio, según su regla. En otros reciben el diario lo leen; en otros la conexión se realiza de otra manera. Pero siempre resulta importante la conexión con el mundo: saber qué pasa. Porque vuestra vocación no es un refugio; es ir al mismo campo de batalla, es lucha, es llamar a la puerta del Señor por esta ciudad. Es como Moisés, que tenía las manos arriba, orando, mientras el pueblo luchaba (cf. Ex 17,8-13).


Esta fotografía no aparece en el Full
Muchas gracias vienen del Señor en esta tensión entre la vida escondida, la oración y el hecho de escuchar las noticias de la gente. En esto, la prudencia y el discernimiento os harán entiender cuánto tiempo dedicar a una cosa y cuanto a la otra. Hay también monasterios que dedican media hora diaria o una hora diaria a dar de comer a los que van a pedirles, y eso no va contra el ocultamiento en Dios. Es un servicio, es una sonrisa. ¡La sonrisa de las monjas abre el corazón! La sonrisa de las monjas sacia más que el pan a los que van al monasterio! Esta semana te toca a ti dar de comer durante esta media hora a los pobres que piden aunque sea un bocadillo. A una esto, a la otra lo otro: ¡esta semana te toca a ti sonreir a los necesitados! No olvidéis esto. A una monja que no sabe sonreír le falta algo.

En el monasterio hay problemas, luchas -como en cualquier familia-, pequeñas luchas, algunas celosías, esto, aquello ... Lo que nos hace entender cuánto sufre la gente en las familias, las luchas en las familias; cuando se pelean marido y mujer y cuando hay celos; cuando se separan las familias ... Cuando vosotras también os veis sometidas a este tipo de pruebas -siempre pasan cosas así-, tenéis  que percibir que este no es el camino y teneis que ofrecer al Señor, buscando un camino de paz dentro del monasterio, para que el Señor siembre la paz en las familias, entre la gente.

En los monasterios hay corrupción cuando se pierde la memoria. ¡Cuando se pierde la memoria! La memoria de la vocación, del primer encuentro con Dios, de carisma que fundó el monasterio. Cuando se pierde esta memoria y el alma comienza a ser mundana, piensa en cosas mundanas y se pierde este celo de la oración de intercesión por la gente.

*Este texto ha sído publicado en el Full Diocesà del Obispado de Vic, el pasado 21 de junio. Se da la circunstancia de que Sor Lucía Caram es religiosa "oficialmente" en Manresa y por tanto pertenece a ese obispado

3 comentarios:

  1. Como a buen entendedor con pocos palabras basta, este diálogo del Papa Francisco:

    «Mi clausura es el mundo.» Y yo le contesté:

    «Dime, querida hermana, tú tienes la reja portátil?»

    Supongo se refiere a la religiosa de la foto, y el Papa, con su agudo sentido del humor, le contestó con otra pregunta que no tiene desperdicio y da que pensar sobre su vocación dominica.

    ¿Dónde están los votos emitidos de pobreza, castidad y obediencia, el día de su Profesión religiosa?

    Hay el temor en según que Congregaciones, que ante el miedo de quedarse sin monjas, rebajan el listón de la vida monacal y esto esta comprobado que es totalmente contraproducente.

    ResponderEliminar
  2. Se lo están diciendo de manera indirecta.

    El caso de esta monja incardinada en Manresa es de menor gravedad, muchísimo menor, almenos por lo que ha difundido públicamente, que el de sor Forcades.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. MARPN
      Tienes toda la razón del mundo mundial. Pero, no sólo estas dos "monjas" y alguna otra que anda por ahí, sino todos los sacerdotes y religios@s que van por libre y se consideran los salvadores. ¡Salvadores de qué!. Están hundiendo en el pecado a tosdos los que con buena voluntad se creen y participan de sus barbaridades. La Iglesia es UNA, SANTA , CATÓLICA Y APOSTÓLICA, que ha de seguir el magisterio que nos viene de Roma, aunque a veces no nos guste. Para conseguir esta unión hace falta que los obispos, responsables máximos de su rebaño, tengan la suficienta voluntad y FE que debemos tener todos y cada uno del católicos. Si no se pone con rotundidad la obligación de acatar las normas del magisterio de la Iglesia católica, vamos a la destrucción , aunque no total, de la IC. Tenemos la fortuna de que Jesucristo nos dijo que su Espíritu velaría por ella. Recemos con convencimiento para que el Espíritu Santo no deje de soplar y además lo haga con más fuerza. Loado se Dios, en todo momento y lugar. Amén.

      Eliminar