jueves, 7 de mayo de 2015

Una tercera via para el Sínodo de la Familia

Gracias a Dios, la Iglesia es todo un cuerpo: el Cuerpo Místico de Cristo. Todos somos miembros de ese cuerpo. Y como peregrina que es en la tierra, está sujeta a dolencias y enfermedades. Pero jamás ha permitido Dios que enferme la Iglesia toda ella. Miembros enfermos, siempre los ha habido: a veces muchos, e incluso muy importantes; y a veces gravemente enfermos. En estos momentos está creando enorme inquietud en los fieles el cuestionamiento de principios tan sagrados como la indisolubilidad del matrimonio y las connotaciones más sagradas de la Eucaristía. Este cuestionamiento no se ha producido en los aledaños ni en las periferias de la Iglesia, sino en su mismo corazón: nada menos que en el Sínodo llamado de la Familia.
Es innegable que la apertura de este debate ha convulsionado a la Iglesia hasta el punto de que en bastantes diócesis tremendamente decadentes y que se postulan como modelo a seguir por toda la cristiandad, con sus cardenales y obispos a la cabeza, se ha llegado a un punto de no retorno, posicionándose con absoluta determinación, y mediante una política de hechos consumados, en las tesis más innovadoras del Sínodo. Enfrentándose, obviamente, a la menos tumultuosa corriente conservadora: como si en la Iglesia, igual que en el mundo, los innovadores fuesen los buenos, y los conservadores los malos.
El teólogo Thomas Michelet OP
Decía que gracias a Dios, ha surgido de la inmensa riqueza de la Iglesia y de su santidad como institución sagrada, una propuesta extraordinariamente brillante: la restauración del primitivo Ordo Paenitentium: el Orden de los Penitentes, al que con toda propiedad se le podría denominar Orden de la Misericordia. Un Orden esencialmente Peregrinante, puesto que la peregrinación era un acto penitencial; y procesionante, habría que añadir, puesto que nuestras procesiones de Semana Santa tienen profundo carácter penitencial (y a él podrían ser restituidas). La propuesta la articula el teólogo dominico Thomas Michelet, profesor de la facultad de teología de Friburgo, Suiza. 
Se trataría de darle forma e intenso contenido pastoral al “ordo paenitentium”, el orden de los penitentes, de larga tradición en la Iglesia, pensado para quienes están en camino de reincorporación a la disciplina de la Iglesia. Y como se trata de un camino a veces largo, sobre sobre todo cuando están implicadas terceras personas, lo fundamental es que este camino se recorra sin estar excluidos de la Iglesia, sino formando parte de la misma, pero con la condición específica de caminante sosegado hacia la integración plena al orden común de los fieles. Pensemos en el orden sacerdotal o en el monacal; pensemos en el “Camino Neocatecumenal”, concebido como una forma distinta de ser Iglesia: siempre en camino, siempre dispuesto a ser enseñado. En él pensó justamente la constitución Sacrosanctum Concilium, en su epígrafe 64: Restáurese el catecumenado de adultos dividido en distintas etapas, cuya práctica dependerá del juicio del ordinario del lugar; de esa manera, el tiempo del catecumenado, establecido para la conveniente instrucción, podrá ser santificado con los sagrados ritos, que se celebrarán en tiempos sucesivos.
Pues bien, del mismo modo que no tiene ninguna connotación peyorativa en la Iglesia el reconocimiento de nuestra necesidad de catequización, tampoco tendría que entenderse como una falta de equidad (a esto los romanos lo llamaban iniquidad) la creación de un ordo paenitentium, un orden del que formarían parte los que se reconocen en situación permanente de pecado y ostentan públicamente esta situación. Éstos formarían parte de la Iglesia, pero temporalmente (igual que los catecúmenos) sin acceso a la Comunión.
La Iglesia, misericordiosa, los reconocería como hijos en camino de conversión y  tendría la paciencia amorosa de darles tiempo para esa conversión. Esta disposición de la Iglesia a darle tiempo al pecador para que reordene su vida engrandecería aún más el sacramento de la penitencia: que, como dice el teólogo Thomas Michelet, dejaría de ser un acto y un rito puntual para adquirir una dimensión vital.
Porque, seamos serios: ¿cuántos católicos llevamos al día las cuentas con Dios y con la Iglesia? ¿No es más tranquilizador saber que tanto Dios como la Iglesia saben que hay cuentas que no podemos pagar al contado, y están dispuestos a esperarnos, aceptando entretanto todos los gestos de buena voluntad que vamos haciendo en ese largo camino de conversión? ¿No es bueno para la Iglesia y para muchísimos fieles (¡me apunto, por lo que pueda ser!) que haya para los pecadores crónicos un lugar confortable, al calor de su misericordia? ¿No es esto mucho más cristiano que exigir que la Iglesia descatalogue pecados para hacernos la vida más confortable? ¿Es realmente ésta la misericordia que le conviene a la salvación de nuestra alma y a la integridad de la Iglesia?
España, tierra de encuentros y encontronazos con las otras dos religiones del libro, sabe mucho de penitentes: las conversiones forzadas, cada vez que la conquista o la pérdida de un territorio imponía una u otra religión (cuius regio, eius religio), daba lugar a toda clase de defecciones. Y como el contacto con los ídolos desviaba el corazón de la fe, la Iglesia era cauta e imponía largos períodos de penitencia. Así, mientras los fieles iban al templo a participar del culto oficial, los penitentes se quedaban en la calle, llegando como mucho al atrio de la iglesia, y ahí celebraban sus “estaciones de penitencia” (a la iglesia iban de paso; no podían quedarse en ella). Si las cofradías y hermandades son lo que son y tienen una vida tan intensa (su sentido de hermandad y su acción social son encomiables) es porque la institución penitencial fue muy consistente. Esas procesiones y esos pasos forman parte del antiguo Ordo Paenitentium.
Los penitentes eran tan Iglesia como los demás fieles, pero con algunas limitaciones propias de su condición. Pero en lo que hace a llevar una vida cristiana, no necesitaban recibir lecciones de nadie. Del mismo modo que hay muchos seglares que con su vida dan un testimonio de fe más nítido que el de muchos que pertenecen al orden de los consagrados. 
Bienvenida, pues, esta tercera vía, la vía de los católicos que no acaban (no acabamos) de dar la talla. La Iglesia es paciente y misericordiosa y nos acoge en su seno a pesar de ello. Y acepta nuestra penitencia, parte de la cual es no tener acceso a la plenitud de los sacramentos.  
Cesáreo Marítimo

26 comentarios:

  1. Josep G. Trenchs8 de mayo de 2015, 0:27

    Sr. Cesáreo Marítimo, gracias por mostrarnos esa tercera vía, que por otra parte tampoco, es nada excepcional. Es la Doctrina de la Iglesia, aplicada quizá en un lenguaje más moderno.

    En realidad lo que siempre ha sido pecado lo seguirá siendo. Los Mandamientos desde Moisés, son los mismos. Jesucristo no vino a abolir la Ley, sino a perfeccionarla y darle cumplimiento.

    Lo que ocurre desgraciadamente es que se está perdiendo la conciencia del BIEN y del MAL, en una palabra, la CONCIENCIA DE PECADO, entonces es muy dificil el arrepentiniento y que Dios pueda mostrar su perdón

    Ciertamente, Dios es INFINITAMENTE MISERICORDIOSO, la IGLESIA, COMO MADRE Y MAESTRA lo regula, por eso san Juan Pablo II firmó un nuevo CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA y un CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO, que lo regulan nuestra relación con Dios.

    Ahora bien, por ejemplo: la Iglesia, nos manda confesar una vez al año y comulgar por Pascua. Esto es lo mínimo, para tener la lamparita de la FE, siempre algo encendida y que no se apague.

    ¿Es lo recomendable? Por supuesto que no. Una cosa el lo mínimo y otra cosa es lo que cada alma necesita en su relación con Dios. Eso sí siempre respetando nuestra libertad.

    Los enemigos de la Iglesia, comunistas y masones, hicieron un esfuerzo organizado para infiltrar a la Iglesia Católica

    Es un hecho conocido que los comunistas y los masones hicieron un esfuerzo organizado para infiltrar la Iglesia Católica. Ellos enviaron a un gran número de sus hombres al sacerdocio para colocarlos en cargos altos con el fin de debilitar y atacar a la Iglesia.

    La Sra. Bella Dodd fue miembro del Partido Comunista de Norteamérica, y si el partido hubiera ganado la Casa Blanca, ella habría sido designada Procuradora General. Después de su deserción, ella reveló que uno de sus puestos de trabajo como agente comunista era animar a los jóvenes radicales (que no siempre eran comunistas con carnet de pertenencia) que entraran en los seminarios católicos. Ella dijo que antes de abandonar al partido en los EE.UU., había alentado, siendo ella una comunista, a casi mil jóvenes radicales que se infiltraran en los seminarios y en las órdenes religiosas.

    El Hermano Joseph Natale O.S.B., fundador del Monasterio de la Sagrada Familia, estuvo presente en una de las conferencias de Bella Dodd en los primeros años de la década de 1950. Él declaró lo siguiente:


    “Escuché a esa mujer por cuatro horas y me tenía con los pelos de punta. Todo lo que ella dijo se ha cumplido al pie de la letra. Se podría pensar que ella era el profeta más grande del mundo, pero no era ningún profeta. Sólo estaba haciendo una exposición, paso por paso, del plan de batalla de la subversión comunista contra la Iglesia Católica. Ella explicó que, de todas las religiones del mundo, la Iglesia Católica era la única a quien temían los comunistas, puesto que era su único adversario efectivo”[3].

    Bella Dodd se convirtió al catolicismo al final de su vida. Hablando como ex comunista, ella dijo: “En la década de 1930, pusimos once mil hombres en el sacerdocio con el fin de destruir a la Iglesia desde adentro”. La idea era que estos hombres fueran ordenados, y luego ascendieran por la escala de influencias y de autoridad como monseñores y obispos. En aquel entonces, ella dijo: “Ahora mismo, ellos están en los lugares más altos en la Iglesia. Están trabajando para lograr un cambio para que la Iglesia Católica no sea eficaz en contra del comunismo”. Ella también dijo que estos cambios serían tan drásticos que “no se reconocería a la Iglesia Católica” (esto fue 10 a 12 años antes del Vaticano II).

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  2. Un proyecto imposible8 de mayo de 2015, 0:34

    - No estoy de acuerdo con el nombre orden de la misericordia. A mí me gusta que el nombre siga al contenido: es un orden de los penitentes. Decir misericordia me parece buenista y políticamente correcto.

    - La propuesta contiene un implícito que hay que explicitar. Es una orden de los penitentes excomunicados de la eucaristía y la reconciliación (sacramento de la eucaristía y de la confesión).

    - El orden de los penitentes era muy duro, durísimo. Se reservaba a los pecadores graves (homicidio, adulterio e idolatría) en Occidente durante los siglos IV a VII.

    Los penitentes, antes de ser reconciliados con la Iglesia, debían de hacer penitencia pública, disciplinada y prolongada (de años) mediante la realización de obras de penitencia por sus pecados mortales y gravísimos.

    La admisión era rara y estricta, y sólo se admitía una vez en la vida. Motivo: se había caído en pecado grave (adulterio: divorciado recasado), se había naufragado perdiendo la gracia bautismal y se había lesionado la comunión eclesial.

    - En Occidente se perdió este orden en el siglo VII porque se importó de Oriente la práctica privada de la confesión, permitía celebrar regularmente la confesión y unía en una sola celebradción sacramental el perdón de los pecados mortales o graves y veniales o leves.

    El enfoque entre Occidente y Oriente es diferente en relación con la confesión.

    Oriente tiene un enfoque de enfermedad espiritual, el sacerdote es médico, como son los siete vicios capitales: el pecado tiene su fuente en la enfermedad espiritual o pneumopatología de la lujuria, avaricia, soberbia...

    En Occidente el enfoque es jurídico-moral: uno se acusa y satisface la pena. Se vulnera y viola un mandamiento divino que implica el cumplimiento de una pena, el sacerdote es juez, y aunque sea equitativo y misericordioso, es juez, pues perdona una infracción divina legal. Por ello, son necesarias las indulgencias y la contrición perfecta, y se ha de tener en cuenta en un pecado mortal o grave la pena eterna (infierno) y la pena temporal (purgatorio).

    - Si el pecado es un desorden muy grave y continuado (de tipo sexual sobre todo hoy en día, o a prácticas de la Nueva Era), implicaría además unirlo al sacramental del exorcismo, el uso de reliquias, agua, sal y aceite bendecidos, el rezo del santo rosario, la adoración eucarística, la visita al Santísimo...

    - Supongo que se recuperará la antigua división de la misa entre la Misa de los Catecúmenos y la Liturgia del Sacrificio Eucarístico. Hasta antes de recitar el Credo, la instrucción de los dogmas de fe, en la misa podían participar penitentes, catecúmenos, paganos, herejes y judíos para escuchar la Palabra de Dios.

    - En mi opinión, lo veo del todo irrealizable. Implica un grado tal de conocimiento, de preparación, de aceptación, de continuidad, de convencimiento y de privación (no ver fútbol, ayunar, no fumar ni beber alcohol, leer siempre el Catecismo y la Biblia), que lo veo de imposible aplicación ante la mediocridad y bajeza espiritual y teológica de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos católicos europeos, y no digamos catalanes.

    Significa que el penitente debe de saber muy bien el Catecismo, con sus dogmas, sacramentos, mandamientos, medios de gracia y oración, y debe de estar acompañado por la gracia santificante procedente de un sacerdote y de una comunidad parroquial o religiosa muy preparada. Hoy, en Europa, y más en Cataluña, es imposible en medio de un ambiente generalizados de apostasía.

    Además, tampoco Francisco estaría de acuerdo y no le veo en absoluto por la labor, puesto que dice en su Evangelii Gaudium que la confesión no debe de ser nunca una sala de tortura, y el orden penitencial, según como se vea, es una tortura en toda regla ("Dios mío, sin fútbol, ni cervecita ni calamares durante cinco años").

    Y los heterodoxos, progresistas y herejes de facto no aceptarían tal orden penitencial o lo convertirían en un camino de relajamiento y pitorreo con cuchufleta de propina.

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    1. La proposition ne consiste pas à restaurer tel quel l'Ordo paenitentium, mais à en faire une version rénovée. . Depuis l'Antiquité, la doctrine de l'Église sur la pénitence a conduit à de nouveaux développements, dont il faut tenir compte. De plus, le régime antique n'était pas uniforme, mais dépendait beaucoup des lieux et des époques. Donc on n'est pas obligé de reproduire les excès qui ont conduit à sa désaffection. L'idée principale que l'on conserve est celle de la durée et des étapes. Mais il faut vous reporter à l'article original (26 pages en français) pour comprendre le détail de la proposition.

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  3. No caben terceras vías entre la ortodoxia y la heterodoxia. El propio P. Michelet reconoce que "en la penitencia antigua, antes de entrar en el "ordo pænitentium", era necesario haber cumplido ya con la condición de renunciar al propio pecado y haber puesto fin al desorden público generado por él".

    Sin embargo, en la tercera vía propuesta por este teólogo dominico, ya no se pediría la conversión total al inicio de la penitencia. Sería por tanto una práctica contraria a lo que siempre ha pedido la Iglesia a los penitentes.

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    1. La reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios.

      El objetivo del orden penitencial es la comprobación fehaciente de que esta persona no tiene ningún tipo de apego al pecado mortal grave: adulterio, homicidio.

      El orden penitencial, por lo tanto, concluye cuando se comprueba una verdadera y efectiva vida de santidad consolidada en el tiempo y, acto seguido, se da la reconciliación con Dios y con la Iglesia, por lo que puede participar en los sacramentos.

      Personalmente, esto hoy aquí en Occidente, lo veo difícilísimo de hacer, pues el mismo Francisco dice que la eucaristía no se debe dar exclusivamente a los perfectos sino que es una medicina del "hospital de los heridos", por lo que las mismas palabras de Francisco, en principio, niegan la posiblidad del regreso del orden penitencial. Francisco tiene una visión de la eucaristía y de la penitencia más laxa, relajada, blanda, líquida, distendida.

      El orden penitencial no encaja en absoluto con la mentalidad de Francisco, no almenos hasta ahora.

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    2. "Sería por tanto una práctica contraria a lo que siempre ha pedido la Iglesia a los penitentes." - Non : la proposition ne fait qu'appliquer sur ce point le régime actuel de la discipline de l'Église, fixé par Familiaris Consortio n.8.

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  4. Divorcio y comunión8 de mayo de 2015, 1:10

    Un divorciado que no se ha casado sí puede comulgar, si estoy en lo cierto.

    Un divorciado recasado también puede comulgar, pero la convivencia con su cónyuge debe de ser more fraterno, como hermanos, nunca more uxorio, como marido y mujer, entre otras condiciones impuestas por la Familiaris consortio 84 y otros documentos vaticanos (confesión sacramental, rite dispositus, comunión privada si la condición de divorciado recasado es conocida notoriamente, con el fin de evitar la confusión y el escándalo).

    Un divorciado recasado conviviento more uxorio (teniendo relaciones sexuales) es un adúltero y nunca jamás puede comulgar ni ser perdonado si persiste en su actitud.

    Y evidentemente, si no puede comulgar eucarísticamente, tampoco puede hacer la comunión espiritual, porque ésta implica "ser uno", hacer la "común unión" con la persona total de Cristo, que comprende el alma (psique), espíritu (pneuma) y divinidad (theotes) de Jesús.

    La comunión eucarística añade el Cuerpo (sarka) y la Sangre (aima), los cuales son comidos (fagetes, trogon) y bebidos (piete, pinon).

    Luego por lo tanto, una comunión normal, la que se hace en la misa, tanto en una especie (pan), que por conmixtión contiene la Sangre, como en las dos especies (pan y vino), es a la vez una comunión espiritual, porque auna la psique, pneuma y theotes de Jesucristo.

    Y quien hace una comunión espiritual recibe una indulgencia para el perdon de la pena temporal de sus pecados: no formará parte de la Iglesia Purgante, sino de la Iglesia Triunfante.

    Algún santo hacía comuniones espirituales cada cuarto de hora. Todos los santos aconsejan hacer comuniones espirituales si se está en estado de gracia. Claro que sí.

    Quien está divorciado recasado more uxorio, no puede hacer comuniones ni eucarísticas ni espirituales, ni recibir el perdón sacramental.

    Pero siempre puede hacer una "presentación espiritual" ante la misericorida de Jesús, que le sirve para intentar paliar en lo posible la falta de eucaristía y confesión. Eso siempre.

    Un divorcidado recasado more uxorio es un adúltero, y lo mismo que una prostituta con su cliente, forman una sola carne con su cónyuge (San Pablo).

    Y quien come y bebe el Cuerpo y la Sangre de Jesús en pecado mortal (adulterio, fornicación) comete otro pecado mortal más grave aún.

    Nuestro cuerpo es el Templo del Espíritu Santo, y ser una sola carne recuerda la unión mística del Espíritu Santo con nuestro espíritu en matrimonio místico, así como el matrimonio místico del sacerdote con su parroquia, o el de Jesús con su Iglesia. Jamás puede ser legítima la fornicación y el adulterio.

    Aceptar la comunión de un divorciado recasado more uxorio sería crear una apostasía en la Iglesia. Y es entrar en el furor fornicador de Babilonia, modelo de nuestra sociedad que acepta el aborto, la homosexualidad, la prostitución, la pornografía, la contracepción, la reproducción asistida, las uniones de hecho, las relaciones prematrimoniales o a prueba, el divorcio, la eutanasia, el suicido asistido...

    Lo que Juan Pablo II y Benedicto XVI afirmaron que era la cultura de la muerte y el relativismo.

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  5. Tema muy complicado de aplicar,no Digo ya de Definirlo exaustivamente.Que el anterior comentarista lo ha hecho estupendamente.
    A mi entender, el problema fundamental reside ,actualmente, en el RELATIVISMO que nos domina prácticamente a todos.Empezando por el propio clero,incluido obispos y cardenales.
    En las misas que suelo asistir practicamente todo el mundo comulga y NUNCA (o casi)
    Veo a los fieles confesarse,por no decir que casi no existe el cura dentro del confesionario.Suponiendo que haya confesionario.
    En fin veo el tema muy complicado si el mismo clero que nos tiene que orientar ha relativizado tanto el tema del pecado que para muchos casi no existe.

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    1. Exacto, Laura. Como dice Laura, hoy en Cataluña, o no hay confesionarios, o si los hay, no está el cura, y si confiesa, comete la falta, entre otras, de no pedir la realización de la penitencia ("en penitencia reza..."): es una confesión válida pero ilícita, porque falta un elemento que el rito ordena que se haga.

      Además, la evangelización de los obispos y los curas no explica los mandamientos, la estructura del pecado y la necesidad de la gracia, así como de los remedios para evitar el pecado: ascesis, oración, indulgencias, uso de reliquias y sacramentales (agua, sal, aceite), estampas bendecidas, rosarios.

      El nacional-progresismo catalán ha desterrado el pecado mortal, la tentación demoníaca, la concupiscencia, el castigo eterno del infierno, la presencia efectiva del demonio, la caída del pecado original.

      En relación con este desastre generalizado de la confesión en la Iglesia de Cataluña, y en relación con el sacramento de la confesión, después de la fase esencial de la confesión de los pecados mortales por el fiel, el confesor realiza otro elemento esencial, la fórmula de absolución: "Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo...".

      Pero la absolución es insuficiente.

      El pecado lesiona a uno mismo, al prójimo, a la Iglesia y a Dios. Se necesita la satisfacción o expiación para reparar la enfermedad espiritual que ha causado el pecado: la penitencia ("en penitencia reza el Credo...").

      La penitencia, en esencia, está constituida por obras de ascetismo y obras de misericordia espiritual y corporal: oración, ofrendas, servicios al prójimo, privaciones voluntarias, ayunos, sacrificios, mortificaciones, y siempre, la aceptación paciente de la propia cruz.

      Las obras de ascesis pueden ser: meditación, examen de conciencia, dirección espiritual, participar en homilias y exhortaciones, lecturas espirituales (místicos, santos, teólogos, vidas de santos, biblia, catecismo), ejercicios espirituales, días de retiro, peregrinaciones, oración y pregraria, silencio y recogimiento, penitencias corporales y renuncias, sacrificios por el prójimo (limosna, altruismo, obras de misericordia), y el uso santo del tiempo mediante la concentración, evitando la disipación, el apremio, la nostalgia y la fantasía. También el camino del Opus: la santificación en la vida ordinaria.

      Como Laura dudo muchísimo que la Iglesia catalana, ante su mendicidad y graves faltas en el ejercicio de la confesión, en absoluto está preparada para recibir este "orden de los penitentes", como los órdenes religiosos, de las viudas, de los catecúmenos y de las viudas.

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  6. Cesáreo, lo de tercera vía lo han puesto los periodistas. En teología moral y en teología sacramental no existe más que una vía: la de la gracia.

    Lo que el dominico pone sobre la mesa, con enorme acierto, es una profundización del sacramento de la penitencia. Con otras palabras, se toma en serio la vía penitencial que debe acompañar a todo cristiano en la redención de sus pecados, a imitación de la vía sacrificial de Cristo que lo hizo por nosotros.

    Ocurre que se ha frivolizado mucho con la confesión. Creemos que con el Padrenuestro que me impuso el último lunes el sacerdote que me confesó he satisfecho la culpa. En absoluto. El reconocimiento del divorcio es el reconocimiento del pecado. Y ésta no se redime, si no se arrepiente uno. ¿Arrepentirse permaneciendo en el pecado? Eso es una contradicción in terminis.

    Hablamos incluso de bautismo de deseo, es decir, de vida sacramental de deseo. Con mucha más razón hemos de hablar del bautizado que quiere volver a la vida sacramental. Pero es un deseo, una contrición y una reparación lo que se requiere. Y para eso estaba el ordo poenitentiumm que nada tiene que ver con el orden sacerdotasl, pero sí mucho con el catecumenado, como bien indica el profesor de Friburgo.

    Tampoco el catecumenado rompe con el bautismo tradicional de los niños. Lo que hace es darle plenitud de sentido en la persona adulta.

    El ordo poenitentium era público. No sólo no es una tercera vía, sino que es una declaración pública de estado de pecado. Justamente lo que quieren evitar los obispos alemanes.

    Me parece oportunísimo el artículo del dominico francés en la revista de aquel gran eclesiólogo que fue Journet, en cuyo manual hemos aprendido tanto sobre la Iglesia y su fundamento sacramental. Porque de lo que se trata es de revalorizar los sacramentos, eso de lo que abominan otras confesiones desgajadas del tronco común del Kahal de Yahvé reinstaurado por Cristo.

    Cuando habíamos pensado que la teología había claudicado en su exposición diáfana de los sacramentos (recuérdese, el nervio de Trento, que quisieron teólogos a la violeta secar mal interpretando a Schilleebeckx y su tesis doctoral en Le Saulchoir) ha tenido que venir una aparente perversa intención para encauzar de nuevo su soteriología.

    Dios escribe recto en renglones torcidos. Laus Deo.

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    1. Un remedio más rápido y fácil8 de mayo de 2015, 14:54

      Este orden de los penitentes propuesto por Michelet no tiene lógica.

      Una vez recibida la absolución, esto implica por necesidad lógica que el confesor ha visto que se ha cumplido la acusación, el arrepentimiento y el propósito de enmienda. Sólo queda por cumplir la penitencia, reparar el daño y realizar la indulgencia para la pena temporal del pecado.

      Después, podemos comulgar y volver a confesarnos.

      Esta penitencia encuadrada dentro de un orden penitencial es perturbadora. Si soy absuelto, no necesito cumplir durante años una satisfacción para poder comulgar.

      Si alguien tiene reliquias del pecado o una inclinación hacia un pecado concreto, puede recurrir al ámbito informal, más rápido y libre, sin ataduras burocráticas típicas de un orden laical, procedentes de la renovación carismática.

      Puede, por ejemplo, y es igual de eficaz, acudir al remedio clásico, la oración del santo rosario, y en concreto de éste:

      Santo rosario de liberación y sanación del Padre Moisés Lárraga

      www.youtube.com/watch?v=ZyNW31OnSZM

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    2. Josep G. Trenchs8 de mayo de 2015, 22:26

      UN REMEDIO MÁS RÁPIDO Y FÁCIL de las 14:54.

      En mi modesta opinión, para recibir el PERDÓN DE DIOS por medio del Sacramento de la Penitencia o Reconciliación, hacen falta los cinco requisitos del Catecismo vigente, que es el hemos conocido en nuestro tiempo:

      1. EXAMEN DE CONCIENCIA
      Ponernos ante Dios que nos ama y quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón sin engaños. Puedes ayudarte de una guía para hacerlo bien y pedir ayuda al Confesor si se necesita.

      2. ARREPENTIMIENTO.
      Sentir un dolor verdadero de haber pecado porque hemos OFENDIDO al que más nos AMA, DIOS..

      3. PROPÓSITO DE NO VOLVER A PECAR.
      Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando al amado. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar.
      Podemos caer de nuevo por debilidad, pero lo importante es la lucha, no la caída.

      4. DECIR LOS PECADOS AL CONFESOR.
      El Sacerdote es un instrumento de Dios. Dejando a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestra alma, seguros de que es Dios quien nos escucha t nos abraza como al "hijo pródigo".

      5. RECIBIR LA ABSOLUCIÓN Y CUMPLIR LA PENITENCIA.
      Es el momento más hermoso, pues recibimos el PERDÓN, LA MISERICÓRDIA DE DIOS. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometimos. Hay que cumplirla lo antes posible para no olvidarse, pero ya estamos en condiciones de Comulgar, al menos por lo que se refiere a haber recuperado la Gracia de Dios.

      Usted dice: "reparar el daño y realizar la indulgencia para la pena temporal del pecado." No es necesario hacerlo de inmediato. Lo de "reparar el daño" depende del tipo de pecado que sea y según lo acordado con el Confesor.

      En cuanto a las INDULGENCIAS, hay una normativa, cuyo extracto sigue:

      1. El «Código de derecho canónico» (c. 992) y el «Catecismo de la Iglesia católica» (n. 1471), definen así la indulgencia: «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».

      2. En general, para lucrar las indulgencias hace falta cumplir determinadas condiciones (las enumeramos en los números 3 y 4) y realizar determinadas obras (en los números 8, 9 y 10 se indican las que corresponden al Año santo).

      3. Para lucrar las indulgencias, tanto plenarias como parciales, es preciso que, al menos antes de cumplir las últimas exigencias de la obra indulgenciada, el fiel se halle en estado de gracia.

      4. La indulgencia plenaria sólo se puede obtener una vez al día. Pero, para conseguirla, además del estado de gracia, es necesario que el fiel

      - Tenga la disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial;

      - Se confiese sacramentalmeпte de sus pecados;

      - Reciba la sagrada Eucaristía (ciertamente, es mejor recibirla participando en la santa misa, pero para la indulgencia sólo es necesaria la sagrada Comunión);

      - Ore según las intenciones del Romano Pontífice.

      http://www.vatican.va/roman_curia/tribunals/apost_penit/documents/rc_trib_appen_pro_20000129_indulgence_sp.html

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  7. Michelet es Kasper8 de mayo de 2015, 14:47

    1. Michelet dice de los divorciados recasados que "no es posible darles el sacramento de la penitencia" y que no están excomulgados en cuanto tales, aunque estén excluidos de la comunión eucarística.


    2. Pero cuando describe el régimen de la penitencia preliminar a la reconciliación establecida por la Familiaris consortio 84, se olvida de que los divorciados vueltos a casar no pueden convivir maritalmente (more uxorio), porque necesariamente han de convivir fraternalmente (more fraterno), sin mantener relaciones sexuales.


    3. Pero además, al final, dice que "estos penitentes [los del orden de los penitentes] ya no estarían considerados como excluidos del régimen sacramental: al contrario, entrarían, sabiéndolo y deseándolo, en este gran sacramento de la resurrección que, poco a poco, transformaría a estos "muertos" en "vivos", para que tengan vida en abundancia. Es decir, que pueden comulgar eucarísticamente aún estando en el período de penitencia y conviviendo maritalmente, no more fraterno.


    4. Con lo cual, da la sensación y apariencia de que sigue el mismo "camino penitencial" de Kasper, sólo que ahora a través de la modernización del antiguo orden de los penitentes, para que los divorciados recasados en convivencia marital, no fraternal, puedan comulgar eucarísticamente.

    Lo que Kasper propuso y enunció, un camino penitencial, Michelet le ha dado cara y ojos según la tradición católica a través de la actualización del arqueológico orden de los penitentes.


    .....


    - Propuesta de Michelet:
    www.religionenlibertad.com/sinodo-de-la-familia-la-propuesta-de-una-tercera-via-42212.htm

    - El camino penitencial de Kasper (niega la necesidad de la convivencia more fraterno porque la considera heroica):
    vaticaninsider.lastampa.it/es/en-el-mundo/dettagliospain/articolo/kasper-33955/

    - Familiaris consortio 84:
    www.vicariadepastoral.org.mx/3_magisterio_pontificio/familiaris/familiaris_10.htm#084

    - Catecismo, la confesión (1422 y ss.):
    www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c2a4_sp.html

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  8. Michelet: cómo negociar con el pecado (a)8 de mayo de 2015, 18:21

    De lo que he leído y entendido de Michelet, extraigo estas consideraciones:

    Michelet ha transformado el medieval orden de los penitentes en una forma de negociación con el pecado.

    En la Edad Media, antes de entrar en el Orden de los penitentes, se necesitaba acreditar una contrición perfecta y una conversión plena y total, renunciando al pecado y reparaando los desórdenes de todo tipo que causaba.

    Si uno es un adúltero y un mago, debía primero separarse de la mujer, pagarle una pensión para ella y su hijo, abandonar la magia y quemar los libros de brujería. Luego, se entraba en el Orden de los penitentes y se cumplía el acto de penitencia antes de ser perdonado: una peregrinación anual a un santuario mariano durante 20 años seguidos. Finalmente, era perdonado y en este momento, podía comulgar.


    Con Michelet, interpreto que todo esto ha cambiado.

    Si uno tiene un pecado habitual concreto (promiscuidad sexual), es un adúltero (divorciado recasado conviviendo more uxorio) y un nuevaerano (yoga, zen, eneagrama, astrología, invocación de fuerzas, energías y espíritus), se confiesa de este pecado concreto, y acto seguido, entra en el Orden de los penitentes a modo de un "homo viator" iniciando un "camino de penitencia y perfección", efectuando los actos penitenciales (misa, oraciones, caridad, justicia, catequesis, ascesis), simultaneado con la reiteración del pecado mortal habitual (divorciado recasado more uxorio, adivinación, invocación de fuerzas y espíritus), que se excusa por la debilidad de la persona y por la intención de dejarlo progresivamente según las fuerzas de que se disponga.

    Al mismo tiempo, se puede recibir la COMUNIÓN eucarística, que será sacrílega, para que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, "poco a poco", transforme a estos "muertos" en vivos".

    Finalmente, habrá un día en que se demuestra la conversión y la contrición plena y absoluta, perfecta y total, y es en este momento cuando se da la reconciliación, el perdón, la absolución sacramental.

    En conclusión: es lo mismo que Kasper, pero disfrazado de tradición católica medieval, con el orden de los elementos de la confesión totalmente cambiados y extendidos en el tiempo.

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  9. Michelet: cómo negociar con el demonio8 de mayo de 2015, 18:23

    Así, según lo que parece defender Michelet, uno se confiesa de un pecado concreto habitual (una debilidad persistente, el adulterio de un divorciado recasado), entra en el Orden de los penitentes, dentro del cual podrá hacer actos penitenciales, reiterar los pecados mortales en los que caiga por debilidad, y practicar comuniones sacrílegas para obtener energía de contrición y conversión, así durante años hasta llegar a un estado final de liberación y perfección, momento en el cual la confesión se cierra con la absolución, por haber quedado probado el arrepentimiento y la reparación de los daños a uno mismo, al prójimo, a la Iglesia y a Dios.

    Evidentemente, para los pecados no habituales sino esporádicos, uno puede confesarse tantas veces como sea necesario, al margen de esta confesión aplazada y especial del Orden de los penitentes de Michelet.

    La pertenencia a este Orden de los penitentes será, en consecuencia, un régimen de vida especial para los que tiene un pecado de difícil arraigo y recaen habitualmente, o bien son divorciados recasados more uxorio.

    Pueden pecar motalmente por debilidad, pueden comulgar, y se les dará la absolución cuando hayan vencido al pecado... o no, pues puede ser, según reconoce Michelet, que pueden morir haciendo lo que puedan y prisioneros todavía del pecado.

    Pero Jesús se los llevará al Cielo porque almenos están "en la condición de quien camina hacia la Jerusalén celeste".

    Es Michelet, por tanto, un Kasper subrepticio y con subterfugios, una forma más sofisticada que el simple camino penitencial inicialmente propuesto por Kasper, y que las sentencias de divorcio eclesiásticas al estilo de la Iglesia Ortodoxa, propuestas en la Lineamenta nº 38 del Sínodo de las familias del 2015:

    38. "La pastoral sacramental dirigida a los divorciados vueltos a casar necesita una mayor profundización, que valore también la praxis ortodoxa y tenga presente «la distinción entre situación objetiva de pecado y circunstancias atenuantes»

    Sólo y exclusivamente si lo anterior es cierto, lo de Michelet sería entonces una peligrosísisma forma muy sofisticada de engaño satánico, realizado por demonios de ciencia teológica.

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    1. Amusant. Les partisans de Kasper sont contre cette proposition, parce qu'ils estiment à juste titre qu'elle ne change rien à la discipline actuelle de l'Église.

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  10. La posición disidente de la Iglesia alemana a la doctrina católica sobre el matrimonio:

    El Sínodo de la Familia y los obispos alemanes
    Sandro Magister

    http://www.religionenlibertad.com/el-sinodo-de-la-familia-y-los-obispos-alemanes-42246.htm

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  11. Leyendo la mayor parte de los comentarios, tengo la impresión de haber entendido mal a Michelet. En cualquier caso, no lo entiendo igual que estos comentaristas. A mí me parece que Michelet propone un camino penitencial largo, al final del cual vienen la absolución y la Comunión; es decir, la plena integración sacramental en la Iglesia. Por otra parte hay una cuestión realmente seria, que creo que sólo puede resolver esta prolongación del tiempo de retorno al perdón.mediante la situación de penitente. Pongan el caso en que fruto de esta nueva pareja formada por el divorciado o los divorciados, hay un hijo pequeño. No creo en absoluto que esté en el ánimo de la Iglesia resolver el dilema dejando al hijo sin familia. Ni tampoco es una solución, porque deterioraría la convivencia de estos padres, obligarles a vivir more fraterno. El hijo no pueden devolverlo. Así que ante este hecho, una solución misericordiosa de la Iglesia sería dar tiempo a estos padres, todo el que haga falta, para que resuelvan su situación cuando ello sea posible sin daño del tercero, que no ha pecado, aunque sea fruto del pecado. ¿Cuál sería el inconveniente de que estos padres que aman a la Iglesia, fuesen acogidos por ésta en calidad de penitentes? Es bastante obvio que mientras dura esta situación, ellos mismos se han cerrado el camino para la plena integración a los sacramentos, no la Iglesia. Y por supuesto que esta limitación formaría parte de su camino de conversión y penitencia.

    Parece que la otra solución por la que se inclinan la mayoría de comentaristas, sería desmontar esa familia no cristiana dejando al hijo a la intemperie, sin contemplaciones; y si no lo hacen, mandar a esta pareja directamente al infierno. ¿No hay más alternativa? Ah, sí, queda una, la olvidaba: que no desmonten la familia y sigan viviendo more fraterno.

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    1. Josep G. Trenchs10 de mayo de 2015, 1:06

      Sr. Anónimo de las 16,39.

      Aqui lo que veo, sigue siendo la lucha del BIEN y del MAL. Ahora se ha vuelto el tema de la Comunión a los recasados tan mediático, como si no hubiera otro pecado en el mundo.

      Vayamos por partes e intentando ver la situación lo más objetiva posible.

      Cuando una persona bautizada, se junta con otra o se divorcia y se junta con otra, se vive en una situación con concubinato en el primer caso y de adulterio en el segundo.

      Esta sistema de vida que por desgracia cada día abunda más, es contrario al Decálogo dado por Dios a Moisés en el Sinaí.

      Hablamos siempre de bautizados, porque si no lo son o pertenecen a otras religiones ya tienen sus normas y por supuesto no voy a entrar en ellas.

      Sabemos que los padres deben ser los primeros educadores y responsables de la fe de sus hijos, de acuerdo con los compromisos contraídos al bautizar a los mismos y en muchos casos se convierte en una fiesta social o una ceremonia sin más trascendencia.

      Las personas que viven en situación de pecado, por lo general, no suelen frecuentar mucho la Iglesia, aunque saben todo lo que dicen los medios de comunicación más mediáticos en contra de sus miembros, Jerarquía o fieles normales y corrientes.

      Puede que algún día como le ocurrió a San Pablo, con la caída del caballo, se conviertan y quieran volver a la Iglesia de la que ellos mismos y libremente se fueron.

      Entrar o salir de la Iglesia en estos casos, me refiero a la integración plena a la vida sacramental.

      Si viven simplemente en concubinato, se confiesan, reciben el sacramento del Matrimonio y ya pueden comulgar, porque ya están en gracia de Dios.

      Si viven en adulterio y hay hijos y no hay motivo para conseguir la nulidad del matrimonio válidamente contraído, lógicamente no se puede ni debe dejar el hijo abandonado, faltaría más!!!. Nadie le aconsejaria esa barbaridad.

      Ahora si la pareja están de acuerdo en convertir su vida hacía Dios y se aman, no tendrán inconveniente en vivir como hermanos, y en este caso con la guìa y ayuda de un sacerdote, también podrán confesar y comulgar.

      En estos casos hay que procurar obrar con discreción para no dar ocasión al escándolo, ya que la nueva situación puede que no lo sepan los fieles, a no ser que la conversión se haya efectuado por medio de uno de los movimientos que han ido surgiendo en los últimos tiempos.

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  12. Todo esto del Sínodo de (contra) la Familia sólo sirve para sembrar confusión entre los fieles... en vez de enseñar la recta doctrina católica.

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    1. Ce synode est au contraire l'occasion de rappeler fermement la doctrine de l'Église, de rappeler que l'Église ne fait là que transmettre ce qu'elle a reçu de la bouche de son Seigneur Jésus-Christ, et de confondre les mauvais bergers qui veulent introduire de nouvelles doctrines et de nouvelles pratiques contraires à la tradition de l'Église.

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    2. "Este Sínodo es una oportunidad para recordar firmemente la doctrina de la Iglesia". Confunde Ud. el deseo con la realidad. Ojalá fuera así, pero cuando uno lee declaraciones como las del Obispo Padrón le alberga -como mínimo- la duda: «Diego Padrón, presidente de la Conferencia Episcopal venezolana: “La mayoría del Sínodo está a favor de la comunión a los divorciados vueltos a casar”»... ¿Así están recordando firmemente la doctrina de la Iglesia? No hay peor ciego que el que no quiere ver. No se engañe a sí mismo, P.Thomas Michelet, y no engañe a los demás.

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  13. Pontificio Consejo para la Familia
    http://www.familiam.org/

    La propuesta de una "tercera vía"

    En un ensayo sobre "Nova & Vetera" el teólogo Michelet escribe una teoría sobre una nueva forma de penitencia, siguiendo los pasos de la Iglesia primitiva.

    Una tercera vía, que va más allá de las posiciones extremas de a los que, por un lado, le gustaría introducir cambios radicales en la doctrina y en la praxis católica del matrimonio, consintiendo la disolución del vínculo y el segundo matrimonio; y quién, por otra parte, se mantiene en una posición más "tradicional".

    Esta es la propuesta que figura en un ensayo escrito por el teólogo dominico francés Thomas Michelet, que prepara su doctorado en la Facultad de Teología de Friburgo (Suiza), publicado en la revista "Nova & Vetera" con el título "el Sínodo sobre la familia: la vía del ‘ordo paenitentium’".

    El padre Michelet propone instituir un "paenitentium ordo" para aquellos que están en una condición persistente de incompatibilidad con la ley de Dios y emprenden un camino de conversión que puede durar muchos años o incluso toda la vida, pero siempre en un contexto eclesial, litúrgico y sacramental que acompaña su "peregrinación".

    El sacramento de la penitencia en la Iglesia primitiva, en una forma renovada, sirve de modelo a dicho orden de penitentes. Aunque no es posible que reciban la comunión eucarística, los penitentes no estarían excluidos de la vida sacramental, puesto que su camino de conversión es en sí mismo sacramento y fuente de gracia .

    http://www.familiam.org/pls/pcpf/V3_S2EW_CONSULTAZIONE.mostra_pagina?id_pagina=10717

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  14. 1/2

    1. La acogida a los que solo han contraído matrimonio civil, o los que simplemente conviven y a los divorciados y vueltos a casar, nace de la enseñanza de la Iglesia.

    En el párrafo 84 de la Familiaris Consortio de San Juan Pablo II, Se pide una acogida específica. La Iglesia debe acompañar con misericordia a sus hijos más frágiles, pero “consciente de que la misericordia más grande es decir la verdad con amor”. La Iglesia aun reconociendo que para los bautizados no hay más vínculo matrimonial que el sacramental y que toda ruptura de él va contra la voluntad de Dios, quiere también acompañar con misericordia y paciencia las posibles etapas de crecimiento de las personas frágiles que encuentran dificultades en el camino de la fe.

    De este modo, una dimensión nueva de la pastoral familiar actual consiste en prestar atención a las personas que viven en solo matrimonio civil y en cohabitación para acompañarlas al matrimonio cristiano. Ciertas apreciaciones como la estabilidad a través de un vínculo público, la involucración en la responsabilidad hacía los hijos, en la capacidad de superar las pruebas; estas situaciones pueden ser vistas como una ocasión para ser acompañados en itinerarios de discernimiento de la Fe. El amor misericordioso de Dios invita a la conversión, así como Cristo no condena a la mujer adúltera, pero la invita a la conversión.

    2. A los que no han obtenido la nulidad del matrimonio y vueltos a casar civilmente y que se encuentran en situación de adulterio, se les anima asimismo a participar activamente en la vida de la comunidad cristiana, con itinerarios de conversión, sin que ello represente una cesión del principio de la indisolubilidad matrimonial.

    La Congregación de la Doctrina para la Fe expresó en su carta a todos los obispos del mundo de octubre de 1994, que una persona divorciada en nueva unión no puede participar de la Comunión eucarística, porque el matrimonio "es la imagen de la relación entre Cristo y su Iglesia". Dentro de este marco, para acercarse a los Sacramentos de la Penitencia y a la Eucaristía, deben resolver la irregularidad matrimonial por el Tribunal de los Procesos Matrimoniales.
    Al respecto San Juan Pablo II señala que “la Iglesia desea que estas parejas participen de la vida de la Iglesia hasta donde les sea posible (y esta participación en la Misa, adoración Eucarística, devociones y otros serán de gran ayuda espiritual para ellos) mientras trabajan para lograr la completa participación sacramental.

    Los Obispos advierten que sin el testimonio gozoso de las parejas casadas y de las familias, el acompañamiento incluso si es correcto, es probable que sea incomprendido. Por eso insisten en que las familias católicas en virtud de la gracia del sacramento nupcial están llamados a ser sujetos a ser sujetos activos de la pastoral familiar.

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  15. 2/2

    Condescendencia pastoral es no creer el Evangelio de la gracia.

    Algunos ejemplos actuales de pastoral:


    1.- El Proyecto Esperanza

    Llevado por el matrimonio Víctor y Stella Domínguez (Paraguay), nació gracias a un encuentro del CELAM en 2005 donde se trató la situación de las familias en situaciones irregulares.

    Pretende ser una respuesta de acogida de la Iglesia hacia las personas divorciadas que tienen una nueva relación. Los ayudan a crecer en la fe y que encuentren en la Iglesia una madre y maestra, un lugar de acogida y de amor donde se sientan hijos de Dios.

    https://www.aciprensa.com/noticias/vaticano-pareja-de-esposos-comparte-experiencia-pastoral-con-divorciados-en-nueva-union-37053/


    2. Misericordia y Verdad

    Grupo del padre Guitton que atiende a los divorciados (Toulon, Francia).

    Para Guitton, esta pastoral requiere paciencia, oración, escritura y esperar milagros, es decir, una visión sobrenatural: “Los divorciados y separados están llamados a ser santos. Dios dará a unos, gracias de continencia sexual. Y a otros les puede dar gracias de reconciliación con su cónyuge”.

    http://www.religionenlibertad.com/la-clave-para-acoger-a-los-divorciados-en-la-iglesia-oracion-27088.htm


    Serge Maury (Diócesis de Toulon) contó su testimonio en las Primeras Jornadas de Pastoral de Toledo en 2013: “A estas personas hay que decirles que hay grupos de oración y acogida para ellos”, insiste. “Y mi experiencia es que todo el que persevera en la oración, ve una luz al final. El Señor hace milagros”.

    http://religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=27080


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  16. Dear Sir,

    I’d like to draw to your attention to an article about the journey of reconciliation or penance which is being discussed at the Synod on the Family (Instrumentum laboris 123).

    This article published in Nova & Vetera (Fribourg, Switzerland) has been translated in english and posted on the journal’s website :
    Synod on the Family: the path of the Ordo Paenitentium
    http://www.novaetvetera.ch/index.php/fr/la-revue/a-la-une/43-synod-on-the-family-the-path-of-the-ordo-paenitentium

    It was relayed by the Pontifical Council for the Family :
    The Proposal of a "Third Way
    http://www.familiam.org/pls/pcpf/v3_s2ew_consultazione.traduzione?id_pagina=10716&id_lingua=2

    In an essay published in Nova & Vetera, the theologian Michelet imagines a new form of penance, modeled on the example of the early Church
    A third way that goes beyond the extreme positions of those who, on the one hand, would like to introduce radical changes in the Catholic doctrine and practice of marriage, by allowing the dissolution of the bond and a second marriage, and those who, on the other, adhere to a more "traditional" positions.

    This proposal is advanced in an essay by the French Dominican theologian Thomas Michelet, a doctoral student at the Theological Faculty of Fribourg (Switzerland), which has been published in the journal Nova & Vetera with the title "The Synod on the Family: The Way of ''Ordo Paenitentium."
    Fr. Michelet suggests establishing an "ordo paenitentium" for those who are in a persistent condition of incompatibility with the God’s law and embark on a journey of conversion that can last for many years or even a lifetime, but always in an ecclesial, liturgical and sacramental context that accompany their "pilgrimage."
    This proposed order of penitents is modeled on the sacrament of penance practiced in the early Church, in a renewed form. Although they are not able to receive the Eucharistic Communion, the penitents would not find themselves excluded from the sacramental life, because their journey of conversion itself is a sacrament and a source of grace.


    With kind regards

    Fr. Thomas Michelet op
    Albertinum
    Square des Places 2
    CH-1700 Fribourg
    thomas.michelet@unifr.ch
    026/ 309 27 81

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