jueves, 5 de marzo de 2015

La Nueva Evangelización exige apologética, no catequesis

Hace unos días, en un entierro, tuve una grata sorpresa: el sacerdote que oficiaba, sabiendo que la gran mayoría de los asistentes habían aparcado la fe y asistían por compromiso social, como ocurre en la mayoría de los entierros, aprovechó la oportunidad para adoctrinarlos. ¿En plan de catequesis? En absoluto, que eso es para los convencidos, sino en plan apologético.

En dirección totalmente opuesta a la que expresó el obispado de Gerona: Si algún docent de religió fa resar a les aules en els centres públics, no fa el que ha de fer.” “Si algún docent de religió aprofita el curriculum de religió per adoctrinar als seus alumnes, no fa el que ha de fer.”. Con la particularidad de que los alumnos que se apuntan a religión, tanto en la escuela pública como en las escuelas de titularidad de la Iglesia, lo hacen voluntariamente, es decir con el propósito expreso de ser adoctrinados; mientras que el que va a un entierro lo hace obligado por normas sociales; y no cuenta en absoluto con que le adoctrinen.

¿Dónde queda la Nueva Evangelización si no hay que hacer proselitismo y si no hay que adoctrinar, es decir si no hay que predicar el Evangelio no sólo al que no te lo pide, sino ni tan siquiera al que te lo pide, como es el caso de las clases de religión? Si Jesús hubiese predicado hoy la parábola del sembrador, hubiese añadido una clase de tierra que entonces no existía, y hoy abunda en exceso: la tierra envenenada. ¿Qué futuro le espera a la semilla cuando cae en tierra envenenada? ¿Cómo es posible que se haya inoculado tanto el veneno del mundo en el tejido de la Iglesia, que hasta haya pastores que se esfuercen en poner freno a la evangelización?

Si pensamos en una Nueva Evangelización, ¿qué necesidad tenemos de andar buscando periferias para justificarnos, cuando tenemos el núcleo totalmente corrompido y hay en él una inmensa tarea de reevangelización? ¿O es justamente nuestra incapacidad de comportarnos decentemente con los de casa, nuestro fracaso con los de dentro, lo que nos empuja a ser tan solícitos con los de fuera?

Me sorprendió que el cura del entierro dejase el tono de prédica y el argumentario destinado a los fieles, a los convencidos, a la parroquia, para hablar a un público mayoritariamente indiferente y en parte disidente. ¿Por qué no iba a hacerlo, si su oficio es el Evangelio?

Les habló de la fe cristiana del difunto, comparándola con la fe mundana (que el mundo también se sostiene por la fe) de los asistentes. En ambos casos se trataba de una fe bastante pasiva, la que antaño llamaban la fe del carbonero: nada de profundizar en la doctrina, que "doctores tiene la Iglesia"; simplemente estar de acuerdo y seguir los usos y normas para no quedar fuera del redil.

Es que como no tenemos capacidad para inventarnos el mundo, les dijo el sacerdote, hemos de creer en el mundo en que nos toca vivir, con todas sus instituciones. ¿Os creéis que podríamos funcionar sin la moneda y sin el sistema financiero, a pesar de la perfidia con que nos engañan? Es un sistema de fe donde los haya. Basta una mala noticia para que las acciones que ayer valían un potosí, hoy ya no valgan. ¿Por qué estáis en la enloquecida rueda del máximo consumo para alcanzar el máximo nivel de trabajo posible? ¿Habéis reflexionado alguno de vosotros en los pilares de vuestra sacrosanta fe? ¿Se os ha ocurrido pensar en favor de quién (seguro que no en favor vuestro) convergen tantísimos empeños en mantener ese loco sistema? Y el sacrosanto consumo vale para todo: para la comida, para el vestido, para las vacaciones, para los medios, para los medicamentos, para todo. Todos metidos en la enloquecida carrera por ver cómo conseguir que los consumidores de lo que sea, consuman más y más y mucho más. Sí, claro, también medicamentos. ¿Por qué no? La cuenta de resultados aprieta.

Pero no, ninguno de vosotros se ha parado a examinar los fundamentos de esa fe y las implicaciones en vuestra vida. ¡Nadie! ¿Alguno de vosotros es tan ciego que no vea que reduciendo consumos absurdos reduciríamos trabajos absurdos en jornadas absurdas cuya explicación y cuyo interés están totalmente fuera de nosotros? ¿Alguien se ha preguntado por qué (¡y para quién!) tenemos que matarnos a trabajar y a consumir si reduciendo trabajos absurdos y consumos absurdos viviríamos mejor? Pero no, nadie se atreve a ser crítico con la fe en la que vive inmerso. ¡Mira que se necesita ser devoto de esta fe tan cuesta arriba y que nos hace comulgar con ruedas de molino, para aguantar! Pero ahí estamos todos: la fe mueve montañas… de trabajo y de dinero.

Y sin embargo, la mayoría de vosotros, tan fieles a esta extraña fe y a todos sus dogmas extravagantes (¡ideología de género incluida!) os habéis permitido el lujo de criticar y de despreciar la fe de vuestro difunto Antonio, una fe que conocéis bastante bien porque vivisteis en ella: la fe en virtud de la cual le estáis despidiendo con este rito religioso. ¿Acaso tiene más fundamento vuestra fe en el sistema al que servís y adoráis, que la fe de Antonio en Jesucristo y en su Iglesia? ¿De verdad creéis que él fue un tonto engañado y vosotros unos listos que a ver quién os la da con queso?

En este momento sólo os pido hoy una cosa: respeto por la fe de vuestro Antonio. Una fe más respetable que la vuestra. Y una cosa más: cuando os sobrevenga alguna tormenta, no temáis volver la vista a la fe de vuestros padres, de vuestros abuelos, de vuestros tatarabuelos y quizá de vuestra infancia. La Iglesia, aunque fuertemente sacudida por las tormentas, sigue siendo un puerto de salvación. Así lo creyó Antonio. 

¡Qué queréis que os diga!, uno no está acostumbrado a escuchar sermones apologéticos, porque van destinados a rebatir a los enemigos de la fe. Pero un sacerdote se encuentra en bastantes ocasiones con un público al que más le conviene la apología (la defensa de la fe y de la Iglesia) que la catequesis. Ahí están los entierros, y ahora en Semana Santa tenemos la bendición de los ramos a la que acude gente que nunca pone un pie en la iglesia. Y quizá pueda ser ocasión propicia también alguna procesión. Creo que en estas ocasiones vale la pena aparcar los sermones para fieles, puesto que la mayoría de los asistentes son infieles.

Bien está catequizar al que te pide catequesis: es el caso del que acude a la iglesia o del que se apunta en el colegio a clases de religión. Pero al que no viene a ser catequizado, lo que hay que ofrecerle es apologética. Porque a ninguno de todos esos que se sienten tan listos atacando a la religión, le ha dado nunca nadie una batería de argumentos en su defensa. Y nadie le ha hecho ver la simpleza con que se abraza a otras creencias, aunque sólo sea pasivamente. Y si no hace este trabajo la Iglesia, ¿quién lo va a hacer?

Cesáreo Marítimo

14 comentarios:

  1. Quiero la doctrina de Educación para la Ciudadanía de ZP5 de marzo de 2015, 23:29

    Apologizar, evangelizar, adoctrinar, catequizar.

    La enseñanza de religión comprende todo ello, siempre cubriendo el derecho humano a saber y recibir información veraz, interés preferente y superior del alumno menor de edad.

    Por ejemplo, los niños tienen derecho a saber los artículos del Credo. En este sentido, el Catecismo de san Juan Pablo II es el mayor regalo que nos dejó, y que ahora se demuestra con estas polémicas vacías.

    Lo peor fue el adoctrinamiento ideológico de la asignatura de Eduación para la Ciudadanía de Zapatero; un ejemplo del 2010:

    http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=18716

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  2. Totalmente de acuerdo con Cesáreo Marítimo, aunque el Papa Francisco es de otra opinión:

    https://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-mision-de-la-iglesia-no-es-hacer-proselitismo-sino-compartir-la-llama-de-la-fe-37306/

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  3. No estoy del todo de acuerdo, aunque comparto que no sirve un mismo sermón para creyentes que para no creyentes. Como catequista de adultos, nos damos cuenta que el primer anuncio que necesitan los no creyentes (muchos de ellos bautizados) es el Kerygma de nuestro Señor Jesucristo, que es la base, el fundamento de la fe. Todo lo demás viene después. Los apóstoles más que dedicarse a la Apologética para evangelizar (al menos a la Apologética según la entiendo yo) primero anunciaban el Kerygma, mediante una predicación fuerte y existencial, luego se formaban comunidades en aquellos que querían continuar, y entonces aparecía una instrucción más seria, paulatina y entonces más apologética, para descubrir los misterios de la fe. Así apareció el Catecumenado en los primeros siglos de la Iglesia, que tenía la misión de enlazar y llevar a los no creyentes hacia la fe y el bautismo. Hoy nos encontramos una situación similar pero distinta a la vez. Los no creyentes son en mayoría bautizados. Para ello el Catecismo de la Iglesia Católica, en su nº 1231 indica que al haberse bautizado de niños, necesitan (la Iglesia dice que SE EXIGE) un catecumenado post-bautismal para desarrollar las gracias bautismales, porque una vez de adultos no han recibido la catequesis necesaria para madurar la fe que recibieron por el bautismo.

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  4. Siempre he creído que los entierros suponen una ocasión excelente para evangelizar, catequizar o como quiera llamarse y también para "remover" la fe de aquellos que la tuvieron y ahora viven, cuanto menos en un estado de tibieza. A diferencia de las bodas, bautizos y comuniones, donde es frecuente que las ceremonias adolezcan de falta de atención e incluso deriven en jolgorio o en un continuo "guirigay", en los entierros todavía se observa un cierto respeto que permite oír (tal vez no tanto escuchar), lo que el celebrante dice.
    Otra cosa resulta -especialmente en tanatorios- la "baja calidad" de las ceremonias, con oficiantes mayores, que actúan como funcionarios, y hablan como papagayos, sin vocalizar y con manifiesta rapidez para concluir cuanto antes.

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  5. Gracias por el articulo. Hace reflexionar sobre la actitud de evangelizar.

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  6. Un cristiano enamorado de Cristo, loco de amor, que está dispuesto a dejarlo todo por él (al menos espiritualmente), y a coger su cruz de cada día muriendo al mundo, no debería hablar de otra cosa que de Cristo, cada palabra que pronuncie, sea donde sea, debería reflejar la palabra de Jesús, el Evangelio, porque "lo que de tu boca sale, del corazón procede" y "donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón".

    Nuestra vida, que debe ser un continuo "ora et labora" de oración limosna y ayuno, debe estar totalmente configurada en Cristo. Sea conveniente o inconveniente, nos conlleve aplausos o el martirio.

    Lo demás son respetos humanos, hipocresía y fariseismo.

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    1. Sí, así lo creo. Con tanto ruido exterior y tanto cambalache, pero sabiéndonos predestinados en Cristo, frecuentemente te preguntas ¿Creo? ¿Creemos en Alguien?

      “Señor, creo, pero aumenta mi fe” (Mc 9, 24)

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  7. Tenemos el núcleo totalmente corrompido y hay en él una inmensa tarea de reevangelización6 de marzo de 2015, 15:36

    En mi opinión, el Papa Francisco, en la defensa de la vida, la familia y el matrimonio, ha representado un grave retroceso en relación con san Juan Pablo II y el mismo Bergoglio del 2010.

    En efecto, en la última catequesis y reunión de la Academia de la Vida ha dicho estas palabras:

    "...descartar [a los ancianos] es pecado. No se osa decirlo abiertamente pero se hace. ¡Hay algo vil en este acostumbrarse a la cultura del descarte!"

    Está bien dicho, pero en todo su pontificado no ha mencionado explícitamente a la cultura de la muerte y el relativismo y los conceptos innegociables de san Juan Pablo II y Benedicto XVI, introduciendo la frase sustitutiva de la 'cultura del descarte', creando así una ruptura de continuidad con el consolidado magisterio pontificio anterior.

    Bergoglio, además, no tuvo inconveniente en enviar una carta a las monjas bonaerenses el 22 de junio del 2010, donde afirmaba, de forma categórica, que el matrimonio homosexual con derecho a adopción de niños formaba parte del diseño satánico de destrucción del plan de Dios sobre vida, familia y matrimonio (el matrimonio homosexual implica la reproducción asistida).

    Y San Juan Pablo II fue claro, directo, rotundo y tajante (quizás por haber vivido el nazismo y el comunismo), sobre todo en Evangelium Vitae 20: toda democracia que apruebe el aborto está condenada a hundirse en una tiranía totalitaria, porque no respeta el derecho a la vida del ser humano más indefenso y vulnerable, el niño no nacido.

    Esta profecía se ha cumplido este mismo 2014 y 2015, cuando Bélgica aprobó la primera ley de eutanasia de niños y Gran Bretaña aprobó la ley del bebé de los tres padres: la madre mitocondrial (donante), la madre nuclear (madre) y el padre (esto implica la creación de diversos embriones para seleccionar eugenésicamente al más apto y de calidad).

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  8. Nuestra incapacidad de comportarnos decentemente con los de casa6 de marzo de 2015, 15:41

    Francisco está llevando muy mal la defensa de la vida y la familia:


    1. A nivel de magisterio, Francisco no menciona explícitamente las palabras 'aborto', 'eutanasia', 'eugenesia', 'suicidio asistido', 'ideología de género' y 'matrimonio homosexual', cosa que sí hizo san Juan Pablo II, quien no rehusó ni rehuyó decir las cosas por su propio nombre.

    Parece que Francisco, para evitar un conflicto y polémica eclesial y mediática mundiales, ha decidido mencionar estos conceptos controvertidos y beligerantes a través de eufemismos y circumloquios (vida terminal, vida incipiente), que no se buscan popularmente por los buscadores de internet, evitando así que su mención explícita (aborto, eutanasia) cause una reacción contundente por parte de los promuerte y antifamilia.


    2. A nivel del Sínodo de las Familias, Francisco lo ha gestionado mal:

    - un primer cuestionario (2013) que no preguntaba por el aborto;

    - un segundo cuestionario (2014) que se calla o descuida muchos temas candentes como la reproducción asistida y sus homicidios inherentes (congelación de embriones, destrucción de embriones por cancelación de transferencia, reducción embrionaria, cesación de conservación y experimentación e investigación), el suicidio asistido y la eutanasia, la gran disminución de matrimonios canónicos en los países católicos; la infiel pastoral y catequesis sobre la doctrina católica sobre sexualidad y matrimonio; la esencial finalidad procreadora del matrimonio; la ideología de género; la prostitución y pornografía; la educación pública sobre educación afectiva, reproductiva y sexual; la anticoncepción y la esterilización; las nuevas adicciones de la juventud; las nuevas tecnologías que favorecen los estilos de vida antievangélicos (citas, contenidos, libros, películas)... un cuestionario hecho por alguien que no sabe la realidad de la vida moderna occidental.


    No me cabe duda que Francisco sigue la doctrina eclesial de la vida y la familia, pero sin duda, su forma concreta de tratarlo durante estos tres años es una auténtica y verdadera regresión, involución y empeoramiento en relación con san Juan Pablo II, pues es chocante por partida triple:

    - en relación con san Juan Pablo II;

    - en relación con Bergoglio (carta a las monjas del 22 de junio del 2010, de denuncia profética contra el matrimonio homosexual); y

    - en relación con Francisco mismo: denuncias explícitas contra la mafia, el descarte, la emigración, las periferias, las nuevas esclavitudes, la emigración, los niños de la calle, la pobreza, el abandono de ancianos, discapacitados y presos...

    Francisco debe de cambiar con urgencia y emergencia.

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    1. Francisco: vida y familia6 de marzo de 2015, 18:10

      Francisco aún arrastra dos graves incoherencias:

      1. Su carta del 2010, condenando y denunciando el satanismo de los matrimonios homosexuales, con aquel famoso ¿Quién soy yo...? absolutamente incomprensible, en sí mismo y en relación con el antecedente de la carta.

      2. Su famosa entrevista a la revista de los jesuitas del 2013, donde dijo:

      ¡es una obsesión hablar del aborto, los anticonceptivos y el matrimonio homosexual!

      con el hecho de que desde su posesión el 2013, ya lleva más de tres millones de abortos sólo en Europa (a un millón al año), y aún no ha dicho nada. Y eso sin contar con todos los homicidios de niños no nacidos que se dan en la reproducción asistida, que equivaldrán a una cifra similar de otro millón al año.


      Conclusión: después de tres años de pontificado de Francisco, se puede ya concluir, a un mes del 15 de abril (fecha máxima para responder el segundo cuestionario del Sínodo de las Familias) de que tanto Francisco como toda su Curia, en especial, los responsable de la Familia (Mons. Paglia) y Vida (Mons. Carrasco), están completamente inadaptados a los avances de la cultura de la muerte y el relativismo, así como de los más actuales desafíos abiertos contra la vida, la familia y el matrimonio, sobre todo en Europa y Occidente.

      Francisco está plenamente adaptado a las Villas Miseria y a las cuestiones sociales que en ellas se plantean, pero está completamente desfasado en relación a los últimos y más finos ataques contra la vida y familia que se dan en Europa, EEUU y Canadá, territorios de cultura católica y cristiana.

      A esta inadecuación e ignorancia de la bioética y biomedicina homicida de niños no nacidos, se añade el lenguaje vago, indefinido, confuso y poco clarificador que utiliza, y a los gestos contradictorios que está generando: crea en el Vaticano el Salón Bergoglio, un conjunto de aseos y barbería para pobres (con regalo de paraguas perdidos en el Vaticano), pero no hace lo recíproco y lo mismo (un salón Red Madre) para las madres que no quieren abortar.

      En relación con Juan Pablo II, y en relación con la vida, familia y matrimonio, con Francisco hay un parón y reculada marcado y patente, muy llamativo, significativo y, sencillamente, desconcertante.

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  9. Sr. Cesáreo Marítimo, gracias por ese artículo.

    En la Segunda Epístola a Timoteo, concretamente entre los versículos dos y cinco del capítulo cuatro, el apóstol de los gentiles dijo entonces, y dice ahora, que existe algo sobre lo que no podemos hacer dejación, preterir o hacer como si no nos correspondiente: evangelizar.

    En tiempos de tribulación, persecución material o espiritual de la Iglesia y de sus fieles, se hace, aún, más necesaria.

    Cuando concluía el Gran Jubileo del año 2000, san Juan Pablo II regaló al mundo la Carta Apostólica Novo Millennio ineunte, pues el comienzo de un nuevo milenio no podía quedar dejado de la mano de la Iglesia. Así, en orden a la importancia de la evangelización decía lo siguiente:

    “Ha pasado ya, incluso en los Países de antigua evangelización, la situación de una “sociedad cristiana“, la cual, aún con las múltiples debilidades humanas, se basaba explícitamente en los valores evangélicos. Hoy se ha de afrontar con valentía una situación que cada vez es más variada y comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza. He repetido muchas veces en estos años la ‘llamada’ a la nueva evangelización. La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: ‘¡ay de mí si no predicara el Evangelio!’ (1 Co 9,16)”.

    Destaca, en esta clara declaración de intenciones y establecimiento de una obligación para el católico, lo que nunca podemos olvidar:

    -Ya no existe la sociedad que se regía por valores cristianos.

    -Se hace necesario acudir a la llamada a la evangelización.

    -Es imperiosa y, como se ha dicho arriba, obligada, la predicación.

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  10. Josep G. Trenchs 26 de marzo de 2015, 20:03

    Se cumple, así, tantos siglos después de haber sido escrito, lo dicho por san Pablo en la Epístola citada arriba que, por cierto, hace mención de una realidad que, hoy mismo, se hace evidente y, así, peligrosa.

    Evangelizar, pues, a tiempo (cuando corresponde) o a destiempo (incluso cuando no corresponde) o, lo que es lo mismo, siempre, ha de querer decir, en primer lugar, que tenemos que estar preparados para no caer en la llamada que lo “nuevo” puede pretender traer a nuestro corazón.

    Lo nuevo nos propone saltarnos la doctrina que la Iglesia propugna y defiende; hacer de nuestra fe un comportamiento alejado de la Verdad porque, así, vivimos de acuerdo con el mundo y con la mundanidad que propone; romper con la Tradición y hacer, incluso, mofa y escarnio del Magisterio como si fuera cosa de hijos de Dios y no procediese de Dios mismo.

    Esto, lo novedoso en materia espiritual, tiene que ser contestado con la sana doctrina con que cuenta la Santa Madre Iglesia que no cejado, desde que fuera creada por Jesucristo, en transmitir una forma de ser, unos valores y una doctrina que arraiga en la divinidad y en Dios tiene su asiento (léase, encarecidamente lo pedimos, la Carta encíclica “Quanta cura” de SS. Pío IX relativa a “los principales errores de la época”)

    Pero no sólo se dice y recomienda que se evangelice sino que se “insista” en la evangelización porque, al igual que nuestra oración ha de ser perseverante y no limitada a determinados momentos (bien podemos decir que nuestra propia vida, toda, ha de ser oración) en la evangelización toda limitación de esfuerzo concluirá en una que sea, en su resultado, nula.

    Pero, podemos preguntarnos las razones de la necesidad de evangelización. Si es que no alcanzamos a encontrar aquellas que sean fundamentales para nuestro hacer y quehacer, al Catecismo de la Iglesia católica nos ayuda y nos echa una mano.

    Así, por ejemplo, cuando habla de “La Ley nueva o Ley evangélica” nos dice lo siguiente:

    ”1965 La Ley nueva o Ley evangélica es la perfección aquí abajo de la ley divina, natural y revelada. Es obra de Cristo y se expresa particularmente en el Sermón de la Montaña. Es también obra del Espíritu Santo, y por él viene a ser la ley interior de la caridad: ‘Concertaré con la casa de Israel una alianza nueva […] pondré mis leyes en su mente, en sus corazones las grabaré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo’ (Hb 8, 8-10; cf Jr 31, 31-34).

    1966 La Ley nueva es la gracia del Espíritu Santo dada a los fieles mediante la fe en Cristo. Actúa por la caridad, utiliza el Sermón del Señor para enseñarnos lo que hay que hacer, y los sacramentos para comunicarnos la gracia de realizarlo:

    ‘El que quiera meditar con piedad y perspicacia el Sermón que nuestro Señor pronunció en la montaña, según lo leemos en el Evangelio de san Mateo, encontrará en él sin duda alguna cuanto se refiere a las más perfectas costumbres cristianas, al modo de la carta perfecta de la vida cristiana […] He dicho esto para dejar claro que este sermón es perfecto porque contiene todos los preceptos propios para guiar la vida cristiana’ (San Agustín, De sermone Domine in monte, 1, 1, 1).

    1967 La Ley evangélica ‘da cumplimiento’ (cf Mt 5, 17-19), purifica, supera, y lleva a su perfección la Ley antigua. En las ‘Bienaventuranzas’ da cumplimiento a las promesas divinas elevándolas y ordenándolas al ‘Reino de los cielos’. Se dirige a los que están dispuestos a acoger con fe esta esperanza nueva: los pobres, los humildes, los afligidos, los limpios de corazón, los perseguidos a causa de Cristo, trazando así los caminos sorprendentes del Reino.

    ¿Hasta dónde somos capaces de entender esto?

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  11. Es que da muy buena foto ocuparse de las villas miseria (sin mover ni un dedo para resolver absolutamente nada) y de los inmigrantes que llegan en patera a Lampedusa y los que mueren por el camino (sin mover ni un dedo para resolver absolutamente nada). Eso sí, gran titular: "Vergonya". Y mañana más. ¿Pero evangelizar? ¡Quiá! Con el pasatiempo de las prédicas de Santa Marta para oídos benevolentes y cazadores de titulares beatos, va que chuta. ¿Pero reivindicación de la fe católica? ¿Darles a los fieles de Santa Marta argumentos para que puedan evangelizar a la infinidad de críticos que tiene hoy el Evangelio? ¡No, no, no! Eso sería proselitismo; y ésa es una palabra nefanda para Francisco. ¡Ni ocurrírsele adoctrinar y convertir a Scalfaro! ¡Él no es de esos! ¿Reevangelizar a los desengañados que viven entre nosotros? No, eso es contraproducente, eso da titulares incómodos. Dejémonos de nuevas evangelizaciones para los que se han desevangelizado a nuestro lado, y vayamos a las villas miseria, que eso sí que da titulares. Y vayamos hacia los pobres (mejor sin molestarles con el Evangelio). ¿Pero eso no estaba haciéndolo ya la Iglesia antes de que llegara Francisco? Bueno, sí, pero se trata de hacerse nuevas fotos, porque eso se estaba haciendo demasiado discretamente. Fotos, fotos, fotos. Sin Evangelio, que salen más brillantes. No estamos en tiempos de apologética, sino de enjuagues con el mundo. Son los nuevos tiempos de la Iglesia.. Y entretanto, a esperar el gran enjuague que nos espera en octubre. Será la apoteosis.

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  12. Lo de Scalfaro no lo he pillado...

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