jueves, 27 de noviembre de 2014

Los dos caminos: Trento y Vaticano II

Yo detesto tanto el divorcio que prefiero la bigamia, pero no me atrevo a definir si es lícita o no… 
Lo que más me extraña es que se obligue al celibato a un hombre divorciado de su mujer 
y no se le permita casarse con otra… (Martín Lutero)
Ante el problema de la relajación de costumbres tanto de los fieles como del clero, la Iglesia en dos momentos históricos y sociales distintos, tomó dos caminos también muy distintos: el camino de Trento y el camino del Vaticano II.
Conviene advertir que precede al Concilio de Trento una REFORMA que puso en marcha una parte de la Iglesia, capitaneada por Martín Lutero, un monje agustino. Éste actuó durante mucho tiempo dentro de la comunidad eclesial, pero en disidencia con el Papa. Representó un movimiento reformista de la Iglesia, cuya pretensión final era que ésta, redefiniendo la misericordia divina, adaptase el dogma a las costumbres relajadas tanto del pueblo como del clero. Defendía la doctrina de la “justificación”, que se efectúa por la aplicación extrínseca de los méritos de la Pasión y muerte de Cristo: sin que las obras del hombre sirvan para nada. Así pues, Jesucristo cubría nuestros pecados con su gracia, sin imputárnoslos siquiera como tales; de lo contrario, decía Lutero, sin la vista gorda de Dios sobre el pecado, la Redención se vaciaba de valor y significado.
Pero como la Iglesia no estaba dispuesta a bendecir y avalar mediante nuevas doctrinas la tremenda relajación de costumbres que entonces se vivía, acabó excomulgando a Lutero por proponer doctrinas tan peregrinas. Por supuesto que todos los historiadores pro católicos que han analizado el caso del frailecillo -así lo calificó el emperador Carlos I cuando lo escuchó en la dieta de Worms: Ese frailecillo jamás hará de mí un hereje-, explican que si no hubiese sido porque él mismo no estaba dispuesto a vivir dentro de la disciplina moral de la Iglesia, no se hubiese apartado de ésta. Pero él era el primero que ansiaba la Reforma “teológica” que emprendió, para que su conducta -desde muy joven se lo comían los escrúpulos de conciencia por sus pecados- quedase justificada y dentro de la doctrina (reformada) de la Iglesia.
Siendo ése el sentido de la Reforma, claramente contrario a la doctrina y a la tradición de la Iglesia católica, era evidente que el Concilio que ésta convocó para atajar los males en que estaba enfangada, tenía que ser de signo contrario. Si añadimos al cisma de Lutero el de Enrique VIII de Inglaterra, está claro -y en este último totalmente explícito-, que la pretensión de los dos reformadores era que la Iglesia avalase con su doctrina la conducta desordenada que decidía llevar cada uno.
Es sumamente llamativo que con lo mundanos que fueron la mayoría de los papas de la época (tan parecidos a los príncipes porque su principal quehacer era ocuparse de los  Estados Pontificios que les habían sido encomendados con el papado), preservaran tan celosamente la doctrina. Y mantuvieran incluso incólume la doctrina moral a un precio tan caro, por más que ellos la transgredieran en casi todos sus mandamientos. Ahí tenemos al Papa Borgia. Incluso él, a pesar de su depravación moral, guardó fielmente el depósito de fe y moral que la Iglesia le había confiado. Lo más sorprendente es que fueron todos ellos muy firmes a la hora de aceptar incluso la escisión de la Iglesia (León X con Lutero, y Clemente VII con Enrique VIII) antes que la tergiversación de su doctrina. En este sentido, el más vital para la Iglesia, se puede decir que fueron fieles a su principal misión como sucesores de san Pedro y vicarios de Cristo.
El Concilio de Trento, ante esos feroces ataques a la doctrina y atendiendo a la relajación moral que había en la Iglesia, optó por lo único que tenía sentido para un concilio: defender la doctrina e impulsar la moralidad. Allí quedó claro que la justificación es prolongación de la iniciativa misericordiosa de Dios que otorga el perdón. Reconcilia al hombre con Dios, libera de la servidumbre del pecado, sana y eleva. Con la justificación son infundidas en nuestros corazones la fe, la esperanza y la caridad, y nos es concedida la obediencia a la voluntad divina para cumplir así sus mandamientos.
Y puesto que la dogmatización de la relajación de las costumbres se adornó con el nombre de Reforma, y eso era lo que era, la reacción de la Iglesia a ese despropósito se denominó Contrarreforma.
Aspectos importantes de la Contrarreforma fueron la unificación de la liturgia, con la misa que se llamó “tridentina”; la creación de seminarios para formar al clero tanto en doctrina como en moral; y el enorme esfuerzo pastoral por acomodar las costumbres a la doctrina de la Iglesia, y no a la inversa, como pretendieron Lutero y Enrique VIII.
Cuando contemplamos en cambio el Concilio Vaticano II, que se propone la Reforma de la Iglesia bajo el signo del aggiornamento (acomodación a las nuevas exigencias y costumbres) vemos que empezó por la liturgia, presagio de lo que sería el resto del Concilio. No advirtieron (¡o sí!) que ésa era la piedra angular: y que la suerte de la liturgia sería la suerte del Concilio: lápidem quem reprobaverunt aedificantes, hic factus est in caput ánguli: la piedra que desecharon los constructores, resultó ser la piedra angular. ¿Y qué clase de Reforma hicieron? Pues se enredaron en semejante lío de opcionalidad, que la disciplina litúrgica (la lex orandi) se ha relajado hasta parecer en los casos más graves cualquier cosa menos liturgia. Es la Reforma. Así irán luego, a imagen y semejanza de la liturgia, la lex credendi y la lex agendi. Por los suelos.
Y como si la Reforma del Concilio Vaticano II se hubiera propuesto ir exactamente en dirección contraria a la Contrarreforma de Trento, he aquí que ha conseguido vaciar hasta extremos inimaginables los seminarios que Trento fundó y llenó. Pero los  hijos del Concilio,  responsables de esa debacle, se manifiestan contentos por ese vaciado (supongo que es el consuelo de la zorra) y por el abandono masivo del clero, porque dicen que es la hora de los laicos: dando por supuesto que hay que volver a los usos pre-tridentinos, en que no costaba nada pasar de laico a sacerdote y viceversa, por ser tan absolutamente escasas las exigencias (tanto académicas como morales) para acceder al sacerdocio. He ahí otro de los signos más evidentes de la Reforma del Vaticano II. Si no fue ésa la intención, ése ha sido el resultado.
Y como siempre, siempre, siempre, se modifica el dogma cuando no se está de acuerdo con la moral. ¿Para “mejorar” el dogma? No, sino para justificar la inmoralidad. Parece que igual que ocurrió con Lutero, de lo que se trata es de desarrollar una “teología” de la misericordia en que quepan holgadamente nuestros pecados. Apenas es perceptible la diferencia entre las teologías genuflexas frente al mundo que se están desarrollando hoy, y la teología de Lutero. Pero al final de los finales, Lutero barrió pro domo sua (quería liberarse de una vez de los escrúpulos) y los promotores sinodales de las doctrinas reformistas no hacen otra cosa que barrer pro domo sua: barrer para su casa. A los padres sinodales, como a todo el mundo, les encanta la buena conciencia. Por eso la Relatio dijo lo que dijo sobre el enorme bien que le podían hacer los homosexuales a la Iglesia y del bien que en justa compensación tenía que hacerles ésta a ellos: “valorarlos”.
Suerte que sólo eran los homosexuales; suerte que el sínodo no nos invitó a “valorar” también a otros colectivos como los banqueros, los políticos corruptos, los violadores, los asesinos… En Colombia algunos sacerdotes se encontraron en la necesidad de hacer apostolado específico entre los sicarios. Pero nunca se les ocurrió que éstos pudieran aportar algo a la comunidad cristiana por ser sicarios, y que fuese necesario “valorarlos” por su condición. Antes al contrario, ese apostolado ponía todo su empeño en apartarlos del pecado, inequívocamente definido en los mandamientos y condenado en numerosos pasajes de la Biblia.
Custodio Ballester Bielsa, pbro.

29 comentarios:

  1. La mal llamada "Contrarreforma católica" es la verdadera Reforma de la Iglesia. La "Reforma" protestante no fue una verdadera reforma. Lutero no tenía autoridad para reformar la Iglesia y lo que hizo fue una ruptura.

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  2. Barrer pro domo sua: a/b28 de noviembre de 2014, 1:21

    Otro interesante artículo del Padre Custodio Ballester, dando la cara en la defensa de la vida, y como muestra de lo que llama “teologías genuflexas”, este ejemplo que demuestran el estado de postración teológico y espiritual que existe entre las élites culturales alemanas y, por extensión, europeas.

    En La Contra de La Vanguardia de ayer se entrevistó a Jan Assmann, egiptólogo alemán, Doctorado honoris causa en Teología por la Facultad de Teología de Munster, y autor de un libro titulado “Violencia y monoteísmo”, con introducción del monje montserratino Lluís Duch.

    Desearía hacer unos comentarios sobre unas afirmaciones suyas, sintetizadas entre paréntesis.


    1. “Antes del Dios monoteista, nació el Dios cosmoteísta, una “fuerza” cósmica, que los humanos maravillados intuyen que los transciende e incluye; para entender y acercarse a esta “fuerza”, crearon unas personalidades divinas que encarnaban dicha “fuerza” pero sin sustituirla, porque eran manifestaciones del todo universal del cual formaban parte.”

    Realiza una descripción abstracta de Dios, lógica para la contemporaneidad pero imposible por anacrónica para la Antigüedad. La creación e invención humana de los dioses falsos y erróneos está descrita en la Carta de Jeremías (Baruc 6), Romanos 1 y Sabiduría 12 a 15: el dios falso nace para pedir salud, prosperidad, seguridad, protección, recordar a un amado hijo muerto...

    Responden, aunque equivocadamente, a cuestiones prácticas, a rostros y necesidades vitales y vivenciales concretas y claras, a imágenes de animales, hombres y astros; en definitiva, no son principios cósmicos energéticos, parecidos a fluidos de fuerza física, porque esta explicación es propia de nuestra mentalidad tecnocientífica: un antiguo egipcio, indio y babilónico difícilmente se lo habrían planteado así, de forma tan compleja, estudiada y elaborada.


    2. “La construcción cultural de la idea de Dios monoteista se inventa cuando los judíos del norte del Reino de Israel fueron invadidos por Asiria en el siglo VII a.C., y emigraron al sur, el Reino de Judá, llevando y proyectando en el Deuteronomio y las Tablas de la Ley tanto la idea del éxodo libertador como la del contrato asirio de vasallaje y fidelidad exclusivas, que el rey asirio exigía a sus súbditos como pueblo elegido. Gracias a este invento, los judíos pudieron tanto mantener vivo, en su interior, su pacto con Dios, como conservar su identidad, cultura y lengua a pesar de perder su soberanía, libertad y territorio.”

    La Alianza de Dios con Israel, que luego fue sustituida por la Iglesia, Esposa de Cristo (Ap 21), adopta una forma jurídica, basada en la justicia y la retribución, pero también es una declaración y pacto de amor esponsal, conyugal, matrimonial, cuando Dios dice que es un Dios celoso si Israel va detrás de otros dioses (Deut 6), o cuando proclama su amor por su pueblo elegido, que luego los profetas lo confirmarán: Jeremías 3 y 31, Oseas 1-3, Ezequiel 16 y 23, Isaías 40-55, Cantar de los Cantares.

    La Alianza de Dios con Israel no es en absoluto una copia del vasallaje asirio; además, los reyes asirios conquistaban a los pueblos castigándolos con el exterminio si no había sometimiento: eran el Hitler de la época, un cruel imperio fundado en el terror de ser empalado, desollado, ahorcado, decapitado, quemado...

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  3. Barrer pro domo sua: b/b28 de noviembre de 2014, 1:26

    3. “La Biblia no es la memoria de la historia sino la historia de la memoria: la Biblia no explica el pasado, sino que reescribe y reconstruye el pasado sobre cómo Israel camina hacia el monoteísmo. Hasta Moisés, Dios es ambiguo [no es claro y comprensible, se oculta, no es sincero]: castiga a Adán y Eva, envía plagas a Sodoma, pero en ningún momento pide que se luche por Él. El Dios de los ejércitos es un doble invento de los fundadores de Israel en el Sinaí: 1. para eliminar a los opresores extranjeros y sus dioses; 2. para establecer la obligación sagrada de luchar contra los no creyentes en nombre de Dios. El Dios del Sinaí inventa la fe como renuncia a toda otra creencia, pues da una única Revelación eterna, acabando con el henoteísmo de Israel: un panteón politeista de divinidades con un único dios adorable, Yavé.”

    Si la Biblia es historia de la memoria, entonces es una falsa historia: esto es la herejía que establece la errancia y la inautenticidad de la Palabra de Dios, doctrina que definió el Padre Iraburu en su libro “Los Evangelios son verdaderos e históricos”.

    Las penas de muerte y las guerras de exterminio del Pentateuco se entienden en su contexto: los pueblos que rodeaban Israel eran verdaderos Pueblo, Cuerpo Místico y Ciudad de satanás: Balaán, espiritismo, astrología, adivinación, brujería, sortilegio, agorero, encantador, adivino, mago, invocador de muertos, oniromancia, hechizos, talismanes. Pero también cometen otros pecados mortales: orgías, animalismo, homosexualismo, prostitución sagrada, y sobre todo, quemaban a sus hijos e hijas, matando a los niños inocentes ante los demonios y sacrificándolos a los ídolos de Canaán y Moloc (Salmo 106, Lev 18, Deut 18).

    La guerra y el uso de la fuerza son legítimas si hay una justa causa, como demuestran los Macabeos, fieles de fe enardecida que lucharon contra la tiranía pagana. Si hay justa causa, no intervenir es un grave pecado de omisión, como pasó en Ruanda, donde hubo casi un millón de muertos en un mes, o como demuestra el caso de Kosovo (intervención humanitaria internacional ante la inactividad de la ONU).

    Sodoma misma es Babel, Babilonia y Nínive, pero también nuestra sociedad. Sodoma es la ciudad contra Dios, sin Dios, a pesar de Dios: toda su población masculina violando violentamente el quinto, sexto y noveno mandamiento, desde los más jóvenes hasta los adultos, fiel reflejo de nuestra sociedad occidental, que admite el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido y la congelación de embriones.

    La pena de muerte y las guerras de exterminio eran tipo y figura de las reales consecuencias tanto del pecado mortal (el infierno como condenación eterna), como de la violenta lucha contra el pecado, que sintetizó el niño santo Domingo Savio cuando tuvo 7 años: “prefiero morir antes que pecar”.

    Jan Assmann omite el análisis de Juan Pablo II en Evangelium Vitae, cuando afirma que las democracias occidentales, europeas, de los derechos humanos derivan hacia el totalitarismo y la tiranía:

    “el derecho originario e inalienable a la vida se pone en discusión o se niega sobre la base de un voto parlamentario o de la voluntad de una parte —aunque sea mayoritaria— de la población. Es el resultado nefasto de un relativismo que predomina incontrovertible: el «derecho» deja de ser tal porque no está ya fundamentado sólidamente en la inviolable dignidad de la persona, sino que queda sometido a la voluntad del más fuerte. De este modo la democracia, a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo fundamental. El Estado deja de ser la «casa común» donde todos pueden vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e indefensos, desde el niño aún no nacido hasta el anciano, en nombre de una utilidad pública que no es otra cosa, en realidad, que el interés de algunos.”

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  4. Muy interesante artículo de ayer de Raúl del Pozo en el Mundo: “Crepúsculo de los tecnócratas”. Aumenta la importancia el hecho de que sea amigo del jefe del CNI.

    "El presidente quiere desinflar la rana de la ideología, que tanto se hincha. Entre los murciélagos y las llamas de azufre de La Moncloa, se le aparece Laureano leyéndole Camino y recordándole el crepúsculo de las ideologías.

    Contaba Ernesto Giménez Caballero que cuando llegó evadido a Salamanca insinuó a Franco que por qué no inventaba una institución libre de enseñanza católica con tecnócratas laicos. A lo que Franco le respondió: «Ya anda por ahí un curita de aldea con esa idea, búsquelo». El curita se llamaba Donjosemaría, un aragonés de Barbastro que fundó el Opus Dei, el neocapitalismo y el gobierno de los tecnócratas. Los que fueron llamados «vanos fantasmas de niebla y número», aquellos ejecutivos tan vivos de Marsillach, resucitaron en Europa 50 años para imponer la posideología.

    Algunos dirigentes del PP, hartos de la tiranía de la tecnocracia, están pidiendo un nuevo Gobierno de políticos para evitar el crac de las municipales."


    http://www.elmundo.es/opinion/2014/11/26/54763800e2704e86418b457b.html

    Efectivamente, una tiranía con olor a azufre. Basta ya de soportar a estos judas.

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  5. Enhorabuena por su artículo, padre. Es poco común, incluso en esta poco común página web, encontrar críticas razonadas al Concilio Vaticano II. Aquellos que desde dentro de la Iglesia claman contra su dogmatismo y su rigidez, han convertido el Vaticano II en un tótem intocable, en un nuevo dogma incuestionable...

    Yo no conozco los documentos de tal Concilio, no había nacido cuando se celebró este evento. Pero las referencias al Vaticano II que he oído y leído durante toda mi vida siempre me han parecido vagas, imprecisas, sin hacer mención a documentos o definiciones concretas; una especie de cajón de sastre al que todos atribuyen sus particulares criterios en materia pastoral y sobretodo litúrgica.

    Sin embargo quisiera consultarles lo siguiente. Tengo entendido que la reforma litúrgica de la Iglesia latina no forma parte de las conclusiones o resoluciones oficiales del Concilio, que fue una reforma que se desarrolló a posteriori una vez concluido el Concilio. No sé si ando en lo cierto.

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  6. Siento disentir con Mn. Custodio. El concilio Vaticano II fue un gran concilio; siempre he dicho que hay que releer todos los documentos y tienen una vigencia que espanta. La mala aplicación ha sido otra cosa. La reforma litúrgica se encargó a gente competente: además, como pasó con la Sagrada Escritura, se descubrieron grandes documentos y papiros. La práctica celebrativa en los años 50 también dejaba mucho que desear: en plena misa se rezaban los Siete Domingos de san José, el rosario o el viacrucis. Yo creo que la reforma litúrgica acertó en su mayor parte; para mí la parte del mal llamado ofertorio se tendría que modificar, pasar el rito de la paz antes de profesar la fe y la celebración de la parte eucarística hacerla "coram orientem"; también sería bueno revisar las traducciones en legua vernácula, el Papa Benedicto ya quería introducir estos cambios, pero creo que Cañizares no estaba por la labor. El Concilio Vaticano II forma parte de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia.
    Salvador Biarnés (ElCidCabreador)

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  7. Mn. Custodio, muchas gracias por ese artículo de hoy que encabeza con esas palabras:
    "Yo detesto tanto el divorcio que prefiero la bigamia, pero no me atrevo a definir si es lícita o no…
    Lo que más me extraña es que se obligue al celibato a un hombre divorciado de su mujer y no se le permita casarse con otra… (Martín Lutero)"

    SIGNIFICACIÓN DEL CONCILIO VATICANO II


    En Junio d 1959 Juan XXIII habla por primera vez de su intención de convocar un concilio ecuménico, pero el anuncio oficial no se formula hasta el año 1961. En el momento de su apertura, el 11 de octubre de 1962, con un discurso histórico del papa, se pensaba en una o a lo sumo dos asambleas, pero habrá cuatro, hasta el año 1965, ya que la complejidad y variedad de los temas exigieron un esfuerzo mucho mayor del que se había calculado. La segunda sesión, con la desaparición de Juan XXIII, fue inaugurada por Pablo VI el 29 de septiembre de 1963. todas las sesiones se desarrollan de septiembre a noviembre o diciembre; los meses anteriores son de trabajo preparatorio. La sesión de clausura se celebra solemnemente el 7 de diciembre de 1965.

    La diferencia de este concilio es claramente diferenciada. Frente al Vaticano I, que es un concilio afirmador de la autoridad, con la definición de la infalibilidad pontificia, el Vaticano II lo es de colegialidad, laicado, temas y definiciones que atienden a dimensiones democráticas de la iglesia. Frente a Trento, concilio defensivo, cuyos textos están recorridos por anatemas, el Concilio que se abre en 1962 se desarrolla sin condenas, sin un espíritu evangélico alejado de la postura defensiva del siglo XVI. Es también más universal que ninguno, todos los continentes están representados, se abre a todas las culturas. Incluso el número de padres conciliares es acusadamente superior. En la clausura del Concilio de Trento eran poco más de doscientos; en el Vaticano I alrededor de setecientos sesenta, en el Concilio Vaticano II toman parte en la ceremonia de apertura 2.540 padres.

    El cardenal Bea ha escrito que las dos grandes innovaciones son afirmación del papel de los obispos y la apertura hacia el laicado. La descentralización, la perdida del protagonismo de Roma, es una exigencia de los tiempos. En el Concilio intervienen casi trescientos obispos africanos, casi cuatrocientos de Asia, 75 de Oceanía, en su mayor parte nativos, obispos que tienen que trabajar en zonas cuyas ideas raíces son el animismo y el fetichismo, o creencias de las antiguas culturas de china e india, con problemas muy diferentes a los que se presentan en la Europa industrial, con su historia secular de humanismo grecolatino. Clarificar el papel de los laicos era otra necesidad. Los laicos habían intervenido en los primeros siglos de la iglesia en el nombramiento de sus pastores, incluso en la elección del papa en Roma.

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  8. Con todo respeto, la explicación psicológica de la Reforma es original pero nada seria.

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    1. Jo estic d'acord amb aquests dos darrers anònims. Fer una crítica fonamentada del Concili Vaticà II a base de comparar-lo amb el concili de Trento són ganes de fer allò que en castellà es diu "coger el rábano por las hojas".

      I l'altre punt d'interpretar la reforma de Luter com una qüestió psicològica causada pel que l'autor diu sobre la seva "conducta desordenada" és simplificar molt una qüestió històrica molt més complexa que no pas aquesta interpretació sens dubte molt interessada només per llançar una dura crítica envers el Concili Vaticà II.

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    2. Por sus frutos los conoceréis: el buen árbol da buenos frutos, y el mal árbol da malos frutos. No ver la postración en que ha quedado la Iglesia tras el Vaticano II es sencillamente taparse los ojos. Y más si tenemos en cuenta que la intención de este concilio, como la de todos era darle un fuerte empujón a la Iglesia hacia arriba. Ciertamente, subió para abajo. Y muchos se felicitan por ello: porque creen que sí, que la forma moderna de subir es para abajo. Menuda crítica la del que se felicita por los óptimos frutos del Vaticano II: "coger el rábano por las hojas" y "simplificar mucho". Dos argumentos sin duda potentísimos. ¡Menuda dialéctica!

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    3. "Por sus frutos los conoceréis: el buen árbol da buenos frutos, y el mal árbol da malos frutos. No ver la postración en que ha quedado la Iglesia tras el Vaticano II es sencillamente taparse los ojos."

      El sínodo y el concilio sólo son instrumentos jurídicos de que dispone la Iglesia para llevar a cabo su misión salvífica: llevar almas al cielo o, como mínimo, al purgatorio.

      Si la mismísima Palabra de Jesús ya fue distorsionada cuando vivía y después a través de las grandes herejías de la historia de la Iglesia, más aún van a ser deformados, desfigurados y retorcidos unos instrumentos, sínodo y concilio, que únicamente están al servicio de la Palabra y la Tradición.

      Lo mismo que sufrió Jesús sufrirá la Iglesia.

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  9. Yo creo que lo más grave del Sínodo es, como dijo alguien de los asistentes, el lamentable nivel intelectual y de formación religiosa de la gran mayoría de sus miembros. Muchos de ellos pecan y defienden el pecado en la Iglesia por pura ignorancia. Si explorásemos cuántos de ellos se han leído la Biblia completa (¡qué menos!, ¿no?), cuántos saben de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino o de algún otro compendio un tanto extenso de teología, cuántos saben de los Padres de la Iglesia y han leído algunas de sus obras, nos llevaríamos las manos a la cabeza. Por lo que hablan y por lo que callan cuando tocaría saltar ante los disparates descomunales que se han soltado en el Sínodo y en su entorno, evidencian su tremenda indigencia intelectual.

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  10. Creo que Benedicto XVI lo resumió como un combate, dentro del Concilio Vaticano II, entre la hermenéutica de la ruptura contra la hermenéutica de la continuidad [con Trento y todos los otros Concilios Ecuménicos].

    De un lado, tenemos la utopía de los liberacionistas y progresistas morales, y de otro, el de la fidelidad con la doctrina y el evangelio.

    Sin duda, el Concilio Vaticano II, tomado como el kilómetro cero de la Nueva Iglesia progresista y alternativa a todo lo que se había hecho antes, constituye un completo error y fracaso: es una utopía mesiánica revestida de filosofías de calidad.

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  11. Con respecto al Vaticano II comento algo que en su día una persona muy destacada poco antes de morir me confesó. Me decía que antes de que salieran las resoluciones de los padres conciliares, los altos cargos de la masonería mundial ya tenían una copia. Con eso quedan claras muchas cosas sobre el CVII y sus secuelas en el momento eclesial en el que tristemente hoy nos encontramos, y la deriva de la Iglesia. Esta persona, después de arrepentirse sinceramente de la confusión de vida que había llevado, proclamó la victoria de Jesucristo contra el mal y sus secuaces masonicos. Ven Señor Jesús e instaura el Reino del Padre entre nosotros. Ojalas el Señor nos encuentre despiertos y con la lampara del corazón encendida.

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  12. Y si el Sínodo de la Familia pretende ser el broche de oro del Concilio Vaticano II, es lo que le faltaba para acabar de ver hacia dónde ha llevado a la Iglesia este Concilio. A lo mejor no fue ésa su intención (con la tremenda turbamulta de Padres Conciliares, ¡cualquiera sabe cuál fue la intención del Concilio!) Pero los resultados están a la vista. Y el Sínodo que se nos echa encima, ojalá que sólo apestase a azufre.

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    1. La culpa no es del Concilio Vaticano II ni del Sínodo de la Familia: fueron convocados para un buen fin.

      El problema es la apostasía de una parte de la Iglesia, que utiliza lo que sólo son instrumentos eclesiales para unos finos torticeros: ir contra la doctrina y el evangelio.

      Lo importante es la cadena de apostolicidad: el Sínodo de las Familias está subordinado al Concilio Vaticano II y éste al resto de concilios ecuménicos, y todos ellos al evangelio y la tradición.

      Desde 1965 se da un signo escatológico y apocalíptico: el pecado del interior de la Iglesia manipula dos instrumentos, el sínodo y el concilio.

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  13. Curiosa -y muy forzada- la contorsión de este artículo. Me he quedado ojiplático al leer que Lutero era poco menos que un "fresco" y que toda su reforma estuvo encaminada hacia la relajación de las costumbres. Mientras que los papas de la época y (la mayor parte de) la jerarquía católica se dedicaban a tener una (o varias) amantes y a la alta (o baja) política resulta que eran los fieles custodios del dogma....pues NO señor, no me trago esto. No soy protestante, pero entiendo lo que movió a Lutero a rebelarse. Y precisamente lo que Lutero quería era dignificar la Iglesia, al menos en la persona de sus líderes. Lamentablemente eso significó dividirla, pero...qué quieren que les diga...cuando una persona cruza andando por la autovía ¿quién tiene la culpa del atropello? ¿sólo el conductor? La Iglesia católica (buena parte de su jerarquía, al menos) de la época era realmente "de miedo".

    Si por "dogmatización de la relajación de las costumbres" se entiende (y parece que va por ahí) permitir el matrimonio de los curas...pues me parece uno de aquellos casos en los que se dice "el dedo señalaba a la Luna y los necios miraban el dedo". ¿Es preferible que los curas tengan "amigas" o "una prima" a que se puedan casar? ¿Es preferible la hipocresía a la verdad, la apariencia al fondo? No dudo de la ortodoxia del padre Custodio, pero seamos sinceros: el hombre es el hombre. Y de entre los cientos de miles de curas de este mundo, siempre habrá un porcentaje que tiene uno (o muchos) momentos de debilidad ¿Por qué es mejor ser hipócrita y pretender que esto no pasa en vez de aceptar la naturaleza humana?

    Estuve en Georgia (el país del Cáucaso) y allí nos dijeron que los curas que quieren hacer carrera o los monjes, no se pueden casar. Pero los curas "normales", sí. Me parece una solución perfecta: aquél que se vea más preparado, teológica o espiritualmente, que renuncie al matrimonio. Y aquél otro que, aún sintiendo la llamada, no se vea con fuerzas, que se case. Al fin y al cabo...oiga...que un hombre se case con una mujer no es nada malo ¿no?

    El otro día también me pareció verle "derrapar" con su diatriba contra el trabajo y las mujeres y hoy con este artículo, empiezo a albergar dudas sobre las teorías del padre Custodio. Me considero más cercano a los postulados ortodoxos. Pero a los postulados insostenibles o a las contorsiones dialécticas o a ponerse la venda...no.

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    1. "Postulados ortodoxos" cismáticos, supongo... con sus popes y Patriarcas,

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    2. Al de las 20:44
      Oiga usted, que no ha pillado la onda. El drama que nos ha planteado el Sínodo no da respuesta al deseo natural de los curas a tener mujer. Ése sería un mal menor a los ojos del magisterio de la Iglesia. El caso es que se les quiere abrir la puerta a esos otros bienes que tantos frutos pueden traerle a la Iglesia. Porque el problema con el que ha tenido que bregar la Iglesia es la pederastia (es lo que se lleva hoy, es la última moda; ¿habéis visto lo último en Inglaterra?). Y ésta, le pese a quien le pese, procede en más de un 90% de los homosexuales. Como ocurrió en Sodoma, lo que hoy piden no son mujeres, son hombres... cuanto más tiernos mejor. Ése es el drama. Lo siento, su propuesta de casar a los curas llega tarde.

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    3. Soy el de las 20:44 :) A lo mejor tiene razón, pero, sinceramente, con un post como éste del padre Ballester, es difícil pillar ninguna onda. Me parece que él tampoco nos ha entregado un post cocinado, más bien un estofado de carne y pescado con la carne poco hecha. ¿De verdad tiene que ver la Reforma de Lutero con el Vaticano II? ¿Seguro? No veo la continuidad entre dos hechos separados por cuatro o cinco siglos.

      Si el autor del post le quiere "dar leña" al Vaticano II, pues que le dé. Hay motivos sobrados para 'darle caña al V2, pero no veo la necesidad de meter por medio a Lutero, que habrá sido responsable de otras cosas, pero no de lo que se hiciera -bien o mal- en el V2.

      Puesto que el autor nos presenta un post tan deslizante, es normal que nos salgan aquí comentarios igualmente dispares (empezando por el mío). A mí me pareció entender (él no lo dice) que el tema iba del matrimonio (por aquello de la "relajación de las costumbres" que según el autor Lutero pregonaba...entre los Borgia y Lutero parece que al autor le parece más correcto aquello de "haced lo que yo digo, no lo que yo hago" y, repito, yo no entro en las críticas que hace al V2. Lo que no entiendo es a qué viene traer a Lutero de invitado a esa fiesta. ¿Ud. lo entiende?

      Pero quizá tenga Ud. razón que con lo de la "relajación de las costumbres" se refería a la pederastia. Aunque la pederastia es algo más serio que una relajación de las costumbres, creo yo. En fin, sólo el autor sabrá qué tiene en mente, porque el post que nos ha ofrecido es críptico y mal estructurado (o así me lo parece a mí).

      en cuanto a que la pederastia sea cosa principalmente de homosexuales...no sé, no digo yo que no. Aunque eso no le quita la responsabilidad a la Iglesia de, primero, seleccionar a sus pastores mejor y, segundo, actuar cuando hay que actuar.

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    4. El celibato no sólo es una norma disciplinaria. Es mucho más. El celibato sacerdotal es imitación de Cristo casto y obediente hasta la cruz. Es entrega esponsal a la Santa Iglesia, esposa de Cristo. ¿Por qué ni siquiera el Papa habla de esto?

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    5. "El hombre es el hombre" Y ¿que es el hombre?

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  14. El Vaticano II se halla en la onda de Trento. Lo mismo que el Vaticano I. Cierto es que lo mismo Trento que el Vaticano I se preocuparon más del rigor teológico que de la praxis, sin olvidarse ni mucho menos de ésta, como demuestra la creación de seminarios o el Catecismo de Pío V. Lo que ocurre es que Trento y Vaticano I pueden ser resumidos en el Denzinger, cosa que el Vaticano II es imposible. Porque se propuso no ser un Concilio dogmático, sino pastoral.

    Lo que ocurre es que en el Vaticano II hubo mucho teólogo a la violeta que, al acudir como asesor de este o aquel obispo centroeuropeo, se creyó que su palabra era el Denzinger moderno. Nada más alejado de la verdad. Ocurrió así con Rahner (Karl no su hermano el místico), con Küng, con tantos otros. Pero, pese a las críticas de Alfrink, Frings y otros cardenales contra el Santo Oficio, la verdad es que no salió aprobado ningún documento que no fuera peinado y supervisado por Ottaviani y Brown. Lo que luego los alborotadores dijeran o interpretaran eran cosa suya.

    Puente especial con los protestantes lo trazó Congar, cuya vida personal desde su niñez explica muy bien esa tarea. De ahí su teología del laicado, del sacerdocio de los fieles, etcétera. Pero Congar, como Chenu, lo que hacen es apuntalar históricamente como doctrina católica lo que se suponía novedad protestante.

    Que el relajamiento de los monasterios de ellos y ellas tuvo mucho que ver con la Reforma es innegable. No sólo Lutero. Suelo citar los que conozco con más hondura como los padres alemanes de la botánica moderna, antiguos monjes que abrazaron hembra y propuesta luterana al mismo tiempo. Cierto es que, andando el tiempo, fueron surgiendo teólogos que dieron mayor empaque doctrinal a las tesis de Lutero y de Calvino.

    El descalabro del Sínodo se debe, en mi opinión, a un descalabro intelectual. Basta leer charleta de Sistach a los curas de la diócesis de sant Feliu .La necedad, la ignorancia, el infantilismo y el servilismo se dan de la mano. Necedad porque habla de conservadoras (no de doctrina, de sujetos), ignorancia porque no se ha enterado de qué sea un sacramento según Trento, ni siquiera en el sentido que le da el vaticano II y que extiende a la misma Iglesia y a Cristo (sacramento fontal). Si Sistach en vez de presentar a Pujol como cristiano modelo en su facultad de teología aprovechara el tempo leyendo a Schillebeeks y su tesis sobre los sacramentos en Trento diría menos tonterías. Infantilismo porque presume de haber presentado la rebaja o gratuidad de los procesos de anulación. Servilismo porque dice que el Papa vigilaba y anotaba, como si Francisco hubiera expresado luego algo que no fuera una rapapolvo (gratuito en mi opinión) a unos, que abogaban por la seriedad y la doctrina, y a otros (que decían disparates con una soltura mostrenca).

    Mosén Ballester hace usted muy bien en explicar la doctrina. Hay gente, baste leer los comentarios, que no tiene ni pajolera idea de historia de la Iglesia, teología sacramental ni nada ¿Por qué andar con remilgos?

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  15. Muchas gracias, padre Custodio, por el acertado enfoque de lo que fué el Concilio Vaticano II, cuyas nefastas consecuencias hemos de soportar. Como ud. bien dice,
    se vaciaron los seminarios, tambien las iglesias, los confesionarios, etc... en fin, una ruina. "Por sus frutos los conocereis" y vaya si se conocen los frutos del malhadado Concilio Vaticano II, al punto de ciertos jerarcas católicos decir los disparates que se
    oyeron en el último Sínodo sin que quien tiene autoridad para ello, dijese esta boca es mia y condenase semejantes errores. Muchas gracias, padre.

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  16. Ser banquero no es pecado.

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  17. Mn Custodio Ballester Bielsa, pbro, estoy encomendando su alma a la santísima Virgen María, madre de Dios. Rece por la unidad de la Iglesia y por el Santo Padre. No falte a la unidad!! Hace unos meses le acusé de homofobia y ahora nos regala una divertidísima analogía entre los gays y los sicarios. Leerle es un placer, ruego al Espíritu Santo que ilumine al Papa y le nombre arzobispo de Barcelona. Sería la bomba. Un fuerte abrazo.

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  18. Este “patrón” que ha presentado Ms Custodio para evaluar la Iglesia peregrina en la tierra me parece fantástico, pero que muy fantástico.

    Implicaría medir la “concupiscencia” en la Iglesia a través de las comunicaciones de los Príncipes de la Iglesia asistentes, en Concilios o Sínodos.

    Medir el “pecado”, concepto ligado al hombre histórico, causa de la Redención y fundación de la misma Iglesia.

    Actualmente los sociólogos y psicólogos dicen que las dos formas más potentes de la concupiscencia pueden ser “la lujuria y el poder”. Ambas categorías se podría dividir en subcategorías y aplicarlas a los discursos “disonantes”. Aunque más sencillo, para una primera aproximación sería aplicar una sola categoría como “concupiscencia”.

    Animo a los que tengan en perspectivas tesis doctorales, a iniciar esa línea (desconozco si ya existe).

    Resumo el artículo: “la cabra tira al monte” en Lutero, Vaticano II y último Sínodo, cuando los príncipes de la Iglesia se han expresado o expresan en cuestiones de Fe y Moral.

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    1. No me refiero a los Documentos del Vaticano II en sí mismos, sino a toda suerte de discurso disonante que en el seno de la Iglesia, antes, durante y después (Humanae Vitae) se dejó sentir y que parece que fueron determinantes de la catástrofe posterior.

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  19. Al anónimo de las 9:16
    ¿Pues sabe que ni al Papa ni a los papólatras los veo yo muy por la unidad de la Iglesia? Les encanta darles cancha a los amantes de la disolubilidad y de la solubilidad del matrimonio. Y sobre todo les encanta darles en los morros a los partidarios de su indisolubilidad. Y ponderar los abundantes bienes que le puede traer la homosexualidad a la Iglesia. Más que nada, por darles en los morros a los que piensan lo contrario. Y por armar lío, claro que sí. Armen lío, que así nos entenderemos todos mejor. Ésa no parece una forma muy feliz de fomentar la unidad de la Iglesia. Pero bueno, yo también seguiré su consejo y rezaré por la unidad de la Iglesia y por el alma de Mn Custodio Ballester Bielsa.

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