viernes, 2 de mayo de 2014

La Glosa Dominical de Germinans

Reflexión a modo de notas, hacia dónde nos orienta la liturgia del domingo.


CRISTO ES LA RESPUESTA A LAS PREGUNTAS DEL HOMBRE
Cristo Resucitado (Messina - Italia) y Resucitado de Miguel Ángel en la Minerva
El acontecimiento estruendoso de una Resurrección, causa de salvación de la humanidad entera, trivializado por la incredulidad que anida en la mente y el corazón del hombre. Esa es la cuestión. Este es el tema.
El hecho estrepitoso de una Resurrección que no se puede negar. Nos lo confirma un testigo ocular como Pedro, consciente de aquello que dijo a sus paisanos en Jerusalén en el día de Pentecostés: “Hombres de Jerusalén escuchad: Jesús de Nazaret, hombre acreditado por Dios ante vosotros, por medio de milagros, prodigios y signos, vosotros los habéis clavado en la Cruz (…) pero Dios lo ha resucitado, liberándolo de las angustias de la muerte (…) y nosotros somos testigos de ello”.

Este acontecimiento no es únicamente un hecho de crónica, sino un hecho histórico sin precedentes: que sólo podía realizar quien, como Jesús de Nazaret, tiene el sello de la divinidad.
El enemigo número uno respecto a la Resurrección de Jesús de Nazaret es la incredulidad que a pesar de todo anida en la mente orgullosa del hombre y en su corazón endurecido. Esta se expresa de muchas maneras:
  1. En el impío, como duda de la existencia de Dios
  2. En el burlón, como negación de la presencia activa de Dios en la historia.
  3. En el desanimado, como negación de la Omnipotencia y el amor de Dios.
  4. En el indiferente, como ausencia de todo interés y valor espiritual.
La mística francesa Simone Weil (izquierda) y el escritor León Bloy (derecha)
¿Cómo juzgar estas actitudes que tristemente proliferan en gran parte del mundo de hoy en día respecto a Cristo Jesús y su Resurrección? Leon Bloy diría a todos. “El infinito está al final del pasillo y la llave está en la puerta”. En otras palabras: El infinito es aquel Dios que antes o después, al final del pasillo, es decir al final de la vida, cuando la muerte nos abre la puerta de la eternidad, vendrá al encuentro de cada uno de nosotros para juzgarnos según dnuestras obras. 
Dirá Simone Weil: “No podemos subir solos, porque la subida en vertical está excluida. Pero si nos quedamos mirando el cielo con nostalgia, Dios viene y nos agarra”.
El evento histórico de la Resurrección no puede pasar inadvertido y silenciosamente en el corazón del hombre. En realidad Jesús de Nazaret, el Resucitado, siendo Dios es y será siempre la única respuesta integral para todos los problemas del hombre de toda época. De hecho, nadie como Él ni más que Él está cercano a cuantos son invadidos por el remordimiento del vacío. El científico y escritor Isaac Asimov predijo para la sociedad supertecnológica del 2014 la enfermedad del “aburrimiento”. Sólo el Resucitado se demuestra como el mejor antídoto ante toda forma de vacío existencial. Muchos, como los discípulos de Emaús, viven buscando la verdad y el sentido de los acontecimientos de la vida. Basta saber que junto a cada uno de nosotros, aunque de incógnito, camina el Resucitado, que puede dar respuestas correctas a nuestros problemas. Muchos otros luchan entre la duda y el escepticismo: la palabra de Dios es el único fármaco capaz de infundir seguridad y esperanza. Otros se dejan confundir por el miedo y la vileza que nos rodea. Esto pasa porque nuestros ojos son incapaces de reconocer la presencia del Resucitado en la vida rutinaria de cada día. Esta tiene un valor: descubrirlo es el reto. Otros no se abren a la luz de la fe porque esperan otras cosas.
Silone (izquierda) y Asimov (derecha)
La esperanza y la fe florecen sólo si sabemos reconocerle partiendo el pan de la Palabra y la Eucaristía. No hay que tener miedo de la oscuridad cuando se acerca el atardecer de la vida si hemos confiado y creído en Él.
El converso del marxismo Ignacio Silone, antes de morir hizo esta amarga confesión: “Mi nueva fe, la de Karl Marx, me hubiera llevado al suicidio apenas un contratiempo me hubiese golpeado” ¡Qué gran verdad! Cualquier fe puesta en el hombre jamás podrá resolver los enigmas de la muerte y el más allá. Sólo quien se deja envolver por la luz del Resucitado, puede afrontar sin miedo la oscuridad de lo desconocido. Él es la respuesta a todas las preguntas que el hombre se hace sobre el sentido de su existencia. (San Juan Pablo II)
San Ambrosio decía: “En Él resucita no sólo el hombre, sino todo el mundo”.
La Resurrección es el paso más audaz de Dios para saciar las ansias de inmortalidad del hombre. Es cierto que el hombre creó los sepulcros por su voluntad de negar en ellos la muerte: desde las pirámides a los grandes mausoleos, acompañados de imponentes ceremonias fúnebres, todo es un ingente esfuerzo de la humanidad por prolongar la vida más allá de la muerte. Pero Cristo, con su Resurrección, da un paso más hacia la inmortalidad, el definitivo, pulverizando los sepulcros. Ésa es nuestra Pascua, ésa es nuestra definitiva libertad. Hacia ella peregrinamos a lo largo de nuestra vida. Viva Cristo Resucitado, y nosotros con él. Amén aleluya.  

Fr. Tomás María Sanguinetti

5 comentarios:

  1. Gracias Fray Tomás, por esta hermosa Glosa sobre la Resurrección del Señor, que como dice San Pablo, es el motivo de nuestra Fe.

    La Fe, como todos sabemos es un don gratuito de Dios, que nos empieza dando en pequeñas dosis, cuando recibimos el sacramento del Bautismo.

    La memoria anual de este misterio, al menos para mí, es motivo de agradecimiento a Dios Padre, que nos amado tanto que ha enviado a su Hijo unigénito para nuestra redención, permitiendo que continuamente podamos morir a la vida de pecado y recuperar la vida de la Gracia.

    Desde luego toda la Historia de la Redención no deja de ser una historia del Amor Misericordioso de Dios, con muchos misterios, que no podremos comprender en esta vida.

    Sólo puedo decir: creo Señor, porque tu omnipotencia y misericordia son infinitas y haces posible actos que nuestra pobre mente, no puede comprender.

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  2. Mejor dejemos a Simone Weil aparte; confiemos en su probable bautismo in articulo mortis, pero está claro que antes nunca quiso formar parte de la Iglesia.

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  3. RECONOCER A CRISTO EN LA ALEGRÍA DE LA FE

    El evangelista San Lucas habla de dos discípulos de Emaús, comentarista solitario de los hechos acaecidos en Jerusalén. Pero cuántos discípulos de Emaús han existido a lo largo de la historia: los caminantes en soledad por las múltiples calzadas de la vida, los pensadores aislados que rumían ilusiones perdidas. Los pesimistas miopes ante los acontecimientos que configuran el misterio de la existencia. Los discípulos de Emaús, de quienes habla el evangelio de este tercer domingo de Pascua, están tristes porque creían muerto a Cristo; muchos cristianos de hoy están tristes a pesar de creerlo vivo y haber proclamado su resurrección en la Noche Santa.

    Es un misterio que Dios camine al lado del hombre, sin darse a conocer de entrada. No deja de ser sorprendente que Cristo esté cerca de cada uno en el mismo momento en que se deplora su ausencia. Jesús va de camino con todos.

    La tristeza y el pesimismo se esgrime como razón evidente y natural ante las dificultades de la vida y ante los forasteros que se acercan para plantear cuestiones como si viviesen en la utopía o en la luna. Y se manifiestan argumentos que no convencen: “algunas mujeres vinieron diciendo… algunos de los nuestros fueron también al sepulcro… pero a él no le vieron”.

    Es verdad que el creyente necesita la explicación de las Escrituras para poder creer lo anunciado, es decir, ver la historia del pasado cumplida en el presente. Cuando se recibe limpiamente la iluminación de la Palabra de Dios se supera la radical necedad y torpeza humana.

    La conversación del camino a Emaús se concluye con una invitación a compartir la mesa del atardecer. El compañero todavía desconocido, que había impresionado a los dos discípulos por la autoridad y conocimiento con que hablaba de las Escrituras, bendijo, partió y dio el pan. La Palabra se hizo comida, sacramento, y el amigo hasta entonces visible se hace invisible desde este momento. Los que habían visto sin conocer, ahora conocen sin ver. No son los ojos de la cara, sino los de la fe los que permiten ver resucitado a Cristo.

    Se levantaron y desandaron el camino para ir al encuentro de los demás y comunicarles que habían reconocido a Jesús en el gozo de la fracción del pan. Solamente desde la experiencia pascual se puede entender la Palabra que se cumple en la Eucaristía.

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  4. Le sugiero si puede poner más citas de santos, sobre todo los santos modernos del siglo XIX y XX, que son los que sufrieron los ataques de las ideologías ateo-satánicas: nazismo, comunismo y liberalismo.

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  5. Gracias, Fray Tomás y a todo el equipo de Germinas, por estos artículos que dan esperanza a los fieles.

    P.D: Aunque no venga al tema, "Un enfermo inicia una campaña para que restituyan una capilla en el hospital de la Vall D´Hebron" pagina web: Religión en libertad. Lanzo una humilde petición de información sobre el estado de la pastoral hospitalaria en la Archidiocesis de Barcelona.

    Catalán en Andalucia.

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