viernes, 21 de marzo de 2014

La Glosa Dominical de Germinans

 Reflexión a modo de notas, hacia dónde nos orienta la liturgia del domingo.


ABANDONAR ALEGRES EL CÁNTARO de NUESTRO PASADO
Estamos en el tercer domingo de Cuaresma; y si en los dos primeros las paráfrasis evangélicas en las dos formas del rito romano coincidían (tentaciones en el 1º y Transfiguración del Señor en el 2º), en este domingo difieren no sólo en la cita concreta, sino también en el tema propuesto.
La reforma litúrgica de 1969 se proponía recuperar el contexto catecumenal en el que se había desarrollado la paleoliturgia romana. Ésta es la razón por la que aparece en este ciclo A, el evangelio de la Samaritana con fortísimas alusiones a los sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo y eucaristía. Es una auténtica pena, una ocasión desaprovechada que finalmente no haya arraigado ni entre el pueblo cristiano ni entre el clero, esta vertiente catecumenal en la liturgia cuaresmal, vivida y compartida por todos, tal como se pretendía. La evolución de las realidades pastorales en la inmensa mayoría de las parroquias no ha propiciado ese desarrollo. Lastimosamente en la actualidad, por mucho que nos esforcemos en contextualizar la Cuaresma en el ambiente de los escrutinios cuaresmales de los primeros siglos, no tenemos más éxito que el que antaño teníamos en imbuir a la Iglesia en la liturgia estacional romana de la antigüedad cristiana. Escasísimo.
Yo destacaría en el evangelio de la Samaritana cinco puntos:
  1. Esta página es una de las más conocidas por todo el mundo, de las más sencillas, de las más ricas y misteriosas de la vida del Señor. Se trata de un encuentro tú a tú: aquel que el Salvador quiere establecer con todo creyente y que está en nuestra mano permitírselo o no. El acercamiento es desconfiado por parte de la Samaritana, que se asombra de que un judío le pida algo. Cristo elimina pronto todas las barreras y presenta el don de Dios: “si supieses…” Después presenta el agua viva, la única capaz de saciar: tanto, que quita para siempre la sed. La mujer está desorientada: “pero si no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿de dónde sacas el agua viva? ¿ Serás tú más que nuestro padre Jacob?”
  1. El Señor explica la naturaleza del agua misteriosa y la mujer, superada, pide: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed y no tenga que venir a sacarla.” Aún no ha comprendido las palabras del Salvador, pero muestra cuánto le cuesta cotidianamente sacar el agua, que es un signo de la fatiga de la vida. Sigue el diálogo en torno a los aspectos de su vida privada, sobre sus maridos; y Cristo, no queriendo cambiar la verdad de los hechos, le demuestra saber que ahora vive con uno que no es su marido. La mujer aún se asombra más: Señor, veo que eres un profeta. Es vencida pues por la dulzura de la verdad y merece una revelación: ¿Acaso esperas al Mesías? Soy yo, el que te hablo
  1. En este momento vemos la entrada en escena de los discípulos y de su asombro. Jesús habla con una mujer. Habrían podido preguntarle el porqué. Ninguno osó. Cristo se revela a esa mujer de la misma manera que a una mujer se aparecerá después de su Resurrección. La Samaritana de bien cierto debió quedar descompuesta y consternada por esa revelación. El evangelio dice que dejó su cántaro y se fue a la ciudad. Ese abandono del cántaro es un símbolo de la voluntad de abandonar su vida anterior, de no cargar con ella; para así ir más ligeros hacia la verdad. Ahora ha encontrado a alguien que la conoce de veras y no la rechaza. Estaba toda ella llena de un entusiasmo jamás experimentado, que supo contagiar a todos. Era el gozo del primer encuentro, del primer anuncio. Efectivamente, la gente salía de la ciudad y se dirigía hacia Él, que sin embargo fue invadido de una particular tristeza porque los discípulos, ajenos a la trascendencia del momento, le pedían comer algo.
  1. Tengo que comer un alimento que no conocéis.” Los presentes pensaron que alguno le había traído comida. Pero el alimento del que hablaba el Señor era cumplir la voluntad del Padre hasta el final, es decir apurar el cáliz de la Cruz. Ese alimento nos demuestra su amor por nosotros pecadores, por los que Jesús ha muerto dándonos la oportunidad de la salvación. Alusión también directa a la Eucaristía que es la renovación real y perpetua de aquel sacrificio de la Cruz, siempre presente entre nosotros.
  1. El Maestro nos invita finalmente a “cosechar el fruto para la vida eterna”. En modo desinteresado y caritativo: uno es el que siembra, otro el que cosecha. El discurso nos introduce en la amplitud de la Iglesia que aparece ya presentada como Cuerpo Místico. “Os he mandado cosechar lo que no sembrasteis. Otros han trabajado y vosotros disfrutáis del fruto de su trabajo”, nos viene a decir. La caridad debe estar impregnada de gratitud y nos debe hacer salir de nuestro estéril orgullo, que nos hace creer que  merecemos lo que tenemos, que todo nos es debido. Y no es así. La Cuaresma es tiempo de humildad, tiempo de colocarnos en el lugar que ante Dios nos corresponde

    Fr. Tomás Maria Sanguinetti

6 comentarios:

  1. Maravillosa explicación. Muchas gracias. Ojalá muchas personas pudieran beneficiarse de los maravillosos relatos evangélicos y de precisas explicaciones como ésta.

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  2. Fray Tomás, de ese relato joánico el punto que siempre me ha llamado más la atención es el que usted da por supuesto: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ´dame de beber` le pedirías tú y el te daría agua viva". Entiendo que ahí se encierra la nuez del Cristianismo: búsqueda de la fe y petición de la gracia.

    (Entre paréntesis, acabo de leer las declaraciones del doctorando Vives. Menudo dechado de ignorancia o de desvergüenza. Dice que el Vaticano interpreta bien la postura de los obispos de aquí. Más o menos como aquel fraile embriagado en su "imbecilitas" que decía "el Espiritu Santo y yo opinamos". Uno creía que eran los obispos los que tenian que estar en comunión con Pedro. Por lo visto no, si son catalanes. ¿Cabe mayor necedad?

    Pero lo que es peor. Afirma en su ignorancia (o en su maldad) que la deriva secesionista es asunto político, no moral. La estupidez de esa declaración queda puesta de manifiesto ("palesa") en los principios morales siguientes inteligibles por cualquier mente por roma que sea: 1) Todo lo que se ordena al bien común común es moral y lo que va en contra es inmoral (no político). El asunto de la secesión atañe al bien común común. Político es proyectar esta o aquella carrera, este o aquel método de alumbrado. 2) Todo lo que se ordena a la paz es moral. Lo que pugna contra ella es inmoral. El proceso secesionista atañe a la paz. 3) La justicia distributiva es una virtud moral. El principio de subsidariedad se incardina en la justicia distributiva. Ahora bien el proceso secesionista va contra ese principio. va contra la moral.

    Me gustaría que alguien me dijera que el principio, uno, dos o tres fueran falsos. O no fueran aplicables al proceso secesionista.

    Sic rebus stantibus, por qué el doctorando Vives se empecina como un montserratino más en confinar el proceso al ámbito de la política, quitándolo de la moral? ¿Por ignorancia? ¿Por mala fe?)

    Disculpe la digresión fray Tomás. Pero sabe usted muy bien que la "fons vitae" de la Samaritana la han identificado en la historia de la teología y de la Iglesia con la Verdad. Ya sabemos que en Roma "interpretan muy bien a los obispos de aquí", Vives dixit. Lo peor es que los fieles de aquí estamos hartos de obispos ignorantes o mendaces. O tal vez ambas cosas.

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    1. En primer lugar quiero agradecer a JMVG sus frecuentes escritos. Sólo les encuentro una pega: leído uno, leídos todos.

      No sé qué relación hay entre su escrito y el tema desarrollado por Fray Tomás María Sanguinetti.

      En su último párrafo dice: "lo peor es que los fieles de aquí estamos hartos de obispos ignorantes o mendaces. O tal vez ambas cosas". Me considero un humilde fiel que busca con tesón el Agua Viva. En ingún momento tengo esta sensación de saciedad que Ud. manifiesta. Sólo le pido que no generalice usando impropiamente la palabra todos. Igual para esto también podría sernos útil hacer una consulta popular a la que todos los que queremos ser cristianos podamos contestar. En este caso Ud. podrá dar una respuesta cierta, sin generalizaciones falsas.

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    2. La razón de la famosa ronda de los enamorados de la zarzuela "La del Soto del Parral" me la dio cierta monja de clausura de un convento hoy cerrado de Benabarre. Sor María Antonia tenía otra hermana monja, mayor que ella, Sor Mercedes, que se preocupaba de que la pequeña no perdiera con sus frecuentes risas espontáneas la compostura. Harta de recomendaciones, Sor María Antonia le replicó cantándole la famosa ronda: "Siempre me dices lo mismo..."

      Tiene razón anónimo. Soy reiterativo. Como ese martillo pilón de los teólogos metafísicos que con dos nociones fundamentales, las del acto y la potencia, explicaban los fundamentos racionales de la inteligibilidad de verdades de fe (Creación, Gracia, Pecado, etcétera).

      Estamos ante un grave problema moral. Hoy era el escritor Mendoza el que se sumaba al coro de los que denuncian la cisura social. Para quien quiera verlo nos encontramos ante un problema cuya solución adelantó la Iglesia en Italia y en el universo mundo con Juan Pablo II... salvo en Cataluña.. Si al final, por ejemplo, se opta por medidas militares, ¿a qué apelaremos? ¿Tendremos la desfachatez de decir a nosotros que nos registren, por emplear términos coloquiales?

      Pese a esa amenaza real de la convivencia, los curas y obispos con muchos laicos de aquí siguen repitiendo que es asunto político, que todas las opciones son iguales, etcétera, etcétera. Que un católico en Cataluña puede ser segregacionista. Pues bien, eso es falso. Eso es mentira. Y, por una vez, no le reitero los tres principios iusnaturalistas.

      Pese a lo cual cada día nos bombardean con la misma cantinela: "aixo no es pecat", "cadascú pot fer el que li sembli", "el dret a decidir es anterior a la unitat. Todos los días. Un día, otro. Dicen y hacen. Han pasado del adagio al molto vivace. Obispos, curas, monjas, v frailes.l La misma mentira con o sin variantes (que si la hermana de Sistach reconoce que éste le anima, que si Vives dice que Roma comulga con ellos...) Un día y otro día.

      No crea, anónimo, soy el primero en que se siente cansado. Pero veo a mi alrededor: no nos falles. No te calles. Que se enteren. ¿Y a mí que esas palabras me suenan a las del Apostol "oortune et importune?

      Disculpe la generalización. Me parecía obvio que quien defienda la doctrina de la Iglesia entraba de plano en la exposición. Usted es muy quien para discrepar de la doctrina de la Iglesia y seguir a los obispos que se la ponen por montera.

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  3. El carácter catecumenal de la cuaresma tiene una larga trayectoria. Por supuesto empezando por la preparación de los catecúmenos para ser bautizados en la pascua. Pero luego estaban los penitentes, realmente expulsados de la iglesia, que vemos practicando una especie de culto de calle, como son las procesiones de Semana Santa con los rostros tapados con capirotes y haciendo penitencia. A estos, como a los que han perdido todos los puntos del carnet de conducir, se les hacía aprender la teórica de nuevo. Y ya más modernamente tenemos las conferencias y los sermones cuaresmales. El nivel de catequesis de la cuaresma ha sido siempre muy intenso. Sería una suerte que lo recuperásemos. Necesitamos mucha catequesis, la formación continua del cristiano. Y no estaría nada mal volver a institucionalizar la cuaresma como el tiempo de la catequesis.

    Gracias, fray Tomás María, por despertar en mí estas bellas evocaciones de tiempos ya idos.

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  4. Fray Tomás, gracias por esa instructiva homilia.

    .Ese pozo, que aun existe, tiene una profundidad de 32 metros y está situado al sudeste de la ciudad de Nablus, llamada antiguamente Siquem y Sicar. Los cruzados levantaron encima de la fuente una iglesia, cuya sucesora es la iglesia actual que pertenece a los ortodoxos griegos. ¡Fatigado! Es ésta una de las notas más íntimas con que se aumenta nuestra fe al contacto del Evangelio. ¡Fatigado! Luego es evidente que el Hijo de Dios podía fatigarse, que se hizo igual a nosotros y que lo hizo por amarnos.

    El Evangelista quiere advertirnos de la delicadeza de Jesús, que no habría descubierto en presencia de ellos la vida íntima de esa mujer (cf. v. 18).

    La intención de la mujer no se ve con certeza, pero sí vemos que ella se coloca en la situación humilde de una despreciada samaritana (cf. Ecli. 50, 28 y nota). Esto es lo que hace que Jesús "ponga los ojos en su pequeñez" (Luc. 1, 48) y le muestre (v. 10) que no es Él quien pide, sino quien da. Porque el dar es una necesidad del Corazón divino del Hijo, como lo es del Padre; y por eso Jesús prefiere no a Marta sino a María, la que sabe recibir. Véase Luc. 10, 42; Juan 13, 38 y notas.

    Si tú conocieras el don de Dios, es decir, no ya sólo las cosas que Él te da, empezando por tu propia existencia, sino la donación que Dios te hace de Sí mismo, el Don en que el Padre se te da en la Persona de su único Hijo, para que Jesús te divinice haciéndote igual a Él o mejor transformándote para que puedas vivir eternamente su misma vida divina, la vida de felicidad en el conocimiento y en el amor.

    No tendrá sed, etc. Nótese el contraste con lo que se dice de la Sabiduría en Ecli. 24, 29 s. y nota. El que bebe en el "manantial de la divina sabiduría, que es la palabra de Dios" (Ecli. 1, 5), calmará la inquietud de su espíritu atormentado por la sed de la felicidad, y poseerá con la gracia una anticipación de la gloria.

    La mujer no comprende el sentido, pensando solamente en el agua natural que tenía que sacar del pozo todos los días. Tan sólo por la revelación de sus pecados ocultos viene a entender que Jesús hablaba simbólicamente de un agua sobrenatural, que no se saca del pozo. Jesús, antes de darle el "agua viva", quiere despertar en ella la conciencia de sus pecados y la conduce al arrepentimiento con admirable suavidad. Ya brota la fe en el corazón de la samaritana. Lo prueba la pregunta sobre el lugar donde había que adorar a Dios. Los samaritanos creían que el lugar del culto no era ya el Templo de Jerusalén sino el monte Garizim, donde ellos tuvieron un templo hasta el año 131 a.C. Cf. Esdr. 4, 1 - 5.

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