viernes, 14 de marzo de 2014

La Glosa Dominical de Germinans

 Reflexión a modo de notas, hacia dónde nos orienta la liturgia del domingo.


DIOS NOS HA LLAMADO A LA SANTIDAD
Tengo que confesar que he encontrado bastantes dificultades para abordar las lecturas de este 2º domingo de Cuaresma, no porque no entienda el mensaje que nos transmiten, que es muy sencillo, sino por el hecho de tener que explicar con lenguaje inteligible, la manera con que Dios llama. Una manera que para nosotros, personas calculadoras y muchas veces incapaces de asumir grandes riesgos, se presenta como absurda e impensable.
Todas las lecturas de la liturgia de este domingo, sea en el misal de 1962 o en el de 1970, tienen como idea de fondo la llamada que Dios dirige al hombre, una llamada a experimentar en la propia piel quién es realmente Él.
En la 1ª lectura de Gen. 12, 1-4 (Novus Ordo) se narra la espectacular e increíble llamada a Abraham: “Deja todo y dirígete hacia donde yo te mostraré”. Se dice que era el Señor que lo llamaba: no dice que se le apareciese, sólo que le habló. ¿Cómo hizo Abrahán para distinguir esa voz? Podemos imaginarnos cualquier cosa, pero lo extraordinario es que obedeció a esa voz y se puso en camino. ¿Hacia dónde? No lo sabe, únicamente se fía ciegamente de aquella voz. ¿El motivo? Las promesas que la misma voz le hace y que son deseos de cualquier hombre: ser grande, ser bendecido por Dios (tener suerte). El fragmento dice que partió fiándose sólo de la voz.
“Tu descendencia será grande como las estrellas del cielo”
En las epístolas se nos recuerda “que él nos ha llamado con una vocación santa” (2 Tim. 1,8b-10), es decir “que no nos ha llamado a la impureza sino a la santidad” (1ª Tesal. 4,11-7). En ambos fragmentos una exhortación de Pablo a vivir obrando en conformidad con esa llamada.
En el evangelio (Mateo 17,1-9) se dice que Jesús toma consigo (es decir llama) a tres discípulos que no muestran ninguna reacción ante esa llamada: los conduce al monte, y durante el camino ni siquiera Pedro pregunta a dónde van o qué van a hacer. En el momento de la Transfiguración los tres experimentan que Jesús es Dios, en una palabra: encuentran y ven a Dios.
En cierta manera, como sucede con Abrahán, ambas llamadas llevan a hacer la experiencia de Dios, a conocer mejor a Dios. Pero eso nosotros lo damos por hecho. Lo que nos deja perplejos es el modo brusco con que Dios llama a Abrahán y cómo él tuvo que pasar muchas tribulaciones en su camino de conocimiento de Dios. El texto de hoy únicamente nos narra el inicio. También sabemos que a los tres discípulos no les bastó la experiencia de la Transfiguración para su camino de conocimiento de Cristo: necesitarán la dura prueba de la Pasión que fue coronada con la Resurrección. Parece ser pues que éste es el método pedagógico de Dios para darse a conocer: hacerlo después de los sufrimientos de la vida. Eso sí, a cada uno de manera personal y diversa.
Apenas hace diez días que hemos empezado la Cuaresma. Muchos hemos pensado que todo será como los años precedentes, que no descubriremos nada nuevo. El domingo pasado rezábamos así en la misa: “concédenos que con la celebración de la Cuaresma podamos crecer en el conocimiento del misterio de Cristo”. Es decir; por una parte hemos manifestado y rezado que queremos conocer más al Señor; pero por otra dudamos que aún podamos aprender algo de Jesús. Creo que ésa es la provocación de este domingo: aunque no veamos claro la novedad que el Señor quiere aportarnos en esta Cuaresma, nuestro gran error sería resignarnos y renunciar a caminar. Además somos más afortunados que Abrahán porque tenemos a Jesucristo que en el evangelio nos hace de guía, de Maestro. Ésta es, por cierto, la síntesis del evangelio de hoy: el Padre que nos manda escucharle. Escuchar a Jesucristo quiere decir ponerse en camino para conocer a Dios, para experimentarlo en la propia vida.
Quizás el mayor sufrimiento para nosotros es no poder prever el itinerario de este conocimiento de Dios. Pero justo aquí encontramos la belleza. En el dejarnos sorprender por Dios: cuando pensamos que hemos fracasado, Dios nos hace dar los mayores pasos para enseñarnos que es Él el que se revela y que nuestro avance no es fruto de nuestros esfuerzos. Dios usa el camino de los sufrimientos diarios para derrumbar nuestras certezas, signo de nuestro orgullo: sólo la humildad es capaz de fiarse enteramente de Dios. Y es lo que hoy nos pide el Señor en esta Cuaresma. Únicamente quien ha experimentado la real belleza del encuentro con Dios en la propia vida, sólo éste sabe qué poco cuenta cualquier pena en comparación con el premio del conocimiento de Cristo.
Pidamos hoy al Señor el don de la confianza total en Él, de abrirnos a su llamada, de tener la valentía de decir “sí”, incluso cuando salten por el aire nuestros esquemas, para poder experimentar la dulzura y la belleza del descubrimiento de Dios en Jesucristo. Que María, Madre y Maestra de la confianza, nos ayude en esto.

Fr. Tomás Maria Sanguinetti

2 comentarios:

  1. Fr. Tomás, muy agradecido por su glosa dominical.

    Usated nos dice ...."Todas las lecturas de la liturgia de este domingo, sea en el misal de 1962 o en el de 1970, tienen como idea de fondo la llamada que Dios dirige al hombre, una llamada a experimentar en la propia piel quién es realmente Él."

    Quizá es el momento de preguntarnos a que Iglesia queremos pertenecer, a la ùnica Iglesia fundada por Jesucristo y que la Iglesia, Su Esposa es la depositaria y administradora de los bienes que Cristo nos dejó que son ni más ni menos que los Sacramentos como camino para conducirnos a la Vida Eterna.

    O bien más bien queremos pertenecer a una Iglesia que sea una OMG, que se acomode a nuestras necesidades cambiantes, según las circunstancias.

    En la primera, tendremos que sufrir persecuciones como Cristo, a modo de incomprensiones, calumnias, silencios dolorosos, etc., pero guiados por la gracia y misericordia de Dios, vamos sobre seguro.

    En cambio en la otra recibiremos halagos, puede que tambien nos hagan la ola, pero iremos a un camino incierto y para la vida eterna no vale la pena hacer pruebas, porque todo ya està hecho.




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  2. Todos estamos llamados a la SANTIDAD a la santidad de ALTAR, cumpliendo como hijos de Dios con amor las tareas ordinarias de la vida.

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