viernes, 4 de octubre de 2013

Capítulo 41: La devoción a María en la Iglesia Antigua

María Abogada s. IV (Coemeterium Majus)
No nos debe asombrar que desde los primerísimos tiempos de la Iglesia, María que ocupó un lugar privilegiado en la vita y las obras de Jesús, obtuviese un particular sentimiento de amor y veneración de parte de los fieles. Los Hechos de los Apóstoles nos la muestran entre los discípulos en la espera del Espíritu Santo. Los Padres Apostólicos recuerdan y exaltan su prodigiosa maternidad divina, y la antiquísima fórmula romana del Símbolo natum ex Maria Virgine consagraba continuamente la memoria en la mente de los fieles. Los más importantes y vetustos textos apócrifos, como la Ascensión de Isaías, los oráculos sibilinos, y especialmente el Protoevangelio de Santiago, le dedican las páginas más bellas de sus maravillosas leyendas.

Eso no quiere decir que  María gozase de honores litúrgicos propiamente dichos. La Iglesia primitiva no conoció otro culto que el tributado a Cristo y a sus mártires. Incluso no hubiera sido oportuno hablar de un culto a la Madre de Dios, mientras los fieles vivían entre supersticiones idólatras y estaba vivo y se practicaba el culto a Cibeles, madre de los dioses. Por tanto, las imágenes de la Virgen con el Niño en brazos o en la simple representación de la Orante que encontramos en las catacumbas y que se remontan a los siglos II y III, no pueden ser interpretadas como prueba de un verdadero  y propio culto mariano, sino más bien como indicador de aquella profunda veneración de la que gozaba la Virgen en la Iglesia antigua. Estas representaciones, a través el tosco simbolismo de los frescos cementeriales dan fe de un aspecto importantísimo –dramático y litúrgico al mismo tiempo- de la piedad mariana de nuestros primeros hermanos, que como consustancialmente la nuestra, miraba a María no como una simple criatura sino como Madre de Jesús e Intercesora ante Él.  

Fue la elaboración del pensamiento teológico en torno a la del Verbo Encarnado que, madurando una comprensión más diferenciada de la grandeza de la maternidad de María y de su sublime perfección, preparó los inicios del culto litúrgico hacia Ella. A esto añádase que acabando el siglo III, cuando los ideales del ascetismo empezaron a difundirse en la Iglesia arrastrando tantas almas generosas hacia una vida de mayor perfección, para asombro del mundo, María apareció como el prototipo y el ejemplo del asceta cristiano, que consagrando toda su vida a la práctica asidua y heroica de las virtudes, merece a semejanza de los mártires, el honor y la veneración de sus hermanos.

Cubículo de la Velatio
Durante muchos años se creyó que los frescos en la luneta del Cubículo de la Velatio en las Catacumbas de Priscila, la figura de la derecha, una mujer sin velo y con una túnica blanca llevando en sus brazos a un niño, representaba a la Virgen con el Niño. Sin embargo lo más probable es que  las escenas sean de la vida de una señora enterrada allí. La primera escena mostraría su matrimonio. Entonces el velo sería el flameum, o velo que usaba la mujer durante el matrimonio y el pergamino sería la tabula nuptialis, donde se escribían las obligaciones legales de los esposos. La escena de la derecha solo indica que ella llegó a ser madre. Y la figura central, la Orante, representa a la mujer en el cielo.

Sin embargo en el Lóculo del Arenario de las mismas Catacumbas sí que encontramos un fresco en que sin duda alguna la Virgen aparece vestida con una túnica de manga corta y lleva un velo. Sostiene entre los brazos al Niño Jesús y está sentada en un asiento sin respaldo. Sobre el personaje que tiene frente a ella se ha discutido mucho siendo la explicación más aceptada la que lo identifica con el profeta Balaam dado que apunta a una estrella que está pintada entre la Virgen y el profeta (tomando en cuenta el texto de Nm 24, 15-17: «Oráculo de Balaam, hijo de Beor, […] Álzase de Jacob una estrella, surge de Israel un cetro...».Nota 7 10 Según los estudios arqueológicos fue realizada aproximadamente a mediados del siglo II y, por lo tanto, esta pintura sería la más antigua que se conserva referida a la Virgen María.
Madonna del Lóculo del Arenario  s.II
De la misma época son algunos vidrios dorados y bastantes sarcófagos de Roma y de las Galias, en los cuales la Virgen es representada en medio a dos santos, quizás los apóstoles Pedro y Pablo.

Los primeros trazos de un culto público tributado a María lo encontramos en Oriente. A finales del siglo IV nos dice San Epifanio que en Tracia y en Arabia había alcanzado tal popularidad que asumía formas cultuales bastante curiosas. Entre ellas, una costumbre paganizante de ciertas mujeres de aquellas provincias, llamadas por el Coliridianas, de reunirse con fecha fija en un lugar determinado para ofrecer, como si de una diosa se tratase, una hogaza (πολλιρίδα τίνα) que después comían en común. En Siria la obra Deprecationes ad Deiparam escrita por San Efrén (+373), quizás para el servicio litúrgico de sus monjes, atestiguan un desarrollo de la piedad mariana como quizás nunca se ha alcanzado en siglos posteriores. El santo invoca a la Virgen con los títulos más honoríficos y afectuosos: “esperanza de todos los cristianos”, “pacificadora de la cólera divina”, “después de Dios, único refugio”; “luz, fuerza, riqueza y gloria de los que a Ella recurren”, “socorro del alma y del cuerpo de sus devotos”, “intercesora ante el tribunal divino salvándonos de la condenación eterna”, “puesta a servicio de los pecadores Intercesora ante Dios Omnipotente”.

Por otra parte los Padres de la Iglesia, tanto latinos, griegos como sirios de aquella época (San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín, San Atanasio, San Juan Cristóstomo, San Epifanio, Afraate, Cyrillonas, Rabulas, Jacobo de Sarug…) compiten en glorificar a María y en “resaltar la perfección de sus virtudes que la hicieron digna de ser escogida por Dios”.

Dom Gregori Maria

2 comentarios:

  1. Don Gregori Maria, Dios le bendiga, para traernos cada semana un articulo, a cual más interesante,

    En aquella época tembién había sus "falsos teólogos", como Nestorio, que en el siglo V, Nestorio, Patriarca de Constantinopla afirmaba los siguientes errores:

    Que hay dos personas distintas en Jesús, una divina y otra humana.
    Sus dos naturalezas no estaban unidas.

    Por lo tanto, María no es la Madre de Dios pues es solamente la Madre de Jesús hombre.

    Jesús nació de María solo como hombre y más tarde "asumió" la divinidad, y por eso decimos que Jesús es Dios.

    Vemos que estos errores de Nestorio, al negar que María es Madre de Dios, niegan también que Jesús fuera una persona divina.


    La doctrina referente a María está totalmente ligada a la doctrina referente a Cristo. Confundir una es confundir la otra. Cuando la Iglesia defiende la maternidad divina de María esta defendiendo la verdad de que, su hijo, Jesucristo es una persona divina.

    En esta batalla doctrinal, San Cirilo, Obispo de Alejandría, jugó un papel muy importante en clarificar la posición de nuestra fe en contra de la herejía de Nestorio.

    En el año 430, el Papa Celestino I en un concilio en Roma, condenó la doctrina de Nestorio y comisionó a S. Cirilo para que iniciara una serie de correspondencias donde se presentara la verdad.

    Concilio de Efeso

    En el año 431, se llevó a cabo el Concilio de Efeso donde se proclamó oficialmente que María es Madre de Dios.

    "Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es solo madre de la naturaleza, del cuerpo pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad.

    Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios" -Concilio de Efeso

    La ortodoxia enseña:

    ◾Jesús es una persona divina (no dos personas)

    ◾Jesús tiene dos naturalezas: es Dios y Hombre verdaderamente.

    ◾María es madre de una persona divina y por lo tanto es Madre de Dios.


    María es Madre de Dios. Este es el principal de todos los dogmas Marianos, y la raíz y fundamento de la dignidad singularísima de la Virgen María.

    María es la Madre de Dios, no desde toda la eternidad sino en el tiempo.

    El dogma de María Madre de Dios contiene dos verdades:

    1.María es verdaderamente madre: Esto significa que ella contribuyó en todo en la formación de la naturaleza humana de Cristo, como toda madre contribuye a la formación del hijo de sus entrañas.


    2.María es verdaderamente madre de Dios: Ella concibió y dio a luz a la segunda persona de la Trinidad, según la naturaleza humana que El asumió.


    El origen Divino de Cristo no le proviene de María. Pero al ser Cristo una persona de naturalezas divina y humana. María es tanto madre del hombre como Madre del Dios. María es Madre de Dios, porque es Madre de Cristo quien es Dioshombre.

    La misión maternal de María es mencionada desde los primeros credos de la Iglesia. En el Credo de los Apóstoles: "Creo en Dios Padre todopoderoso y en Jesucristo su único hijo, nuestro Señor que nació de la Virgen María".

    El título Madre de Dios era utilizado desde las primeras oraciones cristianas. En el Concilio de Efeso, se canonizo el título Theotokos, que significa Madre de Dios.

    A partir de ese momento la divina maternidad constituyó un título único de señorío y gloria para la Madre de Dios encarnado. La Theotokos es considerada, representada e invocada como la reina y señora por ser Madre del Rey y del Señor.

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  2. Muy interesante como siempre.

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