miércoles, 21 de agosto de 2013

Represión y opresión sexual

Después de la que se armó con el artículo sobre las palabras del Papa respecto al tema de la homosexualidad (una sexualidad totalmente reprimida por la Iglesia), emprendí algunas meditaciones sobre la represión sexual y la hipocresía que se esgrimieron en los comentarios. Y mientras andaba en ello, me encuentro en la 2 el concierto nº 5 para piano y orquesta de Beethoven. Contemplaba arrobado al pianista, que tocaba maravillosamente… y sin partitura, una obra realmente larga y compleja. Y se me fue el pensamiento hacia los miles de horas de disciplina que ese nivel artístico le había requerido al buen hombre. Me dije que eso sólo tenía un nombre: “represión”. Ese hombre no llegó ahí haciendo en cada momento lo que le daba la gana. Se impuso él, o le impusieron sus padres o sus profesores una disciplina muy exigente. Venía de un recorrido plagado de renuncias; de lo contrario, no hubiese hecho ni una ínfima parte de ese camino. En fin, no veía por qué tenía que ser tan vilipendiada la represión.

Y pasé mi vista y mi pensamiento por los demás miembros de la orquesta, y llegué a la misma conclusión: ahí había un cúmulo de sacrificio enorme. Y el mismo Beethoven, sordo ya al final de su carrera, ¡cuánta disciplina y cuánto esfuerzo hubo de derrochar para llevar sus obras al nivel de perfección que alcanzaron! Necesitó una pasión y una voluntad de hierro. Y pensé en seguida en médicos, artistas, maestros, arquitectos, ingenieros, albañiles, mecánicos, contables, informáticos, deportistas de élite y un inacabable etcétera… cada uno con su carga mayor o menor de disciplina y represión.

Y bajando el nivel, fui a parar a los estudiantes que supuestamente luchan por obtener el graduado escolar. Ahí empezamos a ver grandes diferencias entre los que realmente se lo sacan, y aquellos otros que sin esfuerzo y sin disciplina son arrastrados de curso en curso por la cinta transportadora de la escuela: hasta llegar a la calle. Los que pretenden, tanto alumnos como maestros, que sin esfuerzo, sin disciplina, sin represión al cabo, se llega al mismo sitio que con empeño, acaban constatando a la hora de la verdad que les han engañado y ellos se han dejado engañar encantados: porque dejarse llevar por el capricho de cada momento o por el dolce far niente será lo más espontáneo, auténtico y acorde con la naturaleza; pero casi nunca lo mejor.

Y luego di un paso más y detuve mi mente en los inmensos sacrificios y en la tremenda represión que se necesitan para luchar contra la plaga de la obesidad manteniéndonos en la figura y en el peso ideal que nos han impuesto la ciencia, la moda y toda la panoplia de instigaciones que nos llevan por el buen camino: hambres y dietas especiales, más medicamentos de todo género y ejercicio físico hasta la extenuación. Y si no, cirugía. Reprimidos y sobre todo reprimidas hasta el paroxismo. Nadie cuestiona la necesidad imperiosa de la represión al más alto nivel, cuando son ésos los objetivos. Y a quien protestase por tan descomunal represión de la gula, le tomarían por loco. Está bien, ¿no?

¿Y qué pasa en este enmarañado bosque de represiones, cuando llegamos a la represión sexual? ¡Ah, ahí sí que no!, nos dicen los del progreso. La represión sexual atenta contra la salud, contra la decencia, contra la cultura, contra la modernidad y contra el progreso. Atenta contra el hombre, contra la mujer y contra los niños. La represión sexual es tan dañina, que no hay que escatimar medios para estimular la actividad sexual en todas (sí, todas, porque ellos mucho estímulo no necesitan), como el más eficaz resorte de liberación. En un mundo hecho de tantas represiones, dicen, el sexo es la única válvula de escape de los reprimidos y de los oprimidos (en este caso, género común).

Extraña doctrina, ¿no? Porque uno se pregunta: ¿qué rara enfermedad moral padecieron los antepasados no sólo de nuestra civilización, sino los de todas las que en el mundo han sobrevivido y se han impuesto? Todas ellas ejercieron una tremenda represión sexual sobre el hombre (de ahí la delincuencia sexual específica del hombre) y opresión sexual (con episodios de represión) sobre la mujer. Sobre ella gravitaba la carga biológica de la reproducción y la servidumbre sexual en favor del hombre que se hiciera corresponsable de la reproducción. A ninguna sociedad se le ocurrió barajar la hipótesis de renunciar a la reproducción y al consiguiente relevo generacional. Y si alguna lo hizo, no sobrevivió para contarlo. Ni supo ninguna civilización cómo hacerlo sin contar con el sacrificio de la mujer: forzado en unas, voluntario en otras.

Es que se trata de una necesidad que no queda en absoluto por debajo de la necesidad del trabajo (y la de mantener con él todo el sistema de poder y dominación, además de mantenerse uno a sí mismo y a los suyos); tan despiadadamente represivo y opresivo es el trabajo (con los sistemas de fiscalidad anexos), que es bien raro que a nadie se le haya ocurrido nunca cuestionarlo. Repito que a ninguno de esos descubridores de la represión sexual se le ha ocurrido meterse todavía con la opresión laboral y fiscal, de una dureza sin parangón posible. Seguro que es que están adormilados y ven con un solo ojo.

Las dos grandes opresiones “estructurales” que padece la humanidad son el trabajo para el hombre (comerás el pan con el sudor de tu frente) y el sexo para la mujer (en gran manera multiplicaré tu dolor en el parto; con dolor darás a luz los hijos; con todo, tu deseo será para tu marido y él tendrá dominio sobre ti). Así está recogido en la Biblia por lo que respecta a nuestra civilización; y de formas análogas respecto a las demás civilizaciones que han sobrevivido. Por si acaso, no pasen de largo sobre el hecho de que en la Biblia el sexo no es represión para la mujer, sino opresión (si fuese ella la que sufre la mayor represión sexual, ella sería la compradora de sexo cuando le falta, o la que lo arrebata a la fuerza recurriendo al crimen, cuando se le niega). Ocurre por el contrario que ella es la víctima de los desmanes sexuales de los que sufren represión sexual, siempre dispuestos o a comprar sexo (prostitución) o a conseguirlo mediante el crimen (violencia sexual). Eso en tiempos bíblicos, y eso en plena modernidad. En un bando están los reprimidos y en el otro las oprimidas. Pasan los siglos y los milenios y las civilizaciones, pero los papeles no cambian: la represión y los desmanes sexuales que le siguen, tienen infectado el género masculino; mientras la opresión sexual carga con fuerza y en exclusiva sobre el género femenino.

Es impresionante cómo queda reflejada en estas palabras bíblicas una realidad que ha durado muchos milenios (no dos o tres, sino realmente muchos). Y no precisamente en una sola civilización, sino en todas. No se trata por tanto de un tema religioso per se, sino de la fórmula de supervivencia que ha prosperado. Porque conocemos muchas otras fórmulas que tuvieron la oportunidad de ensayarse; pero fueron a parar al limbo de los errores, barridas por las que emergieron y perduraron, garantizando así la pervivencia de las comunidades humanas que eliminaron a las que se manejaron con otros principios.

El panorama es siempre el mismo: opresión por todas partes, predominando la laboral como específica del hombre, y la sexual como específica de la mujer. No sólo eso, sino que en la sociedad esclavista, los amos se dedicaban a oprimir a los esclavos y esclavas. Pero sólo fueron capaces de ejercer esa opresión y esa dominación, mientras ejercieron una férrea represión sobre sí mismos. Ya desde niños tenían que acudir a la escuela, y no de cualquier modo, sino bajo el dogma de que “la letra con sangre entra”; mientras los hijos de los esclavos vivaqueaban felices esperando que les llegase la edad laboral. Es que los romanos tenían que entrenarse en la máxima dureza; porque en cuanto se relajaban, los esclavos se les subían a las barbas y cambiaban las tornas.

Por eso me suenan tan raras esas condenas de la represión. Porque lo obvio es que sea quien te quiere oprimir, el que venga y te cuente que es malo que te reprimas. Igual que ocurre con la materia y la energía (que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma), sucede con el volumen sumado de represión y opresión, que es constante: cuanto menos te reprimas, mayor será la opresión que soportes o la que te espere; y cuanto más te reprimas y mayor sea por tanto tu dominio sobre ti mismo, menor será el dominio que puedan ejercer otros sobre ti. Por eso se hacen las carreras, p. ej. Quien quiere oprimirte, empieza por aconsejarte que no te reprimas. También en el terreno sexual, claro está. ¿No les suena esa música?

Y por supuesto, toda sociedad que por defenderse de la opresión se crea un sistema de represión, pone como guardián de ésta a toda la sociedad. Son todos los reprimidos los que a su vez vigilan a los demás para que no escapen a la represión, que funciona en tanto en cuanto es toda la sociedad la que se rige por la misma norma. Toda fuga de la norma hace que ésta pierda fuerza hasta resultar totalmente vana. Es a ese sistema rígido de costumbres a lo que los griegos llamaron ética y los romanos moral. Y precisamente para evitar que las normas se desvirtuaran, todos vigilaban a todos. A esa vigilancia de todos sobre todos, sublimada en la de cada uno sobre sí mismo, se la llamó conciencia. El ciudadano romano que no se comportaba como tal (por ejemplo, el que regentaba un negocio de prostitución), era condenado a la capitidisminución: a la pérdida de su condición de romano (degradado a la condición de esclavo). ¡Casi nada!

Esa extrema vigilancia daba lugar a que grandes contingentes de la sociedad siguiesen las normas no movidos por la convicción ética o moral, sino porque eran vigilados. Y obviamente transgredían las normas cuando sabían que se relajaba la vigilancia. A estos tales los llamaban hipócritas. Pero también ellos y su hipocresía contribuían al buen funcionamiento de la sociedad a cuyo servicio se había creado la norma.

Tómenselo con calma, que estamos en plena canícula.

Virtelius Temerarius

13 comentarios:

  1. Le felicito, muy bueno.
    Sobre este tema hay que hablar alto y claro, como usted lo hace, para despertarnos del amodorramiento que la ignorancia social y el interés particular ha inoculado en el individuo, y sobre todo en la mujer. Habría que exclamar, aunque alguno se llevase las manos a la cabeza: ¡Viva la represión que nos hace personas dignas y no objetos!

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  2. Sr. Virtelius Temerarius, agradecido por su articulo, tan actual como necesario su verdadero enfoque.

    LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN

    En el caso de la sexualidad humana, para que ésta pueda ser apreciada en su verdadera dimensión, debe ser considerada como lo que es: un don del Amor divino.

    ¿Cómo considerar a la sexualidad humana como un don, para así corresponder al donante del don, el Amor divino?

    Debido a que Dios todo lo crea con Sabiduría y Amor infinitos y perfectísimos -de otra manera, no sería Dios-, la sexualidad humana, como parte integrante de la Creación, no es mala en sí misma, ya que refleja la Sabiduría y el Amor de Dios.

    Dios crea la sexualidad humana, y la crea diferenciada y complementaria, pero la crea según un designio bien preciso, para ser usada en un ámbito específico, el matrimonio, y con una finalidad específica: la comunicación del amor entre los esposos y la comunicación de la vida.

    Cada sexo, don en sí mismo, tiene a su vez un don potencial -comunicación del amor y co-creación de la vida-, pero sólo puede ser actuado este don potencial, en un marco y en un ámbito específico, el del amor esponsal.

    De ninguna otra manera se produce la actuación del don pre-contenido en el don de la sexualidad humana, que no sea en el ámbito del amor esponsal y del matrimonio, porque fuera de este ámbito, no se dan las condiciones de dualidad, o sea, de diferencia, y de complementariedad.

    Esta diferencia y complementariedad es lo que determina, no de forma arbitraria, sino porque así está dada la verdad de la naturaleza humana, el hecho de que no puede haber unión sin procreación (anticoncepción), ni procreación sin unión (fertilización asistida): en cualquiera de los dos casos, la sexualidad humana queda incompleta y privada de sentido, alejada del plan divino, y envuelta en el egoísmo humano. Esto es así porque las dos dimensiones son, en realidad, dos facetas de una misma realidad humana: el amor, manifestado en la unión carnal, es fuente de vida.

    Por otra parte, considerada la sexualidad desde un punto de vista teológico, en el ámbito del matrimonio, y siempre usada en modo casto, la sexualidad humana es fuente de santificación para los esposos, porque el matrimonio ha sido elevado por Jesucristo a la categoría de sacramento, es decir, de productor de gracia. Un sacramento es algo que produce la gracia santificante, porque en el sacramento actúa Cristo, Autor de toda gracia. El matrimonio es santo porque la unión esponsal entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa, es una unión esponsal santa y santificante.

    Ahora bien, sólo en el ámbito del matrimonio sacramental, se dan las condiciones para que el uso de la sexualidad sea santo y fuente de santidad, según lo pensó Dios, con su Amor y su Sabiduría, desde la eternidad.

    La Presencia de Dios en el matrimonio sólo puede traer bendiciones, amor y paz, porque Dios es “un océano de amor infinito”, mientras que su ausencia sólo puede traer dolor, tristeza, pesar y sufrimiento.

    Si hubiera verdadero amor en el noviazgo, se respetarían mutuamente en sus cuerpos, porque amar es desear el bien del otro, y no hay mayor bien, para los novios, que la castidad, porque así tendrán para ofrecer a su cónyuge un don, el don de la sexualidad.

    Obrar de otra manera –relaciones pre-matrimoniales- es obrar no movidos por el amor, sino por el egoísmo, y es no amar a la persona por lo que es, sino usarla por fines egoístas.

    Nada de esto se da en el matrimonio casto, pues es en ese ámbito en donde encuentra la sexualidad humana su expresión más alta y digna, la única expresión querida y deseada por Dios Trino.

    Sólo en el matrimonio, la sexualidad humana se vuelve parte integral del plan de salvación divino para la humanidad, porque el matrimonio, por un lado, perpetúa la especie humana, de donde surgen hijos de Dios, y por otro, prolonga y actualiza en el mundo el misterio nupcial de Cristo Esposo y de la Iglesia Esposa.

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  3. Esplendido artículo, no olvidemos ademas que Beethoven era hijo de una madre con sordera hereditaria, de escasa capacidad mental, muy pobre su padre un sifilítico, borrachín y vago, su infancia estaba rodeada de miseria. Esto a los ojos de los "buenistas" de hoy es obligación de aborto y esterilización. Todo un "progreso" hacia el esfuerzo y la opresión.

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    1. Esta página tendría que tener un corrector y corregir los comentarios mal redactados como el anterior. Cómo es posible que gente con cultura escriba así?

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    2. Pero , hombre de Dios, qué tiene que ver con la represión sexual el esfuerzo que la gente dedica a perfeccionarse técnica o artísticamente. Uno puede pasarse doce horas cada día ante un piano y luego, para relajarse,salir a echar una cana al aire. Una cosa,pues, no es incompatible con la otra. Hay una máxima valenciana sobre el sexo muy humana y muy certera que quizá no todos saben: Dels pecats del piu, Déu s'en riu.Tome nota, caballero.
      Por cierto, en los Evangelios hay una sexofobia cero.

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    3. Más allá de los dichos populares, más o menos acertados, pero muy mundanos, tenemos el Catecismo de la Iglesia, que establece la gravedad de los pecados contra la castidad.

      Por su comentario, ya se ve que no entiende el símil que hay entre el esfuerzo que hace cualquier persona para conseguir ser un virtuoso de un oficio, con el esfuerzo que requiere la virtud de la castidad.

      Hoy en día comprobamos con frecuencia que, la barra libre de sexo, no es ninguna liberación sino que acaba esclavizando y degradando a las personas .

      Ya que cita los Evangelios, Cristo le responde al joven rico que para alcanzar la vida eterna, entre otras cosas es necesario no fornicar. La moral judía y cristiana, ordena el sexo a su fin natural, y dentro del matrimonio. Actualmente mucha gente no puede o no quiere entender esto, y califica esta postura de sexo fóbica; para mí es pura pedantería propia de nuestros días, porque no se acepta una moral objetiva; pero además esconde una inconfesable castidad fobia.

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    4. Al Anónimo de las 21,23.
      Yo firmo con nombre y apellido no como anónimo. Por el contenido de su escrito veo que es uno de los que asesinaría a Beethoven y además se creería que estaba haciendo el bien, como STALIN.

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    5. Lo de que Jesús responde en el Evangelio que para alcanzar la vida eterna es necesario no fornicar se lo acaba Ud. de inventar. A ver, concrete: evangelista, capítulo , versículo...
      Piense además otra cosa, entre los diez Mandamientos auténticos y originales de la Biblia y el catecismo hay una diferencia abismal: por ejemplo eso de los actos impuros es un cuento chino. Les ruego, por favor que lo comprueben.
      ´Por otra parte, piense también que sin actos impuros no habría cristianos.
      Tras los diez mandamientos bíblicos hay ademas una frase divina muy bonita por humana. Dice el texto mas o menos así: Y Dios no añadió nada más. Tomen nota. No seamos más papistas que el Papa, bueno, que Dios...

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    6. Sr. Marcos: es usted demasiado visceral, debe de ser porque es joven. Ya lo superará. Si no es joven, la cosa tiene peor solución; pero podría iniciar, por ejemplo, un doctorado en Filosofía.

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    7. Anonimo de la 19:00, Soy HIJO de DIOS, jubilado con varias Licenciaturas, Doctor y muchos mas títulos, si respondo visceralmente, lo siento.EL tema del asesinatos de los Hijos de Dios (aborto)creo que debe tener una respuesta visceral. Solo indicarle que una de mis Licenciaturas es en FILOSOFÍA.

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  4. El tema es de una actualidad incuestionable. El sexo y sus manifestaciones externas tienen una elevadísima presencia en nuestro entorno.

    Quisiera introducir un elemento que matizaría el escrito de ayer y es la diferencia entre reprimir y contener. Ambos verbos procedentes del latín, pero que introducen a mi modo de ver una diferencia sustancial en el tema que nos ocupa:
    La represión conlleva una fuerza en sentido contrario, dirigida a disminuir la causa que la motiva, y muchas veces desencadenada por un externo. Reprimir el impulso sexual me parece un planteamiento cuestionable. Lo que habría que reprimir es lo pernicioso, y el impulso sexual como tal, no lo es.
    La contención está orientada a mantener el elemento que sea en su cauce. Me parece un enfoque más ajustado a la sexualidad desde el punto de vista cristiano. Esta es en si misma buena, creada por Dios, y que debe ser correctamente vivida según el plan divino, y por lo tanto "contenida" por el ser humano cuando la situación no sea la adecuada, es decir solteros y célibes. Que la "contención" exige disciplina, pues desde luego que si, y sacrificio.
    Buenas noches

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  5. Agregar que el matrimonio homosexual y la adopcion de recien nacidos y menores por estos . pone a los autores y complices de esto en una situacion muy grave delante del Creador .
    Escandalizar a los inocentes infantes con este bizarreria humana .pone en peligro la salud espiritual de estos y otros, y a los autores en una situacion tristemente complicada ...ya sabemos la sugerencia de Jesucristo con respecto a esto ...ay ay de los que escandalizan a estos inocentes infantes .
    Claramente no son las formas de afrontar este pecado grave y otros mas que nos perjudican . Hay que tener encuenta que satanas se juega su pellejo en esto , todo lo que rodea este pecado parece estructurado malevolavente desde sus raices y su proposito es la ruina del hombre y del medio donde se desenvuelve .
    , Dado que estamos llamados a la eternidad y convivir con el creador nuestro Padre en las delicias ,la perpectiva es maravillosa para todos nosotros pecadores maravillosos y ojala maravillosamente arrepentidos de nuestras faltas .y maravillosamennte acoplados con el Altisimo .
    No vale el silencio y ponerse de perfil en esto como ya lo hicieron con el juez Calamita ( una verguenza vomitiva , repugnante etc . ) Un artilugio siniestro de unos jueces con la complicidad y silencio de un pais y sus autoridades , contra. el juez Calamita que practico la justicia a favor de los inocentes infantes como Dios manda .
    Por eso tambien el silencio del obispo de Roma y de parte de los creyentes en este escandalo del matrimonio homosexual y las consecuencias que se derivan de esto es muy grave. y los hace complices de esta afrenda a los inocentes .l esta tendencia tiene que revocarse subito ! lo contrario es hacerle la guerra a Dios . Una guerra sin ninguna posibilidad ...alguna batallitas ,pero al final el guantazo divino .
    El pecado si se puede se vive con verguenza , sin escupirlo a la cara del padre y de la madre , solo remitirse a la misericordia de Jesucristo que sana nuestros pecados seria suficiente .

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  6. Represión! Seamos más positivos, más libres, más evangélicos...

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