viernes, 12 de julio de 2013

El misterio de Cristo en el tiempo. La historia de la Salvación

Majestad de Sant Cristóbal de Beget (Camprodon)
Capítulo 2º: 
Dios esboza su plan

Cada hombre tiene un tiempo limitado de vida; sin embargo comunitariamente, el conjunto de vidas humanas va desarrollándose a lo largo de un tiempo que no acabará hasta que Dios no ponga fin. Así se forma la historia. En gran parte, nuestra vida es hija de los que vivieron muchos años antes que nosotros. Y sabemos que nuestra vida condiciona, también en parte, a los que vendrán después. 

Lo que más unifica este gran río de vidas humanas, que es la historia, es la mirada con que Dios la contempla atentamente; la sabiduría con que prevé un hecho como causa de otro hecho que vendrá. Incluso antes de que el género humano existiese, Dios ya tenia providencia de él; y comunicando el orden querido a la creación material, preparaba el cuerpo del hombre en el que infundiría un alma que nunca más moriría.

Desde la creación del hombre, Dios vio en él a su pueblo: la caída de Adán constituyó una ruina colectiva. Comenzaba una historia, tejida por la intervención de Dios y el hombre. Y Dios inició al hombre en el arte de amar. Le demuestra que la fidelidad, que sabe superar todas las dificultades del “otro”, constituye la forma más pura del amor. Y que un amor así, sólido y limpio, puede llegar a doblegar todas las resistencias. Dios es paciente, es firme, es fuerte, porque es amor.

Será una larga historia en la que cada día Dios repetirá lo mismo: que el hombre es débil y Él es fuerte. Pero lo dirá cada vez con una nueva conciencia. Que resistirse al amor es locura; y quien se empeñe en hacerlo, no será capaz de contradecir a Dios definitivamente, si no es por una trágica contradicción con él mismo. Dios es amor, y enseña el amor a quien desea aprender. A veces el hombre, ingenuamente, se rebela. Parece que se sienta incomprendido por Dios. Se queja que siempre le obliga a obedecer. Le reprocha que Él no conozca lo difícil que es tenerse que gobernar, siguiendo el criterio de otro. Los castigos no le ayudan a comprender la razón.

Y Dios envía su Palabra a la humanidad. Primero, la Palabra. Empieza el diálogo para llegar a la alianza. Aquella sabiduría por la que Dios ha creado y rige todas las cosas, es ofrecida nuevamente como un nuevo don a la conciencia libre del hombre. La Palabra de Dios es como la lluvia, o como nieve, que baja del cielo a la tierra. Viene a empapar el corazón del hombre, para que pueda dar frutos inesperados.  

La Palabra viene al hombre para que este se responsabilice. La Palabra se convierte en ley, se convierte en juicio; es por esa razón que acusa, pero también defiende. La Palabra se convierte en fermento de esperanza, germen de ideales de superación. Se convierte en oración, comunión con Dios, presencia y gozo de Dios dentro del corazón del hombre, fecundidad de Dios. 

La Palabra es la verdad, venida al hombre para promoverlo a su alta libertad.
 
Dom Adalbert Puigseslloses, O.S.B.
Prior de Sant Pere de Clarà

2 comentarios:

  1. Dom Adalbert, gracias por su artículo de hoy en que nos introduce en el misterio del Amor de Dios a la humanidad.

    Aquí creo puede hacernos bien el meditar el inicio de la enciclica de Benedicto XVI, Deus Caritas est:

    "Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él".

    Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna" (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: "Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas" (6, 4-5). Jesús, haciendo de ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento", sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.

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  2. EL POSCONCILIO LLENÓ LOS EGOS YA AL LIMITE, PARA PROSTITUIR LA REDENCION. NO HAY CONVERSION REAL, NO HAY GRACIA, NO HAY CRUZ. FALSO CRISTIANISMO.... FINI.

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