viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo 35: Los Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Medallón con las efigies de los SS. Pedro y Pablo. S. II
La Iglesia Romana nunca separa a los dos grandes Apóstoles de Roma, San Pedro y San Pablo: cuando celebra al Príncipe de los Apóstoles, recuerda al Doctor de los Gentiles, y festejando a San Pablo hace mención de San Pedro.

Los testimonios más antiguos de la Urbe asocian a ambos en los mismos honores litúrgicos, siguiendo aquel pensamiento común a los santos Padres según el cual los dos fundadores de la Iglesia de Roma no debían jamás separarse. El medallón de bronce conservado en el Museo de la Biblioteca Vaticana hallado en las Catacumbas de Domitila y datado en el siglo II, nos presenta de manera realista sus dos bustos mirándose mutuamente. Los grafitti de la Catacumba de San Sebastián realizado por los fieles en la Triclia de la Memoria Apostolorum, lugar cubierto por un techo donde se celebraban banquetes fúnebres: las paredes del vano muestran cientos de dibujos realizados por devotos, realizados hacia la segunda mitad del siglo III e inicios del IV, conteniendo invocaciones a los apóstoles san Pedro y san Pablo.

Roma hizo bien al unir tan estrechamente a los dos máximos Apóstoles: en la exaltación de sus figuras celebraba su identidad cristiana, solemnizaba su nacimiento cristiano.

“Petre et Paule petite pro Victore”  
Grafitti en las catacumbas de San Sebastián
El primer testimonio que tenemos de su Conmemoración el 29 de junio data del siglo III y la tenemos en la Depositio martyrum de la Filocalia: es una mención a su conmemoración en las catacumbas de la vía Appia y en la vía Ostiense. En el siglo IV el Martirologio Jeronimiano también hace una referencia explicita a su celebración en la vía Aurelia. Por ambas referencias sabemos pues que la fiesta del 29 de junio (III kalendas Julii) comprendía tres estaciones litúrgicas. La de San Pedro en la vía Aurelia y en las Catacumbas de la vía Appia y la de San Paolo en la vía Ostiense.

La primera estación tenía lugar en la Basílica que Constantino había erigido en la vía Aurelia, a los pies de la colina Vaticana, cerca del lugar de su martirio. En el mosaico del arco triunfal se representaba la figura de Constantino ofreciendo al Salvador y al Príncipe de los Apóstoles el modelo de la basílica erigida hacía poco.

Fresco con la primitiva Basilica de S. Pedro
Esa Basílica fue meta incesante de peregrinos por la presencia de la tumba de San Pedro que gozó siempre de un prestigio religioso y litúrgico único. Es en torno a esa tumba que veamos sepultados sucesivamente a sus sucesores. Es aquí, como hemos visto, donde en las solemnidades más grandes de la Iglesia tiene lugar la estación litúrgica

Aquí se conserva la cátedra de madera que la tradición venera como la que ya Pedro usaba: sella gestatoria confessionis Apostolicae como la llama Enodio de Pavía

Aquí peregrina todo el pueblo romano para la fiesta de San Pedro y con él, espiritualmente todo el pueblo cristiano, como centro de la unidad de la Fe y Casa del Padre común. El sepulcro de San Pedro fascinaba profundamente a los corazones cristianos. San Paulino de Nola escribiendo a San Agustín dice que cada año solía acudir a Roma para la fiesta de los Santos Apóstoles donde encontraba verdaderas multitudes.
Prudencio, el poeta hispano llegado como peregrino a Roma en el año 398 canta entusiasta las alabanzas y el triunfo en su himno XII

Cátedra de San Pedro en Roma
Como en las mayores solemnidades la fiesta tuvo hasta el siglo VIII una doble vigilia nocturna. Una junto a San Pedro, la otra junto a San Pablo. Esta última pronto quedo reservada a los monjes benedictinos que oficiaban en la Basílica, mientras la de San Pedro hasta el siglo XV conservó el carácter de las vigilias solemnes enriquecida con la presencia del Papa.

Según describe un Ordo del siglo XII, el Papa y toda la corte acudían a San Pedro por la tarde donde celebraban Visperas. Después de la cena y de alguna hora de descanso, a medianoche comenzaba el oficio vigiliar con 3 salmos y 9 lecturas que se cantaba en el plano inferior de la Basílica, junto al sepulcro de San Pedro. El Papa leía la novena lectura con homilía sobre el Evangelio. Después el primicerio entonaba el “Te Deum” seguido de la oración colecta y la bendición del Pontífice. Así concluía el primer Nocturno.

Inmediatamente el coro subía a la Basílica superior y el Papa iniciaba el segundo Nocturno: el oficio de Laudes se cantaba al alba seguido de la Misa Solemne. Al acabar el Santo Sacrificio se interpretaban los “laudes” en honor del Papa, aclamaciones o alabanzas que tienen su antecedente próximo en las aclamaciones al Papa hechas en la vía pública, remedo a su vez de los “laudes imperiales” de la Roma pagana. Se le imponía la tiara en señal de fiesta y era reconducido triunfalmente a su residencia.

Sepulcro del apóstol San Pedro
La segunda estación, llamada ad catacumbas, se celebraba en la vía Appia, donde en el siglo IV había sido erigida una iglesia en honor de los dos apóstoles (Basílica Apostolorum) más tarde denominada de San Sebastián, porque allí se encuentra sepultado el soldado mártir. Allí se hacía memoria de la deposición temporal de las reliquias de los santos Pedro y Pablo acontecida en el año 258 para resguardarlas de una posible profanación durante la persecución de Valeriano. El 29 de junio, día de este traslado, habría permanecido para la Ciudad y toda la Iglesia, la gran fiesta de los dos Apóstoles. Otros historiadores y arqueólogos sin embargo piensan, y no sin fundamento, que allí se encontraba la domus Petri, la vivienda suburbana del Príncipe de los Apóstoles, y no pudiendo los cristianos de Roma acceder al sepulcro de los Apóstoles a causa de la ley de Valeriano, la Iglesia dispuso que se transfiriese allí, en la vía Appia, la memoria litúrgica.

Descubrimiento de 1915 de los grafitti de la triclia
Sea como fuere, en este lugar han quedado como prueba de la devoción popular a los Santos Apóstoles los numerosos grafitti en griego y latín descubiertos en 1915 en las paredes de la triclia o salón subterráneo, invocándolos. Muchos de ellos hacen referencia al refrigerium, aquel ágape ritual que con un alto grado de misticismo, solía cumplirse honrando a los difuntos pero alejado de toda vulgaridad.

La conmemoración ad catacumbas de los Apóstoles no duró mucho. En el siglo V era ya sólo un recuerdo histórico y los Sacramentarios la ignoran por completo.

La tercera estación litúrgica tenía lugar cerca de la tumba de San Pablo. El Papa, después de haber celebrado en San Pedro, acto seguido se dirigía hacia la grandiosa Basílica Paulina de la vía Ostiense.
Pero en el siglo VIII prevaleció un criterio práctico de comodidad: la estación en la vía Ostiense se trasladó al día después (30 junio) para que la fiesta resultase menos fatigosa para el Papa y su Corte. Se esta manera se sacrificó el concepto clásico litúrgico romano que veía en esta fiesta un único fundamento de su edificio espiritual: dos almas en un cuerpo, dos columnas de salvación, la de la autoridad jerárquica confiada a Pedro y la del Magisterio entre los gentiles, confiado a Pablo. La conmemoración de San Pablo del 30 de junio, debilitaba el espíritu primitivo de la festividad, el dies bifestus y poli-litúrgico que Prudencio cantaba en su himno XII del Peristéphanon, aunque aparentemente, en la prolongación de la fiesta, parecía darle una impronta de mayor solemnidad.

Uno de los mayores aciertos de la reforma litúrgica de 1969, en el misal de Pablo VI de 1970, es la restauración de la unicidad de la memoria litúrgica para el 29 de junio: Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Dom Gregori Maria

4 comentarios:

  1. Las dos cabezas de S. Pablo y S. Pedro me recuerdan a dos filósofos; la de S. Pablo a Sócrates.

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  2. Dom Gregori Maria, gracias por aproximarnos la historia de la solemnidad de esos dos figuras de nuestra Iglesia Católica

    Porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.

    San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».

    Cuando Pablo fue tirado por tierra, fue capaz de entregarle a Cristo absolutamente todo sus ser. Mas tarde pudo decir "ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi"

    Pablo escribió 13 cartas que forman parte del Nuevo Testamento y están dirigidas a las comunidades de gentiles, paganos convertidos por su predicación. En ellas les exhorta, les guía en la fe y enseña sobre ética y doctrina. Estas cartas son inspiradas por el Espíritu Santo y forman parte de la revelación divina. Es decir, son Palabra de Dios y por medio de ellas Dios mismo se da a conocer. Pablo es el instrumento en esta comunicación divina pero al mismo tiempo las cartas nos ayudan a conocer al autor humano. Reflejan su personalidad, sus dones y sus luchas intensas. Otras fuentes que nos ayudan a conocer el apóstol son los Hechos de los Apóstoles escritos por San Lucas y ciertos libros apócrifos.

    Pablo nació de una familia judía acomodada, de la tribu de Benjamín, en Tarso de Cilicia (hoy Turquía). Su nombre semítico era Saulo. No sabemos cuando comenzó a llamarse con el nombre latino de Pablo. Por ser Tarso una ciudad griega, gozó de ciudadanía romana. La fecha de su nacimiento se calcula alrededor del año 3 A.D. Según se cree, Jesús nació alrededor del 6 o 7 B.C. Entonces Jesucristo sería sólo unos 10 años mayor que San Pablo.

    Aunque criado en una ortodoxia rigurosa, mientras vivía en su hogar de Tarso estuvo bajo la influencia liberal de los helenistas, es decir de la cultura griega que en ese tiempo había penetrado todos los niveles de la sociedad en el Asia Menor. Se formó en las tradiciones y culturas judaicas, romanas y griegas.

    Siendo joven, no sabemos la edad, Saúl fue a estudiar en Jerusalén en la famosa escuela rabínica dirigida por Gamaliel. Además de estudiar la ley y los profetas, allí aprendió un oficio como era la costumbre. El joven Saúl escogió el de construir tiendas. No se sabe si jamás vió a Jesús antes de su crucifixión pero no cuenta nada sobre ello.

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  3. Eso de príncipe y doctor son titulos puramente humanos que no se encuentran en los evangelios.

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  4. Dios proteja al Papa Francisco porque ya ha empezado a sacar la escoba; que empiece también por España. Ad multos annos. Dios nos dé su paz..........
    Salvador Biarnés (ElCidCabreador)

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